jueves, 30 de diciembre de 2010

CÓMO SE HACE UN ADORADOR

Éxodo 14 describe un momento increíble en la historia de Israel. Los Israelitas acababan de salir de Egipto bajo la dirección sobrenatural de Dios. Y ahora estaban siendo perseguidos arduamente por el ejército de Faraón. Los Israelitas fueron guiados a un valle rodeado por montañas en ambos lados, y delante de ellos estaba el mar amenazador. Todavía no lo sabían, pero estas personas estaban a punto de experimentar la noche más oscura, más tormentosa de sus vidas. Ellos enfrentaron una noche de pánico y desesperación que los probaría hasta el fin de sus límites.

Yo creo que este pasaje de las Escrituras nos muestra cómo Dios convierte a su pueblo en adoradores. Verdaderamente, ningún otro capítulo en la Biblia demuestra esto más fuertemente. Vea usted, los adoradores no se hacen durante los avivamientos, o en los tiempos soleados y buenos, o en periodos de victoria y salud. Los adoradores de Dios se hacen durante las noches tormentosas y oscuras. Y la manera en que respondemos a nuestras tormentas determina la clase de adoradores que somos.

Hebreos 11 nos da esta imagen de Jacob durante su vejez. “Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José y adoró apoyado sobre el extremo de su bastón” (Hebreos 11:21). ¿Por qué se lo muestra a Jacob de esta manera en sus últimos días?

Jacob sabía que su vida había llegado al final. Por eso lo vemos dando su bendición a sus nietos. Así que, ¿qué hace Jacob al mirar hacia atrás, a los eventos de su vida? El es movido a adorar. Ni una palabra dice este hombre. Y así, mientras él se apoyaba en su bastón, maravillado ante la vida que Dios le había dado “[él] adoró”.

Jacob adoró a Dios en ese momento porque su alma estaba tranquila. Él había probado sin lugar a ninguna duda la fidelidad de Dios. Y ahora el patriarca concluyó, “No importa en cuál batalla yo he estado, Dios ha demostrado que me es fiel. El siempre ha sido fiel. Oh Señor, Dios Todopoderoso, ¡Yo te adoro!”

miércoles, 29 de diciembre de 2010

NO LE TENGA TEMOR A UN POCO DE SUFRIMIENTO

La resurrección de Cristo fue precedida por un periodo corto de sufrimiento. ¡Nosotros morimos! ¡Nosotros sufrimos! Hay dolor y sufrimiento.

Nosotros no queremos sufrir ni ser heridos. Queremos ser librados sin sufrir dolor, queremos que algo sobrenatural suceda. “Hazlo Señor”, oramos, “porque soy débil y siempre lo seré. Hazlo mientras continúo en mi camino, esperando que me liberes sobrenaturalmente”.

Podemos culpar a los demonios de nuestros problemas. Buscamos a un hombre de Dios y esperamos que él pueda echar fuera al demonio para que podamos continuar nuestro camino sin dolor ni sufrimiento. ¡Ya está! Ahora entramos a una vida pacífica de victoria. Queremos que alguien imponga sus manos sobre nosotros para echar fuera toda la sequedad. Pero la victoria no siempre llega sin sufrimiento y sin dolor. Mire a su pecado. Encárelo. Sufra lo que tenga que sufrir, así como Jesús lo hizo. Entre al sufrimiento de Jesús. Por la noche durará el lloro y a la mañana vendrá la alegría.

El amor de Dios demanda una decisión. Si Dios nos librara sobrenaturalmente de cada batalla sin dolor ni sufrimiento, abortaría todos nuestros problemas y tentaciones; No habría libre albedrío ni pruebas como de fuego. Sería Dios imponiendo su voluntad sobre los hombres. El elige venir a nosotros en nuestra sequedad y mostrarnos cómo puede convertirse en el camino a una nueva vida de fe.

La voluntad de Dios muy a menudo es que suframos sequedad y aun dolor. “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador y hagan el bien” (1 Pedro 4:19).

¡Gracias a Dios, el sufrimiento siempre es el periodo corto antes de la victoria final! “Pero el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca”
(1 Pedro 5:10).

martes, 28 de diciembre de 2010

MANTENIENDO UNA VIDA DE ORACIÓN

Yo debo mantener una vida de oración para poder superar la sequedad espiritual. ¿Por qué no oramos como deberíamos de hacerlo? Sabemos que todas nuestras cargas pueden ser levantadas cuando nos encerramos con él. La voz del Espíritu Santo nos sigue llamando a la oración, “¡Ven!”

Venga al agua que satisface a la sed del alma. Venga al Padre, que se compadece de sus hijos. Venga al Señor de la vida, el cual promete perdonar cada pecado cometido. Venga a Aquél que rehúsa condenarlo o abandonarlo o esconderse de usted.

Podemos tratar de escondernos de Dios debido a culpa o condenación, pero él nunca se esconde de nosotros. Venga confiadamente a su trono de la gracia, aún cuando usted haya pecado y fallado. Él perdona al instante a aquellos que se arrepienten con una tristeza devota. Usted no tiene que pasar horas ni días en remordimiento y culpa, ni tiene que ganarse nuevamente su favor de vuelta. Vaya al Padre, doble sus rodillas, abra su corazón, y derrame su agonía y dolor. Cuéntele a él su soledad, su sentimiento de abandono, sus miedos y sus errores.

Tratamos de hacer cualquier cosa menos orar. Leemos libros, buscamos fórmulas y guías. Buscamos amigos, ministros, y consejeros, buscando en todos lados una palabra de aliento o de consejo. Buscamos mediadores y nos olvidamos de aquél Mediador que tiene la respuesta para todo.

Nada disipa la sequedad y el vacío tan rápidamente como una hora o dos de estar encerrados con Dios. Nada puede tomar el lugar de orar al Padre en ese lugar secreto y apartado. Esa es la solución para cada época seca.

“Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, ríos sobre la tierra seca. Mi espíritu derramaré sobre tu descendencia, y mi bendición sobre tus renuevos” (Isaías 44:3).

lunes, 27 de diciembre de 2010

PASANDO POR UN PERIÓDO SECO

Aunque yo predico a miles, hay veces en que me siento muy seco, lejos de la presencia tibia de Dios. Cuando estoy seco y vacío, no tengo grandes deseos de leer la Palabra y muy poco ánimo para orar. Yo sé que mi fe está intacta y que mi amor por Jesús es fuerte, y no tengo deseo de probar las cosas de este mundo. Pero hay veces que no puedo tocar a Dios por días, aún semanas.

¿Ha visto a otros Cristianos ser bendecidos mientras usted no siente nada? Ellos testifican de las respuestas de Dios a sus oraciones y derraman lágrimas de gozo. Parecen vivir en la cima de la montaña de experiencias felices mientras usted sólo sigue, amando a Jesús pero sin prenderle fuego al mundo.

Yo creo que todos los verdaderos creyentes experimentan etapas secas en diferentes tiempos de sus vidas Cristianas. Aún Jesús sintió la el abandono cuando clamó a gran voz, “Padre, ¿por qué me has abandonado?”

Sin el acercamiento a Dios, no puede haber paz. La sequedad sólo puede eliminada con el rocío de su gloria. La desesperación sólo puede ser disipada por la seguridad de que Dios está respondiendo. El fuego del Espíritu Santo debe de calentar la mente, cuerpo, y alma.

Hay tiempos cuando me siento inmerecido, como el peor de los pecadores, pero a pesar de todo eso, yo sé que él no está lejos. De alguna manera yo escucho una voz inigualable, una voz suave que me llama, “Ven, hijo mío. Yo sé todo lo que estás pasando. Todavía te amo y nunca te dejaré ni te abandonaré. Lo enfrentaremos juntos porque sigo siendo tu Padre y tú eres mi hijo.” Yo tengo una llama dentro de mí que no será apagada, y yo sé que él me sacará de cualquier época seca.

“Porque la porción de Jehová es su pueblo; Jacob, la heredad que le tocó. Lo halló en tierra de desierto, en yermo de horrible soledad; lo rodeó, lo instruyó, lo guardó como la niña de su ojo” (Deuteronomio 32:9-10).

He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz, ¿no la conoceréis? Otra vez abriré caminos en el desierto y ríos en la tierra estéril. Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos de avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en la tierra estéril, para que beba mi pueblo, mi escogido” (Isaías 43:19-20).

domingo, 26 de diciembre de 2010

¿SE HA SENTIDO COMO QUE QUIERE RENDIRSE ÚLTIMAMENTE?

Un número de ministros me han escrito para expresarme su preocupación de los muchos feligreses que simplemente se están rindiendo. “Cristianos buenos y honestos están tan agobiados con culpabilidad y condenación que causa desesperación. Cuando no pueden vivir de acuerdo a sus expectaciones, cuando caen de vuelta en pecado, ellos deciden rendirse…”

Un número creciente de Cristianos están al punto de quiebre. Unos cuantos Cristianos no se atreverían a entretener pensamientos de abandonar su amor por Jesús, pero en desesperación ellos consideran rendirse y ya no seguir tratando.

Algunos ministerios hoy día continuamente predican sólo un mensaje positivo. Según ellos, cada Cristiano está recibiendo milagros, cada uno está recibiendo respuestas instantáneas a sus oraciones; cada uno está sintiéndose bien, viviendo bien, y todo el mundo está resplandeciente y rosado. Me encanta escuchar esa clase de prédica porque yo realmente deseo todas esas cosas buenas y saludables para el pueblo de Dios. Pero las cosas no son así para un gran número de Cristianos muy honestos y sinceros.

Por eso nuestros jóvenes se rinden derrotados. No pueden vivir de acuerdo a la imagen, creada por la religión, de un Cristiano sin problemas, rico, exitoso, siempre pensando positivamente. Su mundo no es así de ideal; ellos viven con corazones rotos, crisis cada hora, y con problemas familiares.

Pablo habló sobre los problemas: “…tribulación que nos sobrevino…fuimos abrumados en gran manera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida” (ver 2 Corintios 1:8).

Pensamientos positivos no harán que estos problemas desaparezcan y “confesar” que estos problemas no existen realmente, no cambian nada. ¿Cuál es la cura? Hay dos absolutos que me han traído gran alivio y ayuda.

• Dios me ama. Él es un Padre amoroso que sólo quiere levantarnos de nuestras debilidades.
• Es mi fe lo que lo complace más. El quiere que yo confíe en él.

jueves, 23 de diciembre de 2010

USTED SOBREVIVIRÁ

Felicidad no significa vivir sin dolor o heridas – no es así. La verdadera felicidad es aprender a vivir un día a la vez, a pesar de la pena y del dolor. Es aprender a regocijarse en el Señor, sin importar lo que ha acontecido en el pasado.

Usted puede sentirse rechazado y abandonado. Su fe puede que esté débil y usted puede pensar que ya ha perdido la batalla. Tristeza, lágrimas, dolor y soledad pueden engullirlo a veces, pero Dios está todavía en el trono. ¡El todavía es Dios!

Convénzase a sí mismo que usted sobrevivirá. Usted saldrá de todo eso y, ya sea que viva o que muera, usted le pertenece al Señor. La vida continúa y usted se sorprenderá de todo lo que puede aguantar con la ayuda de Dios.

Usted no puede ayudarse a sí mismo ni parar el dolor. Pero nuestro Señor bendito vendrá a usted. Él pondrá sus amorosas manos debajo de usted y lo levantará para que nuevamente usted se siente en lugares celestiales. Él lo librará del miedo de morir y le revelará su amor eterno a usted.

¡Mire hacia arriba! Anímese en el Señor. Cuando la niebla lo envuelva y no pueda ver la salida para su problema, descanse en los brazos de Jesús y simplemente confíe en él. ¡Él tiene que hacerlo todo! Él quiere su fe y su confianza. Él quiere que usted clame audiblemente, “¡Jesús me ama! ¡Él está conmigo! ¡Él no me fallará! ¡Él lo está resolviendo todo, ahora mismo!

¡No seré abatido! ¡No seré derrotado! ¡No seré una víctima de Satanás! No perderé mi mente o mi dirección. ¡Dios está de mi lado! ¡Yo lo amo y él me ama!”

La clave de todo es la fe. Y la fe descansa en esta verdad absoluta: “Ninguna arma forjada contra ti prosperará…” (Isaías 54:17).

miércoles, 22 de diciembre de 2010

DIOS NO TE DEJARÁ QUEBRAR

Recuérdese que Dios sabe exactamente cuánto usted puede aguantar, y él no permitirá que usted llegue al punto de quebrarse.

Nuestro amado Padre dijo, “No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla” (1 Corintios 10:13).

La peor clase de blasfemia es pensar que Dios nos está hiriendo o haciéndonos doler, pensar que su Padre celestial es el que lo está disciplinando, que Dios piensa que usted necesita uno o dos corazones rotos para que usted esté listo para recibir sus bendiciones. ¡No es así!

Es verdad que el Señor castiga a los que ama, pero ese castigo es sólo por un tiempo y no es para herirnos. Dios no es el autor de confusión en su vida y tampoco lo es usted. El enemigo trata de herirnos a través de otros seres humanos, de la misma manera que él trató de herir a Job a través de una esposa incrédula.

Su Padre celestial lo cuida sin quitar sus ojos de usted. Cada movimiento suyo es monitoreado; cada lágrima es recogida. El siente cada dolor, y él conoce cuando usted ha sido expuesto a bastantes molestias del enemigo. El interviene y dice “¡Suficiente!” Cuando su dolor ya no lo hace acercarse a Dios, sino que comienza a reducir su vida espiritual, Dios interviene. El no permitirá que un hijo suyo que confía en él se hunda debido a mucho dolor y agonía del alma.

Dios lo levantará y lo sacará de la batalla por un tiempo, en el momento justo. El nunca permitirá que su dolor destruya su mente. El promete llegar a tiempo, para enjugar sus lágrimas y darle gozo en lugar de lágrimas. La Palabra de Dios dice, “Por la noche durará el lloro y a la mañana vendrá la alegría” (Salmo 30:5).

martes, 21 de diciembre de 2010

COMPROMETIDOS A SER BUSCADORES

“Volví mi rostro a Dios, El Señor, buscándolo en oración y ruego… Oré a Jehová mi Dios e hice confesión… Aún estaba hablando, orando y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel…” (Daniel 9:3, 4 y 20). ¡Estos eran hombres que oraban!

Vea usted, el primer compromiso que habían hecho – vivir una vida apartada – tenía que ser respaldado por un segundo compromiso, que es ser buscadores de Dios. Verdaderamente, es imposible vivir una vida santa sin pasar mucho tiempo de rodillas, buscando a Dios para tener el poder y la autoridad de vivir tal vida.

No se equivoque – orar fielmente no lo mantendrá fuera de la crisis. Por el contrario, tal vez lo llevará al horno de fuego y al foso de los leones. Pero la oración lo preparará para enfrentarlo todo con confianza – ¡para llegar a ser un sacrificio vivo por el bien de Jesús!

El orar llevó a Daniel al foso de los leones. Y esta prueba vino muchos años después de la prueba de los jóvenes Hebreos – ¡cuando Daniel estaba en sus ochenta años! Tal vez esto lo haga a usted temeroso, si usted se pregunta cuánto tiempo pasará hasta que usted deje de tener crisis. Tal vez usted pensaba que después de cierto número de años en el Señor, que usted ya habría aprendido todos sus “exámenes” importantes. Pero, aquí Dios está permitiendo que uno de guerreros de oración más grandes – un hombre con un espíritu quieto y tierno – ¡enfrente la crisis de su vida después de décadas de intercesión fiel!

Amado, las pruebas terminan sólo cuando Jesús retorna – ¡o cuando usted muere en Cristo! Es por esto que la oración es tan importante. Usted puede hacer un compromiso de vivir una vida sin contaminación – pero el compromiso es imposible de cumplir, sin tener un compromiso de buscar a Dios.

lunes, 20 de diciembre de 2010

SIN CONTAMINACIÓN EN MEDIO DE LA MALDAD

“Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de comida del rey ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligara a contaminarse” (Daniel 1:8).

La palabra contaminarse aquí sugiere “liberándose a través del repudio.” Daniel estaba diciendo en otras palabras, “¡Cualquier compromiso contra mis estándares me robará mi libertad!” Así que Daniel se propuso comer sólo legumbres y beber sólo agua por diez días. Cuando él le pidió esto al príncipe de los eunucos, él le respondió, “¡vas a costarme mi vida! Vas a lucir enfermo al final de los diez días. ¡Tus mejillas estarán sumidas y el rey seguro que lo notará! Toma – come sólo un poco de carne. Necesitas proteínas. Bebe el vino para robustecer tu sangre. ¡Come estos dulces para que te den energía!”

Yo creo que Daniel y los tres jóvenes Hebreos tenían mucho más en mente que tan sólo evitar cosas que no estaban limpias ceremonialmente. Ellos habían sido tomados cautivos junto con miles de su pueblo. Lo que vieron al llegar a Babilonia debió de haberlos asombrado en gran manera. Esta era una sociedad tan suelta, inmoral y llena de mal hablar, que la sensibilidad espiritual de estos cuatro jóvenes fue asaltada.

Así que los cuatro hicieron un compromiso. Se dijeron uno al otro, “No nos vamos a ceder. No vamos a adoptar estos estándares morales. ¡Seremos aparte, tendremos disciplina en nuestro caminar de fe!

Estos cuatro jóvenes no anduvieron predicando su estilo de vida a otros. Esto era un asunto estrictamente entre Dios y ellos.

Yo le pregunto a usted: Cuando usted está en una crisis, ¿clama usted, “Señor, dónde estás cuando te necesito?¿No estás comprometido a librarme?” Pero, y si el Señor le dijera a usted, “¿Dónde estás cuando yo necesito una voz? Yo necesito voces en estos tiempos viles, vasos puros a través de los cuales yo pueda hablar. Tú dices que quieres que venga a tu crisis – pero tú continúas siendo parte de del sistema mundial perverso. Dime, ¿estás comprometido a mis propósitos?”

domingo, 19 de diciembre de 2010

COMENZÓ CON ARREPENTIMIENTO

La iglesia como la conocemos hoy comenzó con arrepentimiento. Cuando Pedro predicó la cruz en Pentecostés, miles vinieron a Cristo. Esta nueva iglesia estaba hecha de un cuerpo, que consistía en todas las razas, llenas de amor los unos por los otros. Su vida corporativa estaba marcada por evangelismo, un espíritu de sacrificio, de mártires.

El maravilloso comienzo refleja las palabras de Dios a Jeremías: “Te planté de vid escogida, toda ella de buena simiente” (Jeremías 2:21). Pero las palabras que siguen del Señor describen lo que a menudo sucede con esos trabajos: “¿Cómo, pues, te me has vuelto sarmiento de vid extraña?” (2:21). Dios está diciendo, “Yo te planté bien. Tú eras mía, llevabas mi nombre y mi naturaleza. Pero ahora te has vuelto degenerada.”

¿Qué causó esta degeneración en la iglesia? Siempre ha sido, y continuará siendo la idolatría. Dios está hablando de idolatría cuando le dice a Jeremías, “Mi pueblo ha cambiado su gloria por lo que no aprovecha” (2:11).

La mayoría de las enseñanzas cristiana de hoy día identifican a un ídolo como cualquier cosa que se interpone entre el pueblo de Dios y él. Pero eso es una descripción parcial de lo que es idolatría.

Idolatría tiene que ver con un problema más profundo del corazón. El ídolo número uno entre el pueblo de Dios no es el adulterio, la pornografía o el alcohol. Es una lujuria mucho más poderosa. ¿Cuál es este ídolo? Es la ambición motivadora del suceso. Y también tiene una doctrina para justificarse.

La idolatría de ser un suceso describe a muchos en la casa de Dios hoy día. Estas personas son buenas, moralmente limpias, llenas de buenas obras. Pero han colocado un ídolo de ambición en sus corazones, y no se pueden apartar de él.

Dios ama bendecir a su pueblo. El quiere que sus hijos sean un suceso en todo lo que hacen honestamente. Pero ahora hay un espíritu galopante en la tierra que está apoderándose de multitudes – este es el espíritu del amor a ser reconocido y a adquirir cosas.

Un hombre mundano dijo recientemente, “Aquel que muere con la mayor cantidad de juguetes – gana.” Trágicamente, los Cristianos también están envueltos en este afán.

Qué tan lejos nos hemos desviado del evangelio de vivir a través de morir a nuestro yo, nuestro ego, y a la ambición mundana.

jueves, 16 de diciembre de 2010

CRISTO VINO CON UNA INVITACIÓN Y UNA ADVERTENCIA

Jesús se puso de pié en el templo e invitó a que cualquiera viniese a estar bajo sus alas misericordiosas de protección. El llamó a los ciegos, los enfermos, los leprosos, los pobres, los perdidos, a todos para que vengan a encontrar sanidad y perdón. Pero la multitud religiosa rechazó su oferta. Así que Cristo testificó de ellos, “¡No quisiste!” (Mateo 23:37).

Mientras yo leo esto, una pregunta se levanta: Aquí en el Nuevo Testamento, ¿deshecha Dios las viejas obras de igual manera que él lo hizo en el Antiguo Testamento? ¿Apartaría a aquellos que rechazan sus ofertas de gracia, misericordia y de despertar?

Sí, lo haría. Jesús respondió a aquellos que lo rechazaron diciendo, “He aquí vuestra casa os es dejada desierta” (Mateo 23:38). El les dijo, “Este templo es ahora vuestra casa, no la mía. Me estoy saliendo de ella. Y dejo lo que habéis desechado y abandonado.”

Y luego él añadió, “Por que os digo que desde ahora no me veréis hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor” (23:39). El estaba declarándoles a ellos, “Mi gloria ya no está en esta vieja obra.”

Piense en ello. La misericordia y gracia encarnada estuvo de pié diciendo, “Esta cosa vieja ya no es más mía.” Entonces Jesús fue hacia Pentecostés, hacia el comienzo de algo nuevo. El iba a levantar una iglesia nueva, no una réplica de la antigua. Y él la haría completamente nueva desde los cimientos hasta arriba. Sería una iglesia de nuevos sacerdotes y personas, todos nacidos de nuevo en él.

Déjeme preguntarle: Lo que usted ve sucediendo en la iglesia hoy día, ¿es representativo de lo que Cristo es?¿Es lo que estamos viendo verdaderamente la iglesia triunfante, la novia sin mancha de Cristo?¿Le revela la naturaleza de Dios a un mundo perdido?¿Es esto lo mejor que el Espíritu de Dios puede producir en estos últimos días?

¿Ha encontrado usted una iglesia donde Cristo está verdaderamente presente y la Palabra es fielmente predicada? Cuán agradecido debe estar usted. Tal vez usted está entre las multitudes que no pueden encontrar una iglesia que tenga vida. Yo escucho su clamor, “No puedo encontrar una iglesia que satisfaga mi hambre espiritual. Mucho entretenimiento – mucho ego – mucha sequedad.”

Anímese – Dios pronto sacudirá las cosas de maneras increíbles. En esa sacudida monumental, Dios levantará verdaderos pastores los cuales alimentarán a sus hambrientas ovejas.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

YA TE HE DADO UNA PALABRA

Estamos viviendo en un tiempo de la revelación más grande del evangelio en la historia. Hay más predicadores, más libros, y más medios de saturación del evangelio como nunca antes. Pero, nunca ha habido tanta aflicción, ni tantas mentes atribuladas entre el pueblo de Dios. Los pastores de hoy día diseñan sus sermones sólo para levantar a las personas y ayudarlas a manejar su desesperación.

No hay nada malo en hacer esto. Yo predico esas verdades también. Pero yo creo que hay sólo una razón por la cual vemos tan poca victoria y liberación: es la incredulidad. El hecho es que Dios ha hablado con gran claridad en estos últimos días. Y esto es lo que él ha dicho: “Ya te he dado una Palabra. Ya está hecha y está completa. Ahora posiciónate en ella.”

Que nadie le diga que estamos experimentando una hambruna de la Palabra de Dios. La verdad es que estamos experimentando una hambruna de escuchar la Palabra de Dios y obedecerla. ¿Por qué? Porque la fe es tan irracional, pero la fe nunca viene a nosotros por medio de la lógica o la razón. Pablo lo declara plenamente, “La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Esta es la única manera que la fe verdadera se levanta en el corazón de cualquier creyente. Viene por el oír – es creyendo, confiando y actuando – la Palabra de Dios.

“Los ojos del Señor están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos… Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias… Muchas son las aflicciones del justo… Jehová redime el alma de sus siervos, y no serán condenados cuantos en él confían” (Salmo 34:15, 17, 19, 22).

En tan sólo estos pocos versos de los Salmos, se nos da lo suficiente de la Palabra de Dios como para quitar toda incredulidad. Yo le animo ahora: escúchela, confíe en ella, obedézcala. Y finalmente, descanse en ella.

martes, 14 de diciembre de 2010

¿POR QUÉ ESTÁ ABATIDA MI ALMA?

Una y otra vez el Salmista pregunta, “¿Por qué está abatida mi alma? Me siento inútil, desamparado. Hay una inquietud dentro de mí. ¿Por qué Señor? ¿Por qué me siento tan desamparado en mi aflicción?” (ver Salmo 42:11 y Salmo 43:5). Estas preguntas hablan por multitudes que han amado y servido a Dios.

Tomemos a Elías por ejemplo. Lo vemos debajo de un enebro, rogándole a Dios que lo mate. El está tan abatido, que está a punto de querer que su vida se acabe. También vemos a al justo de Jeremías abatido y en desesperación. El profeta clama, “Señor, me has engañado. Me dijiste que profetizara todas estas cosas pero ninguna de ellas se ha hecho realidad. No he hecho otra cosa que buscarte toda mi vida. ¿Y así es como me pagas? Ahora nunca más mencionaré tu nombre.”

Cada uno de estos siervos está bajo un ataque temporal de incredulidad. Pero el Señor entendió sus condiciones durante esos tiempos de confusión y dudas. Y después de un periodo, él les indicó cómo salir de eso. En medio de sus aflicciones el Espíritu Santo encendió la luz para ellos.

Considere el testimonio de Jeremías: “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí. Tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (Jeremías 15:16). “Llegó a él [Elías] palabra de Jehová” (1 Reyes 19:9). En cierto punto, cada uno de estos siervos recordó la Palabra de Dios. Y se convirtió en alegría y gozo de sus vidas, sacándolos del pozo.

La verdad es que, todo el tiempo que estas personas estaban en apuros, el Señor estaba sentado, esperando. El escuchó sus clamores, sus angustias. Y después de pasar cierto tiempo, él les dijo, “Ya has tenido tu tiempo de penas y de dudas. Ahora yo quiero que confíes en mí. ¿Volverás a mi Palabra? ¿Abrazarás mi promesa? Si lo haces, mi Palabra te sacará adelante.”

lunes, 13 de diciembre de 2010

MI PROMESA ES TODO LO QUE NECESITAS

Fe es muy demandante. Ella demanda que una vez que escuchamos la Palabra de Dios, debemos de obedecer sin ninguna otra evidencia que nos dirija. No importa cuán grande nuestros obstáculos o cuán imposible nuestras circunstancias sean. Debemos de creer su Palabra y actuar de acuerdo a ella, sin ningún otro comprobante. Dios dice, “Mi promesa es todo lo que necesitas.”

Al igual que cada generación anterior a la nuestra, nos preguntamos, “Señor, ¿porqué estoy enfrentando esta prueba? Va más allá de mi entendimiento. Tú has permitido en mi vida tantas cosas que no tienen sentido. ¿Porqué no hay una explicación de lo que estoy pasando? ¿Porqué está mi alma tan atribulada, tan llena de grandes pruebas?”

Escúcheme nuevamente: Las demandas de la fe son totalmente irracionales a la humanidad. Así que, ¿cómo contesta el Señor nuestro clamor? El envía su Palabra, recordándonos sus promesas. Y él dice, “Simplemente obedéceme. Confía en mi Palabra para ti.” El no acepta excusas, ni dudas, no importa cuán imposible nuestras circunstancias sean.

Por favor no me entienda mal. Nuestro Dios es un Padre amoroso. Y él no permite que sus hijos sufran indiscriminadamente, y sin ninguna razón. Sabemos que él tiene a su disposición todo el poder y la voluntad de hacer que cada problema y cada sufrimiento se vaya. El tan solo dice una palabra, y nos libra de cada prueba y lucha.

Pero, el hecho es que Dios no nos va a mostrar cómo o cuándo él cumplirá con sus promesas a nosotros. ¿Por qué? El no nos debe una explicación, cuando ya él nos ha dado la respuesta. En su Hijo Jesucristo, él nos ha dado todas las cosas que necesitamos para la vida y la piedad. El es todo lo que necesitamos para cada situación de la vida. Y Dios se mantendrá en la Palabra que él nos ha revelado: “Tú tienes mi Palabra a tu alcance. Mis promesas que he dado son sí y amén para todos los que creen. Así que descansa en mi Palabra. Créela y obedécela.”

domingo, 12 de diciembre de 2010

LA IRRACIONALIDAD DE LA FE

Cuando Dios le dice a la humanidad, “Creed”, él esta pidiendo algo que es completamente fuera de la razón. La fe es totalmente ilógica. La propia definición de la fe tiene que ver con algo irrazonable. Piense en esto: Hebreos dice que la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Se nos está diciendo en resumen, “No hay un fundamento tangible, no hay evidencia visible”. Y se nos pide que creamos.

Estoy tocando este tema por una razón importante. Ahora mismo, alrededor de todo el mundo, multitudes de creyentes están abatidos y descorazonados. El hecho es que, todos nosotros enfrentaremos situaciones que nos descorazonan en esta vida. Pero yo creo que si entendemos la naturaleza de la fe – su naturaleza ilógica e irrazonable – encontraremos la ayuda que necesitamos para salir adelante.

Considere la fe que se le demandó a Noé. El vivió en una generación que se había descontrolado. La condición humana se había vuelto tan mala que Dios ya no podía soportarla. Finalmente, El dijo, “¡Suficiente! El hombre se está destruyendo a sí mismo - esto debe terminar” (ver Génesis 6).

Imagínese la consternación de Noé al tratar de captar lo siguiente. Dios iba a enviar un cataclismo, un evento que destruiría toda la tierra. Y todo lo que se le dijo a Noé fueron unas breves palabras que vinieron del cielo. El simplemente tenía que aceptarlo por fe, sin recibir ninguna otra dirección por 120 años.

Piense en lo que la fe estaba demandando de Noé. Se le había dado la tarea monumental de construir un arca enorme, mientras continuaba viviendo en un mundo peligroso. El tenía que continuar creyendo mientras el mundo entero danzaba, festejaba y se desenfrenaban en sensualidad alrededor de él. Pero Noé hizo conforme a lo que Dios había dicho. Por más de un siglo, él continuó confiando la palabra que se le fue dada. Y por su obediencia, dicen las Escrituras, Noé “fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe” (Hebreos 11:7).

En Génesis 12:1-4, Dios le dijo a Abraham, “Levántate, vete de tu tierra”. Seguramente Abraham preguntó, “¿Pero adónde Señor?” Y Dios debió de haber contestado simplemente, “No te lo estoy diciendo. Sólo camina.”

Esto no era lógico. Esto era una demanda totalmente irracional para cualquier persona inteligente. Yo quiero ilustrar esto preguntándole lo siguiente a cada esposa Cristiana: Imagínese que su esposo llega a la casa un día y dice, “Cariño, empaca todo por que nos vamos.” Por supuesto que usted querrá saber porqué, o a dónde, o cómo. Pero la única respuesta que le da su marido es, “No lo sé. Sólo sé que Dios dijo ‘ve’.” No hay razonamiento ni sentido a esta clase de demanda. Simplemente no es lógico.

Pero esta fue precisamente la dirección ilógica que Abraham siguió. “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba” (Hebreos 11:8). Lo único que él sabía era la palabra breve que Dios le había dado: “Ve Abraham, y yo estaré contigo. Ningún daño te acontecerá.” La fe demandaba que Abraham actuase solamente en esta promesa.

Una noche llena de estrellas, Dios le dijo a Abraham, “Mira hacia el cielo. ¿Ves las innumerables estrellas? Cuéntalas si puedes. Tal es la cantidad de descendientes que tú vas a tener” (ver Génesis 15:5). Abraham tal vez quedó azorado al escuchar esto. El ya estaba viejo al igual que su esposa Sarah. Ellos ya habían dejado muy atrás la edad de poder tener un hijo. Y aquí se le da una promesa, que él llegaría a ser el padre de muchas naciones. Y la única evidencia que él tenía era una palabra del cielo: “Yo soy Jehová” (Génesis 15:7).

Pero Abraham obedeció. Y la Biblia dice lo mismo de él que lo que dice de Noé: “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Génesis 15:6). Una vez más, vemos una escena ilógica. Y la fe de un hombre resulta en justicia.

Lo que Dios le pide a usted puede parecer irracional. El pide que confiemos en él cuando no nos da ninguna evidencia de contestar nuestra oración, y vemos que la situación es desesperante y estamos seguros de que todo está perdido. “Confía en mí” – dice el Señor. ¿Ilógico? Sí. Pero por siglos el Señor ha comprobado que él siempre llega a tiempo y nunca permite que Satanás tenga la última palabra. Dios siempre llega – en el tiempo perfecto del Espíritu Santo.

jueves, 9 de diciembre de 2010

UN FLUJO QUE VA EN AUMENTO

En el capítulo 47 de Ezequiel, se le estaba mostrando al profeta lo siguiente: En los últimos días, la iglesia de Jesucristo será más gloriosa, más victoriosa, que en cualquier otra época de su historia. El verdadero cuerpo del Señor no se va a debilitar ni va a fallar. No va a menguar en número, o disminuir en poder o autoridad espiritual. No, su iglesia se irá en un resplandor de poder y gloria. Y disfrutará de la revelación más plena de Jesús que nadie antes pudo haber conocido.

Ezequiel escribe, “Y los peces, según su especie, serán tan abundantes como los peces del Mar Grande” (Ezequiel 47:10). Esta viniendo un cuerpo de creyentes que nadarán en las aguas ascendientes de la presencia del Señor.

Eso es lo que Dios nos está mostrando en la visión de Ezequiel de las aguas que aumentan (ver Ezequiel 47:3-4).

Ezequiel está hablando aquí de un aumento del Espíritu Santo. En los últimos días, habrá un aumento de la presencia de Dios entre su pueblo.

El único manantial y fundamento de este río es la cruz. Vemos una imagen literal de esto en el siguiente verso; “Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua” (Juan 19:34).

El nivel de agua que va creciendo en el río es la imagen de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo fue dado a los discípulos. Junto con este don del Espíritu, a los seguidores de Cristo se les dio la promesa de que él sería un río de vida que brotaría desde dentro de ellos. Y ese río fluiría hacia todo el mundo (ver Juan 7:38-39).

El río de vida llegará a su máxima altura justo antes del retorno del Señor. Esto fue dicho en la visión dada a Ezequiel. Dios lo llevó al profeta en un viaje fabuloso. Llevando un cordel de medir, el Señor midió 1.000 codos lo cual mide más o menos medio kilómetro. A esa distancia, el Señor y Ezequiel comenzaron a caminar en el agua que en ese punto llegaba de altura hasta los tobillos.

Ezequiel testifica, “me hizo pasar por las aguas” (Ezequiel 47:3). Y el Señor siguió animando al profeta a seguir hacia delante, a entrar más profundamente y más lejos en el agua. Después de otros 1.000 codos, el agua les llegó hasta las rodillas. Y seguía subiendo el nivel.

¿Ve usted lo que está sucediendo aquí? Ezequiel estaba caminando hacia el futuro, hasta llegar a nuestro tiempo. Los Cristianos hoy día viven en los últimos 1.000 codos del río en esta visión. Estamos en la última medida del agua. Y Ezequiel dice que cuando él puso su pié en el borde de esta medida, el agua estaba muy profunda para él, muy arrolladora. “Y era ya un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado” (47:5).

Yo sólo puedo imaginar el asombro de este hombre cuando el Señor le pregunta, “Ezequiel, ¿qué es este mar que ha crecido? Si este río representa la vida y el poder de la resurrección, ¿quiénes serán aquellos tan bendecidos de nadar en tal gloria?” El sólo podía imaginarse lo que nosotros ahora disfrutamos.

Tal vez usted ha disfrutado abundantemente de la presencia de Jesús. Puede ser que usted esté exuberante por la revelación que tiene de Cristo ahora. Pero, le digo, usted no ha visto nada en comparación al incremento que está viniendo para los justos. Cristo va a abrir nuestros ojos y aparecerá maravillosamente entre nosotros. El se revelará a nosotros, derramando en nosotros la cantidad de su vida que nosotros podamos soportar sin estar todavía en nuestros cuerpos glorificados.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

CUANDO VIENE LA CERNIDA

“Dijo también el Señor: Simón, Simón, Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo” (Lucas 22:31).

Usted debe entender que Satanás busca cernir sólo a aquellos que amenazan a su trabajo. El va en contra del árbol que tiene el potencial de producir más fruto. Pero ¿por qué deseaba el diablo cernir a Pedro? ¿Por qué estaba tan ansioso de probarlo? Bueno, por tres años Pedro había estado echando fuera demonios y sanando enfermos. ¡Satanás había escuchado a Jesús prometer a sus discípulos otro bautismo, un bautismo con el Espíritu Santo y fuego – y lo hizo temblar! Ahora, Satanás escuchó el último plan de Dios para Pedro. El se dio cuenta que los últimos tres años serían nada comparados con las grandes obras que Pedro y los otros discípulos harían. Habiendo ya agarrado a Judas, él tendría que buscar algo corrupto en Pedro para construir sobre eso y hacer que la fe de Pedro falle.

Tal vez al igual que Pedro, usted está en el cernidor ahora mismo, y está siendo sacudido y cernido. Pero usted se pregunta, ¿por qué yo? Y ¿por qué ahora? Primeramente, ¡usted debe de gozarse de que usted tiene tanta reputación en el infierno! Satanás nunca hubiera pedido permiso a Dios para cernirlo a no ser que usted haya cruzado la línea de obediencia. ¿Por qué otra razón, él usaría sus esfuerzos de molestarlo y de atacarlo, infundiéndole miedo y sacudiendo todo lo que usted tiene? El lo está cerniendo por que usted juega un rol importante en la iglesia en estos últimos días. Dios está haciendo una cosa nueva en esta última generación, y usted ha sido elegido para ser un testigo poderoso para muchos. El lo ha liberado, y lo está preparando para sus propósitos eternos. Y mientras más grandes sean sus dones, más potencial tiene usted, y mientras más grande sea su entrega a la voluntad de Dios – más severa será su cernida.

Cuando alguien está pasando por el fuego de la cernida, ¿qué deberán de hacer aquellos alrededor de él? ¿Qué hizo Jesús acerca de la caída inminente de Pedro? El le dijo, “Yo he rogado por ti, para que tu fe no falte” (Lucas 22:32).

Yo miro a este maravilloso ejemplo del amor de Cristo y me doy cuenta que no sé nada sobre cómo amar a aquellos que caen. Estamos seguros que Jesús es ese “amigo que es más cercano que un hermano” (Proverbios 18:24). El vio lo bueno y lo malo en Pedro y concluyó, “Vale la pena salvar a este hombre. Satanás lo desea, pero yo lo deseo más”. Pedro verdaderamente amaba al Señor y Jesús le dijo, “He orado por ti”. Jesús había visto hacía mucho tiempo que esto vendría. Probablemente, él habría pasado muchas oras delante del Padre hablando sobre Pedro – cuánto lo amaba, cuán necesario era Pedro en el reino de Dios, y cuánto lo valoraba como amigo.

Señor, ¡danos a todos esa clase de amor! Cuando veamos a hermanos y a hermanas cediendo o yendo hacia los problemas y desastres, permítenos amarlos lo suficiente para prevenirlos tan firmemente como Jesús previno a Pedro. Entonces podremos decir, “Estoy orando por ti”.

Hoy día tenemos otro “Escrito está” con lo que podemos batallar contra Satanás. Es este: “He orado por ti, para que tu fe no falte.” Usted puede decirle al diablo, “Tal vez tú has conseguido el permiso para cernirme, para tratar de derribar ni fe. Pero tú necesitas saber esto: ¡Mi Jesús está orando por mi!”

martes, 7 de diciembre de 2010

CRUZANDO LA LÍNEA

Cuando Jesús caminó sobre la tierra, él conoció muy bien el poder feroz de Satanás, cuando viene con cada arma del infierno para zarandear a los hijos del Señor. Yo no creo que pueda haber alguno de nosotros que pueda comprender el gran conflicto enfurecido que sucede en el mundo espiritual. Ni podemos entender cuán determinado está Satanás en destruir a todos los creyentes que han decidido fijar sus corazones hambrientos en ir hasta el final con Cristo. Pero es verdad que en nuestro caminar Cristiano , cruzamos la línea – la línea de la obediencia – que enciende las alarmas del infierno. Y el momento en que cruzamos esa línea hacia una vida de obediencia a la Palabra de Dios y dependencia sólo en Jesús, nos convertimos en una amenaza para el reino de las tinieblas y un blanco de los principados y poderes demoniacos. El testimonio de cada creyente que se entrega al Señor con todo su corazón incluye el repentino ataque de problemas y pruebas extrañas e intensas.

Si usted ha cruzado la línea de la obediencia, entonces usted está haciendo olas en el mundo invisible. En Lucas 22:28-34 Jesús introduce el tema de las cernidas de los santos.

“¡Simón, Simón!...Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo” (verso 31). En los días de Cristo, los agricultores de trigo usaban la cernida antes de embolsar el grano. Con una pala llenaban una caja cuadrada cubierta con una malla, y volcaban la caja y la sacudían violentamente. La basura y la suciedad salían a través de la malla hasta que sólo los granos quedaban. En este verso, zarandear significa “ser sacudido y separado” – ser sacudido a través de la agitación de problemas súbitos. Jesús usó esta analogía para decirle a Pedro: “¡Satanás cree que tú sólo eres basura y suciedad, y que cuando él te ponga en el cernidor y te sacuda, caerás al suelo!”

Hay pruebas y problemas, y también hay cernidas. Yo veo las cernidas como un gran ataque satánico que quiere destruirlo todo. Generalmente se comprime en un periodo corto de tiempo pero intenso. Para Pedro, la cernida duraría unos cuantos días, pero esos días serían los días más horribles, más probados, y más arrepentidos de su vida. Ese tiempo de cernida sacudió y quitó el orgullo que había derribado a Pedro. La sacudida quitó de su alma estorbos que pudieron haber destruido su testimonio para siempre.

Gracias a Dios, la fe de Pedro no falló, y tan seguramente como Jesús oró para que su “fe no falte”, así él ora por nosotros de la misma manera.

lunes, 6 de diciembre de 2010

LA HORA DE AISLAMIENTO

Yo sé lo que es enfrentar el silencio divino, sin escuchar la voz de Dios por una época. He caminado a través de periodos de confusión total sin ninguna guía aparente, con aquella pequeña voz detrás de mí en completo silencio. Han habido tiempos cuando no he tenido amigos cerca para traer satisfacción a mi corazón con una palabra de consejo. Todas mis pautas de orientación anteriores se han torcido y me he encontrado en tinieblas completas. No podía ver mi camino y he cometido errores tras errores. Yo quería decir, “Oh Dios, ¿qué ha sucedido? ¡No sé por donde ir!”

¿Realmente Dios esconde su rostro de aquellos a los que ama? ¿No es posible que él levante su mano por un corto tiempo para enseñarnos confianza y dependencia? La Biblia responde claramente: “Dios lo dejó [a Ezequías], para probarle y conocer todo lo que estaba en su corazón” (2 Crónicas 32:31).

Usted tal vez está pasando por un aluvión de pruebas ahora mismo. Usted sabe a lo que me refiero cuando digo que los cielos parecen de bronce. Usted sabe lo que es fallar repetidamente. Usted ha esperado y esperado respuestas a su oración. Le han servido una taza de aflicción. ¡Nada y nadie puede arreglar esa necesidad en su corazón!

¡Ese es el momento en que usted debe de decidirse! Usted no tiene que reírse o gozarse, por que usted tal vez no tenga felicidad en ese momento. Es más, puede que sólo haya tumulto en su alma. Pero usted puede saber que Dios está todavía en usted, por que las escrituras dicen, “Jehová preside en el diluvio y se sienta Jehová como rey para siempre” (Salmo 29:10).

Pronto usted oirá la voz de Dios: “No te aflijas, no entres en pánico. Sólo mantén tus ojos en mí. Encomiéndame todas las cosas.” Y usted conocerá que usted continúa siendo el objeto del increíble amor de Dios.

domingo, 5 de diciembre de 2010

¡CONSIGA EL PODER DE DIOS – Y ENTONCES VAYA!

Tan pronto como los discípulos escucharon acerca de recibir el bautismo de poder, ellos preguntaron, “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo”? (Hechos 1:6). Jesús les respondió “No os toca a vosotros saber los tiempos o las ocasiones que el Padre puso en su sola potestad” (vs. 7).

Deténgase y piense en lo que esa pregunta implicaba: “Señor, ¿nos estás diciendo que comenzando en ese aposento, con sólo nosotros, tú restaurarás el reino de Israel? ¿Somos nosotros los que derrocarán a Herodes y a Roma? ¿Somos nosotros los que limpiarán la tierra, y prepararán tu reino para tu retorno?”

Sabemos que Jesús tenía que lidiar contra la lujuria de liderazgo y de autoridad en algunos de los discípulos. Pero yo noto algo en estas sus preguntas que va más allá de una sed de posición y de poder. ¡Se trata de la necesidad humana de estar involucrado en algún destino final grandioso! ¡Era la necesidad de ser alguien especial – de ser las personas indicadas en el tiempo indicado!

En sus corazones los discípulos parecían estar diciendo, “Señor, ¿cuál es nuestro lugar en tu plan profético? Sería un gran incentivo saber que estamos al final de una dispensación y que un nuevo día está por nacer. Cuán emocionados estaríamos si tú nos hicieras conocer que estamos viviendo y ministrando en un día de destino – ¡que tú nos estás usando para lograrlo!

Amados santos, esta misma necesidad de ser personas de destino está en nosotros en cierto grado. Pero la respuesta de Jesús a esto fue contundente: “No os toca a vosotros saber los tiempos.” Jesús no está buscando a hombres y mujeres de destino. ¡Él sólo quiere testigos de él! Él está diciéndoles, “El tema importante no es la ‘hora profética’ o algún destino que se os ha designado. ¡Yo debo tener testigos para esta generación presente!”

¡Esto me toca a mí profundamente! Como muchos otros hoy en día, quiero saber dónde estamos en este minuto del reloj profético de Dios. ¿Estamos por entrar en la gran tribulación? ¿Está juntando Dios al último remanente de creyentes?

Entonces escucho a Jesús decir, “No os toca a vosotros saber. Llénense con el Espíritu Santo. ¡Esperen en Dios, reciban su poder – y entonces vayan a testificar!” Nos toca vivir en un estado vigilante, esperando en expectativa con nuestras lámparas llenas y ardiendo. Nos toca anhelar y buscar que él regrese. Sí, debemos predicar acerca de su retorno y advertir acerca de sus juicios, ¡pero primero y sobre todo, nos toca ser sus testigos!

jueves, 2 de diciembre de 2010

DIOS USA A LAS PERSONAS PARA PROCLAMAR SU PALABRA

Yo creo que a la mayoría de los Cristianos les gustaría escapar a algún lugar seguro, tranquilo en las montañas para no mancharse con toda la iniquidad que los rodea. Muchos en desesperación dicen, “¿Qué puede un Cristiano hacer contra tanta degradación moral? ¿Qué puede hacer una iglesia en una ciudad tan inmensa, tan salvaje y malvada? Tengo bastante con mantenerme junto a Jesús para no ser arrastrado por el torrente.”

Otros piensan, “En realidad, ¿podrá hacer algo – un Cristiano insignificante como yo? No tengo dinero, ni entrenamiento, ni influencia – ¡sólo un gran amor por Jesús!

Nosotros generalmente esperamos que Dios se mueva en una de dos maneras: Mandando un derramamiento sobrenatural de su Espíritu Santo para arrastrar multitudes a su reino, o mandando juicio para poner a las personas de rodillas.

Pero, amados, ese no es el método de Dios para cambiar las cosas en el día malo. Su manera de reedificar las ruinas siempre ha sido usando hombres y mujeres ordinarios a los cuales él ha tocado. ¡Y él hace esto llenándolos con su Espíritu Santo y enviándolos hacia la guerra con gran fe y poder!

Dios está levantando un ministerio santo que consiste en hombres totalmente entregados a la Palabra y a la oración. Ellos no lo usan para enseñorear sobre nadie. ¡Ellos son hombres y mujeres con los corazones motivados, sin ningún plan en mente sino buscar, escuchar y obedecer a Dios!

Y también, Dios lo llama a usted a un servicio inmediato. ¡Él necesita al hombre común, al laico! Él usa personas a las cuales el sumo sacerdote llamaría “hombres sin letras y del vulgo” (Hechos 4:13).

La Biblia también dice que en el Aposento Alto en Pentecostés, “todos fueron llenos del Espíritu Santo” (Hechos 2:4). ¡Todos llegaron a ser poderosos en la batalla y todos fueron testigos audaces y fuertes! Estos creyentes llenos del Espíritu no incluían sólo a Pedro, Santiago, Juan y a los demás discípulos bien conocidos, ¡sino también a las viudas, los jóvenes, los sirvientes y sirvientas!

Sabemos que Esteban estaba lleno del Espíritu Santo – “lleno de gracia y de poder” (Hechos 6:8). Él no era ni apóstol ni un ministro ordenado. De hecho, él fue elegido para servir mesas en la iglesia para que los discípulos pudiesen dedicarse a la oración y a ministrar la Palabra.

¡Esteban era un hombre ordinario lleno del Espíritu de Dios! Usted puede ser testigo de Dios para su ciudad. Él usa hombres comunes que se apartan a solas con él, con sus corazones ansiosos, que lo buscan en oración – y luego van como Esteban, ¡llenos de la fe y el poder del Espíritu Santo!

miércoles, 1 de diciembre de 2010

ESPOSADO A JESÚS

Pablo a menudo se refiere a sí mismo como “prisionero de Cristo Jesús” (Efesios 3:1). En Efesios 4:1 él dice que ser un prisionero del Señor ¡es actualmente su vocación, su llamado! El consideró esto como un regalo de gracia para él (Efesios 4:7).

Pablo escribió a Timoteo: “Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo” (2 Timoteo 1:8) Aún en sus años de vejez el apóstol se regocijó en haber sido apresado por el Señor y haber ser cautivo de su voluntad: “siendo yo, Pablo, ya anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo” (Filemón 9).

Pablo podría decirle a usted el momento preciso en que el Señor lo esposó y lo tomó cautivo. Él estaba en el camino a Damasco, con cartas en su mano del sumo sacerdote, decidido y determinado a traer de vuelta a los Cristianos a Jerusalén. Él estaba “respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor” (Hechos 9:1) – lleno de odio, amargura e ira en su equivocado celo por Dios.

Mientras se acercaba a la ciudad de Damasco, “repentinamente lo rodeó un resplandor de luz del cielo” (Hechos 9:3). Él fue cegado por completo por aquella luz – ¡la cual era Cristo!
Pablo testificó una y otra vez cómo él fue llevado de la mano a Damasco, un prisionero indefenso. Él pasó tres días en una habitación aislada sin poder ver y sin comer nada. ¡Él había sido tomado cautivo totalmente – en espíritu, alma y cuerpo!

¿Qué sucedió en aquella habitación por tres días? ¡El Señor estaba esposando a Saulo y convirtiéndolo en Pablo, el prisionero de Jesucristo!

En esta vívida escena, Pablo abandona su independencia y se somete al yugo de Cristo. ¡Él extendió sus manos hacia Jesús, para ser esposado de por vida! Usted puede casi escuchar su oración agonizante: “Oh Señor, ¡yo creía que estaba haciendo tu voluntad! ¿Cómo pude ser tan ciego? He estado yendo por mi camino, haciendo lo que creía que era correcto. ¡No puedo ni confiar en mis pensamientos!”

Mi oración es, “Aquí estoy Jesús, toma mis manos y ponme las esposas. Tómame prisionero a tu voluntad y guíame donde tú quieres que yo vaya. ¡Mantenme esposado a tu poderoso brazo derecho!”

martes, 30 de noviembre de 2010

ÉL RESTITUIRÁ SUS AÑOS DESPERDICIADOS

“Yo os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros” (Joel 2:25).

¿Cuántos años usted desperdició antes de arrepentirse y rendirle todo a Jesús? ¿Cuántos años se comió el gusano del pecado y la rebelión?

Usted sabe que ha sido perdonado y su pecado pasado ha sido olvidado porque está bajo la sangre de Jesús, pero ¿no le encantaría tener de vuelta esos años y vivirlos para la gloria del Señor?

“¡Yo podría haber estado mucho más profundamente en Cristo! ¡Yo podría haberle dado tanta alegría a su corazón! Podría no haber causado tanta pena y sufrimiento a mi familia. ¡Cuán ciego estaba: cuán dominado por el diablo! Cuán cerca estuve de perder mi alma y mi cordura. Nunca podré recuperar esos años desperdiciados.” ¿Cuántas veces se ha preguntado esto?

En sus días finales Pablo miró a su vida y testificó, “He peleado la buena batalla, he guardado la fe. Ahora una corona de justicia me está reservada” (ver 2 Timoteo 4:7-8).

Pablo dice, “Olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14). En otras palabras, “¡Olvida tu pasado y continúa en Jesús!”

¡La manera favorita de Satanás de molestarlo es asustándolo al hacerle recuerdo de su pasado, sacándole los esqueletos que usted ya había guardado! Él tratará de persuadirlo a usted que una adicción o una lujuria antigua se levantará en su corazón y lo llevará de vuelta a su antigua vida. O usted podría sucumbir al orgullo, pensando que nunca podrá fallar – ¡pero entonces por cierto usted será un blanco para el enemigo!

Puede que usted sienta las punzadas del remordimiento toda su vida. Y sí, los recuerdos lo mantendrán humilde. Pero a los ojos de Dios, su pasado es un tema muerto. En lo que concierne a la condenación y la culpa, Dios dice, “Olvida el pasado. ¡Continúa hacia adelante, hacia lo que te he prometido!”

Vemos un cuadro de restauración en el Nuevo Testamento, cuando Jesús sanó al hombre que tenía la mano seca. “Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Él la extendió y le fue restaurada sana como la otra” (Mateo 12:13). Vea usted, cuando Jesús lo restaura, él también sana las heridas.

Amados, tome esas heridas antiguas – las preocupaciones, los lamentos de los años desperdiciados – y deje que Dios le restaure a usted los mismos años que le fueron quitados. ¡Entonces prosiga hacia el premio del supremo llamamiento en él!

lunes, 29 de noviembre de 2010

SÓLO PARA LA FAMILIA

“Entonces José se apresuró, porque se conmovieron sus entrañas a causa de su hermano, y buscó dónde llorar; entró a su habitación y lloró allí” (Génesis 43:30).

Este es un cuadro del corazón de nuestro Salvador – aún hacia el pecador. Los hermanos de José estaban en su casa, comiendo y bebiendo en su presencia. Pero “Sirvieron para él aparte, y separadamente para ellos” (Génesis 43:32). No nos atrevamos a pasar por alto el significado de esta afirmación. Estos hombres estaban regocijándose en la presencia de José sin estar completamente restaurados, sin conocerlo realmente, sin la revelación del amor y de la gracia.

Podemos ser personas de alabanza que comen y beben en la presencia del Señor pero que no han recibido una revelación de su infinito amor. El sentimiento de no ser amado todavía permanece en los corazones. Este es el caso de los Cristianos que van a la casa de Dios a cantar, a adorar, y alaban y luego retornan a sus hogares, a la misma mentira de siempre: “Dios no me muestra ninguna evidencia de que me ama. Mis oraciones no son respondidas. Él no me quiere como quiere a otros Cristianos.”

Había un paso final que los hermanos de José debían tomar antes de que se les pudiera dar una plena revelación del amor. Tal revelación es dada a aquellos que están con el corazón contrito, quebrantado. “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:17). Los hermanos de José todavía no tenían el corazón quebrantado (ver Génesis 43:34).

Estos hombres habían reconocido su pecado, pero necesitaban ser completamente quebrantados, llegar totalmente al final de su amargura y recursos humanos, antes de que José pudiese revelarles su amor a ellos. Así que José los hizo pasar por la última prueba. Él ordenó a su mayordomo poner su copa personal de plata en el costal de Benjamín, el menor de los hermanos, antes de que ellos retornaran a Canaán. Los hermanos apenas habían salido de la ciudad, cuando fueron alcanzados por los hombres de José y acusados de haber robado la copa. Ellos estaban tan seguros de su inocencia que dijeron, “Aquel de tus siervos a quien se le encuentre la copa, que muera, y aun nosotros seremos siervos [esclavos] de mi señor” (Génesis 44:9).

Ahora escuchen el cambio en sus actitudes: “Dios ha hallado la maldad de tus siervos. Nosotros somos siervos de mi señor” (Génesis 44:16). Ya no había más lucha dentro de ellos. Ni orgullo. Estaban humillados, quebrantados – finalmente habían clamado desde lo profundo de sus corazones, “¡Ya no luchamos! ¡Nos rendimos!”

Entonces vino la revelación del gran amor de Dios. “No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban a su lado, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Así no quedó nadie con él cuando José se dio a conocer a sus hermanos” (Génesis 45:1).

El mundo no conoce nada de esta revelación de amor. Ahora los hermanos tenían el sentimiento de estar en familia – del amor sin condiciones y de aceptación. Las Escrituras nos dicen que José “se echó a llorar a gritos; lo oyeron los egipcios, y lo oyó también la casa del faraón” (Génesis 45:2). El mundo puede escuchar acerca del amor de Dios pero sólo la familia puede experimentarlo. Dios trata con tal amor y misericordia sólo a los que son de su familia.

Amado, Dios habita con el humilde y el quebrantado de espíritu. Él se deleita en su familia – él nos ha amado todos estos años anteriores, aun cuando éramos pecadores. Descanse en ese amor que él tiene por usted.

domingo, 28 de noviembre de 2010

UNA REVELACIÓN DE AMOR

Los hermanos de José no sabían cuánto eran amados hasta que Dios usó una crisis para revelárselo. “Cuando el hambre se extendió por todo el país, abrió José todos los graneros…Viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus hijos…descended allá y comprad de allí…Descendieron los diez hermanos de José a comprar trigo” (Génesis 41:56; 42:1-3).

Veinte años habían pasado desde que habían cometido el crimen de vender a José como esclavo y ahora él era el Primer Ministro de Egipto. Por siete años él había guardado grano en preparación para la hambruna. Los hijos de Jacob suponían que estaban yendo a Egipto sólo para comprar trigo, pero Dios tenía mejores y mayores planes. ¡El los mandó para que recibieran una revelación de amor! Ellos iban a experimentar misericordia, perdón, y restauración y a aprender lo que es la gracia de Dios. Mereciendo nada menos que castigo, ellos iban a recibir gracia pura.

Manteniendo en cuenta que José tipifica a Cristo, se me hace imposible leer esta parte de la historia sin derramar lágrimas. Es un cuadro tan hermoso de la gracia y del amor de nuestro Señor Jesucristo para con todos los que le han fallado.

Veinte años de pecado y de mentiras escondidas habían mantenido a los hermanos apartados de José. Ellos probablemente asumieron que ya él estaría muerto. Cuando llegaron a la corte del Faraón y se presentaron a José, ellos no lo reconocieron, pero él los reconoció inmediatamente (Génesis 42:8). Allí estaban los hermanos, inclinándose ante José como él lo había visto en su sueño. ¿Estaba José enojado y con deseo de venganza? ¡Nunca! Su corazón estaba lleno de compasión al ver a los hermanos que él tanto amaba.

¿Por qué entonces él les habló bruscamente y los acusó de ser espías? (Génesis 42:7). Yo antes pensé que José tal vez estaba vengándose un poco, pero ese de ninguna manera era su motivo. Él sólo estaba siguiendo las direcciones de Dios. Estos hombres orgullosos no estaban todavía listos para recibir la revelación de gracia y de misericordia. Primero necesitaban ver la atrocidad de su pecado y confrontar su culpa y vergüenza. Ellos necesitaban llegar al final de sus recursos, para que nada más que la misericordia pudiera ayudarlos. ¡Este es el mensaje de la cruz de Cristo – amor y perdón sin condiciones para todos los que han llegado al final de sí mismos!

Dios le mostró esta verdad a José, y José encarceló a sus hermanos por tres días – no para castigarlos, sino para darles una oportunidad a que encaren la verdad acerca de su pecado. Era la ley actuando, mostrándoles sus naturalezas malvadas. ¡Y funcionó! “Pero se decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba y no lo escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia” (Génesis 42:21).

Es imposible entender la gracia de Dios hasta que lleguemos al final de nuestros propios recursos y experimentemos su misericordia. Esa gracia nos libera de toda vergüenza y culpabilidad.

jueves, 25 de noviembre de 2010

UN CLAMOR DEL CORAZÓN

Yo creo que el amor misericordioso de Dios se revela respondiendo a un clamor que sale del corazón – no tan sólo un clamor, sino un clamor humilde pidiendo ser librado. La Biblia dice mucho sobre este clamor desde el corazón. “En mi angustia invoqué a Jehová y clamé a mi Dios. Él me oyó desde su Templo y mi clamor llegó hasta sus oídos” (Salmo 18:6).

“Muchas veces los libró, pero ellos se rebelaron contra su consejo y fueron humillados por su maldad. Con todo, él miraba cuando estaban en angustia, y oía su clamor” (Salmo 106:43-44).

¡Usted puede estar seguro que un clamor hacia Dios siempre será contestado con una palabra de sanidad desde el cielo! Nadie es tan malvado o tan desamparado si clama a Dios en humildad. ¡La historia del malvado rey Manasés lo prueba! La Biblia dice que él era uno de los reyes más malvados de Israel. “Pero hizo lo malo ante los ojos de Jehová…Reedificó los lugares altos que su padre Ezequías había derribado, levantó altares a Baal…Adoró además a todo el ejército de los cielos y rindió culto a aquellas cosas…Además, hizo pasar a su hijo por el fuego…fue agorero e instituyó encantadores y adivinos, multiplicando así la maldad de sus hechos ante los ojos de Jehová para provocarlo a ira” (2 Reyes 21: 2-6).

“Manasés hizo extraviar, pues, a Judá y a los habitantes de Jerusalén para que hicieran mayores males que las naciones que Jehová destruyó…Y habló Jehová a Manasés y a su pueblo, pero ellos no escucharon” (2 Crónicas 33:9-10).

¿Hay esperanza para alguien que se aleja tanto de Dios, y está tan poseído por la maldad y las tinieblas? ¡Sí!, si esa persona se humilla, y confiesa y cree en la victoria de Cristo en la cruz. Manasés terminó siendo prisionero en una nación extranjera, atado con cadenas. Qué cuadro tan vívido de la paga del pecado. Pero en su angustia, él clamó y Dios lo escuchó, lo perdonó, y lo restauró.

“Pero cuando se vio en angustia, oró a Jehová, su Dios, y se humilló profundamente en la presencia del Dios de sus padres. Oró a él y fue atendido; pues Dios oyó su oración y lo hizo retornar a su reino en Jerusalén. Entonces reconoció Manasés que Jehová era Dios” (2 Crónicas 33:12-13).

“Asimismo quitó los dioses extranjeros, el ídolo de la casa de Jehová y todos los altares que había edificado en el monte de la casa de Jehová y en Jerusalén, y los echó fuera de la ciudad” (vs. 15).

¡La palabra de esperanza, perdón, misericordia, amor y restauración es para usted! ¡Hágale caso a la Palabra de Dios, arrepiéntase y entonces sea liberado y camine con el Señor! No hay pecado que no pueda ser perdonado – nadie está tan lejos que no pueda ser sanado y restaurado.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

LEVÁNTATE Y ANDA

“Jesús le dijo: Levántate, toma tu camilla y anda” (juan5:8). El hombre paralítico en el estanque de Betesda pudo haber escuchado con entusiasmo historias de Jesús sanando por toda la región. Él pudo haber escuchado otras historias de Jesús, pero él no lo conocía personalmente. Él estaba atrapado en su enfermedad y no reconoció al Señor. ¡Pero Jesús conocía todo sobre él! Jesús había venido a él en medio de su miseria y de su pena, ¡y la misericordia estaba a punto de surgir! El Señor se enterneció por los sufrimientos de la enfermedad de este pobre hombre, y todo lo que él le pidió que hiciera fue creer en su Palabra y actuar de acuerdo a ella. “¡Levántate! ¡Toma tu camilla! ¡Aléjate de esta escena!”

Más tarde, después de la sanidad de este hombre, Jesús lo encontraría en el templo y hablaría con él. Él conocería a Jesús y confiaría en él. Pero ahora, acostado en el estanque desamparado y desesperado, él enfrentó la decisión más grande de todos sus años de dolor. Una palabra de resurrección y esperanza había venido a él, y estaba siendo confrontado: ¡Levántate por fe, o échate ahí compadeciéndote y muere en soledad!

El hombre pudo haber continuado acostado junto al estanque en incredulidad, rehusando moverse, pensando dentro de sí “No funcionará. ¿Por qué Dios me elegiría a mí entre toda esta multitud para sanarme? Es mi destino morir en esta situación”. Jesús no podría haberlo levantado en contra de su voluntad. Este hombre tenía que creer que su clamor había sido escuchado y que su tiempo para ser liberado había llegado. ¡Era ahora o nunca!

“Respondió entonces Jesús y les dijo [a los Judíos]: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre. Todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente, porque el Padre ama al Hijo y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas les mostrará, de modo que vosotros os admiréis” (Juan 5:19-20).

En esencia, Jesús estaba diciendo a los incrédulos, “Mi Padre quería sanarlo, así que lo sané. Yo hago sólo la voluntad de mi Padre.” Era la voluntad de Dios, el amor de Dios, el deseo de Dios, que este hombre fuese completamente curado.

¡Es difícil creer que Dios todavía lo ama cuando usted está abatido y débil! Cuando los años han sido malgastados; cuando el pecado ha lisiado su cuerpo y su alma; cuando usted se siente sin ningún valor y piensa que disgusta a Dios, y se pregunta por qué él se importaría de usted. Se necesita una fe como de niño para poder aceptar ese amor, y con fe decir, “¡Señor, sólo por tu palabra, me levantaré y andaré – contigo!”

Usted no tiene que entender todas las doctrinas sobre el arrepentimiento, el pecado y la rectitud. ¡Puede que usted no conozca a Jesús de una manera profunda y significativa! Pero hay tiempo para eso; todo le podrá ser conocido si usted toma el primer paso de obediencia, se levanta, y va hacia el Señor. “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios” (Juan 7:17).

martes, 23 de noviembre de 2010

EL VIENTO DEL ESPÍRITU

Aquellos que subieron al Aposento Alto (ver Hechos 1 y 2) amaban a Jesús fervientemente. Ellos habían aprendido en la escuela de Cristo. Habían hecho milagros, sanado enfermos, y echado fuera demonios. Eran compasionados, sacrificados, amaban a las almas, ¡pero todavía no estaban capacitados para ser testigos!

Ellos habían estado cerca cuando él sudó gotas de sangre. Lo habían visto colgando en la cruz y habían visto su tumba vacía después de que él había sido resucitado. Habían comido con él y habían hablado con él en su cuerpo glorificado. Habían visto a Jesús en el monte transfigurado en su eterna gloria. ¡Lo habían visto ascender al cielo! Pero, ¡todavía no estaban listos para testificar de él!

¿Por qué no pudo Pedro haber ido a la muchedumbre que se había juntado en Jerusalén e inmediatamente testificarles de su resurrección? ¿Acaso no había sido él personalmente testigo de ese evento? Ellos necesitaban el poder del Espíritu Santo para hacerlo.

Pedro pronunció una poderosa declaración al Sumo Sacerdote: “Nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que lo obedecen” (Hechos 5:32). Por las palabras del Espíritu Santo habladas a través de Pedro, (los sacerdotes) “oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos” (Hechos 5:33).

Esteban, lleno del Espíritu Santo, predicó a los líderes religiosos: “¡Duros de cerviz! ¡Incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros…Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones y crujían los dientes contra él” (Hechos 7:51, 54).

Cuando usted emerge después de haber buscado a Dios, lleno del Espíritu Santo, usted podrá pararse delante de sus compañeros de trabajo, de su familia – delante de cualquiera – y su testimonio provocará una de dos reacciones. O ellos clamarán, “¿Qué debo hacer para ser salvo?, o ellos querrán matarlo. Usted estará hablando palabras que cortarán el corazón.
Si usted busca lo milagroso en el edificio de una iglesia, usted se desilusionará. Si usted hubiese visitado el Aposento Alto unas horas después que el viento sopló, el fuego cayó, y el edificio se sacudió, esperando experimentar algo milagroso, usted se hubiera desilusionado.

Vea usted, ¡el viento del Espíritu sacó a todas las personas hacia afuera, a las calles, al mercado! Usted pudiera haber preguntado, ¿Dónde está el avivamiento, el viento sobrenatural? ¿Me pueden mostrar las lenguas de fuego?” Y lo hubiesen llevado a usted afuera, a ver a los 120 testigos en las calles, ¡predicando sobre Jesús en el poder del Espíritu Santo! Ahí estaba el avivamiento – ¡y ahí está siempre! ¡Ese es el derramamiento! ¡El viento, el fuego, el Espíritu – está ahora en los testigos de Dios!

lunes, 22 de noviembre de 2010

LOS CIMIENTOS DE LA FE VERDADERA

La única vez que la paciencia de Dios para con nosotros se agota, es cuando rehusamos aceptar una y otra vez cuánto Él nos ama.

Muchos Cristianos hoy día han sido llevados de vuelta a un desierto que ellos mismo han construido. Ellos no tienen gozo, no tienen victoria. Cuando usted los ve, pareciera que Dios los ha abandonado ya hacen muchos años. No es así – simplemente, Él los ha entregado a sus propias quejas y murmuraciones.

Gracias a Dios, Josué y Caleb entraron a la Tierra Prometida. Y ellos permanecieron como árboles verdes en la casa de Dios hasta el día en que murieron. Ellos fueron hombres de poder y de visión porque sabían que eran preciosos para Dios.

Usted también es precioso para Dios, a pesar de los problemas y fracasos que usted tiene. Usted puede ser un árbol verde en la casa de Dios así como Josué y Caleb lo fueron.

Simplemente permanezca firme en lo que Dios promete: “Me sacó a lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí” (Salmo 18:19).

¡Ese es el cimiento de la fe verdadera!

domingo, 21 de noviembre de 2010

USTED ES EL TESORO DE DIOS

La Palabra dice hablando de la adúltera, “la mujer caza la preciosa alma del varón” (Proverbios 6:26). La mujer a la cual se refiere este verso es Satanás. Y él caza aquellos que son preciosos para Dios.

La Biblia nos da una ilustración gráfica de esto en Números 13 y 14. Israel había enviado a doce espías a examinar la Tierra Prometida. Cuando los espías retornaron después de cuarenta días, diez de ellos plantaron tres mentiras en los corazones del pueblo de Dios: (1) “Hay muchos habitantes en esa tierra; son demasiado fuertes para nosotros.” (2) “Las ciudades tienen muros muy altos; son impenetrables.” Y (3) “Hay gigantes en esa tierra, y no podremos contra ellos. ¡Estamos indefensos! ¡Estamos acabados!”

Estas mentiras quitaron el coraje del corazón de Israel. La Escritura dice que el pueblo pasó una noche de desesperación. “Entonces toda la congregación gritó y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche” (Números 14:1). Más de 2 millones de personas estaban llorando, gimiendo, lamentándose – enfocados solamente en sus debilidades e inhabilidades. Su lamento de incredulidad bombardeó los cielos.

Amado, el diablo arroja las mismas tres mentiras hacia el pueblo de Dios hoy día. “Tus pruebas son muy numerosas. Tus tentaciones son muy abrumadoras. Tú eres muy débil para poder resistir el poder que viene contra ti.”

La palabra que Dios le habló a Israel es también para nosotros hoy día: “Vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra” (Éxodo 19:5). “Porque eres pueblo santo a Jehová, tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único [precioso, especial] entre todos los pueblos que están sobre la tierra” (Deuteronomio 14:2).

Josué y Caleb tenían una revelación de su preciosidad ante los ojos de Dios. Ellos sabían que Israel era especial para el Señor. Esa era la clave del espíritu de esperanza que ellos tenían. Josué dijo, “Si Jehová se agrada de nosotros, él nos llevará a esta tierra y nos la entregará” (Números 14:8). En otras palabras, “Porque Él se deleita en nosotros, la tierra es ya como nuestra.”

Esta es la misma revelación que tuvo David: “Me sacó a lugar espacioso; me libró, - porque se agradó de mí.” De igual manera, cada Cristiano victorioso tiene esta misma revelación de su amoroso Padre celestial. “¡No podemos fallar! Todos nuestros enemigos son pan comido para nosotros, porque somos preciosos para el Señor.”

jueves, 18 de noviembre de 2010

¡ERES ESPECIAL PARA TU PADRE CELESTIAL!

Yo nunca olvidaré el dolor que sentí cuando uno de mis hijos adolescentes vino a mí y me confesó, “Papá, ni una vez he sentido que te he complacido. Nunca me sentí merecedor de tu amor. Siento que te he defraudado toda mi vida. Tú debes de estar realmente decepcionado de mí.”

Nunca una palabra me ha dolido más. Yo me pregunté qué habré hecho para hacer que mi hijo se sintiera de esa manera. Luego, con un dolor profundo en mi corazón, abracé a mi joven el cual tenía los ojos llenos de lágrimas. Yo pensé, “Cuán equivocado está. Yo siempre le he mostrado mi amor a este mi niño. Se lo he dicho con palabras y se lo he demostrado una y otra vez. Todos mis otros hijos se sienten seguros en mi amor. ¿Cómo puede este hijo tener esta idea falsa por tanto tiempo y cargar con tanta miseria y culpa innecesaria?”

Le dije a mi hijo amado, “Tú siempre has sido especial para mí. Es más, has sido la niña de mis ojos. Cuando pienso en ti, todo mi ser se ilumina. Es verdad que has hecho cosas necias a veces, pero también las han hecho tus otros hermanos. Y estás perdonado. Tú te arrepentiste y yo nunca pensé que tú eras menos. Tú eres sólo una alegría para mí. Toda tu vida me ha traído felicidad. Has sido un deleite para mi corazón.”

Y así es con muchos Cristianos en su relación con nuestro Padre celestial. El diablo ha convencido a esos creyentes que lo único que han hecho es decepcionar a Dios y que nunca podrán complacerlo. Así que ellos simplemente no aceptan el amor de Dios. En lugar de eso, ellos viven como si Dios estuviera siempre derramando su ira sobre ellos. Cuán horrible manera de vivir. Y cuán dolido está Dios cuando ve a sus hijos vivir de esa manera.

Amado, desde el día que usted nació, usted ha sido muy especial para su Padre celestial.