jueves, 20 de agosto de 2015

SU PLAN PERFECTO

Uno de los versículos más alentadores de la Biblia está en 2 Corintios 4:7: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros.” Luego Pablo procede a describir esas vasijas de barro: Hombres que están muriendo, atribulados en todo, perplejos, perseguidos, derribados. Y aunque nunca abandonados ni desesperados, esos hombres usados por Dios estaban constantemente llevando la carga de sus cuerpos humanos, esperando ansiosamente ser revestidos de sus nuevos cuerpos.

Dios se burla del poder del hombre. Él se ríe de nuestros esfuerzos ególatras de ser buenos. Él nunca usa al grande ni al poderoso, por el contrario, Él usa las cosas débiles de este mundo para confundir a los sabios.

“Considerad, pues, hermanos, vuestra vocación y ved que no hay muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es…a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1 Corintios 1:26-29).

¡Eso me describe a mí! Algo débil, algo tonto, algo despreciado, algo no muy noble, no muy inteligente. Pero ese es el plan perfecto de Dios, el misterio más grande del mundo. Dios nos llama en nuestras debilidades. Él pone Su tesoro de incalculable valor en estas vasijas de barro, porque Él se deleita en hacer lo imposible de la nada.

Yo vi a Israel Narvaez, un líder de la violenta pandilla “Mau Mau” de Nueva York, arrodillarse y recibir a Cristo como su Señor. No fue tan sólo una experiencia emocional y superficial; él verdaderamente lo hizo de corazón. Pero Israel volvió a la pandilla y terminó en prisión, condenado por ser cómplice en un asesinato. ¿Dios se dio por vencido con él? ¡Ni por un momento! Hoy, Israel es un ministro del evangelio, habiendo aceptado el amor y el perdón de un Salvador que todo lo soporta.

¿Has fallado? ¿Hay un pecado que te asedia fácilmente? ¿Te sientes como un cobarde débil, que no puede lograr la victoria sobre un pecado escondido? Pero junto con esa debilidad en ti, ¿también hay un hambre por Dios? ¿Lo anhelas, lo amas, lo buscas? Esa hambre y sed es la llave para tu victoria. Eso es lo que te hace diferente de todos los otros que son culpables de haberle fallado a Dios. Tú debes mantener esa hambre viva. Continúa teniendo sed de justicia. Nunca justifiques tu debilidad, nunca te rindas ante ella y nunca la aceptes como parte de tu vida.