lunes, 31 de agosto de 2009

CONFIANDO EN LAS OBRAS MISTERIOSAS DE DIOS

Deje de intentar descifrar cómo y por qué está usted dolido. Su situación no es única para nada. Sea que usted tenga o no la razón no significa absolutamente nada en este punto. Todo lo que importa es su disposición de avanzar en Dios y confiar en sus obras misteriosas para con su vida.

 

Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría” (1 Pedro 4:12-13).

 

Lo más probable es que usted haya hecho lo que debía hacer. Se movió en la voluntad de Dios, siguiendo honestamente su corazón, dispuesto a dar de sí mismo. El amor fue lo que lo motivó. Usted no desertó de la voluntad de Dios, alguien más lo hizo. Si no fuera así, usted no sería el que lleva el dolor. A usted le duele porque trató de ser honesto.

 

 Usted no puede entender por qué las cosas explotaron en su cara, cuando parecía que Dios estaba encargándose del asunto. Su corazón pregunta: “¿Por qué permitió Dios que me metiera en esto si sabía que nunca funcionaría?”. Inclusive Judas, fue llamado por el Señor; estaba destinado a ser un hombre de Dios. Fue escogido por el mismo Salvador y fue usado por Dios. Pero Judas desertó del plan de Dios y ¡quebrantó el corazón de Jesús! Lo que comenzó siendo el plan de Dios acabó en un desastre, porque Judas eligió tomar su propio camino.

 

Abandone su viaje de culpabilidad. Deje de condenarse a sí mismo. Deje de intentar descifrar qué fue lo hizo mal. Es lo que usted está pensando ahora mismo lo que realmente cuenta para Dios. Usted no cometió un error; lo más probable es que haya entregado demasiado. Tal como Pablo, usted debe decir: “amando más, fui amado menos” (2 Corintios 12:15).

domingo, 30 de agosto de 2009

¿QUE COSA SACIA SU HAMBRE?

Jesús respondió a la petición de fe por parte de sus discípulos, de esta forma. Él les dijo: “¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú?...Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Lucas 17:7-8,10).

 

Cristo se refiere, en este pasaje, a nosotros, sus siervos, y a Dios, nuestro Amo. Nos está diciendo que nosotros que debemos alimentar a Dios. Usted se preguntará: “¿Qué tipo de comida, se supone que debemos traerle al Señor? ¿Qué cosa sacia su hambre?

 

La Biblia nos dice: “Sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). En palabras simples, el plato más deleitoso de Dios es la fe. Esa es la comida que le agrada.

 

Lo vemos ilustrado a lo largo de las Escrituras. Cuando el centurión le pidió a Jesús que sane a su criado enfermo con sólo decir la palabra, Cristo disfrutó el banquete de la fe vibrante de este hombre. El replicó: “De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe” (Mateo 8:10). Jesús estaba diciendo: “He aquí un gentil, un extranjero, que está alimentando mi espíritu. ¡Qué cena tan nutritiva me está dando la fe de este hombre!”.

 

Noto en las palabras de Jesús, una declaración brusca: “Tú no comes primero, sino Yo”. En otras palabras, no debemos consumir nuestra fe en nuestros propios intereses y necesidades. Por el contrario, nuestra fe debiera saciar el hambre de nuestro Señor. “Prepárame la cena…y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú”.

jueves, 27 de agosto de 2009

TRATANDO CON LAS PALABRAS DE JESUS

“Si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?” (Lucas 16:12). Jesús está diciendo: “Ustedes dicen que desean una revelación, algo que les permita realizar mayores cosas. Sin embargo, ¿cómo se les puede confiar ese tipo de fe, si no son confiables con las cosas que otros les han encargado?”

 

Las palabras de Jesús deben haber dejado a sus discípulos rascándose la cabeza. Su Maestro sabía que ellos no poseían nada, mucho menos algo que otra persona les diera. Lo habían dejado todo para ser sus discípulos. Y lo habían seguido a Él, con lo mejor de sus habilidades. Pareciera que las palabras que Jesús les dijo, no fueran aplicables a ellos.

 

¿Qué quiere decir Jesús al decir: “en lo ajeno” (16:12)? Él se refiere a nuestros cuerpos y almas, los cuales compró con su propia sangre. “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:20).

 

Jesús nos está diciendo: “Sus cuerpos ya no les pertenecen; y si ustedes no cuidan ese cuerpo, si no me permiten mirar dentro de ustedes, tratar con su pecado y santificarlos, ¿cómo esperan que Yo les confíe algo más grande?”.

 

Los discípulos habían pedido un incremento de fe y Jesús tenía ya una respuesta lista para ellos: “Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería” (Lucas 17:6).

¿Qué estaría sugiriendo Jesús con esta figura? Yo creo que esta declaración se refiere a arrancar las raíces en nuestros corazones. Jesús está hablando sobre raíces de maldad, cosas escondidas con las que debemos tratar, así como sus seguidores lo hicieron. El estaba diciendo: “Antes de que creas en Dios para mover montañas, necesitas arrancar raíces. Y para hacerlo no necesitas una gran fe apostólica. Todo lo que necesitas es la cantidad más pequeña de fe. Te estoy pidiendo que hagas algo sumamente básico: arrancar las raíces del pecado. Quiero que examines tu corazón y saques todo lo que es opuesto a mí”.  

miércoles, 26 de agosto de 2009

FE CRECIENTE

“Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe” (Lucas 17:5). Los hombres que eran parte del círculo cercano a Jesús estaban pidiendo algo importante a su Maestro. Deseaban un mayor entendimiento del significado y de las obras de la fe. Estaban diciendo: “Señor, ¿qué clase de fe es la que tú quieres de nosotros?” Danos una revelación del tipo de fe que te agrada. Queremos entender la fe en su significado más completo.

 

Por fuera, esta petición que hicieron parecía elogiable. Sin embargo, creo que los discípulos le pidieron esto a Jesús, porque estaban confundidos. En el capítulo anterior, Cristo los había desconcertado, diciéndoles: “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel… Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?” (Lucas 16:10-11).

 

Jesús sabía que la carne de sus seguidores quería evitar lo que ellos consideraban ser asuntos menores de la fe. Así que les dijo: “Si ustedes son fieles en las cosas pequeñas, los asuntos fundamentales de la fe, serán fieles en las cosas grandes también. Así que, demuestren que son dignos de confianza en los requisitos básicos de la fe. De lo contrario, ¿cómo se les podrá confiar un nivel más profundo?”.

 

Si somos honestos, todos admitiremos que nos parecemos mucho a los discípulos de Jesús. También queremos proceder directamente a los grandes asuntos de la fe, para obtener el tipo de fe que mueve montañas. Y, como los discípulos, a menudo juzgamos la fe por los resultados visibles.

 

La verdadera fe, a los ojos de Dios, no tiene nada que ver con el tamaño o la cantidad de trabajo que usted se propone alcanzar. Al contrario, tiene que ver con el enfoque y la dirección de su vida. Vea usted, Dios no está tan interesado en la gran visión que usted pueda tener, como lo está con aquello en que usted se está convirtiendo. 

 

Dios está más interesado en ganar todo en mí, que en yo ganar todo el mundo para Él.

martes, 25 de agosto de 2009

VASOS DE BARRO

Una de las escrituras más alentadora en la Biblia es 2 Corintios 4:7: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros”. Luego Pablo, continúa describiendo dichos vasos de barro como si fueran personas muriendo, atribulados en todo, en apuros, perseguidos, derribados. Aunque nunca abandonados o desesperados, estos hombres, usados por Dios, gemían constantemente por el peso de sus cuerpos, esperando ansiosamente ser revestidos de nuevos cuerpos.

 

Dios se burla del poder del hombre. Se ríe de nuestros esfuerzos egoístas de ser buenos. Él nunca usa al alto y poderoso, por el contrario Él usa lo débil de este mundo para avergonzar a los sabios. “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1 Corintios 1:26-29).

 

¡Guau!  ¿Acaso ésta es mi descripción? ¡Débil, necio, vil, algo que no es noble, ni sabio, ni poderoso! ¡Qué locura pensar que Dios pudiera usar a tal criatura! Sin embargo, ése es su plan perfecto y es, al mismo tiempo, el mayor misterio en la Tierra. Dios nos llama en nuestras debilidades, aun sabiendo que nos vamos a equivocar. Pone su tesoro invalorable en nosotros, vasos de barro, porque se deleita en hacer lo imposible con la nada.

 

Dios está determinado a lograr su objetivo, acá en la Tierra, a través de hombres con debilidades. Abraham tenia debilidades: El mintió y casi hizo que su esposa se convierta en una adúltera, pero “creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia” (Romanos 4:3).

lunes, 24 de agosto de 2009

EL CANGREJO ERMITAÑO

El Rey David, el autor de tantos salmos, se cansó de luchar. Su alma se agotó tanto, luchando y acosado por problemas, que todo lo quería hacer era escapar a un lugar de paz y seguridad: “Mi corazón está dolorido dentro de mí, y terrores de muerte sobre mí han caído. Y dije: ¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría…Me apresuraría a escapar del viento borrascoso, de la tempestad” (Salmos 55:4-8).

 

Una lección de la naturaleza revela lo que sucede cuando en lugar de pelear la buena batalla, tomamos un camino más fácil, alejándonos de nuestra lucha. Hace poco leí un estudio de un biólogo sobre los cangrejos, criaturas que viven en un ambiente hostil y peligroso, entre rocas filudas. A diario, los cangrejos son derribados por las olas y atacados constantemente por criaturas de aguas más profundas. Batallan continuamente para protegerse y con el tiempo desarrollan una fuerte coraza e instintos poderosos para la supervivencia.

Asombrosamente, algunos en la familia de los cangrejos, se rinden en su lucha por vivir. Buscando un lugar seguro, toman como residencia las corazas desechadas de otras criaturas del océano. Conformándose a la seguridad, se retiran de la batalla y se escapan a hogares ya fabricados, de segunda mano.

 

Pero los “hogares seguros” de los ermitaños terminan en ruina a un alto precio. A causa de la falta de lucha, ciertas partes vitales de sus cuerpos se deterioran. Aun sus órganos se secan por falta de uso. A través del tiempo el ermitaño pierde toda capacidad de movimiento, así como las partes vitales necesarias para escapar. Estas partes simplemente, se desprenden, dejando al cangrejo fuera de peligro, pero inútil para hacer cualquier otra cosa, excepto existir.

 

Mientras tanto, los cangrejos que continuaron en la lucha crecen y fructifican. Sus cinco pares de piernas se vuelven carnudas y fuertes, de tanto luchar contra las poderosas mareas. Y aprenden a esconderse de sus depredadores, escabulléndose hábilmente debajo de las formaciones rocosas.

 

Esta ley de la naturaleza, también, ilustra la ley del Espíritu. Como creyentes, somos echados y derribados por olas tras olas de dificultades. Enfrentamos depredadores violentos en los principados y potestades de Satanás. Pero mientras sigamos peleando, nos volvemos más fuertes. Y llegamos a reconocer las artimañas cuando las utiliza en contra nuestra. Descubrimos nuestro verdadero refugio, la “hendidura en la roca”, al confiar en Jesús. Sólo en ese momento, estamos verdaderamente a salvo en medio de nuestra batalla.

domingo, 23 de agosto de 2009

¿ESTA USTED DENTRO DE LOS 7000?

Sabemos que a lo largo de toda la Biblia, el número siete es equivalente al propósito eterno de Dios. Por lo tanto, yo creo que el número 7000 que Dios le menciona a Elías en 1 Reyes 19:18, denota simplemente los que conforman su remanente. El pueblo que Él aparta para sí mismo, no interesa si se trata de 70 o 7 millones de personas, lo importante es que están completamente entregados a Él.

 

De modo que, ¿cuáles son las características del remanente? Acá vemos 3 señales que lo definen:

 

  1. Un compromiso inalterable de asirse del Señor. Todo creyente del remanente ha tomado una decisión determinada de nadar contra la corriente del mal. En algún punto, usted debe hacer un compromiso, declarando: “No me importa lo que otros digan o hagan, Yo soy del Señor. No me rendiré ante el espíritu perverso de este siglo”.
  2. Un deseo de identificarse con los pobres. Mientras la tendencia de la sociedad es asociarse con los ricos y exitosos, usted se acerca a la clase social que sufre. Abdías fue un hombre piadoso que servía en la casa de Jezabel. Había determinado temer a Dios y a nadie más y demostró que su corazón era recto y estaba con los pobres al cuidar a a 100 profetas harapientos y sufridos (1 Reyes 18:4).
  3. Una dependencia en la esperanza. Los 7000 de la época de Elías soportaron a causa de su esperanza en la liberación venidera. Así también hoy, la esperanza bendita de la iglesia, es el pronto retorno de Jesús. Con sólo un sonido de trompeta, toda la maldad terminará. Nuestro Señor acabara con todo asesinato de bebes, toda perversión patente, todo genocidio étnico.

¿Estas tres señales lo caracterizan a usted como parte del remanente santo de Dios? Si es así, Dios se gloría de usted: “Este me ha entregado su corazón. Se ha enfocado en mí. ¡Es enteramente mío!”.

 

Debemos evangelizar, ministrar y trabajar mientras sea aun de día. Debemos, también, vivir con la esperanza  de que Jesús volverá. Y Él traerá un nuevo orden consigo mismo,  en donde regirá desde su trono eterno. 

jueves, 20 de agosto de 2009

LA MEDIDA DE EXITO DE DIOS

El éxito a los ojos se cumple en su totalidad al ministrarle a Él. Tales siervos, no están luchando para “triunfar” o buscar seguridad terrenal. Sólo quieren conocer a su Señor y ministrarle a Él.

 

Piense en los 100 profetas que Abdías escondió (1 Reyes 18:4). Ellos vivieron aislados en cuevas por tres o cuatro años por lo menos, durante una terrible hambruna. Estos hombres no tenían adónde ministrar en el exterior, estaban completamente fuera de la vista del público, olvidados por la mayoría. Ni siquiera pudieron compartir la victoria de Elías en el Monte Carmelo. Sin duda, el mundo los llamaría fracasados, hombres insignificantes que no lograron nada.

 

Aun así, Dios les había dado a estos siervos devotos, el regalo precioso del tiempo. Ellos tenían días, semanas, aun años para orar, estudiar, crecer y ministrar al Señor. Usted verá, Dios los estaba preparando para el día en que sean liberados para ministrar al pueblo. De hecho, estos mismos hombres habrían de pastorear a aquéllos que volvieron a Dios bajo el ministerio de Elías.

 

Hace años, El Señor me bendijo con este regalo del tiempo. Aun antes de haber pastoreado una iglesia, iba al bosque y predicaba a las aves y a los árboles. No tenía planes, ni agenda, ni sueños. Sólo quería llegar a conocer el corazón de Dios. Así que oraba diariamente, buscando y ministrando al Señor, y marqué mi Biblia de tapa a tapa. Estaba escondido, nadie me veía, pero Dios siempre supo dónde estaba.

 

Mi consejo es: “Deje de buscar ministerios. En lugar de ello, pase su tiempo buscando a Dios. Él sabe dónde encontrarlo. Él lo enviará cuando vea que usted está listo. Olvídese de lo que otros estén haciendo. Luche por ser un éxito en el trono de Dios. Si está ministrando al Señor y orando por los demás, ¡usted ya es un éxito en sus ojos!

miércoles, 19 de agosto de 2009

DIAS EMOCIONANTES

Dios, en su amor y misericordia, permite que los desastres azoten la tierra para advertir a todos los que oyen, que Jesús vuelve pronto, que es tiempo de estar preparados. Él ama tanto a sus hijos que no desea que su Reino Nuevo pase inadvertido. Él sabe que a la humanidad le cuesta oír y que se requieren ciertos desastres para captar su atención. Estos desastres son una especie de cuenta regresiva, demasiado doloroso para ignorar, permitidas por Dios para establecer el escenario de los últimos tiempos. Estos dolores de parto serán más frecuentes e intensos cuanto más nos acerquemos a la hora final. “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca” (Lucas 21:28).

 

¿Suena aterrador? ¿Es la verdad, algo aterrador? ¿Es realmente posible que el fin del mundo esté a las puertas? ¿Es éste el punto preciso de la historia que todos los profetas de la Biblia predijeron que vendría? ¿Podría acaso el cristiano más devoto entender cuán terriblemente cerca está la Tierra de llegar a la medianoche? Una cosa es segura: Todo parece estar desmoronándose, al menos, como lo puede discernir un ojo natural.

 

Querido amigo, escuche lo que el Espíritu Santo me habló respecto a estos días. Solamente cinco pequeñas palabras, pero tan poderosas que despertaron en mí una nueva y gloriosa esperanza y fe. Esas cinco pequeñas palabras son: Dios tiene todo bajo control. Si usted confía en Dios, puede ver todo desastre delante de su rostro y proclamar con confianza: “Mi Dios esta hablándole a este universo y su poder está siendo demostrado. Estaré quieto y veré la salvación del Señor”.

 

Dios tiene todo bajo control, y nosotros estamos bajo su control. El mensaje de Dios para esta hora es: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).

martes, 18 de agosto de 2009

LA SOBERBIA Y LA VOZ DEL ESPIRITU

Permítame hacer una clara distinción entre soberbia y humildad.

 

Una persona humilde no es la que piensa poco de sí misma, que baja la cabeza diciendo: “No soy nada”. Por el contrario, es la persona que depende completamente del Señor para todo, en toda circunstancia. Dicha persona sabe que el Señor la tiene que dirigir, dar poder y vivificar, y que sin eso, ¡esta persona está muerta!

 

Una persona soberbia, por otro lado, es la que tiene la forma de amar a Dios, pero actúa y piensa por sí sola. En lo profundo, la soberbia es simplemente la independencia de Dios y el soberbio toma decisiones en base a su propio razonamiento, virtudes y habilidades. El dice: “Dios me dio una buena mente y espera que yo la use. Es absurdo pedirle que me dirija en cada detalle de mi vida”.

 

Es imposible enseñarle algo a este ser humano, porque ya “lo sabe todo”. Puede escuchar a alguien mayor en autoridad o de mayor conocimiento que él mismo, pero jamás a alguien que él piense que es inferior.

 

¡Ninguna palabra que un soberbio recibe, viene de Dios! Es imposible que juzgue con un juicio justo, es imposible que hable con el sentir de Dios, porque el Espíritu Santo no está presente en él, de modo que no puede dar testimonio de la verdad. “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12).

 

La soberbia es independencia, la humildad es dependencia. El cristiano humilde es aquel que no se mueve, no decide, sin el consejo del Señor. La Biblia dice que Dios ordena los pasos del justo, pero Él no puede ordenar los pasos de un espíritu independiente. Esto es todo: Dios quiere el control completo, déselo a Él.

 

“Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6).

lunes, 17 de agosto de 2009

CUANDO NO SE SABE QUE HACER

Tres ejércitos enemigos rodeaban Judá y el rey Josafat convocó a la nación entera a Jerusalén para formular un plan de guerra. El necesitaba planes, una decisiva declaración de acción. Algo se debía hacer inmediatamente. Pero en lugar de hacerlo, el rey Josafat se paro frente a su pueblo y derramo su corazón a Dios haciendo una confesión.

 

“He aquí ellos nos dan el pago viniendo a arrojarnos de la heredad que tú nos diste en posesión. ¡Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás tú? Porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos” (2 Crónicas 20:11-12).

 

Vivimos en una época donde todo se está volviendo cada vez más inseguro e inestable, y casi todos, en una forma u otra están sufriendo.

 

Casi nadie sabe qué hacer. Nuestros gobernantes no tienen ni la más remota idea de lo que está sucediendo en el mundo o en la economía.

 

El mundo de los negocios esta aun más confundido, los economistas discutiendo entre ellos respecto a lo está por venir. Psicólogos y psiquiatras quedan anonadados por las fuerzas de cambio que afectan a la gente hoy en día.

 

Usted no puede quedarse de brazos cruzados, relajado sobre su silla, ¡dejando que Dios lo haga todo! Eso no es lo que significa mantener su mirada “fija en el Señor”. Miramos al Señor, no como un pueblo que sabe qué hacer, sino como un pueblo que sabe no absolutamente nada de lo que debe hacer. Pero sí sabemos que El es Rey sobre las muchas aguas. El es Señor de todo, y sabemos que aunque el mundo se parta en dos, si todo se desmorona, El es la Roca segura. Nuestros ojos están fijados en un Señor resucitado. Si no sabemos qué hacer, nuestra fe nos da la certeza de que El sí sabe qué hacer.

domingo, 16 de agosto de 2009

JONAS DIO GRACIAS Y FUE LIBRADO

Oigan las palabras de Jonás: “Me echaste a lo profundo…me rodeó la corriente; todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí…rodeóme el abismo…descendí a los cimientos de los montes; la tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre” (Jonás 2:3-6).

 

Jonás había tocado fondo, sepultado en el vientre del gran pez. Estaba luchando por su vida, lleno de desesperación, vergüenza y culpa. Tenía una carga pesada en el corazón, literalmente descendió más bajo que cualquier otra persona. Pensó que Dios lo había abandonado.

 

Así que, ¿Cómo hizo Jonás para salir de su hoyo? Dicho en palabras simples, ¡él pasó la prueba! “Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová…con voz de alabanza te ofreceré sacrificios…” (Jonás 2:7,9).

 

Jonás no recibió ninguna palabra de liberación. El se encontraba en una situación sin esperanza, lleno de oscuridad y melancolía, estaba a punto de desmayar. Sin embargo, llegó a tal punto, que dijo: “¡Voy a dar gracias al Señor!”

 

En medio de sus problemas, Jonás entra en la presencia del Señor y ¡ofrece acción de gracias! Dios le respondió: “Eso es lo que quería escucharte decir, Jonás. Has confiado en mí en medio de toda tu situación, ¡acabas de pasar la prueba!”.

 

La Escritura dice: “Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra” (versículo 10). Con una sola orden del cielo, el pez escupió a Jonás a la orilla. Y ese hombre agobiado, debe de haberse revolcado en playa gritando: “¡Soy libre! ¡Soy libre!”  Probablemente danzaba mientras quitaba las algas de su cabeza, ¡porque ya se encontraba en el altar de acción de gracias!

 

Cuando no tenga lugar a donde voltear, voltee a la acción de gracias. Dele gracias al Señor por su perdón, por librarlo de todos sus pecados del pasado. Dele gracias por librarlo de la boca del león, por darle una morada nueva en los cielos, por todas sus bendiciones del pasado, por todas sus promesas, por todo lo que El va a hacer. En todo, ¡dele gracias!

 

Bueno es alabarte, oh Jehová, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo” (Salmos 92:1).

 

“Sacrifica a Dios alabanza, y paga tus votos al Altísimo; e invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás” (Salmos 50:14-15).

jueves, 13 de agosto de 2009

MAS DE LO QUE PEDIMOS O ENTENDEMOS

Dios siempre desea derramar más de su gloria sobre su pueblo. El anhela hacer por nosotros “mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Efesios 3:20). Esta es la razón por la que Él desea un pueblo que tenga un apetito voraz por más de Él. El quiere llenarlos con su presencia impresionante, mas allá de todo lo que hayan experimentado a lo largo de su vida.

 

Jesús dijo: “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Sin embargo, para obtener esta vida abundante, debemos abundar más y más en agradar al Señor. Pablo escribe: “Os…exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más” (1 Tesalonicenses 4:1). “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre” (1 Corintios 15:58).

 

La palabra griega abundar significa: “exceder, sobresalir, sobreabundar, tener suficiente y de sobra, por encima, en exceso, en abundancia excesiva, sin medida”. Pablo está diciendo: “La gloria de Dios en sus vidas va a sobrepasar los pequeños momentos que han vivido hasta ahora. Pero sus oraciones deberán ser más que simples oraciones para bendecir las comidas”.

 

Andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias” (Colosenses 2:6-7). Pablo nos instruye: “Para tener esta vida abundante de la gloria y la presencia de Dios, deben servirlo sin medida, con un amor y compromiso que exceda al de los siervos ociosos y adormecidos”.

 

que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia” (Efesios 1:8). Dios desea imprimir en usted, gloria y revelación más allá de cualquier medida previa. “Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo” (1:9). El Señor está diciendo: “Voy a darles acceso a un entendimiento más profundo de mi Palabra. Quiero darles revelaciones sobre sus misterios”.

miércoles, 12 de agosto de 2009

YO SOY

Le pedí al Espíritu Santo que me dé una descripción en un solo párrafo de la fe, de tal manera que los muchachos de nuestro Centro de Rehabilitación de Desafío Juvenil puedan entender. Tengo un libro en mi biblioteca que hace uso de más de trescientas páginas para definir la fe, y yo nunca lo entendí (pienso que el hombre que lo escribió tampoco lo entendió).

 

Alguna vez Moisés formulo las mismas preguntas que nosotros formulamos: “¿Quién soy Yo? ¿Quién es Dios? Descríbelo”. Dios le respondió a Moisés en dos palabras. Dios dijo: “Moisés, dile al pueblo que ‘YO SOY’ te envió” (Exodo 3:14). (Según el pensamiento moderno, Dios se “sobresimplificó”).

 

¿Pueden imaginarse a Moisés, respondiendo a la gente que le preguntaba: “¿Quien te envió?”, “YO SOY me envió”?

 

¿YO SOY quién? ¿Qué necesita? ¿Liberación? Entonces YO SOY liberación. YO SOY lo que sea que usted necesite.

 

La fe es Dios, diciendo: “YO SOY” y mi respuesta: “EL ES”. La fe simplemente acepta la definición de Dios respecto a si mismo. Dios dice: “Yo te libraré de la tormenta”. Yo digo: “El me librará de la tormenta”.

 

Fe quiere decir tomar a Dios por lo que El dice que EL ES.

 

¿Cuál es la tormenta en su vida? ¿Cómo la está enfrentando?

 

Pídale a Dios que le de fe para creer. Pídaselo, sin importar lo que suceda, sin importar las condiciones que esté enfrentando. ¡La tormenta es el camino de salida!

 

Pablo dijo: “Pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” (Filipenses 4:11). Creo que en el momento en que la fe llegó a Pablo, él se contentó. El estaba en el centro de la voluntad de Dios y tenía la promesa de Dios. Había orado más allá de sus circunstancias. No importaba lo que sucediera a partir de ese momento. Dios le había quitado el aguijón en la tormenta.

 

Dios le puede quitar a usted también el temor en la tormenta. ¿Se lo permitirá? ¡Cabalgue sobre su tormenta, Dios no quiere que la tormenta cabalgue sobre usted!

martes, 11 de agosto de 2009

NUESTRO MINISTERIO

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor” (2 Corintios 3:18). ¿Qué significa mirar la gloria del Señor? Pablo se está refiriendo aquí a una adoración dirigida y ferviente. Se trata de un tiempo dado a Dios, simplemente para contemplarlo. Y el apóstol rápidamente añade: “Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio” (4:1). Pablo deja muy claro el hecho de que el contemplar el rostro de Jesucristo es un ministerio al que todos debemos dedicarnos.

 

La palabra griega mirar en este versículo es una expresión muy fuerte. Indica no solamente echar un vistazo, sino “fijar la mirada”. Significa tomar la decisión: “No me voy a mover de esta posición. Antes de hacer cualquier otra cosa, antes de tratar de lograr algo, debo estar en la presencia de Dios”.

 

Muchos cristiano malinterpretan la frase: “como en un espejo” (3:18). Piensan en un espejo que refleja hacia ellos el rostro de Jesús, pero eso no es lo que Pablo quiere decir aquí. El se está refiriendo a una mirada fija e intensa, como fijándose en algo a través de un vidrio, intentando verlo con mayor claridad. Debemos “fijar nuestra mirada” de esta manera, determinados en ver la gloria de Dios en la faz de Cristo. Debemos encerrarnos en el lugar santísimo, con una sola obsesión: contemplar tan atentamente y tener una comunión con tal devoción que seamos cambiados.

 

La palabra griega transformados, usada acá es “metamorfosis”, que significa “cambiados, transformados, transfigurados”. Cualquiera que entra con frecuencia al lugar santísimo y fija su mirada atentamente en Cristo está siendo “metamorfoseado”. Una transfiguración se está llevando a cabo. Dicha persona está siendo continuamente cambiada a la imagen y carácter de Jesús.

 

Quizás usted venga a menudo a la presencia del Señor. Sin embargo, puede que no vea cambios en su vida, en igual proporción al tiempo que usted pasa a solas con El. Le digo que usted puede estar seguro que una metamorfosis está sucediendo. Algo, de hecho, está aconteciendo, porque nadie puede contemplar continuamente la gloria de Cristo sin ser transformado. Note la última frase de la declaración de Pablo: “nosotros todos…somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (3:18 itálicas mías). Ahora bien, noten el versículo anterior: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (3:17).

 

¿Pueden ver lo que Pablo está diciendo aquí? El nos está diciendo: “Cuando ustedes contemplan el rostro de Cristo, hay libertad para ser cambiados”. Al estar en su presencia, le damos al Espíritu Santo, libertad para gobernar nuestras vidas, para que haga con nosotros como El quiera. Es un acto de sumisión que dice: “Señor, mi voluntad es tuya. No importa lo que se requiera, transfórmame en la imagen de Jesús”.

lunes, 10 de agosto de 2009

PLANTE UN ARBOL

Dios no prometió impedir que sus hijos sufran. El no prometió evitar que enfrentemos un momento de necesidad. No se nos ha prometido paz mundial, tranquilidad, seguridad o bienestar económico continuo. Se nos ha prometido paz y seguridad en nuestra alma y mente, la provisión sobrenatural para cada necesidad verdadera y la seguridad de que nunca tendremos que mendigar pan. Dios preferiría que nosotros estemos en el lugar donde estuvo el apóstol Pablo cuando dijo: “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (1 Timoteo 6:8).

 

El futuro se ve malo, pero David dijo en el salmo 23: “No temeré mal alguno”. Este es el mensaje para los creyentes de hoy. El futuro también está bajo Su control, así que no debemos temer. Dios tiene lo todo “pre programado”. El sabe el momento exacto en que Cristo volverá. El Dios que tiene el control de los cielos y la tierra, ha dicho: “He aquí que las naciones le son como la gota de agua que cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas… Como nada son todas las naciones delante de él… menos que nada” (Isaías 40:15,17).

 

Dios quiere que sigamos trabajando hasta que vuelva Cristo. Eso simplemente significa que debemos trabajar como si el final nunca llegara, y vivir como si el final fuera mañana. Le preguntaron al gran evangelista D.L. Moody: “¿Qué haría usted hoy, si supiera que Jesucristo volviera mañana?” El respondió: “Plantaría un árbol”. Que así sea. Que el verdadero cristiano vaya, plante y coseche la semilla de Dios; y se mantenga ocupado en la obra de Dios. Cuando El vuelva, que nos encuentre “haciendo Su voluntad”.

 

Dios sigue contando hasta el cabello de nuestras cabezas. Sigue contando los pajarillos que caen. El sigue conociendo las peticiones aun antes de ser mencionadas. Sigue respondiendo antes de ser llamado. El sigue dando mucho mas abundantemente de lo que pedimos o entendemos. Así que, ¿de qué temer?

domingo, 9 de agosto de 2009

EL SORPRENDENTE RECONOCIMIENTO DE DAVID

Después de exaltar ampliamente La Palabra de Dios, David concluye el salmo 119 con este verso: “Yo anduve errante como oveja extraviada; busca a tu siervo” (verso 176).

 

David quiere decir, en esencia: “Por favor, Señor, búscame como un pastor busca una oveja perdida. A pesar de todo mi conocimiento bíblico, mi predicación y mi largo recorrido contigo, de alguna manera me he alejado de tu amor. He perdido el sentido de reposo que alguna vez tuve en ti. Todos mis planes han fallado y ahora me doy cuenta de que estoy completamente desamparado. Ven a mi, Padre. Búscame en este lugar horrendo y seco. Por mi mismo, yo no puedo encontrarte, eres tú el que debe encontrarme. Todavía creo que tu Palabra es verdad”.

 

David sabia que el se había desviado del reposo de Dios. El sabia que el amor de Dios debía haber quedado impreso en su corazón durante sus crisis anteriores. Pero ahora, una vez más, David había olvidado el amor de Dios para con él. De modo que invocó al Señor, rogándole buscar a su siervo perdido.

 

Ahora, el pastor había venido por David otra vez. Y mientras David oía mencionar su nombre, su corazón fue consolado. El pensó: “Mi pastor me conoce por mi nombre”. David se halló a sí mismo siendo guiado cuesta abajo a un valle verde. Y una vez que descendió a los verdes pastos, Jehova Rohi (El Señor es mi Pastor) le dijo: “Descansa ahora, anda a dormir y deja que tu alma cansada descanse. No te preocupes, Yo seguiré trabajando, encargándome de todo”.

 

Es importante notar aquí, que las circunstancias de David no habían cambiado. De hecho, La Escritura dice que los enemigos que se levantaron contra él, se habían multiplicado (Salmo 3:1). Pero el amor de Dios en David, había sido restaurado. Ahora, él podía decir: “La salvación (liberación) es de Jehová” (3:8). Ahora él podía testificar: “Ya no más planes hechos por mí mismo. Ya no más noches sin dormir, tratando de hacer que las cosas funcionen. Entro confiadamente en el amor de mi pastor. Doy la bienvenida a sus brazos abiertos hacia mí”.

jueves, 6 de agosto de 2009

EL ESPIRITU SANTO QUE NOS GUIA

Cuando la Escritura dice que El Espíritu Santo “mora” en nosotros, significa que el Espíritu de Dios viene y ocupa nuestros cuerpos, haciendo de ellos, su templo. Y a causa de que El Espíritu Santo conoce el sentir y la voz de El Padre, él nos habla los pensamientos de Dios: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Juan 16:13). ¡El Espíritu Santo es la voz de Dios en y para nosotros!

 

Si el Espíritu Santo mora en usted, él le instruirá personalmente. Por favor note que no habla solamente con los pastores, profetas y maestros, sino con todos los seguidores de Jesús. Esto es evidente a lo largo de todo el Nuevo Testamento, el Espíritu Santo conducía y guiaba a su pueblo, diciéndoles constantemente: “Vayan acá, vayan allá, entren a tal ciudad, unjan a dicha persona…”. Los primeros creyentes fueron guiados en todas las cosas y a todo lugar por el Espíritu Santo.

 

Y el Espíritu Santo nunca dirá una sola palabra en contra de Las Escrituras; por el contrario, El hace uso de estas para hablarnos con claridad. El nunca nos da un “nueva revelación” fuera de La Palabra de Dios. El abre a favor nuestro Su Palabra revelada, para guiar, conducirnos y consolarnos, y para mostrarnos las cosas que vendrán.

 

Estoy convencido de que Dios habla solamente a aquellos que, como Moisés, “sube y espera en El”. Esto significa que debemos pasar un tiempo de calidad diariamente con El Señor, esperando que El abra completamente nuestro corazón para oír su voz, sin apresurarnos en su presencia, creyendo que El se deleita en hablarnos. El no va a retener nada de nosotros, ni permitirá que seamos engañados o caigamos en confusión. Aun en los tiempos más difíciles, disfrutaremos un tiempo de gran regocijo, porque El se revelara a sí mismo a nosotros como nunca antes.   

miércoles, 5 de agosto de 2009

¿QUE PASÓ CON EL GOZO?

El Espíritu Santo anhela traer al pueblo de Dios de regreso a ser al Señor con gozo y alegría. ¡Cuán contristado debe de estar el cielo al ser testigo del manto húmedo de desesperación y tristeza cayendo sobre multitudes de creyentes!

 

El salmista declaró: “Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová” (Salmos 144:15).

 

Isaías dijo: “Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación.(Isaías 12:3).

 

Cuando el Espíritu Santo comenzó a tratar conmigo el asunto de servirle con gozo, me costó mucho entender la seriedad del tema. No entendía por completo la actitud de Dios, me preguntaba qué tan importante podría ser esto en comparación a todos los problemas desgarradores que se ven en el mundo de hoy.

 

Pocos cristianos conocen la verdad acerca del sacrificio que dio a nuestras vidas ¡total libertad, en el Calvario! Nunca permitieron que la cruz los haga libres de todo temor y atadura. No podemos regocijarnos ni tener gozo inefable en nuestra relación con El Señor, cuando nuestro entendimiento de lo que sucedió en la cruz es nulo o limitado.

 

Usted no tiene que comprender todas las doctrinas de la expiación, reconciliación, propiciación, gracia, santificación, etc. Todo lo que Ud. necesita saber para vivir su vida con gozo delante del Señor es esta verdad fundamental: ¡DIOS ESTUVO COMPLETAMENTE SATISFECHO CON EL SACRIFICIO DE CRISTO EN LA CRUZ!

 

¡Era todo lo que se necesitaba! Dios, ahora, voluntariamente y con gozo, perdona a todo aquél que se arrepiente.

 

¡No regocijarse en el perdón de Cristo es poner en duda el pago completo que él hizo por nuestros pecados! Permita al Espíritu Santo darle entendimiento de esta verdad, somos llamados a libertad. Dios quiere que tengamos abundancia de gozo, un gozo abundante y completo. ¡Apretado y rebosando!

 

La Palabra de Dios establece con perfecta claridad que El anhela ser el deleite de sus santos.

 

“…para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos” (Juan 17:13).

 

“Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido” (Isaías 35:10).

martes, 4 de agosto de 2009

¡ADELANTE, LLORE!

Cuando usted tenga el peor dolor, vaya a su lugar secreto de oración y llore toda su amargura. Jesús lloró. Pedro llevó consigo el dolor de negar al mismo Hijo de Dios ¡y lloró amargamente! El caminó solo por las montañas, llorando de tristeza. Esas lágrimas amargas produjeron en él un dulce milagro, y el volvió, para sacudir el reino de Satanás.

 

Hace años, una mujer que había pasado por una mastectomía, escribió un libro titulado: Primero, llore. ¡Cuán cierto! Recientemente hablé con un amigo a quien se le acababa de diagnosticar un cáncer terminal. “Lo primero que uno hace”, me dijo, “es llorar hasta que no quedan más lágrimas. Luego uno comienza a acercarse a Jesús, hasta que sabes que sus brazos te tienen asido fuertemente”.

 

Jesús nunca aparta sus ojos de un corazón que llora. Él dijo: “Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú” (ver Salmos 51:17). Jamás oiremos al Señor decir: “¡Guarda la compostura!, ¡ponte de pie y toma tu medicina! o ¡Aprieta los dientes y sécate las lagrimas!” ¡No! Jesús guarda cada lágrima en su frasco eterno. 

 

¿Tiene usted algún dolor? Entonces adelante, llore. Y siga llorando hasta que las lágrimas dejen de correr. Pero que esas lágrimas sean solamente producto del dolor, no de la incredulidad ni de la autocompasión.

 

Aliéntese en el Señor. Cuando la neblina lo rodee y no pueda ver ninguna salida para su dilema, recuéstese en los brazos de Jesús y simplemente confíe en Él. ¡Él debe hacerlo todo! Él quiere su fe, su confianza. Él quiere que usted clame en alta voz: “¡Jesús me ama! ¡Él está conmigo! ¡Él no me va a fallar! ¡Él está obrando en este mismo instante! ¡No seré defraudado! ¡No seré derrotado! ¡No me convertiré en una víctima de Satanás! ¡No perderé el sentido ni la dirección! ¡Dios está de mi lado! ¡Yo lo amo y Él me ama!”

lunes, 3 de agosto de 2009

SEÑOR, ¡LLÉVAME A CASA!

Como leímos en Daniel 3:15-16, los tres hebreos entraron al fuego con sus cuerpos ya muertos para el mundo. Ellos pudieron ofrecer sus cuerpos con gozo, como sacrificios vivos. ¡Y Jesús literalmente entró en sus crisis!

 

¿Qué cree usted que ellos le dijeron a Jesús, cuando apareció en el horno? “¡Gracias por no permitir que sintamos el dolor! ¡Gracias por darnos otra oportunidad, para unos cuantos años más!”?

 

¡No, nunca! Yo creo que ellos dijeron: “Señor, llévanos contigo. No nos dejes acá. ¡Hemos tocado el éxtasis, la gloria y no queremos volver! Llévanos a casa contigo”. ¡Ellos habrían preferido estar con Él! Jesús conocía este tipo de corazón, y es con ellos, con quienes Él se compromete.

 

¿Es usted capaz de decir: “Señor, llévame a casa”? Quizás nunca aprendió a confiar su cuerpo, su negocio, su matrimonio o su crisis en las manos de Dios. Sí, debemos orar en fe, creyendo que Dios va a responder; pero también debemos confiar en Él completamente respecto a nuestra situación, diciendo en nuestros corazones: “Y si no, Señor, ¡seguiré confiando en Ti!”

 

 “Señor, tú eres capaz de librarme de este horno de fuego. Pero si no, ¡seguiré creyendo! Aún si tengo que seguir pasando esta horrible prueba, si tengo que pasar por más sufrimiento y prueba, pongo todo en tus manos, sólo ven y camina a través de ella conmigo”. ¿Puede usted orar dicha oración?

 

Yo le prometo que Jesucristo entrará en su crisis, ¡tomará su mano y lo guiará a través del fuego!

 

Considero que la llegada de Cristo en mi crisis es la mayor respuesta posible a la oración, porque cuando Él viene, su presencia me levanta por encima de todo mi dolor, de todas mis heridas y de toda mi confusión. Cuando Jesús aparece al lado de usted, Él toma su mano y lo afirma sobre sus pies.

domingo, 2 de agosto de 2009

¡COMPROMETIDOS, VIVOS O MUERTOS!

“Habló Nabucodonosor y les dijo…si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?” (Daniel 3:14–15).

Los amigos de Daniel estaban enfrentando la peor crisis que cualquier ser humano podría enfrentar. Si Dios no venía y los libraba milagrosamente, ¡ellos estarían muertos!

¿Qué cosa haría venir a Cristo en medio de su crisis? Él viene cuando usted hace el mismo compromiso que hicieron los tres jóvenes hebreos: “[Ellos]… respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano…nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (versículos 16–18).

En otras palabras: “No hay salida. Si Dios no hace un milagro, estaremos muertos. Sin embargo, ¡nuestro Dios es capaz de librarnos de esta feroz crisis!, pero aún si no lo hiciera, no le daremos la espalda. ¡Vivos o muertos, confiaremos en Él!

 

Amados, éste es el tipo de fe que hace que los ángeles se regocijen y bendice el mismo corazón de Dios. Es una fe que dice: “Señor, estoy convencido, plenamente persuadido de que tú eres capaz de librarme. Si tan sólo dices una palabra, todo esto terminará. Pero si no es así, no voy a correr. No voy a echarte la culpa de abandonarme. Permaneceré fiel y veraz. Tus caminos son más altos que los míos, Señor, y mi vida está en tus manos. ¡Aunque me matares, en ti confiaré!”.

 

Esto es lo que hace que Cristo lo visite a usted en medio de su crisis, la confianza completa de que ¡El es capaz de rescatarnos y librarnos de cualquier crisis! Es la confianza de saber que, no importa lo que venga, estamos en sus manos.