sábado, 27 de mayo de 2017

EL FUEGO PURIFICADOR - Jim Cymbala

En el vestíbulo de la segunda planta de nuestra iglesia cuelga un cuadro grande de una reunión en la calle del Ejército de Salvación de principios de 1900 en Nueva York. El grito de guerra o el lema del Ejército de Salvación era “SANGRE Y FUEGO”. La sangre representaba la sangre que Jesús había derramado para salvar a todas las personas y el fuego representaba al Espíritu Santo, quien fue enviado para equipar a los creyentes y transformar vidas.
Catherine Booth, esposa de William Booth, fundador del Ejército de Salvación, comprendió la importancia del fuego como símbolo del Espíritu Santo. Conocida como la madre del Ejército, Catherine se hizo muy famosa en su propio derecho. Una vez leí algo que dijo, que se quedó pegado a mí, aunque debo parafrasearlo porque no puedo recordar la fuente real. Alrededor de 1890 ella dijo: “Viajo alrededor del país, y oigo muchas palabras elocuentes y muchas obras maestras del sermón. Pero lo que mi alma anhela son palabras ardientes”
Catherine quería mensajes ungidos que penetraran, se agitaran y produjeran quebrantamiento de corazón. Ella sintió su necesidad y supo que el cambio sucede de adentro hacia afuera. Ella era una líder que enseñaba la Palabra de Dios y entendía la diferencia entre sermones que son sólo palabras y aquellos que Dios había inspirado para cambiar vidas.
El profeta Malaquías escribió: “[Dios] se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata” (Malaquías 3:3).
Cuando el Espíritu Santo examina nuestros corazones, Él es como un fuego purificador. Así como un buen fuego quema escoria e impurezas, cosas indignas son quemadas de nuestras vidas cuando permitimos que el Espíritu haga Su obra.
Jim Cymbala comenzó la iglesia Brooklyn Tabernacle con menos de veinte miembros en un pequeño y deteriorado edificio en una parte difícil de la ciudad. Nacido en Brooklyn, es un viejo amigo de David y Gary Wilkerson.

viernes, 26 de mayo de 2017

LA RESURRECCIÓN AQUÍ Y AHORA

Recibí un correo electrónico de un pastor que había dejado su iglesia. Este pobre hombre había caído en un profundo pecado y había perdido a su esposa y a sus hijos. Toda su vida se desmoronó y se terminó enfrentando la muerte.
En su hora más oscura, él cayó de rodillas y clamó pidiendo ayuda. Jesús vino a este hombre quebrantado y desesperado, y sopló vida nueva en él. Poco después, la mujer del hombre lo llamó, diciendo: “Echo de menos a Jesús. ¿Podemos intentarlo de nuevo?”
Hoy, ese pastor trabaja en uno de nuestros centros de rehabilitación. Considera Efesios 2:1-3: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo…entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira”.
Tal vez esto describe tu experiencia. Antes de conocer al Señor, tú hacías lo que querías. Fuiste atrapado en el espíritu de los tiempos, probando cada pecado y placer. Pensaste que podrías “deshacerte de Dios” por un tiempo. Creíste que tus buenas obras y donaciones te salvarían.
Entonces el Señor vino a ti. “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:4-6).
Amados, todo esto es acerca de obtener una vida nueva, la cual sólo puede encontrarse en Cristo. Pablo no está hablando aquí de la resurrección final. Él está describiendo lo que Dios hace en la tierra, ¡la resurrección aquí y ahora!

jueves, 25 de mayo de 2017

SÓLO JESÚS DA VIDA

Dios dice esto, en serio: “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23).
A lo largo de Romanos 8, Pablo describe las realidades destructivas del pecado. Él dice: “Si vives según la carne, morirás. Ser impulsado por la lujuria, vivir sólo por los sentidos, conduce a la muerte. El cuerpo está muerto por causa del pecado”.
En resumen, la muerte significa no tener vida. Y sólo Jesús provee vida, declarando: “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25).
Porque los inconversos carecen de vida, todo lo que persiguen conduce a la muerte. Esta es la razón por la que muchos recurren al alcohol y a las drogas “recreativas”. “Volar” ya no es una fiesta para ellos; más bien, es un intento de adormecer el dolor creado por el pecado, un dolor causado por un vacío verdadero.
“Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza” (Efesios 4:18–19).
¡Qué horrible condición describe Pablo! Él está diciendo: “Tales personas están tan entregadas al mundo del placer, que ya sobrepasaron los sentimientos”. En resumen, se han adormecido a cualquier sentido de Dios o de la vida. En Su misericordia, el Señor alcanza a cada alma entumecida.
Pablo contrasta la condición de los que están en el Cuerpo de Cristo: “Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente” (Efesios 4:20-23).
Pablo está dando un mensaje puntual: “Tú puedes ser resucitado. Tú puedes ser cambiado. Tú puedes entrar en una vida nueva” ¡Qué esperanza!

miércoles, 24 de mayo de 2017

ÉL ES FIEL PARA LIBRAR

En una ocasión Pablo estaba predicando en Éfeso, una ciudad que adoraba a la diosa Diana. Los plateros en Éfeso habían hecho fortunas vendiendo pequeñas réplicas de la diosa. Pero cuando Pablo entró en escena, él predicó: “Tu dios es falso. Sólo hay un Dios verdadero. Y Su Hijo vivió y murió, para que los que están muertos en el pecado, puedan vivir”.
Enfurecidos, los mercaderes de plata se dieron cuenta de que su medio de vida estaba en juego. Entonces levantaron una turba para tomar a Pablo, decididos a matarlo (ver Hechos 19:24-31).
Pablo estaba convencido de que iba a morir e incluso al borde de la muerte, él confesó: “Fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida” (2 Corintios 1:8, énfasis añadido). Él añadió, a modo de explicación: “Tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos” (1:9, énfasis añadido).
Dime, ¿alguna vez has estado muy abajo como lo estaba Pablo, más allá de tu poder? ¿Alguna vez se te acabaron por completo las fuerzas, tanto que hasta se te fueron las esperanzas de vivir? Pablo dijo que se enfrentaba a una sentencia de muerte: “Tuvimos la sentencia de muerte en nosotros mismos”.
Pero Dios apareció en la escena y lo libró. Habiendo experimentado un milagro, Pablo escribió a la iglesia en Éfeso: “He sido resucitado de entre los muertos. El Señor me sacó de la tumba. Llegué a mirar el infierno cara a cara, ¡pero Dios me resucitó!”
Pablo testificó, en esencia: “El Señor me libró de una gran muerte, Él sigue librándome y Él será fiel para librarme en el futuro”.

martes, 23 de mayo de 2017

VIDA DE RESURRECCIÓN DE DIOS

Como cristianos, creemos en la resurrección de Jesucristo. Después de la crucifixión del Señor, el Espíritu Santo entró en el sepulcro donde Él estaba y lo levantó. Por eso cantamos en la Pascua que Cristo resucitó de la tumba, victorioso sobre Sus enemigos, y ahora reina para siempre con los santos.
También creemos que por el poder de Cristo nosotros seremos resucitados. Esto sucederá cuando Jesús vuelva. La Escritura dice que todos nosotros seremos cambiados en un abrir y cerrar de ojos (ver 1 Corintios 15:52). El Espíritu Santo nos levantará de esta tierra con cuerpos incorruptibles y nos colocará en la misma presencia del Señor. Este es el poder de resurrección que Pablo describe en sus epístolas: ¡El poder de un Dios que levanta a los muertos!
Quiero mostrarles que Cristo todavía levanta a los muertos hoy. Hablo ahora de la vida de resurrección que Dios trae a los que están muertos espiritualmente. Pablo describe este tipo de poder vivificante en su carta a los Efesios:
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”.
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:1-6).

lunes, 22 de mayo de 2017

JESÚS QUIERE DESBARATAR VIEJOS HÁBITOS - Gary Wilkerson

Estar atado por el temor puede hacernos rechazar el ponernos de pie en fe. Pero Jesús tiene un remedio para nuestro temor. En la fiesta de los Tabernáculos Él se levantó y declaró: “Este río de agua viva no podrá ser detenido. Si alguien cree en Mí, esta agua le nutrirá con vida. Fluirá de él como un río, demostrándole las bondades del Padre celestial” (ver Juan 7:37-38).
Cuando nuestro temeroso corazón es refrescado, una cosa que fluye dentro de nosotros es la confianza en Él: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Multitudes de cristianos consideran este versículo como una preciosa promesa. Pero es más que eso, es una realidad. Por ejemplo, no tenemos que armamos de valor para testificar acerca de Jesús porque Él nos provee esa confianza. Él la hace sobreabundar en nosotros.
Esto se da de dos maneras: (1) el refrescar circunstancial y (2) el refrescar principal. Cuando Dios trae Su refresco a nuestras circunstancias, Él cambia viejos patrones que pueden involucrar nuestro matrimonio, nuestras finanzas, nuestro trabajo. Supongamos que hemos caído en problemas financieros y ahora tenemos una deuda que no podemos controlar. Él podría refrescarnos, exponiendo nuestros malos hábitos de cómo invertimos nuestro dinero y convencernos a cambiarlos. Él podría guiarnos a buscar consejos de cómo manejar nuestras finanzas de tal forma que cambiemos esos malos hábitos y seamos administradores sabios.
O quizás Él quiera desbaratar viejos patrones de conducta en nuestro matrimonio, hábitos que nos mantienen estancados y sin amor. Muchas parejas se dicen el uno al otro: “Siempre eres así”, o: “Hiciste lo mismo hace cinco años”, o: “Nunca vas a cambiar”. La pregunta importante para cualquier pareja es: “¿Cómo puedo creer lo mejor de mi cónyuge y aun así lidiar objetivamente con nuestra situación?”. Todo comienza con el botón “actualizar” (refrescar) de Dios. Muy pocos problemas de matrimonio se pueden resolver de la noche a la mañana; la mayor parte requiere de una gracia diligente cada día.
Recuerda, Jesús está listo para refrescarnos con gracia abundante cada vez que la necesitemos.

sábado, 20 de mayo de 2017

ENFRENTANDO AL ENEMIGO DE FRENTE - Nicky Cruz

En uno de los Salmos más citados pero mal entendidos del rey David, dice: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Salmos 23:4). No creo que David estaba pidiendo a Dios que elimine este mal; él pedía ser empujado hacia la batalla, obligado a enfrentar al enemigo de frente. ¡Estaba listo para ir a la guerra contra Satanás, no para esconderse de él!
Cuando el apóstol Pablo estaba inspirando a sus hermanos en la fe a recordar su propósito como cristianos y su recompensa en el cielo, les dijo: “Alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:18). En efecto, él estaba diciendo: “Empújense unos a otros hacia adelante en nuestra batalla contra el maligno”.
Y cuando Jesús prometió a Sus discípulos que el Consolador vendría después de Su muerte, fue un anuncio de guerra. El Espíritu Santo los inspiraría y les daría poder para estar al frente de la batalla espiritual. Esta es una dimensión del Espíritu de Dios que es muy real pero muy poco comprendida y acogida.
Si quieres ver el Espíritu de Dios obrando en plena gloria en la tierra, haz un viaje a las líneas del frente de batalla, donde la guerra entre el bien y el mal, la batalla por las almas humanas, se combate con intensidad. Si quieres sentir la ira de Satanás, sólo pasa algo de tiempo en su campo conversando con la gente que él mantiene en esclavitud y hablándoles acerca de Jesús. Míralo levantar su fea cabeza para intentar intimidarte y burlarse de ti.
Nada hace enojar más ni pone más nervioso a Satanás que alguien del pueblo de Dios lleve la linterna de la gracia a la oscuridad húmeda de su mazmorra. Ahí es cuando él lucha más duro y cuando vemos al Espíritu Santo brillar más poderosamente.
Nicky Cruz, evangelista internacionalmente conocido y prolífico autor, se volvió a Jesucristo de una vida de violencia y crimen después de encontrarse con David Wilkerson en la ciudad de Nueva York en 1958 La historia de su dramática conversión fue contada por primera vez en el libro “La Cruz y el Puñal” escrito por David Wilkerson y más tarde en su propio best seller “Corre, Nicky, Corre”.