lunes, 14 de julio de 2014

NO QUITES DE MÍ TU SANTO ESPÍRITU by Gary Wilkerson

El salmista David escribe: “No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu Santo Espíritu.” Sabemos que Dios es omnipresente, pero su presencia manifiesta es algo completamente distinto. Esa es la razón por la que muchos servicios de culto comienzan con coros implorando al Espíritu Santo que baje y manifieste su presencia. David está diciendo aquí: “Señor, necesito tu presencia, no sólo hoy, sino mañana. No quiero que disminuya porque no quiero volver a mi tibieza. Por favor, Dios, no quites de mí tu santo Espíritu. Quédate conmigo una vez que termine de adorarte”.

Todos sabemos lo que es sentirse así. En la iglesia y en nuestra comunión con los demás, podemos conocer la presencia manifiesta de Dios. Chispas interiores se encienden, trayendo una sensación de vida fresca y nueva, y anhelamos que Dios nos mueva de esa manera cada hora del día. Sin embargo, la chispa se desvanece a medida que los días pasan y somos bombardeados por demandas de trabajo, obligaciones familiares, y cuentas que nos consumen y abruman.

Caigo en este ciclo cada mes de septiembre en nuestras Conferencias “EXPECT Conference”. Soy conmovido e inspirado por los hombres de Dios que hablan aquí y sus poderosos mensajes que me hacen caer de rodillas. Sin embargo, en septiembre pasado hice una oración audaz a Dios: “Señor, si la chispa no se va a mantener, no me des una.”

Estaba cansado de la montaña rusa, de que se genere una chispa sin una llama para mantenerla, de estar en la cima de la montaña sólo por una semana para descender a la monotonía la semana siguiente. Así que le pedí: “Dios, si enciendes una llama en mí, haz que crezca más y más. Dame un espíritu leal, como dijo David. ¡Si me das una chispa, conviértela en una antorcha!”. Dios ha mantenido la llama en estos últimos meses. La iglesia que conduzco ahora tiene un pastor que arde en oraciones por su pueblo. Puede que no sea capaz de llevar a todos a tomar un café o a jugar golf con ellos, pero tengo un espíritu leal que intercede por ellos día y noche para que sus vidas se conviertan en todo lo que pueden llegar a ser para Jesús.