Solía decir: “No pases delante para ser salvo, sólo porque tienes miedo del infierno. Sólo ven con una fe simple”. Pero estaba equivocado. El apóstol Pablo dijo: “Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres” (2 Corintios 5:11). Existe un temor santo que guía al arrepentimiento.
Es verdad que el infierno ha sido creado para el diablo y sus ángeles. También es cierto que los cristianos son salvos por gracia inmerecida y que dicha fe en Cristo es la seguridad del creyente.
Con la ayuda de Dios, yo, de una vez y para siempre, he dejado la carrera fatal de carnalidad y mundanalidad. ¡He abandonado la carrera de competencia! Ya no corro en las carreras motivadas por la carne, dirigidas al ego y agradables al hombre.
Quiero hacer más que sólo rendir mi atadura mental a las cosas, casa, carros, tierras y posesiones. Quiero tener el poder y la gracia para frenar mis apetitos, para hacer a un lado toda la basura, para vender lo que no necesito, para dejar de comprar y construir y de adquirir cosas innecesarias y enfocarme de tal manera en Cristo y en la eternidad, que las cosas de este mundo dejen de dominarme y que el materialismo ya no sea mi amo.
Amado, si este mensaje no te agrada, si te irrita y te fastidia aunque sea un poco, quizás debas hacer lo que yo he estado haciendo últimamente. Enciérrate con Dios, día tras día y pide al Espíritu Santo que encienda la santa linterna de búsqueda de Dios en tu alma. Sé totalmente honesto con Dios. Pronto descubrirás, como lo hice yo, cuánto tiempo has desperdiciado, cuántos deseos y gustos tontos te han paralizado y caerás sobre tu rostro delante de un Dios santo, confesando la frialdad y el vacío en tu corazón.
Si haces esto con un corazón honesto, comenzarás a agradecer a Dios por haber aguijoneado tu conciencia y por haberte movido a correr una carrera diferente.
Santos de Dios, muy pronto nuestro Señor vendrá de las nubes en gloria para llevarse a Su novia, una novia sin mancha ni arruga. Una novia purificada de codicia, orgullo y ambición humana.
¿Deberíamos gastar nuestras horas finales en la Tierra poniendo dinero en sacos rotos? ¡No, gracias! Yo sólo estoy de paso. Ya no quiero que más raíces me retengan. Gracias a Dios por las cosas buenas que me ha dado, mi familia, una linda casa, una movilidad moderna, pero ahora, cada día, preparo mi corazón para apartarse de todo ¡para poder ser abrazado por los brazos de mi Salvador!
DAVID WILKERSON ORACIONES (Spanish)
jueves, 23 de mayo de 2013
miércoles, 22 de mayo de 2013
LA CARRERA FATAL
La palabra carrera indica competencia y en Hebreos 12:1 al pueblo de Dios se le compara con corredores en una carrera de larga distancia. Hoy, la carrera se ha corrompido y el premio se ha vuelto carnal.
Si pudiéramos pasar tan sólo unos minutos en cielo, nunca más volveríamos a competir en una carrera carnal. ¡Si sólo pudiéramos experimentar un breve caminar en las puertas de la ciudad de Dios, bebiendo de su paz, de su belleza, del esplendor celestial; si oyéramos los grandes coros de ángeles cantando las glorias del Señor; si camináramos entre los patriarcas, los mártires, los apóstoles, los que salieron de la gran tribulación; si visitáramos a nuestros seres queridos que ya partieron; si sintiéramos el brillo de la luz santa de Dios; y más que todo, si vislumbráramos el rostro del resucitado Cordero de Dios y sintiéramos la gloria, el calor y el sentido de seguridad brillando desde Su presencia!
¿Volveríamos alguna vez a esta Tierra a retomar esta carrera fatal otra vez? ¡Nunca! Tú y yo viviríamos sólo para el Señor, rechazando al mundo y todos sus placeres y cosas carnales. ¡Correríamos Su carrera!
Si pudiéramos pasar sólo unos minutos en el infierno, nunca seríamos los mismos. ¡Imagina lo que se sentiría ser absorbido por ese negro horno de fuego y tinieblas eternas; para súbitamente ser echados a un mundo demoníaco de impiedad, maldición, odio, lujuria y corrupción; para oír los gemidos de los condenados por la eternidad y fuéramos testigos de su terror, su crujir de dientes, su compañerismo con los hacedores de maldad, los que crucificaron al Señor Jesús; para oír los incesables sonidos de desesperanza, las inútiles oraciones de los condenados, levantando sus puños contra la justicia de Dios, maldiciendo el día en que nacieron; para sentir lo que significa estar perdidos, privados de Dios, de la verdad, del amor, de la paz y de toda comodidad!
¿Cómo podrías regresar a la Tierra después de tu corta visita al infierno y ser otra vez el mismo? ¿Volverías para seguir siendo negligente con la Palabra de Dios, con Su casa, con Su amor? ¿Regresarías a tus búsquedas egoístas de acumular oro y plata y luego orar para obtener aun más? Lo dudo. No, tú y yo viviríamos cada hora como si fuera nuestra última hora.
¿Quieres dejar de correr en vano y de dar golpes al aire? ¡Fija tu rostro y tu corazón para buscar al Señor como nunca antes!
Si pudiéramos pasar tan sólo unos minutos en cielo, nunca más volveríamos a competir en una carrera carnal. ¡Si sólo pudiéramos experimentar un breve caminar en las puertas de la ciudad de Dios, bebiendo de su paz, de su belleza, del esplendor celestial; si oyéramos los grandes coros de ángeles cantando las glorias del Señor; si camináramos entre los patriarcas, los mártires, los apóstoles, los que salieron de la gran tribulación; si visitáramos a nuestros seres queridos que ya partieron; si sintiéramos el brillo de la luz santa de Dios; y más que todo, si vislumbráramos el rostro del resucitado Cordero de Dios y sintiéramos la gloria, el calor y el sentido de seguridad brillando desde Su presencia!
¿Volveríamos alguna vez a esta Tierra a retomar esta carrera fatal otra vez? ¡Nunca! Tú y yo viviríamos sólo para el Señor, rechazando al mundo y todos sus placeres y cosas carnales. ¡Correríamos Su carrera!
Si pudiéramos pasar sólo unos minutos en el infierno, nunca seríamos los mismos. ¡Imagina lo que se sentiría ser absorbido por ese negro horno de fuego y tinieblas eternas; para súbitamente ser echados a un mundo demoníaco de impiedad, maldición, odio, lujuria y corrupción; para oír los gemidos de los condenados por la eternidad y fuéramos testigos de su terror, su crujir de dientes, su compañerismo con los hacedores de maldad, los que crucificaron al Señor Jesús; para oír los incesables sonidos de desesperanza, las inútiles oraciones de los condenados, levantando sus puños contra la justicia de Dios, maldiciendo el día en que nacieron; para sentir lo que significa estar perdidos, privados de Dios, de la verdad, del amor, de la paz y de toda comodidad!
¿Cómo podrías regresar a la Tierra después de tu corta visita al infierno y ser otra vez el mismo? ¿Volverías para seguir siendo negligente con la Palabra de Dios, con Su casa, con Su amor? ¿Regresarías a tus búsquedas egoístas de acumular oro y plata y luego orar para obtener aun más? Lo dudo. No, tú y yo viviríamos cada hora como si fuera nuestra última hora.
¿Quieres dejar de correr en vano y de dar golpes al aire? ¡Fija tu rostro y tu corazón para buscar al Señor como nunca antes!
martes, 21 de mayo de 2013
ESPERANDO EN ÉL
El mandato del profeta Samuel al Rey Saúl fue: “…bajarás delante de mí a Gilgal… hasta que yo venga a ti y te enseñe lo que has de hacer” (ver 1 Samuel 10:8). ¡La única responsabilidad de Saúl era esperar! Dios quería oír a Saúl decir: “Dios guarda Su palabra, nunca ha caído a tierra ni una sola palabra de la boca de Samuel. Dios dijo que debo esperar instrucciones y esperaré”.
Pero el orgullo opina: “No creo que Dios lo haya dicho en serio. Quizás oí mal”. En lugar de afirmarnos en la Palabra de Dios, comenzamos tratando de descifrar las cosas a nuestra manera. Sobre nuestras camas, de madrugada, decimos: “Señor, así es como veo que esto pueda hacerse”. Es pecado hacer algo lógico y razonable cuando esto no es una palabra clara de dirección de Dios. Si quieres demostrarle algo a Dios, demuestra que esperarás pacientemente a que Él actúe.
“Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas, me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto. Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho…ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó” (1 Samuel 13:11-14).
Saúl esperó siete días, pero esa espera era inmunda. Él estaba impaciente, molesto, temeroso y caprichoso. Debemos esperar con fe, creyendo que Dios se ocupa de nosotros y nos ama, que Él estará ahí en Su tiempo. Este tema de esperar es tan importante que debemos ver unas Escrituras para demostrarlo.
“Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación” (Isaías 25:9).
“Ni nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo ha visto a Dios fuera de ti, que hiciese por el que en él espera” (Isaías 64:4).
Pero el orgullo opina: “No creo que Dios lo haya dicho en serio. Quizás oí mal”. En lugar de afirmarnos en la Palabra de Dios, comenzamos tratando de descifrar las cosas a nuestra manera. Sobre nuestras camas, de madrugada, decimos: “Señor, así es como veo que esto pueda hacerse”. Es pecado hacer algo lógico y razonable cuando esto no es una palabra clara de dirección de Dios. Si quieres demostrarle algo a Dios, demuestra que esperarás pacientemente a que Él actúe.
“Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas, me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto. Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho…ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó” (1 Samuel 13:11-14).
Saúl esperó siete días, pero esa espera era inmunda. Él estaba impaciente, molesto, temeroso y caprichoso. Debemos esperar con fe, creyendo que Dios se ocupa de nosotros y nos ama, que Él estará ahí en Su tiempo. Este tema de esperar es tan importante que debemos ver unas Escrituras para demostrarlo.
“Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación” (Isaías 25:9).
“Ni nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo ha visto a Dios fuera de ti, que hiciese por el que en él espera” (Isaías 64:4).
lunes, 20 de mayo de 2013
MUÉSTRANOS TU GLORIA by Gary Wilkerson
Pedro y Juan estaban caminando hacia el templo cuando se encontraron con un mendigo cojo. Al oír sus ruegos pidiendo limosna, Pedro respondió: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.” (Hechos 3:6).
¡El mendigo fue sanado instantáneamente! Fue un milagro que tuvo un efecto impactante: “Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón” (3:11). Acá también vemos otra asombrosa escena de la manifestación de la gloria de Dios.
El cojo que había sido sanado “se asió” de Pedro y de Juan. Ésta es la figura de alguien sujetándose por su propia vida, agarrado sin ninguna vergüenza. Es como si este hombre dijera: “¡La presencia de Dios es real! He estado sentado en este lugar durante años, rogando que me ayuden, pero nunca he experimentado algo como esto. ¡Él ha movido mi alma más que cualquier cosa que haya conocido!
Dios ama un corazón que se prenda de Él, le busque y clame: “Señor, tu gloria es demasiado grande para dejarla pasar. Me agarro de la esperanza que me has dado; una esperanza de sanidad, de transformación, de Tu presencia en mi vida y en mi mundo.”
“Todo el pueblo” vino a ver lo que había sucedido (3:11). Cuando Dios revela Su Gloria en poder, la respuesta no pasará desapercibida. La grandeza de Su poder requiere la atención de todos alrededor.
Supongamos que la sanidad milagrosa de este mendigo haya acontecido en la iglesia donde pastoreo. No podríamos comprar suficientes sillas para recibir a las multitudes que vendrían. No me estoy refiriendo sólo a curiosos que aman el espectáculo. Todos anhelamos que Dios toque nuestras vidas. Tanto los creyentes como los inconversos tienen dolor en este momento, divagan como ovejas sin pastor, con hambre de algo real. Así que, cuando la gloria de Dios se manifiesta, trayendo novedad de vida, ésta atrae la atención de todos, no sólo de unos cuantos.
“Todo el pueblo [estaba] atónito” (3:11). Cuando el pueblo vio que el mendigo fue sanado, se maravilló: “Nada de lo que conocemos se compara a eso. ¡De cierto Dios está en este lugar!”
Déjame preguntar: ¿Quieres que tu vida esté más sumergida en Dios? ¿Quieres que Su gloria venga a tu casa, tu matrimonio, la vida de tus hijos y transforme las cosas de modo que todos queden atónitos? Adivina, ¡esto es lo que Dios quiere! Él quiere que tú quedes atónito por Su gloria y seas transformado por ella. Y Él quiere que el mundo que te rodea se sorprenda mientras Su poder glorioso trae nueva vida a aquellas situaciones en las que siempre hubo derrota.
¡El mendigo fue sanado instantáneamente! Fue un milagro que tuvo un efecto impactante: “Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón” (3:11). Acá también vemos otra asombrosa escena de la manifestación de la gloria de Dios.
El cojo que había sido sanado “se asió” de Pedro y de Juan. Ésta es la figura de alguien sujetándose por su propia vida, agarrado sin ninguna vergüenza. Es como si este hombre dijera: “¡La presencia de Dios es real! He estado sentado en este lugar durante años, rogando que me ayuden, pero nunca he experimentado algo como esto. ¡Él ha movido mi alma más que cualquier cosa que haya conocido!
Dios ama un corazón que se prenda de Él, le busque y clame: “Señor, tu gloria es demasiado grande para dejarla pasar. Me agarro de la esperanza que me has dado; una esperanza de sanidad, de transformación, de Tu presencia en mi vida y en mi mundo.”
“Todo el pueblo” vino a ver lo que había sucedido (3:11). Cuando Dios revela Su Gloria en poder, la respuesta no pasará desapercibida. La grandeza de Su poder requiere la atención de todos alrededor.
Supongamos que la sanidad milagrosa de este mendigo haya acontecido en la iglesia donde pastoreo. No podríamos comprar suficientes sillas para recibir a las multitudes que vendrían. No me estoy refiriendo sólo a curiosos que aman el espectáculo. Todos anhelamos que Dios toque nuestras vidas. Tanto los creyentes como los inconversos tienen dolor en este momento, divagan como ovejas sin pastor, con hambre de algo real. Así que, cuando la gloria de Dios se manifiesta, trayendo novedad de vida, ésta atrae la atención de todos, no sólo de unos cuantos.
“Todo el pueblo [estaba] atónito” (3:11). Cuando el pueblo vio que el mendigo fue sanado, se maravilló: “Nada de lo que conocemos se compara a eso. ¡De cierto Dios está en este lugar!”
Déjame preguntar: ¿Quieres que tu vida esté más sumergida en Dios? ¿Quieres que Su gloria venga a tu casa, tu matrimonio, la vida de tus hijos y transforme las cosas de modo que todos queden atónitos? Adivina, ¡esto es lo que Dios quiere! Él quiere que tú quedes atónito por Su gloria y seas transformado por ella. Y Él quiere que el mundo que te rodea se sorprenda mientras Su poder glorioso trae nueva vida a aquellas situaciones en las que siempre hubo derrota.
viernes, 17 de mayo de 2013
COMPASIÓN INFINITA
Una hermosa enfermera, de 19 años de edad, me detuvo después de un servicio en una cruzada. Entre lágrimas, sollozó una penosa confesión: “Sr. Wilkerson, soy lesbiana. Me siento tan sucia e impura. La iglesia donde solía asistir me pidió que nunca volviera. El ministro dijo que no podía correr el riesgo de que sedujera a otros en su congregación. Siento como si el suicidio fuese mi única salida. Yo vivo con miedo y condenación total. ¿Será que debo matarme para encontrar paz?”
Ella se alejaba de mí, como si se sintiera demasiado impura para estar en mi presencia. Le pregunté si todavía amaba a Jesús. “Oh, sí”, respondió ella. “Cada hora del día, mi corazón clama a Dios. Amo a Cristo con todo en mí, pero estoy atada a este terrible hábito.”
Qué hermoso fue ver su cara iluminarse cuando le dije lo mucho que Dios la amaba, incluso en sus luchas. Le dije: “No vuelvas nunca a entregarte a tu pecado. Dios traza una línea justo donde estás. Cualquier impulso hacia Él es contado como justicia. Cualquier movimiento al otro lado de esa línea, lejos de Él, es pecado. Si nos acercamos a Él, Él se acerca a nosotros. ¡Sigue tu impulso espiritual! Sigue amando a Jesús a pesar de que aún no tienes la victoria total. Acepta diariamente Su perdón. ¡Vive un día a la vez! ¡Convéncete de que Jesús ama a los pecadores así que Él te debe amar a ti también!”
Ella sonrió con una sonrisa de alivio y dijo: “Sr. Wilkerson, usted es el primer ministro que me ofrece un rayo de esperanza. En lo profundo de mi corazón yo sé que Él todavía me ama y yo sé que me va liberar de esta esclavitud. Pero todos me han condenado tanto. Gracias por su mensaje de esperanza y amor”.
Lector de este mensaje, ¿Estás viviendo bajo condenación? ¿Has pecado contra el Señor? ¿Has contristado al Espíritu Santo en tu vida? ¿Estás librando una batalla perdida con una tentación abrumadora?
Todo lo que necesitas hacer es buscar en la Palabra de Dios y descubrirás un Dios de misericordia, amor y compasión infinita. David dijo: “JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado.” (Salmo 130:3-4).
Ella se alejaba de mí, como si se sintiera demasiado impura para estar en mi presencia. Le pregunté si todavía amaba a Jesús. “Oh, sí”, respondió ella. “Cada hora del día, mi corazón clama a Dios. Amo a Cristo con todo en mí, pero estoy atada a este terrible hábito.”
Qué hermoso fue ver su cara iluminarse cuando le dije lo mucho que Dios la amaba, incluso en sus luchas. Le dije: “No vuelvas nunca a entregarte a tu pecado. Dios traza una línea justo donde estás. Cualquier impulso hacia Él es contado como justicia. Cualquier movimiento al otro lado de esa línea, lejos de Él, es pecado. Si nos acercamos a Él, Él se acerca a nosotros. ¡Sigue tu impulso espiritual! Sigue amando a Jesús a pesar de que aún no tienes la victoria total. Acepta diariamente Su perdón. ¡Vive un día a la vez! ¡Convéncete de que Jesús ama a los pecadores así que Él te debe amar a ti también!”
Ella sonrió con una sonrisa de alivio y dijo: “Sr. Wilkerson, usted es el primer ministro que me ofrece un rayo de esperanza. En lo profundo de mi corazón yo sé que Él todavía me ama y yo sé que me va liberar de esta esclavitud. Pero todos me han condenado tanto. Gracias por su mensaje de esperanza y amor”.
Lector de este mensaje, ¿Estás viviendo bajo condenación? ¿Has pecado contra el Señor? ¿Has contristado al Espíritu Santo en tu vida? ¿Estás librando una batalla perdida con una tentación abrumadora?
Todo lo que necesitas hacer es buscar en la Palabra de Dios y descubrirás un Dios de misericordia, amor y compasión infinita. David dijo: “JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado.” (Salmo 130:3-4).
jueves, 16 de mayo de 2013
SU MISERICORDIA
Hemos de predicar sobre la misericordia del Señor a toda la humanidad. David dijo: “He publicado tu fidelidad y tu salvación; no oculté tu misericordia y tu verdad en grande asamblea.” (Salmo 40:10).
David no sólo se apropió de este maravilloso mensaje para sí mismo, él sabía que era sumamente necesario para toda la congregación y para un mundo que sufre. David estaba agradecido de Dios por tan grande amor, porque estaba rodeado de sus propios fracasos: “Me han alcanzado mis maldades” (Salmo 40:12). No importa cuán gravemente la gente haya pecado, Dios aun los ama. Por eso envió a Su Hijo. ¡Y eso es lo que deberíamos estar predicando al mundo!
¿Puedes decir con David: “No oculté tu misericordia en grande asamblea”?
Tal vez uno de los versículos más citados y cantados en toda la Palabra de Dios es éste: “Porque mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán.” (Salmo 63:3). Te puedes preguntar, “¿Qué quiere decir con que Su misericordia es mejor que la vida?” ¡La vida es corta! Se desvanece como la hierba, que está aquí una temporada y luego desaparece. Sin embargo, su misericordia perdurará para siempre. En mil millones de años a partir de ahora, Jesús será tan tierno y cariñoso con nosotros como lo es ahora. Pueden quitarte la vida, pero no pueden quitarte Su misericordia.
La mayor proclamación de Su misericordia es la alabanza gozosa. Detente y piensa por un momento: Dios no está enojado contigo. Si estás listo para renunciar a tus pecados, puedes ser perdonado y restaurado en este mismo momento.
La Palabra dice que nada puede interponerse entre el Señor y nosotros: ni pecado, ni culpa, ni pensamientos condenatorios. Puedes decir: “Mi vida es una bendición para el Señor, y puedo regocijarme y alabar a Dios. ¡Estoy limpio, libre, perdonado, justificado, santificado y redimido!"
Si realmente entendieras lo tierno Él es hacia ti, lo paciente, lo cariñoso, lo dispuesto a perdonar y bendecir, no serías capaz de contenerte. ¡Gritarías y lo alabarías hasta quedar sin voz!
Amado, Jesús viene, y estamos listos para irnos. Tienes un Padre tierno y amoroso que se preocupa por ti. Él ha guardado cada lágrima que has derramado. Él ha visto cada necesidad y sabe cada pensamiento, y ¡Él te ama!
David no sólo se apropió de este maravilloso mensaje para sí mismo, él sabía que era sumamente necesario para toda la congregación y para un mundo que sufre. David estaba agradecido de Dios por tan grande amor, porque estaba rodeado de sus propios fracasos: “Me han alcanzado mis maldades” (Salmo 40:12). No importa cuán gravemente la gente haya pecado, Dios aun los ama. Por eso envió a Su Hijo. ¡Y eso es lo que deberíamos estar predicando al mundo!
¿Puedes decir con David: “No oculté tu misericordia en grande asamblea”?
Tal vez uno de los versículos más citados y cantados en toda la Palabra de Dios es éste: “Porque mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán.” (Salmo 63:3). Te puedes preguntar, “¿Qué quiere decir con que Su misericordia es mejor que la vida?” ¡La vida es corta! Se desvanece como la hierba, que está aquí una temporada y luego desaparece. Sin embargo, su misericordia perdurará para siempre. En mil millones de años a partir de ahora, Jesús será tan tierno y cariñoso con nosotros como lo es ahora. Pueden quitarte la vida, pero no pueden quitarte Su misericordia.
La mayor proclamación de Su misericordia es la alabanza gozosa. Detente y piensa por un momento: Dios no está enojado contigo. Si estás listo para renunciar a tus pecados, puedes ser perdonado y restaurado en este mismo momento.
La Palabra dice que nada puede interponerse entre el Señor y nosotros: ni pecado, ni culpa, ni pensamientos condenatorios. Puedes decir: “Mi vida es una bendición para el Señor, y puedo regocijarme y alabar a Dios. ¡Estoy limpio, libre, perdonado, justificado, santificado y redimido!"
Si realmente entendieras lo tierno Él es hacia ti, lo paciente, lo cariñoso, lo dispuesto a perdonar y bendecir, no serías capaz de contenerte. ¡Gritarías y lo alabarías hasta quedar sin voz!
Amado, Jesús viene, y estamos listos para irnos. Tienes un Padre tierno y amoroso que se preocupa por ti. Él ha guardado cada lágrima que has derramado. Él ha visto cada necesidad y sabe cada pensamiento, y ¡Él te ama!
miércoles, 15 de mayo de 2013
EL HIMNO DE VICTORIA
¡Los hijos de Israel estaban en una situación imposible!
El Mar Rojo estaba delante de ellos, las montañas a su izquierda y su derecha, y Faraón con sus carros de hierro se acercaban por detrás. El pueblo de Dios parecía desamparadamente atrapado, como presa fácil esperando ser cazada. Sin embargo, lo creas o no, Dios deliberadamente los había conducido a este lugar precario.
Había pánico en el campamento de Israel. Los hombres temblaban de miedo, y las mujeres y los niños lloraban mientras se agrupaban alrededor de los abuelos y otros parientes. De repente, Moisés fue rodeado por airados jefes de familia que gritaban: “¡Sin duda este es el fin! ¿No había suficientes sepulcros en Egipto para enterrarnos allí? ¿Tenias que sacarnos hasta aquí para morir? Te dijimos en Egipto que nos dejes tranquilos. ¡Era mejor ser esclavos allí que morir en este miserable desierto! “ (Ver Éxodo 14:10-12)
Me pregunto si incluso Moisés tuvo un momento de turbación acerca de sus circunstancias. Sin embargo, cuando este hombre de Dios clamó, el Señor parece haberle reprendido: “¿Por qué clamas a mí?” (Éxodo 14:15).
¡Nadie en Israel podía imaginarse la gran liberación que Dios iba a traer! De repente los vientos separaron el mar, y las personas caminaron en medio de las olas divididas en tierra seca. Cuando faraón y su poderoso ejército trataron de seguirlos, las aguas comenzaron a embravecer otra vez, rodeándolos y ahogando a todos!
Qué espectáculo debe haber sido cuando el pueblo de Dios se dio vuelta a mirar desde el otro lado y vio a su poderoso enemigo destruido como soldaditos de plomo. Entonces, una canción se elevó en el campamento cuando se dieron cuenta, una vez más, que Dios los había librado de circunstancias imposibles. La Escritura registra su reacción y la canción que cantaron:
"Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová, y dijeron: Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente; Ha echado en el mar al caballo y al jinete. Jehová es mi fortaleza y mi cántico, Y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré." (Éxodo 15:1-2).
El Mar Rojo estaba delante de ellos, las montañas a su izquierda y su derecha, y Faraón con sus carros de hierro se acercaban por detrás. El pueblo de Dios parecía desamparadamente atrapado, como presa fácil esperando ser cazada. Sin embargo, lo creas o no, Dios deliberadamente los había conducido a este lugar precario.
Había pánico en el campamento de Israel. Los hombres temblaban de miedo, y las mujeres y los niños lloraban mientras se agrupaban alrededor de los abuelos y otros parientes. De repente, Moisés fue rodeado por airados jefes de familia que gritaban: “¡Sin duda este es el fin! ¿No había suficientes sepulcros en Egipto para enterrarnos allí? ¿Tenias que sacarnos hasta aquí para morir? Te dijimos en Egipto que nos dejes tranquilos. ¡Era mejor ser esclavos allí que morir en este miserable desierto! “ (Ver Éxodo 14:10-12)
Me pregunto si incluso Moisés tuvo un momento de turbación acerca de sus circunstancias. Sin embargo, cuando este hombre de Dios clamó, el Señor parece haberle reprendido: “¿Por qué clamas a mí?” (Éxodo 14:15).
¡Nadie en Israel podía imaginarse la gran liberación que Dios iba a traer! De repente los vientos separaron el mar, y las personas caminaron en medio de las olas divididas en tierra seca. Cuando faraón y su poderoso ejército trataron de seguirlos, las aguas comenzaron a embravecer otra vez, rodeándolos y ahogando a todos!
Qué espectáculo debe haber sido cuando el pueblo de Dios se dio vuelta a mirar desde el otro lado y vio a su poderoso enemigo destruido como soldaditos de plomo. Entonces, una canción se elevó en el campamento cuando se dieron cuenta, una vez más, que Dios los había librado de circunstancias imposibles. La Escritura registra su reacción y la canción que cantaron:
"Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová, y dijeron: Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente; Ha echado en el mar al caballo y al jinete. Jehová es mi fortaleza y mi cántico, Y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré." (Éxodo 15:1-2).
martes, 14 de mayo de 2013
PRAYING PAYSON
El Dr. Edward Payson, conocido como “Payson, hombre de oración” fue un pastor en Portland, Maine, Estados Unidos, hace casi 200 años. En 1806, pocos años después de la Declaración de Independencia, América fue devastada por una depresión severa. Fue un período oscuro y Dr. Payson, quien registró vívidamente la tragedia en su área, escribió:
“Los negocios se han estancado, muchos están quebrando. Cientos...han sido despedidos de su trabajo y son indigentes. Me estremezco por mi pobre país. Me temo que nuestros pecados han ayudado a hacer descender el juicio sobre nosotros. Algunos de nuestros maravillos jóvenes convertidos lo han perdido todo y les han quitado sus hogares; pero le hace bien a mi corazón verlos alegres y tranquilos pese a todo. Otros, que no tienen a Dios, han perdido la razón, se preocupan incesantemente, y al parecer se están muriendo por la herida de sus corazones”.
El Dr. Payson y su congregación sufrieron el despojo de todos sus bienes. El propio Dr. Payson vivía con sólo centavos en esos momentos difíciles. El 28 de diciembre de 1807, en una carta a su madre, escribió:
“Las condiciones empeoran. Un gran número de comerciantes ricos ahora viven en la pobreza. Las empresas están quebrando a diario. El asilo para pobres ya está lleno, y cientos aún necesitan ser mantenidos. Muchos de los que fueron educados en opulencia ahora dependen de los demás para su comida diaria.
"Quizás, madre, te afligirás por mí y dirás: ‘¡Pobre Edward!’ Pero con mayor razón ahora puedes regocijarte en mi nombre, y decir: ‘¡Rico Edward!’. Bendito sea Dios, mi fe no se basa en esos cimientos tambaleantes como para ser sacudida por estas conmociones. Dios me mantiene tranquilo, resignado, e incluso feliz en medio de todos estos problemas. No quiero decir que no siento dolor, sí lo siento. Todas mis esperanzas en este mundo han sido destruidas. En estas circunstancias, es imposible no sentir dolor. Pensé que sabía de antemano que no hay que confiar en este mundo y que sus goces son pasajeros...pero estos tiempos difíciles me han enseñado a desprenderme de las cosas materiales y buscar las cosas de Dios. Es mi oración, que si Dios tiene alguna bendición de este mundo reservada para mí, Él se complacerá en darme su gracia en lugar de ello”.
Edward Payson había dejado de tratar de correr la carrera de la vida por su cuenta (ver Hebreos 12:1). Podía aceptar con alegría el despojo de todo lo que poseía, porque estaba en este mundo pero no era de él.
“Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.”(2 Corintios 12:9).
“Los negocios se han estancado, muchos están quebrando. Cientos...han sido despedidos de su trabajo y son indigentes. Me estremezco por mi pobre país. Me temo que nuestros pecados han ayudado a hacer descender el juicio sobre nosotros. Algunos de nuestros maravillos jóvenes convertidos lo han perdido todo y les han quitado sus hogares; pero le hace bien a mi corazón verlos alegres y tranquilos pese a todo. Otros, que no tienen a Dios, han perdido la razón, se preocupan incesantemente, y al parecer se están muriendo por la herida de sus corazones”.
El Dr. Payson y su congregación sufrieron el despojo de todos sus bienes. El propio Dr. Payson vivía con sólo centavos en esos momentos difíciles. El 28 de diciembre de 1807, en una carta a su madre, escribió:
“Las condiciones empeoran. Un gran número de comerciantes ricos ahora viven en la pobreza. Las empresas están quebrando a diario. El asilo para pobres ya está lleno, y cientos aún necesitan ser mantenidos. Muchos de los que fueron educados en opulencia ahora dependen de los demás para su comida diaria.
"Quizás, madre, te afligirás por mí y dirás: ‘¡Pobre Edward!’ Pero con mayor razón ahora puedes regocijarte en mi nombre, y decir: ‘¡Rico Edward!’. Bendito sea Dios, mi fe no se basa en esos cimientos tambaleantes como para ser sacudida por estas conmociones. Dios me mantiene tranquilo, resignado, e incluso feliz en medio de todos estos problemas. No quiero decir que no siento dolor, sí lo siento. Todas mis esperanzas en este mundo han sido destruidas. En estas circunstancias, es imposible no sentir dolor. Pensé que sabía de antemano que no hay que confiar en este mundo y que sus goces son pasajeros...pero estos tiempos difíciles me han enseñado a desprenderme de las cosas materiales y buscar las cosas de Dios. Es mi oración, que si Dios tiene alguna bendición de este mundo reservada para mí, Él se complacerá en darme su gracia en lugar de ello”.
Edward Payson había dejado de tratar de correr la carrera de la vida por su cuenta (ver Hebreos 12:1). Podía aceptar con alegría el despojo de todo lo que poseía, porque estaba en este mundo pero no era de él.
“Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.”(2 Corintios 12:9).
lunes, 13 de mayo de 2013
COSAS MAS GRANDES ESTÁN POR VENIR by Gary Wilkerson
Dios quiere hacer grandes cosas a través de nosotros. Quiere expresar Su amor al mundo a través de nosotros. Así que si estamos aferrándonos a una cosa que se interponga en el camino de lo que Él quiere lograr -alguna obstinación, alguna negativa de confiar en Él para todo- Él nos lo señala.
A veces Dios quiere que agreguemos algo a nuestras vidas antes de que Él traiga lo mejor. Esto puede implicar algo que no hemos hecho, por lo que Él quiere que nos preguntemos: “¿He tardado en responder a algo que Dios me ha pedido que haga?”
Encontramos un ejemplo de esto en Hechos, cuando los discípulos agregaron un nuevo miembro para reemplazar a Judas. Mientras estaban en el aposento alto, echaron suertes y escogieron a Matías. Parecía una cosa tan pequeña. Estos mismos hombres habían visto a Jesús obrar milagros, abrir los ojos de los ciegos, echar fuera demonios, incluso levantar a un hombre de entre los muertos. Habían visto el avance del reino de Dios en la tierra como nunca antes en la historia. Y cuando Cristo ascendió al cielo, les dio esta increíble palabra: “Ustedes van a hacer aún mayores obras, una vez que les envíe mi Espíritu. Él les dará el poder. Las cosas más grandes están por venir”(vea Hechos 1:1-8).
De hecho, estos mismos discípulos irían más allá de Israel y el Medio Oriente, Europa, India y África, predicando las buenas nuevas de Cristo a las naciones, todo en su generación. ¿Cuál era la importancia de agregar otro discípulo? Ellos lo hicieron por una simple razón: Pedro sintió que era algo que Dios quería que hicieran.
“En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos…y dijo: ‘Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas. . . y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio’”(Hechos 1:15-17). Pedro se refirió al Salmo 109:8: “Tome otro su oficio”.
Aquí hay una gran lección para la iglesia de Cristo de hoy en día. Esto es, nunca ignores un conflicto inquietante del corazón, no importa cuán pequeño sea. Dios pone su dedo sobre estos asuntos por una razón: para revelar la respuesta de nuestro corazón a Él. ¡Las cosas más grandes están por venir!
A veces Dios quiere que agreguemos algo a nuestras vidas antes de que Él traiga lo mejor. Esto puede implicar algo que no hemos hecho, por lo que Él quiere que nos preguntemos: “¿He tardado en responder a algo que Dios me ha pedido que haga?”
Encontramos un ejemplo de esto en Hechos, cuando los discípulos agregaron un nuevo miembro para reemplazar a Judas. Mientras estaban en el aposento alto, echaron suertes y escogieron a Matías. Parecía una cosa tan pequeña. Estos mismos hombres habían visto a Jesús obrar milagros, abrir los ojos de los ciegos, echar fuera demonios, incluso levantar a un hombre de entre los muertos. Habían visto el avance del reino de Dios en la tierra como nunca antes en la historia. Y cuando Cristo ascendió al cielo, les dio esta increíble palabra: “Ustedes van a hacer aún mayores obras, una vez que les envíe mi Espíritu. Él les dará el poder. Las cosas más grandes están por venir”(vea Hechos 1:1-8).
De hecho, estos mismos discípulos irían más allá de Israel y el Medio Oriente, Europa, India y África, predicando las buenas nuevas de Cristo a las naciones, todo en su generación. ¿Cuál era la importancia de agregar otro discípulo? Ellos lo hicieron por una simple razón: Pedro sintió que era algo que Dios quería que hicieran.
“En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos…y dijo: ‘Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas. . . y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio’”(Hechos 1:15-17). Pedro se refirió al Salmo 109:8: “Tome otro su oficio”.
Aquí hay una gran lección para la iglesia de Cristo de hoy en día. Esto es, nunca ignores un conflicto inquietante del corazón, no importa cuán pequeño sea. Dios pone su dedo sobre estos asuntos por una razón: para revelar la respuesta de nuestro corazón a Él. ¡Las cosas más grandes están por venir!
viernes, 10 de mayo de 2013
TRATANDO CON LA DUDA
Si tú no tratas con tus dudas, serás entregado a un espíritu de murmuración y queja. Vivirás y morirás de esa manera. Tus dudas no pueden simplemente ser suprimidas, deben ser arrancadas de raíz.
Mira a Israel, tan sólo tres días después de su liberación de Egipto. Habían estado cantando, tocando sus panderetas y testificando del poder y la fuerza de un Dios poderoso, gloriándose de que Él los guiaba y protegía. Entonces llegaron a Mara, que significa: “aguas amargas”. Éste habría de ser el lugar de prueba para ellos.
Simplemente, Dios permite crisis sobre crisis, hasta que finalmente aprendamos la lección. Si no resistimos a aprenderla, llega el momento en el que Él nos entrega a nuestra amargura y murmuración. "…y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua...entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber?" (Éxodo 15:22, 24).
El domingo, los israelitas lo estaban pasando muy bien, cantando, danzando y alabando. Luego llegó el miércoles y tuvieron problemas; otra crisis y… ¡se estaban desmoronando!
¿Cómo puede un pueblo perder su confianza tan rápidamente? La respuesta es que nunca la tuvo, es decir, nunca tuvieron ese fundamento puesto debajo de ellos. Así que, otra vez, fallaron la prueba. No aprendieron absolutamente de sus crisis pasadas y otra vez perdieron una oportunidad de resplandecer en la grandeza de Su Dios.
Desde aquel día en adelante, Israel se quedó muy lejos de aprender algo de Dios. Incluso comenzaron a tomar Su bondad por sentada. No tenían comida, así que Él les envió maná del cielo. Envió codornices del cielo, apiladas un metro afuera del campamento. ¡Pero no se oyó ni una sola palabra de agradecimiento! En lugar de ello, el pueblo se tornó a la codicia, acaparando lo que Dios les proveía. ¡Israel se volvió dura de cerviz!
¡Oh, qué vergüenza es pasar crisis tras crisis y no aprender nada en el proceso! Trae consigo la maldición que serás entregado a un espíritu de murmuración.
Mira a Israel, tan sólo tres días después de su liberación de Egipto. Habían estado cantando, tocando sus panderetas y testificando del poder y la fuerza de un Dios poderoso, gloriándose de que Él los guiaba y protegía. Entonces llegaron a Mara, que significa: “aguas amargas”. Éste habría de ser el lugar de prueba para ellos.
Simplemente, Dios permite crisis sobre crisis, hasta que finalmente aprendamos la lección. Si no resistimos a aprenderla, llega el momento en el que Él nos entrega a nuestra amargura y murmuración. "…y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua...entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber?" (Éxodo 15:22, 24).
El domingo, los israelitas lo estaban pasando muy bien, cantando, danzando y alabando. Luego llegó el miércoles y tuvieron problemas; otra crisis y… ¡se estaban desmoronando!
¿Cómo puede un pueblo perder su confianza tan rápidamente? La respuesta es que nunca la tuvo, es decir, nunca tuvieron ese fundamento puesto debajo de ellos. Así que, otra vez, fallaron la prueba. No aprendieron absolutamente de sus crisis pasadas y otra vez perdieron una oportunidad de resplandecer en la grandeza de Su Dios.
Desde aquel día en adelante, Israel se quedó muy lejos de aprender algo de Dios. Incluso comenzaron a tomar Su bondad por sentada. No tenían comida, así que Él les envió maná del cielo. Envió codornices del cielo, apiladas un metro afuera del campamento. ¡Pero no se oyó ni una sola palabra de agradecimiento! En lugar de ello, el pueblo se tornó a la codicia, acaparando lo que Dios les proveía. ¡Israel se volvió dura de cerviz!
¡Oh, qué vergüenza es pasar crisis tras crisis y no aprender nada en el proceso! Trae consigo la maldición que serás entregado a un espíritu de murmuración.
jueves, 9 de mayo de 2013
SANA MI INCREDULIDAD
"Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor." (Santiago 1:6-7).
El mundo está lleno de cristianos que no guardan la Palabra de Dios. Piensan que es algo inocente sentarse a la mesa en la casa de Dios y murmurar y quejarse, como si Dios no oyera. ¡Dios sí oye nuestras murmuraciones! Acusaciones que dicen que Él no se preocupa, insinuaciones que Él te ha abandonado.
Dios me ha advertido de no dar lugar a las dudas y temores persistentes, sea que vengan de mi esposa, de mis amigos, de mis seres queridos o de mis colegas. Dios dice que tome esas dudas a la cruz y diga: “Jesús, sana mi incredulidad, llévatela”.
Israel pasó cuarenta años en el horno, murmurando, quejándose, llenos de amargura y celos. ¡Qué existencia tan miserable llevaban ellos, mientras decían ser hijos de Dios, creyéndose santos!; pero éste era el testimonio de ellos, no de Dios.
Debemos llegar al lugar en el que confiemos en Él. Si lo aprendemos ahora, la siguiente vez que venga una crisis, ¡cantarás y gritarás alabando a tu Libertador! ¡Oh! la victoria estará ahí, pero hay algo más importante: habrás dado un golpe mortal a toda duda, temor e incredulidad.
¿Dónde comienzas? Mirando directamente al espejo de la Palabra de Dios. Considera tus palabras y acciones de los últimos treinta días: ¿Has estado murmurando quejándote?; quizás respondas: “sí, ¡pero no he murmurado contra Dios!”; ¡Oh, sí que lo has hecho!, no importa dónde o de quién te quejas, siempre está dirigido a Dios.
En cada lugar que busco en mi Biblia, veo: “Confía en mí y te ayudaré. Sólo encomienda tus caminos a mí”. ¿Qué se necesita?; simplemente esto: Estar quietos y ver la salvación del Señor. Tu preguntarás: “¿Pero qué si nada sucede?” Esa pregunta refleja duda y temor.
Amado, tórnate a Dios hoy y dile: “Señor, he hecho todo lo que sé hacer en mi situación, de todas formas, sé que no hay nada que pueda hacer para arreglar el problema. Confiaré en Ti y esperaré Tu victoria”.
Que Dios haga de ti, un testimonio para el mundo, un testigo de Su fidelidad. Ámalo con todo tu corazón ahora mismo. ¡Entrégale todo tus problemas, toda tu fe y toda tu confianza!
El mundo está lleno de cristianos que no guardan la Palabra de Dios. Piensan que es algo inocente sentarse a la mesa en la casa de Dios y murmurar y quejarse, como si Dios no oyera. ¡Dios sí oye nuestras murmuraciones! Acusaciones que dicen que Él no se preocupa, insinuaciones que Él te ha abandonado.
Dios me ha advertido de no dar lugar a las dudas y temores persistentes, sea que vengan de mi esposa, de mis amigos, de mis seres queridos o de mis colegas. Dios dice que tome esas dudas a la cruz y diga: “Jesús, sana mi incredulidad, llévatela”.
Israel pasó cuarenta años en el horno, murmurando, quejándose, llenos de amargura y celos. ¡Qué existencia tan miserable llevaban ellos, mientras decían ser hijos de Dios, creyéndose santos!; pero éste era el testimonio de ellos, no de Dios.
Debemos llegar al lugar en el que confiemos en Él. Si lo aprendemos ahora, la siguiente vez que venga una crisis, ¡cantarás y gritarás alabando a tu Libertador! ¡Oh! la victoria estará ahí, pero hay algo más importante: habrás dado un golpe mortal a toda duda, temor e incredulidad.
¿Dónde comienzas? Mirando directamente al espejo de la Palabra de Dios. Considera tus palabras y acciones de los últimos treinta días: ¿Has estado murmurando quejándote?; quizás respondas: “sí, ¡pero no he murmurado contra Dios!”; ¡Oh, sí que lo has hecho!, no importa dónde o de quién te quejas, siempre está dirigido a Dios.
En cada lugar que busco en mi Biblia, veo: “Confía en mí y te ayudaré. Sólo encomienda tus caminos a mí”. ¿Qué se necesita?; simplemente esto: Estar quietos y ver la salvación del Señor. Tu preguntarás: “¿Pero qué si nada sucede?” Esa pregunta refleja duda y temor.
Amado, tórnate a Dios hoy y dile: “Señor, he hecho todo lo que sé hacer en mi situación, de todas formas, sé que no hay nada que pueda hacer para arreglar el problema. Confiaré en Ti y esperaré Tu victoria”.
Que Dios haga de ti, un testimonio para el mundo, un testigo de Su fidelidad. Ámalo con todo tu corazón ahora mismo. ¡Entrégale todo tus problemas, toda tu fe y toda tu confianza!
miércoles, 8 de mayo de 2013
UN CÁNTICO EN MEDIO DE TIEMPOS DIFÍCILES
"Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos algunos de los cánticos de Sion. ¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?" (Salmos 137:3-4).
El pueblo de Dios se encontraba en el lugar más difícil que haya estado jamás. Y mientras eran llevados, sus captores les pidieron un cántico. Sin embargo, ya no quedaba vida en ellos, sólo depresión, desesperación y desesperanza.
Hoy, multitudes de cristianos están en la misma posición. Quizás has sido atrapado por tus circunstancias o el diablo te está atacando con una antigua tentación. Estás a punto de rendirte y piensas: “No lo lograré, a pesar de todo mi clamor y oración, ¡esa vieja atadura me perseguirá para siempre!”.
Cuando Israel cayó en la esclavitud de Babilonia, sus captores les gritaban: “¡Canten para nosotros! ¡Toquen para nosotros!; hemos oído todo acerca de ustedes y de lo que su Dios ha hecho por ustedes. Ahora, ¡tomen sus panderetas y saquen sus arpas. Toquen una canción para nosotros, ¡Muéstrennos el gozo en su Dios! ”
No creo que esta petición haya sido hecha sólo como burla. Creo que también se trataba de una rogativa lastimera. Los dioses de los babilonios los habían dejado vacíos y secos. No tenían esperanza. Pero habían oído a Israel cantando a su Dios, un Dios que los había llevado a través de circunstancias imposibles. Ellos decían: “Este pueblo tiene un Dios que puede abrir un mar para ellos, Su fuego viene desde el cielo y Él se enfrenta a sus enemigos. ¡Tiene que haber algo especial en el Dios de ellos!”
Como todo el mundo, ellos querían ver un pueblo que después de resistir los mismos problemas que ellos habían resistido y después de enfrentar las mismas batallas que ellos habían enfrentado, ¡pueda cantar y gritar y mantener su fe en la hora más oscura! Los babilonios exigían un cántico porque hay algo en el corazón de toda persona que clama: “¿Dónde hay, en la faz de la tierra, algo que pueda hacerte cantar, incluso cuando lo has perdido todo?” ¡Ellos necesitaban un testimonio! Es importante que los hijos de Dios, donde sea que se encuentren, en cualquier momento, cante los cánticos de Sion: “Dios, Yo Te creo, sin importar lo que esté sucediendo!”
El mundo nos está gritando: “¡Ustedes pueden mostrarnos un milagro! Lo que nos impresiona no es que el Mar Rojo se haya abierto; ni que los ciegos vean o los cojos caminen; sino que pueden ver la hora más oscura de su vida, una situación sin esperanza alguna para toda lógica humana, y aun así sonreír con gozo y cantar alabanzas a Dios. Ése es el milagro que queremos ver”.
El pueblo de Dios se encontraba en el lugar más difícil que haya estado jamás. Y mientras eran llevados, sus captores les pidieron un cántico. Sin embargo, ya no quedaba vida en ellos, sólo depresión, desesperación y desesperanza.
Hoy, multitudes de cristianos están en la misma posición. Quizás has sido atrapado por tus circunstancias o el diablo te está atacando con una antigua tentación. Estás a punto de rendirte y piensas: “No lo lograré, a pesar de todo mi clamor y oración, ¡esa vieja atadura me perseguirá para siempre!”.
Cuando Israel cayó en la esclavitud de Babilonia, sus captores les gritaban: “¡Canten para nosotros! ¡Toquen para nosotros!; hemos oído todo acerca de ustedes y de lo que su Dios ha hecho por ustedes. Ahora, ¡tomen sus panderetas y saquen sus arpas. Toquen una canción para nosotros, ¡Muéstrennos el gozo en su Dios! ”
No creo que esta petición haya sido hecha sólo como burla. Creo que también se trataba de una rogativa lastimera. Los dioses de los babilonios los habían dejado vacíos y secos. No tenían esperanza. Pero habían oído a Israel cantando a su Dios, un Dios que los había llevado a través de circunstancias imposibles. Ellos decían: “Este pueblo tiene un Dios que puede abrir un mar para ellos, Su fuego viene desde el cielo y Él se enfrenta a sus enemigos. ¡Tiene que haber algo especial en el Dios de ellos!”
Como todo el mundo, ellos querían ver un pueblo que después de resistir los mismos problemas que ellos habían resistido y después de enfrentar las mismas batallas que ellos habían enfrentado, ¡pueda cantar y gritar y mantener su fe en la hora más oscura! Los babilonios exigían un cántico porque hay algo en el corazón de toda persona que clama: “¿Dónde hay, en la faz de la tierra, algo que pueda hacerte cantar, incluso cuando lo has perdido todo?” ¡Ellos necesitaban un testimonio! Es importante que los hijos de Dios, donde sea que se encuentren, en cualquier momento, cante los cánticos de Sion: “Dios, Yo Te creo, sin importar lo que esté sucediendo!”
El mundo nos está gritando: “¡Ustedes pueden mostrarnos un milagro! Lo que nos impresiona no es que el Mar Rojo se haya abierto; ni que los ciegos vean o los cojos caminen; sino que pueden ver la hora más oscura de su vida, una situación sin esperanza alguna para toda lógica humana, y aun así sonreír con gozo y cantar alabanzas a Dios. Ése es el milagro que queremos ver”.
martes, 7 de mayo de 2013
SERVICIO
El orgullo es repelido ante la idea del servicio. Hoy, todos quieren ser cualquier cosa menos siervos. Un popular juego de niños en Estados Unidos se llama “Los Amos del Universo”. Pero esto también se está volviendo la teología de muchos cristianos. Mencionamos esta escritura: “Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gálatas 4:7). Lo que realmente Pablo está diciendo es que un hijo al que se le ha enseñado correctamente, sabe que legalmente es el hijo del rey con todos los derechos, pero ama tanto a su padre que elige el rol del siervo. Pablo dijo también que él era “siervo de Jesucristo” (Romanos 1:1) y Santiago se llamó a sí mismo “siervo de Dios y del Señor Jesucristo” (Santiago 1:1).
Un siervo no tiene voluntad propia; la palabra de su señor es su voluntad. La cruz representa la muerte de todos mis planes, ideas, deseos, esperanzas y sueños. Y principalmente, significa la muerte absoluta de mi propia voluntad. Ésta es la verdadera humildad. “…se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8). Él le había dicho a Sus discípulos: “Mi comida (el cumplimiento de mi vida) es que haga la voluntad del que me envió” (Juan 4:34). En otras palabras, “Renuncio a tomar acción con mis propias manos. ¡Esperaré hasta oír cada instrucción de Mi Padre!”.
Juan escribió: “…como él es, así somos nosotros en este” (1 Juan 4:17). Todo verdadero Cristiano debe estar dispuesto a decir: “Yo quiero verdaderamente hacer Su voluntad”. Pero aquí es precisamente donde erramos. Fijamos nuestros corazones en algo que queremos, algo que se ve bien, que suena lógico, pero no es la voluntad de Dios. Ayunamos, oramos e intercedemos, derramamos un mar de lágrimas, lo reclamamos, citamos la Biblia y hacemos que otros estén de acuerdo con nosotros.
Una de las mayores trampas para los cristianos es una “buena idea” que no está en la mente de Dios, una “buena estrategia” que no es de Dios, un “plan bien elaborado” que no es Suyo. ¿Puede tu deseo sobrevivir a la cruz? ¿Puedes alejarte de ello y morir a ello? Debes ser capaz de decir con honestidad: “Señor, quizás no es el diablo el que me está deteniendo, sino Tú. Si esto no es Tu voluntad, me podría destruir. Me rindo ante la cruz. ¡Hazlo a tu manera, Señor!
Un siervo no tiene voluntad propia; la palabra de su señor es su voluntad. La cruz representa la muerte de todos mis planes, ideas, deseos, esperanzas y sueños. Y principalmente, significa la muerte absoluta de mi propia voluntad. Ésta es la verdadera humildad. “…se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8). Él le había dicho a Sus discípulos: “Mi comida (el cumplimiento de mi vida) es que haga la voluntad del que me envió” (Juan 4:34). En otras palabras, “Renuncio a tomar acción con mis propias manos. ¡Esperaré hasta oír cada instrucción de Mi Padre!”.
Juan escribió: “…como él es, así somos nosotros en este” (1 Juan 4:17). Todo verdadero Cristiano debe estar dispuesto a decir: “Yo quiero verdaderamente hacer Su voluntad”. Pero aquí es precisamente donde erramos. Fijamos nuestros corazones en algo que queremos, algo que se ve bien, que suena lógico, pero no es la voluntad de Dios. Ayunamos, oramos e intercedemos, derramamos un mar de lágrimas, lo reclamamos, citamos la Biblia y hacemos que otros estén de acuerdo con nosotros.
Una de las mayores trampas para los cristianos es una “buena idea” que no está en la mente de Dios, una “buena estrategia” que no es de Dios, un “plan bien elaborado” que no es Suyo. ¿Puede tu deseo sobrevivir a la cruz? ¿Puedes alejarte de ello y morir a ello? Debes ser capaz de decir con honestidad: “Señor, quizás no es el diablo el que me está deteniendo, sino Tú. Si esto no es Tu voluntad, me podría destruir. Me rindo ante la cruz. ¡Hazlo a tu manera, Señor!
lunes, 6 de mayo de 2013
UNA FE TENAZ by Gary Wilkerson
“¿He dejado de hacer algo que Él me pidió que hiciera? No quiero que nada en mi vida impida lo que Dios quiera hacer.”
Dios siempre está trayendo a Su pueblo a este punto. ¿Por qué? Porque antes de llevarnos al mejor lugar, Él debe hacer algo en lo profundo de nosotros. Él quiere darnos Su victoria, pero Él también desea nuestra completa devoción.
Los primeros capítulos de Josué describen la obra gloriosa que Dios hizo entre Su pueblo durante algunos años: Israel había sido liberada después de 400 años de esclavitud; posteriormente, tuvieron que pasar 40 años de divagar en el desierto; y, después de todo esto, Dios los bendijo.
Ahora Israel se encontraba en la frontera de Canaán, la tierra que fluye leche y miel, que Él había prometido años atrás. Al cruzar la frontera sucedió algo: Josué se dirigió inmediatamente a la generación más joven de hombres y los apartó para Jehová. La Escritura usa el término “circuncidó” para referirse a su preparación, pero el significado más profundo es: “Ellos fueron preparados”.
¿Por qué hizo esto Josué? Ahora que habían cruzado, enfrentaban los gruesos e impenetrables muros de Jericó. Vencer a este enemigo habría sido imposible para los sencillos israelitas. Sin embargo, Dios les estaba diciendo: “Yo los he bendecido todos estos años recientes. Ustedes han experimentado Mis increíbles riquezas. Pero su labor aún no acaba”.
¿Cómo se prepararon los israelitas para esta batalla? No afilaron sus espadas ni lustraron su armadura. En lugar de ello, la preparación se llevó a cabo dentro de sus corazones. Dios les ordenó que rodeen la ciudad cantando cánticos, orando y esperando en Él. Finalmente, los hizo tocar sus trompetas y gritar con gran vocerío. ¡En un instante, aquellos muros poderosos se desmoronaron!
Después de eso, Josué y sus hombres hicieron grandes proezas, derrotando a sus enemigos, heredando tierras más grandes y viendo victorias como nunca antes. Josué hizo algo que ni siquiera Moisés había hecho; derrotó a treinta y un reyes. Es decir, diez más de los que Moisés había derrotado. Yo creo que ésta es una figura de lo que el Señor quiere hacer en nuestras vidas. Él quiere traer un aumento décuplo (diez veces mayor), derramar Su Espíritu de manera asombrosa y que nosotros creamos que Él quiere hacerlo todo. En pocas palabras Él quiere que poseamos una fe tenaz e inconmovible.
Dios siempre está trayendo a Su pueblo a este punto. ¿Por qué? Porque antes de llevarnos al mejor lugar, Él debe hacer algo en lo profundo de nosotros. Él quiere darnos Su victoria, pero Él también desea nuestra completa devoción.
Los primeros capítulos de Josué describen la obra gloriosa que Dios hizo entre Su pueblo durante algunos años: Israel había sido liberada después de 400 años de esclavitud; posteriormente, tuvieron que pasar 40 años de divagar en el desierto; y, después de todo esto, Dios los bendijo.
Ahora Israel se encontraba en la frontera de Canaán, la tierra que fluye leche y miel, que Él había prometido años atrás. Al cruzar la frontera sucedió algo: Josué se dirigió inmediatamente a la generación más joven de hombres y los apartó para Jehová. La Escritura usa el término “circuncidó” para referirse a su preparación, pero el significado más profundo es: “Ellos fueron preparados”.
¿Por qué hizo esto Josué? Ahora que habían cruzado, enfrentaban los gruesos e impenetrables muros de Jericó. Vencer a este enemigo habría sido imposible para los sencillos israelitas. Sin embargo, Dios les estaba diciendo: “Yo los he bendecido todos estos años recientes. Ustedes han experimentado Mis increíbles riquezas. Pero su labor aún no acaba”.
¿Cómo se prepararon los israelitas para esta batalla? No afilaron sus espadas ni lustraron su armadura. En lugar de ello, la preparación se llevó a cabo dentro de sus corazones. Dios les ordenó que rodeen la ciudad cantando cánticos, orando y esperando en Él. Finalmente, los hizo tocar sus trompetas y gritar con gran vocerío. ¡En un instante, aquellos muros poderosos se desmoronaron!
Después de eso, Josué y sus hombres hicieron grandes proezas, derrotando a sus enemigos, heredando tierras más grandes y viendo victorias como nunca antes. Josué hizo algo que ni siquiera Moisés había hecho; derrotó a treinta y un reyes. Es decir, diez más de los que Moisés había derrotado. Yo creo que ésta es una figura de lo que el Señor quiere hacer en nuestras vidas. Él quiere traer un aumento décuplo (diez veces mayor), derramar Su Espíritu de manera asombrosa y que nosotros creamos que Él quiere hacerlo todo. En pocas palabras Él quiere que poseamos una fe tenaz e inconmovible.
viernes, 3 de mayo de 2013
ÉL NO AMENAZABA
Aquí hay una verdad asombrosa relacionada con el sufrimiento de Cristo: “Cuando era maldecido, no replicaba con una maldición; padeciendo, no amenazaba” (1 Pedro 2:23).
¡Qué tremenda declaración!: “padeciendo, no amenazaba”. Ni una sola vez se defendió de los que le maltrataban. Él no castigó ni se vengó de nadie.
¡Qué distinto a nosotros! Nosotros amenazamos cuando el sufrimiento se vuelve insoportable, nos defendemos, constantemente protegemos nuestros derechos y reputación, y lo peor de todo, amenazamos a Dios. Es una cosa muy sutil, y la mayoría de nosotros no somos conscientes de lo que estamos haciendo. Cuando nuestras oraciones no son respondidas, cuando los problemas y desastres golpean de nuestras vidas, cuando parece que el Señor nos ha decepcionado y terminamos solos y heridos, nos alejamos de Dios. Descuidamos la oración y la lectura de la Biblia. Todavía le amamos, pero dejamos nuestro celo. Empezamos a distanciarnos y nuestra fe se apaga, se vuelve inactiva. Todas esas respuestas son amenazas contra el Señor.
Cada vez que retrocedemos en la búsqueda del Señor con todo nuestro corazón, lo estamos amenazando. Es una manera sutil de decir: “Señor, hice lo mejor que pude y Tú me decepcionaste.”
El Señor tiene infinita paciencia con aquellos de nosotros que sufren. Espera con amor hasta que regresemos a Su tierno cuidado. Pero esto puede convertirse en una forma de vida, una amenaza a la fidelidad de Dios, si nos negamos a despertar y renovar nuestra fe y esperanza en Él. Algunos se desilusionan tanto, que ceden a sus deseos y pasiones. Se entregan a sus deseos porque la batalla parece tan imposible, que es su manera de decir: “¿De qué sirve? Le pido a Dios que me ayude, que me libre, pero la ayuda nunca llega. Todavía tengo esta cosa en mí, después de todas mis lágrimas y oraciones.”
Finalmente todo se reduce a esto: “Tengo el derecho de hacerlo, porque he sido herido profundamente.” Es una amenaza a Dios, una manera de vengarse de Él por no responder la oración a tiempo.
¡Amados, hay esperanza! ¡El Señor de los Ejércitos está con nosotros! Sólo Él es nuestro guardador, no dejará que sus hijos resbalen o caigan. Él nos sostiene en la palma de su mano.
Hagamos lo que Cristo hizo. Él “se encomendaba al que juzga justamente” (1 Pedro 2:23). "Encomendarse" es poner tu vida completamente en sus manos. Renunciar a tu lucha, dejar de tratar de lograr algo en tu propia fuerza, y encomendar el cuidado de tu cuerpo y alma al Señor de los Ejércitos!
¡Qué tremenda declaración!: “padeciendo, no amenazaba”. Ni una sola vez se defendió de los que le maltrataban. Él no castigó ni se vengó de nadie.
¡Qué distinto a nosotros! Nosotros amenazamos cuando el sufrimiento se vuelve insoportable, nos defendemos, constantemente protegemos nuestros derechos y reputación, y lo peor de todo, amenazamos a Dios. Es una cosa muy sutil, y la mayoría de nosotros no somos conscientes de lo que estamos haciendo. Cuando nuestras oraciones no son respondidas, cuando los problemas y desastres golpean de nuestras vidas, cuando parece que el Señor nos ha decepcionado y terminamos solos y heridos, nos alejamos de Dios. Descuidamos la oración y la lectura de la Biblia. Todavía le amamos, pero dejamos nuestro celo. Empezamos a distanciarnos y nuestra fe se apaga, se vuelve inactiva. Todas esas respuestas son amenazas contra el Señor.
Cada vez que retrocedemos en la búsqueda del Señor con todo nuestro corazón, lo estamos amenazando. Es una manera sutil de decir: “Señor, hice lo mejor que pude y Tú me decepcionaste.”
El Señor tiene infinita paciencia con aquellos de nosotros que sufren. Espera con amor hasta que regresemos a Su tierno cuidado. Pero esto puede convertirse en una forma de vida, una amenaza a la fidelidad de Dios, si nos negamos a despertar y renovar nuestra fe y esperanza en Él. Algunos se desilusionan tanto, que ceden a sus deseos y pasiones. Se entregan a sus deseos porque la batalla parece tan imposible, que es su manera de decir: “¿De qué sirve? Le pido a Dios que me ayude, que me libre, pero la ayuda nunca llega. Todavía tengo esta cosa en mí, después de todas mis lágrimas y oraciones.”
Finalmente todo se reduce a esto: “Tengo el derecho de hacerlo, porque he sido herido profundamente.” Es una amenaza a Dios, una manera de vengarse de Él por no responder la oración a tiempo.
¡Amados, hay esperanza! ¡El Señor de los Ejércitos está con nosotros! Sólo Él es nuestro guardador, no dejará que sus hijos resbalen o caigan. Él nos sostiene en la palma de su mano.
Hagamos lo que Cristo hizo. Él “se encomendaba al que juzga justamente” (1 Pedro 2:23). "Encomendarse" es poner tu vida completamente en sus manos. Renunciar a tu lucha, dejar de tratar de lograr algo en tu propia fuerza, y encomendar el cuidado de tu cuerpo y alma al Señor de los Ejércitos!
jueves, 2 de mayo de 2013
DIOS TODAVÍA ESCOGE AL DÉBIL
“Sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios, y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a los fuertes;” (1 Corintios 1:27).
Dios todavía elige al débil para revelar Su fuerza. ¿Alguna vez te has afligido por tu debilidad? ¿Te has sentido insignificante, frágil e inútil para Dios? ¿Has mirado a otros que parecen ser tan fuertes y perfectos, y en comparación a ellos has pensado de ti mismo que eres demasiado pecador y lerdo para ser usado por Dios? Dios no está buscando gigantes espirituales, sino más bien está buscando santos comunes y corrientes, con la fe de un niño y que hayan perdido toda la confianza en la carne.
Dios va a confundir a los fuertes y sabios ungiendo como Sus instrumentos a los que se consideran débiles y tontos. El Señor pasará por alto a aquellos que confían en el brazo de la carne, quienes confían en su talento, sus conocimientos, su experiencia o su reputación familiar. En lugar de eso, levantará a los abatidos, a los débiles y cansados. El derramará sobre ellos un espíritu de alabanza y un bautismo de amor. Les mostrara Su grandeza, Su fidelidad, Sus pactos, y ellos llegarán a ser fuertes en el Señor y en el poder de Su fuerza.
¿Hay un espíritu en ti que te impulsa a lugares nuevos y más altos en el Señor? ¿Hay un fuego por Dios encendido en tu interior? ¿Sientes un acercamiento a una fe y confianza renovada en Dios? ¡Se agradecido! ¡Esa es la llamada de Jesucristo el Señor!
Sus promesas para nosotros son grandes y preciosas: “¡Cuán grande es tu bondad que has guardado para los que te temen, Que has preparado para los que en ti confían, Delante de los hijos del hombre! En lo secreto de tu presencia los esconderás de intrigas humanas. En un refugio los guardarás de las contiendas de la lengua.” (Salmos 31:19-20).
“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios preparó para los que lo aman, pero Dios nos las reveló por medio del Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios.” (1 Corintios 2:9-10).
Dios todavía elige al débil para revelar Su fuerza. ¿Alguna vez te has afligido por tu debilidad? ¿Te has sentido insignificante, frágil e inútil para Dios? ¿Has mirado a otros que parecen ser tan fuertes y perfectos, y en comparación a ellos has pensado de ti mismo que eres demasiado pecador y lerdo para ser usado por Dios? Dios no está buscando gigantes espirituales, sino más bien está buscando santos comunes y corrientes, con la fe de un niño y que hayan perdido toda la confianza en la carne.
Dios va a confundir a los fuertes y sabios ungiendo como Sus instrumentos a los que se consideran débiles y tontos. El Señor pasará por alto a aquellos que confían en el brazo de la carne, quienes confían en su talento, sus conocimientos, su experiencia o su reputación familiar. En lugar de eso, levantará a los abatidos, a los débiles y cansados. El derramará sobre ellos un espíritu de alabanza y un bautismo de amor. Les mostrara Su grandeza, Su fidelidad, Sus pactos, y ellos llegarán a ser fuertes en el Señor y en el poder de Su fuerza.
¿Hay un espíritu en ti que te impulsa a lugares nuevos y más altos en el Señor? ¿Hay un fuego por Dios encendido en tu interior? ¿Sientes un acercamiento a una fe y confianza renovada en Dios? ¡Se agradecido! ¡Esa es la llamada de Jesucristo el Señor!
Sus promesas para nosotros son grandes y preciosas: “¡Cuán grande es tu bondad que has guardado para los que te temen, Que has preparado para los que en ti confían, Delante de los hijos del hombre! En lo secreto de tu presencia los esconderás de intrigas humanas. En un refugio los guardarás de las contiendas de la lengua.” (Salmos 31:19-20).
“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios preparó para los que lo aman, pero Dios nos las reveló por medio del Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios.” (1 Corintios 2:9-10).
miércoles, 1 de mayo de 2013
¿QUIÉN ESTÁ POR JEHOVÁ?
“Se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví.”(Éxodo 32:26).
¿Cómo iba Dios a reprimir la corrupción en Israel? ¿A quién escogería para ser Sus instrumentos en una época de maldad? ¿Haría bajar ángeles para ejecutar justo juicio? Aarón y sus hijos ya se habían corrompido, entonces, ¿A quién levantaría Dios para brillar como Sus soldados de santidad?
De todas las personas, Él escogió a los hijos de Levi: los hijos de un asesino que, junto con su hermano Simeón, habían causado que la familia de Jacob fuese avergonzada delante de los paganos. Simeón y Leví tomaron sus espadas y asesinaron a los de Siquem por violar a su hermana Dina. También mataron a Hamor su padre y luego tomaron sus ovejas, vacas y asnos, sus riquezas, sus mujeres y niños.
Oh, la gracia incomparable de Dios, para elegir el más indigno, el más débil de todos ellos para ser sus instrumentos. “Y se juntaron con él todos los hijos de Leví…y los hijos de Leví…hicieron conforme al dicho de Moisés” (Éxodo 32: 26, 28).
Tal vez había algo profundo dentro de ellos que decía: “¡No vamos a fallarle a Dios como nuestro padre lo hizo! ¡No vamos a traer reproche al nombre de nuestro Dios, vamos dar el paso y a tomar nuestra posición con el Señor!”
Moisés les había prometido: “Dios te recompensará si te consagras y tomas una posición entre tu familia, amigos y hermanos” (véase Éxodo 32:29). Y Dios los premió con una orden sacerdotal llamada Los Levitas, a quienes se les dio el servicio de la casa de Dios.
Estar del lado del Señor es tomar Su espada y usarla para combatir las fuerzas de la incredulidad, dejando de lado todas las dudas y temores. Significa ser fiel a Dios y Su Palabra, no importa lo que haga la gente, no importa cuán incrédulos lleguen a ser nuestros amigos, no importa cuán mundanos nuestros seres queridos sean. Tenemos que dar un paso y declarar: “¡Yo estoy del lado del Señor! Me declaro en contra de todos los ataques a la majestad y la fidelidad de nuestro Dios!”
¿Cómo iba Dios a reprimir la corrupción en Israel? ¿A quién escogería para ser Sus instrumentos en una época de maldad? ¿Haría bajar ángeles para ejecutar justo juicio? Aarón y sus hijos ya se habían corrompido, entonces, ¿A quién levantaría Dios para brillar como Sus soldados de santidad?
De todas las personas, Él escogió a los hijos de Levi: los hijos de un asesino que, junto con su hermano Simeón, habían causado que la familia de Jacob fuese avergonzada delante de los paganos. Simeón y Leví tomaron sus espadas y asesinaron a los de Siquem por violar a su hermana Dina. También mataron a Hamor su padre y luego tomaron sus ovejas, vacas y asnos, sus riquezas, sus mujeres y niños.
Oh, la gracia incomparable de Dios, para elegir el más indigno, el más débil de todos ellos para ser sus instrumentos. “Y se juntaron con él todos los hijos de Leví…y los hijos de Leví…hicieron conforme al dicho de Moisés” (Éxodo 32: 26, 28).
Tal vez había algo profundo dentro de ellos que decía: “¡No vamos a fallarle a Dios como nuestro padre lo hizo! ¡No vamos a traer reproche al nombre de nuestro Dios, vamos dar el paso y a tomar nuestra posición con el Señor!”
Moisés les había prometido: “Dios te recompensará si te consagras y tomas una posición entre tu familia, amigos y hermanos” (véase Éxodo 32:29). Y Dios los premió con una orden sacerdotal llamada Los Levitas, a quienes se les dio el servicio de la casa de Dios.
Estar del lado del Señor es tomar Su espada y usarla para combatir las fuerzas de la incredulidad, dejando de lado todas las dudas y temores. Significa ser fiel a Dios y Su Palabra, no importa lo que haga la gente, no importa cuán incrédulos lleguen a ser nuestros amigos, no importa cuán mundanos nuestros seres queridos sean. Tenemos que dar un paso y declarar: “¡Yo estoy del lado del Señor! Me declaro en contra de todos los ataques a la majestad y la fidelidad de nuestro Dios!”
martes, 30 de abril de 2013
CRISTIANOS DESNUDOS
“Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, porque Aarón lo había permitido, para vergüenza entre sus enemigos” (Éxodo 32:25) La palabra hebrea usada aquí para desenfrenado es “para”, que significa “desnudarse, relajarse, exponerse, echar fuera toda restricción.” También significa “un nuevo comienzo.” Los israelitas estaban diciendo: “Las cosas no están sucediendo como deberían. Estamos cansados de esta batalla, cansados de esperar en Dios, y ahora vamos a disfrutar. ¡Fuera con lo viejo! ¡Queremos una nueva libertad, un nuevo comienzo y lo queremos ahora!”
Desnudez en la Biblia también tiene que ver con no tener escudo para la batalla. Todo hombre que no tenía su escudo se consideraba desnudo. Estos israelitas estaban literalmente desnudos: desvestidos y bailando ante el becerro de oro, incluso habían depuesto también su armadura.
¿Puedes imaginar a sus enemigos, los amalecitas, mirando esta escena salvaje desde las montañas aledañas? Los amalecitas una vez temblaron apenas divisaron a Israel. Dios había puesto un terror en los corazones de ellos hacia Su pueblo, pero ahora veían a Israel quitarse su armadura y despojarse de sus prendas. Los amalecitas estaban burlándose y riéndose de ellos: “¡Mira, ellos son como nosotros! Su Dios no tiene poder, ellos no confían en Él. ¿Ves? Están desechando todas sus costumbres estrictas. Quieren lujuria, fiesta y juego al igual que el resto de nosotros. ¡Vaya santidad! ¡Qué hipocresía!”
En ese solo acto de desenfreno, Israel menospreció a su Dios ante los ojos de los impíos. Hicieron que el Señor pareciera como despiadado, cruel, insensible, impotente. Ellos mancharon Su honor, Su majestad, Su omnipotencia. Dejaron de ser un ejemplo para el mundo.
Y eso es exactamente lo que hacemos cuando nos despojamos de nuestras vestimentas de fe y dejamos de lado nuestra confianza en Dios. ¡Sin confiar en Dios como un niño, el cristiano queda desnudo ante el mundo, expuesto a todas las dudas, temores e incredulidad!
Desnudez en la Biblia también tiene que ver con no tener escudo para la batalla. Todo hombre que no tenía su escudo se consideraba desnudo. Estos israelitas estaban literalmente desnudos: desvestidos y bailando ante el becerro de oro, incluso habían depuesto también su armadura.
¿Puedes imaginar a sus enemigos, los amalecitas, mirando esta escena salvaje desde las montañas aledañas? Los amalecitas una vez temblaron apenas divisaron a Israel. Dios había puesto un terror en los corazones de ellos hacia Su pueblo, pero ahora veían a Israel quitarse su armadura y despojarse de sus prendas. Los amalecitas estaban burlándose y riéndose de ellos: “¡Mira, ellos son como nosotros! Su Dios no tiene poder, ellos no confían en Él. ¿Ves? Están desechando todas sus costumbres estrictas. Quieren lujuria, fiesta y juego al igual que el resto de nosotros. ¡Vaya santidad! ¡Qué hipocresía!”
En ese solo acto de desenfreno, Israel menospreció a su Dios ante los ojos de los impíos. Hicieron que el Señor pareciera como despiadado, cruel, insensible, impotente. Ellos mancharon Su honor, Su majestad, Su omnipotencia. Dejaron de ser un ejemplo para el mundo.
Y eso es exactamente lo que hacemos cuando nos despojamos de nuestras vestimentas de fe y dejamos de lado nuestra confianza en Dios. ¡Sin confiar en Dios como un niño, el cristiano queda desnudo ante el mundo, expuesto a todas las dudas, temores e incredulidad!
lunes, 29 de abril de 2013
LOCA FE by Gary Wilkerson
¿Sientes que Dios está a punto de desatar algo tremendo en tu vida? Tal vez Él ha hablado a tu corazón: “He preparado algo especial para ti. Pronto entrarás en un caminar conmigo que nunca has conocido antes.” Tal vez tu vida ya ha sido grandemente bendecida por Dios. Ahora el Espíritu Santo está diciendo que Su promesa de tiempos antiguos está a punto de llegar a su pleno cumplimiento, y te dejará pasmado. Si esto describe tu vida en este momento, puedo decirte con la autoridad de la Escritura: Prepárate para examinar tu corazón.
La siguiente parte es lo que yo llamo experimentar "una loca fe." Loca fe es creer que no importa cuán buenas las cosas sean, lo mejor está por venir. Es una fe que dice: “Por mucho que soñamos y hacemos grandes cosas para el reino de Dios, Su visión es siempre mayor.” Lo que el Señor ha hecho en la breve existencia de la iglesia que pastoreo ha superado mis expectativas. No pasa una semana sin que alguien entregue su vida a Jesús. Siempre que distribuimos alimentos a los pobres, muchos de los receptores preguntan, “¿Por qué están haciendo esto?" Respondemos: “Es Jesús”, y ellos entregan su vida a Él.
Todo está sucediendo milagrosamente. En tres años, nuestra iglesia ha crecido de tres parejas, a cerca de 1.500 personas los domingos. Los nuevos creyentes están madurando rápidamente y convirtiéndose en discípulos fieles, creciendo en el conocimiento de Dios.
Dios no sólo supera nuestras expectativas, nos está mostrando cuáles son sus expectativas, y nos deja pasmados. Todavía hay un cuarto de millón de personas en nuestra área solamente que no conocen a Cristo, y el año pasado el Señor nos movió a plantar dos nuevas iglesias.
Aquí está la parte más loca de todas: Creo que las cosas más grandes están aún por venir. Estoy convencido de que Dios se revelará aún con más fuerza, no sólo en salvaciones sino también en alcance, en ayudar a los pobres, en impactar a la ciudad.
Suena increíble, ¿verdad? Por supuesto que sí. Pero ahora viene la parte difícil. Es precisamente en este punto que Dios pide a su pueblo a que examinen sus corazones.
Somos conscientes de que nuestra justicia es como trapos de inmundicia, de que necesitamos de Su gracia. Pero el hecho es que, justo cuando estamos listos y al borde de la mas grande obra de Dios en nuestras vidas, Él nos invita a reflexionar sobre las siguientes preguntas: “¿Hay algo en mi corazón que no le agrada al Señor? ¿He dejado de hacer algo que él me ha pedido?” ¡No quiero tener nada en mi vida que impida lo que Dios quiere hacer!
La siguiente parte es lo que yo llamo experimentar "una loca fe." Loca fe es creer que no importa cuán buenas las cosas sean, lo mejor está por venir. Es una fe que dice: “Por mucho que soñamos y hacemos grandes cosas para el reino de Dios, Su visión es siempre mayor.” Lo que el Señor ha hecho en la breve existencia de la iglesia que pastoreo ha superado mis expectativas. No pasa una semana sin que alguien entregue su vida a Jesús. Siempre que distribuimos alimentos a los pobres, muchos de los receptores preguntan, “¿Por qué están haciendo esto?" Respondemos: “Es Jesús”, y ellos entregan su vida a Él.
Todo está sucediendo milagrosamente. En tres años, nuestra iglesia ha crecido de tres parejas, a cerca de 1.500 personas los domingos. Los nuevos creyentes están madurando rápidamente y convirtiéndose en discípulos fieles, creciendo en el conocimiento de Dios.
Dios no sólo supera nuestras expectativas, nos está mostrando cuáles son sus expectativas, y nos deja pasmados. Todavía hay un cuarto de millón de personas en nuestra área solamente que no conocen a Cristo, y el año pasado el Señor nos movió a plantar dos nuevas iglesias.
Aquí está la parte más loca de todas: Creo que las cosas más grandes están aún por venir. Estoy convencido de que Dios se revelará aún con más fuerza, no sólo en salvaciones sino también en alcance, en ayudar a los pobres, en impactar a la ciudad.
Suena increíble, ¿verdad? Por supuesto que sí. Pero ahora viene la parte difícil. Es precisamente en este punto que Dios pide a su pueblo a que examinen sus corazones.
Somos conscientes de que nuestra justicia es como trapos de inmundicia, de que necesitamos de Su gracia. Pero el hecho es que, justo cuando estamos listos y al borde de la mas grande obra de Dios en nuestras vidas, Él nos invita a reflexionar sobre las siguientes preguntas: “¿Hay algo en mi corazón que no le agrada al Señor? ¿He dejado de hacer algo que él me ha pedido?” ¡No quiero tener nada en mi vida que impida lo que Dios quiere hacer!
viernes, 26 de abril de 2013
DETENTE Y ESCUCHA
Me pregunto si el Señor se llega a cansar de que sus hijos vengan a Su presencia pero ni una sola vez se detengan para escuchar. Nada es más vacío y vano que una comunicación unidireccional. Intenta escuchar a alguien unas cuantas horas sin poder tú decir una sola palabra. Te quedas con un sentimiento de soledad. La persona que “descargó todo su interior” se aleja sintiéndose mejor, pero el pobre oidor queda vacío.
¿Cuántas veces hemos dejado al Señor en el lugar secreto, solo y vacío? Corremos a Su presencia, exclamando: “¡Te alabo, Jesús!¡Te amo, Jesús! Toma, aquí tienes mi lista de compras y mis tarjetas de sanidad. Amén”. ¿Cuántas veces habrá estado Él dispuesto y ansioso de abrir su propio corazón para hablarnos, cuando de pronto, ya no había nadie?
Si oramos durante una hora, hablamos durante una hora. Si oramos durante varias horas, hablamos durante varias horas. Si oramos toda la noche, hablamos toda la noche; millones de voces hablando y alabando. He dedicado toda una vida de predicación, tratando de hacer que la gente ore. Ahora entiendo que ése no ha sido el problema. El verdadero problema ha sido dejar solo, vacío, al Salvador en el lugar secreto de oración, sin haber podido decirnos una sola palabra.
Dejamos ese lugar de oración habiendo descargado nuestros corazones. Le contamos de nuestras esperanzas, nuestros sueños y nuestros deseos. Dejamos ese lugar santo de oración con una mente satisfecha. Sin embargo, nuestro Señor seguía ahí, esperando con gran anticipación, anhelando compartir en dicha comunión. Creo que nuestro Señor dice: “Sí, sí, gracias por tu alabanza. La acepto. Estoy tan contento de que te hayas tomado el tiempo de encerrarte conmigo. He oído tu petición y el Padre te concederá el deseo de tu corazón. Pero por favor, ¡espera! No te vayas justo ahora. Quiero compartir contigo algunas cosas. Mi corazón anhela descargarse contigo. He guardado tus lágrimas. He calmado tu mente atribulada. Ahora, ¡déjame hablar! Déjame decirte lo que está en Mi corazón”.
Nuestro Señor Jesús quiere hablar. Él quiere hablarnos de lo que está quebrantando Su corazón en nuestra generación. Él quiere hablar a cada uno de sus hijos acerca del plan precioso que Él tiene para todos los que en Él confían y revelarles verdades gloriosas. Él quiere darnos instrucción para nosotros y ayuda para criar a nuestros hijos; soluciones para nuestros problemas; nuevos ministerios y campañas de evangelismo que salvarán a los perdidos; palabras específicas concerniente a trabajos, carreras, casas, compañeros en la vida; verdades acerca del cielo, del infierno y de las calamidades venideras. Principalmente, Él quiere hablarnos acerca de cuánto Él ama y cuida a los suyos.
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).
¿Cuántas veces hemos dejado al Señor en el lugar secreto, solo y vacío? Corremos a Su presencia, exclamando: “¡Te alabo, Jesús!¡Te amo, Jesús! Toma, aquí tienes mi lista de compras y mis tarjetas de sanidad. Amén”. ¿Cuántas veces habrá estado Él dispuesto y ansioso de abrir su propio corazón para hablarnos, cuando de pronto, ya no había nadie?
Si oramos durante una hora, hablamos durante una hora. Si oramos durante varias horas, hablamos durante varias horas. Si oramos toda la noche, hablamos toda la noche; millones de voces hablando y alabando. He dedicado toda una vida de predicación, tratando de hacer que la gente ore. Ahora entiendo que ése no ha sido el problema. El verdadero problema ha sido dejar solo, vacío, al Salvador en el lugar secreto de oración, sin haber podido decirnos una sola palabra.
Dejamos ese lugar de oración habiendo descargado nuestros corazones. Le contamos de nuestras esperanzas, nuestros sueños y nuestros deseos. Dejamos ese lugar santo de oración con una mente satisfecha. Sin embargo, nuestro Señor seguía ahí, esperando con gran anticipación, anhelando compartir en dicha comunión. Creo que nuestro Señor dice: “Sí, sí, gracias por tu alabanza. La acepto. Estoy tan contento de que te hayas tomado el tiempo de encerrarte conmigo. He oído tu petición y el Padre te concederá el deseo de tu corazón. Pero por favor, ¡espera! No te vayas justo ahora. Quiero compartir contigo algunas cosas. Mi corazón anhela descargarse contigo. He guardado tus lágrimas. He calmado tu mente atribulada. Ahora, ¡déjame hablar! Déjame decirte lo que está en Mi corazón”.
Nuestro Señor Jesús quiere hablar. Él quiere hablarnos de lo que está quebrantando Su corazón en nuestra generación. Él quiere hablar a cada uno de sus hijos acerca del plan precioso que Él tiene para todos los que en Él confían y revelarles verdades gloriosas. Él quiere darnos instrucción para nosotros y ayuda para criar a nuestros hijos; soluciones para nuestros problemas; nuevos ministerios y campañas de evangelismo que salvarán a los perdidos; palabras específicas concerniente a trabajos, carreras, casas, compañeros en la vida; verdades acerca del cielo, del infierno y de las calamidades venideras. Principalmente, Él quiere hablarnos acerca de cuánto Él ama y cuida a los suyos.
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).
jueves, 25 de abril de 2013
UNA PERSONA DE DOBLE ÁNIMO
Una persona de doble ánimo, alguien que cree que el poder está repartido equitativamente entre Dios y Satanás, es inestable en todos sus caminos. Esto explica por qué “…en el tiempo de la prueba (algunos) se apartan” (Lucas 8:13). Vuelven a caer en el temor y quitan su mirada del asombroso poder de Dios.
Jesús nos enseñó, diciendo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41). El espíritu de Dios en ti anhela enseñarte a confiar en Su poder, pero la carne busca rendirse al temor. Yo creo que fue el temor y no el cansancio lo que hizo que los discípulos se quedaran dormidos mientras Jesús oraba en el huerto. Ellos acababan de recibir las noticias de que Jesús sería traicionado y entregado en manos de pecadores, Pedro se volvería un traidor y ellos serían perseguido y dispersados. De pronto, olvidaron todos Sus milagros, Su gran poder para sanar a los enfermos y levantar a los muertos, Su poder para multiplicar los panes y los peces. Ellos tenían pavor de que el Señor los abandone. Dormían el sueño de los condenados. Cuando Jesús nos pide que oremos para no caer en tentación, en realidad, Él está diciendo: “Oren para que aprendan a confiar en el poder de Dios ahora, ¡en lugar de tener que regresar a la batalla de la tentación vez tras vez, hasta que hayan aprendido la lección.
La Biblia dice que Dios “… sabe el Señor librar de tentación a los piadosos” (2 Pedro 2:9). ¿Cómo? Poniéndonos en el fuego, hasta que salgamos cantando: “…mayor es el que está en [mí], que el que está en el mundo” (1 Jn 4:4). Hasta que aprendamos que ¡vencemos sólo por fe!
No tienes que ceder ente la tentación, ¡aunque a veces sucede! Aun el más santo en el pueblo de Dios lo hace ocasionalmente. Por eso Dios hizo una provisión especial para aquéllos que fallan: “y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1).
El dolor que siente nuestro Señor, cuando cedemos ante la tentación no es nada en comparación al dolor que siente cuando no sabemos cómo tratar con ello. A Él le duele más el hecho de que no hemos confiado en Su poder para librarnos. A Dios le duele más lo que no hacemos que lo que hacemos. El cristiano vencedor es aquél cuya vida confiesa: “Dios tiene el reino, el poder y la gloria por siempre. ¡Amén!”.
Jesús nos enseñó, diciendo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41). El espíritu de Dios en ti anhela enseñarte a confiar en Su poder, pero la carne busca rendirse al temor. Yo creo que fue el temor y no el cansancio lo que hizo que los discípulos se quedaran dormidos mientras Jesús oraba en el huerto. Ellos acababan de recibir las noticias de que Jesús sería traicionado y entregado en manos de pecadores, Pedro se volvería un traidor y ellos serían perseguido y dispersados. De pronto, olvidaron todos Sus milagros, Su gran poder para sanar a los enfermos y levantar a los muertos, Su poder para multiplicar los panes y los peces. Ellos tenían pavor de que el Señor los abandone. Dormían el sueño de los condenados. Cuando Jesús nos pide que oremos para no caer en tentación, en realidad, Él está diciendo: “Oren para que aprendan a confiar en el poder de Dios ahora, ¡en lugar de tener que regresar a la batalla de la tentación vez tras vez, hasta que hayan aprendido la lección.
La Biblia dice que Dios “… sabe el Señor librar de tentación a los piadosos” (2 Pedro 2:9). ¿Cómo? Poniéndonos en el fuego, hasta que salgamos cantando: “…mayor es el que está en [mí], que el que está en el mundo” (1 Jn 4:4). Hasta que aprendamos que ¡vencemos sólo por fe!
No tienes que ceder ente la tentación, ¡aunque a veces sucede! Aun el más santo en el pueblo de Dios lo hace ocasionalmente. Por eso Dios hizo una provisión especial para aquéllos que fallan: “y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1).
El dolor que siente nuestro Señor, cuando cedemos ante la tentación no es nada en comparación al dolor que siente cuando no sabemos cómo tratar con ello. A Él le duele más el hecho de que no hemos confiado en Su poder para librarnos. A Dios le duele más lo que no hacemos que lo que hacemos. El cristiano vencedor es aquél cuya vida confiesa: “Dios tiene el reino, el poder y la gloria por siempre. ¡Amén!”.
miércoles, 24 de abril de 2013
DOS ABSOLUTOS
Cuanto más vivo para Cristo, más difícil es para mí el aceptar las soluciones fáciles que dicen que todo lo curan. Pero en mis propias luchas, he encontrado un gran alivio y ayuda en dos absolutos maravillosos.
El primer absoluto es: DIOS VERDADERAMENTE ME AMA. Dios no se dedica a condenar a Sus hijos, con o sin fracasos. Él es un Padre amoroso, que sólo desea levantarnos de nuestras debilidades.
Recientemente pude vislumbrar un poco de ese amor mientras caminaba por el bosque alrededor de nuestro rancho. En ningún momento dejé de considerar las aves que volaban por ahí, libres y saludables. Pero de pronto, justo delante de mí, un pajarillo inválido agitaba sus alas. Luchando al intentar volar, el pajarillo bebé solo podía mover sus alitas en medio del polvo sin éxito. Me incliné para recogerlo, entonces una escritura familiar vino como un relámpago a mi mente: “…ni uno (pajarillo) de ellos cae a tierra sin vuestro Padre” (Mateo 10:29).
Pensaba que ese versículo decía: “Ni un pajarillo cae a tierra sin que vuestro Padre lo sepa”. Pero la versión de Mateo declara: “…ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre”.
Dios está con nosotros, aun cuando caemos. El Padre no cae en nuestro pecado, pero sí se inclina a nuestra condición caída. Él no nos abandona en nuestra caída. Ya que, como puedes ver, nosotros somos esos pajarillos.
A veces, sólo podemos ver Su gran amor cuando tocamos fondo. Habrás ganado una gran victoria si puedes estar convencido de que Dios tea ma incluso cuando estás herido, inválido. Su amor eterno renueva nuestras fuerzas. Sólo reposa en ese amor maravilloso. No entres en pánico. Vendrá la liberación.
El segundo absoluto es: ¡LO QUE MÁS LE AGRADA A ÉL ES MI FE! “…sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). Dios considera nuestra confianza en Él como justicia. “Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia” (Romanos 4:3).
Quizás no entiendo por qué al parecer Él se toma demasiado tiempo para intervenir, pero yo sé que Él cumplirá Su Palabra en mí.
El primer absoluto es: DIOS VERDADERAMENTE ME AMA. Dios no se dedica a condenar a Sus hijos, con o sin fracasos. Él es un Padre amoroso, que sólo desea levantarnos de nuestras debilidades.
Recientemente pude vislumbrar un poco de ese amor mientras caminaba por el bosque alrededor de nuestro rancho. En ningún momento dejé de considerar las aves que volaban por ahí, libres y saludables. Pero de pronto, justo delante de mí, un pajarillo inválido agitaba sus alas. Luchando al intentar volar, el pajarillo bebé solo podía mover sus alitas en medio del polvo sin éxito. Me incliné para recogerlo, entonces una escritura familiar vino como un relámpago a mi mente: “…ni uno (pajarillo) de ellos cae a tierra sin vuestro Padre” (Mateo 10:29).
Pensaba que ese versículo decía: “Ni un pajarillo cae a tierra sin que vuestro Padre lo sepa”. Pero la versión de Mateo declara: “…ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre”.
Dios está con nosotros, aun cuando caemos. El Padre no cae en nuestro pecado, pero sí se inclina a nuestra condición caída. Él no nos abandona en nuestra caída. Ya que, como puedes ver, nosotros somos esos pajarillos.
A veces, sólo podemos ver Su gran amor cuando tocamos fondo. Habrás ganado una gran victoria si puedes estar convencido de que Dios tea ma incluso cuando estás herido, inválido. Su amor eterno renueva nuestras fuerzas. Sólo reposa en ese amor maravilloso. No entres en pánico. Vendrá la liberación.
El segundo absoluto es: ¡LO QUE MÁS LE AGRADA A ÉL ES MI FE! “…sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). Dios considera nuestra confianza en Él como justicia. “Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia” (Romanos 4:3).
Quizás no entiendo por qué al parecer Él se toma demasiado tiempo para intervenir, pero yo sé que Él cumplirá Su Palabra en mí.
martes, 23 de abril de 2013
RECIBIENDO LA BENDICIÓN DE LA CRUZ
Dios se deleita al usar nuestros fracasos, al usar a hombres y mujeres piensan que casi no pueden hacer nada correcto. Recientemente, una mujer me escribió lo siguiente: “Mi matrimonio se está echando a perder. Pareciera que estoy haciendo todo mal en la crianza de mis hijos. Me siento como si no valiera nada para nadie. No he sido una buena esposa, ni una buena madre ni una buena cristiana. De hecho soy el peor fracaso del mundo”.
Ella es el tipo de persona que Dios busca, alguien que sepa que si algo bueno sucede a través suyo, tiene que ser a causa de Dios. Todos los “súper-cristianos” que andan aplastando a la gente con sus habilidades nunca impresionan a Dios. Dios miró a un suplantador, un hombre débil llamado Jacob y le dijo: “No temas, gusano de Jacob…yo soy tu socorro…He aquí que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo, lleno de dientes…te regocijarás en Jehová” (Isaías 41:14–16).
A menudo, los hombres utilizan a Dios para obtener riquezas, fama, honra y respeto. Usan el talento, la personalidad y la perspicacia para expandir el reino de Dios, pero Él no se impresiona. Su poder se perfecciona en nuestra debilidad, en nuestra incapacidad de obedecer sus mandamientos en nuestras propias fuerzas.
Dios nos llama a una vida de santidad y separación. Él dice que podemos ser libres de la atadura del pecado. Su Palabra llega a nosotros con algunos desafíos imposibles: “Resiste al diablo. Anda en el Espíritu. Sal de en medio de ellos. Ama a tus enemigos. Abandona todos tus temores. Haz morir tus deseos carnales. Que el pecado no se enseñoree de ti”.
Cuando uno piensa sobre lo poco que uno puede hacer en su propia fuerza para lograr estos desafíos, uno entiende cuán débil es. Tu corazón comienza a clamar: “Señor, ¿cómo podemos hacer tales cosas tan grandes y santas?” Ahí es cuando el Señor toma el control. Él viene con un mensaje tan reconfortante: “Baja tus armas. Deja de intentar ser autosuficiente y fuerte, Yo soy tu arma y tu fuerza. Déjame hacer lo que tú jamás podrías hacer. Te daré Mi justicia, Mi santidad, Mi reposo, Mi fuerza. No puedes salvarte a ti mismo, ni agradarme en ninguna manera, excepto recibiendo por fe las bendiciones de la cruz. Déjame encargarme de tu crecimiento en santidad”.
Ella es el tipo de persona que Dios busca, alguien que sepa que si algo bueno sucede a través suyo, tiene que ser a causa de Dios. Todos los “súper-cristianos” que andan aplastando a la gente con sus habilidades nunca impresionan a Dios. Dios miró a un suplantador, un hombre débil llamado Jacob y le dijo: “No temas, gusano de Jacob…yo soy tu socorro…He aquí que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo, lleno de dientes…te regocijarás en Jehová” (Isaías 41:14–16).
A menudo, los hombres utilizan a Dios para obtener riquezas, fama, honra y respeto. Usan el talento, la personalidad y la perspicacia para expandir el reino de Dios, pero Él no se impresiona. Su poder se perfecciona en nuestra debilidad, en nuestra incapacidad de obedecer sus mandamientos en nuestras propias fuerzas.
Dios nos llama a una vida de santidad y separación. Él dice que podemos ser libres de la atadura del pecado. Su Palabra llega a nosotros con algunos desafíos imposibles: “Resiste al diablo. Anda en el Espíritu. Sal de en medio de ellos. Ama a tus enemigos. Abandona todos tus temores. Haz morir tus deseos carnales. Que el pecado no se enseñoree de ti”.
Cuando uno piensa sobre lo poco que uno puede hacer en su propia fuerza para lograr estos desafíos, uno entiende cuán débil es. Tu corazón comienza a clamar: “Señor, ¿cómo podemos hacer tales cosas tan grandes y santas?” Ahí es cuando el Señor toma el control. Él viene con un mensaje tan reconfortante: “Baja tus armas. Deja de intentar ser autosuficiente y fuerte, Yo soy tu arma y tu fuerza. Déjame hacer lo que tú jamás podrías hacer. Te daré Mi justicia, Mi santidad, Mi reposo, Mi fuerza. No puedes salvarte a ti mismo, ni agradarme en ninguna manera, excepto recibiendo por fe las bendiciones de la cruz. Déjame encargarme de tu crecimiento en santidad”.
lunes, 22 de abril de 2013
SIN TENER DAVID ESPADA EN SU MANO by Gary Wilkerson
“Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano… Y cuando los filisteos vieron a su paladín muerto, huyeron. Levantándose luego los de Israel y los de Judá, gritaron, y siguieron a los filisteos hasta llegar al valle, y hasta las puertas de Ecrón. Y cayeron los heridos de los filisteos por el camino…” (1 Samuel 17:50-52).
Cuando David mató a Goliat, hubo un giro tan dramático que Israel hizo huir a los filisteos que tropezaban. Lo más importante en este pasaje es esta corta frase: “sin tener David espada en su mano”. Dios demostró su fidelidad a través de la confianza de David – y esto llenó de fe a cada soldado israelita. Toda la burla y la vergüenza se fueron y la confianza de los israelitas volvió, una confianza en que su Dios pelearía por ellos.
El profundo efecto de ver el poder de Dios obrando a favor de nosotros es que nuestra confianza es renovada para enfrentar el combate. La batalla es de Cristo, quien nos hace el llamado: “Vengan, vean mi mano victoriosa. “¡He cortado la cabeza de tu acusador!” Ahora estamos en capacidad de seguir adelante, diciendo: “Señor, tú no me has abandonado. Tú has permitido todo esto, cada revés, incluso las burlas. Y lo hiciste con misericordia, para que yo pueda creerte”.
Aun así, muchos nos preguntamos: “¿Cuándo se moverá el Señor a favor mío?” La respuesta a ello es que ¡Jesús ya lo hizo! Tu victoria fue establecida hace 2,000 años en la cruz. Su triunfo en la cruz es la misma victoria que hace huir a todos los gigantes en nuestras vidas. Puede ser que tu matrimonio esté sufriendo, pero Cristo ha derrotado las potestades de las tinieblas preparadas en contra de ti y de tu esposa. Quizás tu economía no está en orden, pero tu Señor te ha preparado un futuro y una esperanza. Puede ser que tus hijos no sigan la vida piadosa en la que tú los guiaste, pero Jesús ha comprado su salvación. Podemos tener batallas en muchos frentes, pero Cristo ha asegurado nuestra victoria.
¿Estás ahora dispuesto a ver a tus enemigos derrotados? Piensa en todas las voces acusadoras que oyes. Puedes responderle a todas ellas: “Éste es tu final, demonio, La victoria de Jesús te ha enviado a volar lejos. Mi victoria ya fue sellada y ganada. Cuando Él lo desee, mi Héroe manifestará esa victoria y el mundo lo contemplará en toda Su gloria. Todos sabrán que la batalla no se gana con lanza y espada, sino con el Señor”.
Cuando David mató a Goliat, hubo un giro tan dramático que Israel hizo huir a los filisteos que tropezaban. Lo más importante en este pasaje es esta corta frase: “sin tener David espada en su mano”. Dios demostró su fidelidad a través de la confianza de David – y esto llenó de fe a cada soldado israelita. Toda la burla y la vergüenza se fueron y la confianza de los israelitas volvió, una confianza en que su Dios pelearía por ellos.
El profundo efecto de ver el poder de Dios obrando a favor de nosotros es que nuestra confianza es renovada para enfrentar el combate. La batalla es de Cristo, quien nos hace el llamado: “Vengan, vean mi mano victoriosa. “¡He cortado la cabeza de tu acusador!” Ahora estamos en capacidad de seguir adelante, diciendo: “Señor, tú no me has abandonado. Tú has permitido todo esto, cada revés, incluso las burlas. Y lo hiciste con misericordia, para que yo pueda creerte”.
Aun así, muchos nos preguntamos: “¿Cuándo se moverá el Señor a favor mío?” La respuesta a ello es que ¡Jesús ya lo hizo! Tu victoria fue establecida hace 2,000 años en la cruz. Su triunfo en la cruz es la misma victoria que hace huir a todos los gigantes en nuestras vidas. Puede ser que tu matrimonio esté sufriendo, pero Cristo ha derrotado las potestades de las tinieblas preparadas en contra de ti y de tu esposa. Quizás tu economía no está en orden, pero tu Señor te ha preparado un futuro y una esperanza. Puede ser que tus hijos no sigan la vida piadosa en la que tú los guiaste, pero Jesús ha comprado su salvación. Podemos tener batallas en muchos frentes, pero Cristo ha asegurado nuestra victoria.
¿Estás ahora dispuesto a ver a tus enemigos derrotados? Piensa en todas las voces acusadoras que oyes. Puedes responderle a todas ellas: “Éste es tu final, demonio, La victoria de Jesús te ha enviado a volar lejos. Mi victoria ya fue sellada y ganada. Cuando Él lo desee, mi Héroe manifestará esa victoria y el mundo lo contemplará en toda Su gloria. Todos sabrán que la batalla no se gana con lanza y espada, sino con el Señor”.
viernes, 19 de abril de 2013
ESTA ES LA VICTORIA
"Y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe." (1 Juan 5:4).
¿Has fracasado? ¿Hay un pecado que te asedia fácilmente? ¿Te sientes como un cobarde debilitado, incapaz de obtener la victoria sobre un pecado secreto? Pero junto con esa debilidad en ti… ¿Hay también un hambre por Dios que te consume? ¿Lo anhelas, lo buscas? Esa hambre y sed es la clave de tu victoria. Eso te hace diferente de todas las otras personas que han sido culpables de fallarle a Dios. Eso te pone aparte. Debes mantener viva esa hambre. Mantén tu sed de justicia. Nunca justifiques tu debilidad, nunca cedas a ella, y no la aceptes como parte de tu vida.
La fe es tu victoria. Abraham tenía debilidades, mintió, casi transformó a su mujer en adúltera. Pero Abraham “creyó a Dios, y le fue contado por justicia.” ¡Dios se negó a mantener ese pecado contra él, porque creyó!
De seguro has fallado. Tal vez ayer, ¡o incluso hoy día mismo! Pero, ¿Crees que Jesús tiene el poder para finalmente liberarte del poder del pecado? ¿Crees que la cruz de Jesús significa que la esclavitud del pecado se ha roto? ¿Aceptas el hecho de que Él ha prometido librarte de las trampas de Satanás?
Déjame decirte exactamente donde creo que está la victoria. Deja que tu corazón acepte todas las promesas de victoria en Jesús. Luego deja que tu fe le diga a tu corazón: “Puede que todavía no sea lo que quiero ser, pero Dios está obrando en mí, y Él tiene el poder de soltar las garras del pecado sobre mí. Puede que sea poco a poco, pero llegara el día cuando la fe vencerá. No seré un esclavo para siempre. No soy títere del diablo y no voy a ser su víctima. Soy un débil niño de Dios, queriendo la fuerza de Jesús. Voy a salir como oro puro refinado en el fuego. ¡Dios es por mí! Me encomiendo por completo aquel que es poderoso para guardarme sin caída y presentarme sin mancha delante del trono de Dios, con gran alegría.”
¿Has fracasado? ¿Hay un pecado que te asedia fácilmente? ¿Te sientes como un cobarde debilitado, incapaz de obtener la victoria sobre un pecado secreto? Pero junto con esa debilidad en ti… ¿Hay también un hambre por Dios que te consume? ¿Lo anhelas, lo buscas? Esa hambre y sed es la clave de tu victoria. Eso te hace diferente de todas las otras personas que han sido culpables de fallarle a Dios. Eso te pone aparte. Debes mantener viva esa hambre. Mantén tu sed de justicia. Nunca justifiques tu debilidad, nunca cedas a ella, y no la aceptes como parte de tu vida.
La fe es tu victoria. Abraham tenía debilidades, mintió, casi transformó a su mujer en adúltera. Pero Abraham “creyó a Dios, y le fue contado por justicia.” ¡Dios se negó a mantener ese pecado contra él, porque creyó!
De seguro has fallado. Tal vez ayer, ¡o incluso hoy día mismo! Pero, ¿Crees que Jesús tiene el poder para finalmente liberarte del poder del pecado? ¿Crees que la cruz de Jesús significa que la esclavitud del pecado se ha roto? ¿Aceptas el hecho de que Él ha prometido librarte de las trampas de Satanás?
Déjame decirte exactamente donde creo que está la victoria. Deja que tu corazón acepte todas las promesas de victoria en Jesús. Luego deja que tu fe le diga a tu corazón: “Puede que todavía no sea lo que quiero ser, pero Dios está obrando en mí, y Él tiene el poder de soltar las garras del pecado sobre mí. Puede que sea poco a poco, pero llegara el día cuando la fe vencerá. No seré un esclavo para siempre. No soy títere del diablo y no voy a ser su víctima. Soy un débil niño de Dios, queriendo la fuerza de Jesús. Voy a salir como oro puro refinado en el fuego. ¡Dios es por mí! Me encomiendo por completo aquel que es poderoso para guardarme sin caída y presentarme sin mancha delante del trono de Dios, con gran alegría.”
jueves, 18 de abril de 2013
SUS TESOROS DE INCALCULABLE VALOR
Dios ha determinado lograr sus metas aquí en la tierra a través de hombres con flaquezas.
Isaías, el gran guerrero de oración, era un hombre al igual que el resto de nosotros. David, el hombre conforme al corazón de Dios, era un asesino adúltero que no tenía ningún derecho moral a ninguna de las bendiciones de Dios. Pedro negó al mismo Señor Dios del cielo, maldiciendo a Aquel que más lo había amado. Abraham, padre de naciones, vivió una mentira, utilizando a su esposa como una garantía para salvar su propio pellejo. Jacob era un conspirador. Adán y Eva transformaron un perfecto arreglo matrimonial en una pesadilla. Salomón, el hombre más sabio de la tierra, hizo algunas de las cosas más estúpidas jamás registradas en la historia. José se burló de sus hermanos en casi infantil alegría, hasta que el juego casi se volvió en contra de él. Jonás despreció la misericordia de Dios para con un pueblo arrepentido y quería ver arder a toda una ciudad para justificar sus profecías en contra de ella. Lot ofreció a sus dos hijas vírgenes a una turba de sodomitas enloquecidos por el sexo.
La lista sigue y sigue, hombres que amaban a Dios, hombres que fueron usados grandemente por Dios, casi se fueron al suelo por sus debilidades. Sin embargo, Dios siempre estaba allí diciendo: “Yo te llamé y estaré contigo. ¡Voy a cumplir mi voluntad pese a ello!”
Una de las escrituras más alentadoras de la Biblia es 2 Corintios 4:7: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros”. Luego Pablo continúa describiendo los vasos de barro: hombres moribundos, atribulados en todo, perplejos, perseguidos, abatidos, e incluso así nunca desamparados o en desesperación. Esos hombres usados por Dios están constantemente gimiendo bajo la carga de sus cuerpos, esperando ansiosamente ser revestidos con los nuevos.
Dios se burla del poder del hombre. Se ríe de nuestros esfuerzos egoístas de ser buenos. Él nunca usa al grande y poderoso, sino que en lugar de eso, usa las cosas débiles del mundo para confundir a los sabios.
“Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es,…a fin de que nadie se jacte en su presencia.” (1 Corintios 1:26-29).
Dios pone sus tesoros de incalculable valor en vasos de barro, porque se deleita en hacer lo imposible de la nada.
Isaías, el gran guerrero de oración, era un hombre al igual que el resto de nosotros. David, el hombre conforme al corazón de Dios, era un asesino adúltero que no tenía ningún derecho moral a ninguna de las bendiciones de Dios. Pedro negó al mismo Señor Dios del cielo, maldiciendo a Aquel que más lo había amado. Abraham, padre de naciones, vivió una mentira, utilizando a su esposa como una garantía para salvar su propio pellejo. Jacob era un conspirador. Adán y Eva transformaron un perfecto arreglo matrimonial en una pesadilla. Salomón, el hombre más sabio de la tierra, hizo algunas de las cosas más estúpidas jamás registradas en la historia. José se burló de sus hermanos en casi infantil alegría, hasta que el juego casi se volvió en contra de él. Jonás despreció la misericordia de Dios para con un pueblo arrepentido y quería ver arder a toda una ciudad para justificar sus profecías en contra de ella. Lot ofreció a sus dos hijas vírgenes a una turba de sodomitas enloquecidos por el sexo.
La lista sigue y sigue, hombres que amaban a Dios, hombres que fueron usados grandemente por Dios, casi se fueron al suelo por sus debilidades. Sin embargo, Dios siempre estaba allí diciendo: “Yo te llamé y estaré contigo. ¡Voy a cumplir mi voluntad pese a ello!”
Una de las escrituras más alentadoras de la Biblia es 2 Corintios 4:7: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros”. Luego Pablo continúa describiendo los vasos de barro: hombres moribundos, atribulados en todo, perplejos, perseguidos, abatidos, e incluso así nunca desamparados o en desesperación. Esos hombres usados por Dios están constantemente gimiendo bajo la carga de sus cuerpos, esperando ansiosamente ser revestidos con los nuevos.
Dios se burla del poder del hombre. Se ríe de nuestros esfuerzos egoístas de ser buenos. Él nunca usa al grande y poderoso, sino que en lugar de eso, usa las cosas débiles del mundo para confundir a los sabios.
“Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es,…a fin de que nadie se jacte en su presencia.” (1 Corintios 1:26-29).
Dios pone sus tesoros de incalculable valor en vasos de barro, porque se deleita en hacer lo imposible de la nada.
miércoles, 17 de abril de 2013
EN MEDIO DE LA TORMENTA
“Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” (Mateo 14:24-27).
Los discípulos estaban tan agobiados y tan abrumados repentinamente, que la sola idea de que Jesús estaba cerca cuidando de ellos era absurda. Probablemente uno dijo: “Esta es la obra de Satanás. El diablo salió a matarnos, por todos los milagros de los que hemos formado parte.” Otro dijo: “¿Dónde nos equivocamos? ¿Quién de nosotros tiene pecado en su vida? ¡Dios está enojado con alguien en esta barca!” Otro podría haber preguntado: “¿Por qué nosotros? Estamos haciendo lo que Él dijo que hagamos. Estamos siendo obedientes. ¿Por qué esta tormenta repentina?”
Y en la hora más oscura “Jesús vino a ellos.” ¡Qué difícil debe haber sido para Jesús esperar en el borde de la tormenta, amándolos tanto, sintiendo cada dolor que sentían, queriendo tanto evitar su sufrimiento, anhelando hacer algo como un padre por sus hijos en problemas. Sin embargo, él sabía que nunca lo podrían conocer completamente o confiar en Él hasta que toda la furia de la tormenta cayera sobre ellos. El se revelaría solamente cuando ellos hubiesen llegado al límite de su fe. La barca no se habría hundido, pero su miedo los habría ahogado más rápido que las olas golpeando la embarcación. El temor de ahogarse era por la desesperación, no por el agua!
“Y los discípulos, viéndole…se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma!” (Mateo 14:26).
Ellos no reconocieron a Jesús en esa tormenta, vieron un fantasma: una aparición. La idea de Jesús estando tan cerca, siendo participante de todo aquello que estaban pasando, ni siquiera entraba en sus mentes.
El peligro que todos enfrentamos es no ser capaces de ver a Jesús en nuestros problemas. En lugar de eso, vemos fantasmas. En el mismísimo momento en que el temor alcanza su punto más alto, cuando la noche es más negra, la tormenta es más furiosa, los vientos son más fuertes y la desesperanza es abrumadora, Jesús siempre se acerca a nosotros para revelarse como el Señor de la inundación: el Salvador en las tormentas.
“Jehová preside en el diluvio, Y se sienta Jehová como rey para siempre” (Salmo 29:10).
Los discípulos estaban tan agobiados y tan abrumados repentinamente, que la sola idea de que Jesús estaba cerca cuidando de ellos era absurda. Probablemente uno dijo: “Esta es la obra de Satanás. El diablo salió a matarnos, por todos los milagros de los que hemos formado parte.” Otro dijo: “¿Dónde nos equivocamos? ¿Quién de nosotros tiene pecado en su vida? ¡Dios está enojado con alguien en esta barca!” Otro podría haber preguntado: “¿Por qué nosotros? Estamos haciendo lo que Él dijo que hagamos. Estamos siendo obedientes. ¿Por qué esta tormenta repentina?”
Y en la hora más oscura “Jesús vino a ellos.” ¡Qué difícil debe haber sido para Jesús esperar en el borde de la tormenta, amándolos tanto, sintiendo cada dolor que sentían, queriendo tanto evitar su sufrimiento, anhelando hacer algo como un padre por sus hijos en problemas. Sin embargo, él sabía que nunca lo podrían conocer completamente o confiar en Él hasta que toda la furia de la tormenta cayera sobre ellos. El se revelaría solamente cuando ellos hubiesen llegado al límite de su fe. La barca no se habría hundido, pero su miedo los habría ahogado más rápido que las olas golpeando la embarcación. El temor de ahogarse era por la desesperación, no por el agua!
“Y los discípulos, viéndole…se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma!” (Mateo 14:26).
Ellos no reconocieron a Jesús en esa tormenta, vieron un fantasma: una aparición. La idea de Jesús estando tan cerca, siendo participante de todo aquello que estaban pasando, ni siquiera entraba en sus mentes.
El peligro que todos enfrentamos es no ser capaces de ver a Jesús en nuestros problemas. En lugar de eso, vemos fantasmas. En el mismísimo momento en que el temor alcanza su punto más alto, cuando la noche es más negra, la tormenta es más furiosa, los vientos son más fuertes y la desesperanza es abrumadora, Jesús siempre se acerca a nosotros para revelarse como el Señor de la inundación: el Salvador en las tormentas.
“Jehová preside en el diluvio, Y se sienta Jehová como rey para siempre” (Salmo 29:10).
martes, 16 de abril de 2013
PODEMOS ESCUCHAR SU VOZ HOY
Millones se han convertido porque un hombre oyó Su voz. Saulo “cayendo en tierra, oyó una voz” (Hechos 9:4). Y cuando se convirtió en Pablo, continuó escuchando la voz del Señor. Conocía la voz de su Pastor.
Pedro permitió que la voz del Salvador llegara a él. “Pedro subió a la azotea para orar… Y le vino una voz” (Hechos 10:9, 13). Toda la raza de los gentiles fue bienvenida al reino, junto con la casa de Cornelio, porque un hombre obedeció a Su voz. Nosotros, también, debemos permitir que Su voz venga a nosotros. “Si oyereis hoy su voz” (Salmo 95:7). ¡Lo que podría hacer Dios con cristianos que aprendan a escuchar del cielo!
En lugar de esperar a que la voz de Dios venga a nosotros, corremos a los consejeros y psicólogos, leemos libros y escuchamos grabaciones, con la esperanza de oír de Él. Queremos un líder a seguir, un plan para el futuro, una palabra clara de dirección. Pero pocos saben cómo ir al Señor y escuchar Su voz.
Dios quiere sacudir la tierra una vez más. El universo entero está listo para ser convulsionado por el Espíritu Santo! “Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos. La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.” (Hebreos 12:25-26).
Él ha prometido: “Otra vez Mi voz será oída. Aquellos que la escuchen sacudirán la tierra. El cielo y la tierra se conmoverán. Al escuchar Mi voz, todo lo que se desate en la tierra será desatado en los cielos.”
A la última iglesia, la iglesia de Laodicea, el Señor le dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” (Apocalipsis 3:20).
Esta es la última llamada de Cristo a la iglesia. “Abre. Déjame entrar en tu aposento secreto. Habla conmigo y déjame hablar contigo. Tengamos comunión. Así es como te guardaré de la hora de la prueba que viene sobre todo el mundo.”
Pedro permitió que la voz del Salvador llegara a él. “Pedro subió a la azotea para orar… Y le vino una voz” (Hechos 10:9, 13). Toda la raza de los gentiles fue bienvenida al reino, junto con la casa de Cornelio, porque un hombre obedeció a Su voz. Nosotros, también, debemos permitir que Su voz venga a nosotros. “Si oyereis hoy su voz” (Salmo 95:7). ¡Lo que podría hacer Dios con cristianos que aprendan a escuchar del cielo!
En lugar de esperar a que la voz de Dios venga a nosotros, corremos a los consejeros y psicólogos, leemos libros y escuchamos grabaciones, con la esperanza de oír de Él. Queremos un líder a seguir, un plan para el futuro, una palabra clara de dirección. Pero pocos saben cómo ir al Señor y escuchar Su voz.
Dios quiere sacudir la tierra una vez más. El universo entero está listo para ser convulsionado por el Espíritu Santo! “Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos. La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.” (Hebreos 12:25-26).
Él ha prometido: “Otra vez Mi voz será oída. Aquellos que la escuchen sacudirán la tierra. El cielo y la tierra se conmoverán. Al escuchar Mi voz, todo lo que se desate en la tierra será desatado en los cielos.”
A la última iglesia, la iglesia de Laodicea, el Señor le dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” (Apocalipsis 3:20).
Esta es la última llamada de Cristo a la iglesia. “Abre. Déjame entrar en tu aposento secreto. Habla conmigo y déjame hablar contigo. Tengamos comunión. Así es como te guardaré de la hora de la prueba que viene sobre todo el mundo.”
lunes, 15 de abril de 2013
“CHRISTUS VICTOR” by Gary Wilkerson
“Christus Victor” es la frase del latín que los padres de la iglesia primitiva usaron para describir a Jesús y Su expiación. Traducido a grandes rasgos, significa: “Nuestra victoria no está en nosotros mismos, sino en Cristo”.
Si derrotamos a un enemigo cuando las probabilidades son de cincuenta por ciento, nos sentimos tentados a pensar: “yo gané la batalla.” Pero cuando nuestro enemigo tiene 3 metros de altura, cuando lo hemos reprendido pero regresa aun más fuerte, cuando hemos agotado todos nuestros recursos, cuando nos damos por vencidos y decimos: “No puedo hacer esto”, entonces Dios dice: “Te tengo justo donde te quería.”
Por lo general, las historias del Antiguo Testamento son enseñadas a los niños, no como verdades espirituales, sino como enseñanza moral. Por ejemplo, la lección de Jonás se suele presentar como: “No desobedezcas a Dios o te meterás en serios problemas.”
A la mayoría de nosotros se nos enseñó la historia de David y Goliat en la escuela dominical y la lección era: “Sé valiente y osado.” El problema con esta interpretación de la historia de David es que les estamos enseñando a nuestros hijos a que hagan algo que ellos no son capaces de hacer. No había ni un solo soldado israelita que podría haber sobrevivido a un combate cuerpo a cuerpo con Goliat. Esa batalla estaba por encima incluso del hombre más valiente.
Del mismo modo, cuando estamos en una batalla espiritual, la valentía y la audacia no son suficientes. David sabía que no estaba a la altura Goliat. De hecho, todavía no era ni siquiera un soldado, era demasiado joven. La única cosa con la que David estaba armado cuando se presentó en el frente de batalla era pan y queso para sus hermanos. Sin embargo, la diferencia con David era que él sabía que la batalla no era suya, sino de Dios. Cuando escuchó las burlas de Goliat, testificó:
“Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza,…y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos.” (1 Samuel 17:46-47).
Si derrotamos a un enemigo cuando las probabilidades son de cincuenta por ciento, nos sentimos tentados a pensar: “yo gané la batalla.” Pero cuando nuestro enemigo tiene 3 metros de altura, cuando lo hemos reprendido pero regresa aun más fuerte, cuando hemos agotado todos nuestros recursos, cuando nos damos por vencidos y decimos: “No puedo hacer esto”, entonces Dios dice: “Te tengo justo donde te quería.”
Por lo general, las historias del Antiguo Testamento son enseñadas a los niños, no como verdades espirituales, sino como enseñanza moral. Por ejemplo, la lección de Jonás se suele presentar como: “No desobedezcas a Dios o te meterás en serios problemas.”
A la mayoría de nosotros se nos enseñó la historia de David y Goliat en la escuela dominical y la lección era: “Sé valiente y osado.” El problema con esta interpretación de la historia de David es que les estamos enseñando a nuestros hijos a que hagan algo que ellos no son capaces de hacer. No había ni un solo soldado israelita que podría haber sobrevivido a un combate cuerpo a cuerpo con Goliat. Esa batalla estaba por encima incluso del hombre más valiente.
Del mismo modo, cuando estamos en una batalla espiritual, la valentía y la audacia no son suficientes. David sabía que no estaba a la altura Goliat. De hecho, todavía no era ni siquiera un soldado, era demasiado joven. La única cosa con la que David estaba armado cuando se presentó en el frente de batalla era pan y queso para sus hermanos. Sin embargo, la diferencia con David era que él sabía que la batalla no era suya, sino de Dios. Cuando escuchó las burlas de Goliat, testificó:
“Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza,…y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos.” (1 Samuel 17:46-47).
viernes, 12 de abril de 2013
DANDO SUS FRUTOS
Hay una porción de la Escritura que me persuade profundamente. Jesús dijo: "Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador Todo sarmiento que en mí no lleva fruto, lo quitará; Y cada rama que lleva fruto, la limpiará, para que lleve más fruto... El que no permanece unido a mí, será echado fuera y se secará como las ramas que se recogen y se queman en el fuego."(Juan 15:2, 6).
He leído y releído estas poderosas palabras de Cristo, y no puedo escapar a su poder de convicción. El Espíritu Santo, que me insistió en la importancia de comprender estas palabras: "Mi Padre es el labrador... Todo sarmiento que en mí no lleva fruto, lo quitará".
Este asunto de dar fruto como cristianos no es opcional con Dios. Él cuida de su vid y todas las ramas injertadas con gran celo y preocupación, esperando pacientemente a que las ramas den fruto. Se pone de pie junto a ellas con el cuchillo de podar en la mano, mirando con amor a la menor evidencia de corrupción, plaga o enfermedad que podría obstaculizar el crecimiento. Dios espera fruto de todas las ramas. Sin fruto, es imposible honrar y glorificar a Dios o ser un verdadero discípulo de Cristo. Jesús dijo: "En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos" (Juan 15:8).
Llevar fruto tiene mucho que ver con agradar a Dios y cumplir con nuestra misión en Cristo; también tiene mucho que ver con nuestras oraciones y peticiones contestadas. Jesús dijo: " Ustedes no me eligieron a mí. Más bien, yo los elegí a ustedes, y los he puesto para que vayan y lleven fruto, y su fruto permanezca; para que todo lo que pidan al Padre en mi nombre, él se lo conceda"(versículo 16).
En realidad, el fruto se refiere a lo que nos estamos convirtiendo, en lugar de limitarse a lo que estamos haciendo. Estoy dando fruto cuando nada obstaculiza el flujo de la vida de Cristo en mí. Eso es lo que Jesús quiso decir cuando dijo: "Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado" (Juan 15:3). Él está diciendo, "Porque usted creen que mi palabra: temblando ante ella, dejando que se revelen todos los secretos ocultos, sacando a la luz todo lo oscuro, permitiendo a la Palabra de Dios purgarle, ¡todos los estorbos se han ido!"
He leído y releído estas poderosas palabras de Cristo, y no puedo escapar a su poder de convicción. El Espíritu Santo, que me insistió en la importancia de comprender estas palabras: "Mi Padre es el labrador... Todo sarmiento que en mí no lleva fruto, lo quitará".
Este asunto de dar fruto como cristianos no es opcional con Dios. Él cuida de su vid y todas las ramas injertadas con gran celo y preocupación, esperando pacientemente a que las ramas den fruto. Se pone de pie junto a ellas con el cuchillo de podar en la mano, mirando con amor a la menor evidencia de corrupción, plaga o enfermedad que podría obstaculizar el crecimiento. Dios espera fruto de todas las ramas. Sin fruto, es imposible honrar y glorificar a Dios o ser un verdadero discípulo de Cristo. Jesús dijo: "En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos" (Juan 15:8).
Llevar fruto tiene mucho que ver con agradar a Dios y cumplir con nuestra misión en Cristo; también tiene mucho que ver con nuestras oraciones y peticiones contestadas. Jesús dijo: " Ustedes no me eligieron a mí. Más bien, yo los elegí a ustedes, y los he puesto para que vayan y lleven fruto, y su fruto permanezca; para que todo lo que pidan al Padre en mi nombre, él se lo conceda"(versículo 16).
En realidad, el fruto se refiere a lo que nos estamos convirtiendo, en lugar de limitarse a lo que estamos haciendo. Estoy dando fruto cuando nada obstaculiza el flujo de la vida de Cristo en mí. Eso es lo que Jesús quiso decir cuando dijo: "Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado" (Juan 15:3). Él está diciendo, "Porque usted creen que mi palabra: temblando ante ella, dejando que se revelen todos los secretos ocultos, sacando a la luz todo lo oscuro, permitiendo a la Palabra de Dios purgarle, ¡todos los estorbos se han ido!"
jueves, 11 de abril de 2013
EL SEÑORÍO DE CRISTO
Aquellos que se someten al señorío de Cristo incrementan su fuerza y conocimiento de Dios. Ellos literalmente ganan nuevas fuerzas mental y físicamente. Ellos no desmayan en el camino porque Jesús derrama su propia fortaleza en ellos sobre la marcha.
"Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad "(Colosenses 1:9-11).
Dios guardará sin mancha a los que se someten a su señorío hasta el día de la venida de Cristo. Si nos sometemos a Jesús, haciendo lo que Él manda, no apoyados en nuestro propio entendimiento, nunca nos faltará nada. Él suplirá todo lo que necesitamos para agradarle. ¡El Señor mismo nos va a mantener y nos va a sostener irreprensibles hasta el fin!
"Que en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia; así como el testimonio de Cristo ha sido confirmado en vosotros, de manera que nada os falte en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo: el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor "(1 Corintios 1:5-9 ).
Tenemos que confiar nuestras vidas al cuidado de Jesús. Entonces será Su responsabilidad sostenernos y mantenernos: "Pero el Señor es fiel, y él los mantendrá a ustedes firmes y los protegerá del mal" (2 Tesalonicenses 3:3). Él dice: "Si me mantienes entronizado en su corazón, yo te mantendré sin mancha hasta mi venida. ¡Yo voy a evitar que caigas!" "sigan haciendo lo correcto y confíenle su vida a Dios, quien los creó, pues él nunca les fallará." (1 Pedro 4:19b).
"Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad "(Colosenses 1:9-11).
Dios guardará sin mancha a los que se someten a su señorío hasta el día de la venida de Cristo. Si nos sometemos a Jesús, haciendo lo que Él manda, no apoyados en nuestro propio entendimiento, nunca nos faltará nada. Él suplirá todo lo que necesitamos para agradarle. ¡El Señor mismo nos va a mantener y nos va a sostener irreprensibles hasta el fin!
"Que en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia; así como el testimonio de Cristo ha sido confirmado en vosotros, de manera que nada os falte en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo: el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor "(1 Corintios 1:5-9 ).
Tenemos que confiar nuestras vidas al cuidado de Jesús. Entonces será Su responsabilidad sostenernos y mantenernos: "Pero el Señor es fiel, y él los mantendrá a ustedes firmes y los protegerá del mal" (2 Tesalonicenses 3:3). Él dice: "Si me mantienes entronizado en su corazón, yo te mantendré sin mancha hasta mi venida. ¡Yo voy a evitar que caigas!" "sigan haciendo lo correcto y confíenle su vida a Dios, quien los creó, pues él nunca les fallará." (1 Pedro 4:19b).
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