jueves, 30 de octubre de 2014

“ELLA LO HIZO POR MÍ”

"Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume… Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies" (Lucas 7:37-38, 44-46).

¿Alguna vez has lavado los pies de Jesús con tus lágrimas? ¿Alguna vez has venido a Él sin pedirle nada para ti mismo, para tu ministerio o para tu familia? ¿Has venido simplemente a derramar en Él una dádiva de incienso, un frasco de alabastro de amor y de adoración? Escucha el clamor de Su corazón: "¡No me diste beso, ni agua para mis pies cansados, pero ella lo hizo por Mí!".

En Mateo 26, otra mujer vino a Jesús y derramó perfume sobre Su cabeza mientras Él comía. Al ver esto, los discípulos se indignaron, y le dijeron: "¿Para qué este desperdicio? Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres" (Mateo 26:8-9). Somos como esos discípulos, creemos que es una pérdida de tiempo el estar a solas, ministrando Sus necesidades, cuando tanta gente pobre, que sufre, necesita nuestro tiempo y nuestras peticiones de oración. Jesús dijo: "¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra. Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis" (Mateo 26:10-11). En esencia, Él estaba diciendo: “¡Ella lo hizo por mí!”.

miércoles, 29 de octubre de 2014

PASANDO TIEMPO CON JESÚS

¿Por qué Jesús dijo: "Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público" (Mateo 6:6)? Porque el Señor desea tener intimidad. ¡Él quiere estar encerrado a solas con el amor de Su corazón! Hay muchos que oran, que nunca faltan a una reunión de oración. Asisten a cualquier reunión en casa y ciertamente es escritural de que dos o tres estén de acuerdo en oración. Pero vendrá una Palabra del Señor, y Él susurrará: "Ven solo, cierra la puerta, que sólo estemos tú y yo". La oración en secreto es la cosa más íntima que puedes compartir con tu Señor. Si no tienes este tipo de relación, no lo conoces, en realidad.

Sin intimidad con Jesús, incluso tus buenas obras pueden volverse malas: "Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mateo 7:22-23). ¿Qué está diciendo Jesús? La clave es esta: "Nunca os conocí". No ha habido intimidad; alguien está haciendo un gran trabajo en Su nombre, pero realmente sin conocerle. Esto significa que podemos estar tan ocupados en cosas buenas, en programas, en ayudar a los demás, que perdemos de vista a Jesús.

Cuando pasamos tiempo a solas con Él, ¿alguna vez hemos pensado en Sus necesidades? Jesús se hizo hombre con las mismas necesidades de los hombres, incluyendo la necesidad de amistad y de amor. Él sintió el rechazo tal como lo sentimos nosotros, porque él nunca dejó a un lado Su humanidad. Jesús es Dios y hombre a la vez. El hecho de que Él llevara nuestras enfermedades, significa que todavía experimenta los dolores y las necesidades del hombre. Estaba pensando recientemente: “Señor, cuando estabas en la tierra, ¿alguna vez te preguntaste si alguien te amaba sólo por quien Tú eras, como Jesús, el hombre?” Considera las multitudes que le apretaban por todas partes, que clamaban por ayuda, por misericordia, por vista, por comida, por señales y maravillas. Él los veía como ovejas sin pastor; Él oía su clamor y lloraba. Pero sólo unos pocos vinieron a él sin pedir nada, ¡sólo unos poco vinieron sólo para amarle!

martes, 28 de octubre de 2014

AMANDO A JESÚS

¡Jesús sabe lo que se siente ser traicionado! Él fue paciente y misericordioso mientras Su amada Israel le estaba siendo infiel a lo largo de toda la historia, cometiendo adulterio espiritual vez tras vez. El corazón de Jesús está buscando una esposa fiel. Él anhela un pueblo que tenga ojos sólo para Él y que no deje que nadie se meta en el medio.

¿Qué es lo que le da alegría a una esposa o un esposo? Es la fidelidad, la capacidad de mirarse a los ojos y ver confianza. ¡Sin mentiras ni secretos! Lo mismo debe ser para con nuestra relación con Jesús "Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado, y no carecerá de ganancias" (Proverbios 31:10-11). ¿Puede Jesús mirar dentro de nuestros corazones y confiar en nosotros con seguridad?

Conozco a una congregación de hermanas que pasan horas, tan sólo "amando a Jesús". Ellas se arrepienten por la infidelidad de la novia infiel de Jesús. Ellas tratan de llenar Su corazón adolorido, intentar llenar la falta de amor y hablan de “Su dolor”. Es cierto que a Jesús le debe doler cuando tan pocos le aman. Mi corazón se quebranta y oro entre lágrimas: "Oh Jesús, ¡cuán infiel te he sido a lo largo de los años, cuán a menudo las cosas de este mundo tomaron mi corazón! He ido tras automóviles, antigüedades, deportes. Han habido momentos en los que amaba los elogios del hombre, tiempos en los que he deseado cosas y he dedicado mi tiempo a otros intereses". La Palabra de Dios dice: "Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él" (1 Juan 2:15).

Jesús hizo una pregunta muy provocadora: "Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?" (Lucas 18:8). La palabra "fe" en griego, significa "confianza en…y fidelidad a…" ¡A Él! Él profetizó sobre una gran apostasía, tal que aun los escogidos serían grandemente tentados. Tantos creyentes caerán y seguirán la lujuria y los placeres de este mundo. Mi clamor es: "¡Oh Señor, atráeme a ti; déjame ser alguien en quien Tú puedas confiar; permíteme amarte sin reservas; dame un amor puro, santo y sin mezcla por Ti!"