lunes, 28 de junio de 2010

LA MEDIDA DE LA GLORIA DE DIOS

“Les dijo también…con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís. Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará” (Marcos 4:24–25).

Jesús sabía que estas palabras pudieran sonar extrañas en oídos no espirituales, así que precede Su mensaje diciendo: “Si alguno tiene oídos para oír, oiga” (Marcos 4:23). Jesús nos está diciendo: “Si tu corazón está abierto al Espíritu de Dios, entenderás lo que tengo que decirte”.

¿Qué, exactamente está diciendo Jesús en este pasaje? Está hablando de la gloria de Dios en nuestras vidas, esto es, la presencia manifiesta de Cristo. En resumen, el Señor mide su presencia gloriosa en diversas cantidades, sea en iglesias o en individuos. Algunos no reciben nada de su gloria. Sin embargo, otros reciben una medida siempre creciente, que emana de sus vidas e iglesias en cantidades cada vez mayores.

Dios ha prometido derramar su Espíritu a su pueblo en estos últimos días. De hecho, toda la Escritura apunta a una iglesia triunfante, llena de gloria al final de los tiempos. Jesús mismo dijo que las puertas del infierno no prevalecerán contra la iglesia. No iremos cojeando al cielo, golpeados, deprimidos, derrotados, desanimados. No, nuestro Señor dará más poder a su iglesia. Este poder no será manifestado tan sólo con señales y prodigios. Será revelado en su pueblo, en la gloriosa transformación de corazones tocados por el Espíritu de Dios.

¿Cómo podemos obtener una mayor medida, siempre creciente de la gloria de Cristo? El Señor nos los dice muy claramente: “con la medida con que medís, os será medido” (Marcos 4:24). Jesús está diciendo: “Según la porción de ti mismo que me des a mí, te devolveré una porción similar. Trataré contigo en la manera en que tú tratas conmigo. Cualquiera que sea la medida que me atribuyas, Yo te la atribuiré a ti”.

Si usted atribuye a Dios pereza y flojera, tomando por sentada su gran obra, usted será tratado con un espíritu de sueño. “La pereza hace caer en profundo sueño, y el alma negligente padecerá hambre” (Proverbios 19:15). Como resultado, su alma tendrá hambre, incapaz de ser saciada.

El amor, la misericordia y la gracia de Dios hacia nosotros son ilimitados. El asunto aquí no es obtener su amor, misericordia o gracia, sino tener la bendición de su gloria en nuestras vidas.

Jesús declara que Él mide distintas cantidades de Su gloria en nosotros, según cómo lo medimos a Él en nuestro corazón. Nuestra labor es simplemente acercarnos siempre a Él, en nuestra adoración, obediencia y diligencia.