viernes, 5 de febrero de 2016

ÉL QUIERE VER TU SONRISA

Supón que antes que Jesús ascendiera, a medida que visualiza Su iglesia y la cosecha antes de su venida, Él ve un alejamiento. Su alma se entristece, porque ve un apartamiento rampante. En vez de cosechar una cosecha blanca, Su pueblo está pasando su tiempo y energía buscando éxito mundano y cosas materiales.

Así que Jesús le dice al Padre: “Ellos no van hacer que llegue la cosecha. Todos los campos blancos están dormidos. Voy a mandar una legión de ángeles para que haga la cosecha”. El Padre está de acuerdo y de pronto millares de seres celestiales aparecen en la tierra, brillando con resplandor sobrenatural.

¡Qué escena sería esta!: Seres de otro mundo, vestidos de gloria, hablando en iglesias y en público. Los entrevistan los reporteros de los diarios, y en la radio y la televisión. Ellos hablan de la cruz, la resurrección, la ascensión, el amor de Cristo, y el juicio final venidero. Y ellos hablan con tal elocuencia y convicción que todo el mundo queda embelesado. Ellos son como muchos Jonás, enamorando y advirtiendo al mundo.

Ahora supón que después de un corto tiempo, estos mismos ángeles radiantes quedan embelesados con el mundo a su alrededor. Son atraídos por las comidas finas, bienes materiales, riquezas y seguridad. Y pronto, ellos comienzan a luchar por el éxito, la fama y la fortuna. Dentro de poco, se ponen celosos uno del otro, mostrando ira, orgullo, envidia y codicia.

En otras palabras, ¡se convierten exactamente en la iglesia de hoy! Te pregunto: ¿Cuánta influencia tendrían en el mundo? ¿Cómo podrían esperar traer la cosecha, estando tan atrapados en la mundanalidad. Su testimonio seria devaluado y perderían todo poder espiritual, yendo de un lado a otro desanimados, temerosos y dudando.

Dime, ¿por qué alguien querría mi evangelio, si me ve en este estado, estresado y sin gozo? ¿Por qué creerían en mi mensaje: “Jesús es suficiente, mi todo, mi provisión constante”, si siempre estoy temeroso y preocupado, sin paz?

Nadie escucharía una sola palabra mía. En vez de ello, ellos se peguntarían: “¿Qué diferencia hace tu Cristo? No creo que Él sea un gran médico, si siempre estás en esta condición”.

Amado, tu semblante cuenta. Escucha lo que Cristo dice de Su Novia, en Cantar de los Cantares: “Paloma mía… muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto” (Cantares 2:14). Cristo nos está diciendo, en esencia: “Quiero ver tu sonrisa” ¿Eso describe tu semblante?

jueves, 4 de febrero de 2016

ES TIEMPO DE COMENZAR A COSECHAR

Jesús declaró, “Los campos están listos y la cosecha es abundante. Es tiempo de comenzar a cosechar” (ver Mateo 9:37-38). En ese momento, comenzó la gran cosecha espiritual y final entre los judíos y gentiles de la generación de Jesús. Y esta misma cosecha perdurará hasta que Cristo regrese.

Mientras leo este pasaje, me pregunto ¿que habrá visto Jesús en su tiempo que le hizo decir: “La cosecha esta lista, así qué es tiempo de cosechar”? ¿Vio Él un despertar espiritual en Israel? ¿Había avivamiento en las sinagogas? ¿Estaban los sacerdotes volviéndose a Dios? ¿Estaban siendo convencidos de pecado los escribas y fariseos? ¿Que evidencia había de que la cosecha estaba lista?

Los evangelios no revelan mucha evidencia de ningún mover espiritual para con Dios. Por el contrario, ellos mostraban lo opuesto. Se burlaban de Jesús en las sinagogas. Los líderes espirituales de la nación lo rechazaban, cuestionando Su integridad y divinidad. Una multitud religiosa trató de arrojarlo por un precipicio. Cristo mismo se lamentó sobre las ciudades de Israel porque no se arrepintieron ante Su mensaje: “¡Ay, Corazín! ¡Ay, Betsaida! ¡Ay, Tiro y Sidón! ¡Ay, Capernaum!” (ver Mateo 11:21-23).

En cuanto a las multitudes, ellos estaban envueltos en una desesperación caótica. La Escritura nos dice: “Cuando él vio las multitudes…estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (ver Mateo 9:36). Aquí vemos una sociedad temerosa, estresada y deprimida. La gente corría salvajemente, como ovejas dispersas, buscando ayuda dondequiera que la pudieran encontrar. Sin embargo, fue en este mismo punto de gran desesperación que Cristo declaró: “Los campos están maduros y la cosecha es abundante”.

¿Crees que las palabras de Jesús acerca de una cosecha madura se aplican al presente? ¿Dónde vemos evidencia que los campos están blancos y listos para ser cosechados? ¿Están arrepintiéndose las naciones? ¿Hay un gran mover en nuestra sociedad? ¿Está despertando la iglesia organizada? ¿Están hambrientos por avivamiento los líderes religiosos, buscando a Cristo en forma renovada? ¿Hay un clamor por santidad en esta generación?

Con pocas excepciones, no veo que tales cosas estén sucediendo. Sin embargo, nada de esto fue lo que movió a Jesús en Su tiempo. Más bien, Él fue movido por la triste condición que vio por todos lados. Dondequiera que Él miraba, la gente estaba abrumada por la angustia y dijo: “Es tiempo de comenzar a cosechar”.

miércoles, 3 de febrero de 2016

LOS INSTRUMENTOS DE LA COSECHA

“Al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:36-38).

Jesús lo dijo claramente: “La cosecha está lista, pero los obreros son pocos”. Entonces, ¿por qué hay tan pocos obreros? Hoy en día, las iglesias están repletas de creyentes que declaran que Cristo es todo en sus vidas. Se gastan millones de dólares en levantar centros de adoración en todo lugar.

Lo cierto es que, si no somos capaces de cosechar almas, si nuestras vidas no reflejan el poder transformador del evangelio que predicamos, entonces nos hemos devaluado como obreros. Nuestro caminar con Cristo debe ofrecer prueba al mundo de que las promesas de Dios son verdaderas.

Como obreros, somos los instrumentos de la cosecha en las manos del Señor. En los días de Cristo, era una hoz, una navaja larga y curvada de un solo filo con una mango largo. Era forjada por un herrero, que la ponía en el fuego, luego la ponía sobre un yunque, donde la golpeaba y doblaba hasta obtener esa forma. Entonces, todo el proceso era repetido, una y otra vez, hasta que el canto tuviera una superficie áspera y filuda.

El paralelo es claro, Dios está forjando obreros. Él no está solamente martillando para deshacerse del pecado. Y este proceso explica porque los obreros son pocos. La mayoría de los feligreses son como los miles que se ofrecieron para ir con Gedeón en el Antiguo Testamento. Dios vio temor en muchos de ellos, sabiendo que no soportarían el fuego, el martilleo, los tiempos difíciles. Y de los miles que siguieron a Gedeón, solo trescientos fueron escogidos.

Lo mismo sucede hoy. Aquellos que realmente son llamados a la cosecha, son llamados a soportar el fuego formador y purificador y el continuo martilleo. Pero no muchos soportan.

martes, 2 de febrero de 2016

RECORDANDO LA FIDELIDAD DE DIOS

Las Escrituras nos muestran que David, Job y otros santos del Antiguo Testamento salieron de sus tiempos oscuros, al recordar la fidelidad de Dios para con las generaciones pasadas. David escribió que cada vez que su corazón estaba desolado: “Me acordé de los días antiguos; meditaba en todas tus obras; reflexionaba en las obras de tus manos” (Salmos 143:5). Asaf, quien escribió doce de los Salmos, hizo lo mismo: “Me acordaré de las obras de JAH; sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas” (77:11). De hecho, Asaf dice que todos en Israel “se acordaban de que Dios era su refugio” (78:35).

Es una bendición maravillosa recordar todas nuestras liberaciones pasadas. Deuteronomio nos dice: “Te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios…Cuídate de no olvidarte…” (Deuteronomio 8:2,11).

Sin embargo, recordar las liberaciones de Dios era más que una bendición para los santos del Antiguo Testamento. Era una disciplina necesaria. Los israelitas ingeniaron toda clase de rituales y observaciones para recordar las liberaciones del Señor en sus vidas.

De igual manera, hoy, la Iglesia es llamada a recordar las liberaciones pasadas de Dios. Hemos recibido una manera para recordar que es mucho mejor que la de los tiempos del Antiguo Testamento. Como verás, desde los días de David y Asaf, Dios ha derramado Su Espíritu Santo y el Espíritu ahora habita en nuestros cuerpos humanos.

El Espíritu Santo no sólo nos consuela en nuestros tiempos de oscuridad y nos trae a memoria las fidelidades pasadas de Dios. Pero, Él hace más que eso. A menudo el Espíritu nos da un entendimiento del propósito detrás de nuestras pruebas ardientes, para que nuestra fe no falle.

Cuando vemos la vida de Asaf, vemos que este santo hombre de Dios no comparte ningún entendimiento con nosotros en el Salmo 77. Dicho de manera simple, no sabemos lo que su hora oscura hizo en su vida. Todo lo que él pudo decirnos fue: “En el mar fue tu camino, y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas” (Salmos 77:19). La conclusión de Asaf fue: “Los caminos de Dios no son conocidos. No sé porque Él permitió que yo cayera en tal depresión y desaliento. Sólo me regocijo porque Él me libertó”.

lunes, 1 de febrero de 2016

UNA VIDA QUE DA by Gary Wilkerson

Dar, es la naturaleza del Padre. Un niño que crece en un hogar que da, aprende a compartir y Jesús tiene la naturaleza de dar de Su Padre. Ahora Jesús nos está llamando a continuar con el legado familiar a través de una vida que da.

Para ello, Cristo nos provee de una poderosa imagen en la Última Cena. Él levanta el pan y el vino y dice: "Este pan es mi cuerpo, partido por ustedes. Y esta copa es mi sangre, derramada por ustedes" (ver Marcos 14:22-23). Nota lo que Jesús hace a continuación con el pan: Él lo bendice, lo parte y lo da. Al hacer esto, Cristo nos demuestra cómo es una vida derramada. Es bendecida. Es partida. Y es entregada. Así también es cuando uno es un hijo o una hija del Dios vivo.

Esta es la diferencia central entre el ser humano promedio, cuyo objetivo principal es satisfacer sus propias necesidades y alguien que ha descubierto el propósito de la vida y se derrama a sí mismo por los demás. En Cristo, estamos llamados a pasar de una vida de "obtener" a una vida de "dar". Jesús faculta esta transición para nosotros en el Espíritu, reemplazando nuestro espíritu mundano con Su propio Espíritu Santo. Él nos dice: "Tú has sido bendecido por Mí y ahora tienes el propósito de entregar esas bendiciones".

Esta es una teología gloriosa, pero es la transición más difícil que alguna vez haremos en la vida. En los últimos años los libros cristianos más vendidos se han centrado en el lado de "obtener" de la vida. Su tema central es cómo Dios anhela bendecir a Sus hijos. Sabemos que esta es una verdad de Dios a causa de su naturaleza dadora; Él quiere abrir las ventanas del cielo para derramar Sus poderosos recursos sobre nosotros. Él, en efecto, quiere bendecir nuestro matrimonio, nuestra salud, nuestras finanzas. Así que estos libros más vendidos tienen su lugar, y admito que yo mismo he obtenido ayuda de algunos de ellos.

Pero hay algo que falta en estos libros. Hay algo mucho mejor que una vida bendecida de obtener, y es una vida quebrantada de dar. Una vida que obtiene es fácil; una vida que da es difícil y gratificante.

Recuerda, Él bendijo. El partió. Él entregó. A menudo en la iglesia, este proceso se rompe después del primer paso. Muchos cristianos no llegan más allá de la parte de bendición. Ellos no permiten que sus vidas sean quebrantadas o partidas delante de Dios, por lo que nunca llegan al último paso: Dar. Por ende, nunca ven el cumplimiento del propósito de Dios en bendecirnos.

viernes, 29 de enero de 2016

¿DÓNDE ESTÁN LOS TIMOTEOS?

Vivimos en un tiempo de inminente amenaza mundial de ataque nuclear o explosión química. Los corazones de millones de personas están fallándoles a causa del miedo, y la iglesia de Jesucristo es desafiada como nunca antes en la historia. Estamos observando un mundo que ya está volviéndose caótico.

Mientras inspecciono todo esto, me pregunto: “¿Dónde están las voces de autoridad en Cristo? ¿Dónde están los pastores, las congregaciones, los laicos que están pensando como Jesús? ¿Dónde están aquellos que no persiguen sus agendas personales, sino que están buscando la mente de Cristo en estos tiempos?”

Aquellos que están centrados en mejorarse a sí mismos, se están alejando de la intima comunión con Cristo. Pueden predicar a Cristo, pero, le conocen cada vez menos. Y se están exponiendo a grandes tentaciones.

Te pregunto: ¿Tu iglesia está floreciendo, y sin embargo, nadie parece identificarse con Pablo, poniendo sus afectos en las preocupaciones de Cristo? ¿Y qué hay de ti? ¿Cuándo ves a alguien que está sin trabajo, oras por él? ¿Buscas la manera de cómo ayudar y servir?

¿Dónde están los jóvenes Timoteos de hoy? ¿Dónde están los hombres y mujeres jóvenes de Dios que rechazan el tentador pero letal llamado al éxito y el reconocimiento? ¿Dónde están aquellos que disponen sus corazones en oración ferviente, y traen todas las cosas en sus vidas bajo sujeción, para convertirse en verdaderos servidores de Cristo y Su iglesia?

Nuestra oración debería ser: “Señor, no quiero estar centrado solamente en mí mismo en un mundo que está girando fuera de control. No quiero estar preocupado acerca de mi propio futuro. Sé que Tú sostienes mis pasos en Tus manos. Por favor, Señor, dame Tu mente, Tu sentir, Tus preocupaciones. Deseo tener Tu corazón de siervo.”

“Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina (enseñanza); persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.( 1 Timoteo 4:16)

jueves, 28 de enero de 2016

AMOR Y PREOCUPACIÓN POR LOS DEMÁS

Fue de detrás de las rejas en Roma que Pablo escribió a los Filipenses y declaró que tenía la mente de Cristo: “Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado” (Filipenses 2:19).

Este es el pensamiento y el resultado del “sentir de Cristo”. Piensa en esto: Aquí había un pastor sentado en la prisión, sin embargo, no estaba pensando en su propia comodidad, en su propia situación difícil. Estaba preocupado solamente de las condiciones espirituales y físicas de su pueblo. Y dijo a sus ovejas: “Mi consuelo vendrá solamente cuando sepa que ustedes están bien, en el espíritu y en el cuerpo. Por lo tanto, estoy enviando a Timoteo para que vea esto en mi nombre.”

Entonces, Pablo hace esta alarmante declaración: “Pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros” (2:20). ¡Qué triste declaración! Mientras Pablo escribía esto, la iglesia a su alrededor en Roma estaba creciendo y siendo bendecida. Indudablemente, había líderes piadosos en la iglesia romana. No obstante, Pablo dijo: “No tengo ningún hombre que comparta conmigo la mente de Cristo”. ¿Por qué esto era así?

“Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús” (2:21). Evidentemente, no había líderes en Roma con un corazón de siervo – ninguno que pusiera a un lado su reputación y se convirtiera en un sacrificio vivo. En lugar de eso, cada cual perseguía sus propios intereses. Ninguno tenía el sentir de Cristo. Pablo no pudo confiar en ninguno para que fuera a Filipo y para ser un verdadero siervo a ese cuerpo de creyentes.

Las palabras de Pablo aquí no pueden ser suavizadas: “Cada cual se interesa por sí mismo. Estos ministros buscan solamente beneficiarse a sí mismos. Esa es la razón por la cual no hay nadie aquí en quien pueda confiar para que sinceramente cuide de vuestras necesidades y dolores, excepto Timoteo.”

Al observar a la iglesia de hoy en día, vemos que lo mismo está sucediendo en muchas congregaciones. Ministros y feligreses por igual, van detrás de las cosas del mundo: dinero, reputación, materialismo y éxito. Ellos son llamados a servir a la iglesia de Jesucristo, pero no conocen la mente o el sentir de Cristo. Y la mente de Jesús es una de sacrificio, amor y preocupación por los demás.