lunes 8 de febrero de 2010

MEJOR QUE PENTECOSTÉS

¡Juan el Bautista nunca llegó hasta Pentecostés! Él no vio las lenguas de fuego ni escuchó el estruendo del viento recio. Él no vio a Jerusalén sacudirse ni a las multitudes convertidas. ¡Pero Juan dijo que su gozo fue cumplido! Él había escuchado algo mejor que el viento recio – mejor que buenas noticias – mejor que la risa de una novia feliz. Él había escuchado la voz del Salvador.

“El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido” (Juan 3:29).

Juan disfrutó del gozo más grande que cualquier seguidor de Jesús pudiera conocer. Él dijo, “Me quedé quieto y lo escuché hablarme. Su voz hizo saltar mi corazón. Él me habló personalmente. Yo escuché a mi Señor y ese es mi gozo. Sólo escuchar su voz.”

Juan podía decir, “Oh sí, yo lo amo. Yo he adorado postrado a sus pies, y le he dicho cuán indigno yo soy. Pero mi gozo no está en lo que le dije, ¡mi gozo está en que él me habló! Escuché su voz, y me regocijo tan solo en el sonido de esa voz.”

Algunas personas enseñan que el Señor ya no habla a los hombres, excepto a través de su Palabra revelada. Ellos no pueden creer que los hombres puedan ser dirigidos y bendecidos al escuchar esa voz apacible y delicada hoy en día.

Jesús dijo, “Mis ovejas conocen mi voz; ellas escuchan cuando las llamo…a otro no escucharán…” Hoy en día estamos temerosos de todos los abusos, temerosos de ser guiados hacia revelaciones contrarias a la Palabra de Dios. Pero, ningún abuso es culpa de Dios. Cada visión falsa, profecía falsa, dirección falsa es el resultado directo del propio orgullo del hombre y de su voluntad propia. Los hombres abusan cada don de Dios. No obstante, Dios todavía habla directamente a los corazones de aquellos dispuestos a escuchar.

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…” (Hebreos 1:1).

“Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 3:7).

viernes 5 de febrero de 2010

UNA LECCIÓN SOBRE ESCUCHAR

Dios tenía que enseñarle a Elías una lección sobre escuchar, así que lo llevó a la cima del monte Horeb y le dio un sermón ilustrado.

“Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?” (1 Reyes 19:11-13).

Cuando ese viento comenzó a rugir, yo creo que Elías pensó, “Ya era hora, Señor. Que este viento remueva a Jezabel de su trono – que ella y sus amigos pecadores sean arrojados a los vientos. ¡Destrúyelos a todos!” ¡Pero Dios no estaba en el viento!

De repente, vino un gran terremoto y Elías dijo, “¡Eso los asustará en sobremanera! Dios se encargará. ¡Él los sacudirá hasta que no quede nada de ellos! Señor, tú estás vengando a tu siervo.” ¡Pero Dios no estaba en el terremoto!

Después del terremoto, ¡un fuego! ¡Los cielos radiaban con el fulgor de las llamas! Elías clamó, “Señor, ellos no aceptaron el fuego que cayó sobre el altar - ¡Quémalos ahora! ¡Quema al impío Acab! Frita a Jezabel. Que tu fuego consuma a los impíos. ¡Dios, yo sé que tú estás en este fuego!” ¡Pero Dios no estaba en el fuego!

“Y tras el fuego un silbido apacible y delicado” (verso 12).

¿Puede usted imaginarse esto? Un profeta que no temía a un huracán ni a un terremoto, ni al fuego del cielo, ahora está asustado por el susurro de una brisa apacible. “Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto” (verso 13).

¡Elías cubrió su cabeza con su abrigo! ¿Por qué? ¿No había hablado este profeta con Dios varias veces? ¿No era él un gran hombre de oración? ¿No lo había usado Dios grandemente? ¡Sí! ¡Pero para Elías esa voz apacible y delicada era desconocida!

Cuando Elías finalmente permitió que aquella voz hablase – al estar solo, callado, lejos de las muestras de poder – él recibió las direcciones más específicas de todo su ministerio.

“Vuélvete por tu camino; por el desierto de Damasco; ungirás a Hazael por rey de Siria; ungirás a Jehú por rey sobre Israel; y unge a Eliseo para que sea profeta en tu lugar…” (ver 1 Reyes 19:15-16).

¿Cuántos hijos de Dios están tan ocupados hoy día y nunca han conseguido que la voz venga a ellos? Ellos están ocupados testificando – haciendo el bien – orando por un despertar espiritual – ayunando – intensos – dedicados. Sin embargo, ellos han escuchado todo, menos la voz del Señor.

jueves 4 de febrero de 2010

DEBEMOS PERMITIRLE HABLARNOS

Elías ejercitó el poder de la oración. Él cerró y abrió los cielos, pidió que cayera fuego del cielo, y partió las aguas con su manto. Fue un hombre de acción impactando gobiernos enteros, y en el monte Carmelo se burló de los profetas de Baal, matándolos en las mismas narices del rey.

Este hombre poderoso entró al lugar del trono de Dios siete veces, orando fervientemente por lluvia. Siete veces Elías habló con Dios acerca de esta necesidad. Una pequeña nube apareció, y este profeta después de haber cerrado anteriormente los cielos durante tres años y medio causando una terrible sequía, ahora abrió los cielos y “una abundancia” de lluvia cayó.

Elías estaba exuberante con la victoria. Un gran despertar espiritual estaba por comenzar. El fuego de Dios había caído y los milagros habían sido presenciados por las multitudes. Había sido una muestra increíble del poder de Dios. Elías pensó, “Ahora, ¡aún Jezabel se arrepentirá! Ni siquiera ella puede desechar estos milagros y prodigios. Esta es la hora de Dios para esta nación.”

Qué golpe se llevó. Jezabel no estaba impresionada de ninguna manera con las señales y el poder, y le dijo a Elías, “Mañana, a esta misma hora, te mataré así mismo como tú mataste a mis sacerdotes.”

La siguiente vez que encontramos a este gran hombre de poder y de acción, está escondido en una cueva en el monte Horeb a trescientos kilómetros de distancia.

¡Qué espectáculo! Él se pasó cuarenta días y cuarenta noches “empollando” sobre cómo todo había salido mal. Él se tornó preocupado con los problemas, y sus ojos estaban sobre sí mismo en lugar de estar puestos en Dios. Así que Dio lo llamó, “Elías, ¿qué haces aquí escondido en esta cueva?”

Rezongando, Elías respondió, “Señor, la nación se está desintegrando. El gobierno está totalmente impío, inmoral. Las personas te han abandonado; ni siquiera creen en los milagros. La sociedad se ha enloquecido. El mensaje que les di, me lo han arrojado de vuelta en mi cara. El diablo está en control – él se ha apoderado de todos menos de mí. Yo soy el único que te sigue fiel, Señor. Me estoy escondiendo para que por lo menos quede un santo vivo.”

Elías, un profeta de oración, había estado tan ocupado con las cosas de Dios, tan ocupado demostrando el poder de Dios, tan ocupado salvando el reino de Dios, que se había tornado en un siervo que sólo hablaba. Él había estado hablando con Dios a menudo, pero no había estado escuchando mucho. Si él hubiese estado escuchando, hubiera escuchado a Dios decirle que había 7,000 santos que no se habían apartado.

miércoles 3 de febrero de 2010

UNA MIRADA FUGAZ AL CORAZÓN DE JESÚS

“¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: ‘Pasa, siéntate a la mesa’? ¿No le dice más bien: ‘Prepárame la cena, cíñete y sírveme hasta que haya comido y bebido. Después de esto, come y bebe tú’?” (Lucas 17:7-8).

No tenemos ningún problema en identificarnos con el sirviente en su deber hacia su amo. Ningún problema en ponernos nuestro delantal y servir al Señor una mesa llena de alabanzas – un buen banquete de adoración. ¡Amamos alimentar a nuestro Señor! Es nuestro mayor gozo, nuestra realización suprema – ministrar al Señor.

Pero tenemos dificultad con la última parte – la parte del Señor. “Después de esto, come y bebe tú”. Eso es demasiado para nuestro entendimiento. No sabemos cómo sentarnos después de haberlo servido – ¡para permitirle el mismo gozo a él que nosotros experimentamos al servirle! Le robamos a nuestro Señor el gozo de ministrarnos.

Creemos que nuestro Señor recibe suficiente placer de lo que hacemos por él, pero hay mucho más. Él responde a nuestra fe y se regocija cuando nos arrepentimos. Él le habla al Padre de nosotros y se deleita en nuestra confianza como de niños. Pero yo estoy convencido de que su necesidad más grande es tener una comunicación uno-a-uno con aquellos que dejó aquí en la tierra. Ningún ángel en el cielo puede suplir esa necesidad. Jesús quiere hablar con aquellos que se encuentran en el campo de batalla.

¿De dónde tengo yo la noción de que Cristo se siente solo y tiene una necesidad desesperante de hablar? Está todo allí en el pasaje donde Cristo se les aparece a los dos discípulos en el camino a Emaús. Jesús recién había resucitado y ese mismo día dos de sus discípulos estaban caminando de Jerusalén a Emaús. Ellos estaban tristes porque su Señor se había ido, pero cuando él se les acercó, no lo reconocieron. Él quería hablarles; tenía mucho que decirles.

“Y sucedió que, mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos…Y comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24:15, 27).

No podía haber ninguna experiencia mejor para esos discípulos y se decían el uno al otro, “¿No ardía nuestro corazón en nosotros mientras nos hablaba?” Pensamos en el gozo de los discípulos, pero ¿qué hay del gozo de Jesús? Yo puedo ver a un Señor resucitado, con lágrimas cayendo sobre sus mejillas glorificadas, y con el corazón lleno de gozo. Él estaba satisfecho, su necesidad había sido suplida, y lo veo gozoso en sobremanera. Él había ministrado, y en su forma glorificada él había podido experimentar por primera vez una comunión mutua. Él había derramado su corazón, pero su corazón ya no se sentía solo y su necesidad había sido suplida.

martes 2 de febrero de 2010

CÓMO VENCER SOBRE LA TENTACIÓN

El poder para aguantar y no ceder a la tentación, no viene de llenar nuestras mentes con versos de las Escrituras, o de hacer promesas y votos, o de pasar horas en oración y ayuno, ni aún de entregarnos a alguna gran causa espiritual. Estas cosas son todas loables y normales para el crecimiento Cristiano, pero no es ahí donde se encuentra nuestra victoria.

El simple secreto para aguantar cualquier tentación es ¡romper el miedo que tenemos al poder de Satanás! El temor es el único poder que Satanás tiene sobre el hombre. Dios no nos da el espíritu de temor. ¡Eso es sólo de Satanás! Pero el hombre le tiene miedo al diablo. Está atemorizado de los demonios. Tiene miedo a fallar. Miedo a que sus apetitos y hábitos no puedan ser alterados. Miedo a sus deseos íntimos, a que estos estallarán y controlarán su vida. Miedo a que él sea uno entre mil que es diferente a los demás, lleno de lujuria, y sin compostura.

El hombre tiene miedo a no poder dejar su pecado. Él acredita a Satanás con poder que éste no tiene. El hombre clama, “¡Estoy atrapado y no puedo parar! Estoy hechizado y en poder del diablo. ¡El diablo me hace hacerlo!”

El miedo tiene tormento. Mientras usted esté con miedo del diablo, usted nunca podrá romper el poder de ninguna tentación. El temor le da alas a Satanás, y los Cristianos que tienen miedo del diablo tienen poco o nada de poder para resistir.

¡Todo está basado en una mentira! La mentira es que Satanás tiene poder para derribar a los Cristianos que están bajo presión. ¡No es así! Jesús vino a destruir todo el poder del diablo sobre los hijos de Dios que han sido lavados en la sangre. Yo me he preguntado varias veces por qué Dios permite que las personas espirituales sean tentadas. ¿Por qué Dios no remueve todas las tentaciones en lugar de dar con la prueba “la salida para que podáis soportarla” (1 Corintios 10:13)? La respuesta es simple. Una vez que usted se da cuenta de que Satanás está sin poder – una vez que usted se da cuenta de que él no puede hacerle hacer ninguna cosa – una vez que usted se da cuenta que Dios tiene todo el poder para mantenerlo sin caída – de ahí en adelante usted puede “aguantar” cualquier cosa que Satanás lance contra usted. ¡Usted podrá atravesar eso sin temor a fallar!

No somos librados de la tentación, pero sí del miedo al diablo que nos hace ceder a ella. Seguiremos siendo tentados hasta que lleguemos al lugar de “descanso” en nuestra fe. Ese descanso es la confianza inamovible de que Dios ha derrotado a Satanás, de que Satanás no tiene en nosotros derecho ni reclamo, y que nosotros emergeremos como oro probado en el fuego.

lunes 1 de febrero de 2010

EL MOTIVO DE LA TENTACIÓN

La tentación es una invitación o un incentivo a cometer un acto inmoral. Ahora mismo, Satanás está con ira sobre la tierra como león rugiente tratando de devorar a los Cristianos a través de incentivos poderosos hacia la inmoralidad. Nadie está inmune, y mientras más se acerque usted a Dios, más Satanás deseará zarandearlo.

Los pecadores no pueden ser tentados – ¡sólo los verdaderos hijos de Dios pueden serlo! La lluvia no puede tocar a un cuerpo que ya está sumergido bajo el agua. Los pecadores ya están ahogados en perdición, y como hijos de Satanás hacen lo que él les manda. Ellos no tienen que ser tentados o incentivados, porque ya son inmorales – ya condenados. Como esclavos, ellos no tienen libertad para escoger. Ellos simplemente van de muertos, a dos veces muertos, y a “desarraigados”. Los pecadores pueden ser molestados por Satanás pero no tentados. Satanás molesta a sus hijos para hundirlos en pozos profundos y oscuros de inmoralidad, pero ellos ya están muertos en sus transgresiones y pecados y ya no pelean las batallas de los vivos. Es por eso que nuestro Señor nos dice que tengamos por sumo gozo cuando nos hallemos en diversas tentaciones. Estamos experimentando algo único que es sólo para los Cristianos que están madurando.

La tentación es “entrenamiento en condiciones de combate”. Es guerra “limitada” – Dios la limita hasta el punto en que sea “soportable”. Él quiere guerreros experimentados en la batalla que puedan testificar, “¡Yo estaba bajo fuego! ¡He estado en la batalla! El enemigo estaba en todos lados, disparándome, tratando de matarme, pero Dios me mostró cómo soportar la lucha y no tener miedo. Ahora tengo experiencia, así que la próxima vez no temeré.”

La tentación no es una señal de debilidad ni de inclinación hacia la mundanalidad. En lugar de eso, es una graduación, una señal de que Dios confía en nosotros. El Espíritu llevó a Jesús al campo de tentación en el desierto para que él pudiese aprender el secreto del poder que hay sobre toda tentación. En realidad, Dios le estaba diciendo a Jesús, “Hijo, te he dado el Espíritu sin medida. Te he confirmado delante del mundo. Ahora voy a permitir que Satanás lance hacia ti todas las artimañas que tenga – para que tú veas cuán impotente él es – para que tú nunca temas su dominio – para que tú sigas hacia adelante predicando acerca del Reino con la fe de que Satanás está derrotado – y que él no puede tocarte de ninguna manera.”

Esa es la razón por la que los Cristianos son tentados hoy en día. La tentación es permitida en las vidas más santas para enseñarnos las limitaciones de Satanás. Para exponer sus debilidades. Para revelar que Satanás es un espantapájaros. Tememos sólo lo que no entendemos.

viernes 29 de enero de 2010

SOBRE SUS PIES Y LISTO

“Mas Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová estaba con él…” (1Samuel 18:12).


Satanás envidia y teme más a aquéllos que han estado con Dios en oración y están determinados a ponerse de pie y luchar en la fe. Satanás teme incluso a un pequeño ejército equipado en fe para pelear. El se acobarda ante los que están de pie, listos para resistir. Y porque él le teme a usted, su designio es neutralizar su espíritu combatiente.


El diablo lo hace, al tratar de inundar su mente con pensamientos del mismo infierno, que atacan y distraen, que engendran desconfianza y cuestionamientos acerca del poder de Dios. El le gritará a su mente y a su espíritu: “Ya no tiene sentido seguir luchando. Estás demasiado débil a causa tus luchas personales. Nunca serás un vencedor. Los poderes del infierno son demasiado grandes para vencerlos. Así que puedes relajarte. Ya no necesitas ser tan intenso respecto a la batalla.


¡Todo esto es una distracción! La estrategia completa de Satanás es llevarlo a usted a quitar su mirada de la victoria de la Cruz. Él quiere que usted ponga su mirada en sus debilidades, sus pecados, sus fracasos, y es por ello, que él sube la temperatura de sus problemas y sufrimientos presentes. Él quiere hacerle creer que usted no tiene la suficiente fuerza para continuar. Pero la fuerza de usted no es el punto: ¡La fuerza de Jesús sí lo es!


El hecho es, que todos vamos a estar en una lucha hasta que, o muramos, o Jesús vuelva. Podemos pasar por temporadas de calma, tiempos de sosiego. Pero mientras estemos sobre esta tierra, estamos envueltos en una guerra espiritual. Y simplemente, no existe un final para estas batallas. Por ello Pablo dice que Jesús nos ha dado armas poderosas para la destrucción de fortalezas. Hemos sido equipados con armas que Satanás no puede soportar: la oración, el ayuno y la fe.


El tiempo ha llegado en el que debemos desatascar nuestra mirada de nuestras aflicciones presentes. Debemos quitar nuestros ojos de nuestras pruebas y fijarlos en el Capitán de esta guerra. Jesús tiene las llaves de toda victoria y Él nos ha prometido: “Te he provisto de toda arma necesaria para la batalla. Y estoy listo y dispuesto para darte fuerza en tiempos de debilidad”.

jueves 28 de enero de 2010

UN CAMINAR AGRADABLE

El apóstol Pablo enseñó a la iglesia colosense: “Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios” (Colosenses 1:10).


¿Qué se requiere para tener un caminar agradable? Pablo nos dice: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:12-13).


Pablo nos está diciendo en tantas palabras: “Aquí está mi palabra para ustedes en estos momentos de crisis. A la luz de los tiempos difíciles que ustedes saben que se avecinan, deben prestar atención a su caminar con el Señor”.

En otras palabras, debemos preguntarnos: “¿Estoy siendo más como Cristo? ¿Estoy siendo más paciente o más impetuoso? ¿Más manso y gentil o más malo y conflictivo? ¿Más tierno y perdonador o más amargo y envidioso? ¿Soporto “unos a otros”? ¿Sobrellevo la debilidad y faltas de los que me rodean, o siempre debo tener la razón?


Pablo está sugiriendo que, a la luz de tal día venidero, no importan los logros que usted pueda obtener ni las obras de caridad que usted haga. No interesa cuán amable sea usted a los desconocidos, ni cuántas almas traiga a Cristo, esta pregunta permanece: “¿Se está volviendo usted más amoroso, paciente, perdonador y tolerante?”.


Examinar su caminar con Cristo significa ver no tanto lo que usted está haciendo, sino lo que usted está siendo, o en lo que usted está convirtiéndose. Tal andar no puede ser logrado por puro esfuerzo humano. No sucederá por determinación propia, por el mero decir: “Voy a ser ese tipo de creyente”. Más bien, sucede por la obra del Espíritu Santo, a través de la fe en su Palabra.


Primeramente, leemos estas palabras y creemos que son el llamado de Dios, a examinarnos a nosotros mismos. De modo que le pedimos al Espíritu Santo que nos muestre, quiénes somos en realidad y nos medimos por su Palabra. Luego le pedimos al Espíritu Santo que nos ayude a cambiar.

miércoles 27 de enero de 2010

ESPANTANDO A LAS AVES DE RAPIÑA

En Génesis 15, Dios hizo un acuerdo glorioso con Abraham. Él le pidió al patriarca que tomase una becerra y una cabra y las partiera por la mitad. Luego Abraham debía tomar una tórtola y un palomino y ponerlos en el suelo cabeza con cabeza. Abraham hizo lo que se le había dicho, y mientras estas criaturas yacían sangrando, las aves de rapiña descendían sobre los cuerpos muertos. De pronto, Abraham sintió una gran oscuridad rodeándolo. ¿De qué se trataba esta oscuridad? Se trataba de Satanás, en pánico.


¿Cómo cree usted que Satanás reacciona al ver que todas las promesas de Dios llegan a usted, a medida que le entrega su vida a Jesús? El diablo entra en una furia de celos. Luego, cuando le ve resuelto a caminar hasta el final con el Señor, sólo hay una forma en la que él reacciona: ¡Todo el infierno entra en pánico!


¿Qué fue lo que hizo Abraham cuando vinieron estos buitres? La Escritura nos dice que él los ahuyentaba. Así también, el Señor nos ha mostrado la forma de tratar con estas amenazantes aves de rapiña. No debemos tener miedo de los ataques del diablo, porque nos han sido dadas poderosas armas de guerra.


Cada vez que alguna voz de duda o de cuestionamiento a Dios viene a mi mente, debo confrontarla con aquello que yo conozco sobre mi Señor amoroso. No puedo aceptar ningún pensamiento como si fuera cierto, si éste está simplemente basado en lo que estoy sintiendo en ese momento. Debe ser medido al lado de las promesas de Jesús hacia mí sobre sí mismo y sobre la victoria que Él ha ganado para mí.


Dicho de una forma sencilla, si pensamientos acusadores vienen a mí, si producen duda y temor, o son de condenación, o traen un sentimiento de rechazo, yo sé que no son de Dios. Todos debemos estar preparados para que cuando vengan tales pensamientos horribles. Incluso el Señor Jesús estuvo expuesto a este tipo de pensamientos por parte del enemigo, durante la tentación en el desierto.


Cuando las aves de rapiña vengan sobre usted, trayéndole pensamientos de inseguridad y falta de dignidad, ahuyéntelos con la Palabra de Dios. El sacrificio que el Señor le ha guiado a realizar es agradable a Él, y Él honrará dicho sacrificio.

martes 26 de enero de 2010

“Y MUERTO AUN HABLA”

Mientras leemos Hebreos 11, encontramos un común denominador singular de las vidas de las personas mencionadas. Cada uno tenía una característica particular que denota la clase de fe que Dios ama. ¿Cual era ese elemento? Su fe había nacido de una intimidad con Dios.


El hecho es que, es imposible tener una fe que agrada a Dios sin compartir intimidad con él. ¿Qué quiero decir con intimidad? Estoy hablando de un acercamiento hacia el Señor que sólo viene cuando lo deseamos a él. Esta clase de intimidad es un vínculo cercano y personal, es una comunión. Viene cuando deseamos al Señor más que cualquier otra cosa en esta vida.


“Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aun habla por ella” (Hebreos 11:4). Quiero que noten varias cosas significantes sobre este verso. Primero, Dios mismo testificó de las ofrendas de Abel. Segundo, Abel tuvo que construir un altar al Señor, donde él trajo sus sacrificios. Y él no ofreció sólo corderos sin manchas para el sacrificio, pero también la gordura de esos corderos también. “Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, y de la grasa de ellas” (Génesis 4:4).


¿Qué significa la gordura aquí? El libro de Levítico dice sobre la gordura, “Es manjar de ofrenda de olor grato que se quema a Jehová. Toda la grasa es de Jehová” (Levítico 3:16). La gordura era la parte del sacrificio que causaba un dulce aroma que se levantaba. Esta parte del animal ardía rápidamente y era consumida, trayendo un dulce olor. La gordura aquí sirve como un tipo de oración o comunión que es aceptable a Dios. Representa nuestro ministrar al Señor en nuestra habitación secreta de oración. Y el Señor mismo declara que esa adoración íntima se eleva hacia él como un sabroso y dulce aroma.


La primera mención en la Biblia de esta clase de adoración es hecha por Abel. Por eso es que Abel está en la lista de los Campeones de la Fe de Hebreos 11. El es un tipo de siervo que tiene comunión con el Señor, ofreciéndole lo mejor que tiene. Como declara el libro de los Hebreos, el ejemplo de Abel continúa viviendo hoy día como un testimonio de una fe viva y verdadera: “Y muerto, aun habla por ella” (Hebreos 11:4).

lunes 25 de enero de 2010

AUMENTA NUESTRA FE

Marcos 4 relata la historia de Jesús y sus discípulos en una barca, siendo zarandeados por una tormenta en el mar. Empezamos la escena cuando Cristo ha calmado las olas con una sola orden. El entonces se dirige a sus discípulos y les pregunta, “¿Cómo no tenéis fe?” (Marcos 4:40).


Usted puede pensar que esto suena severo. Era una reacción normalmente humana el tenerle miedo a la tormenta. Pero Jesús no los estaba reprendiendo por esa razón. En lugar de eso, él les estaba diciendo, “Después de todo este tiempo conmigo, ustedes todavía no saben quién soy yo. ¿Cómo pudieron haber caminado conmigo tanto tiempo, y no me conocen íntimamente?”


Ciertamente, los discípulos estaban atónitos por los milagros asombrosos que Jesús había efectuado. “Entonces sintieron un gran temor, y se decían uno al otro: ¿Quién es este, que aun el viento y el mar lo obedecen?” (4:41)


¿Puede usted imaginarse? Los propios discípulos de Jesús no lo conocían. El había llamado personalmente a cada uno de ellos para que lo sigan, y había ministrado a su lado a multitud de personas. Ellos habían efectuado milagros de sanidad, y habían alimentado a masas de personas hambrientas. Pero ellos eran extraños a quién su Maestro realmente era.


Trágicamente, lo mismo sucede hoy día. Multitudes de Cristianos han subido a la barca con Jesús, han ministrado junto a él y han alcanzado a multitudes en su nombre. Pero ellos realmente no conocen a su Maestro. No han pasado tiempos íntimos a solas con él. Nunca se han sentado calladamente en su presencia, abriendo sus corazones a él, esperando y escuchando para comprender lo que él quiere decirles.


Vemos otra escena sobre la fe de los discípulos en Lucas 17. Los discípulos vinieron a Jesús pidiéndole, “Aumenta nuestra fe” (Lucas 17:5). Muchos Cristianos hoy día preguntan la misma pregunta: “¿Cómo puedo obtener fe?” Pero ellos no buscan al Señor para recibir la respuesta.


Si usted quiere aumentar su fe, usted tiene que hacer lo mismo que Jesús les dijo a sus discípulos que hagan en este pasaje. ¿Cómo les respondió su pedido de más fe? “Prepárame la cena, cíñete y sírveme hasta que haya comido y bebido” (17:8). Jesús estaba diciendo en esencia, “Ponte tus ropas de paciencia. Luego ven a mi mesa y cena conmigo. Yo quiero que me alimentes allí. Tú has trabajado arduamente todo el día. Ahora quiero que tengas comunión conmigo. Siéntate conmigo, abre tu corazón, y aprende de mí”.

viernes 22 de enero de 2010

ÉL AGRADÓ A DIOS

Enoc disfrutó de un compañerismo cercano con el Señor. En realidad, su comunión con Dios fue tan íntima, que el Señor lo traspuso a la gloria mucho antes de que su vida en la tierra fuera a acabarse. “Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, por que lo traspuso Dios; y antes que fuera traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios” (Hebreos 11:5).


¿Por qué Dios eligió trasponer a Enoc? Las palabras que encabezan este versículo nos dicen claramente que fue debido a su fe. Y además, La frase final nos dice que la fe de Enoc agradó a Dios. La raíz Griega para la palabra “agradó”, aquí significa completamente unido, totalmente en acuerdo, en unidad total. Para decirlo de una manera simple, Enoc tuvo la comunión más cercana posible con el Señor que cualquier otro ser humano pudo haber disfrutado. Y este compañerismo íntimo era agradable a Dios.


La Biblia nos dice que Enoc comenzó a caminar con el Señor después de que engendró a su hijo Matusalén. Enoc tenía sesenta y cinco años en ese tiempo. El entonces pasó los próximos 300 años teniendo compañerismo íntimo con Dios. El libro de Hebreos deja en claro que Enoc estaba tan en contacto con el Padre, tan cerca de él en su comunión por horas, que Dios eligió llevarlo a casa consigo mismo. En esencia, el Señor le dijo a Enoc, “Ya no puedes ir más allá en la carne. Para aumentar mi intimidad contigo, tengo que traerte a mi lado.” Y Dios se lo llevó repentinamente a la gloria.


De acuerdo a Hebreos 11:5, lo que agradó a Dios fue la intimidad de Enoc. A nuestro conocimiento, este hombre nunca efectuó un milagro, nunca desarrolló una profunda teología, nunca hizo grandes obras que fuesen dignas de haber sido mencionadas en las Escrituras. En lugar de eso, leemos esta simple descripción de la vida de este hombre: “Enoc caminó con Dios”.


Enoc tuvo comunión íntima con el Padre. Y su vida hasta ahora es un testimonio de lo que verdaderamente significa caminar en fe.

jueves 21 de enero de 2010

AMIGO DE DIOS

Considere la manera en que Dios describe su relación con Abraham: “Abraham mi amigo” (Isaías 41:8). De igual manera el Nuevo Testamento nos dice, “Abraham creyó a Dios…y fue llamado amigo de Dios” (Santiago 2:23).


¡Qué increíble distinción, ser llamado el amigo de Dios! La mayoría de los Cristianos han cantado ese himno tan conocido, “Qué gran amigo tenemos en Jesús”. Los pasajes bíblicos que acabamos de ver nos muestran esta verdad de una manera poderosa. Que el Creador del universo llame a un hombre su amigo, parece estar más allá del entendimiento humano. Pero sucedió con Abraham. Es una seña de la gran intimidad de este hombre con Dios.


La palabra Hebrea que Isaías usa para decir “amigo” aquí, significa afecto e intimidad. Y la palabra Griega que usa Santiago para decir “amigo”, significa alguien querido, una relación cercana. Ambos implican una intimidad profunda y compartida.


Mientras más cerca crecemos hacia Cristo, más grande se hace nuestro deseo de llegar a vivir completamente en su presencia. Y también, empezamos a ver más claramente que Jesús es nuestro único y verdadero cimiento.


La Biblia nos dice que Abraham “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10). Para Abraham, nada en esta vida era permanente. Las Escrituras nos dicen que en el mundo él era “como extranjero”. No era un lugar para sentar raíces. El país celestial que Abraham anhelaba, no era un lugar literario. Era estar en casa con el Padre. Vea usted, la palabra Hebrea para “ciudad” es Pater. Tiene su raíz de la palabra que significa “Padre”. Así que la ciudad celestial que Abraham esperaba, era literalmente un lugar con el Padre.


Y sin embargo, Abraham no era un místico. El no era un santurrón con humos de santidad y que vivía en una neblina espiritual. Este hombre vivió una vida terrenal, envuelto activamente en los asuntos mundiales. Después de todo, él era el dueño de miles de cabezas de ganado. Y él tenía suficientes sirvientes como para formar un pequeño ejército. Abraham tenía que haber sido un hombre muy ocupado, dirigiendo a sus sirvientes y comprando y vendiendo ganado, ovejas y cabras.


Pero de alguna manera, a pesar de los muchos asuntos de negocios y responsabilidades, Abraham encontró tiempo para tener intimidad con el Señor.

miércoles 20 de enero de 2010

EL PODER DE MANTENERSE VERDE

Yo fui guiado a estudiar Apocalipsis 9, el capítulo de las langostas. Mientras leía el verso 4, sobre la orden que Dios les da a las langostas de no destruir nada verde, un pensamiento saltó dentro de mí.


Me di cuenta que aquí estaba la llave para mantenerse seguro en cualquier tiempo de terror: “mantenerse verde”. David escribió, “Pero yo estoy como olivo verde en la casa de Dios…eternamente y para siempre” (Salmo 52:8).


El “verde” al que David se refiere aquí, significa salud espiritual. Significa estar lleno de vida, crecer, ser fructífero. David nos está diciendo, “Mi salud viene de confiar en el Señor. Yo me lleno de vida cuando me vuelvo a él. Mi confianza en él produce vida espiritual en mí.”


Aquí hay una gloriosa verdad sobre el poder de mantenerse verde. “Así ha dicho Jehová; ¡Maldito aquél que confía en el hombre, que pone su confianza en la fuerza humana, mientras su corazón se aparta de Jehová! Será como la retama en el desierto, y no verá cuando llegue el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada” (Jeremías 17:5-6).


El Señor nos advierte, “No confíes en el hombre. Si pones tu fe en el poder humano en lugar del mío, serás maldito.”


Pero, si ponemos nuestra confianza en el Señor, aquí está lo que nuestra fe producirá: “¡Bendito el hombre que confía en Jehová, cuya confianza está puesta en Jehová! Por que será como un árbol plantado junto a las aguas, que junto a las corrientes echará sus raíces. No temerá cuando llegue el calor, sino que su hoja estará verde. En el año de sequía no se inquietará ni dejará de dar fruto” (17:5-6).


Cuando confiamos totalmente en el Padre, ponemos nuestras raíces en el río de la salud. Y su divina fortaleza – salud espiritual frondosa, verde- fluye dentro y a través de todo nuestro ser. Mientras todo alrededor nuestro se esté pudriendo, nosotros estaremos frondosos como un árbol verde, saludable y fuerte. Y cuando venga la hora de los problemas, no nos marchitaremos ni decaeremos. En lugar de eso, nuestra fe continuará creciendo.

martes 19 de enero de 2010

EL FUEGO DE DIOS TODAVÍA ARDE

Penosamente, mucho del Cuerpo de Cristo parece un “Valle de Huesos Secos” de días modernos. Es un desierto lleno con los esqueletos blanqueados de Cristianos caídos. Ministros y otros creyentes devotos se han apagado por un pecado que los asedia. Y ahora están llenos de vergüenza, escondiéndose en cuevas que ellos mismos han construido. Como Jeremías, se han convencido a sí mismos, “No me acordaré más de él [el Señor] ni hablaré más en su nombre” (Jeremías 20:9).


Dios todavía sigue preguntando la misma pregunta que le hizo a Ezequiel: “¿Pueden estos huesos muertos vivir otra vez?” La respuesta a esta pregunta es un “¡Sí!” rotundo. ¿Cómo? Sucede al renovar nuestra fe en la Palabra de Dios.


La misma Palabra de Dios es un fuego consumidor. Ciertamente, es la única verdadera luz que tenemos durante nuestras noches oscuras de desesperación. Es nuestra única defensa en contra de las mentiras del enemigo, cuando él susurra, “Estás acabado. Has perdido el fuego. Y nunca lo recuperarás.”


La única cosa que nos sacará de nuestra oscuridad es la fe. Y la fe viene por oír la Palabra de Dios. Nosotros simplemente tenemos que aferrarnos a la Palabra que ha sido implantada en nosotros. El Señor ha prometido, “No dejaré que te hundas; así que no tienes razón para desesperarte. No tienes por qué rendirte. Descansa en mi Palabra.”


Usted puede pensar, “Pero ésta noche oscura es peor de lo que antes yo he conocido. He escuchado mil sermones de la Palabra de Dios, pero ninguno parece tener ningún valor para mí ahora”. No se desespere, el fuego de Dios todavía está ardiendo en usted, aunque usted no pueda verlo. Y usted debe de avivar ese fuego con la gasolina de la fe. Usted hace esto al confiar en el Señor. Cuando usted lo hace, usted verá todas sus dudas y lujurias consumidas.


El aliento del Espíritu de Dios está dando vida nuevamente a cada hueso seco. El les está haciendo recuerdo de la Palabra que implantó en ellos. Y aquellos que una vez habían caído muertos, están siendo revividos. Ellos están clamando como Jeremías lo hizo, “El fuego de Dios ha estado guardado dentro de mí por mucho tiempo. Ya no puedo mantenerlo escondido más. Puedo sentir el poder de Dios levantándome. El está poniendo vida dentro de mí. Y yo voy a hablar la Palabra que él me dio. Voy a proclamar su misericordia y su poder sanador.”

lunes 18 de enero de 2010

MI VIDA ESTA PRESERVADA

La Biblia nos dice que Jacob recibió una increíble revelación a través de un encuentro “cara a cara” con Dios: “Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; por que dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma” (Génesis 32:39). ¿Cuál fue la circunstancia alrededor de esta revelación? Fue en el punto más bajo, más aterrador de la vida de Jacob. En ese tiempo, Jacob se encontró atrapado entre dos fuerzas poderosas: su suegro Labán quien estaba muy enojado, y su hermano Esaú, hostil y amargado.


Jacob había trabajado más de veinte años para Labán, el cual lo había engañado una y otra vez. Finalmente Jacob se hartó, y sin decir nada a Labán, tomó a su familia y se marchó.


Labán lo persiguió por el Este con un pequeño ejército, listo para matar a Jacob. Pero sólo cuando Dios advirtió a Labán en un sueño de no hacer daño a Jacob, éste dejó que se fuera. Tan pronto como Labán se aparta, Esaú aparece por el Oeste. El también traía un pequeño ejército de 400 hombres, listos para matar a su hermano por haberle robado su derecho de primogénito.


Jacob se encontró en una situación calamitosa, convencido que iba a perderlo todo. Las cosas se veían sin esperanza; pero en esa hora oscura, Jacob tuvo un encuentro con Dios como nunca antes. El luchó con un ángel que muchos estudiosos de la Biblia creen que fue el Señor mismo.


Ahora piense también sobre Job. En su hora más oscura, Dios se le apareció en un torbellino. Y Dios le dio a este hombre una de las revelaciones más grandes de sí mismo como nunca lo ha hecho con ningún otro ser humano.


Dios llevó a Job al cosmos, luego a las profundidades del mar. El lo guió a los secretos mismos de la creación, y Job vio cosas que ninguna persona había visto. A él se le mostró la gloria misma y la majestad de Dios. Job emergió de esa experiencia alabando a Dios, diciendo, “Yo sé ahora que tú puedes hacer cualquier cosa, Señor. Me arrepiento por haber cuestionado tus decisiones. Yo veo que todas las cosas están bajo tu control y dirigidas por tu gracia. Tú tenías un plan todo el tiempo, pero ahora yo actualmente te he visto con mis ojos” (ver Job 42:2-5).


Algo maravilloso sucede cuando nosotros simplemente confiamos. Una paz viene sobre nosotros, capacitándonos para decir, “No importa lo que salga de todo este problema. Mi Dios tiene todo bajo control. No tengo que temerle a nada.”

viernes 15 de enero de 2010

EL TIENE TODAS LAS LLAVES

A través de las Escrituras, las más grandes revelaciones de las bondades de Dios vinieron a las personas durante sus momentos de problemas, calamidades, aislamiento y privaciones. Encontramos un ejemplo de esto en la vida de Juan. Durante tres años, este discípulo estuvo “recostado cerca del pecho de Jesús”. Fue un tiempo de descanso, paz y felicidad, sin problemas ni dificultades. Durante todo ese tiempo, Juan recibió muy poca revelación. El conoció a Jesús solo como El Hijo de hombre. Entonces, ¿Cuándo recibió él su revelación de Cristo en toda su gloria?


Sucedió sólo después de que Juan fuese sacado de Éfeso a rastras y en cadenas. El fue exilado a la isla de Patmos, y sentenciado a trabajos forzados. El estaba aislado, sin comunicación, sin amigos ni familia que lo consuelen. Fue un tiempo de completa desesperación, el punto más bajo en su vida.


Es aquí cuando Juan recibe la revelación de su Señor que llegaría a ser el elemento final de las Escrituras: El libro de Apocalipsis. En esa hora oscura, la luz del Espíritu Santo vino a él y Juan vio a Jesús como nunca lo había visto antes. El literalmente vio a Cristo como el Hijo de Dios.


Juan no recibió esta revelación mientras él estaba con los otros apóstoles, o aun durante los días de Jesús en la tierra. Pero ahora, en su hora más oscura, Juan vio a Cristo en toda su gloria, declarando “[Yo soy] el que vivo, y estuve muerto, mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Apocalipsis 1:18). Esta increíble revelación hizo que Juan cayera como muerto. Pero Jesús lo levantó y le mostró las llaves que él tenía en sus manos. Y él lo tranquilizó a Juan diciéndole, “No temas” (1:17).


Yo creo que esta revelación viene a cada siervo (o sierva) lastimado que ora, y que está pasando momentos de necesidad. El Espíritu Santo dice, “Jesús tiene todas las llaves de la vida y de la muerte. Así que la partida de cada uno descansa en sus manos”. Esta revelación tiene el propósito de traer paz a nuestros corazones. Al igual que Juan, debemos visualizar a Jesús de pié delante de nosotros, y sosteniendo las llaves de la vida y de la muerte, asegurándonos a nosotros “No teman. Yo tengo todas las llaves. ¿Cuál debe de ser nuestra respuesta? Como Job, debemos de decir en fe, “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21).

jueves 14 de enero de 2010

GRACIA DE PERSONAS

Dios con frecuencia usa ángeles para ministrar a las personas. Pero mayormente, él usa sus propias personas cariñosas para repartir su gracia. Esta es una razón por la que hemos sido hechos partícipes de su gracia: para ser canales de ella. Se supone que la repartamos a otros. Yo llamo a esto “gracia de personas.”


“Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios 4:7). Debido al consuelo que se nos es dado por medio de la gracia de Dios, es imposible que ninguno de nosotros continúe apenado toda su vida. En algún punto, estaremos siendo sanados por el Señor y comenzamos a almacenar una reserva de la gracia de Dios.


Yo creo que es esto lo que Pablo quiso decir cuando él escribió, “del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios…de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutable riquezas de Cristo” Efesios 3:7-8). “Todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia” (Filipenses 1:7). El apóstol está haciendo una declaración profunda. El está diciendo, “Cuando yo voy al trono de Dios para obtener gracia, es por vuestro bien. Yo quiero ser un pastor misericordioso para vosotros, y no uno que sea crítico o sentencioso. Quiero estar dispuesto a dispensar gracia a vosotros en vuestros tiempos de necesidades”. La gracia de Dios hizo que Pablo sea un pastor compasivo, capaz de llorar con aquellos que estaban afligidos.


Pedro escribe, “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10). ¿Qué significa ser un buen administrador o dispensador de la multiforme gracia de Dios? ¿Soy yo tal persona? ¿O paso mi tiempo orando por mi propio dolor, penas y problemas?


Amados, nuestros sufrimientos actuales están produciendo algo precioso en nuestras vidas. Están formando en nosotros un clamor por el don de la misericordia y la gracia, para ofrecérselas a otros que están doliendo. Nuestros sufrimientos hacen que nosotros queramos ser dadores de gracia.

miércoles 13 de enero de 2010

MIGAJAS

La mujer con su hija atormentada por un demonio persistió en buscar a Jesús. Finalmente, los discípulos instaron a su maestro, “Señor, dile que se vaya, desásete de ella. Ella no deja de molestarnos”. Note la respuesta de Jesús a los ruegos de la mujer: “Pero Jesús no le respondió palabra” (Mateo 15:23). Evidentemente, Cristo ignoró toda esta situación. ¿Por qué tomó esta actitud? Jesús sabía que la historia de esta mujer sería contada a cada generación futura, y él quería revelar una verdad para todos aquellos que la lean. Así que él probó la fe de la mujer diciendo, “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (15:24). Cristo estaba diciendo, “Yo he venido para la salvación de los Judíos. “¿Por qué malgastaría yo el evangelio de ellos en un Gentil?


Esta declaración hubiera hecho que cualquier persona se hubiera ido, pero esta mujer no cedió. Ahora, yo le pregunto, ¿Qué tan fácil usted deja de orar por algo? ¿Cuántas veces usted se ha acobardado y ha razonado, “He buscado al Señor. He orado y he pedido. Pero no recibo resultados”?


Considere cómo respondió esta mujer. Ella no contestó quejándose, ni con un dedo acusador diciendo, “¿Por qué te niegas a mí, Jesús?” No, las Escrituras dicen lo contrario: “Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¿Señor, socórreme!” (15:25).


Lo que continúa es duro de leer. Una vez más, Jesús desairó a la mujer. Pero esta vez su respuesta fue más áspera. El le dijo, “No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perros” (15:26). Una vez más él la estaba probando.


Ahora la madre respondió, “Sí Señor; pero aun los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos” (15:27). ¡Qué respuesta increíble! Esta mujer determinada no iba a ceder en su búsqueda de Jesús. Y el Señor la elogió por ello. Jesús le dijo a ella, “¡Mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora” (15:28).


Amados, no debemos de conformarnos con las migajas. Se nos ha prometido toda la gracia y misericordia que necesitemos en nuestras crisis. Y eso incluye cada crisis que tiene que ver con nuestra familia, ya sean salvos o no. Hemos sido invitados a venir audazmente al trono de Cristo, con confianza.

martes 12 de enero de 2010

MÁS ALLÁ DE LA ESPERANZA HUMANA

Llega un tiempo en que ciertas situaciones de la vida están más allá de la esperanza humana. No hay consejero, doctor, ni medicina ni cualquier otra cosa que pueda ayudar. La situación se ha vuelto imposible. Se requiere un milagro, o si no acabará en devastación.


Durante esos tiempos, la única esperanza que queda es que alguien pueda llegar a Jesús. No importa quien sea, padre, madre, o niño. Esa persona tiene que tomar la responsabilidad de agarrarse de Jesús. Y tienen que determinar, “Yo no me voy hasta que me hable el Señor. El tiene que decirme, ‘Esta hecho. Ahora puedes irte.’”


En el Evangelio de Juan, encontramos una familia en una crisis así: “Había en Capernaúm un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo” (Juan 4:46) Esta era una familia distinguida, tal vez de realeza. Un espíritu de muerte estaba sobre esa casa, mientras los padres cuidaban de su hijo que estaba muriendo. Pudo haber habido otros miembros de la familia en la casa, tal vez tíos o tías, abuelos, o algún otro hijo. Se nos dice que todo el hogar creyó, incluyendo los sirvientes. “[El padre] creyó él con toda su casa” (4:53).


Alguien en esa angustiada familia sabía quién era Jesús, y había escuchado de su poder milagroso. Y de alguna manera, la noticia llegó al hogar de que Jesús estaba en Caná, como a cuarenta kilómetros de distancia. En desesperación, el padre se propuso poder llegar al Señor. Las escrituras nos dicen “Cuando oyó aquel que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a él” (4:47).


Este oficial del rey tenía una determinación fuerte y llegó a Jesús. La Biblia dice que él “le rogó que descendiera y sanara a su hijo, que estaba a punto de morir” (4:47). Qué cuadro maravilloso de intercesión. Este hombre dejó todo a un lado para buscar que el Señor le diese una palabra.


Cristo le respondió, “Si no veis señales y prodigios, no creeréis” (4:48). ¿Qué quiso decir Jesús con esto? El le estaba diciendo a este oficial del rey que una milagrosa liberación no era su necesidad más grande. En lugar de eso, la necesidad más importante era la fe de este hombre. Piense sobre esto: Cristo pudo haber ido a la casa de esa familia, pudo haber puesto sus manos sobre el hijo moribundo y sanarlo. Pero lo único que toda esa familia hubiera conocido de Jesús, es que él hacía milagros.


Cristo deseaba más para este hombre y su familia. El quería que ellos creyeran que él era Dios encarnado. Así que en esencia él le dijo a este oficial del rey “¿Crees que es Dios al que tú le estás suplicando por ayuda? ¿Crees que yo soy el Cristo, el salvador del mundo?” El oficial del rey respondió, “Señor, desciende antes que mi hijo muera” (4:49). En ese momento, Jesús debió de haber visto fe en este hombre. Fue como si Jesús hubiera dicho, “El cree que soy Dios encarnado.” Por que leemos, “Jesús le dijo: Vete; tu hijo vive” (4:50).

lunes 11 de enero de 2010

LOS CIMIENTOS DE LA FE

¿Sobre qué cimientos está su fe construida? Las Escrituras nos dicen que la fe viene por el oír, y que la Palabra de Dios nos da “oídos espirituales” permitiéndonos oír (ver Romanos 10:17). Bueno, aquí está lo que la Biblia dice sobre la experiencia de los desiertos en nuestras vidas:


  • “No me arrastre la corriente de las aguas, ni me trague el abismo…Respóndeme, Jehová, por que benigna es tu misericordia…No escondas de tu siervo tu rostro, por que estoy angustiado” (Salmo 69:15-17). Claramente, las aguas de aflicción inundan las vidas de los que agradan a Dios.
  • “Por que tú, Dios, nos probaste; nos purificaste como se purifica la plata. Nos metiste en la red; pusiste sobre nuestros lomos pesada carga… ¡Pasamos por el fuego y por el agua!” (66:10-12). ¿Quién nos mete en la red de aflicciones? Dios mismo lo hace.
  • “Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; pero ahora guardo tu palabra…Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos” (119:67, 71). Estos versos lo hacen perfectamente claro: Es bueno para nosotros – aun nos bendice – el ser afligidos.

Considere el testimonio del Salmista: “Amo a Jehová, pues ha oído mi voz y mis súplicas…Me rodearon ligaduras de muerte, me encontraron las angustias del seol; angustia y dolor había yo hallado. Entonces invoqué el nombre de Jehová, diciendo: ‘¡Jehová, libra ahora mi alma!’” Salmo 116:1-4). Aquí tenemos a un siervo fiel quien amaba a Dios y tenía gran fe. Aún así, él enfrentó las penas del dolor, problemas y muerte.


Encontramos este tema a través de la Biblia. La Palabra de Dios declara a gran voz que el camino hacia la fe es a través de las aguas y del fuego: “En el mar fue tu camino y tus sendas en las muchas aguas” (Salmo 77:19). “He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz…Abriré camino en el desierto y ríos en la tierra estéril” (Isaías 43:19) “Cuando pases por las aguas yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás ni la llama arderá en ti (Isaías 43:2). “Por que yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha y te dice: ‘No temas, yo te ayudo’”. (Isaías 41:13)


El último verso contiene una llave importante: En cada desierto que enfrentamos, nuestro Padre está agarrando nuestra mano. Pero sólo aquellos que pasan por el desierto reciben esta mano de consuelo. El se la extiende a aquellos que están atrapados en rugientes ríos de problemas.

viernes 8 de enero de 2010

EL PODER DEL ESPÍRITU PARA LIBRAR

“El nos libró y nos libra y esperamos que aun nos librará de tan grave peligro y de muerte” (2Corintios 1:10). ¡Que declaración increíble! Pablo está diciendo, “El Espíritu me libró de una situación desesperada. El me está librando aún ahora. Y él continuará librándome en todas mis aflicciones.”


El recibir al Espíritu Santo no es evidenciado por una manifestación emocional. (Pero creo que hay manifestaciones del Espíritu). De lo que estoy hablando es de recibir al Espíritu a través de un conocimiento que continúa aumentando. Recibirlo a él significa tener una luz que aumenta siempre para conocer más de su poder liberador, de que lleva cargas, de su provisión.


Yo repito las palabras de Pedro: “Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia” (2 Pedro 1:3). Según Pedro, el poder divino del Espíritu no viene como una manifestación. El viene primero “mediante el conocimiento de aquel que nos llamó”.


“De su plenitud recibimos todos” (Juan 1:16). Además, el Espíritu Santo no es completamente recibido hasta que está en completo control. Nosotros simplemente no lo hemos recibido si no le hemos dado control absoluto. Debemos de entregarnos totalmente a su cuidado.


Déjeme darle un último ejemplo para ilustrar esto. En Génesis 19, encontramos a Lot y a su familia en una crisis terrible. El juicio iba a caer sobre su ciudad, Sodoma, así que Dios había enviado a sus ángeles para librarlos. Lot les abrió su puerta a estos mensajeros del Señor, y ellos entraron a la casa. Ellos tenían el poder del cielo para librar a toda la familia. Pero los ángeles no fueron recibidos.


Al final, los ángeles tuvieron que forzar su voluntad sobre Lot y su familia, sacándolos a empujones fuera de Sodoma. El plan de Dios todo ese tiempo era librarlos por medio del escape. El los iba a vestir y a darles de comer, y a cuidar de ellos. Pero como sabemos, la esposa de Lot miró hacia atrás y murió.


El mensaje de los ángeles era claro: “Si usted quiere que Dios esté dirigiendo, entonces entréguele a él las riendas. Si usted lo busca para ser librado, usted tiene que dejar sus propios planes a un lado y estar decidido a hacerlo a la manera de él.” Puesto de una manera simple, el Espíritu Santo no usa sus poderes para librar a los que dudan. La incredulidad aborta su trabajo. Tenemos que estar dispuestos a dejar que él haga cambios en nuestras vidas, si ese es el camino que Dios ha escogido para librarnos.

jueves 7 de enero de 2010

UN GRAN DESPERTAR

¿Qué quiero decir con un gran despertar? Hablo de lo que Pablo describe como una revelación e iluminación: “Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él. Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza” (Efesios 1:17-19)


Pablo les estaba diciendo a los Efesios, “Yo oro para que Dios les dé una fresca revelación, para que él les abra los ojos al llamado que les ha dado. Le estoy pidiendo que os dé nuevo entendimiento sobre vuestra herencia, las riquezas de Cristo que os pertenecen. Existe un impresionante poder que Dios quiere desatar en vosotros. Es el mismo poder que estaba en Jesús. Sí, el mismo poder que tiene el Cristo entronado en el cielo, está en vosotros ahora mismo.”


Según Pablo, “[el poder de la fuerza de Dios] la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” es la misma “supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos” (1:20,19). Por esta razón, Pablo nos exhorta, “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe” (2 Corintios 13:5)


¿Cómo es que debemos examinarnos? Lo hacemos midiéndonos en luz a las maravillosas promesas de Dios. Debemos de preguntarnos: “¿Saco yo de los recursos de Cristo para resistir al diablo? ¿Acceso a su poder para vencer al pecado? ¿Vivo continuamente en la felicidad, paz y descanso que Jesús ha prometido a cada creyente sin excepción?”


Para usted, su propio “gran despertar” viene el día en que usted mira a su vida y clama, “Tiene que haber más de la vida en Cristo que esto. Todos mis planes se han deshecho. Mis sueños se han hecho añicos. Vivo como esclavo de mis miedos y deseos de mi carne. Pero no puedo seguir así más”.


“Sé que el Señor me ha llamado a algo más que a esta vida vencida. Y no seré un hipócrita. Oh, Dios, ¿existe realmente un lugar donde tú me suplirás con fortaleza para vivir victoriosamente? ¿Estás realmente deseoso de hacerme más que conquistador en todas mis aflicciones? ¿Es verdad que has provisto un lugar perfecto de paz para mí en medio de mis batallas?”


¿Es realmente posible para mí tener intimidad continua contigo? ¿Es verdad que no tengo que deslizarme a la apatía nunca más ni luchar penosamente para complacerte? ¿Hay realmente un lugar de descanso en ti donde yo nunca más necesitaré ser avivado, por que mi fe continúa firme?”

miércoles 6 de enero de 2010

LLENO CON EL ESPÍRITU

“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia” (2 Pedro 1:3).


Por años yo he afirmado estar lleno del Espíritu. He testificado que he sido bautizado en el Espíritu. He predicado que el Espíritu Santo me da poder para testificar, y que él me santifica. He orado en el Espíritu, le he hablado al Espíritu, he caminado en el Espíritu y he escuchado su voz. Yo verdaderamente creo que el Espíritu Santo es el poder de Dios.


Puedo llevarlo a usted al lugar donde fui lleno del Espíritu a la edad de 8 años. He leído todo lo que las escrituras dicen acerca del Espíritu Santo. Pero últimamente, me he encontrado orando, “¿Conozco realmente este increíble poder que vive en mí? ¿O el Espíritu es sólo una doctrina para mí? ¿Estoy de alguna manera ignorándolo? ¿No he sabido pedirle que haga en mí lo que él fue enviado a hacer?”


El hecho es, que podemos tener algo muy valioso y no saberlo. Y no podemos disfrutar lo que tenemos, por que no entendemos lo valioso que es.


Hay un cuento de un campesino el cual trabajó en su pequeña terreno toda su vida. Por décadas él aró el terreno pedregoso, viviendo pobremente y finalmente murió de descontento. Después de su muerte, el terreno pasó a manos del hijo. Un día mientras araba, el hijo encontró una pepita de oro. Fue a avaluarla y le dijeron que era oro puro. El joven descubrió pronto que todo el terreno estaba lleno de oro e instantáneamente, se convirtió en un hombre rico. Pero esta riqueza no fue del padre, aunque estaba en su terreno toda su vida.


Así es con el Espíritu Santo. Muchos de nosotros vivimos ignorantes de lo que tenemos, del poder que reside en nosotros. Muchos cristianos viven todas sus vidas pensando que tienen todo lo que el Espíritu Santo ha traído, y sin embargo no lo han recibido verdaderamente en la totalidad de su poder. El no está completando en ellos el trabajo eterno para el cual él fue enviado.

martes 5 de enero de 2010

ORACIÓN DE FAMILIA

“Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidan, les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:19). Algunos cristianos llaman a esto “la oración en acuerdo”. Usted es profundamente bendecido si tiene un hermano o hermana devota con quien orar. Verdaderamente, los intercesores más poderosos que yo he conocido, han sido en conjunto de dos o tres.

El lugar donde ésta clase de oración tiene más poder es en el hogar. Mi esposa Gwen y yo, oramos diariamente juntos, y yo creo que esto mantiene a nuestra familia unida. Hemos orado por cada uno de nuestros hijos durante sus años de crecimiento, para que ninguno se pierda. Hemos orado acerca de sus amistades y relaciones, y por sus futuros cónyuges, y ahora lo estamos haciendo por nuestros nietos.

Muy pocas familias cristianas se dan tiempo para orar en el hogar. Yo puedo testificar hoy día de que estoy en el ministerio por el poder de la oración de familia. Cuando yo era niño, cada día, no importaba dónde yo y mis hermanos estuviéramos jugando, en la calle o en el patio, nuestra madre nos llamaba desde la puerta de nuestra casa: “David, Jerry, Juanita, Ruth, ¡es tiempo de orar!” (Mi hermano Don no había nacido todavía.)

Todo el vecindario sabía de nuestro tiempo de oración familiar. A veces odiaba escuchar ese llamado, y me quejaba y rezongaba. Pero algo claramente sucedía durante esos momentos de oración, con el Espíritu Santo moviéndose en nuestra familia y tocando nuestros corazones.

Tal vez usted no puede verse teniendo oración familiar. Tal vez usted tenga un esposo o esposa quien no coopera, o un niño que es rebelde. Amado, no importa quien decide no involucrarse. Usted puede ir a la mesa de la cocina, inclinar su cabeza y orar. Eso servirá como un tiempo de oración de su hogar, y cada miembro de su familia lo sabrá.

lunes 4 de enero de 2010

TENGO NECESIDAD DE TI

Algunos Cristianos no quieren estar conectados a otros miembros del cuerpo de Cristo. Ellos tienen comunión con Jesús, pero ellos deliberadamente se aíslan de otros creyentes. Ellos no quieren tener nada con el cuerpo, sólo con la cabeza.

Pero un cuerpo no se compone de un solo miembro. ¿Puede usted imaginarse a una cabeza con solo un brazo creciéndole? El cuerpo de Cristo no puede ser hecho sólo de una cabeza, sin miembros ni órganos. Su cuerpo consiste de muchos miembros. Nosotros simplemente no podemos ser uno con Cristo sin ser uno con su cuerpo también.

Nuestra necesidad no es solo de la cabeza, es de todo el cuerpo. Estamos entretejidos juntos no sólo por nuestra necesidad de Jesús, sino también por la necesidad del uno por el otro. Pablo declara, “Ni el ojo puede decir a la mano: ‘No te necesito’, ni tampoco la cabeza a los pies: ‘no tengo necesidad de vosotros’” (1 Corintios 12:21)

Note la segunda parte de este verso. Ni aún la cabeza puede decir a otro miembro, “no te necesito”. ¡Qué increíble declaración! Pablo nos está diciendo, “Cristo nunca le dirá a un miembro de su cuerpo, ‘no tengo necesidad de ti’”. Nuestra cabeza de buena gana se conecta a cada uno de nosotros. Es más, él dice que todos somos importantes, aún necesarios, para el funcionamiento de cuerpo de él.

Esto es verdadero especialmente de los miembros quienes están heridos y dolidos. Pablo enfatiza, “Al contrario, los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios” (12:22). El apóstol entonces añade, “y a aquellos miembros del cuerpo que nos parecen menos dignos, los vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro” (12:23). El está hablando de aquellos en el cuerpo de Cristo que no se ven, escondidos, sin ser conocidos. A los ojos de Dios, estos miembros tienen gran honor. Y son absolutamente necesarios para el funcionamiento de su cuerpo.

Este pasaje contiene un significado profundo para todos nosotros. Pablo nos está diciendo, “No importa cuán bajo el concepto de ti mismo pueda ser. Tú puedes pensar que no das la medida como Cristiano. Pero el Señor mismo dice, ¡Yo te necesito! Tú no eres tan sólo un miembro importante de su cuerpo. Tú eres vital y necesario para que pueda funcionar.”

Como miembros importantes del cuerpo de Cristo, los creyentes deben de levantarse y tomar acción directa contra los ataques de Satanás hacia nuestros compañeros creyentes. Asombrosamente, este mandamiento es ignorado por muchos Cristianos. Cuando vemos a un creyente con dolor, queremos ofrecer consuelo, por supuesto, y esto es un acto de amor divino. ¡Pero no es suficiente! Cada creyente debe atar a Satanás en el nombre de Jesús y arrojarlo a las tinieblas de afuera. Esa es una señal de ser un verdadero miembro del cuerpo.

viernes 1 de enero de 2010

RESIGNADO AL CUIDADO DE DIOS

Jesús dijo, ”…y en la tierra angustia de las gentes, confundidas…los hombres quedarán sin aliento por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán sobre la tierra, por que las potencias de los cielos serán conmovidas” (Lucas 21:25-26). Cristo nos está advirtiendo, “Sin esperanza en mí, ¡multitudes de personas literalmente se morirán de miedo!”

Para los seguidores de Jesús, sin embargo, aquellos quienes confían en las promesas de Dios quien promete preservar a sus hijos, existe una gloriosa liberación de todo miedo. Verdaderamente, todos los que están bajo la soberanía de Cristo no necesitan sentir miedo nunca más, si tan solo se apropian del siguiente secreto: la verdadera liberación del miedo consiste en resignar nuestra propia vida a las manos del Señor.

El resignar nuestras personas al cuidado de Dios, es un acto de fe. Significa ponernos completamente bajo su poder, sabiduría y misericordia, siendo guiados y preservados por su voluntad solamente. Si hacemos esto, el Dios del universo promete ser completamente responsable por nosotros, alimentarnos, vestirnos y cobijarnos, y de guardar nuestro corazón contra toda maldad.

Jesús proveyó el máximo ejemplo de esta clase de resignación santa cuando él fue a la cruz. Momentos antes de entregar su espíritu, él clamó a gran voz, “…Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46).

Cristo colocó literalmente, el conservar su derecho a su vida y su eterno futuro al cuidado del Padre. Y al haberlo hecho, él colocó las almas de cada una de sus ovejas en las manos del Padre.

Usted podría preguntarse, “¿Pero no dijo Jesús de que él tenía el poder para poner su vida y para volver a tomarla? (Ver Juan 10:18). Si él tenía el poder de “volver a tomar su vida”, ¿por qué la resignó a las manos del Padre para que fuera preservada?” La respuesta es obvia: ¡Jesús lo hizo para establecer un ejemplo para que sigan todas sus ovejas!

Si se nos ha pedido que le confiemos nuestra vida a alguien, entonces debemos de saber que este Alguien tiene el poder de guardarnos de todo peligro, amenazas y violencia. El apóstol Pablo escribe, “… yo sé a quién he creído y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito para aquél día” (2 Timoteo 1:12).

jueves 31 de diciembre de 2009

EL DELEITE DE DIOS

Dios no solamente ama a su pueblo sino que se deleita en cada uno de nosotros: El encuentra gran placer en nosotros. El es realmente bendecido en guardarnos y en librarnos.

Yo veo esa clase de placer paternal en mi esposa Gwen, cuando uno de nuestros nietos llama por teléfono. Ella se ilumina como un árbol de Navidad cuando está hablando con uno de sus nietos. Nada puede apartarla del teléfono. Aún si le dijera que el Presidente de la nación está en la puerta de nuestra casa, ella no me haría caso y seguiría hablando.

¿Cómo podría yo alguna vez acusar a mi Padre celestial de deleitarse menos en mí de lo que yo me deleito en mi propia prole? A veces mis hijos me han fallado, haciendo cosas contrarias a las que les he enseñado. Pero ni una sola vez he dejado de amarlos o de deleitarme en ellos. Así que, si yo poseo esa clase de amor que permanece y soy un padre imperfecto, ¿cuánto más nuestro Padre celestial nos ama a nosotros sus hijos?

Josué y Caleb se pusieron de pié en medio de la congregación de Israel y clamaron, “Si el Señor se deleita en nosotros, él nos llevará a esta tierra y nos la entregará” (Números 14:8). Qué declaración tan simple y al mismo tiempo tan poderosa. Ellos estaban proclamando, “Nuestro Señor nos ama y se deleita en nosotros. Y él va a derrotar a cada gigante, por que él se deleita en hacerlo por nosotros. Así que no debemos de mirar a nuestros obstáculos. Debemos mantener nuestros ojos en el gran amor que el Señor tiene por nosotros”.

A través de todas las Escrituras leemos de que Dios se deleita en nosotros: “…Pero los perfectos de camino son su deleite” (Proverbios 11:20). “La oración de los rectos es su gozo” (Proverbios 15:8). “Me libró de mi poderoso enemigo…por que eran más fuerte que yo…me saco a lugar espacioso; me libró, por que se deleitó en mí” (Salmo 18:17-19).

Es absolutamente imperativo que nosotros creamos que Dios nos ama y que se deleita en nosotros. Entonces seremos capaces de aceptar que cada circunstancia en nuestra vida eventualmente nos demostrará la voluntad amorosa de nuestro Padre por nosotros. Emergeremos de nuestro desierto recostados sobre el amoroso brazo de Jesús. Y él cambiará nuestro lamento en baile.

miércoles 30 de diciembre de 2009

CONQUISTANDO LAS TINIEBLAS

Solamente una cosa conquista y disipa las tinieblas, y esa cosa es la luz. Isaías declaró, “El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz” (Isaías 9:2). De igual manera, Juan escribió, “La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la dominaron” (Juan 1:5)

La luz representa entendimiento. Cuando decimos “Veo la luz”, estamos diciendo, “Ahora entiendo”. ¿Ve usted lo que las Escrituras están diciendo? El Señor va a abrir nuestros ojos, no para ver a un demonio victorioso, sino para recibir nueva revelación. Nuestro Dios ha enviado al Espíritu Santo, cuyo poder es más grande que todos los poderes del infierno: “Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo”
(1 Juan 4:4).

En Apocalipsis leemos que el infierno arrojará langostas y escorpiones que tendrán gran poder. Leemos sobre un dragón, bestias, criaturas con cuernos, y también del Anticristo. Pero no entendemos el significado de todas esas criaturas. Es más, no necesitamos hacerlo. No necesitamos preocuparnos por el Anticristo ni por la marca de la bestia.

Dentro de nosotros está viviendo el Espíritu del Dios Todopoderoso y de su Cristo. Pablo declara que el poder del Espíritu Santo está trabajando en nosotros. En otras palabras, el Espíritu Santo está vivo en nosotros en este mismo momento.

Así que, ¿Cómo trabaja el Espíritu en nosotros durante los tiempos difíciles? Su poder es liberado solo cuando lo recibimos a él como nuestro llevador de cargas. El Espíritu Santo nos fue dado por esta razón en particular, para llevar nuestras penas y preocupaciones. Así que, ¿Cómo podemos decir que lo hemos recibido, si no le hemos entregado nuestras cargas a él?

El Espíritu Santo no está encerrado arriba en la gloria, sino que está permaneciendo en nosotros. Y él está ansiosamente esperando tomar control de cada situación en nuestras vidas, incluyendo nuestras aflicciones. Así que, si continuamos con miedo – desesperados, con incertidumbre, hundiéndonos en ansiedad – entonces no lo hemos recibido como nuestro consolador, ayudador, guía, rescatador y fortaleza.

El verdadero testigo para el mundo es el Cristiano quien ha entregado todas sus cargas al Espíritu Santo. Como los Tesalonicenses, este creyente ve problemas en su todo entorno, pero continúa teniendo la alegría del Señor. El confía en el Espíritu de Dios para su consuelo, y su guía para salir de la aflicción. Y él tiene un testimonio poderoso para el mundo perdido, por que él personifica la alegría a pesar de estar rodeado de tinieblas. Su vida le dice al mundo, “Esta persona ha visto la luz.”

martes 29 de diciembre de 2009

EL CUARTO SECRETO

“Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará en público” (Mateo 6:6).

En el pasado, yo he enseñado que debido a las demandas de trabajar para nuestro sustento, podíamos tener “un lugar secreto” de oración en cualquier lugar: en el carro, en el bus, durante un descanso en el trabajo. En realidad, esto es cierto. Pero hay más. La palabra Griega por “cuarto” en este verso significa “un cuarto privado, un lugar secreto”. Esto estaba claro para los que escucharon hablar a Jesús, por que en esa cultura sus casas tenían un cuarto escondido que servía como un armario para guardar cosas. El mandato de Jesús era que como individuos vayamos a ese cuarto escondido y cerremos la puerta detrás de nosotros. Allí podremos entrar en la clase de oración que no puede acontecer en la iglesia ni con un compañero de oración.

Jesús dio el ejemplo para esto, cuando él se retiraba a los lugares privados para orar. Una y otra vez las Escrituras nos dicen que él “se apartó” para tener tiempo de oración. Nadie tenía una vida tan ocupada como él, bajo la presión de las necesidades de tantas personas alrededor de él, y con tan poco tiempo para sí mismo. Aun así, se nos dice que “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35). “Después de despedir a la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo” (Mateo 14:23).

Todos nosotros tenemos excusas de por qué no oramos en un lugar especial, a solas. Decimos que no tenemos un lugar así, o que no tenemos tiempo para hacerlo. Un hombre de Dios, el escritor Puritano Thomas Manton dice lo siguiente: “Decimos que no tenemos tiempo para orar en secreto. Pero tenemos tiempo para todo lo demás: tiempo para comer, para beber, para nuestros hijos, pero no tenemos tiempo para lo que sostiene todas las cosas. Decimos que no tenemos un lugar privado, pero Jesús encontró una montaña, Pedro encontró una azotea, los profetas encontraron un desierto. Si usted ama a alguien, usted encontrará un lugar donde puedan estar a solas.”

¿Puede usted ver la importancia de afirmar su corazón para orar en un lugar secreto? No se trata de legalismos o ataduras, sino se trata de amor. Se trata de la bondad de Dios hacia nosotros. El ve lo que viene y sabe que necesitamos recursos tremendos, y que necesitamos ser llenados diariamente. Todo esto sucede en el lugar secreto con él.

lunes 28 de diciembre de 2009

SENTADOS CON JESÚS

Según Pablo, nosotros los que creemos en Jesús, hemos sido resucitados de nuestra muerte espiritual y estamos sentados juntos con él en los lugares celestiales. “Aun estando nosotros muertos en pecados, [Dios] nos dio vida juntamente con Cristo… juntamente con él nos resucitó y así mismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” Efesios 2:5-6).

¿Dónde está este lugar celestial donde estamos sentados con Jesús? No es otra cosa que el mismo lugar del trono de Dios – el trono de la gracia, la habitación del Todopoderoso. Dos versos más tarde nosotros leemos sobre cómo fuimos llevados a este lugar maravilloso: “Por que por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (2:8).

Este lugar del trono es la sede de todo el poder y dominio. Es el lugar donde Dios gobierna sobre todos los principados y poderes, y desde donde reina sobre los asuntos de los hombres. Aquí en la sala del trono, él monitorea cada movimiento de Satanás y examina cada pensamiento de los hombres.

Y Cristo está sentado a la diestra del Padre. Las Escrituras nos dicen, “Todas las cosas fueron hechas por él” (Juan 1:3). Y, “En él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad” (Colosenses 2:9). En Jesús reside toda la sabiduría y paz, todo el poder y fortaleza, todo lo necesario para vivir una vida victoriosa y fructífera. Y se nos ha dado acceso a todas esas riquezas que están en Cristo.

Pablo nos está diciendo, “Tan seguramente así como Cristo fue resucitado de los muertos, hemos sido resucitados por el Padre. Y así de seguro como Cristo fue llevado al trono de la gloria, nosotros hemos sido llevados con él a ese mismo lugar glorioso. Porque nosotros estamos en él, es que estamos también donde él está. Ese es el privilegio de todos los creyentes. Significa que estamos sentados con él en el mismo lugar celestial donde él habita.”

Pablo dice que todas las bendiciones espirituales son otorgadas en la sala del trono. Todas las riquezas de Cristo están disponibles para nosotros allí: constancia, fortaleza, descanso, paz continua y en aumento. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3).