lunes, 21 de junio de 2010

UN VIAJE POR EL DESIERTO

Dietrich Bonhoeffer, el teólogo alemán, esbozó al cristiano como alguien tratando de cruzar un mar con pedazos de hielo flotando. El cristiano no puede quedarse en ningún lugar mientras cruza, excepto en su fe, que Dios lo hará. No puede detenerse mucho tiempo en ningún lugar, de lo contrario se hunde. Después de dar un paso, debe estar atento del siguiente. Debajo de él está el abismo y delante de él, la incertidumbre, pero siempre más adelante, está el Señor, ¡firme y seguro! Él no ve la tierra aun, pero ahí está: una promesa en su corazón. ¡Así que el viajero cristiano mantiene sus ojos fijos en su meta!

Prefiero pensar en la vida como un viaje por el desierto, como el de los hijos de Israel. Y la batalla del rey Josafat, junto con todos los hijos de Judá, es también nuestra batalla (ver 2 Crónicas 20). De hecho, se trata de un desierto; sí, hay serpientes, pozos secos, valles de lágrimas, ejércitos enemigos, arenas calientes, sequía, montañas intransitables. Pero cuando los hijos del Señor se pararon firmes para ver Su salvación, Él les puso una mesa en medio de dicho desierto, llovió maná del cielo, destruyó ejércitos enemigos con su solo poder, sacó agua de las rocas, quitó el veneno de las mordidas de serpientes, los guió con la columna y la nube, les dio leche y miel, y los trajo a la Tierra Prometida con mano fuerte y poderosa. Y Dios les mandó que le dijeran a todas las generaciones venideras: "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos" (Zacarías 4:6).

Cese de buscar ayuda en la dirección incorrecta. Apártese con Jesús en un lugar secreto; cuéntele todo acerca de su confusión. Dígale que no tiene otro lugar a dónde ir. Dígale que confía que Él lo llevará al otro lado. Será tentado a tomar el asunto en sus propias manos. Querrá descifrar las cosas a su manera. Se preguntará incluso si Dios está obrando. No hay nada que perder. Pedro lo resumió todo: "¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna" (Juan 6:68).

"Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más" (Isaías 45:22).

"Mas yo a Jehová miraré, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá" (Miqueas 7:7).