domingo, 6 de septiembre de 2009

SIENDO UNA VIRGEN SABIA

“Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas” (Mateo 25:1-2).

Si usted es honesto, estará de acuerdo con esta palabra: “Sí, esta parábola me describe. Me he vuelto ocioso. No quiero llegar a ser una virgen insensata y deslizarme. Quiero estar listo mientras el día del Señor se acerca”.

 

Si quiere ser una virgen sabia, hay dos pasos que debe tomar. Son simples, pero no pueden ser pasados por alto.

 

1.     Haga de Cristo el centro de su pensamiento. Que el Señor esté en todos sus pensamientos. Cuando despierte en la mañana, susurre su nombre. En la noche mientras va a la cama, clame a Él en sus pensamientos y en sus rodillas.

 

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8). Que este verso sea la base de una simple oración durante todo el día: “Jesús, tú eres verdad, honesto, justo, puro, amoroso. Tú eres mis Buenas Noticias”.

 

Pablo escribe: “El Señor conoce los pensamientos de los sabios” (1 Corintios 3:20). Dios registra todos sus pensamientos. Él sabe cada vez que usted piensa en Él. Así que dele todos sus pensamientos de “gracias”.

 

2.     Ore a través del día, “Dios ten piedad de mí pecador”.

 

Esta simple oración es el aceite para su lámpara. Orándola diariamente es como se empieza a preparar para encontrarse con el Señor. Le está diciendo a Dios: “Padre, no soy digno de ser llamado por tu Nombre. Necesito tu misericordia. Me doy cuenta de que no soy quien pensaba que era. Pensé que era una buena persona, pero cualquier ínfima bondad que pueda tener no me aprovecha de nada. Todo es como trapos de inmundicia a tu vista. Sé que no puedo ser salvo por mis buenas obras. Necesito tu gracia. Me humillo delante de ti ahora. Señor, ten misericordia de mí, pecador”.