miércoles, 12 de agosto de 2015

PARTICIPANTES DEL PAN

Jesús declaro, “Yo soy el pan de vida” (Juan 6:35).

Este pan es lo que nos distingue como miembros de su cuerpo. Somos separados del resto de la humanidad porque comemos de un solo pan: Jesucristo. “…todos participamos de aquel mismo pan.” (1 Corintios 10:17).

Algunos cristianos, sin embargo, no quieren estar conectados a otros miembros del cuerpo. Tienen comunión con Jesús, pero deliberadamente se aíslan de otros creyentes. No quieren tener nada que ver con el cuerpo, solo con la cabeza.

Pero un cuerpo no puede estar compuesto de un solo miembro. ¿Puedes imaginar una cabeza con tan solo un brazo creciendo de la misma? El cuerpo de Cristo no puede estar compuesto tan solo de una cabeza, sin miembros u órganos. Su cuerpo consiste de muchos miembros. Simplemente no podemos ser uno en Cristo sin ser uno con su cuerpo también.

Veras, necesitamos no tan solo de la cabeza, sino de todo el cuerpo. Estamos entretejidos no solamente por nuestra necesidad por Jesús, sino que también por nuestra necesidad por los demás. Pablo declara: “Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.” (1 Corintios 12:21).

Nota la segunda parte de este versículo. Ni la cabeza puede decirle a otro miembro, “No te necesito.” ¡Que increíble afirmación! Pablo está diciéndonos: “Cristo no le diría a ningún miembro de su cuerpo, ‘no tengo necesidad de ti.’” Nuestra cabeza se conecta voluntariamente a cada uno de nosotros. Más aun, Él dice que todos somos importantes, hasta necesarios, para el funcionamiento de su cuerpo.

Esto es especialmente cierto de miembros que pueden estar heridos y lastimados. Pablo enfatiza: “Al contrario, los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios;” (12:22). El apóstol entonces añade: “y a aquellos miembros del cuerpo que nos parecen menos dignos, los vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro,” (12:23). El se refiere a aquellos en el cuerpo de Cristo que no son vistos, escondidos y desconocidos. A los ojos de Dios, estos miembros tienen gran honor. Y son absolutamente necesarios para la obra de Su cuerpo.

Este pasaje tiene un profundo significado para todos nosotros. Pablo nos está diciendo, “No importa cuán pobre sea la imagen que tienes de ti mismo. Puedes pensar que no estás dando la medida como cristiano, pero el Señor mismo te dice: ‘Te necesito. No eres tan solo un miembro importante de mi cuerpo, eres vital y necesario para que éste funcione’”.