jueves, 2 de junio de 2016

COMO LADRÓN EN LA NOCHE

Una querida mujer cristiana de Lousiana escribió a nuestro ministerio: “El Domingo pasado, nuestro pastor nos preguntó acerca de testimonios de lo que Dios había estado haciendo durante la semana. Su propio hijo de cinco años de edad se puso de pie y dijo: ‘Anoche tuve un sueño. Jesús me dijo que viene pronto’”. El Espíritu Santo usó a ese niño para recordarle al pueblo de Dios de una gloriosa verdad.

Lamentablemente, la generación presente conoce menos acerca del regreso de Cristo que cualquiera de las generaciones anteriores. En la actualidad, raramente se predica acerca de la venida de Jesús en las iglesias. De hecho, multitudes de personas que se llaman a sí mismos cristianos no quieren escuchar acerca del tema. ¿Por qué?

La vida es buena para la mayoría de la gente, incluyendo a los Cristianos, y el enfoque principal es cómo poder mantener esos buenos momentos. Al igual que la esposa de Lot, muchos están obsesionados con sus posesiones. Se han vuelto adictos a las cosas de este mundo, y en sus mentes la venida de Jesús seria prejudicial.

He oído feligreses burlarse de la posibilidad que Jesús “regrese en cualquier momento”. Se burlan de la idea de que podría volver pronto. De hecho, existe una doctrina que afirma que nuestro Señor no regresará sino hasta miles de años más. La idea es que a la iglesia se le dará todo ese tiempo para evangelizar al mundo y establecer un nuevo orden antes de que Cristo regrese a reinar.

El apóstol Pedro aborda este tema, diciendo: “En los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación” (2 Pedro 3:3–4).

Pedro entrega una palabra muy penetrante a todos aquellos que voluntariamente han decidido vivir en ignorancia: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (3:10).