domingo, 13 de junio de 2010

EL MAYOR SUFRIMIENTO DE CRISTO ES CUANDO AQUELLOS QUE ÉL AMA DESCONFÍAN DE ÉL

Jesús amó a Lázaro y a sus hermanas María y Marta con mucho cariño. La casa de ellos era un oasis para el Maestro. Sabemos que Lázaro y su familia amaron a Jesús, pero las Escrituras son más enfáticas en mostrar el amor que Cristo les tenía: "el que amas está enfermo" (Juan 11:3).

Cuando Jesús escuchó eso, él les envió un mensaje: "Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella" (v. 4).

¡Jesús sabía que su Padre tenía la intención de que este milagro fuese para darle a él gloria y darle a ellos confianza y fe! Pero qué experiencia de profundo sufrimiento llegó a ser esto para Jesús. Los discípulos dudaron de él, María y Marta dudaron de él, y también los amigos de Lázaro que lo lloraban.

¿Supo María cuán profundamente lo hirió cuando ella locusó de ser despreocupado y desinteresado con su problema? "Señor, si hubieras llegado aquí a tiempo – pero ahora es tarde, el daño ha sido hecho" (ver v. 21).

¿Supo Marta cuánto hirió a su Maestro cuando ella cuestionó su poder de resurrección? Él le había dicho plenamente, "tu hermano resucitará," pero su palabra no fue suficiente. Ella respondió en esencia, "Oh, sí, en el día de la resurrección él se levantará, pero eso no nos ayuda hoy día" (ver v. 24).

Cuán doloroso debe haber sido para Cristo que sus amigos más amados dudaren que él tuviera todo el poder que ellos necesitaran. "¿No saben todavía quién soy yo?" es lo que el Señor parece decir. "Yo soy la resurrección y la vida. Crean en mí. Yo tengo el poder, la vida" (ver v. 25).

Yo no creo que sepamos cuán profundo su dolor era en ese momento. Sus propios discípulos no podían alcanzar a entender el concepto de quién era él. Era suficientemente doloroso que su propio pueblo no lo conociera, pero ¿podrían aquellos a los que amaba entrañablemente no reconocer su poder? ¿Pudo él haberse dicho a sí mismo, "Ni aún mis amados amigos creen – quién podrá entonces creer?"

¡Lo que le causa tanto dolor y pena a nuestro Señor es que dudemos de su poder! Si nosotros, sus amados amigos, no confiamos en su poder y fidelidad, entonces ¿quién lo hará? Lo llamamos amigo y Señor, pero no vivimos nuestras vidas como si él tuviera el poder necesario para mantenernos victoriosos y gozosos – en todos nuestros dolores y dificultades.

Lo que verdaderamente satisface el corazón de nuestro Señor es aquél hijo suyo que descansa completamente en su amor y en su tierno cuidado.