miércoles, 15 de junio de 2016

¿ESTÁS LISTO?

¿Qué quiso decir Jesús en Mateo 24:49 cuando habló sobre el siervo malo que comenzaría a "beber con los borrachos"? Jesús no está hablando solamente de alcohol aquí. La Biblia menciona muchas maneras de estar borracho: con furia, con amargura, con sed de sangre. El alcohol más importante en nuestra sociedad, el sedante que la mayoría de las personas bebe hoy en día, es la prosperidad; y los cristianos se consienten libremente en esta bebida.

Jesús nos advierte: "¿Qué te sucede una vez que la prosperidad te agarra? Tu corazón queda envuelto en los bienes materiales. De repente, pierdes la conciencia de mi venida. Tu vida se sale de control, debido a que ya no tienes una brújula moral y comienzas a hacer todo lo posible para conseguir lo que quieres. Te conviertes en un borracho, drogado en prosperidad".

Observa el juicio que Jesús describe para tales hipócritas. “vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes” (24:50-51).

¿Estás listo? ¿Has comenzado a amar la idea de la venida de Cristo? Pablo dice: “Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (2 Timoteo 4:8, itálicas añadidas). Santiago nos exhorta asimismo: “Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca” (Santiago 5:8). “Y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.” (Hebreos 9:28).

Por último, Pablo escribe: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad.” (Tito 2:11-15).

Mi oración es que me convierta en el tipo de pastor que Pablo describe. Sí, estoy esperando el regreso de mi Maestro, y al igual que el apóstol, puedo decir con confianza: "Tengo una corona esperándome, porque amo su venida. Estoy listo. ¡Ven, Señor Jesús!”