miércoles, 9 de septiembre de 2009

AMANDO A OTROS

Ser semejantes a Cristo quiere decir reconocer a Jesús en otros. En mis viajes he conocido muchos hombres y mujeres preciosos, quienes, yo sé, están completamente entregados al Señor. En el momento en que los conozco, mi corazón salta. Aunque nunca antes nos hayamos conocido, tengo el testimonio del Espíritu Santo que ellos están llenos de Cristo.

 

Aun puedo ver algunos de esos rostros: pastores, obispos, evangelistas pobres de las calles. Y en el momento en que los conozco, me doy cuenta sin que se haya dicho ni una sola palabra: “Este hombre ha estado con Jesús. Esta mujer ha satisfecho a Cristo”. Al saludarlos, siempre digo aquéllo que quisiera que otros me digan: “Hermano, hermana, puedo ver a Jesús en ti”.

 

La semejanza a Cristo tiene que ver con la manera en la que trato a los que no son mi familia, amándolos como El nos ama. También quiere decir amar a nuestros enemigos, a aquéllos que nos aborrecen, que nos utilizan humillándonos, que no son capaces de amarnos. Y debemos hacerlo, sin esperar nada a cambio. Este tipo de amor, es imposible, en términos humanos. No existen libros que nos enseñen cómo hacerlo, ni tampoco un patrón de principios o algún tipo de inteligencia humana que nos instruya a amar a nuestros enemigos como Cristo nos amó. Sin embargo se nos ordena hacerlo. Y debemos hacerlo con un propósito creciente.

 

Así que, ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo puedo amar al musulmán que me escupió en la cara a una cuadra de nuestra iglesia? ¿Cómo puedo amar a los homosexuales que desfilan por la Quinta Avenida llevando pancartas que dicen: “Jesús Era Gay”? ¿Cómo puedo de verdad amarlos en Cristo? Ni siquiera sé cómo amar a otros cristianos en mis propias fuerzas.

 

Tiene que ser la obra del Espíritu Santo. Jesús oró al Padre: “Para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos” (Juan 17:26). Cristo le pide al Padre que ponga Su amor en nosotros. Y nos promete que el Espíritu Santo nos mostrara cómo vivir en ese amor.

 

El Espíritu Santo juntará fielmente todas las formas en las que Cristo amó a otros y nos las mostrará (Juan 16:15). De hecho, el Espíritu se deleita en enseñarnos más acerca de Jesús. Esa es la razón por la que Él mora en nuestros templos corporales: para enseñarnos a Cristo. “vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros… él os enseñará todas las cosas” (Juan 14:17,26).