miércoles, 31 de diciembre de 2008

LA VERDADERA COMUNIÓN

Muchos Cristianos hablan de tener intimidad con el Señor, caminando con él, conociéndolo, teniendo compañía con él. Pero no podemos tener una verdadera comunión con Dios a no ser que recibamos en nuestros corazones la revelación plena de su amor, gracia y misericordia.

La comunión con Dios consiste de dos cosas:

1. Recibir el amor del Padre, y
2. Amarlo en retorno

Usted puede pasar horas cada día en oración diciéndole al Señor cuánto usted lo ama, pero eso no es comunión. Si usted no ha recibido su amor, usted no ha tenido comunión con él. Usted simplemente no puede compartir intimidad con el Señor Jesús a no ser que usted esté seguro del amor que él tiene por usted.

Yo sé que cuando vengo a mi Señor, no vengo a un Padre feroz, duro, exigente. El no me espera con un rostro enojado, ansioso de golpearme en la espalda con una vara. El no me espía para ver cuándo fallo y entonces poder decirme “te descubrí”.

No, yo vengo a un Padre que se me ha revelado como un amor puro, incondicional. El es amable, de corazón tierno, lleno de gracia y misericordia, ansioso de de levantar todas mis cargas y preocupaciones. Y yo sé que él nunca me rechaza cuando lo llamo.

Es por eso que yo entro por sus atrios con alabanza y con acción de gracias, por que estoy agradecido por quién mi Dios es. ¡El tiene cuidado de todo lo que me concierne! (Ver Salmo 100).

El profeta Sofonías dice algo increíble sobre el amor de Dios por nosotros. El escribe, “Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos” (Sofonías 3:17).

Este verso nos dice dos cosas importantes sobre cómo nos ama el Señor:

1. Dios descansa en su amor por sus hijos. En Hebreo, esta frase “callará de amor” significa que “El estará sin palabras por el amor que nos tiene.” Dios está diciendo en esencia, “¡He encontrado a mi amor verdadero, y estoy totalmente satisfecho! No necesito buscar en ningún otro lugar, por que no tengo ninguna queja. Estoy completamente satisfecho en esta relación, y no quitaré mi amor. ¡Mi amor es un hecho ya establecido!”

2. Dios tiene gran placer por sus hijos. Sofonías testifica, “El se regocija sobre ti con cánticos” El dice, “¡El amor de Dios por usted es tan grande, que en sus labios hay una canción!”

Regocijarse significa “tener gozo y deleite”. Es una expresión externa de un deleite interno. Es también la expresión más alta de amor. La palabra Hebrea que Sofonías usa para decir “regocijo” es tripudiare que significa “brincar, lleno de un éxtasis de felicidad”. ¿Puede usted concebir que su Padre celestial está tan enamorado de usted que brinca de felicidad con sólo pensar en usted?

¿Puede usted recibir su palabra que dice que él lo amó a usted antes de que el mundo fuese creado, antes que la humanidad existiese, antes de que usted hubiese nacido? ¿Puede usted aceptar que él lo amó aún antes de que usted cayera en los caminos pecaminosos de Adán y llegara a ser un enemigo de Dios?

martes, 30 de diciembre de 2008

SABIO EN LA BATALLA

Cada vez que se levanta la oposición, la gracia de Dios abunda en nosotros. Piense en lo que le sucede a un árbol cuando lo golpea una gran tormenta. El viento amenaza con arrancarlo de raíz y llevárselo. Le arranca ramas y se lleva sus hojas. Suelta sus raíces y desgaja sus brotes. Y cuando termina la tormenta, todo parece estar perdido.

Pero, mire de cerca; la misma tormenta que abrió grietas en la tierra alrededor del tronco ha ayudado a que las raíces se profundicen más. Ahora el árbol puede alcanzar fuentes de nutrición y de aguas nuevas y más profundas. Y todas sus ramas muertas han sido podadas. Puede que los brotes ya no estén, pero otros volverán a crecer con mayor plenitud. Le digo que dicho árbol es ahora más fuerte y crece en formas no vistas. Y sólo espere la siega, ¡porque dará mucho fruto!

Puede que usted se encuentre en una tormenta ahora mismo. El viento sopla con furia, lo sacude con violencia y usted piensa que caerá. Amado, ¡no entre en pánico! Debe saber que en medio de la tempestad, usted está echando profundas raíces espirituales. Dios está desarrollando en usted una profunda humildad, un mayor dolor y gemido por el pecado, una gran hambre de su justicia.

Dios está haciendo de usted, un experimentado soldado de la cruz, marcado por la batalla, pero sabio y valiente en ella. A veces, puede sentirse decepcionado de usted, pero el Señor nunca. El hecho es que Él pudo haber actuado soberanamente en cualquier momento para arrebatarlo de su batalla. Pero no lo hizo, ¡porque vio que ésta estaba produciendo en usted una mayor sed de Él!

Romanos 5:3 dice: “La tribulación produce paciencia”. El verbo “producir” significa: “lograr”.

En 2 Corintios 4:17, leemos: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”. El verbo “produce” en este verso es el mismo que el de Romanos 5:3.

lunes, 29 de diciembre de 2008

LO QUE TODO CRISTIANO DEBE SABER SOBRE EL CRECIMIENTO ESPIRITUAL

“Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás” (2 Tesalonicenses 1:3).

¡Qué gran cumplido dio Pablo a los cristianos tesalonicenses! Acá tenemos la esencia completa de lo que estaba diciendo: “Es increíble ver cuánto han crecido, tanto en su fe en Cristo como en su amor los unos por los otros. Dondequiera que vaya, me enorgullezco de su crecimiento espiritual, delante de todos. ¡Cuán agradecido estoy a Dios por ustedes!”.

En este corto pasaje, Pablo nos da una figura asombrosa de un cuerpo de creyentes que estaba creciendo en unidad y amor. La frase griega que usa Pablo para “va creciendo” significa “crecer sobre, por encima y más allá de los demás”. Tanto individual como colectivamente, la fe y el amor de los tesalonicenses opacaban al resto de iglesias.

Obviamente, estos cristianos tesalonicenses no estaban tan sólo tratando de agarrarse de su fe hasta que Jesús retornara. Estaban aprendiendo, moviéndose, creciendo, y sus vidas mostraban evidencia de tal hecho. Según Pablo, ellos estaban en boca de todas las iglesias en Asia.

Aparentemente, la predicación que este pueblo oyó les estaba provocando a tener un caminar más profundo con Cristo. Estaba derritiendo sus ambiciones carnales y convenciendo de pecados habituales. Y el Espíritu Santo en ellos estaba derribando toda pared étnica y toda línea de color. Estaban descubriendo cómo abrazar a una persona, sea rica o pobre, educada o no. Y prestaban gran atención el uno al otro, prefiriéndose unos a otros en amor.

Si usted está siendo regado y alimentado por la Palabra de Dios, usted debería tener un continuo crecimiento espiritual en su vida. Esto debería estar sucediendo automáticamente.

Yo no sé si alguien en nuestra congregación “va creciendo”, como Pablo vio en la iglesia de Tesalónica. Pero, creo que sí es verdad para muchos de los nuestros. ¿Por qué? La predicación ungida de la Palabra pura de Dios siempre produce crecimiento. Y el apóstol Pedro dice que todos los que desean la leche pura de la Palabra, van a crecer.

Pablo define el crecimiento espiritual como una obra del Espíritu Santo. Dice que el Espíritu está siempre obrando, cambiándonos de gloria en gloria. Renovando constantemente nuestras mentes, haciendo morir nuestra carne y sacando a luz pureza desde nuestro hombre interior. Él obra en nuestros corazones para sacar la ira, la amargura, el resentimiento y la maldad de todo tipo. Y produce en nosotros bondad, ternura y perdón hacia los demás. Él nos está haciendo crecer en Cristo, enseñándonos que todo lo que digamos y hagamos ¡debe ser digno de nuestro Señor!

Más adelante, Pablo nos insta: “Pruébese cada uno a sí mismo” (1 Corintios 11:28). La palabra griega “pruébese” significa “escudríñese, examínese”. El apóstol está diciendo: “Examínate, mira si estás andando según la Palabra de Dios”. Debemos constantemente preguntarnos: “¿Estoy cambiando? ¿Me estoy volviendo más amoroso y tierno de corazón? ¿Estoy tratando a mi familia y amigos con respeto piadoso? ¿Mi conversación está volviéndose más justa?”.

domingo, 28 de diciembre de 2008

A VECES CRECEMOS Y NO LOS SABEMOS

Algunos creyentes le pueden contar sobre su crecimiento espiritual. Y usted puede, claramente, ver los cambios en sus vidas. Ellos le testifican a usted acerca de cómo es que el Espíritu Santo ha derrotado, por ellos, al enemigo. Y usted se regocija juntamente con ellos en su victoria.

Sin embargo, este tipo de cristianos son la excepción. La mayoría de creyentes son totalmente inconscientes de cualquier progreso espiritual en sus vidas. Oran, leen la Biblia y buscan al Señor con todo el corazón. No hay en ellos ninguna obstrucción para el crecimiento espiritual.

Pero ellos no pueden discernir ningún crecimiento en sus vidas. Yo soy un ejemplo de este tipo de creyente. Sé que camino en la justicia de Cristo, aun así nunca siento que estoy progresando. De hecho, ocasionalmente me decepciono de mí mismo, cuando hago o digo algo que no sea de Cristo. Esto hace que me diga: “He sido cristiano durante años, ¿por qué no aprendo nunca?”

Pienso que los cristianos tesalonicenses quedaron perplejos al oír la impecable evaluación de Pablo respecto a ellos (ver 2 Tesalonicenses 1:3). Probablemente, ellos pensaron: “Yo, ¿creciendo en abundancia? Pablo debe estar bromeando”.

Pero Pablo sabía que el crecimiento espiritual es un secreto, algo oculto. La Escritura lo compara al crecimiento invisible de las flores y los árboles: “Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano. Se extenderán sus ramas, y será su gloria como la del olivo, y perfumará como el Líbano” (Oseas 14:5–6).

Dios nos estás diciendo: “¡Vayan a los lirios! Sólo traten de verlos crecer. Les digo que al final del día no verán cambio alguno. Pero sepan esto: Yo riego al lirio cada mañana con el rocío que envío, y va a crecer”. Es lo mismo en el crecimiento espiritual ¡Es imperceptible al ojo humano!

Pareciera que algunos creyentes nunca lucharan con un pecado habitual. Ellos testifican: “Cuando vine a Jesús, el Señor sacó la tentación de mí. Y desde aquel día, he sido libre”. Conozco a muchos ex drogadictos que han tenido dicha experiencia.

Pero para multitudes de cristianos, la historia es otra. Años después de su conversión, una vieja corrupción se desata en ellos, algo que ellos aborrecían y nunca más querían volver a ver. Sin embargo, no importa cuán dura sea la lucha, dicho deseo simplemente no se va. Con el tiempo se desalientan. Su alma clama: “¿Cuánto más, Señor? ¿Cuándo será finalmente rota esta cadena?” Y eventualmente el diablo viene a ellos y les dice: “Nunca lo lograrás. Sabes que no hay manera en la que puedas crecer espiritualmente estando en la condición en la que estás”.

Anímese, amigo, tengo buenas noticias para usted. ¡Usted está creciendo en medio de su lucha! De hecho, quizás esté creciendo a pasos agigantados, a causa de su lucha.

Descanse seguro, si tiene el temor de Dios en su corazón, usted surgirá de la tormenta con mayor fortaleza en su vida. Vea usted, cuando usted batalla contra el enemigo, está ejerciendo e invocando toda la gracia y el poder de Dios. Y aunque se sienta débil, dicha gracia y poder le están fortaleciendo. Primeramente, la oración en su vida se vuelve más urgente. Y, en segundo lugar, usted está siendo despojado de todo orgullo. Así que, la tormenta lo está poniendo a usted “en guardia espiritual” en todas las áreas de su vida.

jueves, 25 de diciembre de 2008

CONOZCA, CREA Y SIGA CONFIANDO EN SU AMOR

Cualquiera puede mantener su gozo cuando está en las alturas del Espíritu Santo, sin ser probado ni tentado. Pero Dios quiere que nos mantengamos en su amor en todo tiempo, especialmente en nuestras tentaciones.

El apóstol Juan nos dice de manera muy simple, cómo es que podemos mantenernos en el amor de Dios: “Nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Juan 4:16). En resumen, si nosotros “permanecemos en el amor de Dios”, nos mantendremos en Dios.

Acá, la palabra “permanecer”, significa “quedarse en un estado de expectación”. Es decir, Dios desea que nosotros estemos expectantes de que su amor se renueve en nosotros cada día. Debemos vivir cada día en el conocimiento de que Dios siempre nos amó, y siempre nos amará.

En realidad, muchos de nosotros entramos y salimos del amor de Dios, según nuestro estado de ánimo. Nos sentimos a salvo en su amor sólo si nos hemos portado bien. Pero no estamos seguros de su amor cuando somos tentados o probados, o cuando le hemos fallado. Ése es justamente el momento en el que debemos confiar en su amor. Él nos está diciendo en estos pasajes: “No importa la prueba que enfrentes, nunca debes dudar de mi amor por ti. Si estás constantemente confiando en mi amor, entonces estás viviendo como yo quiero que vivas”.

Jeremías 31 ofrece una maravillosa ilustración del amor de Dios. Israel estaba en un momento de caída. El pueblo había engordado y prosperado, y consentían en toda clase de impiedades.

Repentinamente, sus deseos se tornaron amargos. Perdieron todo placer en satisfacer sus apetitos sensuales. En seguida, clamaron: “Señor, estamos perdidos. Necesitamos que nos vuelvas a ti”. Dios oyó su clamor de arrepentimiento, y Su amoroso corazón se dirigió hacia ellos. Él castigó a su pueblo con su vara de corrección, e Israel clamó: “Me azotaste…conviérteme, y seré convertido…después que me aparté tuve arrepentimiento” (Jeremías 31:18-19).

Oiga las palabras de Dios en este punto: “Desde que hablé de él, me he acordado de él constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente tendré de él misericordia” (v. 20). “Con amor eterno te he amado” (v. 3).

Esto es lo que usted debe saber del amor de Dios: Dios le decía a su pueblo: “He tenido que castigarles y hablarles duras palabras de verdad. Aun así, pecaron contra mí, a pesar de la gracia y la misericordia que les extendí. Se apartaron de mi amor, y me rechazaron. Sin embargo, mis entrañas de compasión se movían profundamente para con ustedes, los recordaba en sus luchas; ciertamente tendré misericordia de ustedes. Los perdonaré y restauraré de pura gracia”.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

CAMINANDO EN LA GLORIA

Lo que nos puede guardar en los duros tiempos venideros es el conocimiento de la gloria de Dios. Ahora bien, esto puede sonarle como un concepto alto, elevado, como para dejárselo a los teólogos. Pero estoy convencido de que el asunto de la gloria de Dios tiene un valor muy real y práctico para cada creyente genuino. Al captarlo, ¡abrimos la puerta hacia una vida victoriosa!

La gloria de Dios es una revelación del ser y la naturaleza de nuestro Señor. Quizás recuerde que en el Antiguo Testamento que Moisés tuvo un vistazo literal de la gloria de Dios. Antes de ello, el Señor había enviado a Moisés sin explicación alguna, fuera de estas palabras: “YO SOY”. Pero Moisés quería conocer algo más sobre Dios. Así que le rogó: “Señor, muéstrame tu gloria”.

Dios le respondió apartándolo y poniéndolo en la hendidura de una roca. Luego, la Escritura dice que Él se reveló a sí mismo a Moisés en toda su gloria (ver Éxodo 34:6-7). La manera en la que Dios quiere que conozcamos su gloria es a través de la revelación de su gran amor hacia la humanidad. Y eso es sólo lo que Dios le reveló a Moisés.

Este texto, creo, es absolutamente esencial para nuestro entendimiento de quién es nuestro Señor. A menudo, al pensar en la gloria de Dios, pensamos en su majestad, esplendor, poder, dominio, o alguna manifestación de su pueblo. Todas estas cosas pueden ser el resultado de ver la gloria de Dios. Pero ésta no es la gloria por la que Él quiere ser conocido. El Señor está siempre esperando para mostrarnos su amor, perdonarnos, regarnos con su misericordia y restaurarnos a sí mismo.

La revelación de la gloria de Dios tiene efectos poderosos en aquéllos que la reciben y oran para tener entendimiento de ello. Hasta este punto, Moisés había visto al Señor como un Dios de ley e ira. Él temblaba con terror en la presencia del Señor, pidiéndole, clamándole, rogándole a favor de Israel. Ésta había sido la base de su relación “cara a cara” con el Señor.

Pero ahora, al primer vistazo de la gloria de Dios, Moisés ya no estaba temeroso del Señor. Por el contrario, fue movido a adorar: “Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró” (Éxodo 34:8). Él vio que Dios no era sólo el trueno, los rayos y la estridente trompeta que lo hubieran hecho a él petrificarse de miedo. Por el contrario, ¡Dios fue amor y su naturaleza fue más bien de bondad y de tierna misericordia!

¿Ve usted la increíble verdad que nos muestra la Escritura? La verdadera adoración viene de esos corazones que han vencido a causa de una visión del amor inmerecido de Dios hacia nosotros. Se basa en la revelación de que Dios nos da de sí mismo, de su bondad, misericordia y rapidez para perdonar. Así que, si vamos a adorar a Dios en espíritu y en verdad, nuestra adoración debe estar basada en esta asombrosa verdad acerca de Él.

Una vez que recibimos una revelación de la gloria de Dios, nuestra adoración no puede evitar cambiar. ¿Por qué? ¡Ver su gloria cambia la manera en la que vivimos! Afecta nuestro semblante y conducta, cambiándonos de “gloria en gloria”, haciéndonos más como Él. Cada revelación nueva de su amor y misericordia trae un cambio sobrenatural.

martes, 23 de diciembre de 2008

EL AMOR DE DIOS NOS ES DADO SOLAMENTE A TRAVÉS DE JESUCRISTO

Según Juan, todo el amor de Dios mora en Jesucristo, Él escribe: “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia” (Juan 1:16). ¿Cómo hemos recibido el amor del Padre? Lo hemos obtenido por estar en Cristo.

Pero, usted se preguntará: ¿Qué importancia tiene saber que el amor de Dios nos es dado a través de Cristo? ¿Cómo afecta esto nuestro diario vivir?

¿Cómo es que el amor de Dios impacta nuestras vidas? Debemos ver a Cristo como nuestro ejemplo. Jesús ya nos había dicho que el Padre nos ama de la misma manera que amó al Hijo. Entonces, ¿qué impacto tuvo el amor del Padre sobre Jesús?

“En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros…” (1 Juan 3:16). Acá vemos el fruto del amor de Dios en Jesús: Se entregó a sí mismo como sacrificio para los demás. La segunda mitad de este versículo, nos muestra el propósito del amor de Dios en nuestras propias vidas. Dice: “…también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos”. El amor de Dios nos lleva también a presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo.

¿Ha pensado alguna vez sobre lo que significa verdaderamente poner su vida por sus hermanos y hermanas? Juan no se refiere a convertirnos en mártires en tierra extraña. No se refiere a volverse donante de órganos. Tampoco se refiere a que debemos tomar el lugar de algún criminal condenado a muerte. Sólo Cristo hizo tal sacrificio. No, el único tipo de cristiano que puede traer vida y esperanza a sus hermanos es el que está muerto. Tal siervo ha muerto a este mundo, a todo “yo”, a todo orgullo y a toda ambición.

Este cristiano “muerto” ha permitido al Espíritu Santo realizar un inventario espiritual de su alma. Él ve a través de la corrupción y la impiedad en su corazón. Y, voluntariamente, va al altar de Dios, clamando: “Señor, consúmeme. Llévatelo todo”. Él sabe que sólo a través de ser limpiado por la sangre de Cristo es que podrá poner su vida por sus hermanos.

lunes, 22 de diciembre de 2008

LA REVELACIÓN DEL AMOR DE DIOS

Recientemente, el Espíritu Santo me tocó y me guió a este pasaje: “Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna” (Judas 20-21). A medida que leía estos versículos, oí al Espíritu susurrarme: “David, tú nunca has venido a la plenitud y al gozo de mi amor. Tienes la teología correcta, pero no has experimentado el éxtasis y el reposo de permanecer en mi amor. Hasta ahora, sólo has entrado hasta los tobillos. Pero hay un océano entero de mi amor para que tú nades en él”.

La Biblia está llena de la verdad del amor de Dios. Pero a veces, me pregunto cómo es que el Señor pudo haberme amado. No es que dude de su amor; es más bien mi fracaso, el no permanecer en el conocimiento y seguridad de su amor hacia mí.

La revelación del amor de Dios viene en parte cuando nacemos de nuevo. Si uno preguntara a la mayoría de cristianos, qué es lo que conocen del amor de Dios hacia ellos, ellos responderían: “Yo sé que Dios me ama porque Él dio a su Hijo para morir por mí”. Mencionarían Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Es un momento maravilloso cuando uno entiende esta verdad. De pronto se da cuenta: “Dios me amó cuando estaba perdido, deshecho y era un extraño. Y Él me demostró su amor por mí, sacrificando a su propio Hijo a favor mío.

Pocos cristianos, sin embargo, aprenden a ser guardados en el amor de Dios. Conocemos algo de nuestro amor hacia el Señor, pero rara vez buscamos la revelación del amor de Dios para nosotros. De hecho, si usted le pidiera a la mayor parte de los cristianos que encuentren pasajes bíblicos que señalen el amor de Dios para nosotros, ellos podrían señalar sólo unos cuantos. No obstante, el secreto de una vida vencedora es entender el amor de Dios. Multitudes crecen espiritualmente frías y flojas porque ignoran el amor de Dios para ellos. No saben que su mayor arma contra los ataques de Satanás es estar plenamente convencidos del amor de Dios hacia ellos, a través de la revelación del Espíritu Santo.

En su oración final sobre la Tierra, Jesús dijo: “Padre…me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:24). ¡Qué pensamiento tan increíble! Cristo fue grandemente amado por el Padre antes de la creación.

Luego Jesús hizo esta notable oración: “…tú, oh Padre… los has amado a ellos como también a mí” (vv. 21, 23). También oró: “para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos” (v. 26). Cristo estaba diciendo: “Padre, yo sé que tú vas a amar a aquéllos que yo traiga a mi cuerpo, tal como me has amado a mí”.

La implicación acá, es que cuando el Padre amaba a Jesús antes de la eternidad, Él también nos amaba a nosotros. De hecho, cuando el hombre era tan sólo un pensamiento en la mente eterna de Dios, el Señor ya estaba enumerando nuestras partes y planeando nuestra redención: “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor…” (Efesios 1:4-5).

¿Desde cuándo le ha amado Dios a usted? Él le ha amado desde que Él existe, porque Dios es amor. Es su naturaleza misma. Él le amó como pecador. Él le amó en la matriz. Él le amó antes que el mundo fuera. Su amor para usted no tuvo inicio, y tampoco tiene final.

¿Cuándo dejará Dios de amarle? Él dejará de amarle cuando deje de amar a su propio Hijo, lo cual es imposible. Cristo dice: “El Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 13:1).

domingo, 21 de diciembre de 2008

MANTÉNGASE EN EL AMOR DE DIOS

Hace años, Dios puso en mi corazón empezar un hogar para niños en Long Island. En verdad, sentía que Dios estaba detrás de esta obra. Aun así, después de tan sólo dieciocho meses, los oficiales del estado impusieron reglamentos de tal restricción sobre el funcionamiento de un hogar, que no tuvimos otra opción que cerrarlo.

Habíamos conseguido cuatro niños durante el breve tiempo que estuvimos funcionando. Después de cerrar, perdí contacto con ellos. Siempre pensé que dicha gestión fue uno los mayores fracasos de todos los tiempos. Durante más de tres décadas, me preguntaba por qué Dios permitió que avancemos con ello.

Recientemente, recibí una carta de un hombre llamado Clifford, él me contó la siguiente historia:

“Hermano David, yo fui uno de los cuatro niños recibidos en el hogar en Long Island. Sus tutores fueron muy amorosos y tiernos. Nos enseñaban la Biblia y nos llevaban a la iglesia. Un día nos llevaron a una iglesia que estaba teniendo una campaña de avivamiento en una carpa. Yo estaba todo amargado e indispuesto. Fue allí, bajo la carpa, que el Espíritu Santo comenzó a llamar a mi corazón. Oí al predicador decir: “Jesús te ama”. Todos los años de dolor, confusión y desesperanza afloraron. Me puse de rodillas y oré. Eso fue hace treinta y cinco años. Ahora Dios me ha llamado a predicar y me está llevando al ministerio a tiempo completo. Este “gracias” ha estado hirviendo en mí todo este tiempo. Sólo quiero agradecerle por preocuparse. Yo sé lo que es el amor de Dios”.

La carta de este hombre me demuestra que nada de lo que hagamos para Cristo es en vano. Ese hogar de niños no fue un fracaso, porque un perdido y confundido niño judío descubrió el significado del amor de Dios.

jueves, 18 de diciembre de 2008

SATANÁS UTILIZA DISPOSITIVOS SUTILES

“Después el rey de Asiria envió contra el rey Ezequías…al Rabsaces, con un gran ejército…contra Jerusalén” (2 Reyes 18:17). Los asirios representan las actuales “guías hacia la prosperidad”. El diablo exhibirá su ejército alrededor de sus murallas: gente poderosa, hermosa y aparentemente exitosas en todo lo que emprenden. Cuando usted los vea, ¡se sentirá encerrado como un prisionero!

La primera artimaña del hombre de pecado es cuestionar el compromiso de un creyente de confiar plenamente en el Señor. Rabsaces, cuyo nombre significa “mensajero ebrio”, era el embajador del rey. Él se burlaba de los justos, provocándolos (ver 1 Reyes 18:19-20). La acusación era: “Dios no los va a sacar de este aprieto. ¡Van a hundirse! Están en un verdadero problema y su fe no va funcionar”.

Luego, Satanás añade otra torsión; le dice a usted que Dios está detrás de todos sus problemas. El mensajero asirio declaró: “Jehová me ha dicho: Sube a esta tierra, y destrúyela” (2 Reyes 18:25). Satanás intentará convencerle de que Dios está desquitándosela con usted, que Él está molesto con usted ¡Ésta es su mentira más sutil! Hacerle creer que Dios lo ha abandonado y ha entregado su vida, al dolor y a los problemas. Él quiere que usted piense que sus problemas son el resultado del castigo de Dios por sus pecados del pasado. ¡No lo crea! Es Satanás queriendo destruirlo.

Nuestro Dios es un libertador, es una fortaleza. Isaías dijo que Él viene “a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya” (Isaías 61:3).

No, amado santo, usted no se está hundiendo. Simplemente está bajo ataque, bombardeado por las mentiras del enemigo a causa de que usted ha decidido verdaderamente confiar en el Señor. Satanás está tratando de destruir su fe en Dios.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

ÉL NOS LLAMA A PELEAR

“¿Qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada [delegación] y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:31-33).

Una vez, Enoc profetizó: “He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares” (Judas 14). La Escritura dice que somos reyes y sacerdotes para el Señor, y representamos estas decenas de millares que salen a pelear contra el ejército de Satanás. Satanás está en guerra contra nosotros porque él nos aborrece grandemente (ver Apocalipsis 12:17).

Debemos estar preparados para lo que está viniendo. Debemos estar dispuestos a vivir nuestros días en guerra espiritual, sabiendo que hay un río de iniquidad dirigido hacia el pueblo de Dios. Si nos hemos determinado a asirnos de Cristo, entonces necesitamos darnos cuenta de que somos invencibles en Cristo. Escrito está: “Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). Dios dice que tenemos garantizada la victoria sobre todo el poder del enemigo; ¡contamos con todas las huestes del cielo peleando a nuestro favor!

Que Dios nos dé más lucha de su Espíritu Santo para que cada uno de nosotros pueda gritar al mundo y a todas las hordas del infierno: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?...Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:35, 37–39).

Este es el clamor de batalla de aquéllos que tienen hambre de Jesús.

Todo hombre o mujer de Dios se convertirá en un blanco de las armas malignas del infierno, una vez que se comprometa a ser un sacrificio vivo para Cristo. Las hordas del infierno serán soltadas contra aquél que ha determinado en su corazón caminar en santidad de fe.

Satanás afligirá y pondrá piedras en su camino, porque usted se ha vuelto una verdadera amenaza para su programa de engaño. Usted puede renunciar a la batalla, rendirse, retirarse y volverse un vagabundo insensible e infructuoso.

Respecto a mí, he elegido resistir el complot del diablo, levantarme en fe y reasumir la lucha, Satanás no puede mantener derribado a alguien que verdaderamente confía en el Señor.

martes, 16 de diciembre de 2008

ÉL NOS LLAMA A LLEGAR AL FINAL

“Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar” (Lucas 14:28-30).

Cristo sabía que muchos de sus seguidores no tenían lo que se requería para acabar. Él sabía que tirarían la toalla y no terminarían la carrera. Creo que ésta es la posición más trágica posible para un creyente, haber empezado deseando asirse plenamente de Cristo, crecer hasta ser un discípulo maduro y venir a ser más como Jesús, para luego apartarse. Tal persona es una que puso el cimiento y no pudo terminar porque no calculó primeramente los gastos.

¡Qué gozo es poder conocer a aquéllos que están de hecho terminando la carrera! Estos creyentes están creciendo en sabiduría y conocimiento de Cristo. Cambian a diario, a cada momento. Pablo les dice, con ánimo: “nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18). Estos creyentes no buscan el cielo, ¡sino a Cristo en su Gloria!

Yo sé que muchos de los que están leyendo este mensaje en particular, están en el proceso de darse un tiempo o dar un paso atrás. Pareciera ser un pequeño paso, pero producirá un descenso súbito lejos de su amor. Si esto es verdad para usted, dese cuenta de que el Espíritu Santo lo está llamando a regresar por completo, de vuelta al arrepentimiento, a la negación personal y a la rendición. Y en este punto, el tiempo es un gran factor. Si usted en algún momento quiso agarrarse de Cristo, hágalo ahora; llegue hasta el final.

lunes, 15 de diciembre de 2008

AMOR Y ODIO

“Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26).

La palabra griega “aborrece” significa: “amar menos por comparación”. Jesús nos llama a tener un amor por Él, que sea tan amplio, ferviente y absoluto que todos nuestros afectos terrenales no puedan siquiera acercarse.

Piense en ello: ¿Sabemos lo que es entrar a su dulce presencia sin pedir nada? ¿Extendernos a Él sólo por estar agradecidos porque Él nos ama tan grandemente?

Nos hemos vuelto egoístas y egocéntricos en nuestras oraciones: “Danos, provéenos, bendícenos úsanos, protégenos”. Todo esto puede ser escritural, pero el enfoque depende de nosotros. Hasta nuestra obra en el Señor se ha vuelto egoísta. Queremos que Él bendiga nuestro servicio a Él, para saber que nuestra fe es genuina. El Señor está más interesado en lo que estamos siendo en Él que en lo que estamos haciendo para Él.

Alguien leyendo esto podría estar herido porque las puertas del ministerio se han cerrado. Él o ella podría sentirse “relegado a una repisa”. Otro podría pensar que sería más útil al Señor en algún campo misionero en necesidad. Pero yo digo que no podemos ser más útiles al Señor que cuando le ministramos amor a Él en el lugar secreto de oración. Cuando buscamos al Señor, cuando escudriñamos incesantemente su Palabra para conocerle, entonces estamos en el punto más alto de nuestra utilidad. Bendecimos y satisfacemos más a Dios, estando encerrados con Él, comunicándonos en amor, que haciendo cualquier otra cosa. Cualquiera que sea la obra que Él quiera que hagamos, sea en casa o fuera de ella, fluirá, sin esfuerzo, de nuestra comunión con Él. Él está más interesado en ganar todo nuestro corazón, que en que nosotros ganemos todo el mundo para Él.

No estoy menospreciando la labor ferviente de ganar almas, más bien estableciendo que todo evangelismo bendecido por el Espíritu, nace en la comunión. Al testigo, que está a menudo con el Señor en oración, se le dará la sabiduría, el tiempo del Espíritu Santo y el poder para hacer la voluntad de Dios.

domingo, 14 de diciembre de 2008

VINIENDO A SU MESA

Un antiguo cántico tiene un significado profundo para mí, dice: “Jesús ha puesto una mesa / Donde los santos de Dios son alimentados / Él invita a su pueblo escogido, venid y comed”.

¡Qué perspectiva tan emocionante: El Señor ha puesto una mesa en los cielos, para sus seguidores! Jesús les dijo a sus discípulos: “Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino” (Lucas 22:29-30). Tener hambre de Él significa que, por fe, nosotros también estamos sentados en esta mesa.

Cuando el apóstol Pablo instruye: “Celebremos la fiesta” (1 Corintios 5:8), él quiere decir que debemos claramente entender que se nos ha asignado un sitio en los cielos con Cristo en su mesa real. Pablo está diciendo: “Siempre preséntate. Que nunca se diga que tu sitio está desocupado”.

La triste verdad es que la iglesia de Jesucristo simplemente no comprende lo que significa celebrar la fiesta. No entendemos la majestad y honor otorgado a nosotros al haber sido exaltados por Cristo para sentarnos con Él en los lugares celestiales. Nos hemos convertido en personas demasiado ocupadas como para sentarnos en su mesa. Obtenemos erróneamente nuestro gozo espiritual del servicio; en lugar de obtenerlo de la comunión. Hacemos más y más para un Señor que cada vez conocemos menos y menos. Nos desgastamos hasta quedar en harapos por su obra, entregando nuestros cuerpos y nuestras mentes, pero rara vez celebramos la fiesta.

Lo único que nuestro Señor busca sobre todo lo demás, de sus siervos, ministros y pastores es la comunión en su mesa. Esta mesa es un lugar de intimidad espiritual y es puesta a diario. Celebrar la fiesta significa venir a Él continuamente para obtener alimento, fuerza, sabiduría y comunión.

A partir de la Cruz, todos los gigantes espirituales han tenido una cosa en común: Reverenciaban la mesa del Señor. Ellos se perdían en la inmensidad de Cristo. Todos ellos murieron lamentando el haber conocido tan poco de Él y su vida.

Hoy nuestra visión de Cristo es demasiado pequeña y limitada. Se necesita un evangelio de “inmensidad” para vencer los problemas complicados y crecientes de esta perversa generación. Mire, Dios no “tan sólo” soluciona los problemas en este mundo, ¡Él los traga en su inmensidad! Alguien que tenga una revelación creciente de la inmensidad de Cristo no tiene por qué temer a ningún problema, ningún diablo, ningún poder en esta Tierra. Sabe que Cristo es mayor que todo ello. Si tuviéramos este tipo de revelación de cuán grande, ilimitado, inconmensurable, infinito e inmenso es Él, nunca más volveríamos a ser agobiados por los problemas de la vida.

Pablo es un ejemplo para nosotros. Él estaba comprometido a tener una revelación siempre creciente de Cristo, de hecho, todo lo que Él recibió de Cristo vino por revelación; le fue enseñado a Él en la mesa del Señor y fue hecho verdad en él por el Espíritu Santo. Recuerde que recién después de tres años de su conversión, Pablo pasó tiempo con los apóstoles en Jerusalén, y se quedó con ellos sólo quince días antes de seguir con sus viajes misioneros. Más adelante, dijo: “Por revelación me fue declarado el misterio” (Efesios 3:3). El Espíritu Santo conoce los secretos profundos y ocultos de Dios, y Pablo oraba constantemente por el don de la gracia para entender y predicar: “las inescrutables riquezas de Cristo” (Efesios 3:8).

El Señor está buscando creyentes que no estén satisfechos con analizar todas las voces conflictivas para hallar una verdadera palabra. Él quiere que nosotros tengamos hambre de una revelación de Él, una revelación que sea toda nuestra, una intimidad profunda, personal.

jueves, 11 de diciembre de 2008

DESDE EL CAMPO DE BATALLA DE LA FE

Cuando Pablo decidió ir a Jerusalén, no fue porque había oído que allí había un avivamiento. No se trataba de un predicador desanimado buscando alguien a quien impartir algo de parte de Dios. No, él lo indica claramente: “Subí…a Jerusalén…según una revelación, y…expuse en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predico” (Gálatas 2:1-2). Pablo fue a Jerusalén para compartir un misterio que Dios quería revelar a su pueblo”.

Este hombre piadoso tenía su propia revelación plena y gloriosa de Cristo. No aprendió las doctrinas que enseñaba encerrado en un estudio con libros y comentarios. No era algún filósofo aislado que soñara con verdades teológicas, pensando: “Algún día mis obras escritas serán leídas y enseñadas por futuras generaciones”.

Déjeme contarle cómo y cuándo produjo Pablo sus epístolas. Las escribió en húmedas y oscuras celdas de prisión. Las escribió mientras se limpiaba la sangre de su espalda luego de haber sido azotado. Las escribió después de arrastrarse desde el mar, habiendo sobrevivido otro naufragio.

Pablo sabía que toda la verdad y la revelación que él enseñaba provenían del campo de batalla de la fe. Y se regocijaba en sus aflicciones por causa del evangelio. El dijo: “Ahora puedo predicar con toda autoridad a cada marinero que haya pasado un naufragio, a cada prisionero que haya estado encerrado sin esperanza, a todos los que alguna vez vieron la muerte cara a cara. El Espíritu de Dios me está haciendo un veterano probado, así que puedo hablar su verdad a todo aquél que tenga oídos para oír.

Dios no le ha entregado a usted al poder de Satanás. No, Él permite la prueba que usted está pasando, porque el Espíritu Santo está ejecutando una obra invisible en usted. La gloria de Cristo está siendo formada en usted para toda la eternidad.

Usted nunca conseguirá verdadera espiritualidad de alguien o algo. Si quiere saborear la gloria de Dios, ésta vendrá a usted, donde usted se encuentre, en sus circunstancias actuales, agradables o desagradables.

Creo que uno de los mayores secretos de la espiritualidad de Pablo era que siempre estaba listo para aceptar cualquier condición que le tocara vivir, sin quejarse. El escribe: “He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” (Filipenses 4:11).

La palabra hebrea “contentar” significa “bajar la guardia”. Pablo dice: “No intento protegerme de mis circunstancias desagradables ni le ruego a Dios que me las quite. Por el contrario, las abrazo. Sé, por mi experiencia con el Señor, que Él está obrando algo eterno en mí”.

“…para que podáis soportar.” (1 Corintios 10:13). La palabra “soportar”, que Pablo utiliza acá, implica que nuestra condición no va a cambiar. El punto es que nosotros soportemos bajo dicha situación. ¿Por qué? Dios sabe que si Él cambia nuestra condición, terminaremos destruidos. Él permite que nosotros suframos porque nos ama.

Nuestra parte en cada prueba es confiar en que Dios nos dará todo el poder y recursos que necesitamos para hallar contentamiento en medio de nuestro sufrimiento. Por favor, entiéndame: Contentarnos en nuestras pruebas no significa que las disfrutemos. Simplemente quiere decir que ya no tratamos de protegernos de éstas. Nos contentamos, quedándonos quietos y soportando lo que nos toque, porque sabemos que nuestro Señor está conformándonos a la imagen de su Hijo.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

LA GENERACIÓN ACTUAL NO SABE LO QUE ES SOPORTAR

Soportar significa: “Seguir adelante a pesar de las dificultades; resistir pacientemente sin rendirse”. En resumen, significa agarrarse. Pero esta palabra significa poco para la presente generación. Hoy en día, muchos cristianos han tirado la toalla: han tirado la toalla para con sus esposas, sus familias y su Dios.

Pedro toca este asunto, diciendo: “Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente” (1 Pedro 2:19). Luego, él añade: “Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas” (1 Pedro 2:20-25).

El apóstol Pablo manda: “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo” (2 Timoteo 2:3). Finalmente, el Señor mismo nos da la siguiente promesa: “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24:13).

Le pregunto, ¿cuál es su dificultad? ¿está su matrimonio bajo presión? ¿está su trabajo en crisis? ¿tiene usted un conflicto con algún familiar, algún jefe o algún amigo que lo haya traicionado?

Debemos cobrar esperanza. Vea usted, tal como los sufrimientos de Pablo nunca lo dejaron, tampoco lo hizo su revelación, su madurez, su profunda fe, su firme paz. El dijo: “Si voy a ser un hombre espiritual, si de verdad voy a agradar a mi Señor, entonces no puedo huir de mis circunstancias. Voy a agarrarme y nunca rendirme. Nada en la Tierra me podrá dar lo que cada día recibo del Espíritu de Dios en mi prueba. Él está haciendo de mí, un hombre espiritual”.

La vida de Pablo “respiraba” el Espíritu de Cristo. Y así es con toda persona espiritual. El Espíritu Santo hace que del interior de ese siervo broten brisas celestiales de Dios. Esta persona no es abatida; no murmura ni se queja por su suerte. Puede estar pasando la prueba de su vida, pero sigue sonriendo, porque sabe que Dios está trabajando en ella, revelando su gloria eterna.

martes, 9 de diciembre de 2008

UNA REVELACIÓN PERSONAL DE CRISTO

Si usted es predicador, misionero o maestro, piense en esto: ¿Qué está enseñando? ¿Es lo que alguien le enseñó a usted? ¿Es una nueva versión de la revelación de algún gran maestro? ¿O ha experimentado usted su propia revelación de Jesucristo? Si así lo es, ¿está en aumento? ¿Está el cielo abierto para usted?

Pablo dijo: “En él vivimos, y nos movemos, y somos” (Hechos 17:28). Los verdaderos hombres y mujeres de Dios viven dentro de este muy pequeño, pero vasto círculo. Cada uno de sus movimientos, su entera existencia, están envueltos sólo en los intereses de Cristo. Años atrás, yo sabía que el Espíritu Santo me estaba atrayendo a tal ministerio, uno que predicara sólo a Cristo. ¡Oh, cuánto anhelaba predicar sólo de Él! Pero mi corazón estaba desenfocado, y vi mi círculo demasiado angosto. Como resultado, no tenía fluir de revelación para respaldar mi predicación.

Para predicar a Cristo debemos tener un fluir continuo de revelación del Espíritu Santo. De otra manera, acabaremos repitiendo un mensaje viejo. Si el Espíritu Santo conoce la mente de Dios y escudriña las cosas profundas y ocultas del Padre, y si Él puede hacer que de nuestro interior fluyan ríos, entonces debemos estar disponibles para ser llenos de esos ríos. Debemos mantenernos llenos de una revelación inagotable de Cristo. Dicha revelación espera a todo siervo del Señor que esté dispuesto a esperar en Él, creyendo y confiando que el Espíritu Santo le manifestará la mente de Dios.

Pablo dijo que Cristo estaba siendo revelado en él, no tan sólo a él (ver Gálatas 1:16). A los ojos de Dios es infructuoso predicar una palabra que no hay obrado su poder en la vida y el ministerio del predicador. Podría parecer correcto para ciertos individuos superficiales predicar a Cristo con contienda, pero no para el hombre o la mujer de Dios. Debemos predicar una revelación siempre creciente de Cristo, pero sólo si tal revelación ha efectuado un cambio profundo en nosotros.

Pablo también habló de una preocupación personal: “No sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9:27). De cierto, Pablo nunca habría dudado de su seguridad en Cristo; eso no era lo que pasaba por su mente aquí. La palabra griega que se usa para “eliminado”, es “desaprobado” o “indigno”. A Pablo le atemorizaba el pensamiento de estar de pie en el día del juicio para ser juzgado por predicar a un Cristo que no conoció realmente o por proclamar un evangelio que él mismo no practicaba totalmente. Es por ello que Pablo habla tan a menudo de: “Vivir en Cristo” o de: “Cristo viviendo en mí”.

No podemos continuar la siguiente hora llamándonos siervos de Dios, hasta que podamos responder esta pregunta personalmente: “¿Realmente no deseo otra cosa que Cristo? ¿Es Él, todo para mí, el propósito de mi vida?

¿Es su respuesta, sí? Si lo dijo en serio, usted podrá señalar un montón de basura en su vida, lo que se refería Pablo cuando dijo: “Y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:8). ¿Ha estimado usted todas las cosas como pérdida por la revelación de Él? Si no desea nada, excepto a Cristo, entonces su ministerio no es una carrera, ¡su ministerio es oración! Usted no será presionado a buscarle; usted irá con frecuencia a su lugar secreto de oración, sabiendo que al momento de entrar, usted estará sentado en su mesa. Usted le adorará, sentado en su presencia sin apuros, amándole, alabándole con las manos levantadas, anhelándole y agradeciéndole por su sabiduría.

lunes, 8 de diciembre de 2008

UN CORAZÓN PERFECTO CONFÍA

El salmista escribió: “En ti esperaron nuestros padres; esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; confiaron en ti, y no fueron avergonzados” (Salmos 22:4-5).

La raíz hebrea de “confiaron”, sugiere: “arrojarse a un precipicio”. Eso significa ser como un niño que se ha subido a las vigas y no puede bajar. Oye a su padre decir: “¡Salta!” y obedece, lanzándose a los brazos de su padre. ¿Está usted en un lugar así ahora mismo? ¿Está usted al borde, vacilando sin tener otra opción que la de lanzarse a los brazos de Jesús? Simplemente usted se ha resignado a su situación, pero eso no es confiar; no es otra cosa que fatalismo. La confianza es totalmente diferente a la resignación pasiva, ¡Es creencia activa!

A medida que nuestra hambre por Jesús es más intensa, veremos que nuestra confianza en Él está bien cimentada. En cierto punto de nuestra vida, habríamos pensado que en verdad, no podíamos confiar en Él, que Él no tenía realmente el control de todo el cuadro y que nosotros debíamos quedarnos a cargo. Pero acercarnos más a Él y conocerlo mejor, lo cambia. Significa que no sólo venimos a Él para que nos ayude cuando ya todo está perdido; por el contrario, comenzamos a caminar con Él tan cercanamente que le oímos advirtiéndonos sobre la pruebas que nos esperan.

El corazón confiado siempre dice: “Todos mis pasos son ordenados por el Señor. Él es mi Padre amoroso y permite mis sufrimientos, tentaciones y pruebas, pero nunca más de lo que puedo soportar, porque Él siempre da la salida. Él tiene un plan y propósito eterno para mí. Él cuenta cada cabello de mi cabeza y Él formó todas mis partes cuando estaba en el vientre de mi madre. Él sabe cuando me siento, me paro o me acuesto porque yo soy la niña de su ojo. Él es Señor, no sólo sobre mí, sino también sobre cada evento y situación que me toque”.

¡Un corazón perfecto es también un corazón quebrantado!

El salmista David dijo: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos [aplastados] de espíritu” (Salmos 34:18).

El quebranto significa más que dolor y llanto, más que un espíritu aplastado, más que humildad. El verdadero quebranto desata en el corazón, el mayor poder que Dios pueda confiar a la humanidad, mayor que levantar muertos o sanar enfermos. Cuando nosotros estamos verdaderamente quebrantados delante de Dios, nos es dado un poder de restaurar ruinas, un poder que trae un tipo especial de gloria y honor a nuestro Señor.

Vea, el quebranto tiene que ver con paredes derribadas, desmoronadas. David asoció los muros caídos de Jerusalén con el quebranto del pueblo de Dios: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado…Haz bien con tu benevolencia a Sion; edifica los muros de Jerusalén. Entonces te agradarán los sacrificios de justicia” (Salmos 51:17-19).

Nehemías era un hombre quebrantado de corazón, y su ejemplo tiene que ver con aquellos muros quebrados de Jerusalén (ver Nehemías 2:12-15). En la oscuridad de la noche, Nehemías “vio el muro”. Acá se usa la palabra hebrea “shabar”. Es la misma que se usa en Salmos 51:17 cuando dice: “corazón contrito”. Según el significado completo en hebreo, el corazón de Nehemías estaba quebrantándose en dos maneras. Primero se quebrantó por la angustia a causa de la ruina, y segundo, por la esperanza de reedificar (estallando de esperanza).

Este es verdaderamente un corazón quebrantado: uno que primeramente ve a la iglesia y a las familias en ruina y siente la angustia del Señor. Tal corazón se duele por el oprobio causado al nombre de Dios. También ve en lo profundo y mira, como lo hizo David, su propia vergüenza y fracaso. Pero hay un segundo elemento importante de este quebranto, y éste es: la esperanza. El verdadero corazón quebrantado ha oído de Dios: “Yo sanaré, restauraré y edificaré. Desháganse del desmonte y pónganse a trabajar en la restauración de las aberturas”.

domingo, 7 de diciembre de 2008

CAMINANDO CON DIOS

“Caminó, pues, Enoc con Dios” (Génisis 5:24). La palabra en hebreo, para “caminó” implica que Enoc iba de arriba abajo, dentro y fuera, hacia y desde, mano a mano con Dios, conversando continuamente con Él y acercándose cada vez más a Él. Enoc vivió 365 años, o, un “año” de años. En él, vemos un nuevo tipo de creyente. Durante 365 días, cada año de su adultez, él caminó de la mano con el Señor. El Señor era toda su vida, tanto así que al final de su vida, él no vio la muerte (ver Hebreos 11:5).

Como Enoc, que fue trasladado de esta vida, aquéllos que andan cerca de Dios son trasladados, lejos del alcance de Satanás, llevados de su reino de tinieblas y puestos en el reino de luz de Cristo: “El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13).

Enoc aprendió a caminar agradando a Dios en medio de una sociedad malvada. El era un hombre ordinario, con los mismos problemas y cargas que todos llevamos, no era un ermitaño escondido en una cueva. El estaba involucrado en la vida, con esposa, hijos, deberes y responsabilidades; Enoc no se estaba “escondiendo para ser santo”.

“Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios” (Génesis 5:24). Sabemos por Hebreos, que este versículo habla del traslado de Enoc, el hecho de que no gustó la muerte. Pero también se refiere a algo más profundo. La frase “y desapareció”, tal como lo dice Génesis 5, también significa “él no era de este mundo”. En su espíritu y sus sentidos, Enoc no era parte de este mundo impío. A medida que él caminaba cada día con el Señor, se volvía menos enredado a las cosas de abajo. Como Pablo, él moría diariamente a esta vida terrenal y era levantado en su espíritu a un ambiente espiritual.

Aun así, mientras caminaba sobre esta Tierra, Enoc emprendió todas sus responsabilidades. Se preocupaba por su familia: trabajaba, ministraba y estaba ocupado. Pero “desapareció”, no estaba atado a la Tierra. Ninguna de las exigencias de esta vida impedía su caminar con Dios.


Hebreos 11:5 dice claramente: “Antes que [Enoc] fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios”. ¿Qué había en Enoc que agradó tanto a Dios”. Era que su caminar con Dios producía en él, el tipo de fe que Dios ama. Estos dos versículos no pueden estar separados: “Antes que [Enoc] fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. Pero sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:5-6). A menudo oímos este último versículo, pero rara vez en relación al anterior. Sin embargo, a lo largo de la Biblia y de toda la historia, aquéllos que de cerca caminaron con Dios se volvieron hombres y mujeres de profunda fe. Si la iglesia camina a diario con Dios, teniendo comunión con Él continuamente, el resultado será un pueblo lleno de fe, la verdadera fe que agrada a Dios.

Alrededor de Enoc, la impiedad de la humanidad aumentaba. Sin embargo, mientras los hombres se volvían bestias salvajes llenas de deseos pecaminosos, dureza y sensualidad, Enoc era cada vez más y más parecido a Aquél con quien él caminaba.

“Por la Enoc fue traspuesto”. Esta es una verdad increíble, casi más allá de nuestra comprensión. Toda la fe de Enoc estaba enfocada en el único gran deseo de su corazón: Estar con el Señor. Y Dios lo traspuso en respuesta a su fe. Enoc ya no podía resistir el estar detrás del velo, él tenía que ver al Señor.

Nuestro hermano Enoc no tenía Biblia, ni himnario, ni amigos, ni maestros, ni llenura del Espíritu Santo, ni un velo rasgado con acceso al Lugar Santísimo. ¡Pero él conocía a Dios!

“Es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). ¿Cómo sabemos que Enoc creía que Dios era su galardonador? Porque sabemos que es sólo la fe, la que agrada a Dios, ¡y sabemos que Enoc agradaba a Dios! Dios premia, remunera, es decir paga bien por la fidelidad. ¿Cómo galardona Dios a los diligentes?

Existen tres galardones importantes que vienen al creerle a Dios y caminar con Él en fe.

1. El primer galardón es, control de Dios sobre nuestras vidas. La persona que descuida al Señor, pronto se sale de control a medida que el diablo aparece y toma el control. ¡Si tan sólo se enamorara de Jesús, caminando y hablando con Él! Rápidamente, Dios le mostraría que Satanás no tiene un verdadero dominio sobre él y acto seguido esta persona le permitiría a Cristo controlarla.

2. El segundo galardón que viene por fe es, tener “luz pura”. Cuando caminamos con el Señor, se nos premia con luz, dirección, discernimiento y revelación, una especie de “saber” que Dios nos da.

3. El tercer galardón que viene con un caminar de fe es, protección contra todos nuestros enemigos. “Ninguna arma forjada contra ti prosperará” (Isaías 54:17). El texto original en hebreo se traduce así: “Ningún plan, ni instrumento de destrucción, ninguna artillería satánica te empujará o te aplastará, sino que será eliminada”.

jueves, 4 de diciembre de 2008

UN EJEMPLO DEL PROPÓSITO DE DIOS EN NUESTRO RECOJO DE DESPOJOS

Mientras David y su ejército estaban fuera, los amalecitas atacaron su aldea en Siclag. Estos invasores merodeadores se llevaron a todas las mujeres y niños quemaron toda la aldea. Cuando David retornó, él “se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo…mas David se fortaleció en Jehová su Dios” (1 Samuel 30:6).

¡Hablando de guerra espiritual! Esto no era un simple ataque contra David. Era un asalto pleno contra el propósito eterno de Dios. Una vez más, el diablo estaba detrás de la simiente de Dios.

Este es el enfoque de la guerra espiritual: El enemigo ha estado siempre determinado a destruir la simiente de Cristo. Y ese hecho no ha cambiado aun 2000 años después de la Cruz. Satanás insiste en destruir la simiente de Dios, y él lo hace, atacándonos a nosotros, la simiente de Cristo. David se sintió amenazado al oír la queja de sus hombres. Pero David sabía que su corazón era justo para con Dios, y la Escritura dice que él cobró ánimo en el Señor. Inmediatamente, este hombre de fe partió para perseguir a los amalecitas. Y rápidamente los alcanzó, rescatando así, a toda persona y toda posesión que había sido llevada (ver 1 Samuel 30:19-20). David no sólo recuperó lo que le fue quitado en Siclag sino todo lo que los amalecitas hubieron saqueado.

¿Qué hizo David con todos estos despojos de guerra? Los usó para cumplir el propósito de Dios. Además, envió regalos del botín a los ancianos de Judá y a las aldeas en las que él y sus hombres se habían escondido (ver 1 Samuel 30:26,31). Éste es otro ejemplo del propósito de Dios en nuestra guerra espiritual. Debemos tomar el botín de la batalla no sólo para nosotros mismos, sino para el cuerpo de Cristo. Los recursos que ganamos son dados para traer bendición a otros.

El ejército sirio sitió la ciudad de Samaria durante una hambruna. Los sirios simplemente acamparon fuera de la ciudad, esperando que los samaritanos se mueran de hambre. Dentro de los muros de la ciudad, las condiciones se tornaron tan malas que una cabeza de asno se vendía por ocho piezas de plata. La situación se volvió tan desesperante que las mujeres ofrecían a sus hijos para ser puestos en la olla para ser comidos. Era una locura desenfrenada. (ver 2 Reyes 6).

Cuatro leprosos que vivían fuera de los muros de la ciudad decían entre ellos: “¿Para qué nos estamos aquí hasta que muramos?...Vamos, pues, ahora, y pasemos al campamento de los sirios; si ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos” (2 Reyes 7:3-4). Así se embarcaron hacia el campamento sirio.

Cuando llegaron, todo estaba mortalmente quieto. No se veía ni una sola alma. Así que revisaron cada tienda, pero ya no había nada. La Escritura explica: “Porque Jehová había hecho que en el campamento de los sirios se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito de gran ejército; y se dijeron unos a otros: He aquí, el rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los heteos y a los reyes de los egipcios, para que vengan contra nosotros. Y así se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus tiendas, sus caballos…y el campamento como estaba; y habían huido para salvar sus vidas” (2 Reyes 7:6-7).

Cuando los leprosos se dieron cuenta de esto, recorrieron todo el campamento comiendo y bebiendo para luego volver a la ciudad y gritar: “Vengan con nosotros. No lo van a creer, pero los sirios han huido de sus campos” (ver 7:10). El Señor volteó completamente la situación. Tomó el botín de la guerra y lo usó para restaurar y refrescar a su pueblo, manteniendo así, su causa en la Tierra.

¿Ve usted el cuadro? ¿Está comenzando a entender la razón de su batalla presente? A aquéllos que ponen su confianza en el Señor, se les ha prometido una victoria gloriosa sobre todo el poder del enemigo. Dios quiere que usted sepa: “Sí, tú saldrás victorioso. Pero te voy a hacer más que un vencedor. Estoy desarrollando un mayor propósito en ti, para mi reino. Saldrás de esta batalla con más despojos de los que puedas llevar”.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

LOS BOTINES DE LA GUERRA ESPIRITUAL

“De lo que habían consagrado de las guerras y de los botines, para reparar la casa de Jehová” (1 Crónicas 26:27). Este versículo nos abre una verdad profunda y capaz de cambiar nuestra vida. Habla de botines que sólo pueden ser ganados en batalla. Y una vez que estos botines son ganados, éstos son dedicados a la construcción de la casa de Dios.

Creo que si captamos la poderosa verdad detrás de este versículo, entenderemos por qué el Señor permite que pasemos guerras espirituales intensas. Muchos cristianos piensan que cuando son salvos, sus luchas acabaron y la vida será un lecho de rosas. Nada puede estar más lejos de la verdad. Dios no sólo permite nuestras batallas, sino que tiene un propósito glorioso con ellas para nuestras vidas.

¿Qué son “botines de guerra”? Son despojos, bienes tomados en batalla por los vencedores. La primera mención en la Biblia es en Génesis 14, cuando una confederación de reyes invadió Sodoma y Gomorra. Estos invasores capturaron a los habitantes y los despojaron de sus bienes: “Tomaron toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra…tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abram” (Génesis 14:11-12).

Cuando Abram supo que su sobrino había sido llevado cautivo, reunió su ejército de 318 siervos y buscó a los reyes enemigos. La Escritura dice que él alcanzó a los invasores y “les atacó…y recobró todos los bienes, y también a Lot su pariente y sus bienes, y a las mujeres y demás gente” (Génesis 14:15–16).

Imagine al victorioso Abram. Estaba guiando una gran procesión de gente gozosa y carros llenos de bienes de todo tipo. Y en el camino conoce a Melquisedec, rey de Salem. La Biblia nos dice que Abram fue movido a diezmar a este rey de todo su botín (ver 14:20). “Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín” (Hebreos 7:4).

Acá vemos el principio que Dios quiere que echemos mano: Nuestro Dios está interesado en mucho más que hacernos victoriosos. Él quiere darnos el botín, los bienes y las riquezas espirituales de nuestra batalla. Debemos emerger de la batalla con camionadas rebosantes de recursos. A esto se refiere Pablo cuando dice: “Somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37, itálicas mías),

David tenía una actitud reverente para con los despojos de guerra. Lo vemos en un decreto que él establece al final de su vida. David acababa de designar a Salomón como su sucesor en el trono de Israel. Y ahora había reunido a los líderes nacionales para establecer un orden divino para dar respaldo a la casa de Dios. ¿Qué recursos usarían para esta santa obra?: “De lo que habían consagrado de las guerras y de los botines, para reparar la casa de Jehová” (1 Crónicas 26:27).

Déjeme plantear la escena. Después de toda victoria militar, David traía consigo los botines y los almacenaba en abundancia: Oro, plata, bronce, madera, demasiado dinero para contar. Y tenía un propósito en mente: Usar estos botines como recurso para construir el templo.

Cuando la Escritura habla de mantener el templo, la palabra original en hebreo significa: “reparar la casa, fortalecer y consolidar lo que fue edificado”. Estos recursos debían ser usados para mantener el esplendor original del templo.

¿Dónde está el templo de Dios hoy? Está formado por su pueblo, usted, yo, su iglesia en todo el mundo. Según Pablo, nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo. Y, como en la Israel antigua, nuestro Señor aún mantiene su templo a través de los despojos ganados en batalla. Es por ello que nuestras pruebas sirven para más que sólo nuestra supervivencia. A través de cada batalla, Dios aparta riquezas, recursos y bienestar para nosotros. Él está amontonando un completo tesoro de bienes, producto de nuestra guerra. Y estos despojos están dedicados a la construcción y mantenimiento de su cuerpo, la iglesia de Jesucristo.

Piense en ello: Durante años, Salomón construyó el templo, éste era mantenido en buen estado a causa de los botines tomados en guerras pasadas. La casa de Dios se mantenía vibrante y viva, porque su pueblo había emergido de cada conflicto, no sólo victorioso, sino rico en recursos. Hallamos este principio de “provisión a través de batalla” a lo largo de toda la palabra de Dios.

martes, 2 de diciembre de 2008

AQUELLO QUE ES ESPIRITUAL NO PUEDE SER DUPLICADO

Acá en las calles de la ciudad de Nueva York, se puede comprar un reloj Rolex por quince dólares. Como todo neoyorkino lo sabe, estos relojes no son Rolex verdaderos. Son simples “imitaciones”, copias baratas del original.

En estos días, pareciera haber duplicados de casi todo. Pero hay algo que no puede ser duplicado, esto es, la verdadera espiritualidad. Nada que sea verdaderamente espiritual puede ser copiado. El Señor reconoce la obra de sus propias manos y no aceptará ningún duplicado hecho por el hombre de ninguna de sus obras divinas. ¿Por qué? Porque es imposible para el hombre duplicar lo que es espiritual en verdad. Esa es obra exclusiva del Espíritu Santo. Él está constantemente obrando algo nuevo en su pueblo y no hay forma alguna de nosotros reproducir dicha obra.

Este es el gran error de la religión moderna. Pensamos que si impartimos mero conocimiento de las Escrituras y principios bíblicos al pueblo, éstos se volverán espirituales. Pero el hecho es que no existe persona o institución con el poder para producir espiritualidad en alguno. Solamente el Espíritu Santo lo puede hacer.

Una muy pequeña parte de la obra que el Espíritu de Dios hace en nosotros, puede ser vista. Por ello es que el verdadero pueblo espiritual, rara vez busca una evidencia externa de dicha obra. Pablo dice: “no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven” (2 Corintios 4:18).

En el contexto de este pasaje, Pablo habla de sufrimientos y aflicciones. Está diciendo: “Nadie sabe todas las cosas que enfrentamos, excepto el Espíritu Santo. Y aquí es donde la verdadera espiritualidad se manifiesta, en el crisol del sufrimiento”.

Los que se someten a la guianza del Espíritu de Dios y enfrentan aflicciones, confiados en que el Señor está produciendo algo en ellos, emergen de su crisol con una fuerte fe. Y testifican que el Espíritu les enseñó a ellos más durante el sufrimiento que cuando todo iba bien es sus vidas.

En todos mis años de caminar con el Señor, rara vez he visto un incremento de mi espiritualidad durante los tiempos buenos. Por el contrario, cualquier incremento, usualmente sucedía mientras yo soportaba situaciones difíciles, agonías y pruebas, todo lo cual, el Espíritu Santo permitía.

En un punto de su caminar de fe, Pablo dijo: “El Espíritu Santo me da testimonio diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones” (ver Hechos 20:21-22). De hecho, a través de toda la vida de Pablo, sus aflicciones nunca lo dejaron. Simplemente seguían viniendo.

“Esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Corintios 4:17). De acuerdo a Pablo, nuestras aflicciones y dificultades producen valores eternos en nosotros. Él está diciendo: “El sufrimiento que pasamos en esta Tierra, durará probablemente toda nuestra vida. Pero es sólo momentáneo en comparación a la eternidad. Y ahora mismo mientras soportamos aflicciones, Dios está produciendo en nosotros una revelación de su gloria que durará para siempre”.

lunes, 1 de diciembre de 2008

GANANDO A CRISTO

“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:8).

Pablo estaba completamente cautivado por su Señor. ¿Por qué sentiría él la necesidad de “ganar” a Cristo? Cristo ya se había revelado a él claramente, y no sólo al apóstol, sino en su vida. Aun así, Pablo se sentía obligado a ganar el corazón y el afecto de Cristo.

El ser completo de Pablo, su ministerio, su vida y su propósito en la vida, estaba enfocado sólo en agradar a su Amo y Señor. Todo lo demás era basura para él, aun las cosas “buenas”.

¿Es esto escritural, preguntará usted, esta idea de ganar el corazón de Jesús? ¿No somos ya, objeto del amor de Dios? De hecho su amor benevolente se extiende a toda la humanidad. Pero hay otro tipo de amor que pocos cristianos alguna vez experimentan. Se trata de un amor afectivo con Cristo, tal como ocurre entre el esposo y la esposa.

Este amor es expresado en el Cantar de los Cantares. En dicho libro, Salomón representa un tipo de Cristo y en un pasaje, el Señor habla de su novia de esta manera:

“Prendiste mi corazón…esposa mía; has apresado mi corazón con uno [mirada] de tus ojos, con una gargantilla de tu cuello. ¡Cuán hermosos son tus amores…esposa mía! ¡Cuánto mejores que el vino tus amores!” (Cantares 4:9-10).

La novia de Cristo, consiste en un pueblo santo que anhela agradar tanto a su Señor, y que vive tan obedientemente y tan apartado del resto de cosas, que el corazón de Cristo queda apresado. La palabra apresar, en este pasaje significa “robar mi corazón”. La versión Reina Valera del pasaje anterior dice que el corazón de Cristo es apresado con sólo “uno de tus ojos”. Yo creo que “uno de tus ojos” es la singularidad de una mente enfocada sólo en Cristo.

domingo, 30 de noviembre de 2008

MÁS PRECIOSO QUE EL ORO

La historia de la reina Ester una de intensa guerra, una de las mayores batallas espirituales en toda la Escritura. El diablo intentaba destruir el propósito de Dios en la Tierra, esta vez a través del malvado Amán. Este hombre rico, influyente persuadió al rey de Persia a declarar un edicto que condenaba a muerte a todo judío bajo su gobierno, desde India hasta Etiopía.

El primer judío en la puntería de Amán, era el justo Mardoqueo, el tío de Ester. Amán había construido una horca, especialmente para Mardoqueo, pero Ester intervino, convocando al pueblo de Dios a orar y poniendo su vida en riesgo para oponerse a la orden de Amán. Dios expuso la malvada artimaña, y Amán acabó colgando de su propia horca. El rey, no sólo revirtió el mandato de muerte, sino que le dio la casa de Amán a Ester, una propiedad que valdría millones en nuestros días.

Aun así, la mansión de Amán no fue el único botín tomado en esta historia. La Escritura nos dice que: “los judíos tuvieron luz y alegría, y gozo y honra” (Ester 8:16). Éste fue el verdadero botín ganado en la batalla con el enemigo.

Vea usted, nuestras pruebas no sólo nos traen riquezas espirituales, nos mantienen fuertes, puros, bajo un mantenimiento continuo. A medida que ponemos nuestra confianza en el Señor, Él hace que nuestras pruebas produzcan en nosotros, una fe más preciosa que el oro. “Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:7).

“Despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:15).

Jesús despojó al diablo en el Calvario, quitándole todo poder y autoridad. Cuando Cristo se levantó victorioso de la tumba, arrebató, del poder de Satanás, y llevó consigo, un innumerable ejército de cautivos redimidos. Y dicha procesión de “comprados por sangre”, sigue marchando.

Asombrosamente, el triunfo de Cristo en el Calvario nos dio más que la victoria sobre la muerte. Obtuvo para nosotros, despojos increíbles en esta vida: gracia, misericordia, paz, perdón, fuerza, fe, todos lo que necesitamos para llevar una vida victoriosa. Él nos ha dado toda provisión para el mantenimiento de su templo: “Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza” (Hebreos 3:6).

El Espíritu Santo nos está mostrando una maravillosa verdad aquí: Jesús nos ha suplido de todos los recursos que necesitamos, en su Espíritu Santo. Pero nosotros somos responsables de extraer de dicho tesoro, para mantener su templo. Y los recursos para mantener el templo, deben venir directamente de los despojos de nuestra guerra.

Cristo nos ha dado todo lo necesario para que este mantenimiento se lleve a cabo. Él nos ha adoptado y traído a su casa. Él es la piedra angular de dicha casa y Él ha limpiado la casa entera. Finalmente, nos ha dado acceso al Lugar Santísimo. Así que, por fe, ahora somos un templo, plenamente establecido y completo. Jesús no edificó una casa a medias. Su templo está acabado.

Este templo debe ser mantenido. Debe estar operativo en todo tiempo. Por supuesto, conocemos donde hallar los recursos: en el Espíritu de Cristo mismo. Él es el tesorero de todos los despojos. Dichos recursos son entregados cuando vemos nuestra necesidad y cooperamos con Dios.

Dicha cooperación comienza cuando estamos en medio del conflicto. Nuestros recursos son la semejanza a Cristo que ganamos mientras estamos inmersos en la batalla. Son las lecciones, la fe y el carácter que ganamos en la guerra con el enemigo. Hay valor en la batalla. Y podemos estar confiados de que el bien saldrá de ello.

jueves, 27 de noviembre de 2008

ABRACE A SU PRUEBA POR FE

Si no tuviésemos conflictos, presiones, pruebas, guerras, nos volveríamos pasivos y tibios. La descomposición empezaría y nuestro templo se convertiría en ruinas. No podríamos manejar el territorio que hemos ganado. Por eso es que el plan del enemigo contra nosotros es claro: él quiere sacarnos de la batalla. El apunta a quitarnos toda nuestra fuerza para pelear.

Encontramos todos nuestros recursos para mantenimiento – fuerzas para continuar, poder sobre el enemigo – en nuestras batallas espirituales. Y en aquél día cuando estemos delante del Señor, él nos revelará: “¿Recuerdas por lo que tú pasaste en aquélla ocasión? ¿Y en aquélla terrible batalla? Mira lo que has logrado a través de todo eso. Todo fue reforzado a través de las batallas que ganaste”.

El hecho simple es que, Dios ha puesto su tesoro en cuerpos humanos. El nos hizo su templo, una casa para que su Espíritu viva adentro. Y usted tiene la responsabilidad de mantener en buen estado ese templo. Si usted se vuelve flojo y negligente, descuidando el trabajo de mantenimiento que se necesita – oración regular, alimentándose de la palabra de Dios, en comunión con otros santos – el deterioro se establecerá. Y usted terminará en ruina total.

Mientras yo miro a mis cincuenta años de ministerio, yo recuerdo las muchas veces cuando me hubiese sido fácil para mí rendirme. Yo oraba, “Señor, yo no entiendo este ataque. ¿De dónde viene? ¿Y cuándo terminará? Yo no veo ningún propósito en nada de esto” Pero con el tiempo, yo comencé a ver el fruto de esas pruebas. Y ese fruto – recursos, fuerza, riqueza espiritual – me han suplido de tal manera, que no hubiese podido yo haberla adquirido por ningún otro medio.

Yo le insto: abrace a su prueba por fe, y crea que Dios la ha permitido. Conozca que él está usando esto para hacerlo más fuerte…para ayudarlo a que le quite victorias a Satanás…para hacerlo una bendición para otras personas…y para santificarlo todo para la gloria de él.

“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, pero no angustiados; en apuros, pero no desesperados” (2Corintios 4:7-9).

“Pues esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2Corintios 4:17-18).

miércoles, 26 de noviembre de 2008

NUNCA SIENDO INTIMIDADOS

Si usted anda en el Espíritu, usted será molestado constantemente por poderes demoniacos. Pero usted no tiene que ser intimidado por ningún poder demoniaco – ¡en ningún lugar, en ningún momento!

Pablo fue molestado continuamente por los poderes demoniacos. El estaba predicando en la isla de Pafos, cuando los demonios intentaron interferir: “…un falso profeta, judío, llamado Barjesús… los resistía…intentando apartar de la fe al procónsul” (Hechos 13:6-8).

Barjesús significa “hijo de Jesús” o “ángel de luz”. Este era el diablo haciendo resistencia contra Pablo. Pero el Espíritu Santo creció como un manantial dentro del apóstol: “Entonces Saulo…lleno del Espíritu Santo…le dijo: … ¡hijo del diablo, enemigo de toda injusticia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor? Ahora pues, la mano del Señor está contra ti, y quedarás ciego y no verás el sol por algún tiempo. Inmediatamente cayeron sobre él oscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quien lo condujera de la mano. Entonces el procónsul, viendo lo que había sucedido, creyó, admirado de la doctrina del Señor” (Hechos 13:9-12).

Pablo, “lleno del Espíritu Santo”, ¡derribó todos los poderes de las tinieblas!

¡No solo debemos de quedarnos afligidos cuando Satanás intenta molestarnos! En Hechos 16 Pablo fue afligido – significa “perturbado, atribulado”. El lo permitió por muchos días, pero el Espíritu de Dios creció como un manantial dentro de Pablo, y le dijo al poder demoniaco, “¡Ya basta! ¡En el nombre de Jesús, vete!” (ver Hechos 16:16-18).

Amados, ¡recibimos demasiado del demonio! Llega el momento en que también nosotros, debemos de levantarnos en el poder del Espíritu Santo y decir, “¡Se acabó – ya es suficiente! ¡Te mando en el nombre de Jesús que te vayas!”

Cuando usted toma autoridad y manda a los demonios que se vayan, Satanás vendrá contra usted con todo su arsenal. Justo después que Pablo echó fuera a los demonios de la muchacha poseída en Hechos 16:16-18, Satanás comenzó a alborotar las cosas. El instigó a las muchedumbres contra Pablo y Silas – ¡y repentinamente ellos estaban en una crisis terrible!

Los magistrados de la ciudad entonces los azotaron y los echaron a la cárcel. Y con cada golpe que recibían en sus espaldas, yo puedo escuchar al diablo que les decía, “¿Así que creen haber ganado la victoria? ¿Ustedes pensaron que iban a echar fuera a mis demonios y a tomar autoridad sobre mí?”

¡El diablo parecía no saber que mientras más se golpea a un siervo de Dios que anda en el Espíritu, más alabanza sale de él! Si usted lo arroja en una crisis, lo ata con problemas y dificultades, ¡él cantará y alabará a voz en cuello!

“Pero a media noche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían” (Hechos 16:25).

Si nosotros vamos a andar en el Espíritu, entonces debemos creerle a Dios que él nos va a rescatar sobrenaturalmente de cada atadura de Satanás. No importa si Dios tiene que crear un terremoto para hacerlo. Eso es exactamente lo que él hizo por Pablo:

“Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron” (v. 26).

Satanás tratará de traer sobre usted la tentación o prueba más temible que usted haya antes enfrentado. El quiere que usted se enrede en culpabilidad, condenación, y auto examen. Querido santo, usted tiene que levantarse en el Espíritu y quitar sus ojos de sus circunstancias y de sus ataduras. No trate de descifrarlo todo. Comience a alabar, a cantar y a confiar en Dios – ¡y él se encargará de liberarlo!

martes, 25 de noviembre de 2008

UN SIGNIFICADO MÁS ALTO DE ANDAR EN EL ESPÍRITU

En 1 de Samuel 9, vemos que Saúl fue enviado por su padre para encontrar unas asnas que se habían perdido. Tomando a un sirviente con él, Saúl buscó por todos lados. Finalmente, él se desanimó y estaba listo para dejar de buscar. Entonces su sirviente le contó sobre Samuel, un vidente; tal vez él podría decirle dónde encontrar las asnas.

Samuel aquí, es un tipo del Espíritu Santo, que conoce la mente de Dios; él tiene en mente mucho más que tan sólo dar dirección. ¡El sabe que Saúl ha sido elegido por Dios para jugar un rol importante en los propósitos eternos del cielo!

Lo primero que Samuel hizo cuando llegó Saúl fue proclamar una fiesta (ver 1 Samuel 9:19). Eso es exactamente lo que el Espíritu Santo desea para nosotros: sentarnos a la mesa del Señor y ministrarle a él – teniendo tiempo de calidad solos, escuchando su corazón.

Samuel le pidió a Saúl que aclare su mente para que puedan tener comunión juntos (1 Samuel 9:20-25). Samuel estaba diciendo, “No te enfoques en recibir dirección ahora – eso ya está resuelto. Hay algo más importante que eso ahora. ¡Tienes que conocer el corazón de Dios – sus propósitos eternos!”

Después de esa noche de comunión, Samuel le pidió a Saúl que despachara a su sirviente fuera de la habitación, para que pudiesen tener una sesión íntima, cara a cara (ver 1 Samuel 9:27; 10:1).

¿Ve usted lo que Dios está diciendo aquí? “Si tú realmente quieres caminar en el Espíritu – si realmente quieres mi unción – necesitas buscar más que direcciones de mí. ¡Necesitas venir a mi presencia y llegar a conocer mi corazón, mis deseos! Mira, ¡yo quiero ungirte – para usarte en mi reino!”

Amado, olvídese de dirección – ¡olvídese de todo ahora! Permita al Espíritu Santo que le enseñe las cosas profundas y escondidas de Dios. Quédese quieto en su presencia, y deje que él le muestre el corazón mismo de Dios. ¡Ese es el andar en el Espíritu en su forma más alta!

Pasando tiempo en la presencia del Señor produce una manifestación de Cristo para un mundo perdido.

“No desmayamos…Por el contrario, manifestando la verdad, nos recomendamos, delante de Dios, a toda conciencia humana” (2 Corintios 4:1-2). El apóstol Pablo está diciendo que somos llamados a hacer que todas las personas conozcan y entiendan a Jesús. En cada una de nuestras vidas, debe de haber un brillo de la naturaleza misma de Cristo y de su semejanza.

Y Pablo lleva aún más allá este concepto de manifestar a Cristo. El dice, nosotros actualmente somos las cartas de Dios para el mundo: “Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres…carta de Cristo…escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedras, sino en tablas de carne del corazón” (2 Corintios 3:2-3). Nuestras vidas son cartas escritas por el Espíritu Santo y enviadas a un mundo perdido. Y somos leídos continuamente por aquellos que están alrededor de nosotros.

Exactamente, ¿cómo llegamos a ser cartas de Dios para el mundo? Sucede sólo por el trabajo del Espíritu Santo. El momento en que somos salvos, el Espíritu Santo sella en nosotros la imagen misma de Jesús. Y él continúa moldeando esa imagen en nosotros en cada momento. La misión del Espíritu es formar una imagen de Cristo en nosotros que sea verdadera y precisa. Esta imagen realmente penetrará la conciencia de las personas.

lunes, 24 de noviembre de 2008

¿CÓMO PUEDE USTED OBTENER UN ANDAR EN EL ESPÍRITU?

El mandato de andar en el Espíritu es dado para todos – ¡no sólo para algunos súper-santos! Aquí está cómo obtener este andar: “Digo pues: Andad en el Espíritu…” (Gálatas 5:16).

1. ¡Usted debe de ir tras de este caminar con todo lo que hay en usted! Primero, pídale al Espíritu Santo que sea su guía y su amigo.

“Pedid y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Lucas 11:9).

Si usted es salvo, el Espíritu Santo ya le ha sido dado. Ahora pídale que él lo tome todo – ¡ríndase a él! Usted tiene que determinar en su corazón que quiere que él lo guíe y lo dirija. Moisés al hablar de los últimos días, dijo, “Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma” (Deuteronomio 4:29).

2. Enfóquese en conocer y en escuchar al Espíritu – y deje de mirar sus problemas y tentaciones. Pablo, Silas y Timoteo pudieron haberse revolcado en miedo y depresión, si se hubiesen enfocado en sus problemas. En lugar de eso, se enfocaron en Dios – alabándolo y adorándolo.

La mayoría del tiempo cuando oramos, nos enfocamos en nuestras fallas pasadas. Repasamos nuestras derrotas una y otra vez, diciendo, “Oh, cuánto podría ya haber recorrido si no le hubiese fallado a Dios y si no hubiese errado en mi pasado.”

¡Olvídese de todo en su pasado! ¡Todo está bajo la sangre! Y olvídese del futuro también, por que sólo el Señor conoce lo que está adelante. En lugar de eso, enfóquese sólo en el Espíritu Santo, con toda su mente y corazón.

3. Dele mucho tiempo de calidad a la comunión con el Espíritu Santo. El no le hablará a nadie que está de prisa. Espere pacientemente. Busque al Señor y minístrele alabanzas a él. Tome autoridad sobre cualquier otra voz que le susurre pensamientos. Crea que el Espíritu es más grande que estos otros, y que él no le dejará ser engañado o enceguecido. “Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 de Juan 4:4).

domingo, 23 de noviembre de 2008

¡DIOS LO AMA!

El Padre lo ama a usted – es en este punto que multitud de creyentes le fallan a Dios. Ellos están dispuestos a ser convencidos de sus pecados y sus fallas, una y otra vez. Pero ellos no permitirán al Espíritu Santo que los inunde con el amor del Padre.

El legalista ama vivir bajo convicción. El nunca ha entendido el amor de Dios ni ha permitido que el Espíritu Santo ministre amor a su alma.

Nosotros en la Iglesia Times Square hemos enseñado que la persona justa, un verdadero amante de Jesús, ama el reproche. El aprende a permitir que el Espíritu Santo le exponga todas sus áreas escondidas de pecado e incredulidad – por que mientras más trata él con el pecado, más feliz y libre llega a ser.

Pero, la actitud que yo veo en muchos Cristianos es: “¡Sigue juzgándome Señor – convénceme de pecado, repréndeme!” Esto no es lo mismo que una verdadera convicción. Por ejemplo, yo veo esto en muchas de las respuestas que recibimos a los mensajes de nuestros boletines. Cuando escribo un mensaje que truena con juicio, recibo innumerables respuestas de aprobación.

Pero cuando yo comparto sobre la dulzura del amor de Jesús, recibo cartas que dicen, “¡Usted no está predicando la verdad!” Es como si esas personas estuviesen diciendo, “Si usted no está reprendiendo, ¡entonces lo que está hablando no puede ser el evangelio!”. Estos creyentes nunca han entrado en el gran amor-misión del Espíritu Santo.

¡Esta es un área donde usted debe aprender a caminar en el Espíritu – y no por sentimientos! Andar en el Espíritu significa permitir que El Espíritu Santo haga en nosotros lo que él fue mandado a hacer. ¡Y eso significa permitirle a él que inunde su corazón ahora mismo con el amor de Dios! “Por que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5).

Isaías dijo, “Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo” (Isaías 66:13). Isaías estaba escribiendo a gente terca del pueblo de Dios que “siguió [rebelde] por el camino de [su] corazón” (Isaías 57:17).

Dígame usted - ¿Cuánto tiempo continuará un maestro con un alumno obstinado, terco que rehúsa hacer caso de los consejos? ¡No mucho tiempo! Pero el profeta Isaías toma una de las imágenes más sublimes entre los hombres – aquella del amor de una madre por su hijo – y nos muestra algo del amor que tiene nuestro Padre por nosotros.

Una madre en nuestra iglesia viaja todo un día para ir a visitar a su hijo que está en una prisión. Ella sube a un bus y viaja por horas, sólo para verlo unos momentos. Esa madre mirará a su hijo en ese uniforme gris y verá la agonía en sus ojos – y cada viaje, ella morirá un poco más por dentro. Pero ella nunca lo abandona. ¡El es su hijo!

¡Esa es la clase de amor que el Espíritu Santo quiere que usted conozca que Dios tiene por usted! El nos consuela diciéndonos, “Tú dijiste una vez que le entregabas todo a Jesús. Le diste tu amor, y él todavía te ama. Y ahora, yo tampoco te dejaré ir. ¡Yo he sido enviado por él para hacer un trabajo – y continuaré haciéndolo!”

No hay ningún consuelo en esta tierra que sea verdadero, excepto el consuelo del Espíritu Santo. Por eso es que usted necesita que el Espíritu Santo more en usted. Sólo él puede acostarlo por las noches, en una cama tibia, y llenar su corazón con una paz perfecta. Sólo él puede consolarlo en tiempos de dolor y pena. El es aquél que le asegura, “Este consuelo no es sólo temporal – ¡es eterno!”

jueves, 20 de noviembre de 2008

¡DEJE SU ORGULLO Y SEA LLENO DEL ESPÍRITU SANTO!

¡Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, el Espíritu Santo cayó sobre las personas de maneras poco usuales! El sacudió edificios. Las lenguas de las personas comenzaron a alabarlo – en nuevas lenguas. ¡El Espíritu Santo tomó el control completo!

¡En Pentecostés, él vino como un viento recio y poderoso! ¡Cayó fuego! Cuando el Espíritu Santo desciende, las cosas se sacuden (ver Hechos 2:4 y 4:11).
Juan el Bautista predicaba, “Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Lucas 3:16).

Amados, la Biblia lo dice muy claro: ¡Cuando Jesús viene a usted, él desea bautizarlo con el Espíritu Santo y fuego! El Espíritu Santo trae fuego – un amor consumidor al rojo vivo por Jesús. ¿Por qué hay muchos creyentes que un minuto están calientes y luego otro minuto están fríos, nunca completamente entregados, nunca rendidos? ¿Es por que ellos se rehúsan a dejar que Jesús los bautice con el Espíritu Santo?

“Y cuando [el Espíritu Santo] venga, convencerá…de pecado” (Juan 16:8). ¿Será que estos creyentes no han sido reprendidos de sus pecados por que el Espíritu Santo no ha sido invitado a tomar la posición que le pertenece en ellos? El es la plomada de Dios. ¡Cualquier cosa que no da la medida de Cristo, él la revela – y él nos reprende y nos otorga poder para ser conformados a su Palabra! Verdaderamente, él llega a ser nuestro Consolador en esto, por que nos convence de nuestro pecado, y nos otorga el poder para poder dejarlo. ¡Ese es el consuelo que es verdadero!

El Espíritu Santo nunca nos hará hacer algo estúpido. ¡Pero él podrá venir sobre usted en una manera que los pecadores pueden pensar que usted está ebrio! ¡El no es bienvenido en muchas iglesias por que piensan que él es demasiado ruidoso, muy alterador, muy impredecible!

miércoles, 19 de noviembre de 2008

EL ESPÍRITU SANTO SABE LO QUE ESTÁ HACIENDO

El Espíritu Santo no hace su trabajo en nosotros de una manera desordenada o dislocada. El no existe para simplemente ayudarnos a sobrellevar la vida, o para ayudarnos a través de las crisis o en nuestras noches de soledad. El no está sólo para levantarnos y poner un poco de fuerza en nosotros para que podamos seguir en la carrera.

Todo lo que el Espíritu Santo hace, está relacionado con la razón por la que él vino – para llevarnos a casa como una novia preparada. ¡El actúa sólo para llevar a cabo esa misión! Sí, él es nuestro Guía, nuestro Consolador, nuestra Fortaleza en tiempo de necesidad. Pero él usa cada acto de liberación – cada manifestación de sí mismo en nosotros – para hacernos más aptos a ser una novia.

Tampoco el Espíritu Santo está aquí sólo para dar dones al mundo. No, hay un propósito detrás de cada don. El Espíritu Santo sólo tiene un mensaje: todo lo que él enseña, lleva a una verdad central. El puede brillar en nosotros como una joya esplendorosa, pero cada rayo que brilla de la verdad tiene el propósito de llevarnos a una verdad singular, y es la siguiente:

“Tú no eres tuyo – has sido comprado por un precio. Has sido escogido para ser esposa de Cristo. Y el Espíritu de Dios ha sido enviado para revelarte la verdad que te hará libre de todos tus otros amores. La verdad romperá cada atadura del pecado y tratará con toda incredulidad. Por que tú no eres de este mundo: tú estás de ida a un encuentro glorioso con tu esposo, y te están preparando para este banquete de bodas. ¡Todo está listo y yo te estoy preparando a ti! Quiero presentarte sin mancha, con un amor apasionado en tu corazón para él.”

Ese es el trabajo del Espíritu Santo – manifestar a Jesús a la iglesia, para que nos enamoremos de él. ¡Y ese amor nos guardará!

martes, 18 de noviembre de 2008

¡RECIBIMOS AL ESPÍRITU SANTO POR FE!

“Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?” (Gálatas 3:2). ¡Santos, éste mensaje debería encender su fe, y por fe deberían de apropiarse de las grandes promesas de Dios! “Pero pida con fe, no dudando nada; por que el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6-7).

¿Le ha pedido usted a Dios este regalo? ¿Está usted buscando al Espíritu Santo? ¿Está usted continuamente llamando? “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13).

¡Simplemente pide y lo recibirás! ¡Busca que tu Padre celestial te dé el bautizo con el Espíritu Santo, y él te lo dará!

Enfrentamos a un diablo enojado que está suelto en el mundo hoy día. El está desatando todo el poder a su mando, y legiones de poderes malignos están apertrechadas para el conflicto final con el cielo. Pero Satanás no puede hacerle frente a un hijo de Dios que es justo, lleno del Espíritu Santo y que camina en fe y obediencia. Muéstrenme un creyente verdaderamente poseído por el Espíritu Santo, y yo les mostraré que él puede hacer huir a las legiones del infierno.

¡Dios, envía al Espíritu Santo! ¡Cae sobre nosotros! ¡Bautízanos grandemente! ¡Y envíanos contra las fortalezas satánicas con una fe inflexible de que el Espíritu Santo prevalecerá en nuestro día!

El Apóstol Pablo dice, “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16). El también dijo, “Si vivimos por el Espíritu, andemos también en el Espíritu” (5:25).

Como Cristianos, hemos escuchado esta frase toda nuestra vida: “Andad en el Espíritu”. Muchos creyentes me dicen que andan en el Espíritu – pero no me pueden decir lo que esto verdaderamente significa. Ahora, déjeme preguntarle a usted: ¿Anda y camina usted en el Espíritu? ¿Y qué significa eso para usted?

Yo creo que “andar en el Espíritu” puede definirse en una frase: Andar en el Espíritu es simplemente permitir al Espíritu Santo que haga en nosotros lo que Dios lo mandó a hacer.

Yo no creo que usted pueda permitirle a él hacer ese trabajo hasta que usted entienda por qué Dios envió al Espíritu Santo.

El Espíritu Santo ha sido enviado a nosotros por el Padre para lograr un (y solamente un) propósito eterno. A no ser que entendamos su misión y trabajo en nosotros, cometeremos uno de dos errores: Uno, estaremos satisfechos con una pequeña porción de su trabajo – como ser unos cuantos de sus dones espirituales – pensando erróneamente que esto es todo lo que hay de él, y perdiéndonos el gran trabajo de su propósito eterno en nuestras vidas. O, dos, apagaremos al Espíritu dentro de nosotros ignorándolo completamente, creyendo que él es misterioso y que su presencia es algo que debemos tomar por fe y nunca entenderla.

El Espíritu Santo ha venido a vivir en usted y en mí para sellar, santificar, otorgar poder y prepararnos – ¡él ha sido enviado a este mundo para preparar una novia que se casará con Cristo!

Un tipo de esta relación entre los creyentes y el Espíritu Santo lo encontramos en el Antiguo Testamento en Génesis 24. Abraham envió a Eliezer el criado más viejo de su casa, para que encontrase una novia para su hijo Isaac. El nombre de Eliezer significa “”poderoso, divino ayudador” – un tipo del Espíritu santo. Con la misma seguridad que este poderoso ayudador volvió con Rebeca para presentarla como una novia para Isaac, de igual manera el Espíritu Santo no fallará en traer una novia para nuestro Señor Jesucristo.

Dios escogió a Rebeca como novia para Isaac – y el Señor guió a Eliezer directo hacia ella. Toda la misión y todo el propósito del sirviente estaban enfocados en una sola cosa: traer a Rebeca para Isaac – para hacerla que dejara todo lo que tenía, que se enamore de Isaac y se case con él. Los padres de Rebeca le dijeron a Eliezer, “De Jehová ha salido esto…tómala y vete, y sea mujer del hijo de tu señor” (Génesis 24:50-51).

¡Y, así es con usted y conmigo! Dios nos eligió para ser su novia. Nuestra salvación – el haber sido escogidos para Cristo – fue del Señor. El envió al Espíritu Santo a guiarnos hacia Jesús – ¡y si confiamos en él, el Espíritu nos llevará salvos a casa para ser la novia eterna de Cristo!

lunes, 17 de noviembre de 2008

“ABBA, PADRE”

El Espíritu Santo tiene una manera de simplificar nuestra relación con Dios el Padre y con Jesús. El es el que nos enseña a decir, “Abba, Padre.”

Esta frase se refiere a una costumbre oriental de los días de la Biblia, que tenía que ver con la adopción de un niño. Antes de que los papeles de adopción fuesen firmados y sellados por el padre adoptivo, el niño veía a este hombre sólo como un padre ajeno. El niño no tenía ningún derecho de llamarlo Abba, que significa “mi”.

Pero, tan pronto como los papeles eran firmados, registrados y sellados, el tutor del niño se lo entregaba al padre adoptivo, y por primera vez el niño podía decir “¡Abba Padre!” Mientras el padre lo abrazaba, el niño clamaba, “¡Mi padre! El ya no es tan sólo un padre. ¡El es mío!”

Este es el trabajo y ministerio del Espíritu Santo. El es nuestro tutor de Cristo. El nos presenta al Padre. Y continúa recordándonos, “Yo he sellado los papeles. Ya tú no eres un huérfano – ¡tú eres legalmente un hijo de Dios! Tú ahora tienes un Padre muy amoroso, rico, poderoso. Abrázalo – llámalo ‘mi Padre’. ¡Yo he venido a mostrarte cuán amado eres de él! ¡El te ha amado y te ha querido a ti!”

Nuestro clamor debería de ser lleno de suprema alegría y agradecimiento. El Espíritu en nosotros, literalmente clama, “Tú eres un heredero, y has heredado todo lo que Jesús ganó.”¡Y cuán grande herencia tienes, por que tu PADRE es el más rico de todo el universo! No te alejes con timidez de él, él no está enojado contigo. Deja de actuar como si fueses un huérfano que está en la miseria, y que le falta felicidad y victoria espiritual. ¡Tú no eres un abandonado – así que disfruta de él!

No solamente no estamos abandonados, sino también el Espíritu Santo está allí con nosotros durante los momentos de confusión y sufrimiento.
La misión del Espíritu Santo es consolar a la novia de Cristo mientras el novio está ausente. “Y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16). “Mas el Consolador, el Espíritu Santo” (v. 26).

Consolador significa “uno que alivia en tiempo de dolor o pena” – uno que calma el dolor y las penas, trae alivio, consuela y anima. Pero me gusta otra definición que viene del Griego: “Uno que prepara una cama tibia de protección para ti”. Durante las noches frías de tu alma, él te acuesta en la suave cama de su consuelo, calmándote con las caricias de su mano.

Al nombrar al Espíritu Santo como el Consolador, Jesús hizo una predicción infalible. El estaba prediciendo que su gente sufriría malestares, y necesitarían consuelo – por que habría mucho dolor y sufrimiento para su pueblo en los últimos días.

El Espíritu Santo trae consuelo al recordarle que él vive en usted con todo el poder de Dios inherente en su ser. Esa es la razón por la cual usted puede decir, “¡Mayor es aquél que está en mí que todos los poderes del mundo combinados – más grande que todos los poderes de los demonios!” Dios envió al Espíritu para mantenerlo a usted fuera de las garras de Satanás – para levantar su espíritu, disipar toda depresión e inundar su alma con el amor de su Señor.

“Sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; por que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:3, 5).