sábado, 19 de noviembre de 2016

UNA CITA DIVINA - Nicky Cruz

En el capítulo ocho de Hechos, un ángel del Señor le dijo a Felipe que dejara lo que estaba haciendo y fuera hacia el camino que une Jerusalén y Gaza. En ese momento, Felipe estaba ocupado predicando y sanando en Samaria. El Señor no le dio ninguna explicación a Felipe, y no tenía ni idea por qué estaba siendo enviado; sin embargo, obedeció.
DESVÍO BENEFICIOSO
Mientras viajaba por ese camino, un carro pasó por donde iba  Felipe y el Espíritu Santo le dijo que se acercara a este. Cuando lo alcanzó, oyó que el hombre que iba dentro estaba leyendo al profeta Isaías. El hombre, un eunuco de Etiopía, era un funcionario importante de la reina. Inmediatamente, Felipe comprendió porqué el Espíritu lo había llevado a ese lugar en medio de la nada. Él pudo testificarle al eunuco y llevarlo a Cristo (Hechos 8:26-35).
Si Felipe no hubiese estado atento a la dirección del Espíritu, o hubiese escogido no prestar atención a su dirección (o peor aún, hubiese cometido el error de no reconocer que el Espíritu realmente nos habla), se hubiese perdido esta cita divina.
COMPRENDIENDO LA AUTORIDAD DE DIOS
La verdad es que, si Felipe se hubiese quedado en Samaria predicando, probablemente habría alcanzado a muchos más para Cristo durante ese período de tiempo. En lugar de eso, Dios lo desvió por el bien de un alma. Habría sido fácil para Felipe cuestionar este mandato, o dudar de la sabiduría de Dios al llevarlo lejos durante un tiempo exitoso y ajetreado en sus cruzadas, pero no lo hizo. Felipe entendía la autoridad de Dios y sabía que era mejor no cuestionar Sus caminos.
EL VALOR DE ESCUCHAR
¿Qué significa confiar en Dios y caminar en el Espíritu? Jesús nos ofrece una descripción perfecta:
“El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.”(Juan 3:8).
Puede que no siempre tenga sentido para nosotros el momento y el lugar a donde Dios nos guíe, pero un verdadero discípulo aprende a escuchar y obedecer, independientemente de sus propias opiniones o la agenda del momento.

Nicky Cruz, evangelista internacionalmente conocido y prolífico autor, se volvió a Jesucristo de una vida de violencia y crimen después de encontrarse con David Wilkerson en la ciudad de Nueva York en 1958 La historia de su dramática conversión fue contada por primera vez en el libro “La Cruz y el Puñal” escrito por David Wilkerson y más tarde en su propio best seller “Corre, Nicky, Corre”.