jueves, 17 de noviembre de 2016

EPÍSTOLAS VIVIENTES DE DIOS

“Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres” (2 Corintios 3:2)
Te quiero hacer una pregunta: ¿Qué está diciendo tu vida a aquellos que te rodean? ¿Qué dice el libro de tu vida a los que lo leen? ¿Qué tipo de maestro es tu vida?
Llegan muchos testimonios a nuestras oficinas. Leemos las historias de aquellos que están llenos de esperanza a pesar de haber perdido sus trabajos, de otros que tienen paz a pesar de sus enfermedades físicas, y de algunos que tienen valor a pesar de enfrentar sufrimientos sin fin. Y todos ellos tienen esto en común: Ellos oran.
ORACIÓN: EL COMÚN DENOMINADOR
Uno de esos testimonios es de una sierva, quien es una maestra devota a Dios que está atravesando una devastadora prueba. Diariamente ella tiene la desesperante tarea de cuidar a su hijo mentalmente incapacitado, y a su suegra entrada en años que sufre de demencia. Esta hermana tiene que estar en guardia todo el tiempo porque cualquiera de los dos puede escaparse, o incendiar la casa. Ella cuenta que muchas veces se agota tanto, que piensa que no podría soportar otro día más.
Lo que ella hace para soportar un día más es simple: Ella ora. Esta mujer conoce muy bien cómo ir confiadamente al trono de la gracia de Dios para alcanzar misericordia en su tiempo de necesidad.
VALIENTE CONFIANZA
Éstos son maestros, epístolas vivas, cartas de amor de Dios a un mundo sin esperanza, y ellos han llegado a ser eso, estando en comunión constante con el Señor a través de cada prueba y cada lucha. Ellos confían plenamente que Jesús renovará sus fuerzas para que puedan continuar y dependen completamente en que el Espíritu Santo les dará dirección y gracia en su tiempo de necesidad.
Yo te pregunto: ¿Estás ministrando a otros con tu ejemplo? Te pido que vayas al Señor diariamente para obtener la misericordia y la fuerza que necesitas. ¡Él te está llamando a ser uno de sus maestros!