martes, 31 de mayo de 2016

UNA CASA DE ORACION

De acuerdo a Zacarías hay tres lugares desde donde se deben elevar las oraciones: (1) la Casa de Dios (la iglesia), (2) cada hogar, y (3) el lugar secreto. El Señor le dijo a Zacarías, “Y derramaré sobre la casa de David…, espíritu de gracia y de oración…; Y la tierra lamentará, cada linaje aparte; los descendientes de la casa de David por sí [símbolo de la iglesia]…, los descendientes de la casa de Leví por sí [la familia o el hogar], y sus mujeres por sí [individuos]” (Zacarías 12:10,12-13, itálicas añadidas).

Mientras Zacarías hablaba esto, Israel estaba rodeado de enemigos dispuestos a destruirlos. Había gran temor y terror, pero en el medio de todo esto vino esta maravillosa palabra, “Dios va a tratar con esos poderes enemigos que se han levantado contra ti. Así, que comienza a orar fervientemente en el santuario. Comienza a orar en tu casa. Y a orar en tu lugar secreto. El Espíritu Santo viene, y Él te llenará de espíritu de súplica y gracia, capacitándote para orar”.

¿Ves el mensaje de Dios en este pasaje? Él le dice a la iglesia en cada era: “En tiempos de temor o temblor quiero derramar mi Espíritu sobre ti. Pero debo tener un pueblo de oración sobre quien derramarlo”.

Todos los profetas del Antiguo Testamento llamaron al pueblo de Dios a una oración corporativa. “Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada…;” (Mateo 21:13). La realidad es que la historia del mundo ha sido moldeada por las oraciones de la iglesia de Cristo.

Piensa en esto: el Espíritu Santo fue primeramente derramado en la casa de Dios, en el Aposento Alto. Allí los discípulos “estaban unánimes en oración” (Hechos 1:14). Se nos dice que Pedro fue liberado de prisión por el ángel mientras “muchos estaban reunidos orando” (12:12). Se estaba haciendo oración corporativa continuamente por la liberación de Pedro.

Claramente vemos que Dios desata mucho poder por la oración de su iglesia. Por lo tanto, el llamado a este tipo de oración no puede ser subestimado. Sabemos que la iglesia ha sido comisionada a ganar almas, a ser dadivosa, a servir como el lugar de reunión donde es predicada la Palabra de Dios. Pero primero y más importante, la iglesia está llamada a ser una casa de oración. Este es su primer llamado, ya que todos los otros aspectos de la vida de la iglesia nacen de la oración.

lunes, 30 de mayo de 2016

PAZ QUE PREVALECE - Gary Wilkerson

No es pecado decir: "Señor, este tiempo mi vida es abrumadora e incómoda. Necesito tu fuerza y valor”. Él te invita a este tipo de confesión y oración. Pero Dios sí tiene un problema con los cristianos que dicen: "Me moví en fe, pero cuando empecé a sentir falta de paz, supe que no era del Señor, así que me detuve".

Aquí está el problema con esa línea de pensamiento: Si dejáramos de caminar en fe cada vez que tuviéramos falta de paz, nunca haríamos nada en obediencia al Señor.

Sí, debemos tener una paz que prevalece y que afiance todo lo que hacemos. Tal paz viene de la inamovible palabra de Dios. Pero debemos saber que si estamos en los negocios de nuestro Padre, nuestra paz será sacudida de vez en cuando. Incluso un hombre de fe como lo era Josué podría ser sacudido. Es por eso que Dios le dijo: “Se valiente; no temas” (Ver Josué 1:6, 7 y 9).

Sé que mi padre, David Wilkerson, nunca habría ido a la ciudad de Nueva York para trabajar con miembros de las pandillas si hubiera pensado que cada vez que le faltaba paz era Dios diciéndole que se detuviera. Hay ocasiones en las que tenemos que escuchar la voz de Dios mientras estamos siendo sacudidos. Su deseo para nosotros en esos tiempos caóticos es que no renunciemos sino que podamos discernir la voz del Espíritu. Así es como encontramos paz cuando nuestro mundo está siendo sacudido.

Hace un siglo, en China, muchos fieles misioneros pasaron década tras década trabajando duro pero con muy pocos resultados visibles por sus esfuerzos. Algunos tenían sólo uno o dos convertidos; otros no tenían ninguno. Sufrieron condiciones duras y represivas por décadas, y muchos murieron o fueron expulsados. No había ninguna razón para creer que sus esfuerzos habían servido para algo más que para ser un fallo masivo.

Hoy en día, decenas de millones de cristianos en China adoran a Dios en la iglesia subterránea. Los sociólogos dicen que en 2050 la iglesia en China superará en número al total de creyentes en el resto del mundo.

¿Acaso los esfuerzos de esos misioneros fueron un fracaso? De ningún modo. Aquellos servidores plantaron la semilla fielmente, sin saber que resultaría. Y la mayoría de esos misioneros murieron sin saber los resultados. Los exhorto a considerar seriamente su ejemplo. Cada vez que enfrentamos circunstancias negativas, nuestro llamado es a obedecerlo, y dejar los resultados a Él.

sábado, 28 de mayo de 2016

MIRA COMO DIOS TE BENDICE - Claude Houde

Yo acababa de compartir la Palabra en la Iglesia Times Square, la congregación en Manhattan fundada por el pastor David Wilkerson. Él y yo habíamos cenado y en la caminata de vuelta, quería pedirle consejo, ya que nuestra iglesia iba a abrir en unos meses. El Pastor Wilkerson, el autor de más de cuarenta libros, fundó los centros de adolescentes llamados Teen Challenge, que están llevando libertad a los adictos en todo el mundo. También inció World Challenge, una organización cristiana que apoya las misiones en todo el mundo, así como un sinnúmero de otros ministerios. En sus últimos años, el pastor Wilkerson habló en conferencias presenciales a miles de pastores y se considera que es un hombre que verdaderamente marcó nuestra generación para Dios.

Yo estaba un poco nervioso. El Pastor Wilkerson era un hombre muy humilde, agradable, amable y considerado, sin embargo, también era extremadamente serio y muy intenso. Lo amo, respeto y admiro, y estoy muy agradecido por todo lo que hizo por mí y por la obra de Dios en el mundo de habla francesa.

Mientras caminaba con él por las calles llenas de gente de la ciudad de Nueva York, tan iluminadas como si fuera de día, no quería decir algo indebido. Finalmente me armé de valor y simplemente dije: “Pastor David, estamos prontos a abrir nuestra iglesia. ¿Tiene alguna clave, algún consejo que le gustaría compartir conmigo? Lo que estoy tratando de decir es que, si hay una cosa que debería hacer o saber… ¿Qué cree usted que es?”

Me quedé sorprendido por su respuesta. Se detuvo en seco y comenzó a decir con una intensidad increíble y una pasión ardiente: “¿Quieres saber cuál es la clave? ¿Realmente lo quieres saber?"

Le respondí con voz entrecortada: “Sí, realmente me gustaría saber”.

De repente, su expresión y el tono de su voz cambió, y todo su rostro se iluminó. Como un niño que sabe un secreto, dijo: “¡Encuentra los pobres! ¡Da a los pobres! ¡Ayuda a los pobres! Pon tu corazón y tu pasión en ayudar a la gente que nunca será capaz de devolvértelo o hacer algo por ti…”. Entonces hizo una pausa por un segundo y con alegría absoluta, añadió:"… ¡y luego mira como Dios te bendice!”.

“Mas el que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado" (Proverbios 14:21).

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Claude Houde es el pastor principal de la Iglesia de la Nueva Vida (Eglise Nouvelle Vie) en Montreal, Canadá; y es un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes dirigidas por World Challenge en todo el mundo. Bajo su liderazgo la Iglesia de la Nueva Vida se ha incrementado de ser un puñado de personas, a más de 3500 miembros, en una parte de Canadá donde pocas iglesias protestantes han alcanzado éxito.

viernes, 27 de mayo de 2016

PROMESAS QUE RENUEVAN Y FORTALECEN

Yo estoy convencido de que en este momento la fe del Cuerpo de Cristo está bajo un ataque satánico feroz.

Sabemos que Satanás siempre ha traído ataques intensos contra el pueblo de Dios, causando terrible sufrimiento. Durante siglos, la sangre de los mártires ha sido derramada. Santos piadosos como Job han sido probados con severidad. Pero el ataque contra los fieles que vemos hoy es la última batalla de Satanás.

Del mismo modo que la maldad abunda en todo el mundo hoy en día, también lo hacen las aflicciones y las tribulaciones de la Iglesia de Dios. Estamos viendo un aluvión sin precedentes de enfermedad, aflicción preocupación tras preocupación y problema tras problema; todo lo cual hace que una vida victoriosa parezca imposible para cualquier creyente.

Nuestra fe y fuerza pueden debilitarse, pero en nuestros tiempos de debilidad, Dios nos ha dado promesas maravillosas para renovarnos y fortalecernos. Estas son algunas de Sus promesas que me sostienen:
  • “Dios es el que me ciñe de fuerza, y quien despeja mi camino…Envió desde lo alto y me tomó; Me sacó de las muchas aguas. Me libró de poderoso enemigo, Y de los que me aborrecían, aunque eran más fuertes que yo…Escudo es a todos los que en él esperan” (2 Samuel 22:33, 17-18,31).
  • “Me ceñiste de fuerzas para la pelea” (2 Samuel 22:40).
  • “Jehová dará poder a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz” (Salmos 29:11).
  • “El Dios de Israel, él da fuerza y vigor a su pueblo. Bendito sea Dios” (Salmos 68:35).
  • “Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares… Vendré a los hechos poderosos de Jehová el Señor” (Salmos 71:9,16).
  • “Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas…Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion” (Salmos 84:5,7).
¿Crees que tu Dios es fuerte, como el salmista declara? Si Él lo es, ningún poder puede mantenerse en pie delante de Él. Encomienda todo en Su mano poderosa de fuerza y Él hará un camino. Por encima de todo, cree Su palabra: “El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma” (Salmos 138:3).

jueves, 26 de mayo de 2016

EN TIEMPOS DE AFLICCIÓN

Quizás yo no vea la evidencia, pero Dios siempre está obrando. Cada momento del día, cada hora que duermo, Él está haciendo un camino para mí. Y Su plan siempre está a tiempo, en todo momento, incluso cuando me parece que hay un retraso en Su obra santa. Él está tocando áreas en lo más profundo de mí, que deben ser establecidas, de manera que Él pueda cumplir Sus promesas.

Un día voy a mirar hacia atrás en estos tiempos de prueba y decir: "Señor, ahora veo. ¡Tú estuviste allí todo el tiempo, obrando mi milagro!"

Los que están en desesperación pueden verse tentados a cerrar sus corazones de la comunión con Dios. Sin embargo, hacerlo puede ser fatal. En el Salmo 88, puedes encontrar una descripción de lo que tú estás atravesando. Un hombre piadoso llamado Hemán habla de su situación desesperada:

"Mi alma está llena de problemas. He sido derribado hasta a la fosa y estoy entre los muertos. Dios me ha puesto en el hoyo más profundo en la oscuridad y Su ira se ha agravado sobre mí. Mis amigos me han abandonado y estoy encerrado, aislado. Me lamento a causa de mi aflicción" (mi paráfrasis).

Heman entonces desafía a Dios: ¿Manifestarás tus maravillas a los muertos? ¿Se levantarán los muertos para alabarte? ¿Será contada en el sepulcro tu misericordia, o tu verdad en el Abadón? ¿Serán reconocidas en las tinieblas tus maravillas, y tu justicia en la tierra del olvido?" (Salmos 88:10-12).

Hemán está diciendo, en efecto: "Necesito un milagro ahora, Señor, no en la resurrección. Esta es mi última esperanza. Para luego será demasiado tarde, porque estaré muerto. Tienes una fecha límite aquí, Dios. ¡Ayúdame! ¿Por qué me desechando? ¿Por qué escondes Tu rostro de mí? ¿Por qué no contestas mi clamor?"

Esto es desesperanza, desesperación y, aparentemente, una crisis imposible.

¿Qué puede hacer un alma piadosa? ¿Cómo reacciona un alma justa? Al igual que Hemán, debemos clamar día y noche: "Oh Jehová, Dios de mi salvación, día y noche clamo delante de ti. Llegue mi oración a tu presencia; inclina tu oído a mi clamor…A ti he clamado, oh Jehová, y de mañana mi oración se presentará delante de ti" (Salmos 88: 1-2,13).

Estas son tres cosas que yo hago en mis tiempos de gran aflicción:
  1. Recibo y creo en el amor y el deleite de mi Padre celestial.
  2. Derramo mi corazón delante de Él, clamando a Él en silencio.
  3. Animo a mi alma con Sus promesas diarias.

miércoles, 25 de mayo de 2016

EL AULA DE CLASES DE LA ORACIÓN

Algunas veces tomamos la oración de forma demasiado casual. Pero en tiempos de problemas nos encontramos luchando con el Señor en oración diaria, hasta que estamos seguros, en nuestro espíritu, de que Él tiene todo bajo control. Mientras más queramos tener esa convicción, más veces deberemos ir al cuarto de la oración.

La verdad es que Dios nunca permite una aflicción en nuestras vidas excepto como un acto de amor. Vemos esto ilustrado en la tribu de Efraín, en Israel. El pueblo había caído en gran aflicción y habían clamado a Dios en su dolor. Él respondió, “Escuchando, he oído a Efraín que se lamentaba” (Jeremías 31:18).

Como David, Efraín testificaba: “Fui castigado como novillo indómito…porque tú eres Jehová mi Dios” (31:18). En otras palabras, “Dios tú nos estás castigando por una razón. Éramos como toros jóvenes e indomables, llenos de energía, pero Tú nos has disciplinado para domesticarnos para Tu servicio. Has puesto nuestro desenfreno bajo control”.

Como puedes ver, Dios tenía grandes planes para la tribu de Efraín, planes fructíferos y satisfactorios. Pero primero debían ser enseñados y capacitados. Por ello Efraín declaró: “Tuve arrepentimiento, y después que reconocí mi falta” (31:19). Ellos respondieron, en efecto: “En el pasado, cuando Dios nos tenía en el aula de clases, preparándonos para Su servicio, no podíamos soportar la corrección. Huíamos gritando: ‘¡Es demasiado difícil!’ Éramos obstinados, constantemente nos quitábamos el yugo que Él ponía sobre nosotros. Luego Dios nos puso un yugo más apretado y utilizó Su vara amorosa para quebrar nuestra terca voluntad. Ahora, nos sujetamos bajo Su yugo”.

Nosotros también estamos como Efraín: jóvenes, novillos egocéntricos, que no quieren que se les coloque un yugo. Evitamos la disciplina de arar, de experimentar dolor, de estar bajo la vara. Y esperamos tener todo ahora: victoria, bendiciones, fructificación, tan sólo por el hecho de “reclamar” las promesas de Dios o “tomarlas por fe”. No irritamos por ser enseñados en el secreto de la oración, a tener que luchar con Dios hasta que Sus promesas sean cumplidas en nuestras vidas. Luego, cuando viene la aflicción, pensamos: “Somos el pueblo escogido de Dios, ¿por qué está pasando esto?”

El cuarto de oración es nuestra aula de clases. Y si no tenemos ese “tiempo a solas” con Jesús; si nos hemos relajado de la intimidad con Él, no estaremos listos cuando venga la inundación.

martes, 24 de mayo de 2016

IMPORTANTES PARA JESÚS Y PARA SU REINO

La abuela Carosso, la madre de mi esposa Gwen, falleció a la avanzada edad de noventaicinco años. Ella era una mujer de oración, callada e inadvertida.

Cuando ella partió para estar con el Señor, Gwen y yo encontramos una caja de cartón en su armario, llena de talonarios de cheques girados durante muchos años. La abuela Carosso había gastado muy poco en ella misma, más bien el registro demostraba que ella había apoyado a misioneros durante muchos años. Enviaba pequeñas sumas de dinero por vez: cinco, seis, diez dólares.

Todo ese tiempo, la abuela Carosso había pensado que no hizo mucho en la obra del reino. Ella diría que no tenía talento, ni ministerio. Pero era tan importante para Jesús y Su reino como los muchos misioneros que ella apoyó durante años a través de sus dádivas de sacrificio.

Cuando nuestro bendito Señor recompense a los maravillosos misioneros que ella apoyó, la abuela Carosso compartirá todos los despojos de sus victorias espirituales en el frente de batalla. Recuerda lo que dijo Jesús de la pobre viuda que echó dos moneditas en el arca de la ofrenda: “Esta viuda pobre echó más que todos” (Lucas 21:3). La viuda dio todo lo que tenía.

Mi esposa Gwen, se quedaba en casa mientras yo viajaba por años al frente de batalla del evangelismo. Gwen se parece mucho a su madre: callada, inadvertida y muy dedicada a su familia. Durante las décadas de ministerio en las que yo viajaba por todo el mundo, gran parte del tiempo, yo no estaba en casa. Gwen debía quedarse para cuidar a nuestros cuatro hijos. Ella siempre estuvo presente cuando ellos volvían de la escuela, siempre presente cuando tenían alguna necesidad.

Cuando yo volvía de mis viajes, Gwen se alegraba conmigo, al oír los reportes de las numerosas almas ganadas para Cristo o los adictos y alcohólicos sanados. Sin embargo, ella mima no podía ir y hacer esta obra.

Muchas veces, oía a mi esposa decir: “No puedo predicar ni cantar. No soy una escritora. Siento que estoy haciendo tan poco o quizás nada para el Señor”. Pero Gwen llegó a creer que su llamado era el de ser una madre y una esposa fiel (y eventualmente una abuela).

Mientras escribía este mensaje, le dije a mi esposa: “En aquel día, cuando esté delante de Jesús, si es que he sido usado para ganar almas o para levantar obras de Dios que Le agradaron, si hubiera alguna recompensa, Gwen, la compartiremos en partes iguales”.