sábado, 19 de abril de 2014

CUANDO ESTES EN PROBLEMAS… ¡ORA! by Jim Cymbala

¿Alguna vez has notado que Jesús hizo el lanzamiento de la iglesia cristiana, no mientras alguien predicaba, sino mientras la gente oraba? En los primeros dos capítulos de Hechos, los discípulos sólo estaban esperando en Dios. Mientras estaban allí sentados...adorando, teniendo comunión con Dios, permitiendo que Dios los moldeara y limpiara sus espíritus y que hiciera esas operaciones del corazón que sólo el Espíritu Santo puede hacer...nació la iglesia. El Espíritu Santo fue derramado.

¿Qué dice eso acerca de nuestras iglesias de hoy, al haber dado Dios nacimiento a la iglesia en una reunión de oración siendo que en la actualidad las reuniones de oración casi se han extinguido?

¿Acaso soy yo el único que siente vergüenza cuando los líderes religiosos de los Estados Unidos hablan acerca de la oración en las escuelas públicas? ¡Ni siquiera tenemos tanta oración en muchas iglesias! Por una cuestión de humildad, uno pensaría que nos quedaríamos callados sobre ese particular hasta estar practicando lo que predicamos en nuestras propias congregaciones.

Estoy seguro de que los emperadores romanos no contaban con la oración en sus escuelas. Pero los primeros cristianos tampoco parecían interesarse por lo que hacían Calígula o Claudio o Nerón. ¿Cómo podría algún emperador detener a Dios? En efecto, ¿Cómo podrían los demonios del infierno avanzar cuando el pueblo de Dios oraba e invocaba su nombre? ¡Imposible!

En el Nuevo Testamento no vemos a Pedro o a Juan frotándose nerviosamente las manos y diciendo: "Oh, ¿qué haremos? Calígula es bisexual...y será su caballo de batalla en el Senado de Roma... ¡qué modelo terrible de liderazgo! ¿Cómo hemos de responder a este escándalo?"

No nos engañemos ni desviemos la atención de la vida de oración débil de nuestras propias iglesias. En Hechos 4, cuando los apóstoles fueron arrestados, encarcelados y amenazados injustamente, no llamaron a una protesta; no intentaron obtener alguna ventaja política. En lugar de eso, se dirigieron a una reunión de oración. En poco tiempo el lugar estaba vibrando con el poder del Espíritu Santo (Hechos 4:23-31).

Los apóstoles tenían el siguiente instinto: Al encontrarse en dificultades, orar. Al ser intimidado, orar. Al ser desafiado, orar. ¡Al ser perseguido, orar!


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Jim Cymbala Jim Cymbala comenzó la iglesia Brooklyn Tabernacle con menos de veinte miembros en un pequeño y deteriorado edificio en una parte difícil de la ciudad. Nacido en Brooklyn, es un viejo amigo de David y Gary Wilkerson, y un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes patrocinadas por World Challenge en todo el mundo.

viernes, 18 de abril de 2014

ÉL ABRE NUESTROS OJOS

El Espíritu procura traer a nuestras vidas, un conocimiento creciente de que Dios va a ser misericordioso con nosotros a lo largo de todas nuestras pruebas. “Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos”. (2 Corintios 4:1).

¿Cuál es el ministerio misericordioso que hemos recibido del Espíritu Santo?: Él abre nuestros ojos a las tiernas misericordias de Cristo para nosotros. Él implanta en nosotros un conocimiento interno de que el Señor está de nuestro lado, de que Él es por nosotros. Y Él nos muestra cuán comprometido está el Señor en librarnos de caer. ¡Cuán compasivo es Él para con lo que estamos pasando! ¡Cuánto le afectan los sentimientos de nuestras flaquezas!

Puede ser que ahora mismo sientas que has sido abusado o que nadie te ama. El diablo te podrá estar haciendo creer que Dios te ha abandonado a tu propia suerte, que tú mereces sufrir, que todo ha terminado para ti, que no hay esperanza. Amado, esas son mentiras del infierno. Lo que Dios más desea es quitar de ti el concepto pervertido que tienes de Él. Él te ama tiernamente y ya estableció un tiempo para otorgarte todas Sus misericordias.

David lloró miserablemente al sentirse abrumado por su situación: “Mi corazón está herido, y seco como la hierba, por lo cual me olvido de comer mi pan…Velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado. Cada día me afrentan mis enemigos…mi bebida mezclo con lágrimas…Mis días son como sombra que se va” (Salmos 102:4, 7-9, 11). Él gimió: “Estoy en una condición terrible: física, mental y emocionalmente”.

Y fue en ese mismo momento que Dios determinó liberar a David. Y el Señor se movió rápidamente con misericordia, ayuda y consuelo. David testificó: “Te levantarás y tendrás misericordia de Sion, porque es tiempo de tener misericordia de ella, porque el plazo ha llegado” (Salmos 102:13).

El momento establecido por Dios para librar a David fue en su hora más difícil, cuando él pensaba: “He sido reducido a nada”. De la misma manera, hoy, Dios ha establecido una hora para librarnos y enviar Su favor sobre nosotros y ocurre generalmente en el peor momento de la prueba. Ese es el momento en el que ya no luchamos para hacer las cosas a nuestra manera. Por el contrario, admitimos: “Señor, no puedo. Todo esto es un lío. Te lo entrego a ti”.

jueves, 17 de abril de 2014

A CARA DESCUBIERTA

El apóstol Pablo escribe: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor” (2 Corintios 3:18). La raíz de la palabra cara descubierta aquí tiene un significado impresionante. Significa estar totalmente comprometido a permitirle a Dios que exponga toda cosa oculta de tu corazón con el fin de ser liberado definitivamente de ella.

Este tipo de cara descubierta clama: “Escudríñame, Señor, mira si en mí hay camino de perversidad. Muéstrame si estoy viviendo contrario a Tu Palabra. Quiero ser libertado de todo lo que no es Tuyo. Quita mi orgullo, mis ambiciones, mi intelecto egoísta, mi razonamiento. Sé que no puedo encontrar la salida a mi situación. Espíritu Santo, necesito Tu poder y sabiduría. Dejo ante ti toda esperanza que tenga de poder resolver las cosas a mi manera”.

Para muchos creyentes, esto es muy difícil de hacer. Durante toda su vida como creyentes, han sobrevivido por sus propios ingenios y sabiduría. Y ahora se les hace demasiado difícil tener que admitir que han echado todo a perder y que necesitan rendir el control de sus vidas.

Hace unos años, el Señor tuvo que arrancarme el orgullo en esta área. Ahora, gracias al Señor, admito libremente cuando echo las cosas a perder. Mi oración constante es: “Dios, cometo tantas torpezas. Cometo errores tan terribles, me meto en tantos líos. Por favor, Señor, arréglalos Tú. Yo no puedo arreglarlo. Sólo tú puedes. Gracias a Dios, Él se deleita en arreglar nuestros líos cuando nosotros procuramos hacer Su voluntad.

Pablo menciona en este pasaje, un espejo. Y, amado, nuestro espejo es la Palabra de Dios. Ella es la única que refleja con exactitud nuestra condición. Pablo nos dice: “Anda al espejo de la verdad de Dios y contempla tu vida. Dile al Señor que estás en el rumbo incorrecto y que deseas ser cambiado. Pídele a su Espíritu que te humille y que te abra Su Palabra. No prestes atención al consejo de los demás, ni a tus propias ideas o maquinaciones. Más bien, vuélvete al Espíritu Santo en completa confianza. Cree lo que Él te dice”.

Si confías únicamente en el Espíritu Santo, alejándote de toda otra ayuda, Él quitará el velo de tus ojos. Él también enviará a ayudantes tu vida, dirigidos por el Espíritu Santo y comenzarás a cambiar en ese mismo momento.

miércoles, 16 de abril de 2014

EL MINISTERIO DEL ESPÍRITU SANTO

El cambio es una obra exclusiva del Espíritu Santo. “¿Cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? (2 Corintios 3:8). Nosotros simplemente no podemos cambiarnos a nosotros mismos. Sólo el Espíritu de Dios nos puede conformar a la gloriosa imagen de Cristo. Todos hemos oído decir: “Cuando una persona se convierte al Señor, Dios quita el velo de sus ojos”. Esta es la obra exclusiva del Espíritu.

También leemos: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (versículo 17). La palabra “libertad” aquí significa: “Que ya no se es un esclavo, exento de deudas, libre, desencadenado”. Esto describe la libertad que recibimos cuando se abren nuestros ojos. De repente, podemos ver las cosas en una nueva luz. Solamente el Espíritu Santo puede romper la manera en que hemos visto las cosas durante toda una vida, solamente Él puede convertirnos y encaminarnos en el rumbo correcto.

En resumen, esta conversión que Pablo menciona acá, significa confiar plenamente en el Espíritu de Dios. También significa el alejarnos de todo consejo que no sea basado en la Biblia, de todas tus propias ideas y planes, y clamar únicamente al Espíritu Santo para que te dirija y te guíe.

Pablo experimentó este tipo de conversión. En Hechos 9, cuando todavía se conocía como Saulo, estaba en el rumbo incorrecto, yendo hacia Damasco para perseguir cristianos. (¡Hablando acerca de tener un velo sobre los ojos!) Saulo realmente pensaba que le estaba haciendo un favor a Dios, al arrestar creyentes y enviarlos a la cárcel.

Pero el Señor interceptó a este hombre y creó una crisis en su vida. Cuando Jesús se encontró con Saulo camino a Damasco, le golpeó con una luz tan poderosa que literalmente le dejó ciego. Saulo, ciego, tuvo que ser guiado hasta una casa en Damasco, donde permaneció hasta que el siervo de Dios, Ananías, llegó. Ananías le dijo: “Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista” (Hechos 9:17-18).

Saulo rindió su pasado, su futuro, todo al Espíritu Santo e inmediatamente se le quitó el velo de sus ojos.

martes, 15 de abril de 2014

SOMOS CONTINUAMENTE TRANSFORMADOS

Nos guste o no, todos estamos en el proceso de cambiar, de una manera u otra. En el ámbito espiritual, no existe tal cosa como mera existencia, sino que estamos continuamente siendo cambiados para bien o para mal. Estamos siendo más como nuestro Señor o más como el mundo; o crecemos en Cristo o nos apartamos de Él.

Así que, ¿estás cambiando para tener un espíritu más dulce, más como Jesús? ¿Te miras seriamente al espejo cada día y oras: “Señor, quiero ser conformado más a tu imagen en cada área de mi vida?”

O ¿has permitido que la amargura haya echado raíz, convirtiéndose en rebelión y dureza de corazón? ¿Has aprendido a esconderte de la convincente voz del Espíritu de Dios? ¿Están saliendo de tu boca cosas que alguna vez pensaste que un cristiano era incapaz de pronunciar? ¿Te estás endureciendo más allá de la posibilidad de cambiar?

Si esto te describe, déjame decirte claramente: Nunca recibirás liberación hasta que cambies. Tu vida sólo será más caótica y tu situación empeorará. Deja de defender tu causa, señalando a otros, justificándote. Dios no te alcanzará hasta que despiertes y admitas: “Nada cambiará para mí a menos que yo sea quien cambie”.

Clama honestamente al Señor en oración: “Cámbiame, oh Señor. Escudríñame, muéstrame dónde he fallado y me he descarriado. Expón mi orgullo, mi ira, mi terquedad y mi pecado. Ayúdame a rendirlo todo.

¿Cuántos expertos, consejeros, noches de soledad y luchas infructuosas más tendrás que soportar antes de que despiertes a la verdad? Para que ocurra alguna sanidad o restauración, tienes que asumir responsabilidad. Tu milagro depende de que tú seas cambiado.

“Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu. Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová” (Salmos 34:17-19).

lunes, 14 de abril de 2014

MIRA LO QUE DIOS HA HECHO HOY by Gary Wilkerson

El libro de Hebreos menciona dos tipos de testimonios. Todos preferimos el primer tipo, cuando los santos conquistaron reinos, destruyeron al enemigo y mataron gigantes. El segundo tipo de testimonio es completamente diferente: Cristianos que fueron aserrados, muertos de hambre, congelados, ocultos en cuevas.

Es demasiado fácil para los cristianos de hoy vivir según el testimonio de otros. ¿Con cuánta frecuencia terminamos diciendo: “¿Has oído acerca del despertar spiritual en África?” “La iglesia en los Estados Unidos hacen un gran trabajo entre los pobres” “Nuestra iglesia ha abierto sus puertas para alcanzar a los drogadictos”? Deberíamos regocijarnos en la fidelidad de aquéllos que hacen la diferencia en el nombre de Cristo, por supuesto, pero Pablo rehusó vivir a través de la obra de otros. “No nos gloriamos desmedidamente en trabajos ajenos, sino que esperamos que conforme crezca vuestra fe seremos muy engrandecidos entre vosotros, conforme a nuestra regla” (2 Corintios 10:15).

Tú puedes pensar que tu vida no da la talla, que no mereces un testimonio digno de gloria, pero ése no es el asunto. Todo puede cambiar con una simple oración de fe. Hace poco, justo antes de predicar, una mujer en la iglesia me contó lo que le había sucedido esa semana. Luego de ser adicta a la marihuana por treintaiséis años, ¡Dios la libertó! Sucedió a través de una simple visita de dos ministros laicos a nuestra iglesia. Cuando ellos se sentaron para orar por ella, comenzó a sentir convicción de pecado por la droga que tenía en su apartamento, y al instante la arrojó.

La libertad de esta mujer es real y duradera. Ella obtuvo un testimonio digno de gloria acerca del poder de Dios para librar, y dos ministros laicos también son testigos. Dios los usó de una manera que no podríamos haberla planeado mejor. Los tres pueden decir: “Mira lo que ha hecho Dios en medio de nosotros hoy”.

Aun con el comienzo más pequeño, la fe empieza a levantarse en nuestros corazones. Nos damos cuenta: “Dios lo hizo la semana pasada y puede hacerlo otra vez esta semana”. Quiero gloriarme de que nuestra iglesia tiene ministros poderosamente efectivos que fueron levantados de esta manera, debido a que un individuo fue fiel en ayudar a una persona. En cada caso, el acto de lleno de oración de un creyente resultó en un ministerio de consejería, un ministerio de misericordia, un ministerio de discipulado y más. Esto es verdad para todo creyente. A medida que edificamos una historia de testimonios, nuestra fe crecerá y buscará de Dios, cosas mayores.

sábado, 12 de abril de 2014

UNA FUENTE DE FORTALEZA by Carter Conlon

Piensa por un momento en todo lo que hoy se opone y se resiste a tu herencia en Cristo. Pueden ser las palabras que dijeron sobre tu vida cuando era joven: “¡Eres un estúpido! Nunca lograrás nada. Me voy porque no eres digno de que me quede.” No importa lo que te hayan dicho, o la naturaleza de la oposición que estés enfrentando en la actualidad, sólo ten en mente que todo está simplemente tratando de detenerte justo en la frontera de esta vida increíble de Cristo.

Josué dijo al pueblo: “ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan” (Ver Números 14:9). En otras palabras, la oposición nos sostendrá, nos nutrirá y alimentará. Por supuesto, esto es contrario a la forma en que el hombre natural piensa. Consideramos que la oposición es algo terrible, más grande que nosotros. Nos hace sentir como saltamontes a la vista de ellos, nos amenaza e intimida. Entonces, ¿Cómo es que se supone que nos alimenta?

¿Recuerdas cuando Jesús estaba ministrando en Samaria y los discípulos fueron a buscar comida para Él? Regresaron a Jesús y le animaron a comer, pero Él respondió: “Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis” (Juan 4:32). Jesús estaba diciendo en esencia: “Tengo una fuente de fortaleza de la que ustedes aún no se dan cuenta, no la han probado todavía, no saben lo que es o cómo los puede nutrir.” Entonces los discípulos se miraron el uno al otro y se preguntaron: “Bueno, ¿Quién le trajo algo de comer?” Pero Jesús explicó: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Versículo 34). En otras palabras, “Esta es mi comida, lo que alimenta mi vida: Enfrentar todo lo que está en oposición directa a la voluntad de Dios y conquistarlo en el poder de Dios.”

Jesús continuó: “¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.” (Versículo 35). No sé cuántas veces he oído a cristianos que dicen que la cosecha está llegando: un gran día en que muchos vendrán a Cristo. Pero aquí Jesús le decía a sus discípulos: “¡Escucha, alza tus ojos, la cosecha ya está aquí, lista para ser cosechada!”

Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega.” (Versículo 36). El que sale a cosechar recibirá salarios, y estos salarios son el alimento y la fuerza de Dios. Se le dará a aquel que dice: “Señor, te doy las riendas de mi vida. Estoy dispuesto a hacer el trabajo de Dios no importa a qué tipo de oposición tenga que hacer frente, porque ahí es donde se encuentra mi alimento”.


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Carter Conlon se unió al equipo pastoral de la Iglesia Times Square en 1994, por invitación del pastor fundador David Wilkerson, y fue nombrado para el cargo de Pastor Principal en 2001. Un líder fuerte y compasivo, y un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes dirigidas por World Challenge en todo el mundo.

viernes, 11 de abril de 2014

LA VOZ DEL CRISTO VICTORIOSO

Cuando Dios dijo: “Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo” (Hebreos 12:26), estaba diciendo en esencia: “Sacudí la tierra en el Monte Sinaí. Pero cuando hable en estos últimos días, Mi voz sacudirá ambos mundos, el natural y el espiritual. La situación actual temblará; nada quedará igual. Todo lo que se llame religioso, todo lo que sea de Cristo o de la iglesia, será sacudido por la voz de Mi Hijo, hablando desde el cielo.”

Dios advirtió a Israel que a todos los que rehúsen escuchar a Su profeta se les pediría cuentas: “Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta” (Deutronomio 18:19). Él estaba diciendo: “Voy a seguir cada desobediencia y tendrán que dar cuenta de cada una de ellas.”

La Escritura revela que aquellos que ignoraron las palabras de los profetas de Dios cayeron en ruina. Ellos se volvieron secos y amargos, murieron sin ningún gozo ni paz. “Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos (Hebreos 12:25).

Amado, ni nosotros escaparemos de la ira de Dios ni como nación, ni como individuos. Y ahora mismo la voz de Jesús está sacudiendo cada nación, haciendo que instituciones, líderes y economías tiemblen. Él está diciendo al viento y a los elementos: “Soplen sobre la tierra.” Él está diciendo a las nubes: “Retengan la lluvia.” Él está diciendo a las economías del mundo: “Toda avaricia sea juzgada.”

Dios está también ordenando: “Prisiones, estremézcanse. Gobiernos, estremézcanse. Sistemas financieros, estremézcanse. Escuelas, estremézcanse. Fuerzas militares, estremézcanse. Cortes y legislaciones, estremézcanse. Todo sobre la tierra, estremézcanse hasta que no quede fundamento sino el Señor.”

No es el diablo quien está sacudiendo todo. El mundo entero está siendo estremecido por la voz de un Cristo victorioso. El Hombre en Gloria se ha levantado en poder sobre Su trono y está hablando una palabra que está sacudiendo todo.

jueves, 10 de abril de 2014

DIOS ESTÁ HABLANDO CLARAMENTE

Dios todavía nos está hablando claramente hoy. Su voz celestial todavía está sonando poderosamente a través de toda la tierra, y esa voz viene de un hombre: Jesús, quien está sentado a la diestra del Padre. Considera estas palabras de Hebreos:

“Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;

“Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.

“Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos. La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo. Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles.” (Hebreos 12:18-28).

¿Entiendes lo que dice este pasaje? Cuando Dios habló por primera vez, el pueblo respondió: “No nos hables desde el cielo nunca más. Háblanos a través de un hombre.” Y Moisés profetizó: “Tal cual ustedes ha pedido, Dios va a levantar un profeta. Él será completamente humano y les hablará las palabras de Dios.”

Jesús fue ese profeta prometido. Fue la encarnación de Dios, el Señor en cuerpo humano. Él tuvo un ministerio en la tierra como hombre y una multitud de testigos lo vieron ascender al cielo también como hombre. Ahora Él tiene un cuerpo espiritual, el cual es su iglesia. Pero Jesús todavía es un hombre de carne y hueso, aún sensible a los sentimientos humanos que todos experimentamos.

Hoy, en estos últimos días, Dios está hablando una vez más desde el cielo y nos está diciendo que va a sacudir todo lo que vemos.

miércoles, 9 de abril de 2014

HÁBLANOS COSAS HALAGÜEÑAS

Un hombre escribió lo siguiente a nuestro ministerio: “No sé quién me puso en su lista de correos, pero por favor borren mi nombre inmediatamente. No puedo soportar su evangelio triste y la dureza contra el pecado. Nadie es perfecto, ni siquiera usted. Ya he tenido suficiente con su evangelio que condena.”

Isaías habló sobre esta clase de respuesta: “Este pueblo es rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quisieron oír la ley de Jehová; que dicen a los videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizad mentiras; dejad el camino…” (Isaías 30:9-10).

La palabra “halagüeña” en este versículo significa “suave, halagadora”. En pocas palabras Israel estaba diciendo: “No nos digas más cosas desagradables. Dinos cómo vamos a prosperar, cuantas cosas buenas están por ocurrir. Si no, quítate de delante de nosotros.”

Ningún creyente que esconde pecado en su corazón quiere escuchar una palabra santa y que exponga el pecado. Esa persona siempre huirá de la voz de verdad del Espíritu Santo. Y dirigirá su atención a algún predicador que es blando con el pecado, que ofrece predicaciones suaves y profecías halagadoras.

Así que te preguntarás: “¿Qué mensaje fuerte entregó la voz de Dios a su pueblo en el Monte Sinaí?” Él simplemente dijo esto: “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No harás para ti escultura…no te inclinarás a ellas ni las servirás…” (Deuteronomio 5:6-9).

Aquí estaba la Palabra del Señor pura, no adulterada, saliendo directamente de Su boca. Esta palabra debió haber hecho que el pueblo corriera a sus tiendas y destruyera sus ídolos. Debería haber conmovido sus corazones haciéndolos caer de rodillas. Pero en vez de eso ellos dijeron: “Ya no más truenos, fuego y temblores. No más voz audible que nos hable. Dános un portavoz como nosotros, y que él nos hable. Entonces oiremos y obedeceremos.”

martes, 8 de abril de 2014

NECESITAMOS UN MENSAJE MÁS SUAVE

“Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis.”(Éxodo 20:20)

“Andad en todo el camino que Jehová vuestro Dios os ha mandado, para que viváis y os vaya bien, y tengáis largos días en la tierra que habéis de poseer.”(Deuteronomio 5:33)

Moisés dijo en esencia: “Dios no está furioso con ustedes, esta majestuosa experiencia no se trata de eso. No. Él quiere darles poder con su asombroso temor, está tratando de crear en ustedes un arma poderosa, y lo está haciendo para que puedan vivir victoriosamente todos los días de su vida.”

Sin embargo, después vino la lógica más extraña de la Biblia. Estos líderes dijeron a Moisés: “Hoy hemos visto que Jehová habla al hombre, y éste aún vive. Ahora, pues, ¿por qué vamos a morir? Porque este gran fuego nos consumirá; si oyéremos otra vez la voz de Jehová nuestro Dios, moriremos. Porque ¿qué es el hombre, para que oiga la voz del Dios viviente que habla de en medio del fuego, como nosotros la oímos, y aún viva?” (Deuteronomio 5:24-26). Ellos dijeron a Moisés: “Sabemos que podemos oír a Dios hablar de en medio del fuego y sobrevivir. Sin embargo, si tenemos que sentarnos bajo su directa, pura, y santa voz, seremos consumidos. ¿Por qué tendríamos que morir? De toda la gente en el mundo, somos nosotros los que hemos oído la voz de Dios y hemos sobrevivido.”

El Señor luego nos da una clave acerca de lo que realmente estaba pasando: “¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!” (Versículo 29).

Ellos estaban dando honor a Dios con sus labios, pero sus corazones estaban lejos de Él. Para citar a Isaías: “Este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado.” (Isaías 29:13).

Los israelitas eran tan devotos a sus pequeñas imágenes de oro, que nada los podía alejar de su alabanza idólatra. Finalmente ignoraron la voz audible de Dios, en toda su santidad y majestad.

Cuando los ancianos de Israel dijeron: “Necesitamos, un mensaje más suave, de otro modo moriremos”, tenían mucha razón. Cada vez que te sientas bajo la predicación del Espíritu Santo escuchando la palabra ungida de Dios y que te convence de pecado, seguro que vas a morir. Eso es, morirás a tus pecados.

lunes, 7 de abril de 2014

CONFIANDO EN QUE DIOS DEMOSTRARÁ SU PODER by Gary Wilkerson

David nunca dijo: “Mi padre me pidió que fuera un pastor, así que decidí ser uno bueno. Luché contra leones y osos, y nunca perdí una oveja.” Eso habría sido un buen testimonio, pero no daría gloria a Dios. En realidad, David hacía alarde de la siguiente manera: “Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. (1 Samuel 17:37).

Como mayordomo en Babilonia, Nehemías arriesgaba su vida como copero del rey. Pero Nehemías hacía alarde en Dios así: “Reconstruí una ciudad para restaurar el honor del nombre de Dios.” Con el nombre de Dios escarnecido en las calles de Jerusalén, Nehemías sintió un gran deseo de hacer algo al respecto, y se dedicó a la reconstrucción de los muros.

El testimonio de Moisés no fue: “Yo vivía en el palacio del Faraón y tenía gran autoridad.” Su manera de hacer alarde fue: “Dios me habló desde una zarza ardiente; y me enfrenté a Faraón, diciendo: 'Deja ir a mi pueblo.'” Su alarde fue oído en el Mar Rojo: “¡El ejército de Egipto se ha ahogado en el mar!”

Los creyentes del Nuevo Testamento hicieron el mismo alarde. Esteban era un diácono que distribuía alimentos a las viudas, un buen testimonio en sí mismo, pero su testimonio digno de hacer alarde vino cuando predicó a una multitud incrédula. Su sermón ungido provocó tanto a las personas, que recogieron piedras para matarlo. El testimonio de Esteban tuvo dos efectos: Fue el primer mártir de la Iglesia, y su sacrificio fiel impactaría más tarde un fanático judío llamado Saulo.

Aun no he conocido a ningún cristiano que no se haya preguntado: “¿Acaso no hay algo más en esta vida en Cristo? ¿Cuándo vamos a ver el poder de Dios manifestado en esta generación?” Tal vez estás enfrentando algo que requiere de la intervención de Dios. No es el momento de decir: “Voy a ir mas seguido a la iglesia.” Es hora de decir: “Confío en que Dios demostrará Su poder en mi vida. Él va a salvar mi matrimonio, rescatar a mis hijos e impactar a mis compañeros de trabajo. Me dará un testimonio digno de hacer alarde.”

Este mensaje no tiene la intención de generar remordimiento, sino que su propósito es despertar pasión en nuestros corazones, pasión que con mucha frecuencia es reprimida por el miedo y la duda. Algunos han postergado su fe durante tanto tiempo que ya no creen que puedan tener un testimonio digno de hacer alarde, pero la Palabra de Dios dice lo contrario.

sábado, 5 de abril de 2014

LA FE NO SOLO SE ENSEÑA, SE CONTAGIA by Claude Houde

Quiero desafiarte por la fe a recibir una visión para ti mismo. Seas un adolescente, padre, estudiante, ama de casa, o un joven en los inicios de su carrera, puedes comunicar tu fe a alguien. Puedes inspirar a alguien, un amigo, un padre o madre, hijo, hija o hermano en la fe, a amar, orar, perdonar, arrepentirse, servir y ¡hacer algo hermoso y noble! Por favor, permítele a tu espíritu oír que Dios está buscando a un hombre o a una mujer cuyo corazón ha de latir con la visión de que sin fe, es imposible producir un pueblo victorioso. 

  • ¡La fe no sólo se enseña, se contagia! La verdad y la realidad espiritual es que como padre, mis hijos pueden seguir las huellas que les dejaré. Permíteme ilustrar esto con un cuento sencillo de mi infancia, mientras crecía en los sectores de viviendas de bajos ingresos en Montreal. 

Era una fría noche de invierno cuando un padre caminaba al bar del barrio una vez más. Era viernes por la noche y había cobrado recién su cheque de pago. El dinero le quemaba en el bolsillo, y como hacía todas las semanas, estaba a punto de gastárselo todo bebiendo. En ese momento loco e incomprensible, todo lo demás desaparecía. Era incapaz de pensar en el dinero que necesitaría para alimentar a sus hijos, pagar el alquiler y la cuenta de calefacción. Las promesas que había hecho a su esposa, una y otra vez, desaparecían de nuevo, ahogadas por el hábito enceguecedor y la sed agobiante de olvidar aquello que lo tenía asqueado y esclavizado a la vez. Este hombre se odiaba a sí mismo, pero las voces en su interior siempre ganaban: “Es asunto mío, no le estoy haciendo daño a nadie, es mi elección, son tan sólo un par de copas.” De repente, oyó un crujir en el silencio de la noche fría: el sonido de pasos suaves en la nieve. Se dio vuelta y lo que vio le golpeó como un puño de hierro en los intestinos, dejándolo sin aliento. Su hijo lo estaba siguiendo y haciendo su mejor esfuerzo, dando lo mejor de sí, para tratar de poner sus pequeños pies, paso a paso, en las huellas que su padre había dejado en la nieve, El niño estaba caminando en los pasos de su padre.

Querido lector, cada uno de nosotros está guiando a alguien a alguna parte. Algunos niños y niñas están aprendiendo a mentir, culpar a los demás, engañar, criticar, ser arrogantes y siempre buscar atajos. Pero nuestros hijos e hijas también pueden vernos y aprender a amar, orar, trabajar, adorar, servir, perdonar y creer. Ellos pueden aprender de nosotros a decir la verdad, respetar a las personas, juzgar a las personas por su carácter y no por el color de su piel, y a ser honestos, respetuosos con sus mayores, y amigos de los pobres.


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Claude Houde es el pastor principal de la Iglesia de la Nueva Vida (Eglise Nouvelle Vie) en Montreal, Canadá; y es un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes dirigidas por World Challenge en todo el mundo. Bajo su liderazgo la Iglesia de la Nueva Vida se ha incrementado de ser un puñado de personas, a más de 3500 miembros, en una parte de Canadá donde pocas iglesias protestantes han alcanzado éxito.

viernes, 4 de abril de 2014

PECADO OCULTO

Mientras los hijos de Israel acampaban en el Monte Sinaí, repentinamente fueron cubiertos por una gran oscuridad y una increíble llama de fuego. Desde el interior de esa llamarada, Dios habló: “Estas palabras habló Jehová a toda vuestra congregación en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, a gran voz” (Deuteronomio 5:22).

Mientras todo esto estaba pasando, los israelitas estaban perplejos de terror. Ellos estaban convencidos de que morirían antes de que la voz del Señor dejara de hablar. Finalmente, la voz se detuvo; los relámpagos pararon y el temblor terminó. Y después de poco tiempo, el sol comenzó a brillar. Mientras la gente miraba a su alrededor, ellos vieron que todos estaban vivos. ¡Ellos habían oído la voz real y audible de Dios y vivieron!

Evidentemente, tan pronto como esta increíble manifestación terminó, los ancianos y líderes de cada tribu convocaron a una reunión. Uno pensaría que ésta sería la más grandiosa reunión de alabanza en la historia de la humanidad, sin embargo, esta reunión no era una de alabanza, de ninguna manera. Increíblemente, los ancianos le dijeron a Moisés: “No podemos manejar este tipo de experiencia. No queremos volver a oír la asombrosa voz de Dios. Si Él nos vuelve a hablar otra vez de esta manera, moriremos. De ahora en adelante, queremos escuchar Sus palabras a través de la voz de un hombre”.

Su respuesta es totalmente desconcertante. ¿Por qué alguien reaccionaría de esta manera a tal glorioso milagro de Dios? Yo puedo decirles porqué: Porque los israelitas tenían pecados ocultos en sus corazones. Ellos eran idólatras a escondidas.

Increíblemente, esta gente aún se aferraba a sus pequeños ídolos de oro que había traído con ellos de Egipto. El apóstol Esteban dijo que estos ídolos eran: "Figuras que os hicisteis para adorarlas..." (Hechos 7:43). Los Israelitas los habían tallado en la semejanza de los gigantes becerros de oro que los egipcios adoraban. Ellos clamaban: “Tú nos libraste de Egipto. Tú eres nuestro Dios". Y ahora, en el desierto, ellos todavía no habían dejado su horrible idolatría.

Esteban llamó a esta gente: “La congregación en el desierto" (versículo 38). Él estaba sorprendido de que incluso después de que el Señor les había hablado audiblemente, sus corazones estaban todavía en la idolatría de Egipto. Él dijo de ellos: "…nuestros padres no quisieron obedecer…y en sus corazones se volvieron a Egipto” (versículo 39).

Tú puedes ver porqué la voz de Dios hizo temblar a este pueblo. La razón por la cual ellos pensaron que morirían era porque estuvieron en la presencia de un Dios santo y todopoderoso, no de un ídolo tallado y sin vida. Su Espíritu había impactado sus almas y sus conciencias los estaban convenciendo de pecado.

jueves, 3 de abril de 2014

AYUDÁNDONOS UNOS A OTROS EN ORACIÓN

La esposa de un pastor dejó un lastimoso mensaje en la máquina contestadora de nuestro ministerio. Ella dijo de una forma poco clara: “Hermano David, miles de esposas de predicadores beben en secreto para cubrir su dolor. Eso es lo que yo hago. Bebo para adormecer el dolor”. Otras esposas de ministros escriben sobre sus matrimonios en ruinas o sobre la adicción de sus esposos a la pornografía.

Amados, estas son las personas que ahora estoy ayudando en oración. Oro por los ministros y sus familias, porque yo sé que lo necesitan. He aprendido de primera mano que la oración de los ayudantes da resultado. Las Escrituras dicen que cuando el apóstol Pedro estaba encarcelado: “La iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.” (Hechos 12:5). ¡Y Dios libertó a Pedro con un milagro!

Pablo no sólo pedía ayudantes de oración, sino que él mismo era un ayudante. Él sabía que era parte de su llamado como ministro del Evangelio. Él escribió a los filipenses: “A todos los santos…con los obispos y diáconos…Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros…por cuanto os tengo en el corazón” (Filipenses 1:1, 3, 4, 7).

¿Estás enterado de que el matrimonio de un hermano o de una hermana está en peligro? Si es así, ¿qué haces? ¿Simplemente comentas a los demás: “¡Qué vergüenza que ellos estén a punto de separarse!”? o, ¿traes sus nombres al Señor y luchas por ellos en oración?

¿Deseas el ministerio de ser un ayudante en oración? Si no conoces a nadie que tenga una necesidad, empieza orando por todos los matrimonios cristianos y por todos los santos de Dios. Tus oraciones no tienen que ser largas. Simplemente declara tu petición y confía que Dios te oye.

Esto me fue ilustrado una vez cuando estuve enfermo en cama. Uno de mis nietos entró y anunció: “Abuelo, voy a orar por ti”. Mi pequeño ayudante puso sus manos sobre mi cabeza y oró: “Jesús, sánalo”. Le sonreí y le di las gracias, pero él seguía mirándome. Finalmente, dijo: “Estás sano, ¡levántate!” Así que me levanté y… ¡estaba sano! Su oración de fe me puso de pie.

Liberaciones poderosas toman lugar cuando los santos de Dios le buscan diligentemente con la fe de un niño por las necesidades de sus hermanos y hermanas.

miércoles, 2 de abril de 2014

EN MEDIO DE SUS PROBLEMAS, PABLO APRENDIÓ GRANDES LECCIONES

La lección más significativa que Pablo aprendió en su angustia fue que tenía que volverse al Señor y a Sus promesas de Pacto. Él sabía que ya no podía confiar más en su propia carne, habilidades o esfuerzos. Él escribe: “Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos” (2 Corintios 1:9).

La prueba de Pablo lo había llevado al final de sus fuerzas. Él sabía que ya lo quedaban fuerzas para pelear contra los poderes de las tinieblas, así que sentenció su propia carne a la muerte. Y Dios lo libertó de manera maravillosa: “el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte” (versículo 10).

¿Cómo fue Pablo librado? Esto implicaba varias cosas: Primero, él fue un poderoso hombre de oración. Y segundo, él tenía gran confianza en el Señor. Pablo sabía que Dios mantendría sus promesas de Pacto. Él pudo decir: “Tal como el Señor me libró en el pasado, Él está obrando librándome de esta prueba presente. Desde ahora y hasta el día de mi muerte, viviré bajo su poder libertador”.

Como Pablo, nosotros también pasamos por tiempos de pruebas, para que muramos a toda confianza en nuestra habilidad humana. El Señor permite que seamos aplastados, que seamos hechos impotentes y débiles, en un esfuerzo por convencernos de que no podemos vencer al enemigo por ningún esfuerzo carnal.

Al comparar nuestras vidas con la de Pablo, podemos ser tentados a pensar: “Nunca podré experimentar la clase de liberación que este hombre disfrutó. Él fue bien educado en las Escrituras y recibió grandes revelaciones del Señor acerca de Jesús, del Evangelio y del Nuevo Pacto”.

“Y Pablo ministraba con poder y demostración del Espíritu Santo. Sin ayuda, estremeció ciudades y naciones. El diablo no lo podía matar, aun después de ser apedreado, atacado, y pasar por tres naufragios. Dios hasta lo usó para levantar a los muertos. Este hombre era uno de los siervos más ungidos de Dios en toda la historia. Él lo tenía todo espiritualmente”.

Según Pablo, no era así. El apóstol nos dice que había otro factor importante en su liberación: La poderosa intercesión de los ayudantes en oración. “Cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración” (versículo 11). Pablo estaba diciendo: “Estoy confiado que Dios me libertará. Y ustedes están ayudando a que esto suceda, al orar”.

martes, 1 de abril de 2014

LIBRADO A TRAVÉS DE LAS ORACIONES DE LOS “AYUDANTES”

“Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida” (2 Corintios 1:8). La palabra griega para “abrumados” en este pasaje significa: “Cargados pesadamente, gravemente aplastados”. Pablo le estaba diciendo a estos santos: “Nuestra crisis fue tan seria, que casi nos aplasta horriblemente. Estaba más allá de mis fuerzas, más de lo que podía soportar. Pensé que era mi fin”.

Cuando Pablo dice que estaba tan abrumado que perdió la esperanza de vivir, podemos estar seguros de que realmente había tocado fondo. En otros pasajes, él no le da importancia a sus sufrimientos. Recordarás cuando él simplemente se sacudió la víbora venenosa que se le había prendido de la mano. También sufrió naufragio tres veces, sin embargo, él menciona este hecho de paso, para llegar a un punto. Pablo fue golpeado, robado, apedreado y encarcelado, sin embargo, a través de todo, nunca se quejó.

En este pasaje, sin embargo, el apóstol estaba al punto de cansancio total. Yo creo que lo que el soportaba era una fuerte angustia mental. No podemos saber con exactitud qué era aquello que abrumaba a Pablo, pero 2 Corintios 7:5 nos da una idea: “Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores”.

Creo que Pablo se estaba refiriendo al dolor causado por las ovejas a las cuales ministraba. Se habían levantado falsos maestros en Corinto y habían tratado de poner al pueblo en contra de él. Ahora Pablo temía que su rebaño rechazara su mensaje y siguiera a hombres que no tenían un genuino interés en ellos.

Pablo fue consolado cuando Tito llegó, trayéndole buenas nuevas acerca de sus “hijos amados” en Corinto. Pablo escribe: “Pero Dios…nos consoló con la venida de Tito; y no sólo con su venida, sino también con la consolación con que él había sido consolado en cuanto a vosotros, haciéndonos saber vuestro gran afecto, vuestro llanto, vuestra solicitud por mí, de manera que me regocijé aun más” (versículos 6-7).

Yo he sentido este tipo de angustia en mi vida. A veces, las palabras de las personas a quienes he amado y ayudado se sintieron como cuchillos en mi espalda. Puedo decir con David: “Los dichos de su boca son más blandos que mantequilla, pero guerra hay en su corazón; suaviza sus palabras más que el aceite, mas ellas son espadas desnudas” (Salmos 55:21). En tiempos abrumadores como éstos, es cuando más he necesitado las oraciones de los “ayudantes”.

lunes, 31 de marzo de 2014

UN TESTIMONIO DIGNO DE GLORIA by Gary Wilkerson

Vivimos en una época en la que las predicciones bíblicas se han vuelto realidades visibles. Pablo escribió que en los últimos días vendrían tiempos peligrosos en la Tierra (ver 2 Timoteo 3:1). Ahora mismo, están ocurriendo cosas que no podíamos haber imaginado hace unos años.

Jesús predijo que los hombres se volverían amadores de sí mismos, amadores del dinero, aborrecedores y arrogantes. Hoy en día, los líderes de nuestra nación no pueden ponerse de acuerdo sobre los principios comunes más elementales. Si alguien tiene la osadía de mencionar el pecado, es llamado intolerante y es rechazado. A medida que la Palabra de Dios es movida al margen de la cultura, el pecado prevalece más y más.

Los pastores sienten el bombardeo espiritual. Semana tras semana, me entero de que otro matrimonio puede estar cayéndose a pedazos. Unos niños se cortaron su propia piel por su propio odio. Las drogas se han extendido más que nunca. Y cada día hay menos voces de ayuda, ya que cada mes 1,500 pastores dejan el ministerio.

Como Cuerpo de Cristo, no podemos estar dormidos ante estas cosas. El Antiguo Testamento habla de los hijos de Isacar, un grupo que tenía conocimiento de los tiempos y habilidad para tratar con el mundo (ver 1 Crónicas 12:32). ¿Puede decirse lo mismo del cuerpo de Cristo hoy? Si discernimos los tiempos, sabemos que éste no es un momento para medias tintas. La única forma que nosotros tenemos de "tratar con el mundo" es no permitiendo que la iglesia sea “lo de siempre”. Jesús dijo de ciertos espíritus demoníacos: "Este género no sale sino con oración y ayuno" (Mateo 17:21). En estos momentos, nuestras oraciones deben ser fervientes porque sin un cambio espiritual, el panorama se ve demasiado sombrío.

En medio de la oscuridad, Jesús nos llama a ser luz. Y éste es nuestro mensaje para tal hora: "Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo" (1 Juan 4:4). Dios ha hecho obras impresionantes en la vida de Su pueblo y cada uno de nosotros es llamado a proclamar Su gloria a través de un testimonio digno de gloria.

¿Cómo es un testimonio digno de gloria? A este tipo de gloria (jactancia) me estoy refiriendo: "Mas el que se gloría, gloríese en el Señor" (2 Corintios 10:17). Para jactarnos como Pablo describe, tenemos que tener una jactancia digna de la gloria de Dios.

viernes, 28 de marzo de 2014

AYUDANTES EN ORACIÓN

Pablo estaba tan consciente de su necesidad por las oraciones de los santos, que rogaba por “ayudantes en oración” por todas partes. Le rogó a los romanos: “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios, para que sea librado” (Romanos 15:30-31). Y le pidió a los tesalonicenses: “Hermanos, orad por nosotros.” (1 Tesalonicenses 5:25).

En griego, la palabra “ayudéis” aquí significa “luchar conmigo como compañero en oración; pelear por mí en oración”. Pablo no estaba pidiendo una mención rápida ante el trono. Él estaba rogando: “Pelea por mí en oración, Haz batalla espiritual tanto por mí, como por la causa del evangelio.”

Cuando Pablo estaba en la prisión, listo para entregar su vida, les rogó a los filipenses que oraran por él: “Porque sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación” (Filipenses 1:19). Pablo sabía que era un hombre fichado, que las huestes de Satanás estaban empeñadas en destruirlo, y así es con cada verdadero ministro del evangelio. Cada pastor, predicador y evangelista necesita ayudantes en oración que intercedan por él continuamente.

Les aseguro que yo no estaría escribiéndoles hoy si no fuera por los ayudantes en oración que han estado a mi lado a través de los años. Fui recordado de esto recientemente mientras estuve en Europa para conducir unas conferencias de ministros y cruzadas nocturnas. Todo el tiempo, el Espíritu de Dios me hizo saber que estaba siendo sostenido por las oraciones de multitudes de personas.

En Niza, Francia, los norteamericanos no son muy queridos, en particular los evangelistas norteamericanos. Todos se preocupaban por la cruzada evangelística nocturna, pensando: “¿Se podrá llevar a cabo?”. Francia está desenfrenada con escepticismo, ateísmo, gnosticismo e incredulidad. Y la clase de reunión que planeamos nunca se había intentado antes.

Cuando llegó la hora, sin embargo, miles se habían reunido. Pero fue entonces cuando comencé a sentirme icapaz. No sabía qué predicar, porque ningún mensaje de los que tenia preparados parecía apropiado. Mi intérprete y yo habíamos revisado algunas notas de antemano, pero no estaba seguro si eran apropiadas para la reunión. Le advertí: “No estoy seguro de lo que voy a decir.”
Cuando pasé al podio, no obstante, el Espíritu cayó sobre mí poderosamente. Sentí las oraciones de miles de santos respaldándome, y mientras comenzaba a hablar, el Espíritu Santo llenó mi boca. Prediqué por cuarenta minutos, y durante todo ese tiempo se podía escuchar un alfiler caer al suelo. Cuando terminé, simplemente dije: “Si necesitas a Jesús, por favor pasa al frente”, y cientos de personas se pusieron en pie de un salto en respuesta.

jueves, 27 de marzo de 2014

PERSISTENCIA EN LA ORACIÓN

Algunos maestros bíblicos dicen que es incredulidad pedirle a Dios una y otra vez las mismas cosas. No, eso es erróneo y ha debilitado la fe de multitudes. Dios nos manda a pedir, buscar, ayunar y clamar con súplicas eficaces y fervorosas. (Ver Mateo 7:7)

Desde el mismo principio, los siervos verdaderos han tornado las promesas de Dios en oraciones:
  • Jesús sabía que su padre le había prometido todas las cosas antes de la fundación del mundo, y aún así Cristo pasó horas orando para que la voluntad de Dios se cumpliera en la tierra. Hasta dijo una parábola ilustrando la persistencia en la oración. Se trataba de la “viuda inoportuna” que seguía demandando justicia de un juez hasta que la consiguió. (Ver Lucas 18:1-8) 
  • Dios le dio maravillosas profecías a Ezequiel acerca de la restauración de Israel, prometiendo que las ruinas de la nación serían como el Jardín del Edén. Aún así el Señor dijo que Su palabra no se cumpliría sin oración: “Aún seré solicitado por la casa de Israel, para hacerles esto” (Ezequiel 36:37). En otras palabras: “Te hice una promesa pero quiero que ores por su cumplimiento. Búscame con todo tu corazón, hasta que la veas cumplida. Te liberaré, pero primero tienes que pedir.” 
  • Daniel había leído la promesa que Dios hizo a Jeremías (Daniel 9:2), que después de setenta años Israel sería restaurada. Cuando Daniel vio que el año señalado había llegado, pudo haber esperado en fe para que Dios cumpliera su promesa, pero en lugar de eso, ese santo hombre cayó sobre su rostro y oró por dos semanas hasta ver al Señor cumplir todo lo que había prometido. 
En el Antiguo Testamento, los sacerdotes de Israel llevaban los nombres de todas las tribus de Israel sobre su pectoral. Esto significaba que las necesidades del pueblo eran llevadas continuamente en el corazón del sacerdote en oración. Para los cristianos de hoy, esto ofrece una imagen maravillosa de Cristo llevándonos en Su corazón y presentando nuestras necesidades al Padre. Más aún, cada cristiano en la actualidad es un sacerdote del Señor, y debemos llevar siempre las necesidades de los demás en nuestros corazones (Ver Santiago 5:14-16)

miércoles, 26 de marzo de 2014

NO CON ORACIONES A MEDIAS

Como siervos del Señor, estamos en peligro constante del enemigo. Nuestro amor por Jesús es una amenaza a todo el infierno y no podemos tomar ninguna obra santa sin que Satanás ponga toda clase de lazos y trampas para nosotros.

Recientemente, una consejera matrimonial me llamó: “Dondequiera que miro en nuestra iglesia, las parejas se están separando”, me dijo. “Literalmente, es una plaga en el cuerpo de Cristo ahora mismo”.

Escucho toda clase de razonas por el descontrol en hogares cristianos: incompatibilidad, falta de comunicación, pérdida de afecto, infidelidad. Pero en realidad, es algo que va mas allá de eso. Detrás de todo, es un ataque del infierno contra los santos de Dios.

La causa de los hogares rotos entre inconversos no es un misterio. Pero entre los justos, tal descontrol tiene una causa. Piénsalo, ¿Cómo pueden perder la autoridad en sus hogares los cristianos dedicados que han estado escuchando predicación santa por años? Ellos conocen muy bien el juramento de Dios en su pacto de ser su fortaleza. Ellos saben que Él promete destruir cada poder satánico que venga contra ellos. Así que, ¿Por qué el diablo está prevaleciendo? ¿Por qué sus matrimonios están bajo constante amenaza?

Creo que es porque al menos un integrante de la pareja ha abierto la puerta al engaño satánico. Quizás ambos han permitido algo de liviandad en sus vidas, o se han vuelto espiritualmente flojos. Y ahora un demonio enfurecido ha obtenido una fortaleza en sus corazones y hogar.

Si estás bajo ataque como este, debes preguntar lo que los discípulos preguntaron: “Maestro, ¿Por qué no pudimos echar fuera esos demonios?” Jesús respondió que ciertas ataduras satánicas no responderán a la imposición de manos o una sola oración a medias. Estas fortalezas están arraigadas tan profundamente, que la única forma de echarlas fuera es a través de oración y ayuno continuo.

Sin embargo, la iglesia de hoy está en un adormecimiento en relación al poder de la oración. Un velo ha caído sobre los ojos de millones. Y ahora, cada vez que confrontan problemas, el último a quien van es a Jesús. Han abandonado el aposento secreto, y a cambio, se han vuelto a la sicología, consejeros, libros, amigos; a todo, menos al Señor.

Si dices que tu matrimonio está arruinado y quieres que sea sanado, tengo que preguntarte ¿Cuánto tiempo pasas a solas con Dios? ¿Cuántas veces has apagado el televisor por una hora para solamente sentarte ante Jesús y descargar tu alma? ¿Cuántas comidas has dejado para ayunar por tu matrimonio?

“La oración eficaz del justo puede mucho.”(Santiago 5:16)

martes, 25 de marzo de 2014

EL FOCO DE ATENCIÓN DE LA ORACIÓN

La oración es a menudo una de las áreas más egoístas en la vida del cristiano. Cuando lo piensas bien, la mayor parte de nuestras oraciones se enfocan en nuestras necesidades. Los dos temas centrales de nuestra intercesión son nuestro crecimiento espiritual y las necesidades de nuestra familia y amistades.

Ocasionalmente, puede que alcancemos más allá de nuestros intereses y oremos por los demás. Sin embargo, usualmente cuando decimos: “Oraré por ti”, no lo hacemos, o si no, oramos por ellos una vez y luego nos olvidamos rápidamente de su necesidad.

Recientemente, he estado examinando mi vida de oración a la luz de las escrituras y he sido redargüido por la estrechez y limitaciones de mis propias oraciones. Como muchos creyentes, paso gran parte de mi tiempo buscando el rostro del Señor acerca de mi caminar con Él. Clamo a Él por santidad, para ser más como Él, para recibir dirección para la vida y para tener Su unción en mi ministerio. Y disfruto de dulce comunión con Él, adorándole calladamente y siendo refrescado en su presencia.

También intercedo diariamente por mi familia, le pido al Señor que proteja a mis hijos de las acechanzas del diablo, que haga a mis hijos como árboles plantados junto a los ríos de Dios, que haga a mis hijas como piedras preciosas en Su palacio, y que haga de todos mis nietos amantes de Jesús. También oro por los asuntos y preocupaciones del cuerpo de Cristo en nuestra iglesia. Intercedo por individuos que están en crisis y por los tantos misioneros y ministerios que apoyamos.

Dirás: “Todo eso es de elogiar, hermano David. Nos conforta saber que estás separado con el Señor, en comunión con Él y orando por todas esas necesidades”.

Pero según la palabra de Dios, dulce comunión no es suficiente. Sí, es el secreto para el crecimiento espiritual; y no podemos tener más grande experiencia en la tierra; pero si vamos al trono solo para nuestra edificación y necesidades personales, estamos siendo egoístas. Sencillamente, no podemos descuidar de orar seriamente por las grandes necesidades a nuestro alrededor.
“Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies”. (Mateo 9:37-38).

lunes, 24 de marzo de 2014

SUEÑOS DE DIOS by Gary Wilkerson

Génesis 37:5 nos dice: “Y soñó José un sueño”. Dios habló directamente a José en sueños y él no retrocedió, sino que permitió que los sueños despierten una ambición divina en su corazón. La palabra sueño aparece 113 veces en la Biblia, y más de 30 de esos pasajes están relacionados con José.

Génesis 37:5 continúa: “y…contó [el sueño] a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía”. Muchos de nosotros estamos avergonzados de los sueños que Dios ha puesto en nuestro corazón, y parte de esa vergüenza viene de nuestro miedo a las opiniones de los demás. Pero hasta que no hablemos nuestra ambición divina, nunca será realizada. Dar voz a nuestro sueño es en sí mismo, un paso de fe.

Durante años, mi sueño era conducir una iglesia vibrante como “The Spring Church”, pero cuando lo di a conocer podía ver la duda en los ojos de la gente. Hubiera sido fácil para mí sumirme en sus dudas, después de todo, yo solamente había pastoreado iglesias pequeñas, pero gracias a Dios, su Espíritu me animó a seguir diciendo “sí” al sueño que Él Puso en mí, y a confiar en Él para hacer que se cumpla.

No hay nada como rendirse al libertinaje para destruir un sueño dado por Dios. José pudo haber cedido ante el pecado cuando la esposa de Potifar intentó seducirlo. Pero cuando estás viviendo para Dios, haces cualquier cosa para evitar angustiarlo. La integridad de José enfureció a la esposa de Potifar, pero él estaba poniendo en alto la justicia cuando rechazó a la mujer. “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal y pecaría contra Dios?” (Génesis 39:9).

Ha llegado el momento de que retomes el sueño que Dios te dio hace mucho tiempo. Puede que estés en un pozo, pero lo que se ve como una prueba muy larga puede ser el terreno firme de Dios para tu servicio honorable a Él. ¿Temes soñar? Pídele a Dios que reemplace tu miedo con fe. ¿Vienes de un trasfondo disfuncional? Confía en que Él te guiará a pesar de las cicatrices persistentes. ¿Tienes miedo de que has pecado por mucho tiempo? Recuerda su promesa de ir en busca de cada oveja que se ha extraviado.

Dios da la bienvenida a todos los pecadores a la vida de fe y librará a cada siervo que confía en Él de cada pozo en que caiga. Que nada estorbe el supremo llamamiento que el Señor te está haciendo. Él desea ponerte en un camino acelerado que glorifique Su nombre.

sábado, 22 de marzo de 2014

COMO EMPIEZA EL AVIVAMIENTO by Jim Cymbala

Si estudias la historia de cualquiera de los avivamientos pasados, siempre encontrarás hombres y mujeres que primeramente gimen por dentro, anhelando ver un cambio en el statu quo, tanto en sí mismos como en sus iglesias. Empiezan a invocar a Dios con insistencia y la oración engendra avivamiento, que a su vez engendra más oración. Es como lo que ocurre en el Salmo 80, donde Asaf se lamenta por el estado triste que se vive en su época, los muros derrumbados, los animales desenfrenados, las viñas quemadas. En el versículo 18 suplica: “Revívenos para que podamos invocar tu nombre una vez más”

El Espíritu Santo es el Espíritu de oración. Únicamente cuando estamos llenos del Espíritu sentimos la necesidad de Dios dondequiera que vayamos. Quizá estemos conduciendo un automóvil, y espontáneamente nuestro espíritu empieza a elevarse a Dios con necesidades y peticiones e intercesiones allí en medio del tránsito.

Si nuestras iglesias no oran, y si el pueblo no tiene apetito de Dios, ¿Qué importancia tiene la cantidad de gente que asiste a nuestros servicios? ¿Qué impresión le causaría eso a Dios? ¿Puede usted imaginarse a los ángeles diciendo: “¡Oh, qué bancas! ¡Son de una belleza increíble! Aquí en el cielo hemos estado hablando acerca de ellas durante años. La forma en que tienen escalones que ascienden hasta el púlpito es maravillosa”

Si no nos interesa experimentar la cercanía de Dios aquí en la tierra, ¿Por qué tendríamos interés de ir al cielo? Él es el centro de todo allí. Si no disfrutamos estar en su presencia aquí y ahora, entonces el cielo no será cielo para nosotros. ¿Por qué Dios habría de enviar allí a alguien que no tuviera un ferviente anhelo por Él aquí en la tierra?

No es que sugiera que somos justificados por obras de oración o por cualquier otro acto de devoción. No soy legalista. Pero no esquivemos el tema de cómo será el cielo: disfrutar de la presencia de Dios, dedicar tiempo para amarlo, escucharlo y rendirle alabanza.


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Jim Cymbala Jim Cymbala comenzó la iglesia Brooklyn Tabernacle con menos de veinte miembros en un pequeño y deteriorado edificio en una parte difícil de la ciudad. Nacido en Brooklyn, es un viejo amigo de David y Gary Wilkerson, y un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes patrocinadas por World Challenge en todo el mundo.

viernes, 21 de marzo de 2014

¡ETERNAMENTE SUYO!

Quizás piensas, ¿cuántas veces te perdonará el Señor por cometer el mismo pecado una y otra vez? Puedes estar seguro de que Su increíble perdón es ilimitado. Cada vez que pecas, puedes ir a Jesús y encontrar liberación. Sin embargo, el perdón del Señor no es tonto ni ciego. Es cierto que nuestro Padre celestial nos perdona, pero en cierto punto, nos castiga para que no sigamos en ese pecado.

Cuando mis cuatro hijos estaban creciendo, tuve que castigarlos por portarse mal. Los llamaba a mi habitación para pegarles y comenzaban a llorar, gritando: “¡No, papi, lo siento! ¡Por favor, perdóname!”

Yo los perdonaba, pero eso no me detenía de aplicarles la correa. Yo sabía que si no lo hacía, iba a perder significado para ellos, se convertiría en una broma en lugar de una fuente de disciplina. De igual manera, la ley de Dios existe para recordarnos Sus normas santas, Sus caminos ¡y que Él hace lo que dice!

Déjame dejarte con una palabra de esperanza. Si estás en las profundidades ahora mismo por tu pecado, anímate. Él te está castigando a causa de Su tierno amor. ¡Él quiere que sepas lo que es temerle!

Exactamente, ¿qué significa temer al Señor? Significa poder decir: “Sé que mi Padre me ama. Le pertenezco con total seguridad y sé que Él nunca me abandonará. El siente mi dolor cada vez que lucho y es paciente conmigo mientras lucho contra el pecado. Él siempre está listo para perdonarme cada vez que le invoco, pero también sé que nunca va a permitir que continúe desobedeciendo Su Palabra. Mi Padre celestial no impedirá mi corrección ¡porque Él me ama profundamente!”

Ese es el punto de todo. Dios quiere que aceptemos Su perdón para que Le temamos. “Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado” (Salmo 130:4). Una vez que temamos al Señor, querremos más que sólo obedecerle. Querremos agradarle, poner una sonrisa en Su rostro. ¡Ese es el resultado bendito del temor santo de Dios!

jueves, 20 de marzo de 2014

SÓLO POR FE

Una de las promesas fundamentales del Nuevo Pacto se encuentra en Jeremías 31:34: “…perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado”. Y Pablo añade en el Nuevo Testamento: “Y a vosotros, estando muertos en pecados… os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados” (Colosenses 2:13). Dios nos ha prometido Su perdón para cada pecado.

Sin embargo, esta promesa de perdón está limitada a ciertas personas. Sólo aplica a los que han sido aplastados y consumidos por sus pecados, quienes han llegado a las profundidades de la culpa, a quienes soportaron que el Espíritu Santo escudriñe sus almas y se han arrepentido ¡y se han vuelto a Cristo en fe!

Jesús mismo dice: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos” (Mateo 7:21). Tristemente, multitudes de cristianos no sienten molestia alguna por su pecado. Sus malos hábitos no le molestan en lo más mínimo. Se han convencidos a sí mismos de que Dios es tan misericordioso y tan lleno de gracia, que les perdonará aunque continúen viviendo tercamente en pecado.

No, ¡nunca! ¡Se han hecho de una paz falsa! ahogando todo lo que el Espíritu Santo haya querido escudriñar y tratar; ahogando cualquier convicción de pecado que el Espíritu santo haya querido traer. Han buscado perdón antes que su culpabilidad haya podido madurar para convertirse en tristeza según Dios.

Al mismo tiempo, el perdón de Dios sólo se puede obtener por fe. No podemos obtenerlo con la razón. El regalo de Cristo: Su sangre expiatoria, es tan profundo, tan lleno de gracia, tan misterioso, que está más allá de la capacidad del entendimiento humano. Podemos sentir condenación, temor y culpa por nuestras ofensas, pero nuestro Padre celestial está amorosamente a nuestro lado todo el tiempo, listo para perdonar. La sangre de Cristo, el amor del Padre, el deseo de perdonar del Señor; todas estas bendiciones se experimentan sólo por fe: “Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá” (Gálatas 3:11).

miércoles, 19 de marzo de 2014

EL SEÑOR ES BUENO Y PRONTO PARA PERDONAR

Muchos creyentes son abrumados de tal manera por sus fracasos que con el tiempo se sienten atrapados sin esperanza de ayuda alguna. Isaías escribió acerca de tales creyentes: “Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo” (Isaías 54:11).

A veces algunos se enojan con Dios. Se cansan de esperar a que Él se mueva, entonces, claman en forma acusadora: “Señor, ¿dónde estabas cuando te necesitaba? Clamé a ti para que me libraras, pero nunca respondiste. Hice todo lo que sé hacer, pero aun no soy libre. Estoy cansado de arrepentirme y llorar, sin ver ningún cambio”. Muchos creyentes así, sencillamente dejan de luchar y se entregan a su lujuria.

Otros caen en una neblina de apatía espiritual. Están convencidos de que Dios no se preocupa por ellos. Se dicen a sí mismos: “Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio” (Isaías 40:27). “Me dejó Jehová, y el Señor se olvidó de mí.” (Isaías 49:14).

Incluso otros terminan poniendo toda su atención en su pecado, tratando de mantenerse en un estado de constante convicción. Esto sólo hace que ellos se desconcierten, clamando: “Nuestras rebeliones y nuestros pecados están sobre nosotros, y a causa de ellos somos consumidos; ¿cómo, pues, viviremos?” (Ezequiel 33:10). El hecho es que, sentir convicción de pecado no es un fin en sí mismo. Cuando somos humillados a causa de la culpa y la tristeza por nuestro pecado, no debiéramos permanecer en esos sentimientos. Éstos existen para llevarnos al final de nosotros mismos y a la victoria en la cruz.

Después de tanto llorar y clamar al Señor, David terminó testificando: “Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado” (Salmo 130:4). El Espíritu Santo comenzó a inundar su alma con recuerdos de la misericordia de Dios y David recordó todo lo que había aprendido acerca de la naturaleza perdonadora del Padre: “Pero tú eres Dios que perdonas, clemente y piadoso, tardo para la ira, y grande en misericordia” (Nehemías 9:17).


Pronto, David comenzó a regocijarse, recordándose a sí mismo:” Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan” (Salmos 86:5).

martes, 18 de marzo de 2014

DIOS NO ESTABA ENOJADO CON JONÁS

“Si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse?” (Salmos 130:3).

Muchos cristianos luchan como David. Cuando el temor santo y justo de Dios es implantado en su alma, Su terrible majestad acampa sobre ellos. Ríos de Su ley señalan directamente a su corazón, y comienzan a languidecer en agonía. Como David, claman, Señor, ¿quién puede estar delante de ti? ¿Quién puede soportar tu santidad?

Jonás hizo la misma pregunta. Él estaba literalmente en el fondo del océano, sin poder escapar de su dilema. También él clamó: “Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, y me rodeó la corriente; todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí…descendí a los cimientos” (Jonás 2:3, 6).

¿Quién lanzó a Jonás a aquella profundidad de tinieblas? ¡Fue Dios! Ciertamente, fue el Padre celestial quien llevó al profeta al mismo fondo y preparó un gran pez para que se lo tragara.

Dios no estaba enojado con Jonás, entonces, ¿por qué permitió que esto le sucediera a él? ¡Porque Él quería detener a su siervo de huir de Su voluntad! Él quería que Jonás siguiera Su plan, para que fuera bendecido. En resumen, ¡Dios llevó a Jonás a las profundidades para restaurarlo!

Jonás 2:2 nos dice exactamente lo que Dios buscaba: “Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste”. El Señor estaba esperando que Jonás se volviera a Él, que clamara sólo a Él. “Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos; mas aún veré tu santo templo” (versículo 4). “Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová” (versículo 7).

En la actualidad, el Señor hace lo mismo con nosotros: Él permite que nos hundamos en la desesperación de nuestro pecado hasta que no tengamos otra opción que recurrir a Él. Y finalmente, desde el vientre de nuestro infierno, clamamos: ¡Oh Señor, por favor escúchame! No tengo esperanzas. ¡Tienes que liberarme!”

Quizás has llegado al fondo de tu pecado. Simplemente, parece que no puedes obtener la victoria sobre ese pecado que te asedia. Y ahora el Señor ha permitido que desciendas a las profundidades. Sin embargo, todo es con un propósito. Él está esperando que, como Jonás, tú puedas “mirar otra vez a Él”.

Tenlo por seguro, que cuando Jonás clamó al Señor, Dios lo libró rápidamente:” Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra” (versículo 10). Dios le dijo al pez: “¡Basta ya! Ahora, vomítalo. ¡Mi siervo me ha invocado y Yo le voy a contestar!”

lunes, 17 de marzo de 2014

EL ALIENTO DE VIDA DE DIOS by Gary Wilkerson

“Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu” (Ezequiel 37:8). ¡Qué trágica escena! Sé de iglesias que tienen todos los programas y estrategias en su lugar, pero no tienen vida. Así que, muchas iglesias hacen seminarios, conferencias, libros, sitios web, transmisiones en vivo y reuniones para todos los segmentos de edades y de necesidades. Todas estas cosas fueron diseñadas para lo bueno, pero a menos que el Espíritu de Dios sople en ellas, no son nada. De hecho, tales cosas tienen el poder sutil de despojarnos de la vida que Dios desea para nosotros.

Mientras recorremos las actividades de la iglesia, nos engañamos pensando que somos espirituales. Puede dar la apariencia de que los huesos secos se están uniendo entre sí, pero en realidad éstos carecen del aliento de vida de Dios. Yo cambiaría 1,000 servicios de adoración y 10,000 estrategias por un solo aliento de Su Espíritu. Sólo Dios puede soplar vida en lo que hacemos, para que vivan estos huesos secos.

“Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu” (37:9). La palabra “espíritu”, acá es la palabra en hebreo “rauch”, que se refiere al Espíritu de Dios. Una vez más, Dios le ordenó a Ezequiel que profetizara. La primera vez debía profetizar a los huesos, esto es, al pueblo, pero este segundo mandato es a profetizar a Dios mismo. “Rauch”, el Espíritu Santo.

¿Qué está diciendo Dios en este versículo? Nos está diciendo que predicarnos el uno al otro, articular doctrina, no es suficiente. No podemos, simplemente hablar al hombre acerca de las cosas de Dios. También debemos hablar a Dios acerca del hombre, rogándole a Él para que obre. Dios llama a hombres y mujeres de fe a clamar hasta que Él intervenga en su situación y cambie las cosas. Sólo el Espíritu Santo de Dios puede traer vida. Nuestros ojos no pueden ver, nuestros oídos no pueden oír, nuestras bocas no pueden hablar nada sobre Él sin que primeramente Él nos haya despertado.

Cuando Él lo hace, los resultados nos asombran: “Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos [los huesos], y vivieron, y estuvieron sobre sus pies” (37:10).

El aliento de Dios nos pone de pie con confianza. Lo mismo sucedió en Hechos 2: “Pedro, poniéndose en pie con los once” (2:14). El Evangelio que Pedro proclamó en Pentecostés no era diferente al Evangelio que él conocía y que ahora, puesto de pie, proclamaba con poder de lo alto.

La vida que Dios está a punto de soplar dentro de nosotros es la que hace vivir a los huesos secos, la que da vida a un lugar de tinieblas y desesperación. Del caos, Jesús produce vida. De las cenizas, Él produce belleza. ¡Y en una horrorosa situación en la que el enemigo sólo quiere destruirnos, Jesús sopla vida nueva!

sábado, 15 de marzo de 2014

LA CLAVE by Carter Conlon

“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas” (Mateo 7:12). Es como si Jesús estuviera diciendo: “Si yo estuviera sufriendo me gustaría que alguien me consolara, y si me perdiera me gustaría que alguien me diera lo que tuviese para sacarme de ahí”.

Haz por los demás lo que quieras que hagan por ti. Esta es la clave para liberar todos los recursos que Jesús nos dice que debemos pedir. Es la clave para soportar el desprecio de aquellos que se le oponen y la clave para ser amable con sus enemigos. Es el corazón de Dios que dice: “No estoy dispuesto a que ninguno se pierda”, y eso es lo que te permite no tomar represalias cuando te abofetean en la cara. Es la clave de la felicidad y el amor en el lugar de trabajo a pesar de la rudeza de los que te rodean.

La promesa al final de este capítulo de la Escritura dice: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca” (Mateo 7:24-25). La casa fue fundada sobre la obra de Dios en la tierra. Es por eso que Pablo podía estar en un barco azotado por la tormenta, todavía en pie, y tomar la santa cena, y alentar a los que tendrían que nadar hasta llegar a un lugar seguro (Ver Hechos 27). Todo se trataba de la gloria de Dios y de los demás, no se trata de su propia preservación. Pablo podía ver lo que el hombre común no podía ver. El capitán de la nave y los otros tripulantes no podían verlo, pero los ojos de Pablo fueron abiertos y se le dio una visión increíble, porque él había elegido ser usado para la gloria de Dios y los demás. Él era un tipo de aquellos que tendrían aceite para sus lámparas en los últimos días (Ver Mateo 25:1-13).

Los animo a estudiar los capítulos 5 al 7 de Mateo. He leído estos tres capítulos una y otra vez, y creo que dan una visión clara de lo que la vida cristiana debiese ser. Mientras más estudies estos capítulos, más convencido estarás que no puedes vivir esta vida por ti mismo, necesitas el poder de Dios. Así que el Señor te dice: “¡Pídelo ahora!” (Mateo 7:9).


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Carter Conlon se unió al equipo pastoral de la Iglesia Times Square en 1994, por invitación del pastor fundador David Wilkerson, y fue nombrado para el cargo de Pastor Principal en 2001. Un líder fuerte y compasivo, y un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes dirigidas por World Challenge en todo el mundo.

viernes, 14 de marzo de 2014

CLAMA A SU NOMBRE

“Estoy debilitado y molido en gran manera; gimo a causa de la conmoción de mi corazón. Señor, delante de ti están todos mis deseos, y mi suspiro no te es oculto.” (Salmo 38:8-9)

¿Te encuentras tan desesperado como lo estaba David? ¿Te has encerrado con el Señor, te has postrado y has gemido ante Él? Una oración aburrida, callada y floja no logrará nada. Si no estás descargando tu corazón ante Dios, realmente no quieres sanidad, ¡quieres rendirte!

Tienes que clamar a toda voz, como David, “¡Señor, escucha mi súplica! ¡No te dejaré hasta que me contestes!”

Déjame ilustrarte la clase de desesperación que David experimentó. Suponte que vas camino a casa y al doblar la esquina de tu calle, ves carros de bomberos estacionados frente a tu casa. Humo negro está saliendo de las ventanas y todo el lugar está a punto de encenderse en llamas. Y tú sabes que tu cónyuge e hijos están atrapados adentro.

Dime, ¿cuán tranquilo y calmado estarías en ese momento? ¿Cuánto tiempo estarías sin hacer nada, esperando que el fuego se apague por sí solo? ¿Te sentarías ahí calladamente orando: “Jesús, espero que tú apagues el fuego”? ¡No! ¡Si tuvieras algo amor en tu corazón, correrías a tu casa a través del humo y tratarías de hacer algo!

Si tu matrimonio está en problemas, entonces tu hogar se está quemando y tu relación está sufriendo. Si permites que este fuego continúe, vas a perderlo todo.

Entonces, ¿tienes temor de Dios por tu matrimonio? ¿Te sientes cargado con culpabilidad y condenación por el rol que has cumplido en su desintegración? Si es así, no trates de calmar tu conciencia. Dios te está mandando Su palabra fuerte porque te ama. Él te está advirtiendo en forma misericordiosa, tratando de despertarte antes que te autodestruyas. Así que corre a Él y ora diligentemente. Toda sanidad comienza al llamar Su Nombre con urgencia.