jueves, 26 de mayo de 2016

EN TIEMPOS DE AFLICCIÓN

Quizás yo no vea la evidencia, pero Dios siempre está obrando. Cada momento del día, cada hora que duermo, Él está haciendo un camino para mí. Y Su plan siempre está a tiempo, en todo momento, incluso cuando me parece que hay un retraso en Su obra santa. Él está tocando áreas en lo más profundo de mí, que deben ser establecidas, de manera que Él pueda cumplir Sus promesas.

Un día voy a mirar hacia atrás en estos tiempos de prueba y decir: "Señor, ahora veo. ¡Tú estuviste allí todo el tiempo, obrando mi milagro!"

Los que están en desesperación pueden verse tentados a cerrar sus corazones de la comunión con Dios. Sin embargo, hacerlo puede ser fatal. En el Salmo 88, puedes encontrar una descripción de lo que tú estás atravesando. Un hombre piadoso llamado Hemán habla de su situación desesperada:

"Mi alma está llena de problemas. He sido derribado hasta a la fosa y estoy entre los muertos. Dios me ha puesto en el hoyo más profundo en la oscuridad y Su ira se ha agravado sobre mí. Mis amigos me han abandonado y estoy encerrado, aislado. Me lamento a causa de mi aflicción" (mi paráfrasis).

Heman entonces desafía a Dios: ¿Manifestarás tus maravillas a los muertos? ¿Se levantarán los muertos para alabarte? ¿Será contada en el sepulcro tu misericordia, o tu verdad en el Abadón? ¿Serán reconocidas en las tinieblas tus maravillas, y tu justicia en la tierra del olvido?" (Salmos 88:10-12).

Hemán está diciendo, en efecto: "Necesito un milagro ahora, Señor, no en la resurrección. Esta es mi última esperanza. Para luego será demasiado tarde, porque estaré muerto. Tienes una fecha límite aquí, Dios. ¡Ayúdame! ¿Por qué me desechando? ¿Por qué escondes Tu rostro de mí? ¿Por qué no contestas mi clamor?"

Esto es desesperanza, desesperación y, aparentemente, una crisis imposible.

¿Qué puede hacer un alma piadosa? ¿Cómo reacciona un alma justa? Al igual que Hemán, debemos clamar día y noche: "Oh Jehová, Dios de mi salvación, día y noche clamo delante de ti. Llegue mi oración a tu presencia; inclina tu oído a mi clamor…A ti he clamado, oh Jehová, y de mañana mi oración se presentará delante de ti" (Salmos 88: 1-2,13).

Estas son tres cosas que yo hago en mis tiempos de gran aflicción:
  1. Recibo y creo en el amor y el deleite de mi Padre celestial.
  2. Derramo mi corazón delante de Él, clamando a Él en silencio.
  3. Animo a mi alma con Sus promesas diarias.