viernes, 21 de noviembre de 2014

SEGANDO CON REGOCIJO

“Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente… quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos... Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera” Mateo 25:24-26, 28, 30). ¿Quién es este siervo perezoso y malvado?, y ¿Por qué fue echado en las tinieblas de afuera?

En primer lugar, él era un siervo de Dios que fue controlado por un pecado secreto. Jesús lo llamó un siervo malo, que aquí denota el mal o algo siniestro. A pesar de que se asoció con un círculo de siervos que estaban ocupados, que daban fruto y estaban gozosos, había algo oculto que no había sido expuesto en este hombre. Él afirmaba conocer al Señor (“te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste”), pero había desarrollado una visión distorsionada del Señor a causa de un pecado al que no había renunciado. Le dijo: “Eres un hombre duro”, que es otra manera de decir: “¡Esperas demasiado de mí; no puedo vivir a la altura de Tus demandas de servicio!”

Es el pecado en el corazón que hace que uno diga: “¡Esto es demasiado duro para mí!” El corazón rendido, por el contrario, se vuelve libre, y la obediencia ya no es una carga. Para el corazón entregado, todo es alegría. “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.” (Salmo 126:5-6).

Un ministro una vez escuchó algunas de nuestras predicaciones grabadas y luego le dijo a un amigo: “¡Nadie puede vivir de esa manera! Todo el mundo comete errores. ¡No se puede vivir tan puro como predican!” Él lo vio como un mensaje duro.

Me pregunto por qué.