viernes, 29 de enero de 2016

¿DÓNDE ESTÁN LOS TIMOTEOS?

Vivimos en un tiempo de inminente amenaza mundial de ataque nuclear o explosión química. Los corazones de millones de personas están fallándoles a causa del miedo, y la iglesia de Jesucristo es desafiada como nunca antes en la historia. Estamos observando un mundo que ya está volviéndose caótico.

Mientras inspecciono todo esto, me pregunto: “¿Dónde están las voces de autoridad en Cristo? ¿Dónde están los pastores, las congregaciones, los laicos que están pensando como Jesús? ¿Dónde están aquellos que no persiguen sus agendas personales, sino que están buscando la mente de Cristo en estos tiempos?”

Aquellos que están centrados en mejorarse a sí mismos, se están alejando de la intima comunión con Cristo. Pueden predicar a Cristo, pero, le conocen cada vez menos. Y se están exponiendo a grandes tentaciones.

Te pregunto: ¿Tu iglesia está floreciendo, y sin embargo, nadie parece identificarse con Pablo, poniendo sus afectos en las preocupaciones de Cristo? ¿Y qué hay de ti? ¿Cuándo ves a alguien que está sin trabajo, oras por él? ¿Buscas la manera de cómo ayudar y servir?

¿Dónde están los jóvenes Timoteos de hoy? ¿Dónde están los hombres y mujeres jóvenes de Dios que rechazan el tentador pero letal llamado al éxito y el reconocimiento? ¿Dónde están aquellos que disponen sus corazones en oración ferviente, y traen todas las cosas en sus vidas bajo sujeción, para convertirse en verdaderos servidores de Cristo y Su iglesia?

Nuestra oración debería ser: “Señor, no quiero estar centrado solamente en mí mismo en un mundo que está girando fuera de control. No quiero estar preocupado acerca de mi propio futuro. Sé que Tú sostienes mis pasos en Tus manos. Por favor, Señor, dame Tu mente, Tu sentir, Tus preocupaciones. Deseo tener Tu corazón de siervo.”

“Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina (enseñanza); persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.( 1 Timoteo 4:16)

jueves, 28 de enero de 2016

AMOR Y PREOCUPACIÓN POR LOS DEMÁS

Fue de detrás de las rejas en Roma que Pablo escribió a los Filipenses y declaró que tenía la mente de Cristo: “Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado” (Filipenses 2:19).

Este es el pensamiento y el resultado del “sentir de Cristo”. Piensa en esto: Aquí había un pastor sentado en la prisión, sin embargo, no estaba pensando en su propia comodidad, en su propia situación difícil. Estaba preocupado solamente de las condiciones espirituales y físicas de su pueblo. Y dijo a sus ovejas: “Mi consuelo vendrá solamente cuando sepa que ustedes están bien, en el espíritu y en el cuerpo. Por lo tanto, estoy enviando a Timoteo para que vea esto en mi nombre.”

Entonces, Pablo hace esta alarmante declaración: “Pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros” (2:20). ¡Qué triste declaración! Mientras Pablo escribía esto, la iglesia a su alrededor en Roma estaba creciendo y siendo bendecida. Indudablemente, había líderes piadosos en la iglesia romana. No obstante, Pablo dijo: “No tengo ningún hombre que comparta conmigo la mente de Cristo”. ¿Por qué esto era así?

“Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús” (2:21). Evidentemente, no había líderes en Roma con un corazón de siervo – ninguno que pusiera a un lado su reputación y se convirtiera en un sacrificio vivo. En lugar de eso, cada cual perseguía sus propios intereses. Ninguno tenía el sentir de Cristo. Pablo no pudo confiar en ninguno para que fuera a Filipo y para ser un verdadero siervo a ese cuerpo de creyentes.

Las palabras de Pablo aquí no pueden ser suavizadas: “Cada cual se interesa por sí mismo. Estos ministros buscan solamente beneficiarse a sí mismos. Esa es la razón por la cual no hay nadie aquí en quien pueda confiar para que sinceramente cuide de vuestras necesidades y dolores, excepto Timoteo.”

Al observar a la iglesia de hoy en día, vemos que lo mismo está sucediendo en muchas congregaciones. Ministros y feligreses por igual, van detrás de las cosas del mundo: dinero, reputación, materialismo y éxito. Ellos son llamados a servir a la iglesia de Jesucristo, pero no conocen la mente o el sentir de Cristo. Y la mente de Jesús es una de sacrificio, amor y preocupación por los demás.

miércoles, 27 de enero de 2016

EL ESPÍRITU SANTO ERA SU MAESTRO

Si mi corazón está motivado por la aprobación de otros, si esa es la predisposición que influencia mi manera de vivir – mis lealtades estarán divididas. Siempre me empeñaré en satisfacer a los demás, más que a Jesús.

Unos pocos años después que el apóstol Pablo se convirtiera, fue a la iglesia en Jerusalén para tratar de juntarse con los discípulos de allí. “Pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo” (Hechos 9:26).

Los apóstoles conocían la reputación de Pablo como perseguidor. “Y no era conocido de vista a las iglesias de Judea, que eran en Cristo; solamente oían decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba.” (Gálatas 1:22-23).

Bernabé ayudó a los apóstoles a superar el miedo respecto a Pablo y le ofrecieron su fraternidad. Pero Pablo decidió volverse a los gentiles. De hecho, Pablo es cuidadoso en describir su llamado muy claramente. Señala que este llamado vino a él por disposición “no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos” (Gálatas 1:1)

Él, entonces, agrega enfáticamente: “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo… no consulté en seguida con carne y sangre” (Gálatas 1:11-12, 16).

Lo que está diciendo Pablo aquí, es aplicable a todos los que desean tener la mente de Cristo: “No tuve que leer libros o seguir métodos de hombre para lograr lo que tengo. Recibí mi mensaje, mi ministerio y mi unción sobre mis rodillas. Les digo, estas cosas vinieron mientras estaba encerrado con el Señor, intercediendo y ayunando. Si yo tengo alguna revelación de Cristo, esta viene del Espíritu Santo, quien habita en mí y guía mi vida. No puedo permitirme a mí mismo seguir las tendencias y las estrategias de otros”.

De hecho, Pablo señaló que antes de incluso considerar regresar a Jerusalén: “[Fue] a Arabia” (Gálatas 1:17). En otras palabras está diciendo: “No obtuve mi revelación de Cristo de parte de los santos en Jerusalén. En lugar de eso, fui al desierto, para que Cristo se revelara a mí. Pasé un precioso tiempo allí, siendo vaciado del yo, oyendo y siendo enseñado por el Espíritu Santo.”

Por favor comprende: Pablo no era algún predicador orgulloso y arrogante. Tenía un corazón de siervo, se había vaciado de toda ambición personal y había encontrado total satisfacción en Cristo. Pablo no necesitó que ninguna persona le enseñe cómo predicar a Cristo, o cómo ganar pecadores para el evangelio. ¡El Espíritu Santo fue su profesor!

martes, 26 de enero de 2016

LAS CONSECUENCIAS DE ABANDONAR LA ORACIÓN

Hay horrorosas y terribles consecuencias por desatender la oración. “¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? (Hebreos 2:3). ¿Cómo podría alguno de nosotros que estamos en Cristo creer que podemos evitar las consecuencias de abandonar la oración?

Yo sé cómo se siente cuando la autopista de las bendiciones en mi vida lentamente se convierte en un camino inexplorado. Sé cómo se siente cuando el pozo de agua viva se ahoga en su nacimiento y cada bendición de mi vida se seca. Eso fue lo que me sucedió durante mis períodos de descuido en la oración.

En esas ocasiones, mi vida de oración solamente consistía en meditación y horas quietas. No tuve un fervor eficaz en la oración. ¿Por qué? Porque las preocupaciones de la vida me robaron mi tiempo con el Señor.

Entonces, ¿qué me sucedió en ese periodo? El servicio se volvió en auto-compasión. El ministerio parecía una carga, no una bendición. Y miseria sobre miseria desbordaba mi alma.

Batallé con la soledad, con la fatiga, con la incredulidad, con un molesto sentir de haber logrado muy poco en la vida, e incluso pensamientos de renunciar al ministerio. Y las bendiciones de Dios fueron obstruyéndose. Mis relaciones se echaron a perder, perdí el discernimiento y las revelaciones frescas de Cristo no vinieron más.

Sin embargo, también conocí la gloria de volver a estar con el Señor en oración. Tan pronto como regresé a mi cuarto de oración, las bendiciones empezaron a fluir otra vez. Tuve gozo y paz, las relaciones fueron sanadas y la Palabra de Dios volvió a tener vida.

“(Uzías) Persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías… y en estos días en que buscó al Señor, él le prosperó” (2 Crónicas 26:5). “(El Rey Asa) [dijo:]… hemos buscado al Señor… y él nos ha dado paz por todas partes” (14:7). “Todo Judá… de todo su corazón… y con toda su voluntad lo buscaban. Por eso el Señor se dejó hallar de ellos y les dio paz por todas partes” (15:15).

La escritura establece esto con claridad: los siervos que oran encuentran bendiciones y descanso por todos lados.

“Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu”. (Salmo 34:17-18)

lunes, 25 de enero de 2016

EL LLAMADO A DAR by Gary Wilkerson

Era la noche de la Última Cena, y Jesús estaba terminando Su última conversación con los discípulos. Todo lo que dijo esa noche era con el conocimiento de que estaba a punto de dejarlos. Concluyó la reunión con una oración alentadora sobre lo que vendría: una Iglesia que sería vencedora y triunfante; un pueblo cuyo amor el uno por el otro sería un testimonio al mundo; un poder y autoridad divinos que fluiría a través de Sus seguidores; y la gloria del Padre descansando en Su pueblo. Todo esto eran las cosas que Jesús daría a Su Iglesia por medio del Espíritu Santo.

Piensa en lo que ya había hecho Jesús. En tres años de ministerio había sanado a los enfermos; había restaurado la vista a los ciegos; había resucitado a los muertos; había alimentado grandes multitudes milagrosamente; había predicado el evangelio a los pobres; y había enseñado a las masas la verdad acerca de su Padre celestial. Esta es una increíble lista de logros del Hijo a través de Su obediencia a la voluntad del Padre.

Cristo deja en claro que todo esto era resultado de la naturaleza generosa del Padre. En su oración en Juan 17, una palabra (dar) aparece más que cualquier otra. "Padre…me has dado. . . le has dado. . .les he dado”. A lo largo de 26 versos, Jesús usa alguna forma de la palabra "dar" diecisiete veces.

Lo primero que notamos en esta increíble oración es cuan frecuente y generosamente el Padre da. Está en Su naturaleza dar buenas dádivas a Sus hijos. Enumeró todo lo que le daría a Su Hijo cuando lo envió: "Te daré el poder y autoridad de Mi nombre. Te daré los pueblos de la tierra. Te daré palabras para hablar y obras para hacer. Y te daré Mi gloria".

A su vez, vemos que Jesús tiene la misma naturaleza generosa de Su Padre. De hecho, Su oración relata todo lo que Cristo ya había dado a Sus discípulos, ¡y las cosas que les seguiría dando! Este pasaje destaca poderosamente la naturaleza generosa que hay en el centro del corazón de Dios.

En cierto sentido, esa noche Jesús dio a los discípulos Su última voluntad y testamento. Él estaba diciendo: "Establecí Mi reino por el dar. Y así es como quiero mi reino continúe a través de ustedes”. Lo último que les dio a sus seguidores antes de irse era un llamado particular -el llamado a dar.

sábado, 23 de enero de 2016

DIOS NO SE RINDE CON NOSOTROS by Claude Houde

Crecí en un ambiente donde nadie expresaba emoción. ¡Se trataba simplemente de una cuestión de supervivencia! Cuando llegué a conocer al Señor, muchas cosas cambiaron. Estaré eternamente agradecido por mis primeros años en la fe y por aquellos que con tanta paciencia me enseñaron y guiaron en mis primeros pasos con Dios. Ellos son mis padres y madres espirituales y los amo. Sin embargo, en la mentalidad de la iglesia evangélica de la época, existía la misma actitud: Nosotros no hablamos de problemas y sufrimiento; levanta la cabeza y camina firme; podemos hacerlo, vamos, vamos, vamos! Y esa actitud, que ahora se envuelve en versículos bíblicos, persiste: “Todo lo puedo. . . regocijaos siempre. . . dad gracias en todo. . . levantad vuestros ojos. . . levantad vuestra cabeza. . . eres un soldado! ¡Arriba! ¡Arriba! ¡Arriba!"

Querido amigo, cuando estamos con la cabeza en alto, los hombros derechos, y los ojos hacia el cielo, Sus brazos nos llevan. Ahora, no dejes de entender esto: Cuando nuestros ojos miran hacia abajo y estamos cansados y vencidos, en el desierto, a través de hambrunas y tristeza, en desesperación a causa de lo que se ha perdido o destruido, escrito está: “acá abajo [están] los brazos eternos” (Deuteronomio 33:27) y “no quebrará la caña cascada” (Isaías 42:3).

Los niños que jugaban todo el día en las orillas del lago donde Isaías creció (que es el que nos entrega esta increíble promesa), conocían este juego. Ellos recogían una caña con mucho cuidado, y a medida que la soplaban, un tono agudo, como sonido de flauta llenaba el aire mientras los niños se reían y gritaban de alegría. Si la frágil caña se rompía, se volvía inútil, así que la botaban y recogían otra. Pero Dios dice: "No voy a tirar a la basura lo que se ha roto." En esencia, está diciéndote: "Si tu vida ha perdido su melodía, su canción, si tu oración o alabanza se han ido, si tu silencio pide a gritos tu altar en la noche, Yo te restauraré. Iré y cuidare esa caña todo el tiempo que sea necesario, hasta que hayas recuperado tu música y tu alegría delante de Mi".

Dios dice: "Yo no me deshago de la gente; no me rendiré contigo. Construye tu altar y te reconstruiré ti. No voy a apagar la llama que todavía está ardiendo".

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Claude Houde es el pastor principal de la Iglesia de la Nueva Vida (Eglise Nouvelle Vie) en Montreal, Canadá; y es un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes dirigidas por World Challenge en todo el mundo. Bajo su liderazgo la Iglesia de la Nueva Vida se ha incrementado de ser un puñado de personas, a más de 3500 miembros, en una parte de Canadá donde pocas iglesias protestantes han alcanzado éxito.

viernes, 22 de enero de 2016

BUSCANDO A DIOS EN EL LUGAR SECRETO

El Espíritu Santo vino sobre Ananías, un hombre piadoso que vivía en Damasco. El Espíritu le instruyó para que fuera a casa de Judas en la calle Derecha, impusiera manos sobre Saulo y restaurara su vista. Por supuesto, Ananías conocía acerca de la reputación de Saulo. No obstante, así es como el Espíritu Santo recomendó a Saulo a Ananías: “He aquí, él ora” (Hechos 9:11).

En esencia, el Señor estaba diciendo: “Ananías, tú encontrarás a este hombre sobre sus rodillas. Él sabe que tú estás yendo, él hasta sabe tú nombre y por qué estás siendo enviado a él. Él desea que sus ojos sean abiertos”.

¿Cuándo recibió Saulo este conocimiento interno? ¿Cómo recibió él esta visión, esta palabra pura de Dios? Vino a través de oración y súplica ferviente. De hecho, yo creo que las palabras del Espíritu a Ananías revelan lo que movió el corazón de Dios respecto a Saulo: “He aquí, él ora”.

Saulo había estado encerrado con Dios por tres días, rechazando todo alimento y agua. Todo lo que deseaba era al Señor, así que continuó sobre sus rodillas todo ese tiempo, orando y buscando a Dios.

Cuando yo estaba creciendo, mi padre predicador me enseñó: “Dios siempre hace camino para un hombre de oración”. Ha habido períodos en mi vida cuando el Señor mostró evidencias indisputables sobre esto. Como pastor joven en Pensilvania, una profunda hambre se levantó en mí, la cual, me llevó a orar diligentemente. Algo en mi corazón me dijo: “Hay más acerca de servir a Jesús que lo que estoy haciendo. Oh, Señor, no puedo vivir tan debajo de lo que leo en tu Palabra. Prefiero morir que vivir de la forma tan egoísta como he vivido”.

Así que pasé meses sobre mis rodillas, gimiendo y orando por horas a la vez, cuando finalmente el Señor me llamó para ir a la ciudad de Nueva York para ministrar a las pandillas y drogadictos. Eso fue hace décadas.

También estuve sobre mis rodillas, buscando a Dios con lágrimas y fuerte clamor, cuando Él me llamó de regreso a Nueva York para empezar una iglesia en Times Square. Una vez más, el Señor dijo: “David, Yo quiero que tengas mi sentir, mis intereses.”

Si alguna vez escuché de parte de Dios, no vino sólo a través del estudio de la Biblia. Vino a través de la oración, de buscar sólo a Dios. Si hay alguna medida visible de Cristo en mí, es a causa de pasar tiempo con Él en el lugar secreto.

jueves, 21 de enero de 2016

AMBICIONES RELIGIOSAS

“Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible” (Filipenses 3:4-6).

Pablo era un hombre que podía decir: “Yo, una vez, fui alguien. Todos mis semejantes, incluyendo mis compañeros fariseos, tenían que levantar la cabeza para mirarme. Fui un Fariseo entre Fariseos, subiendo la escalera, llegué a ser considerado un hombre santo, un poderoso maestro de la ley. Tenía una reputación en la tierra y ante los ojos de la gente era intachable. Pero, cuando Cristo me tomó, todas las cosas cambiaron. La lucha, la competencia, todo lo que yo pensaba que era significativo en mi vida, fueron rendidos. Me di cuenta de que había pasado por alto al Señor completamente”.

Pablo, alguna vez pensó que sus ambiciones religiosas, su celo, su espíritu competitivo, sus obras, sus negocios, sus ocupaciones, eran todos justos. Había pensado que todo era para la gloria de Dios. Ahora Cristo le reveló que todo había sido en la carne, todo para sí mismo.

Por esta razón, Pablo declaró: “He dejado a un lado todos mis anhelos de éxito y reconocimiento y he determinado ser un siervo”.

“Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número” (1 Corintios 9:19).

Pablo vio que Jesús tomó sobre sí mismo la vida de un siervo. Él era el mismo Hijo de Dios, pero con un corazón de siervo. De la misma manera, Pablo supo que él también había sido hecho hijo de Dios por el sacrificio de Cristo en la cruz. Y, como Jesús, también deseaba ser un hijo con un corazón de siervo. Así que determinó ser un esclavo para Cristo y Su iglesia.

Amados, yo también sé que soy un hijo de Dios. Y, como Pablo, también deseo tener el corazón de siervo de Cristo. “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:5). Tener el sentir o la mente de Cristo significa ir más allá de la teología. Significa sujetar nuestra propia voluntad para tomar lo que preocupa o concierne a Jesús.

miércoles, 20 de enero de 2016

RENOVANDO LA MENTE

Cuando Pablo osadamente declara: “Yo tengo la mente de Cristo”, él está declarando: “Yo también me he despojado a mí mismo. Como Jesús, he tomado el rol de siervo” (ver Filipenses 2:7). Y Pablo afirma que lo mismo es verdad para cada creyente. “Nosotros tenemos (todos podemos tener) la mente de Cristo” (1 Corintios 2:16).

Quizás te preguntas: ¿Cómo y cuándo decidió Pablo vivir la vida de un siervo? ¿Cómo pudo, un hombre como éste, un ex perseguidor de creyentes, un homicida de corazón, llegar a tener la mente de Cristo?

Pablo podía determinar exactamente cuándo sucedió. Hechos 9 describe dónde y cómo tuvo lugar su decisión: En Damasco, en una calle llamada “Derecha”, en la casa de un hombre llamado Judas.

En ese momento, Pablo era conocido como “Saulo”. Él iba camino a Damasco con un pequeño ejército, con el propósito de capturar cristianos, traerlos de regreso a Jerusalén y encarcelarlos y torturarlos. Pero Jesús se le apareció a Saulo en ese camino a Damasco, lo cegó y lo dirigió a la casa de Judas, en la calle “Derecha”. “Donde [Saulo] estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió” (Hechos 9:9).

Durante aquellos tres días, la mente de Saulo estaba siendo renovada. Él estuvo todo el tiempo en intensa oración, reconsiderando su vida pasada. Y lo que vio de ella, lo comenzó a menospreciar. Ahí fue donde Saulo se convirtió en Pablo.

Este hombre había sido muy orgulloso. Él había estado lleno de un celo mal encaminado y buscaba la aprobación de otros religiosos de mente elevada. Sin embargo, luego él dice: “Cristo vino y se reveló a sí mismo a mí, y yo renuncié a mis caminos antiguos. Ya no más agradar al hombre, no más seguir tendencias religiosas. Me he vuelto de Cristo”.

“Aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:8).

martes, 19 de enero de 2016

LA MENTE DE CRISTO

“Haya pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:5).

“Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2:16).

“Renovaos en el espíritu de vuestra mente” (Efesios 4:23).

Estas son todas, exhortaciones del apóstol Pablo. Él le está diciendo al pueblo de Dios: “Permitan que la mente que está en Cristo, el pensar mismo de Jesús, sea vuestro pensamiento también. Su manera de pensar es la que todos debemos buscar”.

¿Qué quiere decir tener la mente de Cristo? Simplemente, significa pensar y actuar como lo hizo Jesús. Significa tomar decisiones de acuerdo a Cristo que determinan nuestra manera de vivir. Quiere decir que llevemos cada facultad de nuestra mente dirigida a cómo podemos actualmente tener la mente de Cristo.

Cada vez que miremos en el espejo de la Palabra de Dios, debemos preguntarnos a nosotros mismos: “¿Lo que veo sobre mi persona, refleja la naturaleza y el pensamiento de Cristo? ¿Estoy cambiando de imagen a imagen, conformado a la semejanza de Cristo a través de cada experiencia que Dios trae a mi vida?”

De acuerdo a Pablo, esta es la manera de pensar de Cristo: “[Él] se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:7).

Jesús tomó una decisión mientras todavía estaba en el cielo. Él hizo un pacto con el Padre de dejar Su gloria celestial y venir a la Tierra como hombre. Él iba a descender al mundo como un humilde sirviente y buscaría ministrar, en lugar de ser ministrado.

Para Cristo, esto significaba que Él diría: “Iré a hacer Tu voluntad, Padre”. Verdaderamente, Jesús determinó antes que nada: “Estoy dejando a un lado Mi voluntad, para hacer la Tuya, Padre. Subyugo Mi voluntad para poder abrazar la Tuya. Todo lo que Yo digo y hago tiene que venir de Ti. Estoy dejando a un lado todo para ser totalmente dependiente de Ti”.

lunes, 18 de enero de 2016

LA VERDAD QUE NOS HACE LIBRES by Gary Wilkerson

“Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación. Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (Romanos 10:1-4).

"¿Es necesaria tanto la santificación como la justificación?" La forma de responder a esa pregunta va a cambiar tu vida. Será la diferencia entre la esclavitud y la libertad: Esclavitud a la pasada manera o libertad para andar en novedad de vida. Tu respuesta a esta pregunta es clave para tu éxito en vencer el pecado, la tentación, a Satanás y al mundo.

Si se requiere tanto la santificación como la justificación, ¿ambas provienen de la misma fuente? Esa es una pregunta importante. Si ambas son necesarias, ¿son obtenidas de la misma forma? Piensa en ello por un momento, ¿podrías? Porque yo creo que muchos de nosotros creemos que la justificación viene exclusivamente por la gracia a través de la fe de Dios solamente. Y muchos de nosotros creemos, que lo segundo viene por el hombre, a través del hombre, y solamente del hombre. Muchos falsamente creen que es Dios quien nos justifica, pero que ahora depende de nosotros el santificarnos a nosotros mismos, que es Su responsabilidad que entremos en el Reino, pero es nuestra responsabilidad mantenernos y conducirnos como personas piadosas una vez que estamos en el Reino. Muchos de nosotros estamos diciendo: "He alcanzado la justificación por gracia y ahora debo luchar día a día para lograr y permanecer santificado".

Lo que estamos diciendo es: "Gracias, Dios, por justificarme. Gracias, porque en la cruz Tú me hiciste justo. Gracias, porque Tú perdonaste mi pecado y pagaste la penalidad. Te pusiste en mi lugar y tomaste mi pecado sobre Ti. Gracias, por el trabajo de justificarme, y ahora, a cambio, Yo quiero hacerte un favor y mostrarte cuán bien puedo santificarme a mí mismo”.

La verdad que nos hace libres, no es la ley que sabemos o nuestra búsqueda celosa de tratar de guardar la ley. La verdad que nos hace libres está en una persona, Cristo Jesús. Él es la única fuente de libertad de nuestro pecado.

sábado, 16 de enero de 2016

QUESTO ERA IL DIO CHE POTEVO ADORARE by Nicky Cruz

Dio ha un modo tutto Suo di prendere i nostri momenti di più profonda confusione e dubbio ed usarli per rafforzare la nostra fiducia e dipendenza da Lui. Egli prende i semi della nostra fede e li trasforma in una torre di convinzione e fiducia. Quando siamo più perplessi, Lui ha ancora di più il controllo. Quando siamo più deboli, Lui è più forte. Quando abbiamo bisogno di Lui, Dio è sempre lì.

David Wilkerson, mio amico e mentore, è una testimonianza vivente di questa verità. Più di ogni altro uomo che io conosca, ha una fiducia illimitata in Dio. Non permette mai alla confusione, al dubbio o ad altre persone di manovrare le sue decisioni. Ogni preoccupazione, ogni domanda, ogni momento di apprensione viene deposto ai piedi di Gesù finché non riceve risposta. Egli ascolta Dio e Dio solo. Ecco perché Dio si è usato di lui con potenza nella vita e nel suo ministero.

David Wilkerson era solo un predicatore di paese dalla Pennsylvania quando Dio gli disse di andare a New York per raggiungere le band criminali. Stava guardando un programma di cronaca in cui si discuteva del problema dei criminali nella città quando Dio parlò al suo spirito dicendogli di andare. Nessuno riusciva ad immaginare che questo pastore pelle e ossa potesse essere in grado di raggiungere gente così dura di cuore, ma lui obbedì ed andò.

Non dimenticherò mai la sua franchezza di fronte al pericolo. Lo maledimmo, umiliammo, gli urlammo in faccia, ma lui continuò a tornare. Non avrei mai messo piede in una chiesa se non fossi stato affascinato dal suo coraggio, dalla completa noncuranza per la sua sicurezza. Cos'è che fa fare ad un uomo una cosa del genere? Che tipo di Dio darebbe ad un uomo una tale sicurezza, una tale fiducia, una tale intraprendenza da riuscire a camminare in mezzo all'inferno e guardare il diavolo stesso dall'alto verso il basso? Cos'è che fece pensare ad un pastore minuto come lui di poter entrare nel nostro territorio a dirci in cosa credere?

Dovevo saperlo, e così andai al suo servizio nell'Arena di St. Nicolas. Di fronte a centinaia di estranei e dozzine di miei compagni membri di band, caddi sulle mie ginocchia davanti all'altare e mi arresi a Gesù. Piansi per Lui affinché mi salvasse e Lui lo fece. Smisi di provarci a farlo da solo. Guardai a David Wilkerson, all'amore che aveva nei suoi occhi, alla pace del suo spirito, al coraggio del suo cuore e capii che volevo ciò che lui aveva. Questo era il Dio che potevo adorare. Questo era il Gesù con cui potevo relazionarmi.

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Nicky Cruz, evangelista di fama internazionale ed autore prolifico, si convertì a Gesù Cristo da una vita di violenza e crimine dopo aver incontrato David Wilkerson a New York City nel 1958. La storia della sua drammatica conversione venne per la prima volta raccontata ne La Croce e il Pugnale di David Wilkerson e successivamente nel suo vendutissimo libro Run, Baby, Run.

viernes, 15 de enero de 2016

LA PRUEBA VIVIENTE DE QUE JESUS ES MAS QUE SUFICIENTE

¿Dónde comenzaron los discípulos su ministerio? Jesús los mandó a los angustiados, a los pobres, a aquellos que estaban cabizbajos por el pecado, con ataduras y hábitos que controlaban sus vidas. “Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa” (Lucas 14:23)

Pienso en el ministerio de rehabilitación de las drogas y alcohol de Teen Challenge (Desafío Juvenil), con sus 1100 centros alrededor del mundo, y pienso en los muchos cosechadores que han ido a otros países y han visto milagros de salvación mientras han ministrado a los más necesitados, a los más pobres y a los más atados por el diablo. Ellos están comenzando a cosechar exactamente donde Jesús comenzó Su cosecha: entre las ovejas perdidas, los cautivos, los quebrantados de corazón, los prisioneros, los leprosos, los ciegos, los pobres, aquellos que lloran, aquellos con espíritus abatidos, aquellos que están angustiados y desconcertados.

Considera las palabras de Pablo: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es…a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1 Corintios 1:26-29).

Estimado santo, Jesús sabía lo que íbamos a enfrentar en estos últimos días: una generación sumida en pecado mucho más que cualquier otra, estrés y soledad tal como nunca ha sido experimentado por el hombre, desastres financieros, divorcio descontrolado, homosexualidad agresiva e inmoralidad que haría ruborizar incluso al peor de los pecadores de hace treinta años atrás.

Por esto Cristo busca labradores que se hayan sometido al fuego y hayan sido forjados allí. Él quiere un pueblo que se ponga de pie ante el mundo y proclame: “¡Dios está conmigo! Satanás no puede detenerme. Solo mira mi vida. He pasado por fuego tras fuego, he sido golpeado vez tras vez, pero he salido de todo esto siendo más que vencedor a través de Cristo, quien vive en mí. Lo que he predicado me ha funcionado. ¡Soy una prueba viviente de que Jesús es más que suficiente!

jueves, 14 de enero de 2016

EL TIEMPO DE LA COSECHA

Cuando Moisés le dijo a Faraón: “Deja ir a mi pueblo”, fue porque Dios había anunciado que era tiempo de cosecha. ¡Había llegado el momento de la liberación de Israel de la esclavitud!

Pero Faraón respondió: “¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel.” (Éxodo 5:2). Faraón representa el sistema demoníaco de Satanás, incluyendo religiones falsas y opresión que mantiene a la gente bajo esclavitud.

Antes que Israel pudiera ser liberado, los poderes de las tinieblas tenían que ser sacudidos. Así que Dios golpeó a Egipto con nueve calamidades naturales. Sin embargo, esos nueve desastres solo endurecieron el corazón de Faraón.

Finalmente, vino una calamidad tan devastadora, que todos en Egipto – desde los gobernadores hasta los ciudadanos comunes– supieron que esto no era solo la naturaleza fuera de control. Era Dios hablando. El Señor había enviado al ángel de la muerte, y en una noche, el hijo mayor de cada familia egipcia murió, incluido el hijo de Faraón. Al otro día, Israel emprendió la marcha fuera de Egipto. Aquí estaba la cosecha que vino justo antes del juicio.

Siglos después, cuando Jesús anunció la cosecha madura en Jerusalén, sabía que el juicio estaba a las puertas. Años después, Tito y su ejército invadirían a la ciudad, y un millón doscientas mil personas serian asesinadas. Muchos serian colgados de cruces y la ciudad misma seria quemada hasta los cimientos.

Por esta razón Jesús advirtió a Su generación: “Ustedes dicen que faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo, la cosecha tiene que comenzar ahora. Tienen que acercarse a la voluntad de Dios, porque la calamidad más grande está a las puertas. Los estoy comisionando ahora mismo a que terminen Mi obra. El tiempo de comenzar a cosechar es hoy”.

¿Cómo describió Jesús la calamidad que estaba por venir? “Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.” (Mateo 24:21). Sin embargo, antes que esa calamidad llegara, sería el tiempo de la cosecha.

miércoles, 13 de enero de 2016

LA LEY DE LA COSECHA

Jesús entendía el corazón del hombre, sabiendo que nos olvidamos de Dios en tiempos de prosperidad.

Cristo sabía que en tiempos de sufrimiento y calamidad, la gente está obligada a mirar hacia la eternidad. El sufrimiento, el miedo, y los tiempos difíciles hacen madurar a la gente para escuchar y recibir el evangelio. Considera el contexto de Sus palabras: “Al ver las multitudes… porque estaban desamparadas… Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha,” (Mateo 9:36-37).

Esta verdad ha sido demostrada a través de la historia del pueblo de Dios. Moisés reprendió a su generación, diciendo: “Dios te dirigió. Él te hizo incrementar en número. Y te bendijo grandemente, dándote pastos verdes, miel, mantequilla, leche, ovejas, aceite y fruta. Pero te hiciste rico y te rebelaste. Tomaste en poca estima a la Roca de tu salvación y lo abandonaste”.

“Pero engordó Jesurún, y tiró coces (engordaste, te cubriste de grasa); entonces abandonó al Dios que lo hizo, y menospreció la Roca de su salvación.” (Deuteronomio 32:15).

Las Escrituras nos dicen que Israel fue humillado después de esto. Pero, en su aflicción, clamaron al Señor, y Él los liberó: “Entonces clamaron a Jehová en su angustia y los libró de sus aflicciones” (Salmo 107:6)

Considera también el testimonio de David: “Me rodearon ligaduras de muerte, y torrentes de perversidad me atemorizaron. Ligaduras del Seol me rodearon, me tendieron lazos de muerte. En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos. (Salmo 18:4-6, las cursivas son mías).

Problema, aflicción y perplejidad siempre dan a luz un clamor pidiendo ayuda. Este ha sido el patrón a través de los siglos. ¿Recuerdas lo que paso después que las torres gemelas cayeron en Nueva York? ¡Las iglesias estaban repletas! Hubo reuniones de oración en el Estadio de los Yankees. Los Líderes del Congreso se reunieron en los escalones del Capitolio en Washington, orando y cantando: “Dios Bendiga a América.”

Por un tiempo, Dios era el tema de la nación. El miedo y la aflicción habían obligado a la gente a pensar en buscar la verdad. Y eso suma la ley de la cosecha: MIENTRAS MÁS OSCUROS LOS DÍAS, MAS BLANCA LA COSECHA.

martes, 12 de enero de 2016

LA COSECHA ESTÁ LISTA

Jesús nos ofrece un cuadro de cómo serían los últimos días. Esta imagen de los últimos días comenzó en Su ascensión, y terminará solo cuando vuelva otra vez -y estamos muy cerca de ese punto ahora.

Los discípulos de Jesús querían saber la condición de las cosas cuando los últimos días se aproximen y Él les respondió hablándoles acerca de hambrunas, terremotos, tribulaciones y naciones divididas. Falsos profetas y falsos cristos engañarían a muchos y llevarían a multitudes por mal camino. Los creyentes serían odiados tan solo por mencionar el nombre de Cristo. Y el amor de muchos se enfriaría, con algunos apartándose por el fuerte incremento del pecado y la rebeldía.

“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas” (Lucas 21:25-26). En resumen, Jesús está describiendo aquí a la generación más ansiosa, deprimida y estresada de todos los tiempos.

Así pues, ¿Están cumpliéndose sus profecías ahora, ante nuestros ojos? Piénsalo: esta generación definitivamente está llena de ansiedad y preocupación. Multitudes están atemorizadas al observar cómo se desencadenan increíbles desastres: huracanes, terremotos, tsunamis, deslizamientos de tierra y tornados. Naciones enteras tiemblan de temor por la amenaza del terrorismo. Y el paro cardiaco es el asesino número uno en el mundo hoy.

Religiones falsas, falsos profetas y falsos cristos están llevando a muchos por mal camino. Millones están volviéndose al Islam, con nación tras nación siendo infiltrada por los islámicos. Tendrías que estar en negación total si tú no vieras que todo lo que puede ser sacudido está siendo sacudido.

En medio de todo este trastorno y confusión, escucho las palabras de Jesús: “Los campos están blancos. La cosecha es cuantiosa” (Ver Juan 4:35). Estoy convencido que Él le está diciendo a Su iglesia: “La gente está lista para oír. Este es el momento para creer por una cosecha. Ahora es el tiempo para que tu comiences a cosechar.”

Cristo es el Señor de la cosecha y si Él declara que la cosecha está lista, debemos creerlo. No importa cuán malvada se vuelva esta generación. No importa cuán poderoso parezca que se ha vuelto Satanás. Nuestro Señor está diciéndonos: “Deja de enfocarte en las dificultades a tu alrededor. En vez de eso levanta tus ojos. Es tiempo que veas que la cosecha está lista”.

lunes, 11 de enero de 2016

CRISTO ES EL FIN DE LA LEY by Gary Wilkerson

”Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (Romanos 10:4).

Algunas cosas en tu vida tienen que ser llevadas a su fin. Hay pecado, aquellos patrones y hábitos, las luchas y las situaciones problemáticas, todo esto causa que estemos cansados y desgastados y necesitan que se les ponga fin.

El Espíritu Santo ha plantado un hambre en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña en el mundo de hoy -un deseo de vivir rectamente y hacer las cosas bien. Incluso aquellos que no conocen a Jesús, las personas de otras religiones, todos tienen de forma innata dentro de ellos un deseo de vivir la vida bien, de amar a los demás, y hacerlo lo mejor posible.

Debido a la trampa del pecado y de Satanás, muchos no lo logran y su pensamiento se vuelve corrupto. Pero en lo profundo de nosotros, todos queremos la victoria sobre el pecado. Queremos ser limpiados. Cuando hemos invitado a Cristo para que sea el Señor y Salvador de todo lo que somos y de todo lo que pensamos y de todo lo que deseamos, entonces el Espíritu Santo pone en cada uno de nosotros un mayor deseo, una pasión, de ser santos y puros y justos delante Dios.

Esta palabra justicia en Romanos 10:4 significa: Estar en buena relación con Dios; funcionando en el comportamiento correcto, motivos correctos, sano juicio y emociones correctas. Significa tomar las cosas que están mal y fuera de sintonía con Dios y establecer una alineación correcta con los planes, propósitos, voluntad y corazón del Padre. La Biblia llama a esto la búsqueda de la justicia.

Ahora, ¿qué es esta justicia? ¿Es simplemente hacer las cosas correctas? Yo no sugeriría eso, porque muchas personas pueden hacer las cosas correctas por los motivos equivocados. A eso se le llama tener un espíritu religioso y hoy en día ese espíritu mora en muchas personas. Exteriormente funcionan y hacen todas las cosas correctas, pero por dentro están llenos de huesos de muertos.

La esencia de lo que dijo Pablo en Romanos 10:4 es que Cristo ya ha cumplido la finalidad para la que se había dado la ley y, como resultado, todos los que creen en Él son hechos justicia (justos) con Dios.

viernes, 8 de enero de 2016

RECUERDA LA BONDAD DE DIOS

Las Escrituras nos muestran que David, Job y otros santos del Antiguo Testamento salieron de sus tiempos oscuros, al recordar la fidelidad de Dios para con las generaciones pasadas. David escribió que cada vez que su corazón estaba desolado: “Me acordé de los días antiguos; meditaba en todas tus obras; reflexionaba en las obras de tus manos” (Salmos 143:5). De hecho, multitudes de cristianos piadosos a lo largo de la historia han emergido de su depresión y desánimo, tan sólo de esta forma.

Es una bendición maravillosa recordar todas nuestras liberaciones pasadas. Deuteronomio nos dice: “Te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová, tu Dios… Cuídate de no olvidarte…” (Deuteronomio 8:2, 11).

Sin embargo, recordar las liberaciones de Dios era más que una bendición para los santos del Antiguo Testamento. Era una disciplina necesaria. Los israelitas ingeniaron toda clase de rituales y observaciones para recordar las liberaciones del Señor en sus vidas.

De igual manera, hoy, la Iglesia es llamada a recordar las liberaciones pasadas de Dios. Sin embargo, hemos recibido una manera para recordar que es mucho mejor que la de los tiempos del Antiguo Testamento. Como verás, desde los días de David, Dios ha derramado su Espíritu Santo. Y el Espíritu ahora habita en nuestros cuerpos humanos.

El Espíritu Santo no sólo nos consuela en nuestros tiempos de oscuridad. Él no sólo trae a memoria las fidelidades pasadas de Dios. El Espíritu también nos da un entendimiento del propósito detrás de nuestras pruebas ardientes. Y Él lo hace, para que nuestra fe no falle.

Querido santo, Dios no te ha olvidado en tu prueba profunda y oscura. Te dejo con esta palabra de ánimo del salmista: “Porque tú nos probaste, oh Dios; nos ensayaste como se afina la plata. Nos metiste en la red; pusiste sobre nuestros lomos pesada carga. Hiciste cabalgar hombres sobre nuestra cabeza; pasamos por el fuego y por el agua, y nos sacaste a abundancia…Ciertamente me escuchó Dios; atendió a la voz de mi súplica. Bendito sea Dios, que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia” (Salmos 66:10-12, 19-20).

jueves, 7 de enero de 2016

DIOS NUNCA HA FALLADO

Pablo nos muestra el propósito específico de Dios en nuestros tiempos de profunda y oscura prueba: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos. Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación” (2 Corintios 1:3-7).

¿Puedes ver el propósito de Dios aquí? En medio de nuestras aflicciones, el Espíritu nos consuela. Y a cambio, somos capaces de traer consuelo a otras personas que sufren profundas aflicciones. Esta es la obra del Espíritu: Traer consuelo a Su pueblo a través de las voces que han sido probadas. Por lo tanto, podemos saber que mientras nuestro propio sufrimiento empeora, el consuelo del Señor se torna aun mayor dentro de nosotros.

Hay dos queridos hermanos en nuestra lista de correo ministerial llamados Israel e Isaí. Israel tiene 100 años de edad e Isaí tiene 102. Uno dejó de trabajar a los 92, el otro a los 97. Cada uno de ellos ama al Señor y ambos han recibido mis mensajes por años.

Estos hombres no son tan sólo hermanos naturales, sino que son verdaderos “hermanos en el Señor”. Ambos testifican que, como producto de una vida de grandes pruebas, el gozo del Espíritu se ha profundizado en ellos. Ellos han sido testigos de terribles desastres a lo largo de un siglo: La Gran Depresión, dos Guerras Mundiales, sequías terribles y han sufrido personalmente a través de sus largas vidas. Pero, a su avanzada edad, estos hombres son capaces de sonreír y proclamar con más confianza que nunca: “A través de todo, Dios no nos ha fallado ni una vez”. Su testimonio después de “haberlo visto todo” es un consuelo del Espíritu Santo a todos nosotros.

miércoles, 6 de enero de 2016

ÉL NOS LIBRARÁ

Ni siquiera el santo y devoto apóstol Pablo fue inmune a los tiempos de desánimo. El escribió a los corintios: “Tribulación…nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida” (2 Corintios 1:8).

La palabra griega que Pablo usa para “perdimos la esperanza” en este versículo se traduce como, “No podíamos entenderlo, perdimos la esperanza, hasta la muerte”. Él estaba diciendo, en resumen: “Ansiábamos morir, porque no podíamos comprender lo que estábamos pasando. Estábamos presionados más allá de nuestra resistencia”.

Es difícil imaginar estas palabras viniendo de Pablo. ¿Quién confiaba en Dios más que este apóstol temerario? ¿Quién ayunaba y oraba más que Pablo? ¿Quién tuvo tantas oraciones respondidas? Aun así, vino sobre Pablo una hora de abatimiento como nunca había experimentado. ¿Cuál era esta condición?

Algunos comentaristas bíblicos creen que era una combinación de pruebas. Entre esta una profunda angustia mental, causada por personas a quienes Pablo amó y que luego se volvieron en contra suya. Estos amigos cercanos no sólo abandonaron a Pablo, sino que regaron mentiras acerca de él. Ellos difamaron su nombre. Además, Pablo era golpeado por enfermedades violentas. Él experimentó naufragios en más de una ocasión y complots malignos planeados contra él, con la meta de quitarle la vida. Encima de estas cosas, Pablo tenía preocupación por el cuidado de muchas iglesias.

Esto parecería demasiado pesado para ser llevado por un hombre. Sin embargo, todas estas cosas aún no pueden explicar la profunda desesperación que Pablo sentía. Él escribió: “Caí en tal agonía, que no pensé que sobreviviría. Pensé que esto me mataría”.

Por supuesto que Pablo fue liberado. Él salió victoriosamente. Pero nunca olvidó esa horrenda hora de desesperación.

“El cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará” (2 Corintios 1:10). Pablo está diciendo: “Dios nos rescató una vez y lo hará otra vez. Hemos puesto nuestra confianza en Él y Él nos librará”.

martes, 5 de enero de 2016

EL SEÑOR OYE TU ORACIÓN

¿Has conocido alguna vez la depresión? ¿Alguna vez has estado tan preocupado y perplejo que has pasado noches sin dormir? ¿Has tenido tiempos cuando has estado tan derribado y agobiado que nadie te podía consolar? ¿Has estado tan hundido que tuviste deseos de rendirte, sintiendo que tu vida era un fracaso total?

No me estoy refiriendo a una condición física. No me estoy refiriendo a personas que tienen algún desequilibrio químico o una enfermedad mental. Estoy hablando de cristianos que, de vez en cuando, luchan contra una depresión que los golpea de la nada. Su condición a menudo no viene de una sola fuente, sino de muchas. A veces son golpeados de todos los lados, hasta que están tan abrumados que no pueden ver más allá de su desesperación.

Si te puedes identificar con esto, entonces el Salmo 77 fue escrito para ti. Su objetivo es señalarte la salida de tu angustia y temor. Este Salmo fue escrito por un hombre llamado Asaf, un levita de la línea sacerdotal de Israel. Asaf también era cantor, y servía como director de coro, designado por David. Asaf escribió once Salmos y estaban tan llenos de instrucción justa para el pueblo de Dios que yo llamaría a este hombre, un predicador laico.

Asaf escribió el Salmo 77 después de haber caído en un terrible hoyo de desesperación. Su condición llegó a ser tan mala que estaba más allá de todo consuelo: “Mi alma rehusaba consuelo” (Salmos 77:2). Este hombre piadoso estaba en tal desesperación, que nada que le dijeran lo podía sacar de su angustia. Ni Asaf mismo podía pronunciar palabra: “Estaba yo quebrantado y no hablaba” (77:4).

Sin embargo, Asaf era un hombre de oración. Vemos esto en el mismo Salmo, cuando él testifica: “Con mi voz clamé a Dios, a Dios clamé, y él me escuchará” (77:1).

Estoy seguro de que Asaf había escuchado el testimonio muy similar de David en el Salmo 34: “Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos” (34:15). David dice al comienzo de este Salmo: “Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores…Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias” (34:4, 6).

lunes, 4 de enero de 2016

ÉL HACE SU MORADA EN NOSOTROS by Gary Wilkerson

Cuando la gloria de Dios se manifiesta, revela Su distinción a nosotros: Su pureza, santidad y omnipotencia. Incluso los seres celestiales en Su presencia le contemplan como alguien distinto y lleno de majestad. En este instante, multitudes de ángeles están en la presencia de Dios y ellos nunca dejan de alabarle día y noche. Su interminable canción es: “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza” (Apocalipsis 5:12). Ese es el efecto de la naturaleza santa de Dios: Él invoca nuestra alabanza en todo tiempo en todas las cosas.

Asombrosamente, este Dios Santo nos dice: “El mundo no Me verá, pero ustedes sí”.

Los líderes judíos conocían la separación de Dios, pero no pudieron ver Su ternura y se indignaron cuando Jesús llamó a Dios, Su Padre. Ellos lo vieron como una blasfemia y Lo querían matar por ello. A pesar de ello, Jesús llevó esta audaz enseñanza un paso más adelante cuando le dijo a los discípulos: “No sólo vuestro Padre celestial cuida de vosotros, sino que hará Su morada en vosotros”.

“El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:23).

Ponte en el lugar de uno de los discípulos en el Aposento Alto cuando Jesús dijo esto. Te enseñaron, al igual que a tus antepasados, que nadie podría ver a Dios y vivir. Sabías que Moisés el justo fue únicamente capaz de contemplar una pequeña parte de Dios y sobrevivir a ello. Así que cuando escuchaste las enseñanzas de Jesús, habrías pensado: “No hay forma en la que Dios pueda hacer Su morada en mí. Él es demasiado santo, demasiado asombroso, totalmente distinto de lo que yo soy. ¡No puede ser posible!” Aun así, Jesús nos ha confiado estas dos increíbles verdades que van de la mano: Dios es santo y puro, ciertamente, y, Él busca morar en nosotros, Su creación.

Piensa en lo que Jesús le enseñó a Su naciente iglesia aquella noche. Él comenzó diciendo que Él partiría para ir a preparar un hogar para nosotros. Y terminó diciendo que Él haría Su morada en nosotros. Ahí tenemos la belleza paradójica de nuestro Dios: Santo y puro, pero íntimo y cuidadoso. Él está por encima de nosotros y con nosotros; y nos da la paz que nunca podríamos hallar por nuestros propios medios. ¡Tal es un Dios digno de nuestra confianza en y a través de todas las cosas!

sábado, 2 de enero de 2016

DERRAMADO POR LOS DEMÁS by Carter Conlon

Estoy seguro de que es el deseo de todo creyente amar como Cristo ama -vivir lo que dice la Escritura, recorrer el camino que Jesús estaba dispuesto a recorrer por la humanidad perdida. Y de esta manera nos disponemos a obedecer Su mandamiento de amar a los demás como Él nos ama. . . hasta que, al igual que Pedro, nos damos cuenta de las limitaciones de nuestra propia capacidad para realmente poder hacerlo.

Después de todo, abrir el corazón a otras personas siempre implica un riesgo. Muchos han amado profundamente, han dado generosamente, han abierto su corazón, y finalmente han sido apuñalados por la espalda. Sí, a veces estas cosas pasan. Las personas pueden huir y negar que alguna vez nos conocieran; otros que una vez eran muy cercanos y decían amarnos terminaron huyendo en nuestro momento de necesidad. ¿Pero vamos a dejar que eso nos impida darnos a ellos?

Jesús dijo una vez a sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24). No hay manera en que puedas tomar tu cruz y escapar de la traición. Llegará un momento en que la gente va a escupirte en la cara, pero como seguidor de Cristo, debes continuar a amándolos.

Cuando Jesús dijo: "Amaos los unos a los otros como yo os he amado", no era una sugerencia sino un mandamiento. Sin embargo, también debemos entender que Él en realidad estaba añadiendo otro mandamiento a una serie de mandamientos que nadie había sido capaz de guardar. La ley y los mandamientos de Dios estaban destinados a resaltar lo inútil y estéril de nuestro intento de convertirnos en devotos en nuestra propia fuerza. Por lo tanto, creo que estarás de acuerdo conmigo en que la gran necesidad de esta hora es otro derramamiento del Espíritu Santo. Necesitamos el amor, la compasión y la benevolencia que marcó la iglesia primitiva, y que debe nacer y ser sostenida en nosotros por Dios.

Todo comienza con la voluntad de decir: “Dios, derrama Tu Espíritu, y ayúdame a amar como Tú lo haces. Te doy gracias por las bendiciones en mi vida, pero estoy consciente de que me han sido dadas por una razón, así que no permitas que sea ciego a ese propósito. No me dejes simplemente tomar todo y usarlo para mi propio beneficio. Oh, Dios, abre mis ojos y mi corazón; dame el valor para amar. Llévame adonde no puedo ir en mi propia fuerza. Hazme capaz de seguirte hasta el lugar donde Tu fuiste- ¡donde fuiste derramado por los demás!"

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Carter Conlon se unió al equipo pastoral de la Iglesia Times Square en 1994, por invitación del pastor fundador David Wilkerson, y fue nombrado para el cargo de Pastor Principal en 2001.

viernes, 1 de enero de 2016

ENFRENTANDO LAS DEMANDAS DE LA CRUZ

Nadie puede estar bajo el Señorío de Cristo hasta que enfrente las demandas de la Cruz del Calvario.

Me doy cuenta de esta verdad cada vez que voy a predicar. Cada semana mientras miro a la congregación desde el pulpito, esparcidos entre los fieles creyentes enfrento a inconversos quienes han entrado aquí por primera vez. Algunos de ellos son exitosas personas de negocios, diligentes y artífices de su propio éxito. Otros vienen de todos los ámbitos de la sociedad. Sin embargo todos están cargados con pecados secretos. Estas personas viven como les place, no están bajo ninguna autoridad espiritual, sin embargo están vacíos y desilusionados. Se han cansado de perseguir los placeres que nunca satisfacen.

Podría predicarles todo tipo de sermones acerca de principios y reglas de comportamiento, o de cómo lidiar con el estrés, o como tratar con el temor y la culpa. Pero ninguna prédica de este tipo “saca a nadie del mundo”. No cambia el corazón de nadie.

Simplemente tengo que decirle al inconverso que su voluntad propia, su confianza en sí mismo y tenaz lucha por hacerlo todo a su manera lo destruirá. Y al final, le traerá tormento eterno.

Si yo no le doy este mensaje, entonces le he cerrado los cielos para siempre y lo he convertido doblemente un miembro del infierno. Su condición será peor que antes de que entrara por nuestras puertas.

Debo llevar a ese hombre cara a cara con el mensaje de ser crucificado a su independencia. Tengo que mostrarle que él tiene que salir de su engañoso mundo de bondad propia. Tengo que decirle que no hay camino a la paz en esta vida excepto a través de una entrega total al Rey Jesús.

De otra manera, he engañado a este hombre. Y he cometido el horrible pecado del peor tipo de orgullo: lo he contado como un “convertido” para hacerme ver bien. ¡Que nunca sea así!

Como ministro del evangelio de Jesucristo, estoy obligado a hablar Su verdad a todo aquel que se arrepiente verdaderamente: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Timoteo 3:12)