martes, 16 de agosto de 2016

UN DIOS MISERICORDIOSO

Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso” (Lucas 6:35-36, énfasis mío).
A lo largo de la Biblia, un potente tema resalta: “Dios misericordioso es Jehová tu Dios" (Deuteronomio 4:31). Este tema de la misericordia (clemencia, compasión, perdón) es parte del corazón mismo del Antiguo Testamento. Lo leemos una y otra vez en Deuteronomio, Crónicas, Nehemías y los Salmos: El Señor tu Dios es clemente y misericordioso. Del mismo modo, vemos el mismo tema de la misericordia en cada uno de los Evangelios y en todo el Nuevo Testamento.
UN SACRIFICIO DE GRAN VALOR
Cuando Dios miró hacia abajo al brote de corrupción en la tierra, Él no se apartó de Su creación. Él no se rindió ante este mundo de pecado, sin Dios y consumido por la lujuria; y las Escrituras nos dicen algo de lo que Su misericordia a un mundo pecador Le costó. Él envió a Su propio Hijo a vivir en medio de nosotros y luego en Su tierna misericordia, el Padre ofreció a Su Hijo como sacrificio, poniendo sobre Cristo, el pecado de todos nosotros.
Piensa en el alto costo de la misericordia que Jesús pagó. El peso de tal precio simplemente no se puede calcular. Nadie puede medir el dolor de Cristo al tomar sobre Sí mismo, los pecados del mundo.