lunes, 19 de septiembre de 2016

AGUA VIVA Y REFRESCANTE - Gary Wilkerson

¿Cómo afecta el refresco de Dios nuestras vidas de manera práctica?
REFRESCANDO NUESTRAS CIRCUNSTANCIAS
Cuando Dios trae su refresco a nuestras circunstancias, Él cambia viejos patrones que pueden involucrar nuestro matrimonio, nuestras finanzas o nuestro trabajo. Él puede exponer nuestros malos hábitos de cómo invertimos nuestro dinero y traernos convicción para cambiarlos. Incluso puede guiarnos a buscar consejo sobre cómo manejar nuestras finanzas para ayudarnos a cambiar esos malos hábitos enseñándonos a ser sabios administradores.
O quizás Él quiera cambiar viejos patrones de conducta en nuestro matrimonio, patrones que pueden hacernos quedar estancados en cosas que no reflejan el amor. Nuestro Padre está listo para darnos su refresco de gracia abundante cada vez que lo necesitemos. Esta clase de refresco tiene que ver con nuestras circunstancias.
REFRESCO PARA EL CORAZÓN
Entonces tenemos el refresco del corazón, ese refresco que va más allá de nuestras circunstancias para refrescar y renovar nuestras almas, nuestras vidas, nuestro ser interior. Esta clase de refresco fluye no solo dentro de nosotros, también lo hacedesde de nosotros. Nos llena con gozo por nuestro matrimonio, por diezmar y dar libremente, por enfrentar relaciones difíciles con esperanza, fortaleza y energía.
En resumen, el refresco del corazón hace que podamos anticipar cada momento de nuestras vidas con Jesús. Él estimula en nosotros un corazón que dice: “Estoy completamente vivo, no temo lo que traiga el día. Estoy emocionado por seguirte a ti, Jesús. Me haces estar confiado, sin temor alguno. ¡Permíteme usar este vasto fluir de vida para Ti!”.
TRAE TODO A ÉL
¿Qué está fluyendo de tí ahora mismo? ¿Incredulidad, murmuración y temor? ¿O fe, esperanza y amor? De la misma manera en que lo hizo en la fiesta en Jerusalén, Jesús clama hoy para que traigas a Él tu incredulidad, amargura y temor. Él quiere reemplazar esas cosas por alegría contagiosa, para sacarte del vacío hacia la plenitud.
Él ha prometido: «¡Todo el que tenga sed puede venir a mí! ¡Todo el que crea en mí puede venir y beber! Pues las Escrituras declaran: “De su corazón, brotarán ríos de agua viva”» (Juan 7:37-38 NTV).