martes, 29 de julio de 2014

¿HAY PARA DIOS ALGUNA COSA DIFÍCIL?

Quizás recuerdas la historia en Génesis donde Dios se le aparece a Abraham. El patriarca estaba sentado a la puerta de su tienda durante el calor del día, cuando de repente tres hombres aparecieron ante él, debajo de un árbol. Abraham salió a saludarlos, preparó una comida y pasó un rato con ellos.

Durante su conversación, el Señor le preguntó a Abraham donde estaba su esposa, Sara. Entonces Dios dijo algo increíble: “...he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo” (Génesis 18:10).

En ese momento, Sara estaba dentro de la tienda escuchando la conversación, y cuando escuchó esto, se puso a reír de solo imaginarlo. “Imposible”, pensó ella. Ella sobrepasaba por mucho la edad de tener hijos, y Abraham estaba muy viejo para engendrarlos.

Más cuando Dios escuchó la risa de Sara, dijo: “¿Por qué se ha reído Sara diciendo: ¿Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja? ¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” (Versículos 13 y 14)

Estoy escribiendo este mensaje hoy en día porque Dios hace la misma pregunta a sus hijos en estos tiempos: ¿Existe algo demasiado difícil para el Señor? Cada uno de nosotros tiene que enfrentar sus propias situaciones difíciles en la vida. Y en medio de ellas Dios pregunta: “¿Crees que tu problema es demasiado difícil para que Yo lo arregle? O, ¿crees que yo puedo obrar por ti, aunque tú crees que es imposible?”

Jesús nos dice: “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” (Lucas 18:27). ¿Crees esta palabra del Señor? ¿Aceptas que Él puede hacer lo imposible en tu matrimonio, en tu familia, en tu trabajo, en tu futuro?

Somos rápidos para aconsejar a otros diciéndoles que Él puede. Cuando vemos a nuestros seres queridos pasando tiempos difíciles, les decimos: “Resiste y mira hacia arriba. No dejes de confiar en el Señor. ¡Él es el Dios de lo imposible!”

Sin embargo, me pregunto si creemos estas verdades para nosotros mismos. Sara, quien dudó del Señor, probablemente le ofreció este consejo a sus amistades. Imaginemos que ella se enteró de una pareja consagrada en una situación similar, personas fieles que deseaban tener un bebé pero eran muy viejos para tenerlo. La pareja creía que Dios les había prometido una criatura, pero estaban envejeciendo. Y poco a poco, estaban perdiendo la confianza en su sueño.

Si le hubieses preguntado a Sara que les diría, probablemente hubiese contestado: “Diles que resistan, que no pueden perder la esperanza en su sueño. Ellos sirven a un Dios que hace lo imposible y que les dará la solución”.

Más a Sara se le hizo difícil creer para ella misma. Muchos cristianos hacen lo mismo. Proclamamos a otros el poder de Dios con mucho denuedo, pero no creemos Su palabra para nosotros mismos.