miércoles, 23 de junio de 2010

RESISTID Y ÉL HUIRÁ

Satanás tentó a Jesús con la siguiente oferta: “Todo esto te daré, si postrado me adorares” (Mateo 4:9). Esto suena tan extraño, tan ridículo, ¿cómo podría ser considerado como una tentación? Aunque usted no lo crea, ésta era una tentación sutil y poderosa. Satanás estaba desafiando a Jesús, al decirle: “Te prometo que si tan sólo te inclinas levemente a mis pies, en un sencillo acto de adoración, abandonaré la pelea. Rendiré todo mi poder sobre estos reinos. Ya no poseeré a nadie ni esclavizaré a ninguno. Sé que amas a la humanidad tanto como para ser maldecido por Dios por causa de ellos. Entonces, ¿por qué esperar? Te puedes sacrificar ahora mismo, y liberar al mundo a partir de este momento”.

¿Por qué estaba dispuesto el diablo a rendir todo su poder por esto? Estaba tratando de salvar su propio pellejo. Satanás sabía que su destino eterno estaba determinado en el Calvario. Así que, si él pudiera tan sólo impedir que Jesús fuera a la cruz, podría librarse de tal destino.

Usted se estará preguntando: “¿Qué tiene que ver esto conmigo?” Satanás sigue tentando a los justos con una oferta similar. Satanás viene a nosotros con amenazas y acusaciones. Nos dice: “No tienes que adorarme, porque yo ya tengo acceso a tu carne. Conozco todas tus debilidades. Así que, anda nomás y testifica sobre tu libertad en Cristo. Cuando estés cantando tus alabanzas más fuertes, me impondré sobre tu mente con maldad. Traeré tu pecado a ti de una forma tan poderosa, que perderás toda esperanza de ser libre. No tienes poder”.

¿Cómo respondemos a las acusaciones de Satanás? “Resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7). No importa cuántas tentaciones Satanás lance sobre usted. Usted no tiene por qué temer ningún pecado de su pasado. Si la sangre de Cristo lo ha cubierto, entonces el diablo no puede hacer nada para separarlo a usted del Padre.