viernes, 28 de agosto de 2015

UN CLAMOR SIN VOZ

Justo antes de que Jesús sane al hombre sordo en Marcos 7, leemos: “y levantando los ojos al cielo, gimió…” (Marcos 7:34). La palabra para gimió aquí significa un gemido audible. Evidentemente, Jesús gesticuló y un gemido salió de su corazón. Por supuesto que el hombre no podía oírlo, porque era sordo, pero, ¿de qué se trata este gemido?

He leído muchos comentarios acerca de esta escena. Pero ninguno confirma lo que yo creo que el Espíritu de Dios me está diciendo. Estoy convencido que Jesús estaba mirando al cielo y estaba en comunión con el Padre y Él estaba llorando calladamente en su alma por dos cosas. Primero, él lloró por algo que solo él podía ver en este hombre. Y segundo, él lloro por algo que él ve hoy, encerrado en los corazones de tanta gente, especialmente los jóvenes.

¿Qué vio Jesús tanto en el pasado como ahora? ¿Qué estaba escuchando, tanto en el corazón de este hombre sordo y en los corazones de las multitudes de hoy? Él estaba escuchando un gemido sin voz. Era un gemir del corazón, embotellado, incapaz de ser expresado. Ahora Cristo mismo gimió con un gemir que no podía ser expresado. Él estaba dándole una voz al clamor de todos los que no pueden hacerlo.

Piensa en las tantas noches que este hombre sordo lloró en su lecho hasta quedarse dormido porque nadie lo entendía. Ni siquiera su madre o su padre podían discernir lo que él decía. Cuantas veces trató de explicar cómo se sentía, pero todo lo que salían era sonidos dolorosos y torpes. Quizás pensó, “Si tan solo pudiera hablar, aunque fuera una vez. Si tan solo mi lengua se soltara por un minuto, le podría decir a alguien lo que está sucediendo en mi alma. Gritaría: ‘No soy un tonto. No estoy bajo una maldición. Y no estoy huyendo de Dios. Solo estoy confundido. Tengo problemas, pero nadie me puede escuchar.’”

Sin embargo, Jesús escuchó los pensamientos del corazón frustrado de este hombre. Él entiende cada gemido interior que no puede ser pronunciado. La Biblia dice que nuestro Señor es tocado con los sentimientos de nuestras enfermedades. Y él sintió el dolor de la condición de sordera y tartamudez de este hombre.

jueves, 27 de agosto de 2015

LENGUAJE DE SEÑAS

¿Cuál fue la primera cosa que Jesús hizo cuando le llevaron al hombre? “[Lo tomó] aparte de la multitud” (Marcos 7:33). Cristo supo inmediatamente lo que este hombre sordo quería. Él anhelaba su propio toque, su propia experiencia, no podía conformarse con algo que “ellos” habían encontrado. Tenía que ser real para él, quería que Jesús abriera sus oídos y libertara su lengua, y tenía que suceder entre Jesús y él.

Si has servido a Dios a través de los años, déjame preguntarte: ¿Puedes recordar aquel momento en el pasado cuando tuviste un encuentro sobrenatural con Jesús? Él te tocó y tú lo supiste. No obtuviste la experiencia de otra persona, no te fue infundida debido a que escuchaste a alguien predicarlo, sino que experimentaste a Cristo por ti mismo. Por eso estás confiado en lo que tienes con Él.

Jesús sabía que el hombre sordo necesitaba este tipo de encuentro, así que le habló a este hombre en su propio idioma: lenguaje de señas. “[El] metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua;” (7:33).

¿Puedes imaginarte lo que pasó por la mente del hombre sordo? Debió pensar, “Él no me está cuestionando o acusando. Él sabe exactamente lo que he pasado, sabe que no lo he rechazado, sabe que quiero oír su voz y hablarle directamente. Él sabe que mi corazón quiere alabarle. Pero no puedo hacer ninguna de estas cosas a menos que reciba Su toque milagroso. Él debe saber que quiero esto.”

Nuestro Salvador muestra esa misma clase de compasión hacia nuestros seres queridos que no son salvos. Él no hará un espectáculo de nadie. Piensa cuán paciente y comprensivo fue con Saulo de Tarso. Este hombre muy reconocido estaba destinado a tener un encuentro milagroso con Jesús. Cristo podría haber ido a él en cualquier momento, podría haber derribado a Saulo mientras Esteban era apedreado, en frente de las multitudes, podría haber hecho un ejemplo de la conversión de Saulo, y sin embargo, no lo hizo. (Ver Hechos 9:1-19)

miércoles, 26 de agosto de 2015

SU ÚNICA ESPERANZA

La única esperanza para el hombre sordo y tartamudo era acercarse a Jesús (Marcos 7:31-35). Él necesitaba tener un encuentro personal con él.

Permíteme señalar que este hombre no era como aquellos que Pablo describe: “que teniendo comezón de oír…apartarán de la verdad el oído,” (2 Timoteo 4:3-4). Este hombre tampoco tenia “espíritu de estupor… y oídos que no oigan” (Romanos 11:8). Él no era como aquellos descritos en Hechos 28:27: “Y con los oídos oyeron pesadamente, y sus ojos han cerrado, para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos”. Ni tampoco era como aquellos que estaban presentes en el apedreamiento de Esteban, gente que “se taparon los oídos” (Hechos 7:57).

El hecho es que este hombre quería oír, quería ser sanado desesperadamente. Sin embargo, leemos, “Y ellos le llevaron un sordo y tartamudo” (Marcos 7:32, cursivas mías). Este hombre no llegó a Jesús por su cuenta, sino que tuvo que ser llevado a Él. Claramente, él debió haber sabido quién era Jesús, y que tenia poder para sanar. Más aun, este hombre sabía cómo comunicarse, ya sea por señas o por escrito, y podía desplazarse solo. Sin embargo, nunca hizo el esfuerzo de ir a Jesús por sí solo. “Ellos” le llevaron a Jesús.

¿Quiénes eran “ellos” en este versículo? Solo puedo especular que ellos eran familiares de este hombre o amigos queridos, personas que lo querían lo suficiente para llevarlo a Jesús. Creo que esta escena dice mucho acerca de la situación de nuestros jóvenes hoy en día. Ellos no irán a Jesús por su propia cuenta, sino que tienen que ser llevados a Él por sus padres, sus amigos y la iglesia. Como los padres del hombre sordo, nosotros también debemos llevar a nuestros hijos y seres queridos a Cristo. ¿Cómo? A través de la oración diaria de fe.

Solo existe una cura, una esperanza, para que nuestros hijos y seres queridos escuchen la verdad, y es un encuentro personal con Jesús mismo. “… y le rogaron que le pusiera la mano encima” (Marcos 7:32). La palabra griega para “rogar” aquí significa implorar, orar. Estos padres le rogaron a Cristo: “Por favor, Señor, toca a nuestro hijo. Pon tu mano sobre él.”

martes, 25 de agosto de 2015

LECCIONES PARA NOSOTROS

En Marcos 7, encontramos a Jesús haciendo un gran milagro. Toda la dramática escena toma lugar en solo cinco versículos:

“Luego regresó Jesús de la región de Tiro y se dirigió por Sidón al mar de Galilea, internándose en la región de Decápolis. Allí le llevaron un sordo tartamudo, y le suplicaban que pusiera la mano sobre él. Jesús lo apartó de la multitud para estar a solas con él, le puso los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Luego, mirando al cielo, suspiró profundamente y le dijo: "¡Efatá!" (que significa: ¡Ábrete!). Con esto, se le abrieron los oídos al hombre, se le destrabó la lengua y comenzó a hablar normalmente.” (Marcos 7:31-35).

Imagínate la escena. Cuando Jesús llegó a las costas de Decápolis, se encontró con un hombre sordo y tartamudo. El hombre podía hablar, pero lo que decía era incomprensible. Cristo apartó al hombre lejos de la multitud, y se puso frente a él, poniendo sus dedos en sus oídos. Entonces Jesús escupió y toco su lengua, pronunciando la palabra: “¡Ábrete! E instantáneamente, el hombre podía oír y hablar claramente.

Justo antes de esta escena, Jesús también había libertado a la hija de una mujer que estaba poseída por demonios. Con tan solo decir una palabra, él echó el espíritu maligno fuera de la niña. Me pregunto: ¿por qué están grabados estos dos milagros en las Escrituras? ¿Están incluidos solo como dos episodios más de la vida de Jesús en la tierra?

La gran mayoría de los cristianos creen que tales historias están preservadas en las Escrituras porque tienen mucho que revelarnos. La intención de éstas es para mostrarnos el poder de Dios sobre Satanás y la enfermedad, para comprobar la deidad de Cristo, y para proclamar que él es Dios encarnado. Y también están para animar nuestra fe y para demostrarnos que nuestro Dios puede obrar milagros.

Creo que estas historias fueron registradas por todas estas razones y mucho más. Jesús nos dijo que toda palabra que Él pronunció salía del Padre. Él no dijo ni hizo nada por su propia cuenta, sino por la dirección de su Padre. Más aun, cada evento de la vida de Cristo contiene una lección para nosotros, (Ver 1 Corintios 10:11).

lunes, 24 de agosto de 2015

LA LUZ DEL MUNDO by Gary Wilkerson

Era el tiempo de la Pascua y Jesús estaba enseñando en el templo. Una gran multitud se reunió para oírle, debido a su reputación de hablar profundas palabras de amor y a la realización de las obras poderosas de Dios. Sin embargo, tan pronto como esta multitud de plebeyos se reunió, los líderes religiosos se presentaron.

"Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio" (Juan 8:3). Estos líderes vieron a Jesús como una amenaza a su autoridad. Él representaba un fenómeno nuevo cuyas enseñanzas exponían sus prácticas rígidas y de auto-justificación. Ahora, ellos “le estaban tendiendo una trampa, para tener de qué acusarlo" (8:6) y le preguntaron si la mujer debería ser apedreada de acuerdo a la Ley.

La escena se desarrolla dramáticamente: “Jesús se inclinó y con el dedo comenzó a escribir en el suelo. Y como ellos lo acosaban a preguntas, Jesús se incorporó y les dijo:
—Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en el suelo. Al oír esto, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta dejar a Jesús solo con la mujer, que aún seguía allí. Entonces él se incorporó y le preguntó:
—Mujer, ¿dónde están? ¿Ya nadie te condena?
—Nadie, Señor.
—Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar.” (8:6-11 NVI).

¡Qué poderoso momento! Jesús no solamente había calmado una situación muy tensa, sino que había salvado literalmente la vida de una persona. Todos los que participaron de la escena fueron transformados por lo que pasó, no sólo la acusada, sino también los acusadores e incluso el público.

Jesús aprovechó el momento para ofrecer una de sus más famosas enseñanzas: "Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida." (8:12 NVI). La luz de Dios en ese momento transformó todo.

sábado, 22 de agosto de 2015

¿A DÓNDE VAMOS? by Claude Houde

Fue por la fe que Abraham obedeció el llamado de Dios y se dirigió hacia un país que había de recibir como promesa y herencia. Salió y caminó por fe, sin saber a dónde iba (ver Génesis 12:1).

¿Puedes imaginar la conversación que deben haber tenido Abraham y su amada esposa Sara, a medida que comenzaban esta loca aventura? Abraham era exitoso, próspero y estaba bien establecido en su comunidad. Él y Sara habían trabajado duro, y estaban disfrutando del fruto de su trabajo. Después de todo, se lo merecían… ¿verdad?

Mientras Sara miraba a su marido una noche, se dio cuenta de que parecía pensativo y algo emocional, pues no había dicho una palabra desde que llegó a casa.

"¿Qué te pasa, cariño? Tu sabes que me puedes contar todo", susurró Sara.

Abraham se desahogó: "He orado durante muchos meses sobre esto y tengo una profunda convicción, una impresión que no me puedo sacar de la mente de que debemos salir, dejar la casa de mi padre, dejar todo lo que conocemos, y siento que a medida que hagamos esto y obedezcamos a Dios, seremos bendecidos".


¡Si eres casado, puedes imaginar la escena y casi oír la conversación que siguió! "¿Qué quieres decir con irnos? ¡Somos felices aquí! ¡Estamos seguros! ¡Me gusta aquí! ¡Al igual que yo tu sabes las cosas horribles que están pasando en las ciudades paganas que nos rodean!"

Abraham trató de responder de la mejor manera posible: "Dios nos está guiando, Sara. Lo sé. He construido un altar para Él y lo digo en serio. ¡Tenemos que irnos!"

Abraham no dejaba de repetir: "Tenemos que irnos, debemos irnos," y de repente Sara preguntó: "¿A dónde vamos?" Hubo silencio. Entonces le respondió tímidamente: "¡Bueno, esa es la parte emocionante! ¡Dios no me ha dicho dónde todavía!"
¡El padre de la fe caminó sin saber a dónde iba!

__________

Claude Houde es el pastor principal de la Iglesia de la Nueva Vida (Eglise Nouvelle Vie) en Montreal, Canadá; y es un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes dirigidas por World Challenge en todo el mundo. Bajo su liderazgo la Iglesia de la Nueva Vida se ha incrementado de ser un puñado de personas, a más de 3500 miembros, en una parte de Canadá donde pocas iglesias protestantes han alcanzado éxito. 

viernes, 21 de agosto de 2015

SIN LÍMITES

Querido amigo, el perdón de Dios no tiene límites. Jesús les dijo a sus discípulos: “Y si (tu hermano) siete veces al día pecare contra ti, y si siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale” (Lucas 17:4).

¿Puedes creer tal cosa? Siete veces al día esta persona, intencionadamente, peca delante de mis propios ojos y luego dice: “Lo siento”. Y, ¿yo debo perdonarlo, vez tras vez? Sí, y ¡cuánto más nuestro Padre celestial perdona a Sus hijos que acuden arrepentidos a Él! ¡No intentes razonarlo! No preguntes cómo o porqué perdona Él tan libremente. ¡Simplemente acéptalo!

Jesús no dijo, “Perdona a tu hermano una o dos veces, y luego dile que si lo vuelve a hacer, será echado fuera. Dile que es un pecador habitual.” ¡No! ¡Jesús habló de un perdón ilimitado, sin condiciones!

Es la naturaleza de Dios perdonar. David dijo, “Porque tú Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan” (Salmos 86:5). Dios está esperando ahora mismo para inundar todo tu ser con el gozo del perdón. Necesitas abrir todas las puertas y ventanas de tu alma y permitirle al Espíritu de Dios que te inunde de perdón.

Juan, hablando como cristiano, escribió: “Él es la propiciación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:2).

Según Juan, la meta de cada cristiano es “que no pequéis”. Esto significa que el cristiano no está inclinado hacia el pecado, sino que se inclina hacia Dios. Pero, ¿qué sucede cuando el hijo que está inclinado hacia Dios peca?

“Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo…Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 2:1 y 1:9).

Deja a un lado tu culpa, amigo mío. Tú no tienes que llevar esa carga un minuto más. Abre las puertas y ventanas de tu corazón, y deja que el amor de Dios entre. Él te perdona, ¡una y otra vez! Él te dará el poder para que atravieses tu lucha y obtengas la victoria. Si pides, si te arrepientes, ¡estás perdonado! Así que ¡acéptalo ahora!