lunes, 7 de junio de 2010

¿DÓNDE MORA DIOS?

Después de que Jesús fue llevado al cielo, el apóstol Juan recibió una asombrosa visión de la gloria. Él dijo: “Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero…y el Cordero es su lumbrera” (Apocalipsis 21:22-23).

Ahora que el templo de Dios está en gloria y el Señor sentado a su diestra, ¿dónde mora el Señor en la Tierra? Tal como Dios mismo pregunta: “¿Qué casa me construirán? ¿Cuál es el lugar de mi reposo?” Sabemos que ninguna edificación puede contener a Dios. Él no está en la catedral de San Pedro en el Vaticano, tampoco en la catedral de San Patricio en la ciudad de Nueva York. Y Él no está en ninguna de las grandiosas catedrales europeas. No, como lo declara Pablo en la colina de Marte en Atenas: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas” (Hechos 17:24). Dicho de una manera simple, si buscamos la morada de Dios en alguna construcción, no la hallaremos.

El Señor ha fundado su habitación, Él vive y mora en los cuerpos de la raza humana que Él creó. Pablo declara que ahora, el templo de Dios está en cuerpos humanos: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3:16).

Una vez que ponemos nuestra fe en Jesús, nos convertimos en un templo, en la misma habitación de Dios. Esto fue demostrado de una manera más visible en el Aposento Alto. Allí, el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos, llenándolos de sí mismo. Y declaró dichos cuerpos santificados como templo de Dios, a donde el Padre puede venir y vivir. El Espíritu los ayudaría a hacer morir y a destruir las obras de su carne pecaminosa. Y les daría el poder para vivir en victoria. Sus cuerpos vinieron a ser el templo de Dios, un lugar de morada no hecho por manos humanas.
Jesús dijo: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:23). Una morada es una residencia, un lugar para quedarse.

Pablo dice: “Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:20). En otras palabras, usted le pertenece a Dios y Él quiere que usted sea su lugar de reposo. Ahora, abra su corazón a la verdad y dele gloria al recibirla.