lunes, 30 de mayo de 2016

PAZ QUE PREVALECE - Gary Wilkerson

No es pecado decir: "Señor, este tiempo mi vida es abrumadora e incómoda. Necesito tu fuerza y valor”. Él te invita a este tipo de confesión y oración. Pero Dios sí tiene un problema con los cristianos que dicen: "Me moví en fe, pero cuando empecé a sentir falta de paz, supe que no era del Señor, así que me detuve".

Aquí está el problema con esa línea de pensamiento: Si dejáramos de caminar en fe cada vez que tuviéramos falta de paz, nunca haríamos nada en obediencia al Señor.

Sí, debemos tener una paz que prevalece y que afiance todo lo que hacemos. Tal paz viene de la inamovible palabra de Dios. Pero debemos saber que si estamos en los negocios de nuestro Padre, nuestra paz será sacudida de vez en cuando. Incluso un hombre de fe como lo era Josué podría ser sacudido. Es por eso que Dios le dijo: “Se valiente; no temas” (Ver Josué 1:6, 7 y 9).

Sé que mi padre, David Wilkerson, nunca habría ido a la ciudad de Nueva York para trabajar con miembros de las pandillas si hubiera pensado que cada vez que le faltaba paz era Dios diciéndole que se detuviera. Hay ocasiones en las que tenemos que escuchar la voz de Dios mientras estamos siendo sacudidos. Su deseo para nosotros en esos tiempos caóticos es que no renunciemos sino que podamos discernir la voz del Espíritu. Así es como encontramos paz cuando nuestro mundo está siendo sacudido.

Hace un siglo, en China, muchos fieles misioneros pasaron década tras década trabajando duro pero con muy pocos resultados visibles por sus esfuerzos. Algunos tenían sólo uno o dos convertidos; otros no tenían ninguno. Sufrieron condiciones duras y represivas por décadas, y muchos murieron o fueron expulsados. No había ninguna razón para creer que sus esfuerzos habían servido para algo más que para ser un fallo masivo.

Hoy en día, decenas de millones de cristianos en China adoran a Dios en la iglesia subterránea. Los sociólogos dicen que en 2050 la iglesia en China superará en número al total de creyentes en el resto del mundo.

¿Acaso los esfuerzos de esos misioneros fueron un fracaso? De ningún modo. Aquellos servidores plantaron la semilla fielmente, sin saber que resultaría. Y la mayoría de esos misioneros murieron sin saber los resultados. Los exhorto a considerar seriamente su ejemplo. Cada vez que enfrentamos circunstancias negativas, nuestro llamado es a obedecerlo, y dejar los resultados a Él.