martes, 17 de mayo de 2016

LA FE QUE AGRADA A DIOS

“Y [Abraham] no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara” (Romanos 4:19)

La esencia de una fe verdadera se encuentra en este simple versículo. Dios había prometido a Abraham que tendría un hijo, quien sería la simiente de muchas naciones. Sorprendentemente, Abraham recibió esta promesa sin objetar, aunque ya hacía mucho que había pasado la edad de engendrar hijos. En lugar de eso, cuando Abraham recibió esta palabra del Señor, se nos dice que él no consideró “su cuerpo, que estaba ya como muerto,… (ni) la esterilidad de la matriz de Sara.”

Para la mente natural, era imposible que se pudiera cumplir esta promesa. Pero Abraham no se preocupó de tal imposibilidad. De acuerdo a Pablo, el patriarca no le dio importancia a la manera en que Dios cumpliría su promesa. El no razonó con Dios diciendo: “Pero Señor, no tengo simiente para engendrar, y Sara no tiene vida en su matriz para concebir. Mi esposa hace mucho que ha perdido la habilidad de engendrar hijos. Así que, ¿cómo lo harás Señor?”. En lugar de entretener tales preguntas, Abraham simplemente “no las consideró.”

El hecho es, que cuando Dios está obrando para producir una fe que es probada y que es mejor que el oro, él primero pone una sentencia de muerte sobre todos los recursos humanos. El cierra la puerta a todo razonamiento humano, evitando todo recurso lógico para librar.

La fe que agrada a Dios nace en un lugar sin vida. Me refiero a la muerte de todas las posibilidades humanas. Es un lugar donde los planes hechos por los hombres prosperan al principio, pero luego mueren. Es un lugar donde las esperanzas humanas traen alivio temporal, pero pronto se derrumban, añadiendo un sentido de impotencia. ¿Has estado en ese lugar de mortandad? ¿Te ha parecido que ya no te quedaban opciones? En esos momentos, no tienes a alguien a quien pedir consejo. Los cielos parecen de bronce cuando oras y tus peticiones caen al suelo.

Te declaro que eso es Dios que está trabajando. Su Espíritu está trabajando para hacer que dejes de considerar las imposibilidades – que dejes de mirar los caminos y recursos humanos – que dejes de pensar en cómo salir de tu situación. El Espíritu Santo te está instando: “Deja de buscar la ayuda del hombre, y deja de enfocarte en lo desesperanzada que parece tu situación. Estos son estorbos para tu fe.”