miércoles, 16 de junio de 2010

EL INEXORABLE AMOR DE DIOS

Quiero hablarle sobre la palabra inexorable. Significa no disminuido en intensidad o esfuerzo; que no cede, inalterable e incapaz de ser cambiado o persuadido por argumentos. Ser inexorable quiere decir mantener fijamente un curso determinado.

¡Qué descripción tan maravillosa del amor de Dios! El amor de nuestro Señor es absolutamente inexorable. Nada puede impedir o disminuir su búsqueda amorosa tanto de pecadores como de santos. David, el salmista, lo expresó de esta manera: "Detrás y delante me rodeaste… ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás" (Salmos 139:5, 7–8).

David se está refiriendo a los grandes altibajos que enfrentamos en la vida. Está diciendo: "Hay momentos en los que estoy tan bendecido que me siento como flotando de gozo. En otros momentos, me siento como si estuviera viviendo un infierno, condenado e indigno. Pero no importa donde estoy, Señor, no importa cuán bendecido me sienta, o cuán baja sea mi condición, Tú estás ahí. No puedo escapar de tu amor inexorable. Y tampoco puedo ahuyentarlo. Tú nunca aceptas mis argumentos de cuán indigno soy. Aun cuando soy desobediente, pecando contra tu verdad, tomando por sentada tu gracia, nunca dejas de amarme. ¡Tu amor por mí es inexorable!

Necesitamos considerar el testimonio del apóstol Pablo. Mientras leemos sobre la vida de Pablo, vemos a un hombre decidido a destruir la iglesia de Dios. Pablo era como un desquiciado en su odio hacia los cristianos. Respiraba amenazas de muerte contra todo aquél que siguiera a Jesús. Pedía la autorización del sumo sacerdote para perseguir creyentes, sacarlos de sus casas y arrastrarlos a la prisión.

Después de convertirse, Pablo testificó que aun durante esos años llenos de odio, mientras él estaba lleno de prejuicios, matando ciegamente a los discípulos de Cristo, Dios lo amaba. El apóstol escribió: "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Romanos 5:8). Dijo, en esencia: "Aunque yo no era consciente de ello, Dios me estaba buscando. Él insistía en buscarme en amor, hasta aquél día en el que literalmente me derribó de mi gran caballo. Eso fue el inexorable amor de Dios".

A través de los años, Pablo estaba cada vez más convencido de que Dios lo amaría fervientemente hasta el fin, a través de todos sus altibajos. Él declaró: "Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 8:38–39). Estaba declarando: "Ahora que soy de Dios, nada puede separarme de su amor. Ningún diablo, ni demonio, ni principado, ni hombre, ni ángel; nada puede impedir que Dios me ame".