lunes, 14 de septiembre de 2015

TRANSFORMADOS POR LA GRACIA by Gary Wilkerson

A lo largo de su ministerio, la gente con quien Jesús se encontraba, le hacía a Jesús, dos tipos de preguntas, preguntas que revelaban todo sobre los corazones de los que preguntaban. El primer tipo de pregunta era acusatorio. Vez tras vez, los líderes religiosos le preguntaron a Cristo: "¿Por qué comes y bebes con los pecadores? ¿Cómo puedes haber sido enviado por Dios con una reputación así? "

El segundo tipo de pregunta venía de las personas que llevaban problemas en la vida: "¿Puedes sanar a mi hija enferma? ¿Puedes liberar a mi hijo que está siendo echado al fuego por los demonios? ¿Puedes sanarme del flujo de sangre, que me ha atormentado toda mi vida? Jesús, ¿puedes ayudarme? "

¿Ves la diferencia entre los dos tipos de preguntas? Ambos buscan una respuesta acerca de la naturaleza de Dios. El primero pregunta: "¿Los pecadores merecen el amor de Dios?", mientras que el segundo pregunta: "¿Dios quiere ayudarme?"

Jesús respondió ambas preguntas con Sus acciones. En primer lugar, Él transformó a los que estaban lejos, al traerlos de los extremos más alejados de la sociedad al centro mismo del amor de Dios. Él les dijo: "Ustedes están en el centro del escenario ahora. Están en el corazón del reino de Mi Padre". En segundo lugar, Cristo reveló que los acusadores no estaban en el centro del reino de Dios. Él les dijo muy claramente: "Ustedes no tienen voz en el reino de mi Padre".

¿Quieres un papel significativo, importante en el reino de Dios? Entonces debes estar dispuesto a dejar caer tus piedras y tomar la cruz de Su gracia. Cada vez que te conduces como lo hizo Jesús, extendiendo la gracia a los marginados por el pecado, tomas parte en una gran transformación. Serás cambiado por tus acciones, los acusados será cambiados y los que acusan también los serán. Mientras tanto, los creyentes pasivos serán tocados por la manifestación de la gracia de Dios.

Que todos podamos ser Su ejército de gracia, llevando Su reino al adicto y al pulcro, al adolorido y al despreocupado, al pobre y al rico, al solitario y al animado. Que toda alma sea amada y pertenezca y que todos podamos ser transformados por la asombrosa gracia de nuestro Salvador.