jueves 12 de noviembre de 2009

CONSOLAR Y REFRESCAR

¿Cómo trajo el Espíritu Santo consuelo a Pablo durante los momentos en que estuvo abatido? El apóstol mismo nos dice: “Pero Dios que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito” (2 Corintios 7:6). Tito llegó a Macedonia con un espíritu refrescante, y súbitamente el corazón de Pablo fue levantado. Mientras estos dos hombres compartían, la alegría inundó el cuerpo de Pablo, su mente y su espíritu, y el apóstol escribió, “Lleno estoy de consolación; sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones” (7:4). Pablo estaba declarando, “Yo todavía tengo problemas, pero el Señor me ha dado lo que necesito para la batalla: Me ha refrescado a través de Tito.”


A través de mis años en el ministerio, he visto a hombres y mujeres de Dios llegar al final de su resistencia, abatidos y completamente confundidos. Yo me he angustiado al ver a estos amados hermanos y hermanas en su dolor, y le he preguntado al Señor, “¿Padre, cómo podrán estos siervos tuyos salir de ese pozo de sufrimiento? ¿Dónde está el poder que los sacará? ¿Qué puedo decir o hacer para ayudarlos?”


Yo creo que la respuesta se encuentra aquí, en el testimonio de Pablo. Aquí tenemos a un hombre tan profundamente agotado que ya no era él mismo. Pablo estaba en el momento más oscuro de su ministerio, tan abrumado como nunca lo había estado. Sin embargo, en unas pocas horas, él estaba completamente fuera del pozo oscuro deleitándose en felicidad y gozo. Una vez más el amado apóstol se sintió amado y necesitado.


¿Cómo sucedió esto? Primero, veamos lo que sucedió en Corintio. Cuando Tito llegó allí para reunirse con los líderes de la iglesia, él recibió su propio refrescar glorioso. Un despertamiento estaba tomando lugar en la iglesia por que habían hecho caso de la instrucción de Pablo, y ahora Dios los estaba bendiciendo poderosamente.


Tito volvió a Macedonia con las noticias gratas: “Pablo, ¡los hermanos en Corintio mandan su amor! Ellos han quitado el pecado que estaba en medio de ellos y han tratado con los falsos profetas. Ellos ya no menosprecian tus sufrimientos, y en lugar de eso, se regocijan en tu testimonio.”


Esta palabra refrescante, llevada por un querido hermano en el Señor, inmediatamente sacó a Pablo de su pozo: “Dios que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito” (2 Corintios 7:6). ¿Ven el ejemplo aquí? Dios usa personas para refrescar a las personas. El no envió a un ángel para refrescar a Pablo. El consuelo que este hombre recibió vino a través del refrescar del espíritu de Tito, el cual a la vez, refrescó el de Pablo.

miércoles 11 de noviembre de 2009

El GRAN PELIGRO DE LA INCREDULIDAD

“¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de su incredulidad…Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo” (Hebreos 3:18-19,12).


Hebreos advierte a la iglesia del Nuevo Testamento: “Presten atención al ejemplo de Israel. Si no lo hacen, podrán caer de la misma manera que ellos lo hicieron. Ustedes caerán en una incredulidad diabólica. Y esto hará de vuestras vidas en un continuo y largo desierto.”


Considere lo que le sucedió a la generación incrédula, los cuales fueron llevados de vuelta al desierto. Dios se los dijo sin rodeos, desde los líderes hasta los jueces y a los Levitas y hasta todos los demás, que su mano estaría contra ellos. De ahí en adelante, todo lo que ellos conocerían sería la angustia y escasez de alma. Ellos no verían su gloria. En lugar de eso, ellos se enfocarían en sus propios problemas y se consumirían en sus propias lujurias.


Eso es exactamente lo que sucede con todas las personas incrédulas. Terminan consumiéndose con su propio bienestar. No tienen visión, ni sentido de la presencia de Dios, y no tienen vida de oración. Ya no les importan sus vecinos, o el mundo perdido, ni aún sus propios amigos. En lugar de eso, el enfoque completo de sus vidas está en sus problemas, sus conflictos, sus enfermedades. Van de una crisis en crisis, encerrados en sus propios dolores y sufrimientos. Y sus días están llenos de confusión, disputas, envidias y división.


Sin fe, simplemente es imposible agradar a Dios. Después de que Dios dividiera las aguas del Mar Rojo para que los Israelitas pudieran caminar y llegaran a salvo, ellos bailaron y se regocijaron. Y luego, sólo tres días más tarde, estos mismos israelitas estaban quejándose contra Dios, murmurando y reclamando, dudando de que la verdadera presencia de Dios estuviere entre ellos.


Por treinta y ocho años, Moisés vio cómo uno por uno, cada Israelita en esa generación incrédula murieron. Y mientras él miraba hacia atrás, a aquellos que habían desperdiciado sus vidas en el desierto, él vio que todo lo que Dios había advertido, se había cumplido. “Y también la mano de Jehová vino sobre ellos para destruirlos de en medio del campamento, como Jehová les había jurado” (ver Deuteronomio 2). Dios suspendió su propósito eterno para Israel durante todos esos años.


De igual manera hoy día, algunos Cristianos están contentos con tan sólo existir hasta que mueren. No quieren arriesgar nada, ni creerle a Dios, ni crecer o madurar. Rehúsan creer en su Palabra, y llegan a endurecerse en su incredulidad. Entonces es que están sólo viviendo para morir.

martes 10 de noviembre de 2009

DIOS HA PUESTO SU CORAZÓN SOBRE TI

¿Qué tiene que decirnos a usted y a mí la nube de testigos de Hebreos 12:1? ¿Qué dicen las escrituras que es su mensaje para los hermanos luchadores del cuerpo de Cristo? Simplemente esto: “Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones” (1 Pedro 3:12).


Yo no creo que esta gran multitud de testigos celestiales nos hablarían a nosotros sobre sujetarnos a teologías o doctrinas complicadas. Yo creo que ellos nos hablarían en la simplicidad de la verdad:


  • El autor de Hebreos nos testificó que debemos mirar a Jesús, el autor y consumador de nuestra fe. Debemos continuar predicando la victoria de la cruz, soportar las acusaciones en contra de nosotros de los pecadores, y despojarnos del pecado que nos asedia, corriendo con paciencia la carrera que tenemos por delante (ver Hebreos 12: 1-2)
  • El rey David nos testificó que podemos confiar en el perdón del Señor, y él no removerá su Espíritu Santo de nosotros. David cometió asesinato y fue un adúltero y un mentiroso. Pero él se arrepintió y el Padre no lo soltó por que había puesto su corazón sobre David.
  • Pedro nos testificó que él pecó contra la luz más grandiosa que podría existir. Este discípulo caminó en la presencia de Jesús; él pudo tocar a Jesús y hasta recibió su llamado del mismo Cristo. Este hombre pudo haber vivido en culpabilidad y condenación, pero Dios había puesto sobre él su corazón.
  • Pablo nos dice que no temamos nuestras aflicciones. Jesús sufrió cada día de su ministerio, y murió en sufrimiento. Y cuando Cristo llamó a Pablo a predicar el evangelio, él le mostró cuán grandes aflicciones le aguardaban.

A través de sus años en el ministerio, Pablo fue verdaderamente afligido. Pero las aflicciones prueban que Dios te ha entregado su corazón. “A fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; por que vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos” (1 Tesalonicenses 3:3).


También vemos el testimonio de Job: “¿Qué es el hombre para que lo engrandezcas, y para que pongas sobre él tu corazón, y lo visites todas las mañanas, y todos los momentos lo pruebes? (Job 7:17-18 cursivas mías).


Cuando Dios pone su corazón sobre ti, serás probado a menudo. Pero el hecho es, que mientras más larga y dura es tu aflicción, más profundamente Dios ha puesto su corazón sobre ti, para mostrarte su amor y su cuidado. Ese es el testimonio de la vida de Pablo y de la vida de Jesús. El enemigo puede venir contra ti, pero nuestro Señor ha levantado un estandarte contra él. Encontramos descanso absoluto en Jesús.

lunes 9 de noviembre de 2009

LA PRUEBA MÁS ARDUA DE FE

En la vida de cada creyente – y también de la iglesia – viene un tiempo en que Dios nos pone en la prueba más ardua de fe. Es la misma prueba que Israel encaró en la parte desértica del Jordán... ¿Cuál es esta prueba?


Es mirar a los peligros que nos aguardan – los problemas gigantescos que encaramos, las altas murallas de aflicción, los principados y poderes que buscan destruirnos – y lanzarnos hacia delante dependiendo totalmente en las promesas de Dios. La prueba es para que nos comprometamos a toda una vida de confianza y esperanza en su Palabra. Es un compromiso de creer que Dios es más grande que todos nuestros problemas y enemigos.


Nuestro Padre celestial no está buscando una fe que trata con un problema en particular cada vez. El busca toda una vida de fe, un compromiso de toda la vida para creerle a él por lo imposible. Esa clase de fe trae una calma y un reposo a nuestras almas, no importa cuál sea nuestra situación. Y tenemos esta calma por que ya lo hemos decidido de una vez por todas de que, “Mi Dios es más grande. El es capaz de sacarme de todas y cualquiera de mis aflicciones.”


Nuestro Señor es amoroso y paciente, pero él no permitirá que su gente continúe mucho tiempo en incredulidad. Tal vez usted ha sido tentado una y otra vez, y ahora el tiempo ha llegado que usted tome una decisión. Dios quiere una fe que aguante la prueba más ardua, una fe que no permitirá que nada quite tu confianza en su fidelidad.


Hay mucha teología que envuelve el tema de la fe. Para ponerlo simplemente, no podemos conjurarla para que venga. No podemos crearla repitiendo, “Yo creo, yo realmente creo…” No, la fe es un compromiso que hacemos de obedecer a Dios. Mi obediencia refleja lo que yo creo.


Cuando Israel se enfrentó a Jericó, a las personas se les dijo que no dijeran ninguna palabra, y que simplemente marcharan. Estos creyentes fieles no susurraron entre sí, “Ayúdame a creer, Señor. Quiero realmente creer.” No, ellos se enfocaron en una cosa que Dios les pidió que hicieran: obedecer su Palabra e ir hacia delante.


Eso es fe. Significa fijar tu corazón en obedecer todo lo que está escrito en la Palabra de Dios, sin cuestionarla o tomarla a la ligera. Y sabemos que si nuestros corazones están determinados a obedecer, Dios se asegurará de que su Palabra para nosotros es clara, sin confusión. Es más, si él nos comanda hacer algo, él nos suplirá con el poder y fuerza para obedecer: “Diga el débil, fuerte soy” (Joel 3:10). “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza” (Efesios 6:10).

viernes 6 de noviembre de 2009

EL CIELO

“Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 de Corintios 15:57). Muchos creyentes citan este verso diariamente, aplicándolo a sus problemas y tribulaciones. Pero el contexto en el cual Pablo habla, sugiere un significado más profundo. En dos versos anteriores a este, Pablo declara, “Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte tu aguijón? ¿Dónde oh sepulcro, tu victoria? (15:54-55).


Pablo estaba hablando elocuentemente sobre su añoranza por el cielo. El escribió, “Por que sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial” (2 Corintios 5:1-2, cursivas mías).


El apóstol también añade, “Pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor” (5:8).


De acuerdo a Pablo, el cielo – estar en la presencia del Señor por toda la eternidad - es algo que debemos desear con todo nuestro corazón.


Mientras considero estas cosas, un glorioso cuadro comienza a emerger. Primero, me imagino el relato de Jesús de una reunión de multitudes, cundo los ángeles “juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mateo 24:31). Cuando estas multitudes hayan sido reunidas, me imagino una gran marcha de victoria que tendrá lugar en el cielo con millones de niños glorificados cantando hosannas al Señor, de la misma manera que los niños lo hicieron una vez antes en el templo.


Luego vienen todos los mártires. Aquellos que una vez clamaron por justicia en la tierra, ahora claman, “¡Santo, santo, santo!” Todos estarán danzando con gozo, clamando, “¡Victoria, victoria en Jesús!”


Luego un gran estruendo se levanta, un sonido nunca antes escuchado. Es la iglesia de Jesucristo con multitudes de todas las naciones y tribus.


Tal vez esto le parezca a usted algo difícil de creer, pero Pablo mismo testificó sobre esto. Cuando el fiel apóstol fue arrebatado al cielo, él “oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar” (2 Corintios 12:4). Pablo expresó que él estaba asombrado con lo que había escuchado allí. Yo creo que él escuchó estos mismos sonidos. Que se le dio a él un anticipo de los cantos y alabanzas a Dios de todos los que estarán regocijándose en su presencia, con sus cuerpos hechos completos, y sus almas llenas de alegría y paz. Era un sonido tan glorioso que Pablo pudo oír pero no podía repetirlo.

jueves 5 de noviembre de 2009

LA PAZ DE CRISTO

Jesús sabía que sus discípulos necesitaban una clase de paz que los ayudaría a través de cualquier y de todas las situaciones. El les dijo a sus discípulos, “La Paz os dejo, mi paz os doy” (Juan 14:27). Esta palabra tuvo que haber asombrado a sus discípulos. Para los ojos de ellos, esta era casi una promesa increíble: La paz de Cristo llegaría a ser la paz de ellos.


Estos doce hombres se habían maravillado de la paz que ellos habían presenciado en Jesús durante los tres años pasados. El Maestro de ellos nunca había estado temeroso. El siempre estaba calmado, nunca alterado por ninguna circunstancia.


Sabemos que Cristo era capaz de enojo espiritual. Unas veces él estuvo agitado, y sabía cómo llorar. Pero él llevó su vida en la tierra como un hombre de paz. El tenía paz con el Padre, paz al enfrentar tentación, paz durante los tiempos de rechazo y burla. El aún tenía paz durante las tempestades en el mar, durmiendo sobre la cubierta del bote mientras los otros temblaban de terror.


Los discípulos habían presenciado cómo Jesús fue llevado a una colina alta por una turba enardecida determinados a matarlo. Sin embargo, él calmadamente caminó alejándose de esa escena, sin haber sido tocado y lleno de paz. Todo esto debe de haber sido motivo de discusión entre los discípulos: “¿Cómo pudo él dormir durante la tormenta? ¿Y cómo pudo él estar tan calmado cuando esa muchedumbre estaba intentando lanzarlo desde una colina? La gente se burla de él, lo insultan, le escupen, pero él nunca pelea. Nada lo altera.”


Ahora Jesús estaba prometiendo a estos hombres esa misma paz. Cuando escucharon esto, los discípulos debieron de haberse mirado los unos a los otros en asombro: ”Así que, ¿vamos a tener la misma paz que él tiene? Esto es increíble.”


Jesús añadió, “Yo no os la doy como el mundo la da” (Juan 14:27). Esto no iba a ser la paz de una sociedad insensible y desubicada. Ni tampoco sería la paz temporaria de los ricos y de los famosos, los cuales intentan comprar paz para sus mentes con cosas materiales. No, esta era la verdadera paz del mismo Cristo, una paz que sobrepasa todo entendimiento humano.


Cuando Cristo le prometió a sus discípulos su paz, es como si les estuviera diciendo a ellos entonces y a nosotros hoy día: “Yo se que ustedes no entienden los tiempos que ustedes enfrentarán. Ustedes no comprenden la Cruz y el sufrimiento que pronto enfrentaré. Pero quiero llevar sus corazones a un lugar de paz. Ustedes no podrán afrontar lo que viene sin tener mi paz duradera dentro de ustedes. Deben tener mi paz”

miércoles 4 de noviembre de 2009

RECORRE TUS DEDOS ENTRE TUS CABELLOS

Cristo describe los últimos días como un tiempo preocupante y aterrador: “Desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra…y en la tierra angustia de las gentes, confundidas” (Lucas 21:26, 25).


¿Qué nos dio Jesús para prepararnos para estas calamidades? ¿Cual era su antídoto para el miedo que estaría viniendo?


El nos dio la ilustración de nuestro Padre mirando al gorrión, de Dios numerando los propios cabellos de nuestra cabeza. Estas ilustraciones tienen mucho más sentido para nosotros cuando consideramos el contexto en el cual Jesús las dio.


El les dijo estas ilustraciones a sus doce discípulos, mientras los enviaba a evangelizar las ciudades y pueblos de Israel. El acababa de dotarlos con poder para echar fuera demonios y para sanar toda clase de enfermedades y dolencias. Piensen en cuán excitante fue ese momento para los discípulos. ¡Se les había dado poder para realizar milagros y maravillas! Pero entonces vienen estas advertencias temerosas del Maestro:


“Ustedes no tendrán ningún dinero en sus bolsillos. Y no tendrán una casa, ni aún un techo para dormir. En lugar de eso, serán llamados herejes y diablos. Serán azotados en las sinagogas, arrastrados delante de jueces, echados en prisiones. Serán odiados y despreciados, traicionados y perseguidos. Tendrán que huir de ciudad en ciudad para evitar que los apedreen.”


Ahora imagínese a estos hombres con los ojos llenos de asombro mientras escuchaban a Jesús. Debieron de haberse sentido apretados por el miedo. Me los imagino a ellos preguntándose, “¿Qué clase de ministerio es éste? ¿Es esto lo que me espera en el futuro? Esta es la peor perspectiva para mi vida que yo he escuchado.”


Pero, en esta misma escena, Jesús les dijo a estos amados amigos tres veces: “¡No teman!” (Mateo 10:26, 28, 31). Y él les dio el antídoto contra todo miedo: “El ojo del Padre siempre está sobre el gorrión. ¿Cuánto más estará siempre sobre vosotros, sus amados?”


Jesús está diciendo, “Cuando las dudas vienen como un turbión - cuando estás al final de tus habilidades y crees que nadie ve por lo que estás pasando - esto es lo que debes de hacer para encontrar descanso y confianza. Mira a los pajarillos fuera de tu ventana. Y recorre tus dedos entre tus cabellos. Entonces recuerden los que les dije, que estas pequeñas criaturas son de inmenso valor para vuestro Padre. Y vuestros cabellos son para recordarles que ustedes son de mucho más valor para él. Su ojo está siempre sobre ustedes. Y aquél que ve y escucha cada movimiento que hacen, está muy cerca.”


Así es como nuestro Padre cuida de nosotros durante los tiempos difíciles.

martes 3 de noviembre de 2009

ATRAVÉZ DE TODO

Mientras Pablo tenía que enfrentarse a su juicio en Roma, él estaba detenido bajo condiciones horribles (vea Filipenses 1:13-14). El estaba controlado todo el tiempo por guardias de la Guardia Pretoriana, sus pies encadenados a un soldado a cada lado de él. Estos hombres eran groseros, duros, maldiciendo frecuentemente. Ellos habían visto de todo, y en su línea de trabajo, cada persona encarcelada era un criminal culpable, incluyendo Pablo.


Imagínese las indignidades que Pablo sufrió en esta situación. El no tenía tiempo para sí, ni un momento de libertad. Cada visita de sus amigos era monitoreada de cerca, con los guardias tal vez ridiculizando las conversaciones de Pablo. Hubiera sido muy fácil para que la dignidad de ese hombre de Dios sea completamente despojada bajo esa clase de maltrato.


Piense en ello: Este era un hombre que había sido muy activo, amaba viajar por los caminos abiertos y los mares altos para conocer y tener comunión con el pueblo de Dios. La felicidad más grande de Pablo era visitar las iglesias que él había establecido en toda esa región del mundo. Pero ahora estaba encadenado, literalmente atado a los hombres más duros y profanos que existían.


Pablo tenía dos opciones en su situación. El podía caer en un estado mórbido, agrio, preguntándose la misma pregunta egoísta una y otra vez: “¿Por qué yo?” El podría caer en un pozo de desesperación, razonando con sí mismo hasta llegar a una depresión sin esperanza, completamente consumido con el pensamiento, “Aquí estoy encadenado, con mi ministerio acabado mientras otros disfrutan de una cosecha de almas. ¿Por qué?”


En lugar de eso, Pablo escogió preguntar, “¿Cómo puede mi situación presente traer gloria a Cristo? ¿Cómo puede mi aflicción producir grandes cosas buenas? Este siervo de Dios decidió: “No puedo cambiar mi situación. Yo puedo terminar muerto en esta condición. Pero, sé que mis pasos están ordenados por el Señor. Así que yo voy a magnificar a Cristo y a ser un testimonio para todo el mundo mientras estoy en éstas cadenas.” “Ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte” (Filipenses 1:20).


La actitud de Pablo demuestra la única manera en que podemos ser emancipados de nuestro pozo oscuro de infelicidad y preocupación. Vea usted, es posible malgastar todos nuestro mañanas esperando ansiosamente ser liberados de nuestros sufrimientos. Si ese llega a ser nuestro enfoque, perderemos completamente el milagro y felicidad de ser emancipados en nuestra prueba.


Considere la declaración de Pablo: “Quiero que sepáis hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio” (Filipenses 1:12). Pablo está diciendo, “No sientan pena por mí ni piensen que estoy desanimado sobre mi futuro. Y por favor no digan que mi trabajo se ha terminado. Sí, estoy en cadenas y sufriendo, pero el evangelio se está predicando a través de todo.”

lunes 2 de noviembre de 2009

ASIDOS DE LA PALABRA DE VIDA

Pablo escribe, “Asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado” (Filipenses 2:16). Pablo estaba describiendo el día cuando él estaría en la presencia de Cristo y los secretos de la redención serían revelados.


Las escrituras dicen que en aquél día nuestros ojos serán abiertos, y que contemplaremos la gloria de Dios sin ser reprochados por él. Nuestros corazones arderán con fuego mientras él abre todos los misterios del universo y nos muestra su poder que maneja todo. Repentinamente, veremos la realidad de todo lo que teníamos disponible para nosotros durante nuestras dificultades aquí en la tierra: el poder y los recursos del cielo, los ángeles protectores, la presencia permanente del Espíritu Santo.


Mientras contemplamos lo maravilloso de estas cosas, el Señor nos dirá, “Todo el tiempo mis guerreros acamparon a tu alrededor, un ejército de poderosos mensajeros fueron asignados a ti. Nunca estuviste en peligro de Satanás. Tú nunca tuviste ninguna razón para temer a tus mañanas”.


Entonces Cristo nos mostrará al Padre, y qué momento asombroso será ese. Mientras contemplamos la majestuosidad de nuestro Padre celestial, nos daremos cuenta completamente de su amor y cuidado por nosotros, y repentinamente la verdad vendrá a nosotros con toda su fuerza: “Este fue, y es, y por siempre será nuestro Padre, verdaderamente el Gran ‘YO SOY”.


Aquí está la razón por la cual Pablo “se asió” de la palabra de la fidelidad de Dios. En aquél día glorioso, él no quiso estar parado en la presencia del Señor y estar pensando, “¿Cómo pude ser tan ciego? ¿Por qué no confié completamente en los propósitos de mi Señor? Todas mis preocupaciones y preguntas fueron en vano.”


Pablo nos exhorta: “Yo quiero regocijarme en aquél día, cuando mis ojos estén completamente abiertos. Yo quiero disfrutar de cada revelación sabiendo que confié en sus promesas, que no hice mis tareas lleno de dudas. Quiero saber de que me así de la Palabra de vida en todas mis maneras de actuar ante mis sufrimientos, que peleé la buena batalla, que le probé a mi Señor fidelidad”


Pablo entonces lo sintetiza todo con la palabra: “Pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está adelante” (Filipenses 3:13). En pocas palabras, él pensó que era imposible poner su futuro en las manos del Señor sin haber dejado primero su pasado atrás.

viernes 30 de octubre de 2009

REGOCIJAOS EN EL SEÑOR

“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4) Estas son las palabras finales de Pablo a los Filipenses. El no estaba diciendo, “Estoy en prisión y éstas cadenas son una bendición. Estoy tan contento de este dolor”. Yo estoy convencido de que Pablo oró diariamente por su liberación y que a veces clamaba por fortaleza para soportar. Aún Jesús en su hora de aflicción y dolor, clamó al Padre, “¿Por qué me has abandonado?” Este es nuestro primer impulso en nuestras aflicciones, clamar y preguntar, “¿Por qué?” Y el Señor es paciente con ese clamor.


Pero Dios también ha provisto para que nuestras preguntas de “¿Y si…?, y los “¿Por qué?” puedan ser respondidas por su Palabra. Pablo escribe, “Sabiendo que estoy puesto para defensa del evangelio…Cristo es anunciado; y en esto me gozo y me gozaré siempre.”(Filipenses 1:17-18) El nos está diciendo, en otras palabras, “Estoy determinado a que la Palabra de Dios sea validada por la manera en que yo reacciono a esta aflicción. Yo me he propuesto que no voy a traer vergüenza al evangelio ni hacerlo parecer sin poder.”


“El hecho es, Cristo está siendo predicado por mi apariencia calmada, por mi descanso en medio de todo esto. Todos los que me ven saben que el evangelio que yo predico, me sostiene durante estos tiempos duros. Esto prueba de que Dios puede llevar a cualquier persona a través de cualquier situación, cualquier fuego o inundación, y que el evangelio será predicado a través de esa experiencia.”


El mensaje que yo escucho a través de Pablo y de Abraham es éste: No tenemos que hacer algo grande para el Señor. Tan solo tenemos que confiar en él. Nuestro rol es colocar nuestras vidas en las manos de Dios y creer que él cuidará de nosotros. Si nosotros simplemente hacemos eso, su evangelio estará siendo predicado, no importa cual sea nuestra circunstancia. Y Cristo será revelado en nosotros especialmente en nuestras circunstancias difíciles.


Sam, un anciano de nuestra iglesia, me dijo una vez, “Pastor David, la manera en que usted responde a los momentos difíciles es un testimonio para mí”. Lo que Sam no se dio cuenta es que su vida es un sermón para mí. El vive con un dolor crónico que sólo le permite dormir unas pocas horas cada noche. A pesar de su dolor atroz, su devoción al Señor es un testimonio para todos nosotros. Su vida predica a Cristo tan poderosamente como cualquiera de los sermones de Pablo.


Así que, ¿está Cristo siendo predicado durante el tiempo difícil que usted está pasando? ¿Ve su familia que el evangelio está trabajando en usted? O sólo ven pánico, desesperación e incertidumbre de las fidelidades de Dios? ¿Cómo está usted respondiendo a su aflicción?

jueves 29 de octubre de 2009

DIOS TIENE TODO BAJO CONTROL

El mundo entero está ahora temblando sobre el estallido de terror y calamidades a través de toda la tierra. Cada día que despertamos escuchamos sobre otro desastre. Aún algunos analistas dicen que estamos presenciando los comienzos de una 3ra guerra mundial.


Los que no son creyentes, están convencidos de que ya no quedan soluciones, que todo está entrando en un caos por que no hay “un gobierno sobre todas las cosas”. Pero el pueblo de Dios sabe lo contrario. Sabemos que no hay razón para temer, por que la Biblia nos recuerda una y otra vez que el Señor tiene todo bajo control. Nada sucede en el mundo sin su conocimiento y gobierno.


El Salmista escribe, “Porque de Jehová es el reino y él regirá las naciones” (Salmo 22:28). De igual manera, el profeta Isaías declara al mundo, “Acercaos, naciones, juntaos para oír; y vosotros pueblos escuchad. Oiga la tierra y cuanto hay en ella” (Isaías 34:1). El está diciendo, “escuchen naciones, y préstenme oído. Quiero decirles algo importante sobre el Creador del mundo”.

Isaías indica que cuando la indignación de Dios se enardece contra las naciones y sus ejércitos, es el Señor mismo quien los entrega a la matanza. “He aquí, las naciones son para él como la gota de agua que cae del cubo, y como polvo menudo en las balanzas le son estimadas…Como nada son todas las naciones delante de él; para él cuentan menos que nada…El está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas…¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis?” (Isaías 40:15, 17, 22, 25).


Isaías luego se dirige al pueblo de Dios, quienes están maltratados y agitados por los eventos mundiales. El aconseja, “Levantad en alto vuestros ojos y mirad hacia arriba, al glorioso cielo: Admiren los millones de estrellas que fueron puestas allí. Vuestro Dios creó y nombró cada una de ellas. ¿No son ustedes para él más preciosos que ellas? Así que, no teman.”


Debemos saber de que hay un mapa en el cielo, un plan que nuestro Padre ha diseñado para el curso de la historia. Y él conoce el final desde el principio. Mientras este plan llega a su realización, yo creo que debemos de preguntarnos esta pregunta: “¿Dónde está el ojo de Dios enfocado en todo esto?” El ojo de Dios no está enfocado en los dictadores del mundo con sus ídolos de lata ni en sus amenazas.


Las escrituras nos aseguran de que las bombas de estos hombres salvajes, ejércitos y poderes son nada para el Señor. El se ríe de ellos como si fueran meras partículas de polvo, que pronto él soplará y desaparecerán (ver Isaías 40:23-24).

miércoles 28 de octubre de 2009

HE TRABAJADO EN VANO

¿Le asombraría saber que Jesús experimentó el sentimiento de haber logrado poco?


En Isaías 49:4 leemos estas palabras: “Pero yo dije: Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas…” Note que estas no son las palabras de Isaías, quien fue llamado por Dios cuando ya era maduro de edad. No, estas son las propias palabras de Cristo, habladas por Aquel “llamado…desde el vientre, desde las entrañas de mi madre…El Señor…me formó desde el vientre para ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob, (y para congregarle a Israel)” (49:1, 5)


Cuando llegué a este mensaje, un mensaje que había leído muchas veces antes, mi corazón quedó en asombro. Difícilmente podía creer lo que estaba leyendo. Las palabras de Jesús aquí sobre “trabajar en vano” fueron una respuesta al Padre quien acababa de declarar “Mi siervo eres…en quien me gloriaré” (49:3). Leemos la respuesta asombrosa de Jesús en el verso que sigue: “Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas” (49:4)

Después de haber leído esto, me puse de pié en mi sala de estudio y dije: “Qué maravilloso. No puedo casi creer que Cristo fuera así de vulnerable, confesando al Padre que estaba experimentando lo que nosotros los humanos enfrentamos. En su humanidad, él probó el mismo descorazonamiento, el mismo abatimiento, las mismas heridas. El estaba teniendo los mismos pensamientos que yo he tenido sobre mi propia vida: ‘Esto no es lo que yo había percibido que fue prometido. Malgasté mis fuerzas. Todo ha sido en vano.”


Leyendo esos versos me hizo que amara mucho más a Jesús. Me di cuenta de que Hebreos 4:15 no es tan sólo un cliché: nuestro Salvador verdaderamente es tocado cuando siente nuestras debilidades, y fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. El había conocido estas mismas tentaciones de Satanás, y había escuchado la misma voz acusadora: “Tu misión no ha sido completada. Tu vida ha sido un fracaso. Todo tu trabajo de nada ha servido.”


Cristo vino al mundo para realizar la voluntad de Dios de reavivar a Israel. Y él hizo lo que se le había encomendado. Pero Israel lo rechazó: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11).


¿Por qué Jesús, o cualquier hombre o mujer de Dios, hablaría palabras tan desesperadas como éstas?: “he trabajado en vano” ¿Cómo podría el Hijo de Dios decir tal cosa? ¿Y por qué ha habido generaciones de creyentes fieles que han sido reducidos a estas palabras abatidas? Es el resultado de medir los resultados pequeños contra las expectaciones altas.


Usted puede pensar, “Este mensaje parece que sólo se aplica a ministros, o es para los llamados a hacer un gran trabajo para Dios. Me parece que está dirigido a misioneros o a profetas de la Biblia. Pero ¿qué tiene que ver conmigo?” La verdad es, que todos somos llamados a un propósito grandioso y común para todos, y a un ministerio: y es, ser como Jesús. Somos llamados a crecer en su imagen, a ser cambiados en su imagen expresada.

martes 27 de octubre de 2009

ESTAD FIRMES Y CONSTANTES

Hemos aprendido de Isaías 49 que el Señor conoce tu batalla. El ya la ha peleado antes que tú lo hagas. Y no es pecado soportar pensamientos de que nuestra labor ha sido en vano, o derrumbarnos con un sentimiento de haber fallado cuando nuestras expectativas se hacen añicos. Jesús mismo pasó por esto y estaba sin pecado.


Sin embargo, es peligroso permitir que estas mentiras infernales hieran e inflamen tu alma. Jesús nos muestra el camino para salir de este abatimiento con la siguiente declaración: “Por demás he trabajado…pero mi causa está delante de Jehová, y mi recompensa con Dios” (Isaías 49:4 cursivas mías). La palabra Hebrea “causa” significa aquí “veredicto”. Cristo está diciendo en efecto, “El veredicto final es con mi Padre. Sólo El pasa juicio sobre todo lo que he hecho y cuán efectivo he sido.”


Dios nos urge a través de este verso: “Deja de pasar veredictos sobre tu trabajo para mí. No tienes por qué juzgar qué tan efectivo has sido. Y tú no tienes ningún derecho a llamarte un fracasado. Tú no tienes todavía ni idea la influencia que has tenido. Tú simplemente no tienes la visión de saber las bendiciones que te están viniendo.” Así es, no sabremos estas cosas hasta que estemos delante de El en la eternidad.


En Isaías 49, Jesús escuchó que el Padre decía en pocas palabras: “Así que Israel no está juntado. Sí, te encomendé que juntaras a las tribus, y eso no ha sucedido de la manera en que te lo imaginaste. Pero ese llamado fue sólo una pequeña cosa comparada con lo que viene para ti. Es nada en comparación con lo que tengo preparado. Te haré ahora una luz para todo el mundo. Tú traerás salvación a toda la tierra” (vea Isaías 49:5-6)


Mientras el diablo te está mintiendo, diciéndote que todo lo que has hecho fue en vano, que nunca verás tus expectativas realizadas, Dios está en su gloria preparando una bendición más grande. El tiene mejores cosas preparadas, más allá que cualquier cosa que pudieras pensar o pedir.


No tenemos por qué seguir escuchando las mentiras del enemigo. En lugar de eso, tenemos que descansar en el Espíritu Santo, creyendo que él completará el trabajo de hacernos más como Cristo. Y tenemos que levantarnos de nuestra desesperación y pararnos en ésta palabra: “Estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58).

lunes 26 de octubre de 2009

DAME TODOS TUS MAÑANAS

El Señor se le apareció a Abraham un día y le dio un mandato increíble: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.” (Génesis 12:1).


Qué cosa asombrosa. De repente, Dios escogió a un hombre y le dijo, “Quiero que te levantes y te vayas, dejando todo atrás: tu casa, tus parientes, aún tu país. Quiero enviarte a algún lugar, y te dirigiré por el camino para que llegues allí.”


¿Cómo respondió Abraham a ésta palabra increíble del Señor? “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.” (Hebreos 11:8).


¿Qué estaba haciendo Dios? ¿Por qué buscaría entre las naciones a un hombre, y luego le pediría que lo abandone todo y se vaya en un viaje sin ningún mapa, sin dirección preconcebida, sin saber cual era el destino? Piense en lo que Dios le estaba pidiendo a Abraham. El nunca le mostró cómo iba a alimentar y cuidar de su familia. El no le dijo qué tan lejos tendría que ir ni cuando él llegaría a su destino. El sólo le dijo dos cosas en el principio: “Ve”, y, “Te mostraré el camino”


En esencia, Dios le dijo a Abraham, “Desde éste día en adelante, quiero que me entregues todos tus mañanas. Tú vivirás el resto de tu vida poniendo tu futuro en mis manos, día tras día. Te estoy pidiendo que comprometas tu vida a una promesa que te estoy haciendo a ti, Abraham. Si tú te comprometes a hacer esto, te bendeciré, te guiaré y te dirigiré a un lugar que nunca imaginaste.”


El lugar a donde Dios quería dirigir a Abraham es el lugar donde él quiere llevar a cada miembro del cuerpo de Cristo. Abraham es lo que la Biblia llama un “hombre de modelo”, alguien que sirve como ejemplo de cómo caminar delante del Señor. El ejemplo de Abraham nos muestra lo que es requerido de todos los que buscan agradar a Dios.


No se equivoque, Abraham no era un hombre joven cuando Dios lo llamó a hacer éste compromiso. Probablemente había puesto en marcha planes para proveer para el futuro de su familia, así que debería de estar preocupado sobre muchas consideraciones mientras él sopesaba el llamado de Dios. Sin embargo, Abraham “le creyó a Dios; y (Dios) se lo contó por justicia” (Génesis 15:6)


El Apóstol Pablo nos dice que todos los que creen y confían en Cristo son hijos de Abraham. Y así como Abraham, somos contados como justos por que obedecimos al mismo llamado de confiar todos nuestros mañanas en las manos del Señor.

viernes 23 de octubre de 2009

EL PADRE SABE

Jesús nos llama a una manera de vivir que no da lugar a preocupación por el mañana y pone nuestro futuro completamente en sus manos: “No os angustiéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?, por que los gentiles se angustian por todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas ellas”.


“Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que no os angustiéis por el día de mañana, por que el día de mañana traerá su propia preocupación” (Mateo 6:31-34)


Jesús no quiere decir que no debemos planear o hacer nada sobre nuestro futuro. En lugar de eso, está diciendo: “No estés ansioso o perturbado por tu futuro.” Si lo pensamos bien, la mayoría de nuestras ansiedades son sobre lo que pudiera ocurrir mañana. Constantemente estamos acosados por dos pequeñas palabras: ¿Y si?


¿Y si la economía falla, y pierdo mi trabajo? ¿Cómo pagaré mi hipoteca? ¿Cómo sobrevivirá mi familia? ¿Y si pierdo mi seguro médico? Si me enfermo y tengo que ir al hospital, estaremos arruinados. ¿Y si mi fe falla durante las pruebas? Todos tenemos miles de ansiedades “¿y si?”.


Jesús interrumpe nuestros ¿y si? Y nos dice, “Vuestro Padre celestial sabe cómo cuidarlos” Y él añade, “No necesitas preocuparte. Tu Padre sabe que tienes necesidad de estas cosas y él nunca te abandonará. El es fiel para alimentarte, para vestirte y para suplir todas tus necesidades”.


“Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta…Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan…ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.”


“Y si la hierba del campo, que hoy es y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?” (Mateo 6:26, 28-30).


Con mucho gusto le damos al Señor todos nuestros ayeres, entregándole nuestros pecados pasados. Confiamos en él para el perdón de todas nuestras fallas pasadas, nuestras dudas y miedos. Así que, ¿por qué no hacemos lo mismo con nuestros mañanas? La verdad es que la mayoría de nosotros nos aferramos a nuestro futuro, por que queremos el derecho a mantener nuestros sueños. Hacemos nuestros planes independientemente de Dios, y después le pedimos que bendiga y realice esas esperanzas y sueños.

jueves 22 de octubre de 2009

PAZ Y SEGURIDAD

Hay una cosa que yo temo por encima de cualquier otra, y es que yo me aleje de Cristo. Me estremezco de pensar que podría volverme flojo, descuidado espiritualmente, envuelto en sentimientos de no querer orar, y estar días sin buscar la Palabra de Dios. En mis viajes alrededor del mundo, he sido testigo de un “tsunami espiritual” de maldad que está arrasando.


Denominaciones enteras han sido engullidas en las olas de este tsunami, dejando una estela de ruinas de apatía. La Biblia nos advierte claramente que es posible que los creyentes devotos se alejen de Cristo.


Un Cristiano que busca “paz y seguridad a cualquier costo” y simplemente se agarra de su salvación, pagará un gran precio espiritual. Entonces, ¿Cómo podemos guardarnos de alejarnos de Cristo y de descuidar “una salvación tan grande”? Pablo nos dice cómo: “Por lo tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.” (Hebreos 2:1).


Dios no está interesado en que podamos leer “velozmente” Su Palabra. Leer muchos capítulos al día, o tratar de terminar de leer rápidamente la Biblia, nos podría dar una buena sensación de éxito. Pero lo que es más importante es que “escuchemos” con oídos espirituales lo que leemos, y que meditemos en ello para que sea “escuchado” en nuestros corazones.


Mantenerse constante en la Palabra de Dios no era algo pequeño para Pablo. El nos advierte con amor, “Por tanto es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos” (Hebreos 2:1). El también dice, “Examinaos a vosotros mismos, para ver si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos? ¿No sabéis que Jesucristo está en vosotros? ¡A menos que estéis reprobados!” (2 Corintios 13:5).

Pablo no les está sugiriendo a esos creyentes de que ellos eran reprobados. El en cambio les urge “Como amantes de Cristo, examínense ustedes. Hagan un inventario espiritual. Después de andar con Cristo, ustedes saben muy bien que son amados por él, que él no los ha abandonado, que ustedes son redimidos. Pero pregúntense: ¿Cómo está su comunión con Cristo? ¿La están cuidando con toda diligencia? ¿Se apoyan en él durante sus momentos difíciles?”


Tal vez usted se dé cuenta y diga, “veo que me he deslizado un poco en mi vida, que tengo tendencia a flojear. Sé que estoy orando menos y menos. Mi caminar con el Señor no es lo que debería de ser.”


“Por que somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio” (Hebreos 3:14).

miércoles 21 de octubre de 2009

EL LIBERADOR

El Apóstol Pedro nos dice, “Si Dios… tampoco perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé…y trajo el diluvio sobre el mundo de los impíos. También condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza…y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente. Pero libró al justo Lot… (entonces) el Señor sabe librar de tentación a los piadosos.” (2 Pedro 2:4-9)


A pesar de la severidad de estos ejemplos, Dios está enviando un mensaje claro de consuelo para su pueblo, como si nos estuviera diciendo: “Les acabo de dar dos de los ejemplos más grandes de mi compasión. Si en medio de un diluvio mundial y devastador, yo puedo rescatar a un hombre justo y a su familia de la destrucción…entonces ¿no puedo yo salvarte a ti también? ¿No puedo yo proveer un escape milagroso para ti también?


“Si puedo enviar juicio con fuego y azufre que consuma ciudades enteras, y al mismo tiempo envío ángeles en medio del caos para salvar a Lot y a sus hijas…entonces, ¿no podría yo rescatarte a ti de tus tribulaciones?”


La lección dada aquí para el justo es la siguiente: Dios hará todo lo que sea necesario para salvar a su pueblo de las feroces tribulaciones y tentaciones. Piense en esto: Fue necesario que se abriera el Mar Rojo para salvar a Israel de las garras de sus enemigos. Fue necesario que agua saliera de la roca para salvar a esos mismos Israelitas de su angustia en el desierto. Fue necesario pan milagroso, alimento de ángeles que literalmente fue enviado del cielo, para salvarlos del hambre. Y fue necesaria un arca para salvar a Noé del diluvio, y “ángeles de escolta” para salvar a Lot de la destrucción de fuego. Lo que está claro es que Dios sabe cómo salvar a su pueblo, y que él irá a cualquier extremo para lograrlo, no importa cual sea la circunstancia.


La frase de Pedro “El Señor sabe librar” significa simplemente, “El ya ha hecho planes”. La verdad maravillosa es que Dios ya tiene planes hechos para librarte aun antes de que clames a él. Y él no se sienta sobre esos planes; él sólo espera nuestro clamor pidiéndole ayuda. Tal vez estamos enredados en la lucha más difícil de nuestra vida, preguntándonos cómo nos librará Dios, y no nos damos cuenta de que él está listo en todo momento para poner su plan en acción.


Vemos esto ilustrado en Jeremías 29, cuando Israel estaba cautivo de Babilonia. Esta fue tal vez la tribulación más grande que el pueblo de Dios experimentó, pero el Señor les había prometido a ellos: “Después de setenta años, los visitaré y despertaré sobre vosotros mi buena palabra.”


“Por que yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11). La última frase significa literalmente “darles lo que ustedes anhelan.” Dios quiere que continuemos orando para que estemos listos para ser liberados.

martes 20 de octubre de 2009

QUÈDATE QUIETO Y CONOCERÀS

En 1958 mi corazón se dolió cuando leí la noticia de siete muchachos adolescentes a los cuales se los estaba enjuiciando por haber asesinado a un muchacho paralítico. El Espíritu Santo me conmovió fuertemente y me sentí dirigido a ir a la Corte de Justicia de la ciudad de Nueva York donde los estaban enjuiciando, y entré en la sala de audiencia convencido de que el Espíritu me había enviado para tratar de hablar con esos jóvenes.


Cuando la sesión llegó a su final al terminar el día, una realidad se me fue haciendo aparente. Yo pensé, “Esos jóvenes van a ser sacados por esa puerta encadenados y nunca más los volveré a ver.” Así que me levanté de mi asiento y me dirigí hacia donde estaba el juez, para pedir permiso de poder hablar con los jóvenes antes de que se los lleven a sus celdas.


En un instante, fui sujetado por policías y llevado fuera de la sala bruscamente. Los reporteros que cubrían el juicio, al ver esto empezaron a sacarme fotos y a acosarme con preguntas. Todo lo que yo pude hacer fue quedarme parado sin palabras, completamente sorprendido en medio de una situación embarazosa y humillante. Yo pensé, “¿Qué pensará mi iglesia allá en mi pueblo? La gente va a creer que estoy loco. He sido tan ingenuo”.


En medio de todo este caos, yo oré dentro de mí, “Señor, yo creí que me habías dicho que yo venga acá. ¿Què salió mal?” Por supuesto que no podía orar en voz alta por que los reporteros hubieran pensado que yo estaba más loco de lo que aparentaba. (¡Y yo ya lucía bastante ridículo por que estaba usando una corbata pajarita!).


Dios escuchó el clamor de este pobre hombre aquel día, y El ha honrado mi clamor silencioso desde aquél día. Vea usted, debido a esa lamentable escena en ese juicio, nació el ministerio Teen Challenge (Desafío Adolescente), con un alcance que hoy día alcanza alrededor del mundo. Y yo gozosamente comparto el humilde testimonio de David en el Salmo 34: “En Jehová se gloriará mi alma; lo oirán los mansos y se alegrarán” (Salmo 34:2).


En esencia, David estaba diciendo, “Tengo algo que decirles a todas las personas humildes de Dios sobre la tierra, aquellos que viven hoy y aquellos de los siglos venideros. Mientras exista el mundo, el Señor rescatará a cualquiera que clame a El y confía en él. En su increíble misericordia y amor, él me libra, aún cuando yo haya cometido una tontería.”


Todo lo que usted necesita saber es que nuestro bendito Señor escucha cada clamor sincero, ya sea en voz alta o sin hablar, y él responde. Aún s usted ha actuado tontamente o ha tenido una decaída de fe, usted sólo necesita volver a clamar a su Liberador. El es fiel para escuchar nuestro clamor y actuar.

lunes 19 de octubre de 2009

APACIENTA MIS CORDEROS

Cuando le pedí al Espíritu Santo que me enseñara cómo guardarme contra la negligencia y la negación, me llevó a considerar cómo Pedro se alejó y luego, la renovación que ocurrió. Este hombre negó a Cristo, incluso maldiciendo, diciendo a sus acusadores: “Yo no lo conozco”.


¿Qué había pasado? ¿Qué fue lo que llevó a Pedro hasta ese punto? Fue su orgullo, el resultado de la soberbia, de la justicia propia. Este discípulo había dicho de sí mismo: “No podría dejar enfriar mi amor por Jesús. He alcanzado un lugar en mi fe donde no necesito que me adviertan. Otros pueden tropezar, pero yo moriré por mi Señor”.


Sin embargo, Pedro fue el primero de los discípulos en rendirse ante la lucha. Abandonó su llamado y volvió a su antigua profesión, diciéndole a los demás: “Voy a pescar”. Lo que él realmente estaba diciendo era: “No puedo más. Pensé que no podía fallar, pero nadie le ha fallado tanto a Dios como yo. Ya no soporto más esta lucha”.


Para ese punto, Pedro ya se había arrepentido de negar a Jesús. Ya había sido restaurado en el amor de Jesús. Pero él era, todavía, un hombre débil por dentro.


Ahora, mientras Jesús esperaba que sus discípulos regresaran a la orilla, un asunto seguía sin ser resuelto en la vida de Pedro. No era suficiente que Pedro fuera restaurado, teniendo seguridad de su salvación. No era suficiente que él haya ayunado y orado como cualquier devoto creyente lo haría. No, el asunto al que Cristo quería ponerle la atención en la vida de Pedro, era respecto a otra forma de negación, una forma diferente de negligencia. Permítame explicarle.


Mientras se sentaban alrededor del fuego en la costa, comiendo y compartiendo, Jesús le preguntó a Pedro tres veces: “¿Me amas más que estos?” Cada vez, Pedro respondía: “Sí Señor, Tú sabes que te amo”, y Cristo le respondía: “Apacienta mis corderos”. Noten que Jesús no le recordó que esté alerta ni que ore, ni tampoco que sea diligente en leer su Palabra. Cristo asumía que esas cosas ya habían sido bien enseñadas. Por el contrario, la instrucción que le dio a Pedro ahora fue: “Apacienta mis corderos”.


Yo creo que en esa simple frase, Jesús instruía a Pedro sobre cómo guardarse de la negligencia. En esencia, le decía: “Quiero que te olvides de tu fracaso, olvida que te alejaste de mí. Has regresado a mí ahora, te he perdonado y te he restaurado. Así que es tiempo de dejar de enfocarte en tus dudas, fracasos y problemas. Y la forma de hacerlo es no descuidando a mi pueblo y ministrar a sus necesidades. Como el Padre me envió, así te envío Yo”.

viernes 16 de octubre de 2009

MI SALMO FAVORITO, POR LEJOS

De todos los 150 salmos, el Salmo 34 es mi favorito, por lejos. Trata enteramente acerca de la fidelidad del Señor para librar a sus hijos de las grandes pruebas y crisis. David declara: “Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores…El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende…Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias…Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová” (Salmos 34:4, 7, 17,19).


Note el clamor de David en este Salmo: “Busqué a Jehová…Este pobre clamó…” (Salmos 34:4,6). ¿Cuándo hizo David este clamor? Tuvo que haber pasado cuando fingía ser loco en Gat y no podía orar audiblemente en la presencia de los filisteos. Esto nos trae a una gran verdad sobre el cuidado de Dios. A veces el clamor más alto es el que no tiene una voz audible.


Yo sé cómo es esta clase de “clamor interno”. Muchas de las oraciones más altas de mi vida, de mis clamores más importantes, desgarradores y profundos, han sido hechos en absoluto silencio.

A veces he sido tan entumecido por las circunstancias, que no podía hablar, agobiado por situaciones más allá de mí, que no podía ni siquiera pensar lo suficientemente claro como para orar. En ocasiones, me he sentado solo en mi estudio, tan desconcertado, que no era capaz de decirle nada al Señor, pero todo el tiempo mi corazón estuvo clamando: “¡Dios, ayúdame! No sé cómo orar justo ahora, así que escucha el clamor de mi corazón. Líbrame de esta situación”.

¿Alguna vez ha estado usted allí? ¿Alguna vez ha pensado: “No sé de qué se trata todo esto, estoy tan abrumado por mis circunstancias, tan inundado por un profundo dolor, que no lo puedo explicar. Señor, ni siquiera sé qué decirte. ¿Qué está pasando?”.


Creo que esto es exactamente lo que David estaba pasando cuando fue capturado por los filisteos. Cuando escribió el Salmo 34, estaba admitiendo lo siguiente: “Me encontraba en una situación tan abrumadora, que jugué el papel de un tonto. Sin embargo, por dentro, me preguntaba: ‘¿Qué me está pasando? ¿Cómo llegó esto a suceder? ¡Señor, ayúdame!’”


Parecía que David estaba diciendo: “Este pobre hombre clamó desde su interior, sin saber qué o cómo orar. Y el Señor me oyó y me libró”. Era un clamor profundo del corazón, y el Señor es fiel para escuchar cada gemido, sin importar cuán tenue sea.

jueves 15 de octubre de 2009

CRISTO REINA

Frecuentemente mucha gente se contacta con nuestro ministerio y dice: “No tengo a nadie con quien hablar, a nadie con quien compartir mi carga, a nadie que tenga tiempo para escuchar mi clamor. Necesito a alguien a quien le pueda abrir mi corazón”.

 

El rey David estaba constantemente rodeado por personas. Estaba casado y siempre había alguien a su lado. Aun así, escuchábamos el mismo clamor de él: “A quien iré”. Está en nuestra naturaleza, el necesitar a otro ser humano, con rostro, ojos y oídos, que nos escuche y nos aconseje.

 

Cuando Job estuvo abrumado por sus problemas, clamó con pena, “¡Quién me diera quien me oyese!” (Job 31:35). Él pronunció este grito mientras estaba sentado con quienes decían llamarse sus amigos. Aquellos amigos no tenían compasión por sus problemas; de hecho, eran mensajeros de la desesperanza.

 

Job sólo acudió al señor: “Mas he aquí que en los cielos está mi testigo, y mi testimonio en las alturas… Mas ante Dios derramaré mis lágrimas” (Job 16:19-20).

 

David le dice al pueblo de Dios que haga lo mismo: “Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio” (Salmos 62:8).

 

Eventualmente, el sufrimiento nos llega a todos nosotros, y ahora mismo, multitudes de santos están encadenados por aflicciones. Sus circunstancias han tornado su gozo en sentimientos de impotencia e inutilidad. Muchos se preguntan en su dolor, “¿Por qué me está pasando esto? ¿Está Dios enojado conmigo? ¿Qué he hecho mal? ¿Por qué no responde mis oraciones?

 

Yo creo en mi corazón, que esta palabra es una invitación del Espíritu Santo para que usted encuentre un lugar privado, en donde pueda frecuentemente derramar su alma al Señor. David “derramó sus quejas”, y usted también puede hacerlo. Puede hablarle a Jesús acerca de todo: Sus problemas, sus pruebas presentes, su economía, su salud, y decirle cuán abrumado está, inclusive cuán desalentado se siente. Él lo escuchará con amor y simpatía, y no menospreciará su clamor.

 

Dios le respondió a David; le respondió a Job. Y por siglos ha respondido el clamor de todos aquéllos que han confiado en sus promesas. Él ha prometido escucharlo y guiarlo. Él ha prometido por juramento que será su fuerza, así que usted puede ir a Él y salir renovado.

miércoles 14 de octubre de 2009

YO SOY PODER Y COMPASION

Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino” (Mateo 15:32).

 

Creo que Cristo estaba haciéndoles a sus discípulos, una declaración. Estaba diciendo: “Voy a hacer más por la gente, que sólo sanarla. Voy a asegurarme de que tengan suficiente pan para comer. Me interesa todo lo que tenga que ver con sus vidas. Ustedes deben ver que Yo soy más que sólo poder. Yo también soy compasión. Si ustedes solamente me ven como sanador o hacedor de milagros, me temerán. Pero si también me ven como alguien compasivo, entonces, me amarán y confiarán en mí”.

 

Escribo este mensaje para todos aquéllos que están al borde del agotamiento, a punto de desmayar, agobiados a causa de su situación presente. Han sido siervos fieles, han alimentado a los demás y tienen la confianza de que Dios puede hacer lo imposible por su pueblo. Sin embargo, todavía tienen algunas dudas persistentes acerca de la disponibilidad de Dios para intervenir en su lucha.

 

Me pregunto cuántos lectores de este mensaje han hablado palabras de fe y esperanza a otras personas que enfrentaban situaciones penosas, al parecer sin esperanza. Quizás han instado con estas palabras: “Agárrese, el Señor puede hacerlo. Él es un Dios hacedor de prodigios y sus promesas son verdaderas. Así que, no pierda la esperanza, porque Él responderá su clamor”.

 

“¿Realmente crees en los milagros?” Esa es la pregunta que me hizo el Espíritu Santo. Mi respuesta fue: “Sí, por supuesto, Señor. Creo en cada milagro que he leído en las Escrituras”. Pero esta respuesta no fue lo suficientemente buena. La pregunta de Dios para cada uno de nosotros, realmente es: “¿Crees que puedo obrar un milagro para ti?” Y no tan sólo un milagro, sino un milagro para cada crisis, para cada situación que enfrentemos. Necesitamos más que los milagros del Antiguo Testamento, del Nuevo Testamento, más que esos milagros que acontecieron en la historia. Necesitamos milagros actuales, de hoy, personales, diseñados exclusivamente para nosotros y para nuestra situación.

 

Piense en alguna dificultad que está enfrentando en este instante, su mayor necesidad, su problema más preocupante. Usted ha orado acerca de ello por tanto tiempo. ¿De veras cree que el Señor es capaz y que va a solucionarlo, de maneras que usted no puede concebir? Ese tipo de fe obliga al corazón a dejar de preocuparse y de hacer preguntas. Le dice a usted que descanse en el cuidado del Padre, confiando que Él lo va a hacer todo a su manera y en su tiempo.

martes 13 de octubre de 2009

JESUS TENIA UN PLAN

Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer” (Juan 6:5-6). Jesús puso a un lado a Felipe y le dijo: “Felipe, acá hay miles de personas. Todas tienen hambre. ¿Dónde vamos a comprar suficiente pan para alimentarlos? ¿Qué crees que deberíamos hacer?

 

¡Qué amor tan increíble el de Cristo! Jesús siempre supo lo que iba a hacer; el versículo arriba citado nos lo dice. Sin embargo, el Señor estaba tratando de enseñarle algo a Felipe y la lección que le estaba dando, se aplica a nosotros el día de hoy. Piense al respecto: ¿Cuántas personas en el cuerpo de Cristo se quedan despiertas hasta la medianoche intentando hallar solución a sus problemas? Pensamos: “Quizás esto funcione. No, no, quizás aquéllo lo solucione. No…”

 

Felipe y los apóstoles no sólo tenían un problema de falta de panes. Tenían un problema de falta de panaderías…y un problema económico…y un problema de distribución…y un problema de transporte…y un problema de tiempo. Júntelos todos, y verá que tenían más problemas de los que pudieran incluso, imaginar. Su situación era absolutamente imposible.

 

En todo momento, Jesús sabía exactamente lo que iba a hacer. Él tenía un plan. Y lo mismo es cierto para sus problemas y dificultades, hoy. Hay un problema, pero Jesús ya conoce la situación completa. Y Él viene a usted, preguntando: “¿Qué piensas hacer respecto a esto?”.

 

La respuesta correcta por parte de Felipe, hubiera sido: “Jesús, Tú eres Dios. Para ti no hay nada imposible. Así que te entrego este problema a ti. Ya no es mío, sino tuyo”.

 

Eso es exactamente lo que debemos decirle a nuestro Señor hoy, en medio de nuestra crisis: “Señor, Tú eres el hacedor de maravillas y yo voy a rendirte todas mis dudas y temores. Te encomiendo toda esta situación, mi vida entera, a tu cuidado. Sé que no permitirías que desmaye. De hecho, Tú ya sabes lo que vas a hacer respecto a mi problema. Confío en tu poder.

lunes 12 de octubre de 2009

EN MEDIO DE UN MILAGRO

Usted podría estar en medio de un milagro en este preciso momento y simplemente, no darse cuenta. Quizás, ahora mismo esté esperando un milagro. Se encuentra desanimado porque las cosas no parecen cambiar en absoluto. No ve ninguna evidencia de la obra sobrenatural de Dios a favor suyo.

 

Considere lo que dice David en el Salmo 18: “En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos. La tierra fue conmovida y tembló; se conmovieron los cimientos de los montes…Humo subió de su nariz, y de su boca fuego consumidor…inclinó los cielos, y descendió…Tronó en los cielos Jehová, y el Altísimo dio su voz…Envió sus saetas…Lanzó relámpagos” (Salmos 18:6-9, 13-14).

 

Usted debe darse cuenta de que ninguna de estas cosas sucedió literalmente. Todo se trataba de algo que David vio con sus ojos espirituales. Amado, eso es fe. Es cuando usted cree que Dios ha oído su clamor, que Él no ha tardado, ni tampoco ha ignorado su petición. Por el contrario, Él comenzó calladamente su milagro, apenas usted oró; aun ahora Él está haciendo una obra sobrenatural a favor de usted. Eso es verdaderamente creer en milagros, en su maravillosa obra progresiva en nuestras vidas.

 

David entendió la verdad fundamental debajo de todo: “Me sacó a lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí” (Salmos 18:19). David declaró: “Yo sé por qué Dios está haciendo tanto por mí. Es porque Él se deleita en mí”.

 

De verdad, yo creo en los milagros instantáneos. Dios sigue obrando maravillas gloriosas e instantáneas en el mundo de hoy. Pero en estos pasajes del Evangelio (Mateo 16:9-11, Marcos 8:19-21), mientras Jesús les recuerda a los discípulos la milagrosa alimentación de los 5,000 y de los 4,000, Él les pide a ellos y a nosotros a tomar nota de sus milagros progresivos y su importancia para nuestras vidas, hoy.

viernes 9 de octubre de 2009

TENIENDO UN CORAZON PERFECTO

¿Sabe usted que es posible caminar delante de Dios con un corazón perfecto? Si usted tiene hambre de Jesús, quizás ya está intentando, ya está deseando fervientemente, obedecer a este mandato del Señor.

 

Quiero alentarlo: Es posible. De otra manera, Dios no nos habría hecho tal llamado. Tener un corazón perfecto ha sido parte de vivir en fe, desde la época en que Dios habló por primera vez con Abraham: “Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto” (Génesis 17:1).

 

En el Antiguo Testamento vemos que algunos lo lograron. David, por ejemplo, determinó en su corazón obedecer el mandamiento de Dios de ser perfecto. Él dijo: “Entenderé el camino de la perfección…En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa” (Salmos 101:2).

 

Para poder enfrentar la idea de perfección, primero debemos entender que la perfección no significa una vida sin pecado, intachable. No, la perfección a los ojos del Señor significa algo completamente diferente. Significa plenitud, madurez.

 

El significado en hebreo y en griego de la palabra perfección incluye: “rectitud, no tener mancha ni tacha, ser totalmente obediente”. Significa terminar lo que se ha empezado, lograr un desempeño completo. Juan Wesley definió este concepto de perfección como “obediencia constante”. Esto es, un corazón perfecto es un corazón sensible, un corazón que responde rápida y totalmente a los amores, susurros y advertencias del Señor. Tal corazón, dice en todo momento: “Habla, Señor, tu siervo oye. Muéstrame el camino y caminare en él”.

 

El corazón perfecto clama junto a David: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad” (Salmos 139:23-24).

 

Dios, de hecho, examina nuestros corazones; eso fue lo que le dijo a Jeremías: “Yo Jehová, que pruebo el corazón” (Jeremías 17:10). El significado, en hebreo de esta frase, es: “Yo penetro, examino profundamente”.

 

El corazón perfecto desea que el Espíritu Santo venga y examine lo más profundo, y alumbre en todas las áreas ocultas, para investigar, exponer y desenterrar todo lo que no es de Cristo. Aquéllos que esconden un pecado secreto, sin embargo, no quieren ser escudriñados, examinados ni probados.

 

El corazón perfecto anhela más que una seguridad o una cubierta por el pecado. Busca estar siempre en la presencia de Dios, habitar en comunión con Él. Comunión significa hablar con el Señor, compartir una dulce comunión con Él, buscar su rostro y conocer su presencia.

 

El Señor escudriña los corazones para redimir, no para condenar. Su propósito no es sorprendernos en pecado o condenarnos, sino más bien prepararnos para entrar como vasijas limpias y puras a su santa presencia. “¿Quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón...El recibirá bendición de Jehová (Salmos 24:3-5)

jueves 8 de octubre de 2009

MILAGROS PROGRESIVOS

El Antiguo Testamento está repleto del poder milagroso de Dios, desde el cruce del Mar Rojo, vemos a Dios hablándole a Moisés desde una zarza ardiendo, hasta Elías invocando fuego del cielo. Todos estos milagros fueron instantáneos. La gente involucrada podía ver los milagros que estaban llevándose a cabo, podía sentirlos y estremecerse ante éstos. Y éstos, son los milagros que quisiéramos ver en nuestros días; milagros que causen el asombro y la perplejidad de todos. Queremos que Dios abra los cielos, descienda hacia nuestra situación y arregle las cosas con una explosión de poder celestial.

 

Pero, gran parte del poder para obrar maravillas que Dios tiene para con su pueblo, viene en la manera que llamamos “milagros progresivos”. Estos milagros son casi imperceptibles al ojo. No vienen acompañados de truenos, rayos o algún mover o cambio visible. Por el contrario, los milagros progresivos, comienzan de manera silenciosa, sin fanfarria, desplegándose lenta pero seguramente, paso a paso.

 

Ambos tipos de milagro, instantáneos y progresivos, sucedieron en las dos ocasiones en las que Jesús alimentó a las multitudes. Los milagros que Él hizo fueron inmediatos, visibles, fácilmente discernidos por todos los presentes. Pienso en el paralítico con su cuerpo inválido, quien súbitamente tuvo tal cambio físico exterior que pudo correr y saltar. Ese milagro tuvo que haber impactado y dejado perplejos a todos los que lo vieron.

 

Por otro lado, las alimentaciones que Cristo hizo fueron milagros progresivos. Jesús hizo una simple oración de bendición, sin fuego, truenos o terremotos. Él simplemente partió el pan y tomó los pescados, sin dar una sola señal ni ruido de que se estaba llevando a cabo un milagro. Sin embargo, para poder alimentar a tanta gente, tuvieron que haber partido el pan y los peces miles de veces a lo largo de todo el día. Y cada pedazo de pan y de pescado era parte del milagro.

 

Así es como Jesús hace muchos de sus milagros en la vida de sus hijos, hoy. Oramos por maravillas instantáneas, visibles, pero a menudo nuestro Señor está trabajando en silencio; logrando para nosotros un milagro, pieza por pieza, pedazo a pedazo. Quizás no podamos oírlo ni tocarlo, pero Él está obrando, dándole forma a nuestra liberación, mas allá de lo que podamos ver.

miércoles 7 de octubre de 2009

EL PODER DEL PERDON

Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? (Mateo 5:46).

 

El perdón no es un acto aislado, sino una forma de vida, que nos debe conducir hacia toda bendición en Cristo. “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:44-45).

 

De acuerdo a Jesús, el perdón no es un asunto de tomar o escoger alguien a quien perdonar. No podemos decir: “Me has herido tanto, así que no puedo perdonarte”. Cristo nos dice: “Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?” (Mateo 5:46).

 

No interesa contra quién sea nuestra herida. Si nos agarramos de ella, nos guiará a una amargura que envenenará todo aspecto de nuestras vidas. La falta de perdón nos lleva a una hambruna y debilidad espiritual, una pérdida de la fe, afligiendo no sólo a nosotros, sino a todos los que nos rodean.

           

Durante los últimos cincuenta años de mi ministerio, he visto una terrible devastación en las vidas de aquéllos que guardan falta de perdón. Pero, también he visto el glorioso poder de un espíritu perdonador. El perdón transforma vidas, produciendo que las ventanas de los cielos se abran. Llena nuestras copas de bendición espiritual hasta que rebozan con paz abundante, gozo y descanso en el Espíritu Santo. La enseñanza de Jesús sobre este tema es muy específica, y si usted quiere moverse en este ámbito maravilloso de bendición, entonces oiga y reciba sus palabras.

 

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:14-15). No se equivoque: Dios no está negociando con nosotros acá. Él no está diciendo: “Como tú has perdonado a los demás, entonces Yo te perdonaré”. Nunca podremos ganar el perdón de Dios. Sólo la sangre derramada de Cristo tiene el mérito de perdonar los pecados.

 

Más bien, Cristo está diciendo: “La confesión completa de pecados requiere que tú perdones a otros. Si retienes cualquier falta de perdón, entonces no has confesado todos tus pecados. El verdadero arrepentimiento significa confesar y olvidar todo rencor, crucificando todo rastro de amargura hacia otros. Cualquier cosa menor que ello, no es arrepentimiento”.

 

Esto va de la mano con su bienaventuranza: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzaran misericordia” (Mateo 5:7). Su punto: Perdona a otros, para que puedas moverte hacia las bendiciones y el gozo de ser un hijo. Dios podrá entonces, derramar las muestras de su amor. Y cuando usted perdona, usted revela la naturaleza del Padre al mundo.

martes 6 de octubre de 2009

LA MISMA GLORIA

“El que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14:21). “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros…la gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad” (Juan 17:21-23, itálicas mías).

 

Échele otro vistazo a las itálicas en el versículo. Jesús está diciendo, en esencia: “La gloria que me diste, Padre, se la he dado a ellos”. Cristo hace una increíble declaración acá. Está diciendo que nos ha sido dada la misma gloria que el Padre le dio a Él. ¡Qué pensamiento tan impresionante! Pero, ¿cuál es esta gloria que fue dada a Cristo y cómo pueden nuestras vidas revelar dicha gloria? No se trata de un aura o una emoción; sino de ¡un acceso sin impedimentos al Padre Celestial!

 

Jesús nos dio un fácil acceso al Padre, abriéndonos una puerta por la Cruz: “Porque por medio de él [Cristo] los unos y los otros [nosotros y los que están fuera] tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18). La palabra “entrada” significa el derecho de entrar. Significa un pasaje libre y también fácil de acercarse: “En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él” (Efesios 3:12).

 

¿Ve lo que Pablo dice? Por fe, hemos alcanzado un lugar de acceso ilimitado a Dios. No somos como Ester en el Antiguo Testamento. Ella tenía que esperar la señal del rey antes de poder acercarse al trono. Sólo después que el rey extendiera su cetro, es que Ester podía acercarse.

 

En contraste, usted y yo ya nos encontramos en la presencia del Rey. Y tenemos el derecho y el privilegio de hablar con Él en cualquier momento. De hecho, estamos invitados a hacerle cualquier petición: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

 

Cuando Cristo ministró en la Tierra, Él no tenía que escabullirse hacia la oración para obtener la mente del Padre. Él dijo: “No puedo hacer nada por mí mismo, sino lo que veo hacer al Padre” (ver Juan 5:19). Hoy, el mismo grado de acceso al Padre que tenia Cristo, nos ha sido dado. Usted dirá: “Un momento, ¿yo tengo igual acceso al Padre que Jesús?”.

 

No se equivoque. Como Jesús, nosotros debemos orar con frecuencia y fervor, buscando a Dios, esperando en el Señor. No tenemos que escabullirnos para rogarle a Dios por fuerza y dirección, porque su mismo Espíritu vive en nosotros. Y el Espíritu Santo nos revela la mente y la voluntad del Padre.

lunes 5 de octubre de 2009

CUATRO EXPECTATIVAS

Dios es un “creador” de promesas y un “cumplidor” de promesas, y me ha hablado al corazón respecto a cuatro asuntos en los que el pueblo de Dios debe confiar en Él. Estas expectativas se basan en las promesas que Dios nos ha hecho. 

 

  1. Esté expectante de ser galardonado, mientras busca diligentemente al Señor. “Dios…es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). 

Por fe, usted puede pedir que Dios lo toque, para que sea animado y su confianza se reavive. Dios siempre llega a tiempo y sabe que usted necesita un rayo de esperanza y buenas nuevas en medio de su prueba. Espere que Él cumpla su promesa de galardonarlo ahora mismo, que es cuando se encuentra en su mayor necesidad.  Dios no puede mentir. El dice que El galardona a lo que le buscan. Búsquelo diariamente y crea que este año será su año de gran bendición espiritual.

 

  1. Esté expectante de ver evidencia de un milagro progresivo en su vida. “Todas las cosas son posibles para Dios” (Marcos 10:27). 

Yo creo en los milagros, en los instantáneos y en los progresivos. El comienzo de un milagro progresivo no es visible, ni ruidoso y se va desplegando poco a poco, de pequeña misericordia en pequeña misericordia. Espere ver a Dios obrando de maneras misteriosas, invisibles al ojo humano.

 

  1. Esté expectante de entrar al lugar de reposo prometido por Dios. “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios…procuremos…entrar en aquel reposo” Hebreos (4:9,11). 

En los últimos años, hemos visto una increíble avalancha de calamidades, problemas y pruebas. En medio de esto, el Señor desea que usted crea que Él lo llevará a su lugar de reposo. Dios nunca deseó que sus hijos vivan en temor y desconcierto. Necesitamos una fe inquebrantable y confiar en Dios al enfrentar el miedo, los problemas y aun la muerte misma.

 

  1. Esté expectante de que el Espíritu Santo esté siempre en su templo. “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?” (1 Corintios 6:19). 

El Espíritu Santo mora en el corazón del creyente. Él es omnipresente, a lo largo de todo el mundo. Puedo afrontar el diario vivir, sabiendo que Él esta acá, en su templo para consolarme, guiarme, alentarme, ungirme y revelarme la gloria de Jesús, dándome una revelación siempre creciente. Él desea que usted espere que Él haga notoria su presencia a usted, haciéndola más notoria con el paso de los días. Él quiere llevarlo a tener una fe inconmovible, tal como lo hizo con sus discípulos.

 

¡Crea estas promesas! Agárrese de estas expectativas y verá a Dios hacer cosas maravillosas.

viernes 2 de octubre de 2009

BUSCANDO EL ROSTRO DE DIOS

En el salmo 27, David le  ruega a Dios a través de una oración urgente. Implora en el verso 7: “Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo; ten misericordia de mí, y respóndeme”. Su oración está enfocada en un deseo, una ambición, algo que lo ha está consumiendo: “Una cosa he demandado a Jehová” (Salmos 27:4).

 

David testifica: “Tengo una oración, Señor, una petición. Es mi única meta, la más importante de mi vida, es aquello que deseo. Y lo buscaré con todo mi ser. Este único objetivo me consume”.

 

¿De qué se trataba esta “cosa” que David deseaba más que nada, aquel objetivo en el cual había fijado su corazón para alcanzarlo? Él nos lo dice: “Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová y para inquirir en su templo” (Salmos 27:4).

 

No se equivoque: David no era un hombre aislado, que se escondía del mundo exterior. Él no era un ermitaño, buscando ocultarse en algún desierto desolado. No, David era un apasionado hombre de acción. Él era un gran guerrero y multitudes coreaban sus victorias en la batalla. Él también era un apasionado de la oración y de la devoción, con un corazón que gemía por Dios ¡Y el Señor había bendecido a David concediéndole tantos deseos de su corazón!

 

De hecho, David había probado todo lo que un hombre pudiera desear en su vida. Conoció las riquezas y la gloria, el poder y la autoridad. Contaba con el respeto, la alabanza y la adulación de los hombres. Dios le había dado Jerusalén como capital de su reino y estaba rodeado de hombres devotos, todos dispuestos a morir por él.

 

Más que nada, David era un adorador. Él un hombre de alabanza, que daba gracias a Dios por todas sus bendiciones. Él mismo lo testifica, diciendo: “El Señor derramó bendiciones delante de mí”.

 

David, de hecho estaba dando a entender: “Hay una forma de vivir que ahora busco, un lugar establecido en el Señor que anhela mi alma. Deseo tener una intimidad ininterrumpida con mi Dios”. Esto es lo que David quiso decir cuando oró: “Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová y para inquirir en su templo” (Salmos 27:4).

jueves 1 de octubre de 2009

LAS MISERICORDIAS DE JEHOVA

En la antigua Israel, el arca del pacto representaba la misericordia de Jehová, una poderosa verdad que posteriormente fue personificada por Jesús. Debemos recibir su misericordia, confiando en la sangre salvadora de su misericordia y ser salvos por toda la eternidad. Es decir, usted puede ridiculizar la ley, burlarse de la santidad de Dios y echar por tierra todo lo que Dios hable. Pero cuando usted se burla o ridiculiza la misericordia de Dios, el juicio viene, y muy pronto. Si usted pisotea su sangre misericordiosa, enfrenta su horrenda ira.

 

Eso es exactamente lo que les sucedió a los filisteos cuando robaron el arca. Una destrucción mortal vino sobre ellos hasta que tuvieron que admitir: “Esto no es simple casualidad o coincidencia. La mano de Dios está claramente en contra nuestra”. Considere lo que sucedió cuando fue llevada al templo pagano de Dagón, para burlarse y desafiar al Dios de Israel. En medio de la noche, el lugar de misericordia que era el arca, se convirtió en una vara de juicio. Al día siguiente, Dagón, el ídolo, fue hallado derribado rostro a tierra delante del arca, decapitado y cortadas sus manos (ver 1 Samuel 5:2-5).

 

Amados, así es como debería estar Estados Unidos. Hace mucho tiempo que deberíamos haber sido juzgados. A todos los que se burlan y desafían la misericordia de Dios, les digo: “Sigan, traten con todas su fuerzas de traer a la iglesia de Cristo bajo el poder del secularismo o el agnosticismo. Pero si se burlan de la misericordia de Cristo, Dios echará todo poder y autoridad que tengan, al suelo. Jeremías dijo: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias” (Lamentaciones 3:22). Sin embargo, cuando los hombres hacen burla de tan grande misericordia, que es Cristo, el juicio es seguro.

 

Es sólo a causa de la misericordia del Señor que el juicio tarda. Y ahora mismo, Estados Unidos se está beneficiando de dicha misericordia. Increíblemente, todo el país se encuentra en una carrera junto al resto del mundo, para eliminar a Dios y a Cristo de la sociedad. No obstante el Señor no va a ser burlado; sus misericordias son para siempre, y Él ama esta nación. Yo creo que por ello es que Él sigue derramando sus bendiciones sobre nosotros. Su deseo es que dicha bondad nos lleve al arrepentimiento (ver Romanos 2:4).

 

No debemos desesperarnos a causa de la situación actual de los Estados Unidos. Nos duele la horrenda corrupción, burla y pecado, pero tenemos esperanza, sabiendo que Dios está en control completo. Sabemos que las misericordias de Dios son para siempre.