jueves, 8 de marzo de 2012

DISTRACCIONES INVOLUNTARIAS

Nuestras mentes tienen una tendencia natural a divagar e ir a la deriva. Seguido nosotros no podemos dormir porque somos incapaces de apagar el flujo de pensamientos que invaden nuestras mentes. Yo le llamo a esto, “distracciones involuntarias.”

Recientemente, mientras me sentaba en la congregación durante la alabanza, mi mente fue inundada con pensamientos - sobre el ministerio, sobre mi siguiente predicación, sobre las finanzas de la iglesia, sobre la necesidad de un espacio más grande. Todas estas cosas eran importantes pero estaba totalmente distraído de alabar al Señor. Yo tuve que traer mis pensamientos a la cautividad.

Cuando Dios tuvo una comunión íntima con Abraham e hizo un pacto con él, Abraham mató a cinco animales y los sacrificó. La Escritura dice, “Y descendían aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, pero Abram las ahuyentaba.” (Génesis 15:11).

Esto es exactamente lo que nos sucede durante la alabanza. Pensamientos descienden sobre nosotros como aves de rapiña, interfiriendo en nuestra intimidad con Él, tratando de devorar nuestro sacrificio. Y, como Abraham, necesitamos ahuyentarlas.

Todo el tiempo que yo me encierro a orar, en diez minutos mis pensamientos empiezan a ir en todas direcciones. Escucho mi boca alabar al Señor, pero mi mente está completamente en algo diferente. Yo trato de pelear contra este flujo de pensamientos, pero más siguen fluyendo. La carne constantemente pelea en contra de nuestro espíritu, queriendo nuestra atención.

Lo mismo me sucede en la casa de Dios. Yo puedo estar alabando al Señor, lleno de amor por Jesús, cuando de repente mi mente empieza a dirigirse hacia otros asuntos. Nuestros pensamientos divagantes no son siempre del diablo. Algunas veces simplemente nos inundan -pensamientos sobre el negocio, la familia, sobre problemas y dificultades. ¡Estos siempre deben ser traídos cautivos porque estamos en guerra!

La carne siempre tratará de interferir con nuestro tiempo de alabanza y de oración. Se nos ha dado el mandamiento de resistir a la carne, y debemos traer a Jesús como centro de nuestro enfoque. Si mantenemos nuestra mente centrada en Dios, su fuego caerá en nuestro sacrificio santo.