miércoles, 14 de noviembre de 2012

DEJA DE HACER LAS PACES CON TU PECADO

“Y llamaron a Lot… ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos” (Génesis 19:5). El día de cuentas finalmente llegó para Lot. Una turba salvaje de hombres sodomitas rodeó su casa, aporreando la puerta y gritando obscenidades. Ellos demandaban que Lot mandara afuera a los dos ángeles que estaban quedándose allí para que pudieran violarlos.

¡Qué horripilante escena! Y aun así la reacción de Lot era tratar de llegar a un acuerdo con los hombres. Al parecer Lot era un juez en Sodoma, porque se sentaba a las puertas de la ciudad. Tenía la reputación de proteger, entonces trató de razonar con la turba. Incluso fue tan lejos que los llamó “hermanos” – lo que prueba que él había tomado el pecado de Sodoma demasiado ligeramente.

“Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad. He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere; solamente que a estos varones no hagáis nada” (Versos 7-8).

Un teólogo escribió que Lot sabía que sus hijas no estaban en peligro pues estos hombres eran homosexuales. Quizás Lot razono consigo mismo: “Estos hombres son homosexuales en fiesta, buscando satisfacer sus lujurias perversas. No son una amenaza para mujeres. Si envío mis hijas afuera, ellas volverán mañana por la mañana sin daño alguno.”

¡Qué imprudente! Incluso si eso fuera cierto, Lot habría tratado de reemplazar un pecado por otro. ¡Es imposible negociar con la lujuria!

Lot es un ejemplo de lo que un pecado escondido puede hacerle a un hombre justo. Él estaba claramente engañado. Su pecado había producido en él una condicion tan peligrosa que él hubiese renunciado a todo, incluyendo a su amada familia, para guardar las apariencias.

Este hombre no estaba listo para enfrentar la realidad. El estaba posponiendo su momento de juicio, aun haciendo tejes y manejes, tratando de retrasar la liberación de Dios en su vida. Y, amados, esa es la actitud de muchos cristianos hoy en día. Ellos se convencen a sí mismos: “Mi Dios es un Dios de misericordia. Él me liberó de mi pecado antes y lo hará de nuevo”.

¡No! Dios está diciéndote a través de este pasaje: “No más negociaciones. No más transar un pecado más ligero por uno más pesado. ¡Todo se tiene que ir!”