miércoles, 3 de agosto de 2016

LA MONTAÑA QUE ES UN OBSTÁCULO

Desde el comienzo Dios buscó un pueblo que viviera delante de Él sin temor. Él quería que Sus hijos estuviesen tranquilos en cuerpo, alma y espíritu, confiando completamente en Sus promesas. Dios llamó a esto: “Entrar en Mi reposo”. Por eso llevó a Su pueblo a un desierto desolado, donde no había agua, ni comida ni medios de subsistencia. Sólo le dio a Israel, Su promesa de que Él los guardaría. Su mensaje para Israel era simple: “Tened fe en Mí”. El los llamó a poner toda su confianza en Él, que Él haría lo imposible para ellos.

De acuerdo al autor de Hebreos, el pueblo de Dios, de dicha época, nunca entró en Su reposo, porque ellos no confiaron en Sus promesas (Hebreos 3:11).

En el pasaje acerca de la higuera, Jesús se refiere a una montaña sin nombre:

“Cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23).
Jesús les estaba diciendo a Sus discípulos, y también a nosotros hoy día: “La incredulidad en vuestro corazón es como una montaña de obstáculo que no puede ser movida. Si no es expulsada, Yo no podré trabajar con ustedes”.

El hecho es que Jesús no pudo hacer milagros en cierto pueblo debido a la incredulidad del pueblo:

“Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos” (Mateo 13:58).
Lo mismo se aplica a la iglesia de Cristo de hoy: Donde haya incredulidad, Él no podrá trabajar. La incredulidad es siempre la montaña que impide la completa revelación y bendición de Dios para Sus hijos.