miércoles, 23 de septiembre de 2015

¿ENCONTRARÁ FE EN LA TIERRA?

Jesús vino como un profeta y un obrador de milagros a su propia casa, Israel. Sin embargo, “no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.” (Mateo 13:58). Que increíble declaración. La incredulidad incluso limitó el poder de Cristo para obrar.

Vemos otros trágicos resultados de la incredulidad a través del Nuevo Testamento. Los discípulos no pudieron echar fuera a un demonio de un niño pequeño a causa de su incredulidad. Y Jesús los reprendió por esto (ver Mateo 17:14-21). Después de la resurrección, Cristo quedó impactado otra vez por su incredulidad: “Y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón” (Marcos 16:14). Además, Pablo dice de los judíos: “Por su incredulidad fueron [desgajados]” (Romanos 11:20).

¿Por qué el juicio de Dios por la incredulidad es tan severo en el Nuevo Testamento? Porque a los creyentes de hoy se les ha dado algo que los santos del Antiguo Testamento solo podían soñar. Dios nos ha bendecido con el don de su Espíritu Santo. Bajo el Antiguo Pacto, los creyentes eran visitados solo ocasionalmente por el Espíritu de Dios. Ellos tenían que ir al templo para experimentar la presencia del Señor. Pero hoy Dios hace de Su pueblo Su lugar de habitación. Nosotros somos Su templo, y Su presencia habita en cada creyente.

En el Antiguo Testamento, Abraham fue visitado solo ocasionalmente por un ángel o le fue dada una palabra de Dios. Él creyó que Dios era capaz de hacer todo lo que le había prometido y “tampoco dudo, por incredulidad, de la promesa de Dios” (Romanos 4:20). Sin embargo, hoy Jesús está disponible para nosotros a cualquier hora del día. Tenemos la habilidad de invocarle durante toda nuestra vida, y sabemos que Él responderá. Él nos invita a ir con confianza a su trono, para hacerle saber nuestras peticiones. Y él nos da consuelo y guía a través del Espíritu Santo.

Sin embargo, a pesar de estas bendiciones, aun dudamos de Dios en nuestros momentos de prueba extrema. Jesús reprendió tal incredulidad, diciendo: “¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:7-8). Si Cristo volviera hoy…¿Encontraría fe en ti?