jueves, 19 de enero de 2017

LUCHA INÚTIL

Todos podemos decir: “Soy redimido por la sangre de mi Salvador, pero aún no lo he alcanzado completamente”. Cantamos y gritamos alabanzas a nuestro Dios y aun así muchos de nosotros continuamos luchando para agradarle.
Ocasionalmente, puedes ganar una victoria ¡y sentirte tan bien al respecto! Te dices a ti mismo: “Lo hice. Sabía que si ponía mi mente y mi corazón en este asunto, obtendría la victoria”. Tienes una tendencia a sentirte orgulloso acerca de lo que has logrado y luego vas por ahí juzgando a otros que no son victoriosos.
Cuándo yo era más joven, si necesitaba tener victoria sobre algo, me convencía a mí mismo: “Haré esto aunque me muera” ¡Y parecía que moriría! Pasaba un mes o dos y yo pensaba: “Esos pensamientos codiciosos ya se fueron. ¡Soy libre!” Pero siempre resultaba ser una victoria parcial y volvía el desánimo.
“Oh, Dios” clamaba yo, “te he rogado que me libertes, pero no lo has hecho. Estos sentimientos siguen en mí”. Y entonces, culpaba a Dios.
¿Qué estaba sucediendo? Yo estaba tan ocupado luchando en la carne para ser justo, que perdí mi comprensión de la verdadera justificación, la única justificación que el Padre acepta es la de Su Hijo, Jesucristo. Cuando estamos de pie delante del Padre, Él nos acepta sólo a través de Cristo, a través de Su justificación y victoria.
Quizás te preguntas: “Qué debo hacer” Primero, no escuches las mentiras del diablo. Segundo, ponte sobre tus pies espirituales y comienza a declarar: “Por mi fe en la sangre de Jesús, yo recibo la justificación de Cristo” Luego, regocíjate.
“En quien tenemos redención por su Sangre, el perdón de pecados” (Colosenses 1:14).
La redención significa simplemente “ser puesto en libertad” y nosotros hemos sido puestos en libertad por la preciosa sangre de Jesús. Podemos pararnos contra toda acusación y decir: “Satanás, esta fue la última vez que me acusaste. Mi Biblia dice que soy redimido porque creo en lo que Jesús hizo por mí en la cruz”.

miércoles, 18 de enero de 2017

NO PUEDES HACERTE APTO A TI MISMO

Cuando Satanás trata de convencerte de que eres indigno de caminar con el Señor y de servirle, tú sabes que esto no es cierto. Sin embargo, quizás te sea difícil estar completamente seguro de que Él te ha hecho limpio y digno de estar de pie delante de Él y de servirle fielmente. ¡Pero la Palabra de Dios dice que Él lo hizo!
“Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Colosenses 1:10-14).
La versión griega de Colosenses 1:20-14 es: “El Padre nos ha hecho justos, dignos, calificados en carácter, suficientemente buenos para ser participantes de la herencia de los santos en luz”.
Lo que Jesús hizo en la cruz, te calificó para la herencia eterna y si Dios te ha calificado para la vida eterna, entonces Él te ha hecho apto en carácter, también. Puedes apartarte del ministerio o del servicio por un tiempo, intentando hacerte apto para Él, pero nunca lo lograrás. Dios no acepta la justificación de nadie, excepto la la de Su propio Hijo, Jesucristo.
Nunca podrás obtener la justificación de Cristo, por obras, así que sólo cree y confía en Dios para ello. Viene a ti por fe. Como ves, no sólo eres salvo por fe, sino que también eres santificado por fe, justificado por fe, sanado por fe, guardado por fe.
Todo esto acontece al creer en lo que Jesús ha hecho por ti.

martes, 17 de enero de 2017

“NO ERES DIGNO” — LA MENTIRA DEL DIABLO

¿Quién te dice que eres indigno, bueno para nada, inútil, inservible para Dios? ¿Quién te sigue recordando que eres débil, impotente, un fracaso total? ¿Quién te dice que nunca llegarás a la medida de Dios?
¿Quién les dice a los miembros del equipo de adoración que no son dignos de cantar alabanzas en la casa de Dios o a los músicos que no son dignos de tocar instrumentos durante la adoración? ¿Quién les dice a los ujieres, ancianos, maestros de la escuela dominical, voluntarios, personas en las bancas que son indignos? 
Esto no es ningún misterio, todos sabemos de dónde viene esta voz: del mismo diablo. Él quiere que vivas convencido de que Dios está enojado contigo.
El diablo, el acusador de los hermanos, te hace recordar cada uno de tus pecados y fallas. Él te dice: “Dios no puede usarte hasta que pongas las cosas en orden y te sientas digno”. No creas en esta mentira que viene del fondo del infierno.
Muchas personas que están leyendo este mensaje han sido convencidas por el diablo de que nunca serán dignas de ser usadas por Dios. ¿Te describe esto a ti? Incluso, puedes sentirte indigno  de ser llamado hijo del Señor. Miras tu vida y ves inconsistencia y fracaso. 
Permíteme confesarte algo: Jamás, ni una sola vez, me sentí digno de mi alto llamamiento como predicador. A través de mis años de servicio al Señor, he sido bombardeado por acusaciones de que soy indigno de hablar por Dios, de predicar, de enseñar a otros, de ser un líder.
Así que, la verdad es que yo no soy digno de escribir este mensaje y tú no eres digno de levantar tus manos en alabanza a Dios. Como puedes ver, nadie es digno; ¡no en nuestra fuerza o poder humano! Pero Jesús nos dijo: “Yo te he hecho digno”.
“Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos” (Romanos 5:19). 

lunes, 16 de enero de 2017

EN TIERRA SECA - Gary Wilkerson

Dios le dijo a Moisés, cuando los hijos de Israel estaban en Egipto: “Di a los hijos de Israel que den la vuelta y acampen delante de Pi-hahirot, entre Migdol y el mar hacia Baal-zefón; delante de él acamparéis junto al mar” (Éxodo 14:2). Dios estaba anunciando que Él iba a llevarlos a un nuevo lugar.
Dios los guió a través de áreas muy rocosas y mientras los conducía, ellos podían ver el Mar Rojo a la distancia. Pero cuando llegaron a la playa, se dieron cuenta de que estaban atascados en un espacio muy pequeño con rocas a un lado y agua al otro.
Faraón vio donde estaban y dijo con júbilo: “Están encerrados, con la espalda contra la pared”. Dios los había guiado allí, pero los israelitas ciertamente no estaban contentos al respecto.
¿Alguna vez te llamó Dios a un lugar que consideras el último lugar en la tierra en donde quieres estar? Moisés, que no era un líder militar fuerte hasta este punto y había estado en sólo unas cuantas batallas, era lo suficientemente inteligente como para reconocer su precaria posición: “No estoy seguro de que estemos en un buen lugar para una defensa militar. ¡De hecho, estamos atrapados!”
Sí, Moisés y los israelitas estaban en un lugar difícil, pero Dios estaba a punto de obtener la gloria de dicha situación. A menudo, Dios nos permite entrar en lugares desafiantes porque Él tiene un gran plan para nosotros. Cuando pensamos que estamos atrapados con la espalda contra la pared, Dios está diciendo: “Esto va a dar un resultado para Mi gloria”.
¿Te sientes encerrado, abrumado, desesperado? En este difícil lugar, da un paso de fe y di: “Dios, te obedeceré sin importar el costo”. Cuando eso suceda, estarás al borde de ver a Dios moverse poderosamente en tu favor.
Tú conoces el resto de la historia de Moisés y los israelitas: Dios hizo que el Mar Rojo se dividiera y Sus hijos marcharon por tierra seca. ¡Fue una tremenda victoria!

sábado, 14 de enero de 2017

RIOS DE AGUA VIVA - Jim Cymbala

En el Antiguo Testamento, donde no había agua, no había vida. La gente moría durante las sequías. Del mismo modo, a menos que el agua viva del Espíritu fluya en nosotros, nosotros y nuestras iglesias tendremos ausencia de vida espiritual y poca vitalidad. Al igual que en el Desierto de Mojave, que no haya agua equivale a que no haya vida, ni crecimiento, ni fruto. Podemos asistir a la iglesia con regularidad y tener una doctrina perfecta, pero sin el Espíritu Santo proveyéndonos agua, nos marchitaremos y moriremos.
Jesús habló abiertamente sobre las propiedades vivificantes del Espíritu. "En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37-38). Al decir “ríos de agua viva”, Jesús se refería al Espíritu que los creyentes recibirían más tarde.
Cuando el Espíritu de Dios viene, tenemos nueva vida. Sin el Espíritu de Dios, tenemos que luchar con nuestro esfuerzo propio, que está plagado de debilidad moral y tendencias pecaminosas. Pero cuando viene el Espíritu, tenemos gozo, esperanza y poder. Nota que Jesús no se refiere a una gota de agua sino a “ríos de agua viva”. Como un río, el Espíritu fluye, una fuerza de poder que entra en nosotros y luego fluye para que podamos ser de bendición para los demás.
Dios usa el agua como un símbolo del Espíritu Santo de una manera ligeramente diferente cuando dice: “Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio” (Oseas 14:5). Todos hemos presenciado la hierba y las flores que brillan con diminutas gotas de refrescante agua. Al usar esta metáfora, Dios está diciendo que Él será como el rocío, que se deposita en silencio por la noche y cubre el suelo por la mañana. El rocío no puede formarse cuando las condiciones del tiempo son demasiado calurosas o cuando el viento es demasiado fuerte. Del mismo modo, no podemos ser refrescados por Dios cuando estamos demasiado ocupados corriendo para todos lados.

Jim Cymbala comenzó la iglesia Brooklyn Tabernacle con menos de veinte miembros en un pequeño y deteriorado edificio en una parte difícil de la ciudad. Nacido en Brooklyn, es un viejo amigo de David y Gary Wilkerson.

viernes, 13 de enero de 2017

DIOS NUNCA TE ABANDONARÁ

Dios se describe así: "Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín [Israel], tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba" (Oseas 11:3).
En el idioma original, este versículo dice: “Llegué a ellos en su desesperación y los cuidé tiernamente en lugares sucios y difíciles. ¡Los sostuve en mis brazos como alguien que les cuidaba!" Pero el versículo 7 dice: "Mi pueblo está adherido a la rebelión contra mí". La palabra adherido aquí significa "pendiendo en suspenso, pendiendo de la duda".
Israel no estaba seguro del amor y la ternura del Señor y Dios le estaba diciendo a Oseas: “Mi pueblo está dudando de Mi amor por ellos porque no me conocen realmente".
¡Y era cierto! Israel no podía creer que Dios todavía los amara. Eran idólatras, descarriados  y escépticos y probablemente estaban pensando: "Trajimos la desaprobación de Dios sobre nosotros mismos al pecar voluntariamente y de seguro nos juzgará". Pero Dios dijo, "¿Cómo puedo abandonarlos? Mi corazón se conmueve dentro de mí y se inflama mi compasión" (Ver versículo 8).
Puede que estes pasando por aguas profundas en este momento. No me refiero a pruebas o tentaciones necesariamente, sino a eventos abrumadores que no puedes entender. Vientos y olas de todo tipo te están inundando, cosas que van más allá de tu comprensión, y él quiere ayudarte a pasar a través de todo y restaurarte a salud espiritual. Si todo lo que puedes creer ahora es que él te ama a pesar de todos tus caminos obstinados, ¡eso es suficiente!
Escucha su palabra de consuelo y sanidad para ti: "Porque no contenderé para siempre, ni para siempre me enojaré; pues decaería ante mí el espíritu, y las almas que yo he creado" (Isaías 57:16). El Señor estaba diciendo: "Si todo lo que ves en mí es ira, tu espíritu fracasaría; sería demasiado para soportarlo”. No, él continúa diciendo: " He visto sus caminos; pero le sanaré, y le pastorearé, y le daré consuelo a él "(Versículo 18).
¡Estas son las palabras de un Dios que nunca abandonará a su pueblo!

jueves, 12 de enero de 2017

CONFIA EN SU AMOR Y MISERICORDIA

Si quieres que la paz de Dios reine en tu vida, debes renunciar a varias cosas:
  • Deja de intentar averiguar cómo Dios resolverá las cosas
  • Deja de estar ansioso y preocupado (Filipenses 4:6: “Por nada estéis afanosos”)
  • Dejar de decirle a Dios lo que es lo correcto para ti
  • Deja de pensar que eres un fracaso y no puedes agradar a Dios
Una de las trampas más eficaces de Satanás para robar a los cristianos de su paz es convencerlos de que deben esforzarse en la carne para agradar a Dios. ¡Él me recuerda esto todo el tiempo!
A veces cuando necesito un lugar tranquilo para orar, manejo hacia las colinas. Estaba allí hace no mucho tiempo, mirando los verdes campos y bosques y disfrutando de la presencia del Señor. De la nada, se me ocurrió el pensamiento de que no estoy haciendo nada por el Señor.
"Señor", clamé, "no estoy logrando mucho por tu reino. Todo lo que hago es orar, recibir mensajes para dar sermones, e ir a la iglesia y predicar. Todo el mundo se va al infierno y no estoy haciendo nada por ti".
¿Se te han ocurrido cosas como esas? Haces todo lo que sabes para agradar al Señor y aun asi no te sientes santo. Sé que no me sentía santo. De hecho, casi nunca me siento santo. . . incluso en mis mejores tiempos. Incluso cuando estoy predicando bajo la unción del Espíritu Santo.
Te puedes preguntar: "¿Usted, hermano David? ¿A veces no siente que está haciendo mucho por Dios?" ¡Sí! El diablo llega y nos hace sentirnos indignos, insatisfechos, y perdemos nuestra paz al ceder a esos terribles sentimientos.
Escucha la oración de Pablo por nosotros: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13).
Confía en su bondad. Cree en Su amor y misericordia, y no lo acuses de estar enojado o molesto contigo o de no hablar contigo. Que su paz habite en tu corazón y en toda tu vida.