miércoles, 26 de agosto de 2009

FE CRECIENTE

“Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe” (Lucas 17:5). Los hombres que eran parte del círculo cercano a Jesús estaban pidiendo algo importante a su Maestro. Deseaban un mayor entendimiento del significado y de las obras de la fe. Estaban diciendo: “Señor, ¿qué clase de fe es la que tú quieres de nosotros?” Danos una revelación del tipo de fe que te agrada. Queremos entender la fe en su significado más completo.

 

Por fuera, esta petición que hicieron parecía elogiable. Sin embargo, creo que los discípulos le pidieron esto a Jesús, porque estaban confundidos. En el capítulo anterior, Cristo los había desconcertado, diciéndoles: “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel… Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?” (Lucas 16:10-11).

 

Jesús sabía que la carne de sus seguidores quería evitar lo que ellos consideraban ser asuntos menores de la fe. Así que les dijo: “Si ustedes son fieles en las cosas pequeñas, los asuntos fundamentales de la fe, serán fieles en las cosas grandes también. Así que, demuestren que son dignos de confianza en los requisitos básicos de la fe. De lo contrario, ¿cómo se les podrá confiar un nivel más profundo?”.

 

Si somos honestos, todos admitiremos que nos parecemos mucho a los discípulos de Jesús. También queremos proceder directamente a los grandes asuntos de la fe, para obtener el tipo de fe que mueve montañas. Y, como los discípulos, a menudo juzgamos la fe por los resultados visibles.

 

La verdadera fe, a los ojos de Dios, no tiene nada que ver con el tamaño o la cantidad de trabajo que usted se propone alcanzar. Al contrario, tiene que ver con el enfoque y la dirección de su vida. Vea usted, Dios no está tan interesado en la gran visión que usted pueda tener, como lo está con aquello en que usted se está convirtiendo. 

 

Dios está más interesado en ganar todo en mí, que en yo ganar todo el mundo para Él.