viernes, 27 de mayo de 2016

PROMESAS QUE RENUEVAN Y FORTALECEN

Yo estoy convencido de que en este momento la fe del Cuerpo de Cristo está bajo un ataque satánico feroz.

Sabemos que Satanás siempre ha traído ataques intensos contra el pueblo de Dios, causando terrible sufrimiento. Durante siglos, la sangre de los mártires ha sido derramada. Santos piadosos como Job han sido probados con severidad. Pero el ataque contra los fieles que vemos hoy es la última batalla de Satanás.

Del mismo modo que la maldad abunda en todo el mundo hoy en día, también lo hacen las aflicciones y las tribulaciones de la Iglesia de Dios. Estamos viendo un aluvión sin precedentes de enfermedad, aflicción preocupación tras preocupación y problema tras problema; todo lo cual hace que una vida victoriosa parezca imposible para cualquier creyente.

Nuestra fe y fuerza pueden debilitarse, pero en nuestros tiempos de debilidad, Dios nos ha dado promesas maravillosas para renovarnos y fortalecernos. Estas son algunas de Sus promesas que me sostienen:
  • “Dios es el que me ciñe de fuerza, y quien despeja mi camino…Envió desde lo alto y me tomó; Me sacó de las muchas aguas. Me libró de poderoso enemigo, Y de los que me aborrecían, aunque eran más fuertes que yo…Escudo es a todos los que en él esperan” (2 Samuel 22:33, 17-18,31).
  • “Me ceñiste de fuerzas para la pelea” (2 Samuel 22:40).
  • “Jehová dará poder a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz” (Salmos 29:11).
  • “El Dios de Israel, él da fuerza y vigor a su pueblo. Bendito sea Dios” (Salmos 68:35).
  • “Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares… Vendré a los hechos poderosos de Jehová el Señor” (Salmos 71:9,16).
  • “Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas…Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion” (Salmos 84:5,7).
¿Crees que tu Dios es fuerte, como el salmista declara? Si Él lo es, ningún poder puede mantenerse en pie delante de Él. Encomienda todo en Su mano poderosa de fuerza y Él hará un camino. Por encima de todo, cree Su palabra: “El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma” (Salmos 138:3).