jueves, 29 de noviembre de 2012

ESTAR EN CRISTO

Los cristianos en la actualidad vivimos en una época de gran luz. El Espíritu Santo nos ha revelado el significado de la obra poderosa de Jesús en la cruz y las increíbles bendiciones de Su sacrificio. Sin embargo, hubo un periodo conocido como Los Tiempos Oscuros, cuando la maravillosa obra de Cristo estaba oculta para el mundo.

La mayoría de los sermones durante Los Tiempos Oscuros se enfocaban en la condenación y la ira de Dios. Los papas y sacerdotes predicaban un evangelio de las obras y la gente llevaba a cabo una variedad de acciones tratando de conseguir paz con Dios. Viajaban kilómetros para reverenciar una capilla, se arrodillaban en adoración ante símbolos de piedra y repetían largas oraciones acariciando rosarios. Sin embargo, todas estas cosas solamente incrementaban su esclavitud y traían una oscuridad más profunda a sus almas.

Las personas de ese entonces no tenían conocimiento de los beneficios y bendiciones disponibles a través de la vitoria de Cristo en el Calvario. Incluso hoy en día, con toda la enseñanza disponible acerca del tema, la mayoría de los cristianos todavía no entiende muchos aspectos importantes de la obra de Cristo para nosotros, es decir, lo que significa estar “en Cristo”.

Como pastor del rebaño del Señor, ocasionalmente predico acerca de temas como el infierno, la condenación y la ira de Dios, pero estoy cada vez más convencido de que la única manera en que puedo guiar al pueblo de Dios a una vida victoriosa es predicándoles las bendiciones y beneficios de “estar en Cristo”.

El hecho es que, estar en Cristo es el único fundamento sobre el cual la verdadera santidad y justicia pueden ser edificadas. Sin este fundamento, confiaremos en nuestra carne para tratar de producir una forma de santidad en nosotros mismos. Pero la verdadera santidad es obtenida solamente a través de conocer las riquezas de Dios en Cristo Jesús.

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:11.12) Solamente la gracia de Dios puede enseñarnos el tipo de teología que conduce a la santidad, y las obras jamás pueden producir eso.