jueves, 10 de septiembre de 2009

EL AMOR COMIENZA EN CASA

El mandamiento de Jesús en Juan 15:6 tiene que ver con la forma en la que trato a mi esposa y a mis hijos. Para los solteros, tiene que ver con la forma en la que tratan a sus compañeros, hermanos en Cristo, las personas más cercanas.

 

No hay escapatoria. Si yo voy a ser el hombre y el ministro que Dios me ha llamado a ser, entonces mi esposa debe estar en la capacidad de decir con honestidad delante de los cielos, del infierno y de todo el mundo: “Mi esposo me ama con el amor de Cristo. El comete errores, pero está siendo cada vez más paciente y comprensivo conmigo. Está siendo cada vez más tierno y cuidadoso. Y él ora conmigo. No es sólo una apariencia. El es lo que predica”.

 

Pero si ése no es el testimonio de mi esposa, si ella tiene un dolor secreto en su corazón, y piensa: “Mi esposo no es el hombre de Dios que pretende ser”, entonces todo lo que hay en mi vida es en vano. Todas mis obras, la predicación, los logros, mi generosidad caritativa, los muchos viajes, suman cero. Vengo a ser una rama marchita, inútil, que no lleva el fruto de la semejanza de Cristo. Jesús va a producir que otros vean la muerte en mí, y valdré muy poco en su reino.

 

Un pastor de edad mediana con su esposa vinieron a verme, quebrantados y llorando. El ministro me dijo entre las lágrimas: “Hermano David, he pecado contra Dios y contra mi esposa. He cometido adulterio”. El sacudía la cabeza con un dolor piadoso a medida que me confesaba su pecado. Luego su esposa volteó hacia mí y me dijo suavemente: “Yo lo he perdonado. Su arrepentimiento es real para mí y estoy segura de que el Señor nos va a restaurar”.

 

Tuve el privilegio de ser testigo de una hermosa sanidad. Nunca podremos pagar por nuestros fracasos del pasado. Pero cuando hay un verdadero arrepentimiento, Dios promete restaurar todo lo se comió la oruga.

 

Yo deseo que toda pareja que disfruta de un matrimonio centrado en Cristo se levante y diga la verdad: “No es fácil”. El matrimonio es un esfuerzo de día a día, tal como lo es la vida cristiana. Como el camino a la Cruz, significa rendir sus derechos diariamente. Por supuesto, Satanás conoce que usted ha decidido en su corazón ser más como Cristo en su hogar, así que traerá pruebas constantemente.

 

No hay ninguna escuela tan difícil e intensiva como la escuela del matrimonio. Y uno nunca se gradúa. Dios es claro al respecto: Nuestra vida con nuestros seres queridos es el pináculo, la misma cumbre de todas nuestras pruebas. Si nos equivocamos en ella, estaremos equivocados en todo lo demás en nuestra vida.