lunes, 16 de mayo de 2016

LA ÚNICA SOLUCIÓN - Gary Wilkerson

Por la forma en que Pablo escribe a la iglesia de Corinto, es fácil de asumir que estaba llena de conductas pecaminosas. Sin embargo, la verdad es que ellos habían sido grandemente inundados con dones del Espíritu Santo. De hecho, es gracias a los Corintios que sabemos acerca de los dones del Espíritu; la carta de Pablo a ellos demuestra cuán poderosamente estos dones estaban operando en ellos. Pero aunque los Corintios tenían un gran conocimiento de las cosas de Dios, les faltaba el amor que Jesús demanda de nosotros. Pablo los reprende duramente en este punto:

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve” (1 Corintios 13:1-3).

Nota la palabra clave de Pablo aquí: nada. Eso era lo que valía el amor en la iglesia de Corinto. Él les estaba diciendo que nunca podrían alcanzar los propósitos de Dios. El amor de Cristo -el tipo de amor que entrega su vida en una cruz- es un verdadero desafío, uno que es imposible de lograr excepto a través del Espíritu.

Ahora, esto puede sonar como una interpretación sorprendente de 1ª Corintios 13. Muchos de nosotros conocemos este capítulo como el “capítulo del amor” de la Biblia. Incluso los que no son cristianos están familiarizados con él porque es leído en muchas bodas. En aquel contexto, 1ªCorintios 13 no es más que una tarjeta sentimental de saludos. En realidad, este capítulo es un contrapunto para todos los pecados carnales que Pablo luego cita en 2ªCorintios 12. Esa lista incluye contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias y desórdenes. Nota el contraste:

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1ªCorintios 13:4-7). Cuando comparamos esta lista con la anterior, empezamos a ver 1ªCorintios 13 como una solución espiritual al problema del pecado - de hecho, la única solución.