martes, 26 de enero de 2016

LAS CONSECUENCIAS DE ABANDONAR LA ORACIÓN

Hay horrorosas y terribles consecuencias por desatender la oración. “¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? (Hebreos 2:3). ¿Cómo podría alguno de nosotros que estamos en Cristo creer que podemos evitar las consecuencias de abandonar la oración?

Yo sé cómo se siente cuando la autopista de las bendiciones en mi vida lentamente se convierte en un camino inexplorado. Sé cómo se siente cuando el pozo de agua viva se ahoga en su nacimiento y cada bendición de mi vida se seca. Eso fue lo que me sucedió durante mis períodos de descuido en la oración.

En esas ocasiones, mi vida de oración solamente consistía en meditación y horas quietas. No tuve un fervor eficaz en la oración. ¿Por qué? Porque las preocupaciones de la vida me robaron mi tiempo con el Señor.

Entonces, ¿qué me sucedió en ese periodo? El servicio se volvió en auto-compasión. El ministerio parecía una carga, no una bendición. Y miseria sobre miseria desbordaba mi alma.

Batallé con la soledad, con la fatiga, con la incredulidad, con un molesto sentir de haber logrado muy poco en la vida, e incluso pensamientos de renunciar al ministerio. Y las bendiciones de Dios fueron obstruyéndose. Mis relaciones se echaron a perder, perdí el discernimiento y las revelaciones frescas de Cristo no vinieron más.

Sin embargo, también conocí la gloria de volver a estar con el Señor en oración. Tan pronto como regresé a mi cuarto de oración, las bendiciones empezaron a fluir otra vez. Tuve gozo y paz, las relaciones fueron sanadas y la Palabra de Dios volvió a tener vida.

“(Uzías) Persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías… y en estos días en que buscó al Señor, él le prosperó” (2 Crónicas 26:5). “(El Rey Asa) [dijo:]… hemos buscado al Señor… y él nos ha dado paz por todas partes” (14:7). “Todo Judá… de todo su corazón… y con toda su voluntad lo buscaban. Por eso el Señor se dejó hallar de ellos y les dio paz por todas partes” (15:15).

La escritura establece esto con claridad: los siervos que oran encuentran bendiciones y descanso por todos lados.

“Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu”. (Salmo 34:17-18)