viernes, 4 de septiembre de 2015

ORANDO POR TUS SERES QUERIDOS

No hace mucho tiempo, un joven pasó al frente en un servicio de oración en la iglesia “Times Square”, temblando y llorando. Él me dijo que era del estado de Washington, y que temprano esa misma noche había entrado de casualidad a nuestro servicio. Él había salido para ir a un concierto musical, pero luego salió del evento y regresó a la iglesia. Ahora quería oración y entonces le pregunté: “¿Tus padres son cristianos?” Él contestó: “Sí, señor. Ellos siempre están orando por mí”.

Te pregunto: ¿Fue algún “accidente” que este joven entrara en nuestra iglesia? ¡Difícilmente! Él estaba teniendo su propio encuentro con Cristo. Nadie lo presionó ni le rogó; sin lugar a dudas, él fue traído por Jesús. Y estoy convencido de que sucedió debido a las oraciones de sus preocupados padres.

En Marcos 7:31-37, se nos cuenta la historia de un sordo que fue traído a Jesús. Jesús lo alejó de la multitud: “Y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto. Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien” (Marcos 7:34-35).

Jesús ejecutó un milagro exclusivo para este hombre y luego le habló, sólo para demostrarle que ahora podía oír, ¡imagínate! ¡La primera voz que el hombre sordo escuchó fue la de Cristo! ¡Oh, cuánto debió haber hablado ese hombre cuando su lengua fue desatada! De su boca salieron años de sentimientos reprimidos, porque ahora él podía expresar el clamor interior que antes no tenía voz.

Me lo imagino cayendo en los brazos del Señor, llorando: “¡Jesús, ¡Tú oíste la voz de mi clamor!” (ver Salmos 5:2). Considera la profundidad y el poder del Salmo 5 para este hombre sanado: “Dios mío, porque a ti oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti…” (Salmos 5:2-3). El amor que este hombre sentía por Jesús ahora era suyo propio, porque tuvo un encuentro con Él.

Amados, cuando ustedes oren por sus seres queridos, recuerden que Jesús gime por ellos. Él no suspiraba sólo por un hombre en Decápolis. Él estaba llorando por el gemir sofocado e interno de tus hijos, tus seres queridos inconversos y los míos. Quizás tú necesitas cambiar la forma en la que oras por ellos. Ora para que el Espíritu Santo vaya tras ellos, los busque y los atraiga, los conmueva y los despierte a un deseo fresco por Jesús.