lunes, 4 de mayo de 2009

EL AMOR DE DIOS POR SU PUEBLO NUNCA FALLA

Mientras estaba leyendo el Salmo 13, fui influenciado a enviarles a ustedes unas cuantas palabras de ánimo que recogí de este capítulo bendito.

 

David escribió las palabras contenidas en este Salmo. Él preguntó, “¿Hasta cuándo Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, con tristezas en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?”

 

Esto suena como si David sintió que Dios lo había abandonado completamente a que sufriera, a que despertara cada día con una nube negra sobre su cabeza. Por un tiempo, David habló con desesperación, “Dios, ¿tendré para siempre este sentimiento de solitud? ¿Cuándo serán contestadas mis oraciones?”

 

Cuando los problemas nos asaltan, aunque conocemos el amor del Señor – cuando nuestro rescate parece distante y sin esperanza – nos hundimos bajo presión. Ahora mismo, algunos que están leyendo estas palabras se están hundiendo ante la terrible presión de una situación que parece no tener solución.  Ellos están al borde de una desesperación total, esperando que una calma venga aunque fuera para tener un poco de alivio en sus pruebas.

 

En medio de su propia prueba, David preguntó, “¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma?” Él había ideado un plan tras otro, tratando de encontrar una salida a su problema – pero todos sus planes, todos sus arreglos habían fracasado. Ahora él ya no tenía más ideas, ni ninguna solución que funcionara. El había llegado al final de todo.

 

Cuán desconcertante es ver un rayo de esperanza, un poco de luz, pero que nuevamente la desesperación  se establece. Tenga en mente, que todo esto le sucedió a un hombre devoto, alguien que quería agradar al corazón de Dios. David era un hombre que testificó de tener gran confianza en el Señor. Pero, al igual que nosotros, David atravesó tiempos duros, como lo describe en este Salmo.

 

¿Cómo se levantó David de este pozo de desesperación?  “Mas yo en tu misericordia he confiado…Cantaré a Jehová.”

 

Deje que comparta con usted razones para seguir confiando en Dios mientras atraviesa sus problemas:

 

·                     No importa cuán fuertes sean las tormentas, nuestro precioso Señor todavía seguirá alimentando a las aves del cielo, vistiendo a los lirios del campo, y supliendo a todo un océano lleno de peces de sus     necesidades diarias. “Vuestro Padre celestial las alimenta…” Ningún ave cae al suelo sin que el ojo del Padre esté sobre ella.

 

·                     ¿Qué clase de Padre alimentaría a todas las criaturas de la tierra y descuidaría a sus hijos? Jesús nos     exhortó a “no afanarnos” por las necesidades y problemas diarios, “porque él cuida de vosotros.”


Verdaderamente, el Señor lo ama, y él no dará oídos sordos a sus clamores. Agárrese de sus promesas. Siga adelante en fe. Espere en él pacientemente. Él nunca le fallará.