miércoles, 22 de octubre de 2014

LE VEREMOS

“Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.” (Hechos 1:11).

Un cuerpo de carne y hueso fue colocado en la tumba, y fue un cuerpo de carne y hueso resucitado el que tocó Tomás (ver Juan 20:26-29). Él tocó sus manos y puso su mano en su costado. ¡Este era realmente un hombre glorificado, que ascendió al Padre! Jesús no se evaporó delante de ellos, Él fue levantado en una nube hasta que se perdió de vista. Qué increíble momento debe haber sido: Jesús brillando, radiante de gloria, con su rostro hacia el cielo, siendo levantado lentamente sobre ellos. ¡Los apóstoles deben haber caído de rodillas!

Vieron todo el advenimiento con sus ojos fijos en Él: “Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo” (Hechos 1:10). ¡No sucedió que ellos pestañearon y Jesús se había ido! Es cierto que seremos cambiados en un abrir y cerrar de ojos: “todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta” (1 Corintios 15:51-52). Pablo está hablando de nuestro cambio corporal cuando “seremos arrebatados juntamente con ellos [los muertos resucitados] en las nubes para recibir al Señor en el aire” (1 Tesalonicenses 4:17). Él vendrá rápida y repentinamente, y nosotros seremos transformados corporalmente en un momento.

El escritor del libro de Hebreos sugiere que el pueblo de Dios verá que el día se acerca: “No dejando de congregarnos…sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” (Hebreos 10:25). “Pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:2). “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron” (Apocalipsis 1:7). “Y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes” (Apocalipsis 22:4). “Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios” (Hechos 7:55). Esteban es un tipo de aquellos que viven en los últimos días “llenos del Espíritu Santo”, a quienes les serán dados ojos abiertos y un cielo abierto. ¡Veremos a Jesús viniendo en gloria con todos los santos ángeles y veremos el manto de Su gloria!

martes, 21 de octubre de 2014

PREPARÁNDONOS PARA SALIR A RECIBIRLE

“Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.” (Hechos 1: 6-7, 9-11).

Jesús reunió a los que fueron escogidos para verlo ascender al Padre: “Y estando juntos” (Hechos 1:4). Alrededor de 120 fueron llamados por el mismo Jesús al monte de los Olivos. No creo que ellos sabían o comprendían lo que iba a suceder. Jesús había tratado de prepararlos para su retorno al Padre: “[Yo] voy al Padre, y no me veréis más” (Juan 16:10). ¿Cómo podría una mente finita comprender tales palabras? ¿Cómo se iría? ¿Moriría de nuevo? ¿Ángeles le llevarían? ¿Vendría un carro, así como sucedió con Elías, o de repente desaparecería en el aire? Era algo que Jesús les había advertido: “Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo” (Juan 14:28). Ellos decían: “¿Qué quiere decir con: Todavía un poco? No entendemos lo que habla.”(Juan 16:18).

De la misma manera que Jesús reunió a los discípulos, Jesús volverá a reunir a Su pueblo para prepararnos para Su regreso. Pero, ¿Lo entenderemos? Dios siempre ha tenido un pueblo, pero justo antes de Su venida hará algo tal cual lo hizo antes de irse. ¡De hecho, lo está haciendo ahora! Está sucediendo aquí en la iglesia de Times Square y en todo Estados Unidos, China, Europa, Polonia y Rusia. Por el llamado del Espíritu Santo, pequeños y grandes grupos se están uniendo para “salir a recibirle.” ¡Ellos han oído la trompeta! Han escuchado el clamor: “¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!” (Mateo 25:6).

lunes, 20 de octubre de 2014

CRISTO NOS HA HECHO LIBRES by Gary Wilkerson

Piensa en todas estas benditas cosas: oración íntima con el Señor; leer Su maravillosa Palabra y compartir Su Evangelio con alegría. Todas éstas son maravillosas prácticas que garantizan una vida plena y feliz. Sin embargo, a menudo hacemos de ellas obras basadas ​​en el mérito, labores arduas del deber. Al hacer esto, descuidamos “una salvación tan grande”, una gracia salvadora que no falla. Verás, incluso cuando fallamos, el Nuevo Pacto no falla. De acuerdo con Pablo, esa verdad debería hacernos libres, no esclavizarnos.

“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gálatas 5:1). A lo largo de esta epístola Pablo le pregunta a los creyentes: “¿Por qué volver al antiguo pacto de las obras? Ese sistema sólo los esclavizaría de nuevo. Se les ha dado el Nuevo Pacto, que les brinda la libertad de amar y servir a Dios con plena libertad”.

Pablo les recalcó esta verdad a los Gálatas, diciéndoles que el Evangelio nos da poder en el Espíritu a través de la gracia. Pero los Gálatas seguían tratando de vivir el evangelio desde la perspectiva de las obras. Estaban convencidos: “Si hago esto, voy a obtener una bendición. Si no lo hago, obtendré una maldición”.

Puede que no lo veamos en nosotros mismos, pero tendemos a hacer algo similar hoy en día. Nuestra actitud es: “Haré mi mejor esfuerzo para obedecer los mandamientos de Dios y entonces él va a tener que bendecirme.” Pero Dios dice algo diferente a través del Nuevo Pacto: “Ya te he bendecido, antes de que siquiera intentaras obedecer mis mandamientos. También sé que no puedes guardar mi palabra a la perfección, así que te daré el poder de guardarla a través de Mi Espíritu. Mi gracia será el poder detrás de tus obras, no tu propia fuerza”.

Este es el corazón del evangelio: ¡Dios lo hace todo! Por lo tanto, cuando se nos dice que “es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos” (Hebreos 2:1), no significa que debemos prestar mayor atención a guardar las reglas, sino que en lugar de ello, hemos de prestar atención al evangelio de la gracia que nos ha liberado.