martes, 11 de agosto de 2009

NUESTRO MINISTERIO

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor” (2 Corintios 3:18). ¿Qué significa mirar la gloria del Señor? Pablo se está refiriendo aquí a una adoración dirigida y ferviente. Se trata de un tiempo dado a Dios, simplemente para contemplarlo. Y el apóstol rápidamente añade: “Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio” (4:1). Pablo deja muy claro el hecho de que el contemplar el rostro de Jesucristo es un ministerio al que todos debemos dedicarnos.

 

La palabra griega mirar en este versículo es una expresión muy fuerte. Indica no solamente echar un vistazo, sino “fijar la mirada”. Significa tomar la decisión: “No me voy a mover de esta posición. Antes de hacer cualquier otra cosa, antes de tratar de lograr algo, debo estar en la presencia de Dios”.

 

Muchos cristiano malinterpretan la frase: “como en un espejo” (3:18). Piensan en un espejo que refleja hacia ellos el rostro de Jesús, pero eso no es lo que Pablo quiere decir aquí. El se está refiriendo a una mirada fija e intensa, como fijándose en algo a través de un vidrio, intentando verlo con mayor claridad. Debemos “fijar nuestra mirada” de esta manera, determinados en ver la gloria de Dios en la faz de Cristo. Debemos encerrarnos en el lugar santísimo, con una sola obsesión: contemplar tan atentamente y tener una comunión con tal devoción que seamos cambiados.

 

La palabra griega transformados, usada acá es “metamorfosis”, que significa “cambiados, transformados, transfigurados”. Cualquiera que entra con frecuencia al lugar santísimo y fija su mirada atentamente en Cristo está siendo “metamorfoseado”. Una transfiguración se está llevando a cabo. Dicha persona está siendo continuamente cambiada a la imagen y carácter de Jesús.

 

Quizás usted venga a menudo a la presencia del Señor. Sin embargo, puede que no vea cambios en su vida, en igual proporción al tiempo que usted pasa a solas con El. Le digo que usted puede estar seguro que una metamorfosis está sucediendo. Algo, de hecho, está aconteciendo, porque nadie puede contemplar continuamente la gloria de Cristo sin ser transformado. Note la última frase de la declaración de Pablo: “nosotros todos…somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (3:18 itálicas mías). Ahora bien, noten el versículo anterior: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (3:17).

 

¿Pueden ver lo que Pablo está diciendo aquí? El nos está diciendo: “Cuando ustedes contemplan el rostro de Cristo, hay libertad para ser cambiados”. Al estar en su presencia, le damos al Espíritu Santo, libertad para gobernar nuestras vidas, para que haga con nosotros como El quiera. Es un acto de sumisión que dice: “Señor, mi voluntad es tuya. No importa lo que se requiera, transfórmame en la imagen de Jesús”.