viernes, 28 de noviembre de 2014

DAME TU PALABRA

Muchos cristianos de hoy son lo que yo llamo: creyentes "pan", viven sólo de pan, siempre pidiéndole a dios que demuestre Su fidelidad. Tienen un hambre interior y creen que saben lo que puede saciarlo.

Durante la mayor parte de mis primeros años en el ministerio, yo fui un cristiano "pan". Tenía una profunda hambre, impulsado por una necesidad inexplicable. Cuando pensaba que necesitaba una nueva iglesia, ¡la recibía! Cuando pensaba que necesitaba un programa de televisión, ¡lo obtenía! Cuando necesitaba multitudes, ¡las tenía! Estas eran todas, cosas buenas en sí mismas, pero pasaron años, en los que yo oraba: "¡Dios, demuéstrame tu poder! Tengo deudas, ¡así que envíame dinero! ¡Bendíceme, Señor! ¡Bendice mi ministerio! ¡Responde mis oraciones! Quiero mostrar al mundo que Tú tienes todo el poder. ¡Sana a los enfermos para demostrar que eres el mismo hoy!"

Rara vez Dios encuentra un cristiano cuya única meta en la vida es conocerle y hacer Su voluntad, tal como lo hizo Jesús, y que nunca cuestione: "Dios, ¿dónde estás?", pero en lugar de ello, ore: “Dios, ¿dónde me encuentro respecto a este asunto de la obediencia y la dependencia?"

Cuando nos encontremos ante el tribunal, no seremos juzgados por cuántos enfermos hemos sanado, ni por cuántos demonios hemos echado fuera, ni por cuántas oraciones nos han sido respondidas, ni cuántos milagros hemos logrado. Seremos juzgados según nuestra dependencia y obediencia a Su Palabra y a Su voluntad.

En nuestros tiempos, hemos dominado el arte de “ordenar” a Dios. Ordenamos al diablo y a los demonios; ordenamos que las fortalezas caigan. Todo esto es bueno, pero pensemos en cuán a menudo, clamamos: "¡Oh Dios, ordéname Tú a mí! Dime lo que debo hacer. Muéstrame cómo hacer Tu voluntad, cómo obedecer a cada palabra que sale de Tu boca".

A través de estas cosas, Dios nos está diciendo: "Yo quiero ser tu único recurso, tu única esperanza. Quiero ser el único objeto de tu confianza". Mi clamor es: "¡Oh Dios, encárgate de mi dinero; sólo dame Tu mente! Encárgate de mi salud, mi familia y mis necesidades; sólo dame Tu Palabra".

jueves, 27 de noviembre de 2014

GUARDANDO SU PALABRA

“No sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre” (Deuteronomio 8:3).

Este texto de Deuteronomio es tan poderoso que Jesús mismo lo usó en contra del Diablo durante Su gran tentación en el desierto. “Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:2-4).

Como los hijos de Israel en el desierto, Jesús también tuvo hambre. ¿Qué mayor humillación podría haber, que ser el hijo de Dios y ser traído a un lugar de dependencia total?

Como hombre, Jesús aprendió la obediencia y la dependencia por las cosas que padeció, tal como esta crisis de hambre. De hecho, lo que Jesús estaba diciendo era esto: "No estoy aquí para complacerme a mí mismo ni para presumir de mi carne. Yo estoy aquí para hacer la perfecta voluntad de Mi Padre". Jesús rindió toda preocupación humana en las manos de Su Padre. En otras palabras, Él estaba diciendo: "Voy a pasar toda Mi vida y todo Mi tiempo obedeciendo a Mi Padre, haciendo Su perfecta voluntad; y Él me cuidará a Su manera".

Jesús sabía que Dios, tan sólo debía pronunciar una palabra creativa: "Hambre, ¡apártate!" Pero también sabía que el Padre Le podía dar una carne que ninguno conocía, así que no dio lugar a pensar en comida, bebida o abrigo. Más bien, buscaría la voluntad de Dios primero y dejaría que Él se encargue de Sus necesidades.

Jesús estaba diciendo algo muy profundo: "No he venido a pedir al Padre que cumpla Su palabra para mí; ¡Yo he venido para que Yo pueda cumplir todas Sus palabras!" Jesús no necesitaba un milagro para demostrar el amor de Su Padre. Él descansó en las palabras del Padre. Su grito no fue: "¡Dios, guarda Tu palabra para mí!", sino más bien: "Que Yo pueda guardar Tu palabra en todas las cosas".

miércoles, 26 de noviembre de 2014

DEPENDENCIA TOTAL

“Porque Jehová tu Dios te introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes…tierra en la cual no comerás el pan con escasez, ni te faltará nada en ella…Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios…no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas…y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen…y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre…y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza” (Deuteronomio 8:7-14,17).

El Señor está hablando aquí no sólo a Israel, sino a nosotros hoy. El propósito de su prueba en el desierto nunca estuvo en duda: "afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien" (Deuteronomio 8:16). Él tuvo que enseñar a Israel cómo manejar todas las bendiciones que estaba a punto de derramar sobre ellos. Y Dios nos probará de la misma manera que los probó a ellos.

Como puedes ver, a pesar de que los hijos de Israel fueron protegidos y librados por la sangre, guiados sobrenaturalmente y eran el objeto del amor de Dios y de Su poder para hacer milagros, a ellos les faltaba una cosa: ¡Ellos no eran dependientes de Dios!

La sangre puede cubrir tus pecados, pero no te hace dependiente de Él. Los milagros pueden librarte del poder de Satanás, pero no pueden hacer que dependas de Dios. Tú puedes ser guiado por Dios, y aun así no apoyarte completamente en el Señor.

Dios tiene que arrancar de todos nosotros, toda seguridad propia y destruir todo lo que queda de nuestra justicia propia, de nuestro orgullo y soberbia espiritual. Él debe (y él lo hace) humillar a todos aquellos que están destinados a heredar Sus grandes bendiciones espirituales.

Él tomará un Saulo de Tarso, confiado en sí mismo, lleno de justicia propia, consumido por el conocimiento de las Escrituras, lleno de celo divino, dispuesto a morir por Jehová; ¡y lo derribará con una ceguera! Saulo tuvo que ser humillado delante del mundo, llevado de la mano como un niño, esperando, sin ayuda alguna, durante días, hasta que Dios se moviera. ¡Él fue humillado hasta el punto de la dependencia total!

martes, 25 de noviembre de 2014

LA PRUEBA

Los hijos de Israel estaban absolutamente indefensos: padres, madres, príncipes, líderes, ninguno sabía a dónde ir. No había camellos cargados con provisiones. No había frutas secas, pescado seco, pan, higos, dátiles, uvas ni nueces. Sin duda, habían visto perecer la caravana de provisiones de Faraón, ¡grandes carros cargados de comida flotando en el Mar Rojo! Su pensamiento lógico seguramente era: "Dios sabía el día y la hora en que saldríamos de Egipto. Si Moisés habla con Dios, ¿por qué no nos dijo que trajéramos alimentos para seis meses? Incluso los dioses de Egipto tratan mejor a sus soldados. ¿Para qué nos hicieron tomar todo este oro, plata y joyas? “¡No podemos comer esto, no vale nada aquí!”

No se veía ni siquiera una brizna de hierba, no había animales para cazar, no había árboles frutales ni extranjeros con quienes hacer comercio. No podían volver a Egipto, incluso si hubieran querido, ¡porque el Mar Rojo bloqueaba su retirada! Y aun si hubieran podido rodear el mar, los egipcios habrían impedido su retorno con cada palo y piedra que hubiera en Egipto, a causa de todas las plagas que recibieron.

Así que ahora, ellos no tenían nada, excepto un desierto vacío y árido por delante. Los niños lloraban y las esposas retorcían sus manos. Cada padre y cada esposo se sentían impotentes y humillados. Todos se reunieron alrededor de Moisés y se quejaron: "Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud” (Éxodo 16:3).

Esta fue una humillación para Israel y para nosotros hoy, es una lección. "Estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron... y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos" (1 Corintios 10:6,11).

Dios llevó a Israel a un lugar de humillación total.

La prueba de los israelitas no se trataba de tener la valentía de enfrentar poderosos enemigos, porque Dios ya había mostrado su voluntad de pelear las batallas por ellos. Sino que se trataba de las bendiciones para las que ellos no estaban preparados: buenas casas, grandes depósitos de vino, ríos de leche, abundancia de miel, trigo y ganado, sin mencionar todas las bendiciones espirituales.

“Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná…para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre” (Deuteronomio 8:3).

lunes, 24 de noviembre de 2014

LA MEDIDA DE LA FE by Gary Wilkerson

Los Evangelios dejan claro que cualquiera que sea la medida de fe que recibimos, depende de nosotros.

“Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino” (Juan 2:1-3).

¿Alguna vez se te acabó algo? ¿Quizás la paciencia para con tu hijo rebelde? ¿La esperanza para tu matrimonio? En esta boda en Caná, la madre de Jesús, María, vio que se había acabado el vino en la fiesta. Así que fue a Jesús a decirle: “Haz algo”.

Jesús respondió “Aún no ha venido mi hora” (2:4). María pudo haber aceptado la respuesta de su Hijo como un firme edicto: “Bueno, se ha declarado soberanamente desde el cielo que el vino no será multiplicado en esta boda”. Por el contrario, ella se condujo como cualquier buena madre judía o cualquier mama, en ese asunto: ignoró la respuesta de su hijo. “Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere” (2:5).

Teológicamente, soy un firme creyente de la soberanía de Dios. Creo que nada sucede a menos que Él lo determine. Pero a veces el decreto soberano de Dios es: “Te encargo esto a ti”. La clara impresión de este pasaje es que Jesús no iba a hacer lo que María le pidió. Inclusive, tenía una sólida razón teológica para ello: “Aún no ha venido mi hora”, queriendo decir que Dios aún no había anunciado Su ministerio público”

Pero María no podía esperar al calendario del cielo. Ella necesitaba que Dios se moviera de forma inmediata, ¡así que el calendario se movió! “Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala…Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora” (2:7-10). Este no era solamente un vino “de repuesto”. ¡Era el mejor vino!

Ocurrió un milagro, que sobrepasaba incluso las expectativas de María. Sin embargo, las cosas podrían haber sido muy distintas. Ella podría haberse desanimado por la respuesta de Jesús. Ella podría haber aceptado Sus palabras literalmente y aceptarlo: “Supongo que es el momento”. En lugar de ello, ella efectuó un retiro de banco celestial ¡cuando ni siquiera había hecho un depósito aún!

sábado, 22 de noviembre de 2014

ILUMINAN LA PANTALLA by Claude Houde

Una de las mayores sorpresas para un nuevo creyente que comienza a leer y estudiar la Biblia es descubrir que los hombres y mujeres de las Escrituras son tan increíblemente humanos, que no hay maquillaje ni trucos en la narrativa de la Biblia, no hay guiones al estilo Hollywood, ni alguna frase “demasiado buena para ser cierta”, ni héroes irreales y sin defectos.

Una de las razones por la cual la Biblia es el libro más vendido de todos los tiempos alrededor del mundo es que los hechos y los personajes que se encuentran en sus páginas son simplemente fascinantes. La Biblia es el libro más leído en el mundo porque los sesenta y seis libros que componen las Escrituras son, en realidad, un espejo en el que todos encontramos un reflejo de nosotros mismos, tarde o temprano. Aunque los hombres y mujeres del Antiguo y Nuevo Testamento están muy distantes de nosotros en el tiempo, el espacio, los contextos, las costumbres y realidad cultural, a su vez están ahí, tan increíblemente cerca de nosotros en su experiencia y en su humanidad. Echa un vistazo y tendrás que admitir que estas personas literalmente “iluminan la pantalla”. ¡La lectura de la Biblia es una experiencia aún mejor que el último formato de “programa de tele-realidad”! Cada página es fascinante y nos sitúa en las primeras filas del teatro de la vida humana, en relación con lo Divino.

Somos sorprendidos, impactados, “confrontados" y movidos por sus aventuras, batallas, dudas, esperanza, pasión y fe, porque son tal y como lo que nosotros enfrentamos (tanto así que casi nos incomoda, y de hecho apartamos la vista del espejo). Estas historias de la vida de la Biblia nos hacen reír y llorar a la vez. Nuestros espíritus son destrozados por sus fracasos, son destruidos por los errores que cometen y son levantados con cada hazaña.

Estos hombres y mujeres de la Palabra de Dios son de carne y hueso. Ellos sueñan, sufren, caen, lloran y se sienten decepcionados y traicionados por sus amigos más cercanos y las personas en quienes más confiaron. A veces sienten miedo de lo que hay dentro de ellos. Pueden dudar horriblemente y agitar sus puños al cielo en medio de la ira, confusión y auténtico dolor. Si se hieren, sangran. Le dan la espalda a Dios e incluso dudan de su existencia, y luego corren desesperadamente hacia Él cuando ocurre una tragedia. Tan fuertes y a la vez tan débiles, que no hacen lo que saben que deben hacer y a menudo suelen terminar haciendo lo que odian y saben que está mal. Sueñan con lo bello y noble de un mundo mejor, con la justicia y con “comenzar su vida de nuevo”.

La Biblia es una verdadera caja de joyas, llena de diamantes en bruto. Cada libro y cada capítulo reflejan una faceta de la experiencia humana en la búsqueda de lo esencial, lo eterno y lo significativo.

Al leer la Biblia, puedes descubrir a Dios y encontrarte a ti mismo.

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Claude Houde es el pastor principal de la Iglesia de la Nueva Vida (Eglise Nouvelle Vie) en Montreal, Canadá; y es un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes dirigidas por World Challenge en todo el mundo. Bajo su liderazgo la Iglesia de la Nueva Vida se ha incrementado de ser un puñado de personas, a más de 3500 miembros, en una parte de Canadá donde pocas iglesias protestantes han alcanzado éxito.

viernes, 21 de noviembre de 2014

SEGANDO CON REGOCIJO

“Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente… quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos... Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera” Mateo 25:24-26, 28, 30). ¿Quién es este siervo perezoso y malvado?, y ¿Por qué fue echado en las tinieblas de afuera?

En primer lugar, él era un siervo de Dios que fue controlado por un pecado secreto. Jesús lo llamó un siervo malo, que aquí denota el mal o algo siniestro. A pesar de que se asoció con un círculo de siervos que estaban ocupados, que daban fruto y estaban gozosos, había algo oculto que no había sido expuesto en este hombre. Él afirmaba conocer al Señor (“te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste”), pero había desarrollado una visión distorsionada del Señor a causa de un pecado al que no había renunciado. Le dijo: “Eres un hombre duro”, que es otra manera de decir: “¡Esperas demasiado de mí; no puedo vivir a la altura de Tus demandas de servicio!”

Es el pecado en el corazón que hace que uno diga: “¡Esto es demasiado duro para mí!” El corazón rendido, por el contrario, se vuelve libre, y la obediencia ya no es una carga. Para el corazón entregado, todo es alegría. “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.” (Salmo 126:5-6).

Un ministro una vez escuchó algunas de nuestras predicaciones grabadas y luego le dijo a un amigo: “¡Nadie puede vivir de esa manera! Todo el mundo comete errores. ¡No se puede vivir tan puro como predican!” Él lo vio como un mensaje duro.

Me pregunto por qué.

jueves, 20 de noviembre de 2014

EN PRIMERA LÍNEA

Los siervos dispuestos no tendrán miedo del “león en el camino”. El cristiano flojo dice: “Hay un león afuera y me va a asesinar si salgo a la calle”.

“Dice el perezoso: El león está en el camino; el león está en las calles” (Proverbios 26:13).

¿Hay un león en las calles? ¡Sí! Un león rugiente que quiere devorar. Pero los siervos llenos del Espíritu no tienen miedo a ningún león. Antes de volver a Nueva York para pastorear, el diablo trató de infundir miedo en mi corazón. Había visto lo que se venía y cuan impías se habían vuelto las calles. Satanás dijo: “¡Vas a ser muerto en las calles!” Pero Jesús ordenó: “Ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos.” (Lucas 14:21). ¡No tenemos miedo!

Pienso en lo maravilloso que debe ser vivir en un lugar tranquilo y apartado, y muchos tienen ese privilegio. Pero hay un número creciente de cristianos que simplemente están huyendo a las colinas para esconderse. El león los ha perseguido y están buscando un lugar seguro. Yo ya he pasado por esa forma de pensar. Gary North, un líder reconstruccionista, escribió un libro titulado Gobierno de Emergencia, en el que aconseja a los cristianos acumular bienes y armas de fuego y luego, prepararse para esconderse y proteger sus posesiones. La lista que recomienda incluye licor y tabaco para sobornar (él lo llama “trueque”) a funcionarios de la ley en tiempos de anarquía.

Esos son los que van a clamar a las rocas y a las montañas que los escondan de Su ira (Apocalipsis 6:16). “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:25).

Esta iglesia de los últimos días llena del Espíritu Santo no se va a ocultar, sino que estará en el frente de batalla, peleando la buena batalla y trayendo una cosecha de almas.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

¡LA COSECHA DE LOS ÚLTIMOS DIAS ESPERA!

Hay algo único y especial acerca de los servidores que levantarán la última gran cosecha. En primer lugar, no tendrán miedo de “arar en el frío”.

“El perezoso no ara a causa del invierno; pedirá, pues, en la siega, y no hallará” (Proverbios 20:4).

Jesús dijo que el campo es el mundo, es decir, las naciones, los pueblos y las razas. Cuando llegué a Nueva York en 1958, la iglesia, la sociedad y el gobierno, todos ellos dijeron que los drogadictos no tenían cura, especialmente los adictos a la heroína. De hecho dijeron: “¡Hace demasiado frío para arar! Ellos no quieren a Dios, no pueden ser alcanzados”. Pero Dios me dijo: “¡Ve a arar! Esa es una mina de diamantes, voy a levantar una gran cosecha allí”. Y así lo ha hecho.

Los servidores a lo largo de la frontera sur de Norteamérica están frotándose las manos, al ver que millones de ilegales ingresan. Nueva York y California están siendo inundados de extranjeros ilegales de todas partes del globo. Dios ha levantado iglesias para alcanzarlos para Cristo, porque estos nuevos obreros cristianos recién convertidos los han visto como una oportunidad para arar. Dios ha traído el campo de misiones hacia ellos y ahora ministros de jóvenes, que antes eran extranjeros ilegales, están volviendo a sus países de origen para evangelizar como misioneros.

¡Sí! Olas de frío de apostasía están barriendo la tierra. Los Judíos son fríos, tanto como los musulmanes. Muchos parecen ser tan duros que no tienen esperanza. Pero el Señor dice: “¡No seas perezoso, ve y ara!” ¡Ningún grupo de personas, ni ningún individuo, debiese ser considerado demasiado frío, demasiado duro o demasiado perdido! ¡Ve y siembra! ¡Ara y cosecharás! En el día de Su poder el Espíritu traerá convicción de pecado a todos.

Antes de establecer la Iglesia Times Square, se nos dijo que Nueva York era demasiado duro, demasiado malvado, que no había esperanza, que nadie saldría un domingo por la noche para ir a la iglesia. Había demasiado escepticismo, demasiado crimen y la gente no saldría de sus casas para llegar a Times Square en la noche, cualquiera de las noches. Se suponía que iba a ser demasiado frío para arar. Pero esta iglesia repleta demuestra lo equivocados que estaban.

martes, 18 de noviembre de 2014

EL PUEBLO DE DIOS ESTARÁ DISPUESTO

El Salmo 110 es una profecía directa acerca de la gente de los últimos días que “se…ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder [del poder de Dios]” (Versículo 3). Martín Lutero consideró este salmo como “una profecía gloriosa del reino de Cristo”. Y añadió que: “Debería ser apreciado por todos en la iglesia”.

El pueblo de Dios estará dispuesto en aquel día, serán voluntarios espontáneos. Así es como Dios lo hace: Cuando Él determina que el día de Su poder ha llegado, levanta profetas santos, vigilantes, y pastores que toquen la trompeta. Dios se mueve sobrenaturalmente sobre un pueblo para responderles. Ellos prestan atención a la llamada al arrepentimiento, a congregarse y a levantarse en fe para desafiar al enemigo. Se despiertan, salen y desafían a los poderes de las tinieblas. El pueblo de Dios comienza a clamar y Él envía profetas para despertar a la iglesia.

Así fue cuando Sísara y sus grandes carros de hierro subieron contra Israel. Dios levantó a Débora, porque “los hijos de Israel clamaron a Jehová” (Jueces 4:3). Fue el Espíritu del Señor que vino sobre ellos, como cantó más tarde Débora: “Por haberse ofrecido voluntariamente el pueblo” (Jueces 5:2). Cuando el Espíritu de Dios verdaderamente viene sobre un pueblo, no tienes que presionar, suplicar, llamar o usar tretas. Se vuelven voluntariamente en el día de Su poder. Esto pasa aquí en la iglesia de Times Square. La Palabra está limpiando y el Espíritu de Dios está derramándose sobre muchos y ahora tenemos abundancia de voluntarios dispuestos a hacer cualquier cosa por Jesús.

“Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad” (Salmo 110:3). Esta es una profecía de que Dios tendrá un pueblo que no verá la santidad como una carga difícil de llevar. ¡No lo verán como algo difícil o legalista, sino como algo hermoso! No se van a encoger bajo un mensaje duro, sino más bien, lo van a ver como Dios cortando y puliendo un diamante, de forma que brillen rayos de luz adicionales. Es una profecía certera que en el día de maldad, de inmoralidad, Él levantará un ejército santo, que camine con alegría en todos Sus mandamientos.

lunes, 17 de noviembre de 2014

LOS RECURSOS DEL CIELO by Gary Wilkerson

Cuando se trata de los recursos del cielo, el profeta Zacarías habla una poderosa y aún misteriosa palabra: “En aquel día el Señor defenderá al pueblo de Jerusalén. ¡El más débil entre ellos será tan poderoso como el rey David! ¡Y los descendientes reales serán como Dios mismo, como el ángel del Señor que va delante de ellos!” (Zacarías 12:8, NTV).

Zacarías estaba mirando la historia futura de nuestros días. Debido a la obra de Cristo por nosotros, incluso el cristiano más débil será tan fuerte como David, el rey más grande que tuvo Israel, y el creyente más fuerte va a “ser como Dios”, es decir, como Cristo. Todo esto suena disparatado, sin embargo en esta profecía Dios nos da una imagen de los recursos que Él ha puesto a disposición de Su Iglesia. Las reservas del banco del cielo tienen el propósito de ser derramadas en nosotros para Su gloria, especialmente en nuestras pruebas.

Gran parte de la Iglesia aún tiene que comprender esto. Cuando algunos cristianos vienen a la ventana del cajero, se quedan mudos. El Espíritu Santo les pregunta: “¿Qué puedo hacer por ti?”, pero no saben pedir de las riquezas que están disponibles para ellos, y en lugar de eso contestan: “Señor, dame lo que quieras, no tengo ambiciones, Tú eres soberano, puedes hacer lo que quieras”.

Eso puede sonar humilde, incluso piadoso, pero la Escritura sugiere que esta actitud en realidad frustra al Espíritu Santo, quien responde: “¿Quieres decir que no hay nada en tu corazón? ¿No ves obrar al enemigo haciendo estragos en las vidas de aquellos que amas? ¿No ves que seres tus queridos que viven en temor y esclavitud serían libres si conocieran Mi poder liberador? Mira a tu alrededor. ¡Hay reinos que conquistar, enemigos que matar y demonios que echar fuera!”

Pablo nos dice que debemos “procurar los dones espirituales”. Eso significa que cuando llegamos a la ventana del cajero, nuestra petición debe ser: “Señor, tengo el don de fe, ¿Podrías también darme el don de evangelización, para traer a otros a la fe?”. O, “Señor, Tú me has dado el don de profecía, por favor dame hoy una palabra para mi hermana que está soportando un gran dolor y no tiene esperanza”.

Una de las mayores lecciones que mi padre, David Wilkerson, me enseñó fue: “Puedes tener tanto de Jesús como quieras”. Mi mensaje, a su vez, es decirte: ¡Anda a la ventana del cajero y pide abundantemente!

viernes, 14 de noviembre de 2014

ESCUCHANDO CORRECTAMENTE LA VOZ DE DIOS

Cuando la voz de Dios no es oída, los hombres corren y trabajan para Él sin haber sido comisionados, están por su cuenta. Yo he estado ahí, haciendo cosas buenas, aceptando retos, convencido de estar de pie en contra de los hacedores de maldad. Y terminé con miles de dólares en deudas, cansado y desilusionado, pidiendo ayuda por todos los lados. Yo no había sido enviado por Dios, pero no podía entender. Estaba quebrantado, tenía carga, estaba dispuesto a entregar tanto; nada de esto nació de la oración, era sólo una compasión humana.

Pero luego, dije: "¡Basta ya, Señor! No daré un paso más, a menos que Tú lo digas. ¡No me moveré hasta que Tu voz sea oída!" Y cualquier dinero que se necesitara, llegaba, porque Dios respalda lo que Él origina. Es gozo sin carga, paz sin mendigar. La mendicidad en los ministerios de hoy es un resultado del hombre haciendo cosas buenas sin haber sido enviado por la voz de Dios. Ellos han confundido sus propios deseos con la voz de Dios.

Jesús no hacía ni un movimiento a menos que oyera del cielo: "Lo que he oído de él, esto hablo al mundo.... nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el" (Juan 8:26, 28). "El Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar…Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho" (Juan 12:49-50).
Aquí hay cuatro salvaguardias para escuchar correctamente la voz de Dios:
  1. Su voz siempre te lleva a Jesús y expone todo pecado y concupiscencia. Juan escuchó Su voz y dijo: "Cuando le vi, caí como muerto a sus pies" (Apocalipsis 1:17).
  2. Su presencia (o rostro) siempre acompaña a Su voz. Te sentirás sobrecogido y lleno de gozo por la gloria de Su presencia.
  3. El Espíritu Santo te dará la confirmación en Su Palabra. Todo lo que Dios habla, debe alinearse a las Escrituras, en todos los puntos.
  4. Todo lo que Él dice se mantendrá intacto, puro e incontaminado frente del tribunal de Cristo.

jueves, 13 de noviembre de 2014

EL SONIDO DE SU VOZ

El deseo de Dios para Su pueblo es que su mayor gozo sea el sonido de Su voz.

"El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido" (Juan 3:29). Nuestro mayor gozo debiera ser: "¡Escuché Su voz! Me quedé solo, esperando ¡y escuché que me hablaba! En el Cantar de los Cantares, podemos escuchar un dúo de amor de la boda de los últimos días. El novio invita a Su amada a ir con Él a esconderse secretamente: "Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes, muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; porque dulce es la voz tuya" (Cantar de los Cantares 2:14). Luego, más tarde, ella responde: "Es la voz de mi amado que llama: Ábreme…amiga mía, paloma mía" (Cantar de los Cantares 5:2).

Para aquellos cuyos corazones se han enfriado, aquellos que ya no pueden oír Su voz, Dios ha prometido darles un corazón nuevo y tierno, si se arrepienten y se vuelven a Él con fe. Un corazón duro no está desahuciado, ¡por lo menos si quieres cambiar! No es algo que te hizo Dios, más bien, tú te lo hiciste a ti mismo, al cerrar la Palabra de Dios. Esta es tu promesa: "Y volverán allá, y quitarán de ella todas sus idolatrías y todas sus abominaciones. Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios" (Ezequiel 11:18-20).

Y: "Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra" (Ezequiel 36:25-27).

miércoles, 12 de noviembre de 2014

SUS BRAZOS DE AMOR

"Me he consumido a fuerza de gemir; todas las noches inundo de llanto mi lecho, riego mi cama con mis lágrimas" (Salmo 6:6).

Este matagigantes, este poderoso guerrero, de quien cantaban: "David hirió a sus diez miles", este poeta que escribió tanto acerca de confiar en Dios y echar todas nuestras ansiedades sobre Él, este mismo hombre de Dios clamó: "Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen" (Salmo 6:2). David había pecado gravemente, confesando: "Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; como carga pesada se han agravado sobre mí. Hieden y supuran mis llagas, a causa de mi locura. Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, ando enlutado todo el día" (Salmo 38:4-6).

David describe exactamente lo que algunos de ustedes pueden estar atravesando en este preciso momento: Una sensación de estar abrumado por el pecado, como olas repentinas cayendo sobre tu alma. No puedes entender por qué estás sumergido otra vez. Clamas: “¡Dios, esto es demasiado para mí, ya no puedo soportarlo!". Estás herido y sabes que, en tu interior, hueles mal debido al pecado. Sabe que has sido tonto y necio. Sientes la corrupción espiritual y te sientes tan mal en tu mente, que tu cuerpo se ve afectado. Tu fracaso, tu falta de victoria, ha hecho que estés "enlutado todo el día" en depresión y miedo. Estás agravado, humillado y perturbado en tu alma.

David sintió que estaba sufriendo a causa de los pecados que había cometido. Él no estaba diciendo que Dios estaba siendo injusto al castigarlo, sino que él quería ser corregido en amor: "Jehová, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues con tu ira. Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen" (Salmos 6:1-2). El clamor de David es este: "¡Señor, mi propia necedad y mi propio pecado me han traído mucho sufrimiento! Sé que tienes el derecho de corregirme y castigarme, pero por favor ¡recuerda que sigo siendo Tu hijo! Derrama tu ira sobre los que no te quieren. Yo he pecado, pero todavía te amo. Corrígeme en amor. Sé misericordioso".

Si sientes las flechas de Dios en tu alma debido a tu pecado pasado y presente, pero todavía tienes un corazón arrepentido y quieres abandonar tu pecado, puede apelar a Su amor correctivo. Serás corregido, pero en gran misericordia y compasión, así como un padre amoroso azota a su hijo, a causa del amor. No sentirás Su ira, como la sienten los impíos, sino que junto con su vara, sentirás Sus brazos amorosos, extendidos hacia ti.

martes, 11 de noviembre de 2014

UN TIEMPO PARA SER REFRESCADOS

La Palabra de Dios está llena de historias de grandes hombres de Dios que llegaron al final de su camino y se quedaron sin fuerzas. Yo predico un mensaje titulado "La hechura de un hombre de Dios", en el que hablo de tres cosas que Jesús enfrentó en el huerto de Getsemaní: Una copa de dolor, una hora de confusión y una noche de soledad. Todos los hombres y mujeres de Dios lo han atravesado.

Tal vez tu sufrimiento presente ha sido causado por ti mismo. ¿Cuántas esposas sufren ahora porque se casaron con un hombre, con quien Dios les advirtió que no se casaran? ¿Cuántos chicos están rompiendo el corazón de sus padres, llevándolos al límite de su fuerza? Muchos están irremediablemente afectados por el SIDA y otras enfermedades, a causa de sus pecados del pasado. Pero ahora es el momento de salir lo que causó tus problemas, para avanzar hacia el quebrantamiento, el arrepentimiento y la fe. ¡Es hora de recibir una nueva infusión de la fuerza del Espíritu Santo!

Si tu corazón siente un dolor santo y amas a Dios, es posible que te sientas mal, ¡pero Él no te va a abandonar! Mientras David caminaba por fe en arrepentimiento, dijo, "Tú encenderás mi lámpara; Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas. Contigo desbarataré ejércitos, y con mi Dios asaltaré muros. En cuanto a Dios, perfecto es su camino, y acrisolada la palabra de Jehová; Escudo es a todos los que en él esperan. Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios? Dios es el que me ciñe de poder, y quien hace perfecto mi camino; quien hace mis pies como de ciervas, y me hace estar firme sobre mis alturas; quien adiestra mis manos para la batalla, para entesar con mis brazos el arco de bronce. Me diste asimismo el escudo de tu salvación; tu diestra me sustentó, y tu benignidad me ha engrandecido. Ensanchaste mis pasos debajo de mí, y mis pies no han resbalado...Pues me ceñiste de fuerzas para la pelea; has humillado a mis enemigos debajo de mí" (Salmo 18:28-36,39).

Dios promete fuerza para Su ungido: "Bendito sea Jehová, que oyó la voz de mis ruegos. Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré. Jehová es la fortaleza de su pueblo, y el refugio salvador de su ungido. Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad; y pastoréales y susténtales para siempre" (Salmo 28:6-9).

Si clamas a Él, se derramará sobre ti su fuerza: "El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma…Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás; contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, y me salvará tu diestra" (Salmo 138:3,7).

lunes, 10 de noviembre de 2014

EL BANCO DEL CIELO by Gary Wilkerson

Últimamente no he sido capaz de sacar una imagen de mi mente. Es de un banco celestial, en el que el pueblo de Dios viene a realizar negocios. Este banco está siempre abierto para que podamos hacer los depósitos, entregándole al cajero todos nuestros pecados, ansiedades, preocupaciones y cuidados. Por supuesto, la bóveda a donde son llevados dichos depósitos es el trono de la gracia de Dios.

También podemos hacer retiros de este banco celestial. En la ventanilla se sienta el Espíritu Santo, listo para entregar cualquiera y todos los recursos del cielo. Cuando nos acercamos a la ventanilla, tenemos la posibilidad de retirar reservas infinitas de la gracia, el poder, la fe y la esperanza de Dios.

Mientras me imagino este banco, me doy cuenta de que muchos de nosotros en la iglesia hacemos muchos depósitos, pero muy pocos retiros. Por el contrario, cuando llegamos a la ventanilla, solicitamos una miseria. "Señor, no quiero molestarte", balbuceamos, “pero necesito un poco de gracia adicional para poder salir de este problema. Si me pudieras dar un pequeño empujón, yo me encargaré del resto".

Tengo buenas noticias para ti: Dios no quiere que "te encargues del resto". Él quiere que lo depositemos todo en Él; todas nuestras ansiedades, luchas, pecados y angustias. Y Él quiere que recurramos a Sus recursos infinitos, que están reservados para nosotros en Sus bóvedas. Él quiere que digamos: "Señor, ya me harté de pedir una pizca de fe para solucionar mi problema. Necesito abundancias de tu gracia. Y yo la quiero no sólo para resolver mi problema, sino para ver Tu gloria establecida en la Tierra. A partir de ahora, cada vez que vaya a la ventanilla, voy a pedir un mayor derramamiento de Tu Espíritu. ¡Necesito más de Tu vida, de Tu aliento, de Tu mover dentro de mí! "

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

sábado, 8 de noviembre de 2014

UN MENSAGE PENETRANTE by Jim Cymbala

Los apóstoles nunca trataron de hablar con sutileza a las personas cuando estaban presentando el evangelio. Su comunicación no suponía ser “genial” o reconfortante. Su objetivo era penetrar el corazón, para convicción de pecado. Ellos no tenían la menor intención de preguntar: “¿Qué es lo que la gente quiere oír? ¿Cómo podemos atraer más gente a la iglesia el domingo?” Esa hubiese sido la última cosa en sus mentes, tal enfoque habría sido ajeno a ellos.

En lugar de tratar de llevar a los hombres y mujeres a Cristo en la forma bíblica, somos consumidos con el concepto no bíblico de “crecimiento de la iglesia”. La Biblia no dice que debemos apuntar a números, sino más bien nos urge a proclamar el mensaje de Dios en la valentía del Espíritu Santo. Esto construirá la iglesia de Dios a la manera de Dios.

Lamentablemente, algunas iglesias ahora supervisan continuamente lo contento que el pueblo está con los servicios y preguntan qué más les gustaría. ¡No tenemos permiso alguno para ajustar el mensaje del evangelio! Tanto si parece popular o no, si está “acorde” a los tiempos o no, debemos proclamar con fidelidad y valentía que el pecado es real, pero Jesús perdona a aquellos que lo confiesan.

En ninguna parte Dios le pide a alguien que tenga una iglesia grande. Él sólo nos llama a hacer Su obra, proclamando Su Palabra a la gente que Él ama bajo la unción y el poder del Espíritu Santo para producir resultados que sólo Él puede lograr. La gloria entonces va sólo para Él, no para ninguna denominación, iglesia local, pastor local, o consultor de crecimiento de la iglesia. Este es el único plan de Dios, y todo lo demás es una desviación de la enseñanza del Nuevo Testamento.

Hoy en día tenemos un espíritu anti-autoridad en Estados Unidos que dice: “Nadie puede decirme que tengo que cambiar. Ni te atrevas”.

Tanto en el púlpito como en la consejería pastoral con demasiada frecuencia hemos cedido a esta mentalidad y hemos tenido miedo de decir la verdad sobre el pecado. Seguimos apelando a la frase de Pablo que dice “a todos me he hecho de todo” (1 Corintios 9:22), sin darnos cuenta que en el párrafo siguiente, dice: “Corred de tal manera que…obtengáis [el premio]” (Ver versículo 24). Adaptar nuestro estilo para ser escuchados es una cosa, pero el mensaje nunca puede ser cambiado sin dejarnos con las manos vacías delante del Señor.

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Jim Cymbala comenzó la iglesia Brooklyn Tabernacle con menos de veinte miembros en un pequeño y deteriorado edificio en una parte difícil de la ciudad. Nacido en Brooklyn, es un viejo amigo de David y Gary Wilkerson, y un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes patrocinadas por World Challenge en todo el mundo.

viernes, 7 de noviembre de 2014

LA ESCUELA DEL ESPÍRITU SANTO

¿Por qué las cosas iban mal para David? ¡Porque estaba en la escuela del Espíritu Santo! Dios estaba produciendo carácter en él, y solo los problemas podían formarlo. No debían haber más “Saules”, indisciplinados y sin formación por la falta de pruebas. Saúl comenzó bien pero pronto se marchitó porque nunca fue probado. Dios ahora buscaba un hombre en quien podría confiar, un hombre con el que podría construir una casa permanente.

No hubo un solo momento en que el Espíritu Santo no estuviera con David. Dios podría haber enviado ángeles; podría haberle hablado una palabra; podría haber enviado un ejército celestial para guardar a David de problemas. En lugar de eso, Él lo permitió todo para que David llegara a la final de sí mismo y se arrojara por completo en el Señor. No hubiésemos tenido ninguno de esos grandes salmos de confianza y fe si David no hubiese sido probado.

Algunos de ustedes están en Siclag con David, ¡o se dirigen allí! En 1 Samuel capítulo 30, se cuenta la historia de cómo los amalecitas habían superado al pueblo de Dios, devastando vidas y propiedades. David estaba muy angustiado, y su propia gente hablaba de apedrearlo porque lo culparon por el desastre. “mas David se fortaleció en Jehová su Dios” (1 Samuel 30:6). Al acudir al Señor (versículo 8), se le aseguró que todo lo que se había perdido le sería restaurado. En el versículo 19, vemos el resultado final: “todo lo recuperó David”.

David recuperó su familia y sus bienes, pero mucho más que eso le fue restaurado. Lo más importante fue que recuperó la confianza en Dios, su seguridad de que Dios estaba todavía con él. El poder de su unción fue renovado, junto con un nuevo aborrecimiento hacia el enemigo. ¡Aquel día David obtuvo su diploma! Había aprendido a consultar al Señor y a alentarse a sí mismo en el Señor. Desde ese día, se hizo cada vez más fuerte, y prevaleció.

jueves, 6 de noviembre de 2014

CUANDO HACES LO RECTO Y AUN ASI LAS COSAS SALEN MAL

David es un ejemplo de un hombre que tenía un corazón por Dios, un tipo de persona que hizo bien (excepto por el pecado de Betsabé y Urías). “Por cuanto David había hecho lo recto ante los ojos de Jehová, y de ninguna cosa que le mandase se había apartado en todos los días de su vida, salvo en lo tocante a Urías heteo” (1 Reyes 15:5). Desde el momento en que Samuel derramó aceite sobre él, ungiéndole rey sobre Israel, “Y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David” (1 Samuel 16:13). Se dice que “Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová estaba con él…David se conducía prudentemente en todos sus asuntos, y Jehová estaba con él… Saúl, viendo y considerando que Jehová estaba con David” (1 Samuel 18:12, 14, 28).

Así que ¿Qué obtiene David por toda esta bondad? ¡Problemas por todos lados! Pero recuerda, Dios estaba todavía con él.

Piensa en el momento cuando ese mismo hombre piadoso se puso de pie sin miedo ante el gigante Goliat. Piensa en la multitud que aclamaba: “David mató a sus diez mil”. Ahora retrocede de miedo y su mejor amigo ha sido marginado de él. Está tan aprisionado por el pánico que se hace pasar por loco para salvarse. Termina escondiéndose en la cueva de Adulam con cuatrocientos hombres descontentos y acabados que se reunieron con él. David dijo: “Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl; nada, por tanto, me será mejor que fugarme a la tierra de los filisteos” (1 Samuel 27:1). David ahora estaba destrozado por muchos miedos. Debe haber visto el día de su unción como un gran error, pensando: “Señor, no puede ser que estés conmigo; yo no puedo ser tu ungido. Todo está saliendo mal. No sirve de nada. Evidentemente Tú estás enojado conmigo.” ¿Alguna vez has dicho algo así?

Pero Dios no había abandonado a David, ni por un momento. Porque sabemos que “desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David” (1 Samuel 16:13). Así es con nosotros. El día en que el Espíritu de Dios nos trajo a Jesús y nos ungió, vino para quedarse, para habitar. En tu prueba, en tu malestar, Él es tu consuelo. Puede parecer que las cosas van mal, pero para los que confían, Dios tiene todo bajo control.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

CONFIANDO EN EL TIEMPO DE DIOS

Si no crees en el tiempo del Espíritu Santo, nunca vas a entender por qué las oraciones parecen demorar en ser contestadas. Cada promesa de Dios se levantará para que seas probado, ¡a menos que descanses en el tiempo del Señor! Está escrito acerca de José, que estaba en prisión sin poder hacer nada: “Hasta la hora que se cumplió su palabra, El dicho de Jehová le probó” (Salmo 105:19). Este versículo del tiempo del Espíritu Santo se encuentra entre estas dos afirmaciones: (1) “Afligieron sus pies con grillos; En cárcel fue puesta su persona” (Versículo 18) y; (2) “Envió el rey, y le soltó…le dejó ir libre.” (Versículo 20).

La prueba de la espera de José le rompió el corazón. Escucha su patética súplica al copero después de que José le reveló que iba a ser restaurado y puesto en libertad de la cárcel: “Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa…y tampoco he hecho aquí por qué me pusiesen en la cárcel.” (Génesis 40:14-15).

Algunos podrían preguntarse dónde estaba la fe de José. Estaba tan cerca de Dios que podía interpretar sueños y misterios. Dios habló con él, así que ¿por qué no simplemente descansar y confiar en Dios para sacarlo de ahí? ¿Por qué una súplica tan lamentable al copero para hablar de él ante Faraón? ¡Él estaba siendo probado por la Palabra! Puedes leerla, orarla, predicarla, pero hasta que sea probada en ti, no va a producir vida. Algunos de ustedes están siendo severamente probados por la Palabra en este momento. Has visto a Dios contestar muchas oraciones, pero ahora mismo tienes una oración sin respuesta desde hace mucho tiempo. Tu llanto, tu clamor, tus manos levantadas, tu esfuerzo, todo parece no haber sido oído, no hay evidencia de una respuesta en ninguna parte.

Déjame contarte lo que se necesita para vencer en estos últimos días. Debemos permanecer en cada promesa y orar con fe, efectivamente, fervientemente, sin dudar, y luego esperar y descansar, confiando en que el Señor hará lo correcto, en Su tiempo y a Su manera. Pocos cristianos hoy en día esperan con paciencia que Dios obre en Su tiempo. Cuanto más se retrasa, más se enojan algunos. Otros finalmente se dan por vencidos, pensando que Dios no contesta.

Di con Habacuc: “Estaré quieto en el día de la angustia…Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos…y los labrados no den mantenimiento…y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza…y en mis alturas me hace andar.” (Habacuc 3: 16-19).

martes, 4 de noviembre de 2014

CUANDO LAS ORACIONES PARECEN NO SER CONTESTADAS

Echa un vistazo a la profunda agonía de un hombre muy santo de la Biblia y ve si puedes averiguar quién está hablando “Yo soy el hombre que ha visto aflicción bajo el látigo de su enojo. Me guió y me llevó en tinieblas, y no en luz…Me cercó por todos lados, y no puedo salir; ha hecho más pesadas mis cadenas; Aun cuando clamé y di voces, cerró los oídos a mi oración… Perecieron mis fuerzas, y mi esperanza en Jehová” (Lamentaciones 3:1-2, 7-8, 18).

¿Quién era este hombre que perdió la esperanza, que dijo que Dios había cerrado sus oídos a sus oraciones? Es nada menos que el profeta Jeremías. “Te cubriste de nube para que no pasase la oración nuestra” (Lamentaciones 3:44). Pero también podríamos ser tú o yo durante alguna crisis en nuestras vidas, cuando parece que Dios ha cerrado los cielos. ¿Lloras con Jeremías diciendo: “Yo soy el que ha visto problemas, estoy en una situación de la que parece que no puedo salir”?

¡No creas que Jeremías continuó en la desesperación! Al igual que David, llegó a un lugar de esperanza y victoria. Recordó que su Dios estaba lleno de compasión y tiernas misericordias: “Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová…Porque el Señor no desecha para siempre; Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias” (Lamentaciones 3:21-26,31-32)

El salmista David dijo: “Porque Jehová ha oído la voz de mi lloro. Jehová ha oído mi ruego; Ha recibido Jehová mi oración.” (Salmos 6:8-9) Ha guardado cada lágrima, ha recibido cada clamor, ha escuchado con atención cada oración. Puedes estar seguro que si tienes que pasar por un horno caliente de aflicción, Él estará allí contigo. Dios tiene un propósito para todo lo que Él permite, y para cada prueba difícil Él da gracia especial.

lunes, 3 de noviembre de 2014

UNA SALVACION TAN GRANDE by Gary Wilkerson

“Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? (Hebreos 2:1-3)

La ley que Dios entregó al hombre “era firme”. Sin embargo, esto parece una paradoja. Si esta ley era imposible de guardar para cualquier persona, ¿como no podía ser firme? En primer lugar, la ley nunca fue destinada a ser el medio de nuestra salvación; sino que estaba destinada a mostrarnos nuestra necesidad de salvación. Y la firmeza de la ley hizo esto. Sin embargo, una y otra vez la Escritura revela cómo el hombre falló miserablemente en guardar la ley de Dios.

Nota algo más en este pasaje. Una vez más, el escritor usa la palabra “grande” para describir lo que Jesús ha hecho. Cristo ha hecho un pacto perfecto con el Padre, uno que trabaja para asegurar “una salvación tan grande” (2:3). ¡Hablando de algo firme! El regalo de la salvación de Cristo nos libera de la ley del pecado y de la muerte y está diseñado para obrar en nuestras vidas. Es más, el nuevo pacto de la gracia es el poder de Dios obrando en nuestras vidas. Nos da el poder para seguir Sus mandamientos con Su fuerza, no la nuestra. “testificando Dios juntamente con ellos, con…repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad” (2:4).

Con un regalo tan grande de salvación, ¿por qué alguien iba a descuidarlo? He aquí el por qué: Estamos condicionados a responder a las leyes con las obras. Incluso en el ámbito de la fe, tenemos la tendencia a reincidir en hacer obras. Podemos estar de acuerdo mentalmente en que somos salvos por la gracia, pero en el fondo muchos de nosotros todavía creemos que las obras son la manera de asegurar las bendiciones de Dios.

Nuestras mentes están condicionadas desde la infancia a reincidir en guardar la ley cada vez que fallamos. Hay reglas básicas en cada hogar: limpiar la habitación; ayudar a despejar la mesa de la cena. Es un acuerdo condicional basado en premios y castigos, y la mayoría de los padres lo utilizan para mantener su cordura.

Este sistema puede funcionar bien en la vida familiar, pero no en la vida del Reino. Sin embargo, ya que la mayoría de nosotros crecimos de esta manera, años más tarde seguimos viendo la vida a través de esta lente. Siempre que fallamos en algo, nuestro reflejo es reincidir en hacer obras.

Las obras nunca pueden lograr lo que sólo la cruz puede proporcionar, ni pueden añadir un solo grado de santidad a nuestras vidas. Obras que son verdaderamente santas son el resultado de la gracia de Dios. Son lo que hacemos en gratitud, alegría y fidelidad porque nos ha sido proporcionada “una salvación tan grande.”

sábado, 1 de noviembre de 2014

UN MONTÓN DE GALLETAS by Carter Conlon

Cuando Dios nos llama a caminar en lo sobrenatural, en las cosas en que nos consideramos no aptos, es probable que puedan surgir miedos en nuestros corazones. Este fue el caso de Gedeón y el Señor le dio las siguientes instrucciones: “Aconteció que aquella noche Jehová le dijo: Levántate, y desciende al campamento [enemigo]; porque yo lo he entregado en tus manos. Y si tienes temor de descender, baja tú con Fura tu criado…y oirás lo que hablan; y entonces tus manos se esforzarán, y descenderás al campamento” (Jueces 7: 9-11).

En otras palabras, “Si tienes miedo, baja al campamento enemigo. Vas a escuchar lo que están diciendo, y se te dará fuerza para entrar en aquello que en lo natural, es una misión suicida”.

“Y él descendió con Fura su criado hasta los puestos avanzados de la gente armada que estaba en el campamento. Y…cuando llegó Gedeón, he aquí que un hombre estaba contando a su compañero un sueño, diciendo: He aquí yo soñé un sueño: Veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madián, y llegó a la tienda, y la golpeó de tal manera que cayó, y la trastornó de arriba abajo, y la tienda cayó. Y su compañero respondió y dijo: Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón…Dios ha entregado en sus manos a los madianitas con todo el campamento.” (Jueces 7:11-14)

Se podría esperar que el Señor ideara algo un poco más extraordinario, tal vez con el madianita diciendo: “¡Vi carros de ángeles bajando, miles y miles! ¡Estaban enojados, y mataron a todos! ¡Vámonos de aquí!”. No, en lugar de eso, vio un trozo de pan que rodaba por una colina, que aplastó todo su campamento. Y de eso el otro hombre llegó a la siguiente conclusión de inmediato: “¡Bueno, esto no es otra cosa que la espada de Dios y la espada de Gedeón! ¡Él ha entregado a todo el ejército en manos de Gedeón!”

¿Cómo lo sabían los enemigos? Lo sabían porque habían sufrido las consecuencias vez tras vez. Sabían lo que sucedía cuando repentinamente incluso sólo unos pocos del pueblo de Dios se levantaban y decidían seguir adelante. ¡Sabían del peligro que se le presentaba al reino de las tinieblas cuando un pan de cebada venía rodando por la colina!

¿Sabes lo que es un pan de cebada? ¡No es nada más que un montón de galletas que se juntan y deciden moverse como uno! Tú y yo vivimos en una hora en que debemos entregar nuestro orgullo y nuestro razonamiento humano; debemos rendirnos de ese querer ser vistos como alguien más grande de lo que somos. Todos somos galletas invitadas a un banquete, hasta el último de nosotros. Siempre he sido nada, sigo siendo nada, y siempre seguiré siendo nada. Todo lo que tengo es lo que Dios elige darme.

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Carter Conlon se unió al equipo pastoral de la Iglesia Times Square en 1994, por invitación del pastor fundador David Wilkerson, y fue nombrado para el cargo de Pastor Principal en 2001. Un líder fuerte y compasivo, y un orador frecuente en conferencias para pastores y líderes dirigidas por World Challenge en todo el mundo.