lunes, 17 de noviembre de 2014

LOS RECURSOS DEL CIELO by Gary Wilkerson

Cuando se trata de los recursos del cielo, el profeta Zacarías habla una poderosa y aún misteriosa palabra: “En aquel día el Señor defenderá al pueblo de Jerusalén. ¡El más débil entre ellos será tan poderoso como el rey David! ¡Y los descendientes reales serán como Dios mismo, como el ángel del Señor que va delante de ellos!” (Zacarías 12:8, NTV).

Zacarías estaba mirando la historia futura de nuestros días. Debido a la obra de Cristo por nosotros, incluso el cristiano más débil será tan fuerte como David, el rey más grande que tuvo Israel, y el creyente más fuerte va a “ser como Dios”, es decir, como Cristo. Todo esto suena disparatado, sin embargo en esta profecía Dios nos da una imagen de los recursos que Él ha puesto a disposición de Su Iglesia. Las reservas del banco del cielo tienen el propósito de ser derramadas en nosotros para Su gloria, especialmente en nuestras pruebas.

Gran parte de la Iglesia aún tiene que comprender esto. Cuando algunos cristianos vienen a la ventana del cajero, se quedan mudos. El Espíritu Santo les pregunta: “¿Qué puedo hacer por ti?”, pero no saben pedir de las riquezas que están disponibles para ellos, y en lugar de eso contestan: “Señor, dame lo que quieras, no tengo ambiciones, Tú eres soberano, puedes hacer lo que quieras”.

Eso puede sonar humilde, incluso piadoso, pero la Escritura sugiere que esta actitud en realidad frustra al Espíritu Santo, quien responde: “¿Quieres decir que no hay nada en tu corazón? ¿No ves obrar al enemigo haciendo estragos en las vidas de aquellos que amas? ¿No ves que seres tus queridos que viven en temor y esclavitud serían libres si conocieran Mi poder liberador? Mira a tu alrededor. ¡Hay reinos que conquistar, enemigos que matar y demonios que echar fuera!”

Pablo nos dice que debemos “procurar los dones espirituales”. Eso significa que cuando llegamos a la ventana del cajero, nuestra petición debe ser: “Señor, tengo el don de fe, ¿Podrías también darme el don de evangelización, para traer a otros a la fe?”. O, “Señor, Tú me has dado el don de profecía, por favor dame hoy una palabra para mi hermana que está soportando un gran dolor y no tiene esperanza”.

Una de las mayores lecciones que mi padre, David Wilkerson, me enseñó fue: “Puedes tener tanto de Jesús como quieras”. Mi mensaje, a su vez, es decirte: ¡Anda a la ventana del cajero y pide abundantemente!