martes, 22 de septiembre de 2015

ISRAEL NO CREYÓ

La palabra de Dios no era suficiente para Israel. El Señor les había dado increíbles promesas, sin embargo en medio de sus crisis, Israel nunca confió en Él. A pesar de cada promesa, ellos tomaron Su palabra como inútil. ¿Cómo? Debido a que nunca la mezclaron con fe. “no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron” (Hebreos 4:2).

En lugar de esto, el pueblo siempre demandaba una palabra nueva de Dios. En otras palabras decían: “Necesitamos saber sí Dios está con nosotros en la crisis en la que estamos ahora, no en la pasada. Necesitamos una nueva revelación de Él para esta nueva situación.” Yo te pregunto: ¿Cómo puede alguien olvidar tan rápidamente todo lo que Dios había hecho por ellos? Israel había olvidado cada instancia de liberación de Dios y nunca permitieron que sus obras sobrenaturales pasadas edificaran su fe en Él.

Sin embargo, a pesar de sus acusaciones en contra Él, Dios habló otra palabra a Israel. Él instruyó a Moisés para que les dijera: “No temáis, ni tengáis miedo de [tus enemigos]. Jehová vuestro Dios, el cual va delante de vosotros, él peleará por vosotros, conforme a todas las cosas que hizo por vosotros en Egipto delante de vuestros ojos” (Deuteronomio 1:29-30).
Ahora, esta no era una nueva promesa. Dios simplemente estaba volviendo a declarar lo que ya había dicho a su pueblo:”Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.” (Éxodo 14:14).

Una y otra vez Dios les había dicho, “Yo estoy con ustedes. Yo voy a pelear por ustedes, así que, aférrense a mis promesas, y no las olviden.” Sin embargo, aquí estaban, temblando delante de sus enemigos y enfocándose en sus propias debilidades. Finalmente, razonaron: “Nosotros no somos capaces de ir en contra de ellos.” Esta era una duda descarada acerca del llamamiento de Dios en sus vidas, acerca de que Él los había enviado y de su presencia en medio de ellos.

Puedes pensar que nunca reaccionarias de esta manera, sin embargo, muchos cristianos hoy dicen cosas similares: “Señor, ¿Estás realmente conmigo? Yo sé lo que me prometiste. Pero, ¿Es realmente cierto? ¿Puedo confiar en lo que tú has dicho? Necesito una palabra nueva. Por favor, dame mas seguridad.”

Terminamos temblando delante del enemigo de nuestras almas, y todo porque no creemos en lo que Dios nos ha prometido. Actuamos como si nunca nos hubiera dicho una palabra, y es ahí precisamente cuando lo “tentamos.” Aunque él se ha demostrado fiel a nosotros una y otra vez, continuamente le pedimos que pruebe su fidelidad nuevamente; que nos envíe todavía otra palabra que edifique nuestra fe. Pero Dios hablará solamente una palabra: “Cree lo que te he dicho. Confía en Mi”.