viernes, 11 de noviembre de 2016

JESÚS, NUESTRA SEGURIDAD

Algunos meses después del 11-S (9/11), un periódico de la ciudad de Nueva York publicó este título: "CIUDAD DE PÁNICO". El Departamento de Seguridad Interna había advertido que se había descubierto un ataque terrorista planeado; y la alerta de terror se había elevado a código naranja.
TEMORES OCULTOS
Ese mismo día, un agente de policía de la ciudad de Nueva York me habló de la incertidumbre y la alarma dentro de la policía y de los departamentos de bomberos. Su aparente muestra exterior de fuerza escondía temores ocultos porque la mayoría de ellos había perdido amigos durante los ataques del 11-S.
Incluso ahora, años más tarde, cada vez que algunos neoyorquinos viajan a través de los túneles y sobre los puentes, retienen su aliento y oran por protección. Un vehículo detenido puede causar pánico. El mayor temor que atormenta a esta ciudad es una bomba en una maleta, portadora de capacidades nucleares o germinales. Mucha gente empezó a llevar consigo, pequeñas máscaras de gas. La ciudadanía parece estar resignada a lo inevitable, creyendo que, eventualmente, un ataque de proporciones mayores acabará por azotar. Nadie sabe cuándo, pero el pensamiento yace pesadamente sobre la población.
UNA FUENTE DE AYUDA
Sin embargo, no hay temor entre los verdaderos creyentes. En lugar de ello, queremos estar disponibles en caso llegue un ataque, para ayudar en el momento de la crisis. Así es como nuestra iglesia ha preparado a nuestro pueblo. En medio de estas épocas aprehensivas, el Espíritu de Dios se mueve de una manera maravillosa. Muchos están viniendo a Cristo por toda la ciudad de Nueva York, y hay una creciente hambre de Dios entre los jóvenes.
Que esta sea la actitud de corazón de todos los siervos de Dios en estos días de aprehensión y temor. El Señor ha quitado todo temor de Su pueblo, para que pueda ser una fuente de ayuda para el mundo en un tiempo de angustia.