viernes, 26 de junio de 2015

CONFIANDO PLENAMENTE EN ÉL

Amados, el Señor no nos salvó simplemente para que disfrutemos infinitamente de sus bondades, misericordias y gloria. Él tuvo un propósito eterno al escogernos a cada uno de nosotros. Y ese propósito va más allá de las bendiciones, el compañerismo y la revelación. El hecho es que Dios aún quiere alcanzar a la humanidad perdida. Y está buscando un pueblo que crea y confíe, para que Él pueda forjarlo y convertirlo en Su más grande instrumento evangelístico.

Nuestro Señor no usa ángeles como testigos de Su gloria. Él usa a Su pueblo. Y Él desea entrenarnos como una generación especial, “peculiar” (ver 1 Pedro 2:9). Él está buscando demostrar Su Palabra en nuestras vidas, para que el mundo crea cuando la proclamamos. Él desea presentar a las naciones incrédulas, un pueblo fiel que ha sido conmovido por tiempos duros, quebrantado por pruebas profundas, pero aun así continuó confiando en Él.

Vemos a Dios buscando un pueblo así en el tiempo de Gedeón. Cuando Gedeón hizo un llamado para conseguir voluntarios para enfrentar a los madianitas, miles de israelitas respondieron. Pero el Señor le dijo a Gedeón: “El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano…haz pregonar en oídos del pueblo, diciendo: Quien tema y se estremezca, madrugue y devuélvase” (Jueces 7:2-3).

Dios le estaba diciendo a Gedeón: “Si alguien aquí tiene miedo, dile que se vaya a su casa de inmediato. No permitiré que Mi pueblo sea infectado con temor”. Dios estaba literalmente, devolviendo voluntarios de Su ejército; de hecho en cierto punto, unos 22,000 dudosos fueron enviados a casa. Gedeón eventualmente redujo el número de voluntarios a 10,000, pero Dios le dijo que todavía eran demasiados. El Señor finalmente se quedó con 300 soldados probados para la batalla.

Esto debiera decirnos algo. Del mismo modo que el Señor busca mensajeros del Evangelio para enviarlos al mundo, Él no va a reclutar iglesias cuyas bancas están llenas de gente temerosa, dudosa, que no ha sido probada. Él no buscará organizaciones religiosas poderosas y eficientes o seminaristas altamente calificados. Dios usa organizaciones y gente calificada, por supuesto, pero, en sí mismas, ningunas de éstas tiene los recursos necesarios para ser los mensajeros tratados y probados de Dios.

jueves, 25 de junio de 2015

DUDANDO DE LA FIDELIDAD DE DIOS

De todos los pecados que cometemos, la duda es el más aborrecido por Dios Según el Antiguo y el Nuevo Testamento, nuestras dudas hieren al Señor, lo provocan, le causan mucho dolor. Vemos un gran ejemplo de esto en el antiguo Israel, después de que Dios hubo libertado a Su pueblo de manos de Faraón.

El Salmista se lamenta: “Pecamos nosotros, como nuestros padres; hicimos iniquidad, hicimos impiedad. Nuestros padres en Egipto no entendieron tus maravillas; no se acordaron de la muchedumbre de tus misericordias, sino que se rebelaron junto al mar, el Mar Rojo” (Salmos 106:6-7).

El escritor está haciendo una confesión aquí. ¿Cuál fue el pecado perverso que cometió Israel? Fue su duda de que Dios podría seguir liberándolos, aún después de que Él había ejecutado un milagro increíble para ellos en el Mar Rojo.

El Salmista nos está pidiendo imaginarnos al pueblo de Dios, mientras se regocijaban en el lado victorioso del mar. El Señor acababa de realizar uno de los milagros más grandes en la historia de la humanidad, libertando a Israel de los poderosos egipcios. Sin embargo, ¿cómo reaccionó después, este mismo pueblo, ante la adversidad? Dudaron de la fidelidad de Dios.

El escritor está esencialmente diciendo: “¿Pueden creerlo? Nuestro Señor se había manifestado sobrenaturalmente en nuestro favor, librándonos del enemigo. Sin embargo, aún después de este increíble milagro desconfiamos de Él. ¿Cómo pudimos provocar a Dios de esta manera?”

Fue una historia totalmente diferente cuando Israel se paró en el lado victorioso del mar. Ellos cantaron y danzaron mientras veían al poderoso ejército egipcio hundirse en destrucción: “Reprendió al Mar Rojo y lo secó, y les hizo ir por el abismo como por un desierto. Los salvó de mano del enemigo, y los rescató de mano del adversario. Cubrieron las aguas a sus enemigos; No quedó ni uno de ellos. Entonces creyeron a sus palabras y cantaron su alabanza” (Salmos 106:9-12).

Los israelitas cantaron la canción correcta; una canción de alabanza al Dios todopoderoso, pero la cantaron en el lado equivocado del mar. Cualquiera puede cantar y regocijarse después de obtener la victoria. Pero, Israel había fallado miserablemente en el lado de prueba del Mar Rojo. Allí, no confiaron en Dios en lo absoluto.

miércoles, 24 de junio de 2015

LA VERDADERA AUTORIDAD ESPIRITUAL

Muchos de nosotros comparamos el poder con algo visible, llamativo e impactante. Pero esto no es verdad respecto a la autoridad espiritual. Pedro dice que Dios confía su autoridad espiritual al hombre “interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible” (1 Pedro 3:4).

La palabra griega que Pedro usa para “afable”, significa gentil. Y la palabra usada para “apacible” significa seguro, sin perturbación. Pedro habla de un corazón que siempre está en paz con su posición en Cristo. Tal corazón posee la verdadera autoridad espiritual.

Desde luego, esto golpea en la cara a todas filosofías seculares que hablan del poder y de la autoridad. El mundo nos dice: “Afírmate. Utiliza el poder a través de la intimidación. Haz contacto visual, usa el lenguaje del cuerpo, mira a los otros fijamente. Pon tus propias necesidades primero”. Vemos esta actitud reflejada en las portadas de los álbumes de los grupos de música de hoy. Miembros de grupos fruncen el ceño, amenazan, “se imponen sobre ti”. Ellos piensan que dicha postura es lo mismo que tener autoridad.

Nuestra actitud como creyentes es completamente diferente. Perseguimos el poder y la autoridad con un propósito: Hacer huir a Satanás. Queremos ser capaces de confrontar sus ataques a nuestras vidas, a nuestras iglesias y a nuestras familias. Y debemos reconocer que sin un espíritu de mansedumbre y apacibilidad en nuestro hombre escondido, no tenemos ningún poder verdadero.

David escribe: “Tu diestra me sustentó, y tu benignidad me ha engrandecido” (Salmos 18:35). La frase “me ha engrandecido”, significa “aumentó abundantemente mi misericordia para con los demás”. David está declarando lo siguiente: “Señor, tu gentileza hacia mí ha aumentado mi propia capacidad para tener misericordia”.

Piensa en lo que David está diciendo. Este rey había dudado de la fidelidad de Dios para con Israel. Él había cometido adulterio y luego hasta asesinó a un hombre para cubrir su propio pecado. Aun así, el Señor le mostró a David su increíble misericordia y perdón.

David estaba asombrado de cuán apacible y amoroso fue Dios hacia él durante este terrible período. Y ahora, él dijo: “El Señor ha sido tan tierno al tratar conmigo. ¿Cómo podría yo alguna vez ser duro con alguien que atraviese lo que yo atravesé? La gracia de Dios hacia mí ha engrandecido mi corazón, de tal manera que ahora quiero mostrar ternura a los demás; a mi cónyuge, a mis hijos, a todos”.