domingo, 30 de agosto de 2009

¿QUE COSA SACIA SU HAMBRE?

Jesús respondió a la petición de fe por parte de sus discípulos, de esta forma. Él les dijo: “¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú?...Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Lucas 17:7-8,10).

 

Cristo se refiere, en este pasaje, a nosotros, sus siervos, y a Dios, nuestro Amo. Nos está diciendo que nosotros que debemos alimentar a Dios. Usted se preguntará: “¿Qué tipo de comida, se supone que debemos traerle al Señor? ¿Qué cosa sacia su hambre?

 

La Biblia nos dice: “Sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). En palabras simples, el plato más deleitoso de Dios es la fe. Esa es la comida que le agrada.

 

Lo vemos ilustrado a lo largo de las Escrituras. Cuando el centurión le pidió a Jesús que sane a su criado enfermo con sólo decir la palabra, Cristo disfrutó el banquete de la fe vibrante de este hombre. El replicó: “De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe” (Mateo 8:10). Jesús estaba diciendo: “He aquí un gentil, un extranjero, que está alimentando mi espíritu. ¡Qué cena tan nutritiva me está dando la fe de este hombre!”.

 

Noto en las palabras de Jesús, una declaración brusca: “Tú no comes primero, sino Yo”. En otras palabras, no debemos consumir nuestra fe en nuestros propios intereses y necesidades. Por el contrario, nuestra fe debiera saciar el hambre de nuestro Señor. “Prepárame la cena…y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú”.