viernes, 18 de julio de 2014

LAS AGUAS ENVENENADAS DE JERICÓ

Después de recibir el toque de Dios, Eliseo seguía adelante con su propia fe y su primera parada fue Jericó (2 Reyes 2:15). Los cincuenta profetas inmediatamente reconocieron el toque de Dios sobre él, diciendo, “El mismo espíritu que reposó sobre Elías es ahora sobre Eliseo.” Fue obvio a todos, que este siervo humilde, se estaba moviendo en un poder y autoridad más profundos del espíritu.

Los jóvenes profetas dijeron a Eliseo: “…He aquí, el lugar en donde está colocada esta ciudad es bueno, como mi señor ve; mas las aguas son malas, y la tierra es estéril” (2° Reyes 2:19). Ellos estaban diciendo: “Hay veneno en el agua, y está matando todo.” Pero, aparentemente, estos cincuenta hombres de Dios no tenían poder para detener el envenenamiento que estaba trayendo la muerte a Jericó.

De acuerdo a Isaías, este “lugar grato” representa el ministerio: “Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya…” (Isaías 5:7). Además, el agua aquí representa la palabra de Dios.

¿Logras ver el significado? El agua envenenada de Jericó significa la palabra contaminada, predicada desde los púlpitos de las ciudades. Estos hombres de Dios nunca habían tratado con sus propios pecados, así que sus sermones estaban llenos de veneno de corazones corruptos. Y sus sermones sin vida y orientados a complacer al hombre, estaban causando muerte espiritual entre el pueblo.

¿Cuál fue la cura para el veneno en Jericó? Se tenía que purificar el suministro del agua, y esto fue justamente lo que hizo Eliseo. Tomó una vasija limpia, la llenó con sal y la vertió en el lugar del nacimiento del agua de la ciudad. Pronto todas las aguas estaban limpias, y vida empezó a brotar en todo el alrededor.

Por su puesto, la sal que usó Eliseo representa el evangelio de pureza y santidad. Y la vasija limpia que él usó representa ministros que han sido limpiados por la sangre de Cristo y santificados por el fuego purificador del Espíritu, preparados para predicar el evangelio puro. Amados, solamente vasijas limpias y puras que caminan en santidad y predican la palabra pura con unción fresca, pueden cortar de raíz la corriente maligna en la casa de Dios.