sábado, 27 de mayo de 2017

EL FUEGO PURIFICADOR - Jim Cymbala

En el vestíbulo de la segunda planta de nuestra iglesia cuelga un cuadro grande de una reunión en la calle del Ejército de Salvación de principios de 1900 en Nueva York. El grito de guerra o el lema del Ejército de Salvación era “SANGRE Y FUEGO”. La sangre representaba la sangre que Jesús había derramado para salvar a todas las personas y el fuego representaba al Espíritu Santo, quien fue enviado para equipar a los creyentes y transformar vidas.
Catherine Booth, esposa de William Booth, fundador del Ejército de Salvación, comprendió la importancia del fuego como símbolo del Espíritu Santo. Conocida como la madre del Ejército, Catherine se hizo muy famosa en su propio derecho. Una vez leí algo que dijo, que se quedó pegado a mí, aunque debo parafrasearlo porque no puedo recordar la fuente real. Alrededor de 1890 ella dijo: “Viajo alrededor del país, y oigo muchas palabras elocuentes y muchas obras maestras del sermón. Pero lo que mi alma anhela son palabras ardientes”
Catherine quería mensajes ungidos que penetraran, se agitaran y produjeran quebrantamiento de corazón. Ella sintió su necesidad y supo que el cambio sucede de adentro hacia afuera. Ella era una líder que enseñaba la Palabra de Dios y entendía la diferencia entre sermones que son sólo palabras y aquellos que Dios había inspirado para cambiar vidas.
El profeta Malaquías escribió: “[Dios] se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata” (Malaquías 3:3).
Cuando el Espíritu Santo examina nuestros corazones, Él es como un fuego purificador. Así como un buen fuego quema escoria e impurezas, cosas indignas son quemadas de nuestras vidas cuando permitimos que el Espíritu haga Su obra.
Jim Cymbala comenzó la iglesia Brooklyn Tabernacle con menos de veinte miembros en un pequeño y deteriorado edificio en una parte difícil de la ciudad. Nacido en Brooklyn, es un viejo amigo de David y Gary Wilkerson.

viernes, 26 de mayo de 2017

LA RESURRECCIÓN AQUÍ Y AHORA

Recibí un correo electrónico de un pastor que había dejado su iglesia. Este pobre hombre había caído en un profundo pecado y había perdido a su esposa y a sus hijos. Toda su vida se desmoronó y se terminó enfrentando la muerte.
En su hora más oscura, él cayó de rodillas y clamó pidiendo ayuda. Jesús vino a este hombre quebrantado y desesperado, y sopló vida nueva en él. Poco después, la mujer del hombre lo llamó, diciendo: “Echo de menos a Jesús. ¿Podemos intentarlo de nuevo?”
Hoy, ese pastor trabaja en uno de nuestros centros de rehabilitación. Considera Efesios 2:1-3: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo…entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira”.
Tal vez esto describe tu experiencia. Antes de conocer al Señor, tú hacías lo que querías. Fuiste atrapado en el espíritu de los tiempos, probando cada pecado y placer. Pensaste que podrías “deshacerte de Dios” por un tiempo. Creíste que tus buenas obras y donaciones te salvarían.
Entonces el Señor vino a ti. “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:4-6).
Amados, todo esto es acerca de obtener una vida nueva, la cual sólo puede encontrarse en Cristo. Pablo no está hablando aquí de la resurrección final. Él está describiendo lo que Dios hace en la tierra, ¡la resurrección aquí y ahora!

jueves, 25 de mayo de 2017

SÓLO JESÚS DA VIDA

Dios dice esto, en serio: “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23).
A lo largo de Romanos 8, Pablo describe las realidades destructivas del pecado. Él dice: “Si vives según la carne, morirás. Ser impulsado por la lujuria, vivir sólo por los sentidos, conduce a la muerte. El cuerpo está muerto por causa del pecado”.
En resumen, la muerte significa no tener vida. Y sólo Jesús provee vida, declarando: “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25).
Porque los inconversos carecen de vida, todo lo que persiguen conduce a la muerte. Esta es la razón por la que muchos recurren al alcohol y a las drogas “recreativas”. “Volar” ya no es una fiesta para ellos; más bien, es un intento de adormecer el dolor creado por el pecado, un dolor causado por un vacío verdadero.
“Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza” (Efesios 4:18–19).
¡Qué horrible condición describe Pablo! Él está diciendo: “Tales personas están tan entregadas al mundo del placer, que ya sobrepasaron los sentimientos”. En resumen, se han adormecido a cualquier sentido de Dios o de la vida. En Su misericordia, el Señor alcanza a cada alma entumecida.
Pablo contrasta la condición de los que están en el Cuerpo de Cristo: “Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente” (Efesios 4:20-23).
Pablo está dando un mensaje puntual: “Tú puedes ser resucitado. Tú puedes ser cambiado. Tú puedes entrar en una vida nueva” ¡Qué esperanza!

miércoles, 24 de mayo de 2017

ÉL ES FIEL PARA LIBRAR

En una ocasión Pablo estaba predicando en Éfeso, una ciudad que adoraba a la diosa Diana. Los plateros en Éfeso habían hecho fortunas vendiendo pequeñas réplicas de la diosa. Pero cuando Pablo entró en escena, él predicó: “Tu dios es falso. Sólo hay un Dios verdadero. Y Su Hijo vivió y murió, para que los que están muertos en el pecado, puedan vivir”.
Enfurecidos, los mercaderes de plata se dieron cuenta de que su medio de vida estaba en juego. Entonces levantaron una turba para tomar a Pablo, decididos a matarlo (ver Hechos 19:24-31).
Pablo estaba convencido de que iba a morir e incluso al borde de la muerte, él confesó: “Fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida” (2 Corintios 1:8, énfasis añadido). Él añadió, a modo de explicación: “Tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos” (1:9, énfasis añadido).
Dime, ¿alguna vez has estado muy abajo como lo estaba Pablo, más allá de tu poder? ¿Alguna vez se te acabaron por completo las fuerzas, tanto que hasta se te fueron las esperanzas de vivir? Pablo dijo que se enfrentaba a una sentencia de muerte: “Tuvimos la sentencia de muerte en nosotros mismos”.
Pero Dios apareció en la escena y lo libró. Habiendo experimentado un milagro, Pablo escribió a la iglesia en Éfeso: “He sido resucitado de entre los muertos. El Señor me sacó de la tumba. Llegué a mirar el infierno cara a cara, ¡pero Dios me resucitó!”
Pablo testificó, en esencia: “El Señor me libró de una gran muerte, Él sigue librándome y Él será fiel para librarme en el futuro”.

martes, 23 de mayo de 2017

VIDA DE RESURRECCIÓN DE DIOS

Como cristianos, creemos en la resurrección de Jesucristo. Después de la crucifixión del Señor, el Espíritu Santo entró en el sepulcro donde Él estaba y lo levantó. Por eso cantamos en la Pascua que Cristo resucitó de la tumba, victorioso sobre Sus enemigos, y ahora reina para siempre con los santos.
También creemos que por el poder de Cristo nosotros seremos resucitados. Esto sucederá cuando Jesús vuelva. La Escritura dice que todos nosotros seremos cambiados en un abrir y cerrar de ojos (ver 1 Corintios 15:52). El Espíritu Santo nos levantará de esta tierra con cuerpos incorruptibles y nos colocará en la misma presencia del Señor. Este es el poder de resurrección que Pablo describe en sus epístolas: ¡El poder de un Dios que levanta a los muertos!
Quiero mostrarles que Cristo todavía levanta a los muertos hoy. Hablo ahora de la vida de resurrección que Dios trae a los que están muertos espiritualmente. Pablo describe este tipo de poder vivificante en su carta a los Efesios:
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”.
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:1-6).

lunes, 22 de mayo de 2017

JESÚS QUIERE DESBARATAR VIEJOS HÁBITOS - Gary Wilkerson

Estar atado por el temor puede hacernos rechazar el ponernos de pie en fe. Pero Jesús tiene un remedio para nuestro temor. En la fiesta de los Tabernáculos Él se levantó y declaró: “Este río de agua viva no podrá ser detenido. Si alguien cree en Mí, esta agua le nutrirá con vida. Fluirá de él como un río, demostrándole las bondades del Padre celestial” (ver Juan 7:37-38).
Cuando nuestro temeroso corazón es refrescado, una cosa que fluye dentro de nosotros es la confianza en Él: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Multitudes de cristianos consideran este versículo como una preciosa promesa. Pero es más que eso, es una realidad. Por ejemplo, no tenemos que armamos de valor para testificar acerca de Jesús porque Él nos provee esa confianza. Él la hace sobreabundar en nosotros.
Esto se da de dos maneras: (1) el refrescar circunstancial y (2) el refrescar principal. Cuando Dios trae Su refresco a nuestras circunstancias, Él cambia viejos patrones que pueden involucrar nuestro matrimonio, nuestras finanzas, nuestro trabajo. Supongamos que hemos caído en problemas financieros y ahora tenemos una deuda que no podemos controlar. Él podría refrescarnos, exponiendo nuestros malos hábitos de cómo invertimos nuestro dinero y convencernos a cambiarlos. Él podría guiarnos a buscar consejos de cómo manejar nuestras finanzas de tal forma que cambiemos esos malos hábitos y seamos administradores sabios.
O quizás Él quiera desbaratar viejos patrones de conducta en nuestro matrimonio, hábitos que nos mantienen estancados y sin amor. Muchas parejas se dicen el uno al otro: “Siempre eres así”, o: “Hiciste lo mismo hace cinco años”, o: “Nunca vas a cambiar”. La pregunta importante para cualquier pareja es: “¿Cómo puedo creer lo mejor de mi cónyuge y aun así lidiar objetivamente con nuestra situación?”. Todo comienza con el botón “actualizar” (refrescar) de Dios. Muy pocos problemas de matrimonio se pueden resolver de la noche a la mañana; la mayor parte requiere de una gracia diligente cada día.
Recuerda, Jesús está listo para refrescarnos con gracia abundante cada vez que la necesitemos.

sábado, 20 de mayo de 2017

ENFRENTANDO AL ENEMIGO DE FRENTE - Nicky Cruz

En uno de los Salmos más citados pero mal entendidos del rey David, dice: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Salmos 23:4). No creo que David estaba pidiendo a Dios que elimine este mal; él pedía ser empujado hacia la batalla, obligado a enfrentar al enemigo de frente. ¡Estaba listo para ir a la guerra contra Satanás, no para esconderse de él!
Cuando el apóstol Pablo estaba inspirando a sus hermanos en la fe a recordar su propósito como cristianos y su recompensa en el cielo, les dijo: “Alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:18). En efecto, él estaba diciendo: “Empújense unos a otros hacia adelante en nuestra batalla contra el maligno”.
Y cuando Jesús prometió a Sus discípulos que el Consolador vendría después de Su muerte, fue un anuncio de guerra. El Espíritu Santo los inspiraría y les daría poder para estar al frente de la batalla espiritual. Esta es una dimensión del Espíritu de Dios que es muy real pero muy poco comprendida y acogida.
Si quieres ver el Espíritu de Dios obrando en plena gloria en la tierra, haz un viaje a las líneas del frente de batalla, donde la guerra entre el bien y el mal, la batalla por las almas humanas, se combate con intensidad. Si quieres sentir la ira de Satanás, sólo pasa algo de tiempo en su campo conversando con la gente que él mantiene en esclavitud y hablándoles acerca de Jesús. Míralo levantar su fea cabeza para intentar intimidarte y burlarse de ti.
Nada hace enojar más ni pone más nervioso a Satanás que alguien del pueblo de Dios lleve la linterna de la gracia a la oscuridad húmeda de su mazmorra. Ahí es cuando él lucha más duro y cuando vemos al Espíritu Santo brillar más poderosamente.
Nicky Cruz, evangelista internacionalmente conocido y prolífico autor, se volvió a Jesucristo de una vida de violencia y crimen después de encontrarse con David Wilkerson en la ciudad de Nueva York en 1958 La historia de su dramática conversión fue contada por primera vez en el libro “La Cruz y el Puñal” escrito por David Wilkerson y más tarde en su propio best seller “Corre, Nicky, Corre”.

viernes, 19 de mayo de 2017

VIENDO Y CONOCIENDO EL AMOR DE DIOS

Trágicamente, el mundo religioso se ha dividido durante siglos. A través de las generaciones, terribles divisiones han enfrentado a los cristianos unos contra otros. Hermano ha venido contra hermano, hermana contra hermana, y denominaciones enteras han sido arruinadas.
La verdad es que, honestamente, amo a mi hermano sólo cuando puedo estar al lado de él en adoración a Jesús. Sé que realmente amo a mi hermano cuando puedo estar con confianza ante el trono de Cristo sabiendo que no tengo nada en mi corazón contra él. Y sé que realmente amo a mi hermano cuando tengo el mismo amor por él que Jesús me tuvo para conmigo.
Entonces, ¿cómo nos amamos verdaderamente unos a otros como Cristo nos ama?
Sucede cuando perdonamos a los que nos han herido, tal como Cristo nos perdonó.
Sucede cuando nos acercamos a los desviados, haciendo todo lo posible para restaurarlos.
Sucede cuando estimamos a otros, como superiores a nosotros mismos.
Querido santo, te suplico hoy: Rinde toda amargura, lucha y falta de respeto. No obstaculices la bendición de Dios en tu vida y en tu hogar. Obedece Su nuevo mandamiento para ti y recuerda Su Palabra: “En esto todos sabrán que ustedes son Míos, ¡si se aman unos a otros!” (ver Juan 13:35). Los perdidos verán y conocerán el amor de Dios a través de Su pueblo obediente, gozoso y sacrificado, la iglesia. ¡Amén!
“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Filipenses 2:3).

jueves, 18 de mayo de 2017

SERMONES ILUSTRADOS

El mundo necesita sermones ilustrados, poderosos ejemplos personales, del amor de Dios.
En Juan 17:21, Jesús oró: “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (énfasis añadido).
Piénsalo: Incluso en Sus últimas horas, Jesús todavía anhelaba la humanidad perdida. Y Él estaba dando a Su iglesia instrucciones específicas sobre cómo ganar a esas multitudes perdidas. Considera Sus palabras finales sobre el tema: “¡Sean uno! Pongan a un lado todas las contiendas y divisiones, para que el mundo crea en Mí”.
Tú puedes pensar: “Eso suena tan simplista. ¿Es así como la iglesia va a llegar a los corazones endurecidos? ¿Simplemente el amor mutuo realmente proporciona poder sobrenatural para combatir el odio?”
La respuesta es sí, sí y sí; ¡absolutamente! Según Jesús, el amor poderoso de Dios es revelado más claramente al mundo por el amor incondicional entre Su pueblo.
En este momento, una de las principales estrategias de Satanás contra la iglesia es plantar divisiones y luchas. Por todas partes que miro en el Cuerpo de Cristo por todo el mundo, estoy convencido de que hordas de demonios han sido enviadas dentro de las paredes de la iglesia. Y su objetivo es destruir el amor de los cristianos unos por otros.
La estrategia del diablo es sutil: Él enfrenta raza contra raza y ricos contra pobres en el Cuerpo de Cristo. La lucha racial, específicamente, se está alimentando en todo el mundo a través de la televisión y otros medios de comunicación. No he visto tal odio racial vomitado en años y ahora se infiltra en los muros de la casa de Dios.
Doy gracias a Dios que la iglesia “Times Square” se levantó sin líneas de color y sin distinción alguna entre ricos y pobres. Todos los que vienen a través de nuestras puertas son tratados con el mismo respeto y amor acogedor. Hemos disfrutado de la bendición de Dios por muchos años y creo que esto es en parte porque hemos obedecido el mandamiento de Cristo de amarnos unos a otros como Él nos ha amado.

miércoles, 17 de mayo de 2017

OBTENIENDO LA ATENCIÓN DE UNA GENERACIÓN PERDIDA

Durante su tiempo con los discípulos justo antes de Su crucifixión, Jesús advirtió: “Algunos de ustedes serán rechazados, otros serán encarcelados, otros serán asesinados. Y todos ustedes serán perseguidos” (ver Juan 16:2). ¡Qué mensaje de despedida!
Sin embargo, al mismo tiempo, Jesús les dio una palabra de dirección acerca de cómo alcanzar a su generación después de que Él se fuera. Esta dirección no tenía nada que ver con los métodos de evangelización. Jesús ya había dicho a los discípulos que debían ir a todo el mundo predicando el evangelio, y estaba claro que ellos necesitarían el poder del Espíritu Santo para hacer eso.
Jesús les dijo claramente: “Si obedecen este nuevo mandamiento, todos sabrán quiénes son. Y sabrán exactamente dónde están. Ellos podrán odiarlos, llamarles fanáticos y apartarlos de sus sinagogas, pero ellos sabrán que son Míos”.
Esto es lo que Jesús dijo a Sus discípulos: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34, énfasis añadido). Esto no es una opción; es el mandamiento de Jesús. Y es donde cada esfuerzo evangelístico debe comenzar.
Verás, la Escritura deja claro que debemos alimentar a los pobres; y la iglesia siempre lo hará fielmente. Debemos hacer muchas buenas obras a través de las cuales predicamos con valentía a Cristo. Pero para penetrar las “oscuras tinieblas”, necesitamos apoderarnos de este nuevo mandamiento de Jesús. Cristo explica: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (13:35, énfasis añadido).
Según Jesús, sólo este amor particular, un amor a los hermanos creyentes, atraerá la atención de una generación perdida. Es el mismo tipo de amor sacrificial que Jesús nos muestra a cada uno de nosotros. Y tal amor por nuestros parientes en Cristo no puede lograrse en palabra solamente, sino que debe ser de hecho.

martes, 16 de mayo de 2017

LA ASOMBROSA OFERTA DE MISERICORDIA DE DIOS

Hoy se habla mucho sobre la terrible condición de nuestro mundo. Nación tras nación está preocupada, al borde del desastre económico. Sin embargo, en medio de todo el temor y la agitación, Dios sigue amando y salvando almas perdidas.
Su maravillosa obra de salvación nunca cambia; no se ve afectada por la economía. Su amoroso Espíritu Santo no se ve obstaculizado por las condiciones de Wall Street ni por las vacilantes finanzas globales. El poder salvador de Dios nunca ha sido limitado por la reducción de cuentas bancarias.
El hecho es que nuestro Señor nunca enmienda Sus promesas. Siempre son “sí y amén” en todo momento y en cada circunstancia (ver 2 Corintios 1:20). Dios no nos prometió proveer todas nuestras necesidades excepto cuando estamos desempleados. Y Él no prometió ser Jehová Jireh, nuestro proveedor, excepto cuando los tiempos económicos son aterradores.
¡Las promesas de nuestro Señor nunca cambian! Y eso incluye Su promesa de salvar a los perdidos. Cuando Dios nos ordenó ir a todo el mundo para ganar a los perdidos, Él no incluyó una cláusula de exención. Él no dijo: “Predicad el evangelio de mi Hijo Jesucristo a todas las naciones, excepto en tiempos difíciles”. Y Él nunca dijo: “Creed por la salvación de muchos, excepto cuando hay un gran temblor en el mundo”.
Gracias a Dios, Él nunca dijo que el mundo es demasiado malo, demasiado duro, demasiado dado a la lujuria para ser alcanzado por Sus Buenas Nuevas. En ningún momento de la historia, el Señor ha limitado Sus tiernas misericordias y nunca lo hará. En este momento, América y el resto del mundo todavía podrían ser librados del juicio, si hubiera verdadero arrepentimiento. Por supuesto, tal arrepentimiento requeriría una gran humillación y un regreso masivo al Señor. Pero nuestro Dios nunca ha rescindido Su asombrosa oferta de misericordia.

lunes, 15 de mayo de 2017

LA ROCA ERA CRISTO - Gary Wilkerson

Cuando los hijos de Israel estuvieron en el desierto, fueron atormentados por la sed y comenzaron a discutir con Moisés: “¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos?… Entonces clamó Moisés a Jehová, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? De aquí a un poco me apedrearán. Y Jehová dijo a Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también en tu mano tu vara con que golpeaste el río, y ve. He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo.
Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel” (Éxodo 17:3-6).
Los detalles de esta escena; y de la compasión de Dios por el pueblo, se repiten a través del sacrificio de Jesús. Cristo es la Roca que fue golpeada por nuestras transgresiones cuando estábamos perdidos y vagando. Y Él es el Agua Viva que nos sostiene. Pablo nos dice: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube…porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo” (1 Corintios 10:1-4).
La escena en el desierto demuestra lo que Jesús hace con las personas que murmuran: Él lleva el castigo que ellos merecen. Él declara: “Yo seré condenado por ellos, seré azotado, seré clavado en una cruz en su lugar; todo esto, para que ellos puedan recibir vida abundante”. Algunos cristianos pierden este maravilloso regalo al retener la amargura. Pablo continúa, diciendo: “Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros” (10:5-6).
Nuestras vidas pueden marchitarse en amargura o pueden ser vivificadas por la preciosa gracia que Dios nos ofrece: Es nuestra decisión. 

sábado, 13 de mayo de 2017

¿CUÁL ES EL PROBLEMA? - Jim Cymbala

La gran tentación en el cristianismo actual es tratar de hacer que nuestro mensaje sea tan aceptable para las masas que perdemos todo el fuego. “Respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. (Lucas 3:16).
Creamos servicios llenos de dulzura y palabrerías. Pero eso no extenderá el reino ni hará que Jesús sea glorificado. La gente no puede venir a Dios sin la ardiente obra del Espíritu Santo.
Nunca olvidaré una experiencia personal con Dios que tuve hace años cuando era nuevo en el ministerio. Me encontraba orando solo antes de que comience un servicio de martes por la noche. En ese tiempo, la iglesia estaba alojada en un edificio deteriorado, y yo sabía que menos de diez personas asistirían a la reunión de oración de esa noche. Había estado orando que Dios trajera más gente a la iglesia y aumentara el entusiasmo de la congregación.
Mientras yo oraba, el Espíritu Santo trabajaba. Fue directamente a mi corazón y parecía decir: “El principal problema no es la falta de personas y su inmadurez espiritual. Tú eres el que necesita ser cambiado. Te falta compasión por el pueblo, y no los amas como yo quiero que los ames. En tu inseguridad, solamente estás tratando de pasar por una reunión más”.
¡Hablando de fuego! ¡Hablando de algo que penetra! Eso no fue fácil de oír. Terminé postrado ante Dios. Yo había venido a pedirle a Dios que me ayudara con los problemas de las personas de la iglesia, y en lugar de eso, su fuego penetró en mi problema.
Cuando el Espíritu trabaja en nuestras vidas, Él nos mantiene alejados de las excusas superficiales y de los juegos de culpabilidad que nos gusta jugar. El fuego quema lo falso y nos lleva a la verdad.
Jim Cymbala comenzó la iglesia Brooklyn Tabernacle con menos de veinte miembros en un pequeño y deteriorado edificio en una parte difícil de la ciudad. Nacido en Brooklyn, es un viejo amigo de David y Gary Wilkerson.

viernes, 12 de mayo de 2017

EL SEÑOR ES EL SALVADOR DE SU PUEBLO

Mientras leo el Antiguo Testamento, encuentro mi fe muy alentada por el ejemplo que David dejó. Estoy impresionado por su determinación en escuchar a Dios en medio de sus tiempos peligrosos.
Después de una batalla, David y su ejército estaban haciendo un viaje de tres días de vuelta a casa cuando su aldea de repente fue atacada por los amalecitas. Este enemigo feroz secuestró a las familias de David y de sus hombres y quemó toda la ciudad. Imagínense la escena cuando ellos regresaron: “Vino, pues, David con los suyos a la ciudad, y he aquí que estaba quemada, y sus mujeres y sus hijos e hijas habían sido llevados cautivos” (1 Samuel 30:3).
Me imagino a estos poderosos hombres, caminando atónitos y desconcertados, gritando en agonía: “¿Cómo pudo suceder esto? ¿Por qué lo permitiría Dios?”.
“Entonces David y la gente que con él estaba alzaron su voz y lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar” (30:4, énfasis añadido).
Esta escena de la vida de David nos muestra que cuando la calamidad golpea, indudablemente, es tiempo de llorar. Después de todo, este no era un desastre pequeño. No fue sólo la pérdida de hogares, ganado o cultivos, lo que produjo que los poderosos hombres de David lloraran; pronto superarían eso. Más bien, era la amenaza para sus amadas esposas e hijos, la que atravesaba sus almas. Y lo que siguió a esta escena podría haber sido aún más desastroso para David: "Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba en amargura de alma" (30:6).
Amados, incluso los más piadosos entre nosotros pueden experimentar un temblor de corazón, una repentina oleada de miedo, cuando llega una terrible crisis. En tal momento, no es pecado tener un momento de profunda ansiedad. Pero el Señor quiere que todo corazón cansado y turbado oiga: "¡No temas! ¡Ten animo, porque el Señor es el Salvador de Su pueblo!"

jueves, 11 de mayo de 2017

SU FUEGO SOBRENATURAL

Isaías clamó: “¡Señor, Tú eres nuestro Padre y nosotros somos Tu pueblo! Revélate a nosotros y tócanos una vez más” (ver Isaías 64:8-9).
Siglos después, el mismo clamor se escuchó entre otro remanente: Los 120 creyentes que se habían reunido en una habitación alquilada en Jerusalén. Era un tiempo muy parecido a los días de Isaías, un período de grandes festejos religiosos, multitudes venían de todo Israel y llenaban el templo. Había gran pompa, y las sinagogas estaban llenas de personas religiosas. Pero esas congregaciones sólo guardaban las apariencias, sólo cumplían con los rituales.
Tú puedes preguntarte: “¿Cómo podía suceder eso? Esta era la generación que se había sentado bajo las fervientes prédicas de Juan el Bautista. Era la generación que contempló a Dios en la carne, Jesús, caminando entre ellos, haciendo milagros”. Pero ellos estaban sin vida, secos, vacíos.
Jesús mismo había llorado por estas personas altamente religiosas. Él clamó: “Vosotros tenéis la apariencia de piedad, y váis haciendo caridades. Pero por dentro estáis muertos”. Ellos no fueron movidos por las señales y milagros que Jesús hizo. No fueron movidos cuando echó fuera demonios, liberando a personas que habían estado oprimidas por años. Y al final, lo rechazaron, dando la espalda a la oferta de la gracia de Dios.
Pero Dios nunca se rindió para con Su pueblo. Jesús profetizó a Sus 120 discípulos: “Voy a hacer llover mi Espíritu sobre toda carne”. Para prepararlos para esto, Él les instruyó: “Vayan a Jerusalén y esperen hasta que Yo venga”.
El mensaje de Cristo para Sus seguidores era esencialmente este: “Cuando estén juntos, caerá fuego sobre todos los presentes, y sus corazones se derretirán. Mi fuego sobrenatural va a remover todas las montañas; en sus vecinos, en el pueblo judío y en todas las naciones. La dureza e incredulidad se disolverán y miles serán salvos en una hora. La simple mención de Mi nombre traerá convicción de pecado y persuadirá a multitudes”.

miércoles, 10 de mayo de 2017

OBTENIENDO FUERZAS

En un tiempo en el que grandes juicios estaban cayendo sobre toda la nación alrededor de él, Isaías declaró tener una doble porción de paz.
El mismo panorama maravilloso que tuvo Isaías durante los tiempos peligrosos de sus días, está disponible también para nosotros hoy. Esta promesa de descanso es aplicable a todo “aquel cuyo pensamiento en ti persevera” (ver Isaías 26:3).
A pesar de que Isaías fue sobrecogido por lo que vio acontecer en su mundo, la Escritura revela que él gozaba de gran paz. Hubo dos razones para ello:
Primero, mientras llegaban los juicios para golpear a las naciones, Isaías estaba en constante comunión con Dios en oración. “También en el camino de tus juicios, oh Jehová, te hemos esperado; tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra alma” (Isaías 26:8). Isaías estaba preparado para todo, porque él ya estaba “orando sin cesar”.
Debo preguntarte: Cuando golpee la tormenta, ¿irás al Señor en oración, tal como lo hizo Isaías? Si es así, entonces obtendrás fuerzas, porque tu mente estará fijándose en el amor de tu soberano Padre celestial, y Él está continuamente revelándote Su poder y dándote el ánimo para que llegues a la meta.
El apóstol Pablo nos confirma, con esta instrucción: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8, énfasis añadido).
En otras palabras: “Ustedes han oído todas las advertencias. Ahora, presten atención a lo que la Palabra de Dios revela y lo que Sus atalayas están diciendo. Y, finalmente, fijen tus pensamientos en Jesús y en Su bondad”.

martes, 9 de mayo de 2017

LOS QUE CONFÍAN

El apóstol Pablo describe nuestros tiempos cuando escribe: “En los postreros días vendrán tiempos peligrosos…los hombres malos y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados” (2 Timoteo 3:1, 13). Piensa en la década de los noventa, en la que grandes compañías inmobiliarias sedujeron y engañaron a los pobres, a los que no tenían educación y a los desempleados, con préstamos abusivos. Estas personas, sin saber mucho, fueron inducidos a firmar créditos hipotecarios que nunca podrían pagar, y cuando llegaba el momento de pagar, se quedaban sin casas. Bancos de buena reputación quebraron debido al fraude, pero sus ejecutivos salieron de apuros con sus muchos millones, gracias a sus “clausulas doradas” en casos de bancarrota.
Leí acerca de uno de esos ejecutivos que organizó una fiesta muy lujosa, con mucho alcohol y pasando un buen rato, sabiendo muy bien que su compañía se estaba hundiendo. Él y otros festejaron a lo loco, a sabiendas que cientos de miles de personas perderían sus casas. Este es un claro cumplimiento de la profecía en Sofonías 1:9: “[Ellos] saltan la puerta [de los pobres], los que llenan las casas de sus señores”.
¿Por cuánto tiempo pensábamos que Dios soportaría tal locura, tal burla de Su nombre? El Señor tiene la última palabra en el asunto y Él dice: “[Los] castigaré en aquel día” (1:9). En pocas palabras: “Les haré pasar vergüenza”.
“Su espada entrará en su mismo corazón, y su arco [riqueza] será quebrado” (Salmos 37:15). Aun en este momento, mientras escribo estas líneas, dos multimillonarios están siendo procesados porque sus fortunas desaparecieron de la noche a la mañana.
Al mismo tiempo, el Señor está pagando al impío, Él recompensará a los que confían en Él.
“Confía en Jehová, y haz el bien;y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad” (Salmos 37:3).

lunes, 8 de mayo de 2017

ESCUCHANDO A DIOS - Gary Wilkerson

No somos nuestros, ¡sino Suyos! Eso comenzó cuando nos convertimos en una nueva creación en Cristo y dejamos de vivir para nosotros mismos. Nuestro testimonio vino a ser: “Estaba perdido, pero fui hallado. Someto mi vida a Él, continuamente”.
En Juan 7, leemos que Jesús no salió de Galilea porque los judíos procuraban matarle. Sin embargo, la fiesta judía de Los Tabernáculos se acercaba y Sus hermanos querían que Él fuera con ellos a Judea para que Él pueda ser reconocido y darse a conocer al mundo. Jesús les respondió: “Vayan ustedes. Yo no iré a este festival, porque Mi tiempo aún no ha llegado” (versículo 8).
Pero algo curioso ocurrió en esta escena de la vida de Jesús. El versículo siguiente inmediato dice: “Pero después que sus hermanos habían subido, entonces Él también subió a la fiesta, no abiertamente, sino como en secreto” (7:10). ¿Por qué Jesús dijo que Él no iba a ir, y luego decidió ir? Obviamente, Él oyó del Padre. Un minuto les dice a Sus hermanos, “No es mi tiempo” y luego, en cuestión de un día, una hora o quizás un instante, El Padre Le dijo: “Este es el tiempo correcto, la temporada señalada, el escenario perfecto. ¡Vé!”.
Frecuentemente, yo quiero tomar mis propias decisiones en la vida, en lugar de someterme a los caminos de Dios. Somos llamados a ser dependientes de Él, a buscar Su dirección, a esperar Su guía para las decisiones de mayor peso en nuestras vidas. Pero hacer esto, nos puede hacer sentir que nuestras vidas están estancadas. Algunas veces, durante todos estos años, le he dicho a mi esposa: “A veces, me gustaría no tener que consultar esto con Dios”. De hecho, hasta he envidiado a aquellos que cambian de trabajo cuando quieren, o a los que se mudan cuando quieren vivir en otro lugar.
No creo ser el único que tiene estos pensamientos. Escuchar a Dios y someter nuestras vidas a Su voluntad y dirección es un sacrificio, pero los beneficios son incontables. Tener nuestro corazón alineado con el corazón de Dios, nos da poder para todo. 

sábado, 6 de mayo de 2017

QUE NADA TE DETENGA - Carter Conlon

Cuando decides seguir a Dios, todo lo que alguna vez tuvo el poder de retenerte debe dejarte ir. ¡Esas son buenas noticias! “Entonces Labán y Betuel respondieron y dijeron: De Jehová ha salido esto; no podemos hablarte malo ni bueno. He ahí Rebeca delante de ti; tómala y vete, y sea mujer del hijo de tu señor, como lo ha dicho Jehová” (Génesis 24:50-51).
Labán y Betuel representaban las antiguas autoridades en la vida de Rebeca que una vez la retuvieron. Sin embargo, todo lo que podían decir ahora era: “No podemos decir una cosa u otra porque esto viene del Señor”. En otras palabras, ¡No hay poder del infierno, ni falencia, ni experiencia pasada, ni palabras que se hayan pronunciado acerca de tu vida, que puedan impedirte ser todo lo que Dios te ha llamado a ser en Cristo! Las puertas de cada prisión deben abrirse, todas las ataduras deben dejarte libre. Todo lo que tienes que hacer es levantarte y escuchar la voz de Dios.
Te prometo una cosa: ¡Tendrás una vida increíble cuando decidas vivir para Dios! Sí, cuando te decidas a seguirle completamente, habrá días difíciles. Sin embargo, cuando llegues al final de tu jornada, te darás cuenta de que no cambiarías ni un día, porque habrás glorificado el nombre de Cristo.
Por supuesto, al igual que Rebeca, cada uno de nosotros debe tomar la decisión de seguir a Cristo completamente. Es una elección personal caminar en pureza, estar disponible para las necesidades de los demás, conocer la generosidad del Padre, y ser capaces de contarles a los demás acerca de ello. Así que, el mensajero que está delante de ti, el Espíritu Santo, te está preguntando hoy: “¿Serás una esposa apta para el Hijo de mi Maestro?”
Carter Conlon se unió al equipo pastoral de la Iglesia Times Square en 1994, por invitación del pastor fundador David Wilkerson, y fue nombrado para el cargo de Pastor Principal en 2001.

viernes, 5 de mayo de 2017

VIVIENDO EN LAS PROMESAS

“Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto...te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre” (Deuteronomio 8:2-3).
Me repito a mí mismo estas palabras, a lo largo de mi día: “Yo vivo de cada palabra que sale de la boca de Dios”.
Si la Palabra de Dios no es confiable, si la Biblia no es la Palabra misma inspirada por Dios,  entonces vivir sería en vano. No habría esperanza sobre la faz de esta tierra.
Cuando esta palabra en Deuteronomio vino a Israel, las condiciones en el desierto se habían tornado aterradoras para ellos. Dios les había permitido experimentar sed, dolores de hambre y ahora, de la misma boca de Dios, oímos estas palabras: “Te humillé y permití que pasaras hambre y sed. ¿Por qué? Todo porque Yo quería que supieras que puedes confiar en Mí. Puedes vivir en Mis promesas”.
Dios no permitiría que Su pueblo muriera de hambre o de sed. Él sabía exactamente lo que iba a hacer para librarlos. Y, amado, Dios también tiene un plan para tu liberación.
¡Oh, cuánto necesitamos que el Espíritu Santo nos guíe y nos consuele en nuestros tiempos de prueba! Sin Su presencia, Su dirección o Su derramamiento diario de fuerza, ninguno de nosotros podría lograrlo. No hay determinación humana que pueda sobrevivir a las pruebas diarias que soportamos en el camino.
Diariamente, debemos echarnos sobre la Palabra revelada de Dios y confiar que el Espíritu Santo hará que se haga vida en nosotros. “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos,Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca…él dijo, y fue hecho; El mandó, y existió” (Salmos 33:6, 9).

jueves, 4 de mayo de 2017

CRISTO ESTÁ EN NOSOTROS

La senda hacia la esperanza es una de sufrimiento y dolor. Sin importar cuan santo, amoroso o bueno seas, si Cristo está en ti, te convertirás en un participante de Sus sufrimientos.
“Sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo” (1 Pedro 4:13, énfasis añadido). Pedro nos lo dice claramente: “Regocíjense en su sufrimiento”. Y Pablo añade: “Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Romanos 5:2).
¿Regocijarnos en el sufrimiento? Esta es una de esas frases duras de las Escrituras, de hecho una de las más duras. Pero Pablo va aun más lejos: “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones” (Romanos 5:3, énfasis añadido). Aquí, Pablo no se refiere a que debemos dar un grito o hacer una exclamación a pesar de nuestra prueba. En lugar de ello, lo que él está describiendo es el simple hecho de poder ver a Jesús en nuestra prueba. A pesar de nuestros temores humanos muy reales, a pesar de una situación que parece no tener esperanza alguna, podemos decir: “Dios hará un camino”.
Algunos cristianos pueden declarar que el camino de la esperanza es simplemente este: “Mi esperanza reposa en ‘Cristo en vosotros, la esperanza de gloria’” (Colosenses 1:27). Gran verdad. Pero si Cristo está en nosotros, Él nos guiará al camino que Pablo describe. Amado, el Espíritu Santo quiere que nuestra esperanza sea más que una frase teológica. Tiene que ser una esperanza, una confianza que sea firme, con un fundamento seguro debajo de ella. En resumen, nuestra esperanza debe ser  “Cristo en nosotros, obrando en nosotros”.

miércoles, 3 de mayo de 2017

EN EL CAMINO HACIA LA SANTIDAD

Pablo confirma nuestra justa posición para con Dios a través de Cristo: “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación” (Romanos 5:10-11).
A pesar de que nuestro corazón nos condena, Juan nos dice: “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1). Permíteme mostrar un ejemplo de esto en la propia vida de Jesús.
Un día antes que Jesús fuera crucificado, Él les lavó los pies a Sus discípulos. Les dijo a estos hombres tan imperfectos: “El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos” (Juan 13:10). Quizás te preguntes: “¿Cómo pudo decir Jesús que estos discípulos estaban limpios? Cualquier observador casual de esta escena, habría quedado atónito por la declaración de Jesús. Los once hombres a los que les habló ya habían manifestado tener orgullo, incredulidad, egoísmo, ambición, codicia, inconsistencia y venganza. El hecho es que Cristo hizo esta declaración acerca de ellos porque Él los había elegido. Él los había colocado en un camino hacia la santidad. ¡Todo fue por gracia!
Jesús también sabía lo que había en el corazón de los discípulos a pesar de su total imperfección. No sólo eso, sino que Él también veía más allá del tiempo de quebranto y contricción al que ellos estaban a punto de entrar.
Digamos que yo te pidiera que enumeres todos los pecados que estos discípulos cometieron. Creo que yo podría decir confiadamente que tú y yo hemos sido culpables de todos esos mismos pecados durante ciertas épocas a lo largo de nuestras vidas. Sin embargo, Jesús tiene la respuesta para todos nosotros: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).

martes, 2 de mayo de 2017

ABUNDA EN ESPERANZA

“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13, énfasis añadido).
Según Pablo, cuando se trata el asunto de la esperanza, la obra del Espíritu Santo tiene que ser incluida. Así que, ¿cómo podemos abundar en esperanza, como Pablo oró? ¿Cómo nos podemos regocijar en esperanza? y ¿Cómo podemos obtener la seguridad plena de ello? En la salvación, se siembra una semilla de esperanza, por supuesto, pero durante nuestro caminar con Jesús debe haber una madurez de dicha esperanza.
El libro de Hebreos nos dice que tenemos una esperanza “la cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo” (Hebreos 6:19). En resumen, la senda de la esperanza comienza al estar completamente seguros de que estamos en buenos términos con Dios. Estamos hablando acerca de la seguridad de que tenemos paz con Dios. Y Pablo nos da dicha seguridad, al declarar: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).
En un conocido himno antiguo de la iglesia, el escritor, Eduardo Mote, declara: “Mi esperanza está edificada sobre nada menos que sobre la sangre y la justicia de Jesús”. De hecho, esto es paz: Creer en la promesa de Dios de que, por la fe en la sangre derramada de Cristo, Él me considera justo. Él lo hace aunque yo no sea perfecto. Y Su justicia es atribuida a mí, no por algo bueno que haya hecho, sino sólo por fe.
El hecho es que no puedes tener una paz genuina ni una esperanza verdadera, hasta que tu aceptación en Cristo deje de fluctuar. Esta aceptación no se basa en lo que tu carne te acusa de ser ni en lo que el diablo te acusa de ser. Se basa únicamente en cómo Dios te ve en Cristo.

lunes, 1 de mayo de 2017

SI TIENES SED - Gary Wilkerson

Al comienzo de su ministerio, Jesús anunció esto acerca de sí mismo: “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz” (Juan 7:37, énfasis añadido). Jesús no hizo tan sólo una declaración; Él alzó la voz. Y Él esperó hasta el día más importante para hacer Su anuncio: “[Él] alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37-38).
Eso fue mucho más que una declaración teológica; fue un acto de compasión. La religión muerta había consumido al pueblo de Dios. Debería haberlos refrescado, pero los dejó sin vida alguna. Ahora, Jesús anunciaba: “Yo soy para ustedes, su vaso de agua fría, la refrescante fuente de agua que nunca deja de fluir. Ustedes pueden beber de Mí para renovar continuamente sus vidas”.
No se necesita obtener calificaciones para beber de esta asombrosa fuente de aguas. Cristo nos asegura: “¡El que cree en mí, puede venir y beber!” (7:38).
Cuando Jesus dice que “de su interior correrán ríos de agua viva”, Él está mostrándonos cómo serían nuestras vidas con un simple toque de Él. Éste es el toque que refresca como ningún otro, renovando con poder del cielo al alma más hundida, desesperada y agobiada. Su Espíritu nos llena de tal forma que rebozamos de vida abundante, gracia, misericordia y amor.
Sí, amigo mío, Su fluir de vida lo transforma todo.