domingo, 6 de junio de 2010

EL REGALO DE DIOS PARA SU HIJO

Cuando leo estas palabras, yo apenas puedo recibirlas, “Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno” (Juan 17:22). Piense en esto. Tenemos la palabra de nuestro Señor, confesada delante de su propio Padre, que él se ha dado total y completamente a nosotros, al igual que el Padre se ha dado a él. Él nos ha dado el mismo amor íntimo que su Padre le dio a él, y esa es su gloria manifestada en nosotros. Hemos sido traídos a la misma clase de relación amorosa que Jesús comparte con el Padre y aún más, él abre el círculo de amor que se tienen entre ellos y nos trae a nosotros adentro. Hemos sido hechos partícipes de una gloria que está más allá de nuestro entendimiento. ¡Cuán increíble que Cristo nos trajera al Padre y que le pidiera, “Para que sean uno con nosotros!” Compartimos completamente la plenitud del amor de Dios por su Hijo al estar nosotros en Cristo.

En un sentido verdadero, puede decirse que Dios amó tanto a su Hijo, que le dio el mundo. Sabemos que le dio aquellos que están en el mundo, porque el Señor dijo, “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste…” (v. 6).

¿No sabía usted que somos el regalo de Dios para su Hijo – un regalo de amor? “Eran tuyos; tú me los distes a todos.” Pero Cristo estaba en tal afinidad con el Padre, que él trae el regalo de vuelta a Dios y dice, “Todo lo mío es tuyo y lo tuyo mío…” (v. 10). Esta clase de amor no puede tomar nada para sí mismo – sino que lo da todo.

¿No es reconfortante saber que somos el objeto de tal amor entre el Padre y el Hijo? Qué honor, que Cristo nos coloque en la gran y amorosa palma de su mano, y nos presente al Padre y diga, “¡Mira, Padre! ¡Son tuyos! ¡Todos ellos nos pertenecen! ¡Son el objeto de nuestro amor! ¡Los amaré, Padre! ¡Tú los amarás! Y haremos nuestra morada en ellos y les mostraremos cuán amados son.”

¿Cómo pueden nuestras mentes comprender todo esto? Aquí está nuestro Señor diciéndole a su Padre, “Les voy a hacer conocer a ellos el amor que tú tienes por mí, para que el amor que tú me tienes pueda también estar en ellos.”