miércoles, 23 de julio de 2014

UNA DOBLE PORCIÓN

Nos preguntamos por qué quería Elías que Eliseo le acompañara a Bet-el (ver 2 Reyes 2:1-4). Ciertamente no fue sólo un viaje sentimental para Elías ni un último viaje por la “senda de los recuerdos”. No, este hombre sabio y viejo quería enseñar a Eliseo, como también a nosotros hoy en día, la necesidad de tener más del poder y de la unción de Dios.

Ahora, cuando ellos caminaban por las calles, Elías probablemente notaba el horror e indignación de su siervo, ante una sociedad completamente caída. Elías mismo había enfrentado burladores y mofadores en sus días, en el monte Carmelo. Pero él sabía que se necesitaría una fuerza sobrenatural superior para enfrentar esta nueva generación. Estos jóvenes estaban mucho más endurecidos y eran mucho más impíos que los sacerdotes idólatras con los que él había combatido.

Yo creo que fue en este punto que Elías decidió probar a su siervo. Lo más probable es que haya sugerido: "Eliseo, ¿por qué no te estableces aquí y pastoreas a esta gente? Tienes un llamado verdadero y has sido bien entrenado. Tú puedes ayudar a restaurar la gran herencia de Bet-el".

Cuando Eliseo examinó la situación en Bet-el, él sabía que no estaba listo para levantarse contra los malos espíritus allí. Él se dio cuenta de lo que Elías había sabido todo el tiempo, que él necesitaría que el Espíritu Santo haga una obra más grande y más poderosa en él, antes de que él pudiera derrotar la maldad en una ciudad tan pecaminosa. Así que le dijo a su amo: “Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré" (2 Reyes 2:6). Entonces, dicen las Escrituras: "Fueron, pues, ambos" (mismo versículo).

Yo creo que Bet-el representa el tipo de sociedad maligna, que nuestra propia nación ha llegado a ser, en el espacio de solamente una generación. También nosotros vivimos en medio de burladores y mofadores, gente carnal, entregados a la codicia, a la idolatría y al homosexualismo. Y esta generación presente es peor que cualquiera que Elías o Eliseo jamás hayan enfrentado. Estos santos profetas vieron a niños mofándose, burlándose y blasfemando, pero los niños de Estados Unidos se están matando los unos a los otros.

Niños matando sin sentir absolutamente culpa o arrepentimiento alguno; destruyendo a padres, compañeros de clases e inocentes desconocidos.

No quiero hacer un juicio general y extenso contra toda la juventud. Yo sé que hay muchos adolescentes piadosos en esta sociedad que están en fuego para Jesús. Doy gracias a Dios por cada joven que se mantiene firme para Cristo en estos tiempos malignos.

No obstante, este día maligno exige que el pueblo de Dios obtenga una doble porción de Su poder y autoridad, para poder alcanzar a esta generación perdida. Se requerirá una proporción de unción, como nunca antes hemos visto en toda la historia. Se requiere que el santo remanente se levante y clame como Eliseo: "¡Oh Señor!, se necesita más".